La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







domingo, 27 de marzo de 2016

Atracciones y rechazos, 9






















El hombre común ha sobrevivido a una semana larga tomada por el dogma rancio y su show. El hombre común se ha inquietado lo justo. El hombre común podría callar, echarse a la espalda las parafernalias que le pasan por las narices, pero se hace cada vez más preguntas. El hombre común quisiera saber por qué no imperan los conceptos y las palabras correspondientes en ese pacto de ciudadanos llamado Democracia, que se supone debe serlo. Quisiera saber por qué las leyes no se cumplen. Por qué los poderes se complacen mutuamente, injuriando y saltándose a la torera la laicidad que debiera ser identidad del Estado. Por qué el dogma cerril y opresivo tiene que intervenir en la vida cívica, tomando cada vez más presencia, agazapado como truhan tras la excusa del espectáculo, la farsa de las tradiciones, el reclamo del turismo y la supuesta fama de la ciudad. Por qué sus ejecutores no pagan nada, y todo les sale gratis, lo cual implica que los que no creen ponen forzosamente en el presupuesto ajeno lo que no les corresponde poner. El hombre común, que se siente cabal con sus pensamientos y consecuente con sus indignaciones, ha salido indemne otro año. Pero más inquisitivo y más enfadado. Los del dogma jamás se fueron. Con esa gente no se puede (¿porque no se quiere?)



(Capricho de Goya)


10 comentarios:

  1. A ese mismo hombre común "atemporal" que observa la edad de los manipuladores le parece que tanta parafernalia de cierto pasado vergonzante se agotará con su cada vez más cercana consunción si bien la estupidez de los manipulados continuará bajo distintos mantos a cual más insustancial. Visto lo visto.

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    1. Hay más de una clase de hombre común. Los del dogma lo saben y se dirigen al facilón.

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  2. Y los aquellos que no somos hombres ni comunes, ¿qué fue de nosotros?

    Saludos,

    J.

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    1. No sé, yo particularmente sigo siendo un común, nada angélico, pero no de los que se dejan salvar.

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  3. Eso de la laicidad del estado es una auténtica pantomima, el poder político está lleno de curitas de medio pelo que siguen con su dogma, los colegios religiosos cobrando subvenciones, las procesiones apropiándose del espacio público, el circo de las celebraciones religiosas, con la excusa de que es un bien cultural y ahora turístico te van metiendo la contrareforma por la cara y las llagas de Cristo expresando la incultura de este país nuestro que es el hazmereír.
    Da pena
    Salud
    Cornadó

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    1. Llegamos tarde y mal a la Democracia y tengo la impresión de que los españoles no la anhelan y mucho menos no la aman. Así de crudo. Somos convictos de la larga mano de Trento. Da pena.

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  4. Los del dogma están ahí porque existe la libertad de expresión y España tiene una copiosa tradición religiosa. los que no comparten esas creencias pueden estar en otro sitio, en otro tiempo, en otro afán, practicando la tolerancia y el respeto. Así lo hice yo y muchos más. la intransigencia no es un asunto de hábito sino de cerebro. Un abrazo.

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    1. El tiempo es propiedad de todos, no solo de los del dogma. Aunque se nos regatee. La intransigencia, y disiento un poco, es asunto de mente pero sobre todo de situación clasista como aquella en que la casta que todos conocemos prolongan su teocracia en la oscuridad. Por supuesto, se trata de vivir por nuestra parte en los márgenes de libertad que se nos permite, mal que les pese a sus influencias y control en la medida que pueden del poder. Un abrazo.

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  5. "Lo común" es una linde, un muro que perfora la mente. Pocos se atreven a saltar al otro lado. Toda la palabrería, esa fatal retórica que pretende doblegarnos, impone un pasar manso por este mundo. hay que mirar para otro lado y obviar petulancia y contradicciones. Somos una especie atiborrada de estereotipos, miedos y fantasías infantiles.

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    1. Naturalmente que no debemos dejarnos condicionar. Yo, hombre común, lo intento, pero soy consciente de que los límites de la libertad están restringidos y marcados, menos para los que saben muy bien nadar y guardar la ropa, esté el régimen que esté.

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