sábado, 14 de mayo de 2016

La España que no pudo ser




Entre las arcadas de los soportales de la armónica Plaza Mayor de Salamanca hay una serie de medallones sobre personajes históricos. Reyes, descubridores, conquistadores, señores feudales, personajes épicos, teólogos, escritores, místicos, juristas, arquitectos, guerrilleros, dramaturgos, representaciones simbólicas. Tipos pintorescos todos ellos, gocen del recuerdo de cualquiera que fuera en su tiempo su condición, que supongo más o menos vinculados a la Salamanca histórica. Entre las imágenes simbólicas lucen en esa galería de la memoria, no sé si muy justa o tan solo convencional, las alegorías de dos fases de la Historia de España que no pudieron ser. Es decir, mantenerse, perdurar. Hay tanto en esta España social y políticamente sísmica a la que no dejan ciertas fuerzas tectónicas de la sociedad y de los poderes fácticos estabilizarse... A la vera de dichos medallones, en un día de nubes alternas, me tomé un café que me supo a gloria. 







viernes, 13 de mayo de 2016

La España profunda




Desde que esta tarde me he topado con tal inscripción en los muros de una casa de Salamanca no dejo de dar vueltas a su significado. La aplicación del término ministras me ha dejado francamente perplejo. Hoy no se lleva en labores de cercanía y parece reservado para aquellos personajes dudosamente útiles que forman parte del equipo de un Gobierno estatal.

(Nada que objetar a la extraordinaria caligrafía de la tradición universitaria salmantina, por sí misma un deleite total)


DRAE:



ministrar
 
Del lat. ministrāre.
1. tr. p. us. Servir o ejercer un oficioempleo o ministerioU. t. c. intr.
2. tr. p. us. Darsuministrar a alguien algoMinistrar dineroespecies.
3. tr. desus. administrar.



miércoles, 11 de mayo de 2016

Los odios, el arte y la poesía para Manuel Sierra





El 17º Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle (TAC) de Valladolid, que se va a celebrar durante la última semana de mayo, va a homenajear al pintor Manuel Sierra. En una entrevista publicada en el periódico guía oficial El comediante le preguntan y responde:

"–¿Qué es lo que más odias de la sociedad en que vivimos? 

 –Odio la sumisión y el masoquismo, odio la aceptación de la culpa y el castigo impuesto a la población y a los individuos por el sistema y odio las fronteras. Odio esa encubierta o descarada privatización de bienes, espacios y servicios públicos conquistados por todos y usados por empresas y personas privadas, para su lucro. Odio el saqueo, el robo generalizado e impune ejercido a manos llenas por los poderosos y corruptos (que son lo mismo) de siempre ayudados por una banda de pelamanillas corrompidos. Tampoco soporto que la sociedad más y supuestamente mejor informada (risas) sea la sociedad más incomunicada y onanista… Una sociedad que premia el egoísmo y la violencia gratuitas".

Y más adelante: 

"–¿Por qué el arte es la poesía cargada de futuro? ¿Qué aporta para el ciudadano en su crecimiento personal y colectivo?

–Porque la poesía es la materia prima de cualquier arte, porque el gozo es una experiencia poética, porque la ira y el desasosiego también lo son. Creo que entre arte y poesía hay una relación íntima y no sé si están cargadas de futuro, pero cargadas sí lo están; eso del futuro no me lo creo. Lo que sí creo es que nacimos para ser libres y felices y que la experiencia «artística» es liberadora para los autores. Supongo y sobre todo espero que la poesía y el arte sean también para los demás un estadio para el pensamiento y para la emoción. También espero, deseo y trabajo para que el arte y la poesía nos hagan más críticos, menos obedientes y más felices".


Pinceladas más claras y contundentes que todas sus alegorías plásticas, que son legión. Nada que añadir por mi parte.


http://sierrapintor.com/


domingo, 8 de mayo de 2016

Aquellos estos árboles, 8





"Al final, la mejor manera de viajar es sentir".


¿Cómo hacer ver la claridad de este pensamiento  de Pessoa, no, no, de Álvaro de Campos, que yo mismo abrazo sin dudar, a cuantos se mueven en la periferia de la vida? En un cuerpo cabe mucho, y sin embargo se le suele llenar de bagatelas cuando no de residuos. Se produce un vivir tangencial donde los quehaceres, las relaciones o las búsquedas se acumulan de modo indigesto. Nos acercamos y a la vez nos retiramos, unas veces parapetados en nuestros complejos, otras temerosos de no saber llegar, otras sin medir el peso específico de cuanto se nos brinda. Esta vida al modo planetario que activa la denominada convivencia humana ¿cuánto nos aporta a nuestra íntima dimensión personal? En tiempos de aburrimiento colectivo, el público se desparrama por espacios circunstanciales y pasajeros, se compensa con la compra febril y amontonada, se hace notar con la verborrea ruidosa y hueca entre unas y otras agrupaciones amigables. ¿Siente, percibe, se fortalece? Acaso, simplemente, se lo cree. ¿Qué hará, entonces, el individuo cuando se sienta más inseguro, más vacío, más insatisfecho? ¿Qué reclamará la masa cuando todos los recursos físicos no le garanticen la estabilidad? ¿Cómo reaccionará -o cómo está ya reaccionando- cuando la vaga idea de la felicidad se le venga abajo? Por eso entiendo al escritor portugués -cuánto eco de Withman en su obra- cuando se descubre a sí mismo:

"Cuanto más sienta, cuanto más sienta como varias personas,
cuantas más personalidades tenga,
cuanto más intensamente, estridentemente las tenga,
cuanto más simultáneamente sienta con todas ellas,
cuanto más unificadamente diverso, dispersamente atento,
esté, sienta, viva, sea,
más poseeré la existencia total del universo".

Entiendo las ganas de Álvaro de Campos, no, no, de Pessoa de expandirse en todas las direcciones que le permiten viajar hacia dentro de él. Pero ¿para qué pretender poseer un universo inabarcable en nuestra condición de pobres diablos? Identificarnos con otras personalidades, ¿para adoptar las pautas superficiales de éstas o para absorber sus cualidades? Y, sin embargo, soñemos. He ahí el viaje.



(Fotografía de Spiridon)



miércoles, 4 de mayo de 2016

Aquellos estos árboles, 7





   "Y a sus manos al juntarse 
acechaban otras manos"


Descubrí aquellos versos anónimos a la par que una parte de la obra del pintor Ángel López-Obrero. En uno de sus dibujos había personajes que parecían manifestarse claramente y otros que apenas quedaban sugeridos. Los dos más nítidos se exponían con vitalidad, mientras que de otros dos, débilmente pergeñados, no se sabía si iban o venían. Es decir, si eran figuras que llegaban para añadirse o que habían estado y ya se despedían. Cabía interpretar el todo como un grupo de amigos que habría existido en un momento dado o bien que estaba a punto de formarse. Yo busqué con avidez las claves en el despliegue de todas las manos que se revelaban o se intuían en aquel cuadro. Las nítidas y las etéreas. Las que se afianzaban con otras manos, las que se aproximaban, las que se rozaban, las que se solicitaban, las que se acomodaban. Y de aquel coloquio de manos no solo aspiraba cierta fragancia de juventud sino que percibía unas texturas que me devolvían la presencia de los seres alejados de mi propia vida. Pensé entonces en cómo aborrezco cada vez más los desencuentros. Principalmente aquellos que no se sabe por qué se producen. Me obstiné en ver el cuadro en un presente indestructible. Un presente que se va y se viene a la vez, que no entiende de otros tiempos, que se queda rehaciéndose sobre sí mismo. Tuve el impulso de mirarme las manos. Me pareció que mudaban vertiginosamente y sentí el calor denso de innumerables tactos.




sábado, 30 de abril de 2016

Aquellos estos árboles, 6





"Yo he dado el reino de mi edad a la noche de los cuerpos
para saber si hay una luz detrás de la puerta cerrada".


Pero no la había, Alejandra. Algunos de los que nos precedieron no llegaron a tiempo de comprobarlo. Otros creyeron abrir la puerta que debía depararles la luz y la negrura les engulló. Otros permanecimos con la mano en el pomo, indecisos, y dimos un paso atrás. Pasó el tiempo de permanecer en la estancia que creímos ocupar. Se difuminó el clamor salvaje de la edad. Se nos negó la promesa del reino que apenas distinguimos. Porque todo era ficción. Nuestras ideas, nuestras fuerzas, nuestras alegrías que proclamaban vida en ciernes sobre el erial. El tránsito fue una galopada, es cierto. Y el ritmo de nuestras propias pisadas, que multiplicaban el número real de los advenedizos, nos hizo crecer como fantasmas. Alguna vez pienso incluso si realmente existimos. Ni siquiera quedan imágenes nítidas de la noche de la carne tímida. De todo aquello permanece la dispersión. Eso es lo único real. Una extensión de vacíos. Una navegación perdida de voces. Y una cifra larga de rostros que hoy no reconoceríamos seguramente. ¿A qué nos dimos, a quién nos entregamos, Alejandra? Como un solo cuerpo alzamos una arquitectura invisible. ¿Qué contemplábamos al asomarnos desde sus agujeros en construcción? Fantasías. Pero tú y yo, Alejandra, nos encontramos un tiempo después. Cuando ya no querías estar.




(Fotografía de Evgeniy Shaman)


jueves, 28 de abril de 2016

Aquellos estos árboles, 5




El humano necesita recibir avisos del azar. En forma de error, de desliz, de rotura, de fallo, de despiste, de caída, de herida, de pérdida. Creo en esos avisos que nos sitúan en el terreno en que el hombre es más auténtico. En el de su fragilidad. Uno se sobrepone a ellos antes o después y aprende. Son avisos que nos rebajan, nos desvisten, nos muestran la inconsistencia, nos derriban del pedestal que cada uno tiene erigido para su narcisista contemplación, nos iluminan, nos enderezan, nos hacen conocernos más porque hablan más de nosotros que los algodones de la cuna. No pongo ejemplos. También advierto que no es agradable, obviamente, recibir cualquiera de esos avisos, que no se desean y que tratamos de regatear. Pero las leyes físicas están ahí y en cualquier momento nos llega la bofetada. A veces esos avisos incluso pueden repetirse en poco tiempo. Algunos individuos, entre los que me hallo, consideramos que hemos recorrido gran parte del abanico de esos términos en que se manifiestan, y que citaba al principio. Y, sin embargo, aquí estamos. En cierto modo rehabilitados ante nosotros mismos. Porque solo fuimos puros cuando no teníamos experiencia todavía. No, no es el inexistente buen camino el que enseña al hombre a vivir, sino aquel que está más o menos ahíto de dificultades, el que su dirección queda oculta por el ramaje, el que recibe el eco de voces de monstruos, el que llega a cruzarse con otras sendas despistándonos de la elección o simplemente donde la huella del recorrido se borra de improviso. A uno no le queda más remedio que elaborar su propia guía de perplejos si quiere sobrevivir.



  
(Escultura de Sebastiá Roig, tomada de http://elojoheterotopico.blogspot.com.es/ )



miércoles, 27 de abril de 2016

Volverán gaviotas victoriosas




Pues eso, parodiando cierto infausto himno: Volverán gaviotas victoriosas. Póngase al verso que no merece tal nombre la música del Cara al sol. Visto lo visto, ¿a quién habrá que agradecer tamaña desgracia?



(Fotografía de Andreas Heumann)


domingo, 24 de abril de 2016

Aquellos estos árboles, 4





"Y las vidas estaban
en brazos de las olas".


Arquíloco, al cantar el poema de este modo, pudo dar a entender que descubrió la metáfora detrás de su experiencia física y real. Él tuvo que abandonar su isla cicládica original para ir a un territorio alejado, aunque también marino. Si bien encontró un destino más seguro -todo lo relativamente seguro que pudiera ser en aquellos tiempos- que el que espera a los nautas forzosos de nuestros días. Hablo de esos exiliados perdidos, de los desterrados de mil países, pasajeros de ida y vuelta, ya espuma cotidiana de la mar. ¿Veis? Yo mismo no me resisto a expresarme con el recurso tentador. Seducido unas veces por la magnificencia expresiva de la metáfora, en otras ocasiones siento repugnancia por su empleo banal. Cuando se tiene seguro el hogar y la comida, y bastantes cosas más, somos capaces de vivir prácticamente entre metáforas. Riesgo consiguiente: no reconocer la realidad cruda y dura, subestimar el esfuerzo, ignorar lo efímero de las circunstancias, entregarnos ingenuos al discurso simple cuando no único que se va imponiendo. Configurar nuestro cuadro de pensamiento al dictamen del mejor postor. Es un proceso lento pero crónico que, en un momento dado, se agudiza. El pensamiento prostituido también puede ser de ida y vuelta, y depararnos una factura cuantiosa. El acontecer de las sociedades humanas y sus instituciones políticas han padecido tantas veces sus efectos. Mientras, nos sigue gustando hablar del mar de la vida, de sus salinos ingredientes, del susurrante mecer de su oleaje, de las playas acogedoras a donde nos conduce la navegación vital. Metáforas obsoletas de una pseudopoesía anquilosada en el corazón de los hombres.




(Fotografía de Toni Catany)





jueves, 21 de abril de 2016

Aquellos estos árboles, 3






"La soledad: hay que ser muy fuerte 
para amar la soledad".


Siempre intrigante Pasolini. La soledad, otro tabú. En el mejor de los casos, un término discordante, impreciso, a la libre interpretación. ¿Es análoga la soledad del joven a la del anciano? ¿Es la soledad lo mismo en el que tiene recursos que en el que carece de ellos? ¿Puede aplicarse el término por igual al enfermo que al sano? ¿Se trata de idéntico concepto en quien elige estar solo que en quien está obligatoriamente, más deprisa o más despacio, solo? Probablemente estemos hablando de cosas diferentes cuando dejamos que una palabra descienda de su tentadora abstracción y se matiza en el cuerpo del hombre. La soledad es carne, no idea. En aquellos encuentros entre el anciano y yo salía a relucir con frecuencia la soledad. ¿En qué consistía la conversación? En una queja fugaz, ahogada. En dos palabras proyectadas con el eco de los puntos suspensivos: esta soledad... No era diálogo, no había discusión. Él no quería hablar del tema, más allá de la expresión lapidaria. Ni pretendía trasmitir a nadie un desgarro, que no consistía en el abandono, sino en una sutil y paulatina marginación que el viejo siente en la materia de su ser. Al hombre, en aquella década casi centenaria, no le gustaba ser prolijo ante situaciones o forzados razonamientos que no atajaban lo inevitable. Como si se diera cuenta de que no había solución. A veces añadía: no sé para qué está uno todavía aquí. La soledad del hastío, la lenta asunción de la desesperanza. El rostro de un anciano es un rostro ajado no solo de pieles sino de certezas. La soledad es la desposesión de facultades, pero también el acoso de la duda casi absoluta. El vaivén de un para qué escéptico que ya no golpea cuando arrecia el viento.



(Fotografía de Hervé Guibert)


martes, 19 de abril de 2016

Aquellos estos árboles, 2





"La cuna se balancea sobre un abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas."


Vladimir Nabokov empieza así su libro Habla, memoria. La rendija de luz, que a los humanos nos parece de una duración larga, apenas es un intervalo. Pero fraccionamos el intervalo en pausas más pequeñas, al principio sin darnos cuenta, más adelante admitiendo que la vida va siendo una partición. Más allá del tiempo y de los aconteceres, ¿es la memoria el cuchillo afilado que diezma nuestro tránsito? La memoria no es fiable y como sucede con una hoja de metal puede estar mellada, desgastada. Su acero, rigurosamente templado en origen, va adquiriendo una debilidad traidora. Hasta que llega el momento en que apenas secciona nada y, aunque nos hace creer que la existencia ha sido un enriquecimiento de experiencias, a lo cual consideramos nuestro tesoro, no es sino el humo de la vida al que denominamos recuerdos. Su filo se ha vuelto tan frágil como un junco, al estilo de aquellos que acariciábamos a la orilla del río de infancia, sin darnos cuenta de que en realidad acariciábamos la metáfora. La memoria es, a la larga, solamente un lugar seguro para olvidar. Olvidamos paisajes, acontecimientos, aprendizajes, rostros, intenciones. Tal vez, incluso, nos vaya preparando, o nos anuncie la senda adecuada, para el no paisaje, donde no floreceremos jamás cada primavera.



(Ukiyo-e)


viernes, 15 de abril de 2016

Aquellos estos árboles




"El enigma de lo invisible es el enigma
de la memoria. Lo invisible es precisamente lo que
nadie recuerda. Como esa canción
que conocías, como el chiste que una vez te hizo
llorar de risa...

Y dices que hace un tiempo estos árboles
no eran como estos árboles, que hace un tiempo
estos árboles en el viento eran mucho más
árboles que estos árboles...

Pero el lenguaje, por supuesto, es un tipo de canción
de cuna."


Charles Simic escribió este Poema hacia 1974. Entonces en aquellos árboles que debieron existir, y que ahora nos parecen invisibles, buscábamos cobijo. También diversión, también el ejercicio del pequeño héroe de juventud que cada cual quiso ser. Porque ser es sentir, es imaginar, es vivir a los dos lados de una línea imperceptible saltando de uno a otro azarosamente. Nos desbordaba el ramaje, nos atraía el tronco, nos seducían sus raíces. Yo era joven entonces, aún. ¿Veíamos más un árbol, varios árboles, sin distinguir la espesura del bosque? Pero sin saberlo, nos íbamos adentrando en él. Allí también había seres invisibles y extrañas figuraciones que acechaban. Entonces, aún, éramos jóvenes. Hoy nos parece, pues poderosa es la invisibilidad de la memoria, que en la fronda se distinguían ciertas sendas. No recuerdo si había caminos, aunque luego creímos haber seguido uno o varios, en lugar de los demás. Aquellos árboles, estos árboles. Seguimos sin distinguir la luz que dicen que habita más allá de sus copas. Lo invisible es indescifrable. Aún cada día hacemos del enigma al menos una motivación, la atracción que nos entretiene. Escuchando el canto del pájaro invisible.



(Dibujo de Inés González Soria)


jueves, 14 de abril de 2016

Esa que nunca encontramos




Seguimos huérfanos. ¿Será que nunca encontramos eso que cantaba El Cabrero? 




Este film francés de 1988, fue Premio Especial del Jurado en Montreux, pero fue boicoteado en España. Es toda una celebración, por la filosofía moral que José Domínguez Muñoz muestra en su discurso.




martes, 12 de abril de 2016

El lápiz huérfano




Un lápiz demediado entre los esqueletos. ¿De quién sería? ¿Del guarda forestal? ¿Del maestro? ¿Del carbonero? Nuestros prejuicios pueden inducirnos a error. Relacionamos útil con oficio y, así, de primeras pensamos que sería del maestro. Pero ¿acaso el forestal no tenía que anotar observaciones que no considerara en regla? Por el hecho de que el carbonero estuviera día a día al cuidado de elaborar el carbón vegetal en aquellas estufas instaladas en pleno monte, ¿no iba a disponer de un sencillo lápiz para controlar su tarea, atender encargos o entretener sus ratos de ocio? Estoy convencido de que ninguno de los tres sería analfabeto. Tal vez por no serlo fueron fusilados. En aquellos tiempos saber leer, escribir y hacer cuentas era sinónimo de un cierto grado de ilustración. Y la ilustración, para los asesinos, induce siempre a la sospecha. Y la sospecha de los fanáticos conduce siempre a la ejecución sumaria y caprichosa. Los verdugos se ven reflejados de alguna manera en sus víctimas. Estas delatan siempre al sicario. Porque el esbirro acaso anhela en su interior lo que no ha podido ser. Porque envidia la libertad de pensamiento del otro. Y las capacidades desarrolladas por el otro.


(Este lápiz fue encontrado entre los restos de gente común, como los citados, hace dos o tres años, en la sima de El Raso, en la sierra de Urbasa, Navarra. Aparecieron hasta un total de diez cuerpos. La labor y el empeño de voluntarios han ido permitiendo recuperar los restos de republicanos asesinados en 1936, cuyo número fue ingente. Aún quedan tantos por salir de páramos, cunetas, fosas o abismos...Es uno de los temas que los políticos no llevan en sus programas o, al menos, no los airean. Sigue siendo tabú. ¿Por un miedo inconsciente de los ciudadanos, no obstante haber transcurrido ochenta años de la barbarie? Pobre la sociedad que no supera sus temores ancestrales a través del conocimiento, la ilustración y la aclaración de los hechos. Siempre se temerá a sí misma)




(Fotografía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi)

Después de haber escrito lo anterior encuentro esta viñeta de Guerra en el digital último cero:





domingo, 10 de abril de 2016

Rotación




A veces hay que recurrir a lo más sesudo, aunque se considere sabido y, como tal, no se mencione habitualmente. La materia cuerpo lo reclama. En otras ocasiones voy al bosque o subo a un páramo o contemplo la escultura griega o escucho a Schubert. Para atemperar mi sangre hoy he pasado una mañana apacible contemplando embobado una ley física. Nada de mística, nada de ensoñaciones, nada de literaturas, me he dicho. Maravilla del movimiento que no cesa. Relajación. Reencuentro. Vínculo. Los actos de la comedia o del drama humanos, esas dos caras del teatro de la vida, son infinitamente más insignificantes. El péndulo me ha devuelto la confianza en la sensatez natural. Es un recurso para los tiempos venideros, cuyo espectáculo no me atraerá.


miércoles, 6 de abril de 2016

El enredo




¿Todo está tan liado o es que nadie sabe hacer la lazada correctamente? Evidentemente, unos quieren ir aprisa sin saber a dónde, otros no quieren ir a ninguna parte, otros desean quedarse como antes de la última atadura, otros prefieren avanzar un poco y otear el horizonte de los demás, los hay que dicen que van más allá pero solo se mueven en círculos viciosos, unos dan unos pasos un día y al siguiente retroceden, todos se contemplan cómo hace cada cual el nudo hasta engordarlo más y, lo más siniestro de todo, hay quien opta por no mover un dedo y esperar a que los otros se pillen en la maraña de la lazada pegajosa y no puedan salir de ella. El lazo está entrelazado, ¿quién lo desenlazará? Me temo que invocar la voluntad popular no sea suficiente garantía. En alguna instancia se mueven los hilos y en cualquier momento el ente decisorio tirará del lazo y zas, todos se precipitarán al vacío del enredo total. ¿No se darán cuenta de la imagen de show que hay montado?

El rumbo de la nave de los necios amenaza con hacerse insoportable.  



(Escultura de Pablo Reinoso)



martes, 5 de abril de 2016

lunes, 4 de abril de 2016

Fabio mirando a otra parte





"Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron ...", me vinieron a la mente los versos de aprendizaje forzoso de adolescencia, pero los deseché. Las piedras, de hercúleas acrópolis o humildes ermitas, quedaron donde el destino quiso. El destino de los desafueros, menosprecios u olvidos producto de los hechos de los hombres, naturalmente.  Al fin y al cabo, ¿no es el destino de una piedra trascenderse en edificio o retornar a los orígenes? Trascender es metamorfosearse, aspirar a otra vida  -otra función, otro rol, otro quehacer-  en esta vida. Hay algo que me horroriza últimamente y es la vigencia de cierto lenguaje humano que, ingenuamente, creía superado. Los hombres aspiran a su trascendencia, dicen ciertos descubridores del vacío. Es una de esas frases con las que se pretende resumir lo que algunos llaman la capacidad espiritual del hombre. Lo que alimenta aún esas formas primitivas devenidas en religiones. Estas gentes no es que ignoren del todo la obra secular, poderosa y práctica de los hombres, sin la que no estaríamos aquí, sino que la regatean, la minusvaloran, pretenden quitarle importancia, si no desdeñar su influencia y harta determinación sobre las formas de vida y de pensamiento. Ay, la trascendencia metafísica, cuánta ignorancia en tu pomposo nombre. Y esto en tiempos de la revolución de las ondas gravitacionales, cuyo descubrimiento nos va a hacer trascender, ay, no, perdón, lapsus pegajoso, nos va a permitir conocer no que somos como dioses, ni falta que nos hace, sino que somos consecuentes con la capacidad de investigación y comprensión de las vidas que hemos desarrollado durante siglos. Naturalmente, si a los descubrimientos físicos se añadiera una dosis definitiva de justicia, equidad y reparto de bienes, estaríamos más cerca del mundo feliz (no obstante mis dudas, aunque sí me deseo) Mientras no llega a alcanzarse este buen deseo, la lucha cotidiana del vivir, para algunos en condiciones tan extremas, centrará nuestras existencias. Vivamos de metamorfosis que nos hagan sentir lo que somos y lo que no somos. ¿Las piedras? Que se sigan desgastando en la intemperie. Peor es la intemperie humana.




domingo, 3 de abril de 2016

Libros de lance




¡Qué admirable contraste puede ofrecernos una feria del libro de ocasión! Si la literatura se reduce a un mercado de libros de sobras o de segunda mano, qué manera de hermanarse de modo banal unos acontecimientos y otros de la vida. Hombres mayores y menores, barbaries e invenciones, personajes y ficciones, ilustres imaginarios e influyentes códigos morales se mezclan en el escaparate callejero traspasando, acaso transgrediendo, su ubicación en el tiempo. Todo ha acabado así, en una exposición de saldo. Ni los grandes reinos, ni los gobernantes más despiadados, ni las más espantosas persecuciones, ni los más complejos sistemas de pensamiento, ni las numerosas aportaciones técnicas, ni las creaciones fantasiosas más elaboradas han llegado a ser otra cosa que un amontonamiento de papel impreso a liquidar. Justo ya en los estertores del libro tradicional. Y pensar que aún muchos se matan por publicar un  libro, cuando tener un hijo ya no apetece, y acaso no se deba, y plantar un árbol no cae sino a trasmano...Siempre nos quedará la feria de lance como horrendo testigo de la reducción.



sábado, 2 de abril de 2016

Dos de abril















Aquel día empezó todo. Y aquí estamos.

(Al final todo se reduce a un signo o, mejor dicho, todo lo reducimos a un símbolo llámese fecha o presencia ausente. La fecha sin la presencia no tiene ningún valor. Vinculamos días y trabajos para designar el tránsito humano. Caras, nombres y situaciones se precipitan de repente. A los rostros les concedemos una capacidad de rescate. Están ahí y ante el impacto de su aparición nos preguntamos qué nos aportaron. Sus nombres son meros picaportes que nos abren la puerta del individuo que tuvo que ver en algún momento, o en muchos, en nuestra existencia.  A veces compartimos imágenes con otros, realizamos un intercambio de recordatorios que buscan complementarse para hacernos una idea más aproximada de la persona que hemos traído al reconocimiento o simplemente a la cháchara amable.  Pero por detrás, los significados más profundos permanecen preservados en estancias de la memoria que solo cada cual sabe honrar. Nunca revelamos en todo su calado la influencia del ser allegado sobre uno mismo, en parte porque el pudor nos lo impide, en parte porque obramos como quien protege un tesoro, en parte porque no hemos conocido lo suficiente a quien ha podido estar cerca durante años. Al final, ya digo, nos alimentamos de gestos. Pero resulta tan difícil reducir el alcance de lo que nos fue dado, de aquello de lo que estamos hechos...)


jueves, 31 de marzo de 2016

¿Dónde queda eso?




De vivir hoy Bertolt Brecht añadiría un par de versos más a cierto poema suyo. muy citado, en que un obrero se hace preguntas ante un libro:

"El Estadio de fútbol de Qatar de 2022 lo levantó el jeque Abdullah bin Nasser bin Khalifa Al Than
¿no empleó siquiera un solo obrero al que pagó dignamente por realizar la obra?"

Leo en los medios acerca del mal pago de los obreros contratados para la construcción del faraónico campo de fútbol. Esta obra, y lo que se lleve a cabo allí, será coreada por el Comité Olímpico Internacional y todos los lameculos que en cascada habitan en este mundo pensado para negocios o para ocio desde un sofá que, al fin y al cabo, debe ser lo mismo o parecido. Qatar, Qatar...¿dónde cae eso? Ah sí, un nombre en unas camisetas deportivas. Y luego hablamos de solidaridad, de política y de otras gaitas destempladas. Hartazgo.

El poema de Brecht tiene futuro. Dan ganas de dejar la puerta abierta para prolongarlo. ¿Lo intentamos?



Nota. Esto viene a cuenta de:





miércoles, 30 de marzo de 2016

Visita vespertina




Qué buena lectura la de esta tarde. Sin páginas, sin letras, sin historias. Sin dañar la visión. El hilo invisible la ha permitido colgarse de mi ventana. Razón tenían cuando de niño me increpaban que me dedicaba a pensar en las musarañas en lugar de atender. Hoy tampoco tengo ganas de estar pendiente de nada. Todo sigue igual, el argumento aburre y no hay misterio en la trama. Es mejor concentrarse en los arácnidos que vienen de visita. Si las mariposas decían que traían cartas, ¿qué me deparará esta sencilla y curiosa, acaso mensajera, araña?




martes, 29 de marzo de 2016

El amigo y amado Ramón Amat, devenido Llull




El hombre común que habita en mí ha entendido siempre la mística como expresión poética. La poesía le lleva a intentar comprender como un pulso entre Éros y Tánatos lo que otros llamarían espiritualidad. ¿No es el arrebato una afinación material más que nuestra encarnadura humana nos permite? Un arrebato psicótico, dirán otros. En este 2016, en que se cumplen setecientos años de la muerte de Ramon Amat (significativo su apellido verdadero) devenido en Llull, no viene mal acceder a una obra que permanece desconocida para gran parte del común. Llibre d'amic e amat/ Libro de amigo y amado, es una parte del Llibre d'Evast e Blanquerna, pero puede leerse de manera independiente. Su construcción de conjunto se nos ofrece como poesía pura, donde el juego formal de influencias de literaturas árabes o de tradición trovadoresca enriquece la filosofía neoplatónica que subyace en sus textos. El último versículo del libro me parece tan sugerente para los tiempos que vivimos:

" 357

- Di, loco, ¿qué es este mundo?
  Respondió: - Una cárcel para los amadores y servidores de mi amado.
  - ¿Y quién los encarcela?
  Respondió: - La conciencia, el amor, el temor, la renuncia, la contrición y la compañía de gente perversa. Y es un trabajo sin recompensa, que entraña un castigo".



domingo, 27 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos, 9






















El hombre común ha sobrevivido a una semana larga tomada por el dogma rancio y su show. El hombre común se ha inquietado lo justo. El hombre común podría callar, echarse a la espalda las parafernalias que le pasan por las narices, pero se hace cada vez más preguntas. El hombre común quisiera saber por qué no imperan los conceptos y las palabras correspondientes en ese pacto de ciudadanos llamado Democracia, que se supone debe serlo. Quisiera saber por qué las leyes no se cumplen. Por qué los poderes se complacen mutuamente, injuriando y saltándose a la torera la laicidad que debiera ser identidad del Estado. Por qué el dogma cerril y opresivo tiene que intervenir en la vida cívica, tomando cada vez más presencia, agazapado como truhan tras la excusa del espectáculo, la farsa de las tradiciones, el reclamo del turismo y la supuesta fama de la ciudad. Por qué sus ejecutores no pagan nada, y todo les sale gratis, lo cual implica que los que no creen ponen forzosamente en el presupuesto ajeno lo que no les corresponde poner. El hombre común, que se siente cabal con sus pensamientos y consecuente con sus indignaciones, ha salido indemne otro año. Pero más inquisitivo y más enfadado. Los del dogma jamás se fueron. Con esa gente no se puede (¿porque no se quiere?)



(Capricho de Goya)


viernes, 25 de marzo de 2016

Día de los diez mandamientos




Creo que hoy es el día de los diez mandamientos. Vamos, del recurrente pase en alguna cadena de tv de la película célebre. De la colección de cromos que yo hice también y que debe andar en el desván. Un film de aventuras sobre un relato de aventuras, que no otra cosa es la Biblia. O sí, es también un tratado secular de control social y moral, aunque sea de difícil aplicación en las sociedades ya no sojuzgadas al imperio del papado. Lo curioso es que el afán imperial que contemplamos en la película es algo que han gustado de heredar los actuales mandatarios de Egipto. Han puesto en circulación un vídeo épico exaltando el valor y las virtudes de su ejército en línea con la mercadotecnia de nuestro tiempo. En el periódico Jeune Afrique leemos: "El vídeo, que dura 3 minutos y 15 segundos, comienza recordando : 'los hombres que no creen en el miedo, los hombres que no aceptan la derrota, los hombres que nunca se dan por vencidos. Estos hombres están convencidos de una cosa: Dios los puso en la tierra para proteger toda su alma. Esta tierra es Egipto'. A continuación, termina con: 'Ellos derramaron la misma sangre en el mismo lodo, viven con honor y mueren con dignidad. He aquí los hombres de las fuerzas armadas egipcias. Un corazón, un alma, una creencia". El recurso Dios y la Patria una vez más. Y de la Muerte, cómo no, que suele ser fundamentalmente de civiles. ¿Ha cambiado algo a lo largo de los siglos en las sociedades humanas de la guerra? Con ustedes, ta ta tachín, versión aumentada y actualizada de Los diez mandamientos, que ahora no hablan egipcio sino árabe.






miércoles, 23 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos, 8


















Imaginarse desde el sofá el sufrimiento y el horror de otros no es más que un mero ejercicio de ficción. ¿Cabría decir incluso de entretenimiento? Las imágenes que nos pasan los medios nos acostumbran a la película. Respuesta automática de nuestro yo: menos mal que no nos sucede a nosotros. Y pasamos a otro tema de nuestra vida banal o simplemente parcelada. Al fin y al cabo, percibiendo las cosas como triviales lo único que conseguimos es desinteresarnos de lo (que nos parece) ajeno. En esa actitud no nos esforzamos en buscar explicaciones acerca de las causas del horror y el sufrimiento de los otros. Nueva respuesta del yo: si alguna vez llega a ocurrirnos a nosotros, ya veremos; ignorando que las situaciones no llegan de la noche a la mañana ni por azar. ¿Es más intensa y profunda la banalidad en la que vivimos hoy que en otros tiempos? No lo sé. La de antes revestía la forma de la superchería religiosa o la exaltación de patrias y naciones, la de hoy consagra la fe en el ocio, el sacramento de lo virtual, la partición del individuo. Acaso efectos análogos. Otra voz del yo: todo lo ajeno me supera, debo concentrarme en mí mismo. Y si la voz es muy sincera y hasta honesta dice: si incluso me supera lo propio... Lo peor del mal que padecen los otros no es únicamente lo que se exterioriza sino lo que oculta. Y lo que esconde es un bicho que puede atravesar barreras entre los que hoy son maltratados por la existencia (aquí hay que poner rostros concretos de políticas, estados, intereses económicos, etcétera) y nosotros. Las distancias pueden acortarse. Sigue el yo justificándose: eso no ocurrirá nunca, mis gobernantes no lo permitirían. Pero los gobernantes lo están permitiendo todo, allá y acá. Para los prójimos y para los propios. El yo personal, el yo colectivo, siempre tienen excusas para que no les inquiete en exceso la película. Porque si les inquietara podría suscitarse acicate para buscar razones y reaccionar de otro modo. Pero se eligen las excusas, aunque ante determinadas muestras de atrocidades cundan las máscaras virtuales. Ya se sabe, eso de yo soy no sé quién, poniendo el rostro o la bandera de quien acaba de ver cómo le han infligido una herida sangrienta. La excusa es el meollo de nuestra no reconocida fragilidad.



(Fotografía de Rober Capa)


domingo, 20 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos, 7
















Mente en blanco para el exceso de ruido producido por el parloteo. No ya contención o prudencia o inhibición de opinar por opinar en un paisaje grotesco. Acaso hay que ir más atrás. Esta sucesión creciente de situaciones tan desabrigadas como estrepitosas que vivimos hay que afrontarla con una actitud más ausente. No porque no nos interesen los temas sino porque nos perjudica la agresiva cascada de palabras vanas en las que no creemos. Todo el mundo se cree obligado a sentar dictamen sin saber de qué habla. No entrar en el juego turbio donde el objeto queda desfigurado por la idea preconcebida, la prédica interesada, el runrún de la moda mediática. Ir al fondo de otra manera. Intentar que el manantial de los pensamientos preserve sus aguas recónditas, sin que sean despilfarradas. No he visto jamás agua más reposada, clara y fresca que la que se aposenta en los piélagos misteriosos de las cuevas. Allí donde se ve el fondo y la carencia de ruido y de elementos perturbadores vuelve más pura la sigilosa corriente. Algo de esta metáfora quiero para la vida del día a día. Que la interferencia de cuanto circula en superficie no trastorne la búsqueda de lo interesante y el disfrute de la quietud. Perseguir lo que merece la pena, ahuyentar el estrépito de la banalidad, ser reticente de la palabrería falaz y categórica que pretende ocupar nuestros íntimos espacios y rechina en nuestras sienes. Consolarse en la sabiduría de un Epicteto, por ejemplo: "A toda imagen desagradable esfuérzate en decirle: tú eres una imagen, de ningún modo eres lo que representas".



(Fotografía de Frank Eugene)




jueves, 17 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos, 6





Somnoliento aún, la luz se me ofrece tibia. La luz no entiende de hombres ni de deberes ni de cansancios. Desde que se formó  -la luz no existió siempre, una vez se hizo desde otros elementos- se abrió un tiempo largo a través del que fue creciendo hasta nosotros. Probablemente hasta más allá de nosotros. No está sola. Debe haber tantos campos oscuros en el universo, sin haber parido todavía aquello por lo que somos. La luz, que los hombres convierten en uno de sus símbolos a su vez, no necesita sacramentarse. Ella está, simplemente, y si la destrucción total de la humanidad llega a producirse por mano propia (de este ente grupal) la luz permanecerá y deparará nuevas sorpresas pobladoras en el planeta. No nos necesita. Sin embargo, cuando la somnolencia se desprende del hombre que despierta bien sabe éste mirar. Y tal mirada, urgente, concisa, generosa, es todo un homenaje a la luz. A la posibilidad de vida. A la vida efectiva. Al transcurso, sea efímero o prolongado. A la ratificación de nuestra medida y finita existencia. Aunque callemos.


(Fotografía de Duane Michals)



martes, 15 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos, 5
















La paradoja de los símbolos es que tienen mucho de bumerán. Se pretenden con un fin ajeno, exterior, y con el tiempo y las actitudes se vuelven contra sí mismos. Hay símbolos que son armas y no pueden ocultar sus orígenes dolorosos. Obviamente, como es sabido, en algunos casos fueron levantados sobre instrumentos de castigo, de daño y de humillación. Sublimándolos algunos trataron de que su significado fuera lo opuesto. Tengo dudas de su éxito moral, por mucho que mantenedores de esos simbolismos se reclamen de la buena nueva. Cuando los símbolos nacen de una abyección vano es pretender que se consagren como bienes abstractos tales como felicidad, bienestar o entendimiento. Claro que precisamente es esa abstracción aquello que los sostiene. Si la convivencia universal, el logro de la calidad de la existencia y una vida dichosa fueran una conquista real y extendida a la humanidad tales símbolos desaparecerían. Bien están las cosas como están...de mal. De ese modo los símbolos de la muerte, de la opresión y de la no conciencia triunfan como negocios. Que cuenten otras historias es parte de la verborrea del ¿quién da más? que cunde entre pregoneros de feria.




(Fotografía de Duane Michals)

domingo, 13 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos, 4















A veces la sensación que te persigue se impone con la imagen de una sola palabra: agobio. Puesto que las palabras son imágenes no necesitas más. En ellas se polarizan otras representaciones y se concentran con una capacidad de síntesis eficaz. Fue un gran hallazgo el lenguaje. ¿Hallazgo? Sobre todo invención. Medido, comedido, prudente. No siempre, según el uso al que te impulse el significado de las cosas, de las situaciones. Riesgo de reducir, sí. Peligro de obsesionarte, también. Puedes incluso apoyar la palabra en otros sustantivos y hasta colocar nombres propios, para rebajar la presión. Pero para qué.



(Montaje fotográfico de Duane Michals)


jueves, 10 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos, 3

















Recorres la vida como una sucesión de ejercicios paralelos. A otras vidas, a las pruebas, a lo experimentado. No hay vida paralela con los deseos ni con las aspiraciones ni con las metas propuestas, porque todo ello se sitúa en campos inaprensibles. Y cuando han sido aprehendidos su vuelo efímero no queda sujeto más que del tendedero de la frustración. Entonces sigues recorriendo, ya sin urgencia, sin emoción especial, con escasas pretensiones, como un juego que no puntúa, tus propios márgenes. Y en el despropósito de la noche insomne echas los dados con el cubilete del no pensamiento, de la no memoria, de la no posesión. Lo haces simplemente por ver cómo las caras del cubo te sonríen o te regatean. Buscas, sin saberlo, la vida paralela en cada puntuación que sale. Hasta que un día esos diminutos círculos equidistantes, que suman una cifra, el uno, el seis, el cuatro... aparezcan borrados. Y no tenga sentido seguir echando los dados.



(Fotografía de René Groebli)


lunes, 7 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos, 2
















Reflejándome en las sombras de mi imaginación me pregunto: cuál de todos los otros hombres soy. Cuál de ellos: el de al lado, el anterior, el previsible, el incierto, el del subsuelo, el que sube la montaña sin llegar jamás a cima alguna, el de mañana tras levantarme de la cama, el que jadea, el que se confunde, el que siente dolor, el que me rebusca en las vísceras. Qué hombre de tantos hombres intrascendentes llama a mi cráneo cuando me desvelo. A qué hombre de diversa memoria me parezco. Al que hace poco correteaba con pantalón corto, al que hace menos se dejaba seducir por unos ojos luminosos, al que lee, al que sujeta en su subconsciente aún la teta de la madre, al que se indigna, al que renuncia a la vida inerte, al que escucha sin reposo una sinfonía que le habla tanto de todos los mundos, de todos los hombres, de todas las fieras. (Léase todo ello con tono interrogativo)

Reflejándome en las sombras de la memoria solamente soy máscaras de mi mismo. Proyectándome en las fantasías esos hombres se acercan más al que quiero ser. Debo buscar tal vez en la no conciencia y esperar que un golpe de viento agite todos y cada uno de los hombres que llevo dentro y los ponga patas arriba. Acaso en ese instante empiece a saber qué hombre soy y, sobre todo, si lo acepto. 


(Foto: Duane Michals)


viernes, 4 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos
















Esta noche me encontré con un amigo muerto. Celebro verte vivo, me dijo, afectuoso como siempre. Tú estás igual, y fui sincero en mi respuesta. El hombre que fue tenía ganas de recordar los viejos tiempos. Bebimos unos tragos, o yo por él, él se ha vuelto abstemio desde que está muerto. ¿Sabes que ahora veo las cosas de otra manera?, y fue el punto de dulzura de su voz lo que me resultó convincente. Imagino, acerté a responder por inercia. Mi amigo salió al quite. No, no imagines ni por asomo que pienso de otro modo por el simple hecho de que estoy muerto. Y yo, perplejo: ¿entonces? Es la carencia de tiempo, lo que antes fue mío o creí que era mío, la que me hace tener más claridad. Por ejemplo, ya no me irrito. Quiero decir que no me siento naufragar en círculo vicioso alguno y entonces el mundo de ayer, el que tú y yo y otros compartimos, se me muestra imposible. Poseo el don de la imposibilidad, y eso me calma. Si lo hubiera tenido claro en vida hubiera padecido menos. Nada es imposible mientras vivimos, se me ocurrió decirle con un optimismo estúpido. Nada lo es en términos abstractos, dijo, pero con frecuencia en vida lo posible es equívoco, lo probable resulta una traición, y el resultado de esa pugna es un desasosiego permanente que para mí ahora es vago recuerdo. ¿Sabes que yo me acuerdo de ti con placidez?, y me salió auténtico. Me alegro tanto, dijo. Mira, será que tú también me ves de otro modo desde que estoy muerto. Pero sigue en tu ámbito de inquietud, porque al menos eso indicará que respiras. Y yo siempre necesitaré de alguien que me tenga en cuenta desde el otro mundo, el que abandoné.



(Foto: Duane Michals)


jueves, 3 de marzo de 2016

Sapos y culebras






















Max dice: este es un país de clérigos. ¿Lo dices por la investidura de ayer, que no invistió nada?, le replico. Él: siempre lo he pensado, pero ayer lo confirmé una vez más. Unos son rancios y bujarrones, otros pretenden profesar aún bisoños, otros van de simples novicios y ya se ven en Roma. ¿Quieres decir que el modelo clerical ha cundido hasta el extremo de invadir las pautas de la democracia parlamentaria?, le inquiero curioso. Naturalmente, aquí no se libra ni la divinidad, dice Max. Todos y cada uno de esos pontífices de pacotilla hablan para sus propios fieles. No están seguro de convertir a los ajenos y por eso insisten en predicar sobre los del propio rebaño, para que no se escapen o para apaciguar su confusión temporal. La vida del más allá, siempre imprecisa y ordinariamente traicionada, solo es producto de la verborrea y del mantenimiento de su estatus. Le espeto: ¿Estás diciendo que de diálogo nada de nada? Max: ¿diálogo? Suena a Platón y a este le matamos hace tiempo.



miércoles, 2 de marzo de 2016

¡Al fin, de nuevo cerro!




En principio -no el principio del principio pues no lo habría salvo el caos-  fue un cerro. Uno de los que quedan como testigos al bajar el nivel de las aguas que cubrió la zona y originó el valle donde habitamos. Fueron millones de años. Erosión, precipitación de materiales, sedimentación. Un cerro cuyas tripas de yeso han producido afloramientos que nos gustaba escarbar de chicos. Si antiguamente alternó períodos de arbolado con otros de cima y laderas peladas pudiera ser. Puedo suponerlo pero no afirmarlo. A sus pies había una fábrica de ladrillos y alguien contaba que incluso habían aparecido restos de un mamut. Debía ser leyenda, nunca volví a saber nada del tema. Lo que sí sé es que hasta ahora no había conocido el cerro como cerro a secas. Esa humilde pero bella erección de la naturaleza que, junto a oteros, alcores y altozanos, hace menos monótona la llanura. También sé que los antediluvianos de mi infancia decidieron convertir el hermoso y altivo cerro en un lugar de recuerdo de gente de su banda. Incluso vino su caudillo salvador de la patria a inaugurarlo. Y así ha habido en su cima durante cincuenta y cinco años un horroroso monumento a una de las facciones que propiciaron la última dictadura, de los que se beneficiaron con haber desencadenado una guerra cruel. Como todo pasa y nada queda y hay una ley de por medio  -cumpliéndose a cachos- que exige la eliminación de símbolos y representaciones del antiguo régimen el monumento se ha derribado recientemente. Hoy las laderas son un jardín de cipreses. Lástima que la antena telefónica interrumpa la estética total. Es el precio de la modernidad. 


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