"Al final, la mejor manera de viajar es sentir".
¿Cómo hacer ver la claridad de este pensamiento de Pessoa, no, no, de Álvaro de Campos, que yo mismo abrazo sin dudar, a cuantos se mueven en la periferia de la vida? En un cuerpo cabe mucho, y sin embargo se le suele llenar de bagatelas cuando no de residuos. Se produce un vivir tangencial donde los quehaceres, las relaciones o las búsquedas se acumulan de modo indigesto. Nos acercamos y a la vez nos retiramos, unas veces parapetados en nuestros complejos, otras temerosos de no saber llegar, otras sin medir el peso específico de cuanto se nos brinda. Esta vida al modo planetario que activa la denominada convivencia humana ¿cuánto nos aporta a nuestra íntima dimensión personal? En tiempos de aburrimiento colectivo, el público se desparrama por espacios circunstanciales y pasajeros, se compensa con la compra febril y amontonada, se hace notar con la verborrea ruidosa y hueca entre unas y otras agrupaciones amigables. ¿Siente, percibe, se fortalece? Acaso, simplemente, se lo cree. ¿Qué hará, entonces, el individuo cuando se sienta más inseguro, más vacío, más insatisfecho? ¿Qué reclamará la masa cuando todos los recursos físicos no le garanticen la estabilidad? ¿Cómo reaccionará -o cómo está ya reaccionando- cuando la vaga idea de la felicidad se le venga abajo? Por eso entiendo al escritor portugués -cuánto eco de Withman en su obra- cuando se descubre a sí mismo:
"Cuanto más sienta, cuanto más sienta como varias personas,
cuantas más personalidades tenga,
cuanto más intensamente, estridentemente las tenga,
cuanto más simultáneamente sienta con todas ellas,
cuanto más unificadamente diverso, dispersamente atento,
esté, sienta, viva, sea,
más poseeré la existencia total del universo".
Entiendo las ganas de Álvaro de Campos, no, no, de Pessoa de expandirse en todas las direcciones que le permiten viajar hacia dentro de él. Pero ¿para qué pretender poseer un universo inabarcable en nuestra condición de pobres diablos? Identificarnos con otras personalidades, ¿para adoptar las pautas superficiales de éstas o para absorber sus cualidades? Y, sin embargo, soñemos. He ahí el viaje.
(Fotografía de Spiridon)