La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







martes, 29 de marzo de 2016

El amigo y amado Ramón Amat, devenido Llull




El hombre común que habita en mí ha entendido siempre la mística como expresión poética. La poesía le lleva a intentar comprender como un pulso entre Éros y Tánatos lo que otros llamarían espiritualidad. ¿No es el arrebato una afinación material más que nuestra encarnadura humana nos permite? Un arrebato psicótico, dirán otros. En este 2016, en que se cumplen setecientos años de la muerte de Ramon Amat (significativo su apellido verdadero) devenido en Llull, no viene mal acceder a una obra que permanece desconocida para gran parte del común. Llibre d'amic e amat/ Libro de amigo y amado, es una parte del Llibre d'Evast e Blanquerna, pero puede leerse de manera independiente. Su construcción de conjunto se nos ofrece como poesía pura, donde el juego formal de influencias de literaturas árabes o de tradición trovadoresca enriquece la filosofía neoplatónica que subyace en sus textos. El último versículo del libro me parece tan sugerente para los tiempos que vivimos:

" 357

- Di, loco, ¿qué es este mundo?
  Respondió: - Una cárcel para los amadores y servidores de mi amado.
  - ¿Y quién los encarcela?
  Respondió: - La conciencia, el amor, el temor, la renuncia, la contrición y la compañía de gente perversa. Y es un trabajo sin recompensa, que entraña un castigo".



6 comentarios:

  1. La poesía de Llull alcanza unas cotas muy altas de expresión, en sus versos se confunde mística con alquimia, adoctrinamiento y belleza. Me gusta su poesía pero tenga cierta prevención sobre lo místico.
    El arrebato místico viene a ser algo así como un estado espiritual de “alto standing”. Pertenece a la esfera de la exclusividad, algo que sólo pueden alcanzar algunos seres “tocados” por el rayo de la gracia o por el éxtasis.
    Parece ser que los estados de misticismo se producen pocas veces en la vida de aquellos que se mortifican y que andan todo el día a la búsqueda de esta experiencia.
    El vocablo “mística” viene del verbo griego myein que significa encerrar y de este verbo deriva el sustantivo mystikós que significa cerrado o misterioso. Ante esto ya me prevengo, pues bien sabido es que aquello que está encerrado acaba oliendo mal o queda incomunicado.
    No sé si los cuerpos místicos huelen mal o no, o son simplemente seres etéreos que no tienen sustancia oliente, el caso es que el espíritu místico queda incomunicado o reduce su comunicación a una sola dirección, esto es una comunión únicamente con un Ser Supremo.
    Ya sean mujeres u hombres, artistas, monjas, capellanes o poetas; el caso es que el personaje místico se entera de muy pocas cosas de lo que acontece en este valle de lágrimas. Sabe muy poco de los problemas que tiene el hombre común y nada de lo que es humano le afecta.
    Así pues, con estas desafecciones, el artista o poeta místico produce una obra baldía, que, en el mejor de los casos, no es otra cosa que un compendio de atribuciones estéticas baldías.
    Fenómenos como la bilocación y los estigmas, creaciones artísticas como las de Blake, Teresa de Cepeda y Ahumada, el fraile Juan de Yepes Álvarez, la monja Hildegarda o la beata Ángela de Foligno, o de todos estos artistas que viven sin vivir en sí y que esperan una alta vida y que dicen que mueren porque no mueren, los atribuyo a probables intoxicaciones producidas por el cornezuelo de centeno, este hongo psicotrópico.
    Esta es la exclusividad del místico: asociar imaginación con locura, aborrecer el ingenio y decir que los demás sólo deben trabajar para satisfacer a un Ser Supremo.
    Salud
    Francesc Cornadó

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    1. No tengo criterio para saber si Llull era un místico apartado del mundo o un poeta que plasma con ciertos recursos de estilo sus inquietudes filosóficas. En aquel tiempo el pensamiento no se podía ejercer sino entre los propietaristas del mismo, vía monasterios o alguna que otra corte ilustrada. A mí me ha gustado este libro, me recuerda al Cantar de los Cantares y en cierto modo a Juan de Yepes, pero debe ser porque la tradición expresiva rompedora les vincula, y la cultura árabe tiene mucho que ver en ello como vehículo de la griega. Por supuesto el asunto místico hay que valorarlo a la luz del psicoanálisis, es probable que haya mucho "místico" interior que no se expresa o no nos dé a conocer sus textos y sin embargo no pasará a los anales de la historia literaria ni religiosa. De todos modos sospecho que personajes como Teresa de Cepeda y Juan de Yepes sabían bastante del mundanal ruido, probablemente huyeran del mismo y no me refiero tanto del ruido general o del populacho como de la mierda que habitaba en los clanes eclesiásticos. NI creo que ser místico sea una clase definida, sinomás bien un estado, en el que podían caer hasta los más realistas y pegados con sus pies a la humilde tierra.

      Lo del cornezuelo me ha encantado, tengo que indagarlo, jej.

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  2. la paciencia comienza entre lágrimas y termina entre sonrisas
    un genio ¿no?
    un abrazo, gracias por ilustrarnos

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    1. Se ve que el personaje tenía un punto reflexivo y de experiencia acumulada bastante notable, para mí es un gran desconocido. En este país nos han enseñado muy poco, muy poco.

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  3. Un mundo de cuerdos y locos. Besos.

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    1. Pues sí, pero a ver cómo se posiciona uno en medio de ese mundo.

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