Fue una paradoja de la tarde avanzada. Sentado al borde del manantial que nace miraba el curso imperceptible. Un hombre absorto contempla siempre en distintas direcciones. Puede tener la vista fija en el ligero cauce y estar metido en el torrente que lleva dentro de sí, agitado e impío. Camino aquel de agua perdiéndose entre olmos, enebros, álamos, chopos, cipreses, deslizantes penachos de hiedra sobre las viejas ruinas, matorrales de zarzamora y otras plantas cuyos nombres se me escapan. Incesante fragor, violento recibimiento el soplo del viento retorciendo la arboleda. Sentías habitar en otro mundo. Te sobrecogiste. Bajo la tierra que pisabas, el agua sobre el agua, la piedra sobre el agua, el olvido bajo la piedra y el agua. Misterioso y arcano pantano, extraño microclima, hondonada al modo de un oasis sobre el páramo duro. Ya me hablaba mi padre de todo esto, él que había vivido el pastoreo por allí cerca durante los años anteriores a la ignominia. La que le movilizó hacia los campos de sangre. Hace tanto de eso. Tanto que la voz de mi padre se quedó entre mis manos, y la memoria mana como el agua de este lugar generoso. Y de pronto, la tormenta. Las gotas que van golpeando las hojas, las piedras, la alberca próxima, el humilde riachuelo, mi cabeza, mis hombros. Y de pronto, la naturaleza, terca y con principios. Incesante y directa. Me dio por reír. Pensaba en un comentario escuchado en la radio del coche sobre la visita de ese pomposo personaje que dirige una de la feria de las vanidades y que ha estado en Madrid estos días. Que había tenido que suspender un discurso debido a una tormenta. Creo que al recordar la anécdota, miré a la tormenta que transcurría revoltosa y benévola sobre mi cabeza y la hice un guiño. Francamente, los que predican sobre el alma y la conciencia de los hombres no pueden con las fuerzas de la naturaleza. Alguien me ha contado luego que volaron las hostias en ese acto de exaltación e idolatría. De ser cierto, hubiera sido el no va más.
domingo, 21 de agosto de 2011
veintiuno de agosto (por la tarde)
Fue una paradoja de la tarde avanzada. Sentado al borde del manantial que nace miraba el curso imperceptible. Un hombre absorto contempla siempre en distintas direcciones. Puede tener la vista fija en el ligero cauce y estar metido en el torrente que lleva dentro de sí, agitado e impío. Camino aquel de agua perdiéndose entre olmos, enebros, álamos, chopos, cipreses, deslizantes penachos de hiedra sobre las viejas ruinas, matorrales de zarzamora y otras plantas cuyos nombres se me escapan. Incesante fragor, violento recibimiento el soplo del viento retorciendo la arboleda. Sentías habitar en otro mundo. Te sobrecogiste. Bajo la tierra que pisabas, el agua sobre el agua, la piedra sobre el agua, el olvido bajo la piedra y el agua. Misterioso y arcano pantano, extraño microclima, hondonada al modo de un oasis sobre el páramo duro. Ya me hablaba mi padre de todo esto, él que había vivido el pastoreo por allí cerca durante los años anteriores a la ignominia. La que le movilizó hacia los campos de sangre. Hace tanto de eso. Tanto que la voz de mi padre se quedó entre mis manos, y la memoria mana como el agua de este lugar generoso. Y de pronto, la tormenta. Las gotas que van golpeando las hojas, las piedras, la alberca próxima, el humilde riachuelo, mi cabeza, mis hombros. Y de pronto, la naturaleza, terca y con principios. Incesante y directa. Me dio por reír. Pensaba en un comentario escuchado en la radio del coche sobre la visita de ese pomposo personaje que dirige una de la feria de las vanidades y que ha estado en Madrid estos días. Que había tenido que suspender un discurso debido a una tormenta. Creo que al recordar la anécdota, miré a la tormenta que transcurría revoltosa y benévola sobre mi cabeza y la hice un guiño. Francamente, los que predican sobre el alma y la conciencia de los hombres no pueden con las fuerzas de la naturaleza. Alguien me ha contado luego que volaron las hostias en ese acto de exaltación e idolatría. De ser cierto, hubiera sido el no va más.
veintiuno de agosto
Cáspita, que si creo en las casualidades. Después de escribir mi segundo devaneo de ayer abrí La obsolescencia del hombre, de Günther Anders. Me lo había prestado amablemente mi librera para echar un vistazo. Como tengo un método antimétodo y muy caótico, practico la costumbre de dejarme seducir por un libro en base a hojearlo por diversas partes. Si los destellos que percibo me atrapan es probable que me proponga pasar a otra fase del cortejo con él. Esto suelo ejercitarlo me hayan hablado de la obra o no. Y a veces da resultado y me lleva al huerto, otras no tanto y toma que lo devuelvo. Así que entiéndaseme que al abrir la página 134 y caer en la red del título del capítulo (El fantasma, se titula) me encuentro para mi perplejidad lo siguiente:
“El mundo nos es suministrado en casa. Los acontecimientos nos son servidos con profusión. Pero ¿como qué nos son servidos? ¿Como acontecimientos? ¿O sólo como sus copias? ¿O sólo como noticias sobre los acontecimientos? Para poder responder a estas preguntas, que guían los siguientes parágrafos, vamos a traducirla a otro lenguaje; y preguntamos: ¿cómo están en casa del receptor los acontecimientos emitidos? ¿Cómo está el receptor en ellos? ¿Están realmente presentes? ¿Sólo en apariencia presentes? ¿Ausentes? ¿De qué manera están presentes o ausentes?”
Francamente, que uno, en su insignificancia, se sienta atraído sin pretenderlo por planteamientos como los que expone Anders me sorprende gratamente. No andaré tan loco, me digo. O si lo estoy, comparto los puntos de loca lucidez con otros. Cuando leo esas preguntas, ¿tan descaminado ando al dudar de lo que me venden? ¿Tan equivocado al mantener un escepticismo inquisitivo? ¿Tan rebelde como para no afirmarme en la necesidad de serlo? La rebeldía es una condición del Ser; ya sé que lo tengo crudo, pero ya llevo muchos años de contradictorio inconformismo. ¿Que no me hace feliz? Por supuesto. Pero ¿es que acaso me hace feliz la oferta sistémica, que llaman ahora? Presiento que puedo avanzar más allá de Camus, sin negar a Camus. Presiento que una antorcha se prende desde esas páginas. Puede ser el comienzo de una gran amistad (con Anders)
sábado, 20 de agosto de 2011
veinte de agosto (bis)
Me estoy dando cuenta de que los espectáculos me interesan cada vez menos. Ya viene de atrás, pero me sigo apartando de ellos, o no siento necesidad de ellos, y sé que llegará un momento en que viviré en ese mínimo del yo y mi circunstancia. Sobre mi yo tendré dudas, obviamente, pero al ser tangible y llevarlo encima, estar en él, ser él, -siempre habrá un yo que tenga apetitos, curiosidad y dolores- lo aceptaré ineludiblemente. Es mi Yo, me diré; me dará más o menos satisfacciones, pero también me aporta la condición sin la cual no (no es posible nada) Sobre mi circunstancia es difícil prever. Será singular o plural, pero esa sensación de que se irá reduciendo no me la quita nadie. Al menos la circunstancia aparente, la que te ven otros. Porque tú puedes vivir tus propias circunstancias elegidas, por ejemplo, a través de la lectura. Los espectáculos, como expresión de una participación en las magnas circunstancias no me interesan apenas. No solo para participar directamente, puesto que para dar alimento, goce y abrigo al Yo no necesito participar de los mismos. Es que tampoco me atrapa hacerlo de manera virtual: eso de poner el televisor para ver fútbol o programas de diversa caracterización melodramática, y entregarles a los mercaderes mediáticos mi tiempo, mi pensamiento, mis sentidos. Ni siquiera me atrae formar parte de la recepción de noticias, factor sobre el cual mi interés se encuentra bajo mínimos. Ya sé que hay otro concepto que se llama acontecimiento, devenir que llaman otros. Un concepto asaltado por las bandas de los promotores de espectáculos, pero a los que difícilmente estos pueden reducir. ¿Pueden acomodar a sus criterios el hambre en Somalia, la violencia contra la mujer, la falta de respeto a los derechos humanos en multitud de Estados, la destrucción de empleo por el feroz proceso de reconversión productivista que se lleva a cabo, por poner unos pocos ejemplos más o menos sonados? Pueden, naturalmente; las falsas conciencias viven en el autoengaño y en la catequesis generalizada de la mentira. Pero, los acontecimientos son los que son, como son y por lo que son, por mucho que los porqueros purpurados o el mismísimo Agamenón digan lo que les plazca. Por mi parte, llevo estos días leyendo y gozando a Valle Inclán y bebiendo, a ratos, cerveza rica. ¿Es mi espectáculo o mi acontecimiento?
(El dibujo es obra de Erika Kuhn, http://obraerikakuhn.blogspot.com/ )
veinte de agosto
viernes, 19 de agosto de 2011
diecinueve de agosto
La noche no quiere venir
para que tú no vengas,
ni yo pueda ir.
Pero yo iré,
aunque un sol de alacranes me coma la sien.
Pero tú vendrás
con la lengua quemada por la lluvia de sal.
El día no quiere venir
para que tú no vengas,
ni yo pueda ir.
Pero yo iré
entregando a los sapos mi mordido clavel.
Pero tú vendrás
por las turbias cloacas de la oscuridad.
Ni la noche ni el día quieren venir
para que por ti muera
y tú mueras por mí.
(De Diván del Tamarit, Gacela III, Del amor desesperado. Federico García Lorca)
...densa madrugada arrancado de la casa como a quien le sacan del sueño, y aquel griterío sordo y confuso, y los borrachos de correaje que no escatimaban la exhibición de sus instintos elementales, y la burla, la burla de una autoridad improvisada en manos de los miserables, aquella búsqueda salvaje, y la traición, y aquel reclutamiento obligatorio para la muerte, y el sudor y la congoja de los perdidos, la desdichada compañía de los elegidos para el olvido, y el viaje último a través de los caminos de los hombres ingratos hacia cualquiera de sus recodos, y allí los barrancos donde la tierra era huérfana de la lluvia, donde la tierra estaba condenada a ser alimentada por la sangre, donde la tierra fue desde entonces soledad de los hombres cuyas voces ya no se escuchan, y mil veces malditas aquellas huellas lejanas nos siguen recordando que Caín come cada día de nuestro plato...
jueves, 18 de agosto de 2011
dieciocho de agosto
No me cabe duda de que somos siempre los mismos los que ponemos la otra mejilla. Es curioso que los que toda la vida han gozado de privilegios -para dirigir en posición clasista la sociedad, para ocupar los espacios públicos, para beneficiarse en los privados, para expresarse sin límites, para vivir a costa del erario público- pretendan ahora volver la oración por pasiva. Se sienten agraviados, ofendidos, ¡perseguidos! incluso. Que monten, pues, su numerito (cuidado con el efecto bumerán), que se recreen en su cursi estética, que se crean que son herederos de las alturas. Su espectáculo tiene un guión y una música caducos, pero sospechoso. Esta vez se han descubierto. Su rostro intolerante y negador de la libertad de los demás les delató ayer en Madrid. Esa gente tiene muy claras sus ataduras a este mundo. No sabrían qué hacer de no tenerlas. Y se saben respaldados por los poderes reales. Siempre me queda la esperanza del castellano viejo, que decía que esos son de los que predican pero no dan trigo.
NB. Por cierto, ¿alguien se ha fijado en los anuncios de empresas como Endesa, FCC, etc. en El País, dando la bienvenida a los actores que han convergido estos días en la capital de España? Más claro agua. Toma espíritu evangélico.
miércoles, 17 de agosto de 2011
diecisiete de agosto
tiene treinta y seis años y los ácidos que echaron en la confección del papel argentino han vuelto amarillentas sus páginas; si lo hojeo rápido salta una sustancia invisible a mis ojos y estos me pican; o bien percibo un olor ácido que descoloca a mi olfato; o bien siento irritación en la garganta (ya pronuncié el verbo que más utilizo: sentir); el roce de mis dedos sobre el papel hace que lo perciban áspero; es un ataque contra mis sentidos, digo; pero cuando abro y leo
allí donde huele a mierda
huele a ser
presiento que la invasión de las palabras van a sobrepasar la sensibilidad superficial e inconsistente de mis sentidos; directamente se arrojan sobre la yugular del otro sentido, el que no es más ni menos importante que los sentidos corporales; el otro sentido, que se debe también a los órganos del cuerpo y a sus manifestaciones; el otro sentido, al que sublimamos y donde nos refugiamos para saber de nosotros; el otro sentido, donde nos creemos ser; esto es, donde percibimos además de nuestros humores y su consistencia y su maleabilidad la pretensión de estar en el centro bien colocado y dirigido del ser que se dice y se repite que llevamos dentro; ese vocablo o abstracción que nos forma o que se desencadena o que se revela confuso porque quiere mostrarse, tener protagonismo; esa dicción de tres letras que nunca sabemos si es imagen o significante de algo o negación de todo
y el hombre deseó la mierda
y para eso, sacrificó la sangre
y ya me siento mordido; el libro abierto a prudente distancia; como un símbolo de evitar el contagio; no sé si del libro sobre mí o de mí sobre sus páginas; no sé si colocarlo en un atril y seguirlo como cantata; a cada línea, verso o sintaxis heterodoxa que leo algo de él derriba y algo eleva; algo estruja y algo extiende; algo saja y algo cura; voy a continuar leyendo
antonin artaud. para terminar con el juicio de dios
(¿por qué me gusta tanto que al final de un libro aparezca algo así como… se terminó de imprimir en los Talleres Gráficos Verbos, Salcedo 3253, Buenos Aires, el 23 de junio de 1975, en una tirada de 2000 ejemplares?)
martes, 16 de agosto de 2011
dieciséis de agosto
Como no tenía sueño esta madrugada y no quería ser presa de pensamientos ni deseos turbulentos, me puse a hacer labores. Labores sin apenas ruido ni obligación. Volví a acordarme de las piedras que tengo en una vieja maleta. No sé por qué me persigue esa tendencia lítica tan acusada. Debe ser porque en la esencia de una piedrecilla existe algo que de manera refleja me conecta con el origen, con la materia superior a la de mi condición humana. Si a ello se le suma los episodios de cálculos que buscan de manera recurrente y periódica los espacios de mi riñón y juegan al pilla pilla conmigo, pues, como dirían en el mercado, a ver quién da más. He buscado algunos cantos rodados y alguna valva con agujeritos y me he dedicado a trenzar un collar tosco, pero cálido. Nada meritorio por mi parte. Contemplar la maravilla de la redondez sensual de las piedras y sus cavidades, insistencia tenaz de olas y sales sin tiempo ni demora. Sentirme primitivo, imaginarme agachado junto a una fogata a la entrada de una cueva, mientras otros bípedos a mi lado percuten ora unos bifaces, ora unos cuchillos de sílex para cortar piel, ora unos arpones de hueso para pescar. Un poco más al fondo un anciano de la tribu enseña a poner colores y adaptar formas sobre los salientes caprichosos de la roca. Algunos comen en un rincón trozos de las entrañas de un animal cazado recientemente. Unas parejas ocasionales se pierden en la oscuridad del abrigo y se acarician y se agitan y se montan. Llueve afuera y la cueva se puebla de los movimientos incesantes pero pausados de nuestras actividades. Tengo que buscar más cantos con agujero para que el amuleto sea más variado. No lo había pensado pero acaso se lo regale a alguna de las hembras que me miran de una manera posesiva, o bien me lo coloque como protección cuando salga a cazar, aunque también he oído que en otras tribus hacen trueque con colgantes como éste y eso es tentador. Tendré que decidir.
lunes, 15 de agosto de 2011
quince de agosto (la Gran Matria)
Eres la estructura, la casa, la fortaleza,
el territorio, la patria, la ciudad, la nación,
o, simplemente, los elementos más naturales,
los que se transmiten con tu cuerpo, con tu mirada, con tu sonrisa difícil;
y en tu escala posible, en tu humilde limitación te entregas
como los recursos más primigenios y eficientes:
el cobijo, el alimento, la seguridad,
y sobre todo el calor:
el calor que protege de la lluvia, que guarece de la intemperie,
que consuela del abandono;
y eres también el frescor:
allí donde el sol se ceba en los tuyos, donde el fuego de los hombres se ensaña
con tu progenie, donde la destrucción de los malvados
pretende tajar la base sobre la que te sustentas casi por azar,
donde el olvido de los otros hombres que, aunque no lo sepas bien,
habitamos el resto del mundo,
allí aparece el don de tu apacibilidad.
¿Qué más se puede pedir de esta construcción
que se eleva sobre sí misma?
¿Qué arquitectos de la moral serían capaces de alzar otra edificación
más potente y suntuosa?
¿Qué estadistas podrían garantizar otro territorio más extenso?
¿Qué militares dotarían de mayor seguridad que la que tú ofreces?
¿Qué materia de las entrañas de la tierra y de las potencias del cielo
se mostraría más sólida?
Los dioses desaparecidos y en trance de extinción enmudecen ante tu despliegue.
Después de ti no habrá ni uno más.
Los ídolos, en su multiplicidad de símbolos, se derrumban a tu paso.
Y nadie estará justificado para levantar otros.
Las castas religiosas se avergüenzan de Oriente hasta Occidente
y en su falso pudor callan y se descomponen hasta desaparecer.
Los mitos se vacían: tú toda eres carne de tu carne, sangre de tu sangre,
sabiduría de tu conocimiento, posesión de la riqueza íntima
que los demás no poseemos porque la vendimos al mercado.
Los traficantes de conciencias caen a tus pies
pues reconocen que tus lágrimas contenidas y tus sentimientos preservados
son aderezados con la fecundidad de la calma.
Los ciudadanos del bienestar se consumen en su insignificancia
ante la dimensión que proyectas.
Las filosofías se empobrecen hasta escurrirse por las rendijas de la inutilidad.
Los logros materiales de las sociedades modernas se resquebrajan
devoradas por su propia inconsistencia.
Ella, tú, la gran diosa. ¿Quién dijo que las diosas habían desaparecido?
Ella, tú, la gran matria. ¿Quién pretendió imponer equívocamente la autoridad sobre la naturaleza y sus hijos?
Ella, tú, la gran virgen. ¿Quién restaría una pequeña parte de tu hermosa voluntad
esforzada y pura?
Ella, tú, la gran hacedora. ¿Qué creación existiría en tu entorno
si no activaras la resistencia?
Ella, tú, el gran amor. ¿Qué sentido tendría el suelo que pisamos
de carecer de tu instinto que deviene en conciencia de superviviente?
Ella, tú, el gran abrigo. ¿Cómo no sentirse tomado en tu regazo?
Ella, tú, la gran belleza. ¿No oís cómo se agrietan los cánones que hemos adorado?
Ella, tú, la gran roca. ¿Se atrevería alguien a dudar que procedes del magma?
Ella, tú, el limo y sustancia de esperanza. ¿Podría ignorarse
la fuerza vivificadora que tus pies humedecen?
Ella, tú, la refrenada pasión de la ira. ¿Nos escandalizaríamos si deseases
ejecutar la dulce satisfacción de la venganza?
En nombre de tu existencia: no nos perdones jamás.
(HOMENAJE A LA MUJER DE SOMALIA)
domingo, 14 de agosto de 2011
catorce de agosto
Los Robaiyyat de Omar Jayyam son una fuente inagotable para mí. De meditación, de goce, de sugerencias, de ideas, de conclusiones. Son algo más: apacibilidad cuando me siento inquieto. Claridad cuando me percibo confuso. Apertura cuando me encierra la ofuscación. Alegría cuando la tristeza me descompone. Estímulo cuando el desánimo me acecha. Esperanza cuando siento la tenaza de la frustración. Pero no es un libro sagrado. Es simplemente el libro de un hombre que relativizó su vida y sorteó las creencias en lo absoluto. Hoy, al abrir el librito encuentro al azar esta robaiyyat:
Le dijo a una ramera un jeque: estás borracha,
vas de la trampa de uno a la trampa de otro;
ella contestó: jeque, soy todo lo que dices,
pero tú, de verdad, ¿eres como aparentas?
Inmediatamente pienso en la farsa que la semana próxima se va a producir en Madrid. En el culto a la personalidad a un hombre frágil. En la idolatría a un cuerpo y a una imagen al que los pobres de espíritu promueven adoración. En la parafernalia que suscita gastos desmesurados en tiempos de ajustes de cinturón para los de abajo. Ese jeque rico de la cristiandad que se cree con derecho a arrojarnos a los demás a las tinieblas exteriores, cuando él y sus seguidores fanáticos viven en las tinieblas personales y permanentes, que son las peores. Las que nunca darán luz.
Ciertamente, si los católicos reflexionaran verían connotaciones incluso evangélicas en la robaiyyat de Jayyam. Yo recuerdo una: que las putas nos precederán en el reino de los cielos, dijo aquel profeta, probablemente inexistente, que tanto nombran los directivos y cuadros de la multinacional vaticana. Aquel profeta, posiblemente inventado, al que idealizaron para que no causara más problemas de los debidos en la conciencia de sus seguidores. Aquel profeta del que hablan en abstracto para que el montaje religioso y farisaico no se resienta. Lo siento, me gusta llamar al pan pan y al vino vino, y a la falsedad la nombro hipocresía. La verdad que puede hacernos libres no viene precisamente de esa secta claustrofóbica y castrante para la conciencia de los hombres que desean ser libres.
sábado, 13 de agosto de 2011
trece de agosto
A través del blog de la tunecina Lina Ben Mehnni descubro la capacidad de resistencia de los jóvenes magrebíes. Buceando en links encuentro otro blog, éste totalmente en árabe, donde al menos el lema viene en francés: El pensamiento tiene alas. Nadie puede parar su vuelo. Es una frase del cineasta egipcio, ya fallecido, Youssef Chahine. Escuchar frases como ésta de gentes que llevan décadas sufriendo durísimas represiones enaltece las palabras y los sentimientos. Con frecuencia ordinaria, los blogueros españoles, u occidentales en general, usamos y abusamos de ideas, frases y vocablos que, en muchas ocasiones, envejecen porque parece que las envuelves en el tul en lugar de desgastarlas frotándolas contra la roca. Esos blogueros de la resistencia árabe o de mil resistencias con más motivo y causa se dejan la piel en tertulias, rincones, calles, fábricas y manifestaciones múltiples a las que se ven abocados para ejercitar la libertad. Ni que decir tiene que siento predilección por los resistentes laicos, los que hoy luchan contra las dictaduras corruptas y decrépitas de un capitalismo ad hoc, pero que igual lo harán mañana -ya avisan hoy- contra las mayorías políticas de signo religioso que instalarán nuevas dictaduras si se les deja. El pensamiento tiene alas, indudablemente, pero como el pensamiento no es una propiedad abstracta ni volátil, sino que se manifiesta dentro de y a través de los seres humanos, quienes sufren las consecuencias de la incomprensión y de la represión son los ciudadanos concretos y no tanto las ideas flotantes. Y ésta es la cuestión: las ideas, las metáforas y las aspiraciones son eternas aves sobrevolando el paisaje humano. Sólo los hombres que desean que formen parte de su vida cotidiana y responsable, con todo lo que implica de terrenal y arriesgado, las convierten en imparables.
(La fotografía es de Lina Ben Menni, http://atunisiangirl.blogspot.com/ y http://linabenmhenni.blogspot.com/)
viernes, 12 de agosto de 2011
doce de agosto
Se levanta con la inquietud del sueño gravitando aún sobre sí, obsesionado por aquellos ojos que le miraban penetrantes, desarmado por la presencia de una mirada que le distraía de cualquier otro paisaje, traslación de un brillo que deslumbraba su ojos tristes y cansados, no podía ver nada más, en cada objeto que pretendía fijar su vista aparecían los ojos suplantándolo, en cada persona a la que pretendía dirigirse se imponía aquel antifaz sutil, en el panorama exterior que deseaba observar se borraban todas las señas de las calles y de los árboles y de los transeúntes para hacerse omnipresente la seducción de unos ojos que crecían y se le aproximaban, tan cerca y abrasadores los percibía que giró sobre sí, decidió actuar en dirección opuesta a como actuamos los humanos, renunció a la vanguardia, rindió sus comportamientos usuales, todo con tal de evitar aquellos ojos de fuego y mar, pupilas con colores cambiantes, y en aquella retrocesión confusa contra la naturaleza de su biología bípeda crecía por momentos su desasosiego, y fue entonces cuando sintió aquel ardor creciente sobre la piel de su espalda, aquellos impactos desiguales en intensidad, aquella acupuntura hiriente que marcaba con variedad alterna su cuello, sus omóplatos, sus cervicales, sus caderas, sus nalgas, llamas rabiosas que se fijaban en cualquier hueco de su espalda, allá donde ésta era más frágil la mirada se concentraba más, se cebaba inclemente, puñaladas ígneas que le inmovilizaban, que desgarraban su esqueleto y sus músculos y sus vísceras y atravesaban sin piedad el cuerpo hasta mostrarse dentro de él, tenía los ojos incrustados dentro de él, haciendo de su parálisis un espectro de pánico, de deseo y de escalofrío, de ansiedad y de vacío, y tuvo la sensación de que su cuerpo se diluía, su cuerpo dejaba de tener las propiedades y las características que le habían definido, su cuerpo trasuntado en una mirada interior que no era ya la suya, donde el sudor se había evaporado y la sangre era ya coagulación y la temperatura una ausencia, y por más que trataba de buscar un ángulo donde aquellos ojos no aparecieran no lo conseguía, y los miró cara a cara y vio en ellos su reflejo y supo, no sin confusión ni angustia, que no podría ya jamás desprenderse de ellos…
(Fotografía de Vladimir Clavijo)
jueves, 11 de agosto de 2011
once de agosto
Dice por alguna parte Borges que la memoria y el olvido son igualmente inventivos. ¿Significa eso que todo lo que podemos conocer del pasado es invención? ¿Qué nunca podremos saber con meridiana claridad lo que fue, ni por qué ni de qué manera? Pero el olvido…si solamente, y ya es mucho, es olvido, ¿por qué se inventa también? ¿Eso quiere decir que el olvido no existe objetivamente? Y si se inventa, ¿es para combatir la posibilidad de que la memoria se reactive en estado bruto y nos descubra lo que no es engaño? Hay cierto conocimiento sobre la materialidad de las cosas del pasado, pero también tenemos la dificultad de conocer cómo se hilaron los pespuntes. Memoria y olvido se tantean permanentemente. Ese pulso continuo nos lleva a interrogarnos, no sé si sabia o neciamente. ¿Vivimos acaso de ficciones heredadas? Por supuesto, los acueductos antiguos existen, ruinosos o enteros, y los muertos deben estar por alguna parte, disueltos en las entrañas de la tierra o en esqueletos sumergidos, según las épocas y los agentes ambientales. Pero más allá de sus huellas, ¿qué tenemos? Llevo todo el día dándole vueltas al tema y no atravieso la pared invisible.
miércoles, 10 de agosto de 2011
diez de agosto
No sé si preocuparme o dejarlo pasar. Últimamente no oigo radio, apenas veo televisión, alguna vez la presentación de los telediarios, y con los periódicos voy flaqueando. Aunque reconozco que la prensa es el soporte que primero mamé y por lo tanto mantengo cierta dosis de fidelidad con ella. Sólo cierta. He reducido su lectura a los titulares, a algún artículo de fondo cuyo autor me parece interesante y a la sección de obituarios. Sin embargo, mantengo viva la atención sobre los muros de nuestras ciudades. Algunas frases escritas en ellos no reflejan noticias -ese mito del periodismo tan traicionado como maniqueo- ni se muestran excesivamente reivindicativas -está en crisis la vindicación que se pueda ejercer sobre los que no te van a dar jamás si no te lo coges- ni llaman a agitación alguna -a excepción de algunas humoradas idealistas e incluso exageradas de las gentes del 15M- y, sin embargo, no quito ojo de las paredes. Digamos más bien que doy un brinco en cuanto veo un texto o un dibujo. Vuelvo para atrás si lo detecto al pasar; si voy con alguien les dejo que se adelanten; si voy solo me demoro un buen rato y si llevo una pocket hago el numerito de fotografiar el mensaje (la gente me mira como un tipo raro o se pensarán que llevo la chapa de secreta en el bolsillo)
Este texto me intriga. No sé si es uno o si son dos. Si primero alguien pintó el imperativo inicial a secas. Si luego llegó otro y escribió el matiz sugerido por la proposición. E incluso si hubo una tercera mano que puso la coma. De ser una frase escrita por el mismo autor del microrrelato me pregunto qué necesidad tendría de poner la coma. La coma cumple el papel de un pero, aunque acaso el escribiente no lo ha pretendido y la ha colocado porque le había cogido gusto a la caligrafía y no deseaba poner fin al mensaje. No obstante, la frasecita, con coma o sin ella, es un canto a la autoestima. Una sugerencia, un estímulo, un ánimo a todo aquél que dude de su propia potencia y energía. No creo que la mano sea una mano confesional porque el escrito está colocado en los muros de una iglesia y sería tirar piedras contra el propio tejado. No sólo contra el tejado arquitectónico sino contra el de su mística. Porque, ¿qué necesidad iba a tener un creyente de reafirmar con la pintada en la piedra rosácea lo que la gracia de su Dios le concede por vías menos letradas pero sí tanto o más exhibicionistas? Hay un elemento que me confunde. Que haya dos acentos de todo punto innecesarios, en las palabras fe y ti. ¿Por qué ese modo tan aseverativo de ratificar un sustantivo y un pronombre que tienen entidad propia? Hay otro elemento que me confunde aún más. Y es que tienen forma de llama ambos acentos, como lenguas de fuego bíblicas que revitalizan las letras. Francamente, se ponen interesantes los mensajes de las paredes. Me hacen pensar más que las secciones periodísticas. Y si son anónimos, no tengo contra quien ir. Pero tampoco a quién felicitar. Misterios urbanos.
(El músico es un advenedizo, en todos los sentidos, y ajeno a las mayúsculas)
martes, 9 de agosto de 2011
nueve de agosto (bis, pero de bis felino)
nueve de agosto
Somos los nietos de los obreros que nunca pudisteis matar. Me estremece la frase. Que setenta y cinco años después de los hechos de referencia sea pronunciada es para dedicar un punto de meditación. Los nietos de los obreros que no pudieron matar claman en un pueblo de la provincia de Ávila. El alcalde del PP ha desalojado los restos de los asesinados en 1936 para meterlos en la fosa común. El gesto no le honra, ni a él ni a sus seguidores del lugar ni al partido que le respalda. Que el gesto vaya -por muy legal que sea según los del partido llamado Popular, aunque ya sabemos que la ley se hace y deshace conforme a intereses en juego- contra cualquier principio de reconciliación y de ritual humanitario que habría que respetar les trae al pairo. A mi no. Que el gesto saque a relucir el talante patrimonial y chulesco de que quienes se creen con poder omnímodo y heredado directamente de Dios, y no les importe a muchos vecinos de su cuerda... A mí sí. ¿Y quién dice que las dos Españas no existen? Porque se han enfrentado con acritud verbal y si no interviene la Guardia Civil hubieran ido a más. Puede que muchos quiten importancia a sucesos así. Y que digan que es un enfrentamiento de nostálgicos no me basta. Pues aun suponiendo que lo fueran, a unos les asiste la fuerza bruta -del control de la administración del pueblo y de su capacidad energúmena- y a otros simplemente el valor de la razón. Unamuno dijo de la insurrección de Franco aquello de venceréis pero no convenceréis. La derecha brutal no convenció nunca y sigue sin convencer ahora. Y menos todavía si se mantienen en sus trece.
Reflexión hasta en lo que parece insignificante, por favor.
(Imagen: Duelo a garrotazos, de Francisco de Goya, en fotografía de Laurent)
lunes, 8 de agosto de 2011
ocho de agosto
Esa búsqueda del Edén. Ese fantasear con una naturaleza dócil al servicio humano. Esa viejísima obsesión con obtener un mundo feliz. Y la narración que, desde la transmisión oral más perdida en el tiempo, se manifiesta dual como sublimación y como conjuro. ¿Será que lo maravilloso es precisamente el relato? La capacidad para llegar en apoyo de los afligidos, en estímulo de los esforzados, en consuelo de los vencidos. Pregunta tonta: ¿en qué momento se produciría esa descripción paradisíaca que fue elaborándose y refinándose hasta adquirir categoría de mito? Pero qué importa. Es como preguntarse en qué momento el estómago humano empezó a adaptarse a unas plantas o a unas proteínas animales. La necesidad es la respuesta. El encarnizamiento, la dureza, la dificultad, el dolor, el padecimiento, la rendición impotente. ¿Cuántas manifestaciones humanas no exigían una elevación sobre sí mismas? El mito de un cielo donde la naturaleza se entendiera entre sí, donde el hombre conviviera con la naturaleza, donde la naturaleza vegetal, animal, tectónica o climática cediera para hacer el soporte del hombre lo más llano y pacífico posible, tiene su trampa. Hoy reviste el ropaje de la presuntuosidad humana. Del antropocentrismo más desafiante y cruel. Un poeta como Adonis lo sabe también. Mas un poeta puede ascender por las palabras y dejarse derribar por ellas. Ser humano. Inventar textos que respalden aspiraciones. Todavía el hombre sigue motivado con la idea del paraíso. ¿Cómo espera su plasmación? ¿Cómo una superación, una aspiración permanente, una construcción material, un futuro? El hombre vincula el mito con el tiempo. Tiene necesidad de creer que un día llegará. Por eso el poeta escribe, clama y alienta. Plagado de incertidumbre, desfigurando las palabras, convertido en profeta del desierto al que pocos hacen caso ya. O tal vez sí, y entonces la poesía se convertiría en arma de destrucción masiva. Hay muchos casos de energúmenos que fueron poetas, y ese ejemplo hace temer. Y la pervivencia del mito equívoco del Edén, que no queremos desactivar.
domingo, 7 de agosto de 2011
siete de agosto
Cada fabricante lanza sus productos y pone en marcha la publicidad que los venda. No sé si a exigencias del mercado (los fabricantes se piensan que los consumidores estamos ávidos de comprar y como saben que muchos padecen del síndrome del consumo no cesan en sus elaboraciones incluso innecesarias) o como iniciativa propia que si cala, cala, y si somos tontos es nuestro problema. Un anuncio emitido por un cardenal español, reproductor de mitos ya fabricados y obsoletos, dice: El problema de Europa no es la crisis, sino olvidar a Dios. Miren por dónde el anuncio me hace dedicar un instante de atención, lo cual es un mal síntoma porque mi tiempo es tan áureo como el de Botín o el de Razinger.
La publicidad trata precisamente de eso, de que dediques un minuto al mensaje. Y si éste se queda en el subconsciente ya ha cumplido su papel. La publicidad no va dirigida al consciente del hombre, porque entonces no sería publicidad, no buscaría la persuasión o, mejor dicho, la sugestión. La conciencia analítica del ser humano puede poner patas arriba las pretensiones publicitarias y mercantiles. El anuncio citado destaca su producto estrella. Luego tiene otra elaboración a la que llaman Amor, pero hablan menos de él últimamente, puede que porque sea más equívoco y no todo el mundo lo entienda en un planeta de relaciones enconadas y poco clementes. Y donde el afecto y la sexualidad desplazan cualquier otro modelo de fe con harta y espontánea facilidad.
Hay más productos de ese mercado llamado catolicismo. Y de pronto me acuerdo de uno afable, bondadoso y con el que resulta difícil no congeniar denominado la Virgen. Pero tengo la sensación de que este producto es más equívoco aún, que los tiempos de liberación de la mujer y de conciencia de los hombres ha revitalizado un papel que puede resultar molesto para los fabricantes. Cuando no rebelde y volverse contra ellos. Sabido es que, no en vano, el origen de la Virgen está en épocas anteriores a las religiones del Libro. No en balde los hombres supieron honrar a la verdadera divinidad: lo fértil, lo fecundo, lo transmisor, la Tierra. Las culturas urbanas originadas tras el Paleolítico siguieron reconociendo el valor de la verdadera procedencia de la vida. Descubrieron, pues, a la Diosa. Si los del Libro, y muy especialmente el catolicismo, pretendieron domeñar y domesticar el símbolo, lo consiguieron de mala y deficiente manera. Con mañas muy arteras y manipuladoras hicieron de la verdadera divinidad ancestral, la femenina, una rendición. O mejor dicho, una suplantación. El género dominante tenía que ser el macho, pues no faltaba más.
Respecto al anuncio del cardenal…que le vayan con esas historias a Trichet y al Banco Central Europeo, al FMI, a Durao Barroso y a las finanzas e industrias internacionales. Y naturalmente, a los exportadores del petróleo. Igual le creen.
sábado, 6 de agosto de 2011
seis de agosto
seis de agosto hiroshima
Homenaje: Hiroshima, seis de agosto. Nagasaki, nueve de agosto. Los hombres no aprenden nunca del mal que desatan. El bien queda eclipsado por aquél. No vale otro argumento, si no se desequilibra la balanza.
viernes, 5 de agosto de 2011
cinco de agosto
Levanté la persiana y estaba fijo ante mi ventana. Pudo ser casualidad pero la mera imagen de que un gato tratara de controlar mis movimientos removía mi subconsciente. Reconozco que nunca he sido propenso al trato con esa especie. Aun suscitando en mí cierta ternura y bastante admiración por su estética y dinámica arquitectura lo cierto es que siempre he evitado tratarlos. Ese tomarse la confianza cuando estás en casa de unos amigos me pareció toda la vida una interferencia molesta. ¿Qué ellos intentan explorarme y poner a prueba mi manera de ser? Acaso, pero uno tiene algo de rebelde al que no gusta ser tanteado descaradamente. Se me dirá que muchos humanos practican también ese juego; pues bien, acaso por esa razón estoy pertrechado de desconfianza. No sabría decir si es más fácil tratar con un humano que se manifiesta con intenciones arteras e inquisitivas sobre tu vida que con un gato al que ves unos minutos y por primera vez. Pero uno va estando acostumbrado a su propia especie, que no cómodo, y, aunque se sigue sorprendiendo un poco del último ejemplar de dos patas que llega exhibiendo carantoñas y devoción, cuando no reclamando exigencias y obligaciones, pues uno prepara su red, extiende el foso y muestra sus defensas si es necesario. Esa característica física que tienen los ojos de los gatos durante el día -la pupila prácticamente contraída- les otorga sin quererlo un aspecto equívoco. Desde que leí 1984, de George Orwell, y con la implantación generalizada de cámaras hasta en el retrete, empecé a ver en las miradas gatunas una aportación más al gran hermano generalizado en nuestros tiempos y sociedades. Pero éstas son figuraciones mías. Durante un rato el gato de la terraza permaneció pendiente de mis gestos y como parecía que sacarle la lengua no sólo no le espantaba, sino que destacaba más curiosidad en él, me puse a mis quehaceres.
jueves, 4 de agosto de 2011
cuatro de agosto
Desasosiego de una noche de verano que me impide conciliar el sueño. Encontrarme de pronto con ese verso del poeta Adonis, el siríaco
¿y cómo hablaré yo el lenguaje de las hormigas con acierto?
Acaso el acierto, me digo, sea dar con este verso en plena hora de desvelo. ¿Qué hacer? ¿Llevar el cuchillo de trinchar a su sintaxis o trocear su recóndito significado? Pero, ¿por qué la tentación de racionalizar el sentido que tienen las cosas por sí mismas? Suena bien Adonis y simplemente esperar la revelación puede ser un ejercicio inútil. Marcada manía humana de tratar de diseccionarlo todo, de abrir en canal las palabras para intentar apoderarnos de su esencia y, acaso, desvirtuarla. Me propongo otro punto de vista. Leer al poeta con el olfato, por ejemplo. O con el tacto. De momento el sexto sentido, el oculto, el que multiplica todas las posibilidades de los sentidos clasificados me ayuda. Imagino pasear por un jardín donde se mira y se huele. Donde uno se impregna de aromas y renueva la sensibilidad de las yemas de sus dedos. Pasear. Donde uno se desconcentra porque los ojos se tornan húmedos de belleza. Pasear. Admirar los parterres, elevar la cabeza hasta las copas de los árboles, recorrer laberintos que nos cubren. ¿Tendría algún valor preguntarnos algo en ese deambular a través del cual lo que deseamos es percibirnos a nosotros mismos, alejados del ruido de la vida? Pasear por el verso.
miércoles, 3 de agosto de 2011
tres de agosto
Álex y yo quitamos el clavo del muro y el templo no se vino abajo. Resultaba evidente que no era una pieza fundamental sobre la que se asentase la descarga de fuerzas del edificio. Resultó que tampoco se trataba de un herraje digno de sujetar un adorno. Probablemente fuera una de esas piezas perdidas por los obreros constructores, que no saben dónde dejan a veces las cosas. Me gusta pensar que ha permanecido ahí durante siglos y que de pronto lo hemos descubierto. Que su pátina es la historia y su materia permanece incólume. Esa pervivencia del clavo en el muro se había convertido en olvido y no formaba parte del conjunto. Lo cual, a la hora de que el templo sea declarado Patrimonio de la Humanidad -es un suponer- este humilde objeto no podrá participar de la gloria de la exaltación. Ahora pienso que, al extraerla, esa punta herrumbrosa nos debe estar agradecida. Tal vez no participa del destino común a donde estaba destinada junto con infinidad de elementos. La liberamos de su condición de sometimiento. Ahora la tengo colocada sobre una balda, junto a libros y recuerdos. Para qué. ¿No habré trocado una servidumbre por otra?
martes, 2 de agosto de 2011
dos de agosto

Me encuentro entre papeles aquellas líneas del poeta. No tuve tiempo de preguntarle si es que era debido a que comprendía tan bien la contingencia de los individuos por lo que elegía a la mosca como espejo de nuestro acontecer. O bien si le fascinaba de tal manera el vuelo repetido de esos insectos dípteros que, para explicárselo, se fijó en la recurrencia obsesiva que hace crepitar diariamente a los humanos. Fueron aquellas imágenes de ríos, todas ellas nutriéndose de nuestros deseos subterráneos, las que me dieron la clave. Aguas que a todas horas dibujan el perfil de cada ser sediento. Aguas que nos llevan y nos traen, donde perecemos con frecuencia. Sin sentir plenitud.
lunes, 1 de agosto de 2011
uno de agosto
Era invierno cuando cogí aquellas piedras en el páramo. El suelo vestía de pardo. Las piedras estaban embarradas. Desparramadas generosamente por el monte. Había tantas. Cada piedra era una arquitectura. Tenían oquedades por todas sus caras, irregulares, ahítas de aristas. Parecían pequeños acantilados sometidos a la furia de los elementos. Las puse en una bañera para quitarlas la arcilla. Ahí siguen. Meses después casi todo los días aparecen hormigas en su entorno. Salen de ocultas y profundas galerías que deben formar una red tan misteriosa como intrincada que llega hasta el corazón de la piedra. Tal vez en ese centro sagrado no exista la gravedad y las hormigas sobrevivan porque se mueven en otro mundo desconectado del nuestro. Ignoro qué come este tipo de hormigas. Probablemente tengan recursos almacenados en las entrañas de la piedra. Ahora me arrepiento de haber lavado las rocas. De haber atacado inconscientemente la aldea subterránea. Aunque lo más probable es que las galerías minúsculas estén bien protegidas y la absorción de la piel caliza haya parado la humedad. No dejo de asombrarme. Me estoy acostumbrado a ellas. Me hacen pensar en su aparente levedad. Me alivian de mi latente fragilidad.
domingo, 31 de julio de 2011
Rotundamente humanos, ¿y eso qué es?

La humanidad es un concepto. Un concepto que se pierde de sí mismo en múltiples conceptos. Y como el concepto no es nada sin el vocablo, empieza a llamarse tribu y luego ciudad estado y luego nación o estado a secas o país o sociedad de consumo. No, no se llama cada vez a su manera, son los hombres que llegan al cabo de los siglos y que lo revuelven todo los que rotulan. Tal vez también la humanidad es una condición. Y como tal, un tránsito. Sí, no me cabe duda que sigue siendo la tribu y todos sus atributos. La esencia de las primeras agrupaciones se mantiene. Con sus evoluciones y variantes. No es un ente filantrópico, aunque ántropos y humano parezcan decir lo mismo. Sin embargo necesitamos sublimar el término, no sé si el concepto, y solemos decir hay que ser más humano, por ejemplo, o qué poco humanos son o bien qué humanidad hay en él, o están deshumanizados, y etc. Como si el término humano sólo tuviera connotaciones positivas. ¿Por qué necesitamos creer que lo humano implica sólo comportamientos positivos, cuando sabemos que abundan los oscuros, los siniestros, los destructivos y predadores? ¿Por qué reservamos la palabra humanidad para designar la bondad, la generosidad, lo constructivo, lo participativo, lo logrado? Cuando tanto existe o más, de todo lo contrairo... ¿Lo humanizado, lo deshumanizado? ¿Tanta soberbia o tanta debilidad o tanta necesidad tenemos para hacer de la etimología de la palabra una especie de doble faz? Jano nos obsesiona. También Sísifo. También Zeus nos acecha. Y Minerva no se queda atrás. ¿Acaso no lo hace Dánae? Los dioses clásicos son nuestras representaciones, y no precisamente marchitas, sino en vigor. Pero no pasamos de ser Odiseo. Algo debe haber en esa alternancia agitada del término lo humano, ahíto de deseo e insatisfacción. Algo de conciencia de que la elevación lleva consigo la caída. Algo también de que todo lo que sucumbe puede renacer. Algo de esperanzador y de posibilidad. ¿Debemos estar desesperanzados de la humanidad, de los hombres? Motivos hay. Pero no escape. La necesidad nos acucia siempre, salvo que nuestra desesperación personal nos conduzca a no aceptar nada más que el vacío. Algunos me dicen, desde sus escritos o desde sus voces: somos rotundamente humanos. ¿Y eso qué es?, les respondo por inercia. Muchas veces me gusta hacer ficción. Olvidarme de la cultura y la educación y el mundo de ideas y todo eso que me han inculcado desde pequeño. Imaginarme que pertenezco a los primeros hombres, que no voy a pasar de quince o veinte años a lo sumo, y eso con suerte. Imaginarme con el pensamiento de su tiempo y de su cerebro, avanzado en su momento y muy inteligente, sin los devaneos y caprichos en que incurrimos los humanos actuales. No es suficiente, pero me rebaja los humos. Quiero creer.
(Stalker, me has hecho pensar en el tema; no pretendo convencerme ni a mí mismo, simplemente dejar las puertas abiertas, porque las puertas se suceden unas tras otras en el campo abierto. Y por lo tanto jamás se cierran, aunque canse tanto atravesarlas. Es la paradoja del vivir. Acompaño este vídeo con un poema de Pablo Neruda y de su voz, que a mí me emociona, qué se va a hacer)
(La fotografía es de la iraní Shirin Neshat)
sábado, 30 de julio de 2011
Agota Kristof

En primer lugar, hay que escribir, naturalmente. Luego, hay que seguir escribiendo. Incluso cuando no le interese a nadie, incluso cuando tenemos la impresión de que nunca interesará a nadie. Incluso cuando los manuscritos se acumulan en los cajones y los olvidamos para escribir otros.
¿Crees, por lo tanto, Agota, que debe ser un ejercicio, como respirar? ¿Algo que sólo podemos hacer por nosotros mismos y, tal vez para nosotros mismos? ¿O como comer, o como amar, o como correr? ¿O como ordenar el pensamiento? ¿O acaso, Agota, como recuperar los recuerdos para buscar sentidos de nuestra vida en ellos? ¿O debe ser como un coloquio permanente con nosotros cuando no es posible practicarlo con los demás? ¿Te parece que hay que escribir frente al dolor, para distraerlo? ¿O para prolongar la alegría? ¿O para obtener el gozo que no conseguimos con una relación exterior a nosotros mismos? ¿O para ser poseedores de nuestra soledad? ¿O para confirmar nuestras incredulidades? ¿Servirá para confirmar certezas o para aseverar incertidumbres? ¿Estaremos más seguros o más dubitativos? ¿Nos centrará más en este mundo? Pero como este mundo no es único, Agota, ¿no te parece que escribir es como desalojar capas de cebolla hasta encontrar el cogollo? ¿Nos perderemos en los mundos concéntricos y, muchas veces irregulares, que hay dentro de éste o por asumir el viaje encontraremos nuevos territorios? ¿Daremos con alguna luz? ¿Deberemos seguir escribiendo aunque nos acechen las tinieblas? ¿O más que nunca habrá que hacerlo por esa razón, para que la oscuridad anuladora no se instale en nosotros? ¿Para impedir que todas las presiones que nos rodean no nos engullan? ¿Habrá que intentar, persistir y prospectar en la escritura para que nadie se haga dueño de nuestra alma oculta? ¿Verdad que no debemos escribir necesariamente con la intención de que gusten nuestros textos a otros? ¿De que no debemos separar la ganga de la mena sólo porque otros esperan que hagamos una mera escritura productiva? ¿Y que no debemos ceder a la apariencia y a los criterios ajenos, los cuales no hay que menospreciar en ocasiones?
En Berlín, por la noche, tenemos una velada de lectura. La gente viene para verme, para escucharme, para preguntarme cosas. Sobre mis libros, sobre mi vida, sobre mi trayectoria como escritora. He aquí la respuesta a la pregunta: uno se hace escritor escribiendo con paciencia y obstinación, sin perder nunca la fe en lo que escribe.
* Los párrafos en cursiva pertenecen al libro de Agota Kristof titulado La analfabeta. La escritora húngara, residente de 1956 en Suiza, murió el martes pasado en Neuchatel. Agradecido quedo a su obra, sobre todo a las tres fascinantes y demoledoras novelas incluidas en la obra Claus y Lucas. La ilustración es obra de Erika Kuhn, http://obraerikakuhn.blogspot.com/
viernes, 29 de julio de 2011
Qué buenas son las hermanas ursulinas...
No sé si somos imbéciles o simplemente incautos. Me desperté ayer con la noticia de que la Banca está aplicando las propuestas críticas del 15M. ¡Nada menos! Y nosotros, los tradicionales, creyendo en la democracia de parlamento formal y burocracia real. Los titulares: que el Santander, receptivo a las protestas y exigencias del movimiento de indignados, ofrece a sus clientes en paro o con bajada de ingresos la posibilidad de aplazar el pago de su hipoteca. Tanta sensibilidad me abruma. No sé si pretenden que recuperemos la fe en el sistema únicamente o que vayamos corriendo todos a solicitar el dinero. Claro que tanta bondad, sacrificio y entrega de ese banco enseguida ha sido contestado por el otro grande. El bombo y platillo en la prensa de ayer ha sido respondido con el charanga y pandereta de hoy por el BBVA. Que nosotros ya lo veníamos haciendo, oigan, andan diciendo los del segundo imperio bancario español, que ya veníamos ayudando a los hipotecados, que lo importante es el cliente (sic) Que siempre hemos sido comprensivos y la caridad es uno de nuestros lemas intrínsecos, aunque no se vea, por aquello de que lo que hace tu mano derecha que no lo sepa tu izquierda. Etcétera. ¿Quién saltará mañana con nuevas ofertas generosas? ¿Quién da más por menos? Voto a bríos, si precisamente ese principio no puede ser una práctica de la Banca, me digo. Si lo prohíbe la tendencia natural del enriquecimiento. Pues sí, seguro que mañana otra entidad saltará al ruedo de los crédulos con una medida radiante. Corre, Pepe, vamos al banco, que lo regalan todo, será la voz de los españolitos con la soga al cuello durante los próximos tiempos (de aquí al lunes sólamente, que Obama está a punto de pinchar y el Imperio en la antesala de la suspensión de pagos )
domingo, 24 de julio de 2011
Lo increíble es que nos ocurra a nosotros (Post of Norge)

Me escribe mi amigo Ö. H. Amundsen, de extracción social cristiana y conservadora, y lo hace agitado y convulso, timorato y retraído, extrañado y confuso, hipermoderado y a la defensiva:
Lo increíble es que nos ocurra a nosotros. No hemos hecho daño a nadie. Trabajamos para garantizar nuestro progreso y prosperidad. Integramos y proporcionamos medio de vida a algunas gentes venidas de fuera. Nuestro paisaje es exquisito y sumamente cuidado. Somos sumamente respetuosos con el medio, al menos con el próximo. Somos tranquilos y acogedores. Tenemos leyes y tenemos representación formal. Nuestra monarquía es simbólica y figurativa. Nuestro ejército era defensivo aunque las necesidades internacionales le ha vuelto cooperador. Nuestra policía no va armada regularmente. Se han respetado siempre los turnos de alternancia de gobiernos, en función de los resultados electorales. Nuestros partidos disienten entre sí, pero son moderados. Nuestro nivel de vida es elevado y todas las clases sociales se benefician de ello. La crisis de la economía en el sur del continente no nos ha afectado sustancialmente. Pero muchos van pensando que no sería lógico que tuviéramos que pagar por lo que no hemos generado. Nuestra prosperidad puede suscitar envidia pero no odio. Puede suscitar emulación pero no rechazo. Nuestro sistema educativo está plagado de recursos. Nuestra población no es extensa, pero sí muy tradicional. Es verdad que ciertos temores que creíamos lejanos, pero que en una situación de sociedad global se presienten próximos, han influido en la mentalidad de muchos ciudadanos. Es probable que los temores se traduzcan en inseguridad y la inseguridad en miedo. Es posible que el miedo haga que cierta gente se refugie en valores egotistas y arcaicos. Pero no es mala gente, es sólo gente que vacila y que se siente desprotegida. Es probable también que este bandazo en el pensamiento medroso de muchos ciudadanos haya reforzado un gobierno menos colaborador con el resto de los países, más conservador y más asustadizo. Hemos creído que sucesos como el de ayer les pasaba cada día a los afganos, a los paquistaníes, a los palestinos, incluso de vez en cuando a vosotros los españoles. Es la acción de un loco, seguro. Un ciudadano modelo que de pronto se ha perturbado. No puede haber sido por nuestro sistema. Demasiadas horas en Internet el chico, demasiado romanticismo histórico, demasiadas ideas de salvación compartidas por la Red. No, no puede haber sido por nuestro sistema. Por supuesto, quien piense que hay una conjura superior, o fuerzas organizadas del mal incitando al odio abierto, anda errado. No, no puedo entender que si ese chico odiaba a los islamistas haya volcado su rabia contra jóvenes de izquierda, por muy moderados e integrados que éstos sean. ¿O será que realmente a quienes odia es a los de izquierda, y más si son jóvenes, por aquello del futuro? No, amigo, no quiero creer en lo que me dices del huevo de la serpiente. Ya vivimos una vez hace setenta años uno de los efectos de aquellos huevos incubados nada lejos de nuestro territorio. No sé qué pensar. Estoy horrorizado y me cuesta asumir que el asesino sea uno de los nuestros. Estoy hecho un lío. Es increíble que nos pase esto a nosotros. El paraíso del primer mundo. ¿Se lo estará comiendo la serpiente? ¿Nos estará depositando sus huevos, como dices tú? No entiendo nada...
* Leo su carta con cierta perplejidad y bastante asombro. Creo que se debe recordar con sinceridad a los muertos de Noruega, en su mayoría jóvenes, que parece que por pertenecer a un país rico fueran menos muertos. No veo que en los blogs habituales se esté haciendo eco de la tragedia noruega, aunque sea para hacer aproximaciones a lo subyacente.
(La imagen que acompaña es obra del artista chino Xue Jiye)
viernes, 22 de julio de 2011
La profunda desnudez de Lucian Freud


* Lucian Freud murió ayer en Londres. Salud.
lunes, 18 de julio de 2011
domingo, 17 de julio de 2011
A la orilla

…la última vez que estuve con él allí estaba a la orilla del río de la historia. Charlamos y charlamos y cayeron las horas como gotas de fuego. De tal manera nos impregnamos de un intercambio mutuo de inquietudes y de sospechas. Y las aceitunas bailaban en el platillo como sólo él sabía hacerlas bailar, mientras expresaba sus cuitas con aquel verbo calmo y a la vez contundente. ¿Eran las suyas o eran las de todos? Yo le decía: y tu poesía, ¿no cuenta? Cuenta, pero este año es aciago en poesía, me respondió. Y tras aquellas palabras intuí que el desaire de alguno de sus amores le había dejado flaco. Me vino de improviso aquel verso: y mordí duramente la verdad del amor, y me pareció un hachazo sacado del contexto. ¿Sacado del contexto? ¿O aquella defección era el contexto? Me contó que se iba a Madrid, que tenía planes, que allí se respiraba otro aroma. La oleada regeneradora que habíamos estado esperando toda la vida. Me pareció tan optimista como cabal. Tanto que me lo pegó. Si ves que marchan las cosas, avísame. No tengo inconveniente en trasladarme, le insistí. Él me miró elevando sus cejas y con el brillo de sus ojos me habló antes de que abriera su boca: tú eres un conservador en todo, Paco, no te moverías de aquí ni con los pies palante. Mira, hay que seguir buscando en lo inmediato y en el pasado. Los grandes de la literatura nos enseñaron más que letras. Más que historia, que gestos, que rabias. Nos dijeron que hay un camino por el que seguir, para llegar a alguna parte de una vez por todas. Yo estoy persuadido de que es posible ese viaje a alguna parte, malgré le pese a quien le pese, me dijo con ironía y galicismo. Ah, Paco, y quién sabe si no tendremos que hacer con la poesía algo más que lo que hacemos. Un esfuerzo, una exigencia, una necesidad, una extensión, un combate. Y aquellas palabras me sonaron tan poderosas y tan carentes de estridencia que no supe qué decir. Desde la otra orilla, Triana permanecía parada, que no muerta. Pasó un tiempo y luego vino lo que vino. ¿Recitaría una vez más aquella premonitoria rima...Ésos son, hermano mío, los seres con quienes muero a solas…?
sábado, 16 de julio de 2011
De sol a sol

…me he puesto a liar un picado. A veces parece serrín, pero con algo hay que matar el tiempo. Los señoritos, cuando vienen por aquí fuman en boquilla. Una vez le regalaron a padre una de las que gastaban. Pero padre no la ha utilizado. La tiene en un cajón por si algún día se lo recuerdan, pero él dice que de los señoritos no quiere ni la mirada. Menos que nada la mirada, repite padre, porque malo es que te claven el ojo. Nunca sabes si te van a pedir algo o te van a matar. Quien no conozca a padre creerá que exagera, pero sabe muy bien lo que dice. Y no le faltan razones. Son muchos años de aguantar sus exigencias, de dar mucho y recibir poco. Verdad es que hay algunos que son más generosos y procuran más por nosotros. Pero los peores son esos que viven en la capital. Cuando aparecen por aquí es para enseñar sus tierras a los amigos. Les llevan por las lomas a que vean los olivares y luego van a las almazaras para que esa gente bien de la capital se pasme viendo prensar la aceituna. También vienen a cazar, y eso nos gusta más porque siempre les sobran piezas y nos dejan algunas para la despensa. Pero nada es gratis. Y todavía nos sienta peor que nos lo den como limosna. Padre lo recoge a regañadientes porque no puede enemistarse, pero blasfema a sus espaldas. Padre dice también que esos señoritos andan bastante sublevados por lo de la reforma del campo que ha puesto en marcha el gobierno. Yo no sé qué es eso, pero cuando padre habla de ello es otro. Se le ve contento y a veces, cuando bebe un poco más, dice que se les va a acabar a los ricos su tiempo. Ni padre ni madre saben leer y escribir, pero desde que han hecho una escuela en la cabeza de partido de la comarca me hacen ir a ella. Que tiempo tendré para joderme la espalda, dicen. Mi hermano mayor ha aprendido las letras en el servicio militar. Le destinaron a no sé qué ciudad, más lejos que Madrid, y cuenta que hace mucho frío. A veces garrapatea él unas letras, pero siempre hay algún compañero que escribe por él. Cuenta que allí la gente es distinta, más seria y callada, pero que le tratan bien. Que suele comer embutidos que hacen en los pueblos y que no pasa necesidad. En la última carta dice que hay movimientos en los cuarteles, que no sabe qué pasa. Que siempre andan de maniobras. Padre se queda pensativo y se pone de un humor de perros cuando escucha. Suelta un cagüendiós y luego calla. No hay quien le hable durante mucho rato…
viernes, 15 de julio de 2011
La gravedad

…le he visto cuando pasaba por la plaza. Me pareció apesadumbrado, pero mantenía el aplomo. No le arriendo la ganancia. Cuántas veces hablamos mal de los políticos, algo muy propio del paisanaje. Pero la que le ha caído encima es de órdago. Tener que vadear corrientes dentro de la coalición que le ha llevado al cargo no es algo fácil. Tener que sortear las embestidas de los cainitas, que no hacen otra cosa sino agitar los ánimos del rencor, supone más riesgo. Aunque lo suyo es el lance y torea a los vociferantes con habilidad lo cierto es que está sometido a un equilibrio peligroso. Y que no se olvide de controlar a los militares, de los que se dice de todo, si es que los rumores no mienten. Los militares tienen una larga tradición frustrada y son capaces de volver sus fracasos hacia la teta que les nutre, con tal de justificarse como casta y de mantener el chusco. Se sabe de algunos mandos que presumen de estar con la legitimidad constitucional, pero en privado sostienen posiciones abiertamente opuestas a la ley. He visto cabizbajo a este hombre, pero cuando ha hablado con sus acompañantes su tono era firme y decidido. Ni sus enemigos se atreverían a decir que le falta entereza. Es intachable, pero las circunstancias, si no las maneja bien, pueden dar al traste con su empeño. El último crimen ha afectado tanto a los políticos como al Estado en general. Hay quien sospecha que puede ser utilizado para justificar definitivamente una nueva bravuconada de los sables. Se palpa una calma chicha, que dicen los marinos…
jueves, 14 de julio de 2011
La calle

…dos pesetas les parece mucho. ¡Qué quieren que les haga! ¿Qué se lo regale? A los pudientes les pido cuatro. Sólo las horas que tengo que hacer entre este portal maloliente y la acera ya lo vale. Admito que con los obreros soy más condescendiente, sobre todo con aquellos a los que se les ve el pelo revoltoso. Sé lo que les cuesta a ellos ganarlo y las temporadas que pasan sin que les contrate nadie. Pero algunos vienen desde hace tiempo, son clientes a los que guardo ya cariño. ¿Cómo podría ahora decirles que no? No son mejor gente ni más limpia los pudientes. Muchos vienen ya ebrios y son muy desagradables. Sí, dejan más, pero a veces prefiero darles nones. Una tiene sus principios. ¿Los estudiantes? O son unos cobardicas o van de chulitos, sólo saben vacilar. Es perder el tiempo con ellos. Y el que viene a probar por primera vez te lleva un tiempo que no merece la pena. En lo que estás con uno de éstos te quedas sin el seguro. Sólo los acepto cuando no hay clientela. Hay un tipo de mediana edad con ademanes muy suaves. Viene de vez en cuando y sólo me mira y si yo le hago un gesto sube conmigo. No le gusta hablar mucho y le he cogido el tranquillo. Creo que porque le hablo también con dulzura. Para mí que es un cura. No sé, hay algo en el olor de su piel, y esas manos siempre tan pulidas. La ropa la lleva normal, como si fuera un oficinista, pero algo descuidada, sobe todo en los dobladillos del pantalón. Y el cuello de la camisa tan descuidado. A veces le tiro de la lengua, pero no entra al quite. Un día me pidió algo más duro; no me sorprendió porque una ya ha visto de todo. Pero no tengo queja. Paga bien y es amable. ¿Qué si no he pensado alguna vez en cazar a un solterón? Claro que pasan por aquí unos cuantos, incluso de los que tienen comercios. Tentada he estado, pero tendría que refinarme más. Y tampoco me gustaría hacerlo sin algo de amor. Pretender a estas alturas de mi edad enamorarme ni me lo imagino. Lo sigo pensando, pero tampoco quiero convertirme en la esclava del hogar de nadie. Aunque con los tiempos que corren sería ir a lo seguro. Conozco a algunas paisanas que lo han hecho. A unas les va mejor, a otras peor. Lo que sí que tengo claro es que esta vida no puede ser para siempre. Que no quiero acabar ni enferma ni tirada. Y nunca me ha atraído un trabajo ordinario, ni tener un patrón. Me gusta sentirme a mi aire. Por no tener no tengo ni chulo y eso les gusta a mis hombres, y hace que sea más atractiva a su mirada. Que sí, que la personalidad engancha tanto como las curvas, y en ese sentido no me va mal. Siempre que no cambien las cosas. Algunos señoritos de derechas andan metiendo miedo sobre cómo van las cosas en el país. Con nosotras no se meten porque nos necesitan. Pero haré una confidencia: en cuanto huelo de lejos a un pringao de esos con ideas de ricos pero sin serlo y que quiere salvarnos a todos le doy esquinazo. No les aguanto…
(Fotografía de Francesc Catalá-Roca)
miércoles, 13 de julio de 2011
La tejedora libre

…tengo problemas con mi novio porque no comparte mis inquietudes. Ya le he dicho, que si no le gusto así que se vaya buscando otra. Como si estar en los telares trabajando una buena jornada fuera agradable. Es verdad que me he mojado mucho, que he dado la cara bastante cuando ha habido que reivindicar mejoras. No somos bestias aquí dentro. Eso lo entendía mi novio, aunque siempre le ha dado miedo. Pero que ahora me haya afiliado a las juventudes y vaya por el ateneo lo lleva peor. Claro que no es porque su familia sea beata, qué va. Pero les gusta el orden, eso sí. No sé qué tienen los botiguers que en unas opiniones más generales son muy valientes, pero en cuanto les hablas de denunciar a tus patronos se espantan lo suyo. Mi novio dice que estábamos bien antes, que trabajar hay que trabajar y que tenemos que tragar muchos sapos y culebras. ¡Cómo si me lo tuviera que descubrir a mí! Éste no sabe que a estas alturas no va a enseñar al barbo a nadar. He trabajado como la que más y me he hartado como la que más. Mi novio quiere que regularicemos nuestra relación. Me insiste en que su familia tiene una posición desahogada y que si me canso de trabajar en la fábrica que tendré algo seguro con ellos. No niego que no le falta buena voluntad a mi novio, y sé que hasta ahora les he caído bien a los suyos. Pero que quiera llevarme al huerto de su manera pensar y de vivir no me va. No me gustan las dependencias. Ni tengo intención de casarme, ni mucho menos aguantar a una familia. Necesito disponer del tiempo de mi vida. ¿Qué corro riesgos? Claro, ¿es que aunque no me metiera en lo que estoy no los iba a correr? La patronal y sus políticos están presionando demasiado para que los trabajadores no seamos escuchados en las altas instancias. Si tienen que venir mal dadas no quiero que me pille sin mirar a la cara a los provocadores. Es duro todo. ¿Por qué siempre tienen que entrar en conflicto nuestras naturalezas con las normas de de la sociedad? Estos pensamientos no los tenía antes, y reconozco que los debates en el ateneo y las lecturas de mujeres libres me están cambiando. Pero yo me siento mejor así…
martes, 12 de julio de 2011
(Paréntesis por la muerte de Erik)

Un paréntesis para otro paréntesis. ¿O es otra cosa la vida, Erik Clavería? Te hice la foto, ¿cuándo? ¿hace veinte años, más o menos? Cuesta fijar fechas de un pasado que parece próximo, pero que la dispersión nos lleva a todos a hacerlo más lejano. Aquellos tiempos que aún andabas por la presidencia de la Federación de Asociaciones para la Sanidad Pública, con la que algunos empecinados miembros de asociaciones vecinales conectamos. Si no recuerdo mal, también andabas por la alcaldía de La Granja, cargo del que nunca hiciste objeto de vacile alguno. Y andabas también, naturalmente por ese espectro perpetuo de la izquierda de la izquierda, ésa que nunca gana y siempre se debate entre taifas y recomposiciones, pero que es donde siempre se han fraguado ideas y voluntades interesantes. Te hice la foto con la vista de fondo de la ciudad que Umbral en su día tituló capital del dolor no descaminadamente, pero que en esa época en que apareciste por ella era capital de ilusión y de fuerza social. Pero todo eso ya es anécdota. Como contigo no tendría sentido pronunciar palabras esotéricas, simplemente te digo: me gustó tratarte. Y fin de jornada, hermano campechano.
lunes, 11 de julio de 2011
La agenda
…tengo que recorrer varias alquerías. No me falta trabajo, ni siquiera ganas. La mayoría de sus usufructuarios son modestos. Para llegar a ellas tengo que atravesar campos de almendros y rieras que se vuelven peligrosas en las épocas de lluvia repentina. Suelo encontrarme con grupos de jornaleros parados, los que no han sido seleccionados para la labor. Tienen gesto agrio y su palabra es socarrona. Si no viviera por aquí y no fuera conocido la percibiría como amenazante. Les sobran razones. He parado a la entrada, la bici a un lado. Me quito las pinzas de las perneras del pantalón, entro. Va a parir la vaca y soy imprescindible. No tanto para el parto en sí, puesto que en la mayoría de los casos la naturaleza provee. Pero la naturaleza tampoco es la perfección y en ocasiones depara dificultades. La gente de la alquería mira más al maletín que a mi cara. Pero lo que llevo dentro de él serviría de poco si mi habilidad, no siempre consecuente, no me hiciera observar y saber decidir a tiempo. Son ya algunos años de oficio. Mis amigos me dicen que estoy en lo mejor de la vida. Nunca he entendido muy bien la expresión. Tienes que estar en cada momento en lo mejor. Supongo que lo dicen porque el cuerpo me permite ahora una agilidad y una dedicación de las que cuando sea más viejo careceré. Pero ilusiones no me faltan. En general, los propietarios y los trabajadores de la comarca me respetan. En parte porque soy necesario, en parte porque saben que no me callo. No callar es un riesgo. Sé de algún envidioso que otro que me tiene señalado. Envidia de que me exprese con libertad, de que comunique mis ideas y las razone. Que implique a los pequeños arrendatarios a navegar en un barco común con los jornaleros. Muchos no estaban acostumbrados a un veterinario de este tiempo. En muchas partes, esta figura que encarno es paralela a la del médico, el maestro y el cura. No sé hasta qué punto consideran los pudientes al veterinario al mismo nivel que los otros. Tratar con animales no es tan excelso para ellos. Pero a mi no me afecta, más bien me beneficia porque no me crea ataduras con esa gente. Jamás podrán entender lo que es un animal, la sensibilidad y ternura que tiene. Claro que en eso su mentalidad es pareja a la que mantienen sobre la gente obrera y campesina. Son insensibles, se ciegan, no dan el brazo a torcer. Me respetan por mi título, pero les dan miedo mis argumentos cuando comentamos sobre las circunstancias del país y sobre la condición de la gente humilde. Creo que les da miedo hasta la agenda que llevo siempre encima…
