Nada hay imperecedero. Pero algunas situaciones, rostros, acontecimientos que alguna vez fueron, hoy todo ello meras imágenes al fin y al cabo, siguen gravitando dentro de nosotros a medida que pasan los años. Todo tuvo su tiempo y los espacios fueron ocupados, siquiera fugazmente, y concedimos valor y consistencia, sin advertir que del mismo modo que llegaban a nuestras vidas iban a ir diluyéndose poco a poco. De todo lo que fue queda un poso nostálgico, pero cuanto tuvo de tangible nos hizo ser felices. Eso aún nos proporciona satisfacción. De todo lo que pudo ser aún revolotean los pájaros exóticos que no llegaron a habitar junto a nosotros, aún nos estremecen los cantos oceánicos que mecieron sueños de calado, aún nos emociona el lenguaje de los pequeños gestos que se interrumpieron a mitad del camino. Cuando la longevidad, ay de mi grito risueño, haga todavía su guiño definitivo, resonarán a la desesperada los acordes de algo que una vez pudimos nombrar. Pero también sonreiremos desde nuestros labios amoratados, instigados por una latente ingenuidad, imaginando por ejemplo el calor que nunca llegamos a fijar en nuestro calor. Es lo que tiene seguir siendo un candoroso y sensual irredento de por vida.
lunes, 13 de junio de 2016
sábado, 11 de junio de 2016
Aquellos estos árboles, 16
"La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada".
Sören Kierkegaard
Haz y envés de un envase cualquiera. Metáforas, y algo más, de la cara y cruz de una vida, aunque no de cualquier existencia. Aquella imagen, no estoy seguro de si se trataba de la cara principal o de la opuesta, de un paquete de cigarros que ha quedado para testimonio de la longevidad (y no voy a ser modesto: de la mía, espero) Por qué tenía las características de una especie de acta notarial no lo sé. Que el usuario sentía la necesidad de dejar constancia de su particular declaración de cese de uso está fuera de dudas. Un símbolo, dejar escrito: dejé de fumar en tal fecha a la salida del hospital...Una resolución que no fue por indicación facultativa. Acaso el rigor de un hombre ordenado, tal vez un capricho, quién sabe si una manera de demostrarse a sí mismo de lo que se es capaz a cualquier edad, incluso avanzada. Es curiosa la vida de los seres humanos. Unas décadas antes él, cualquier otro, yo mismo, hubiéramos pregonado a los cuatro vientos que hemos hecho tal cosa o visitado tal lugar o encontrado con una persona significada o adquirido un objeto que nos deslumbraba. La vuelta, el envés, del tiempo nos susurra otro tipo de mensajes. Dejé de hacer...dejé de creer...dejé de tomar...dejé de acercarme a...Certificamos poco a poco que abandonamos prácticas que nos parecían eternas, conductas que pensábamos que jamás cambiaríamos, gustos que ya no degustamos, sueños que no nos privan, amores que ya no amamos, complicidades que se viven de otras maneras. Vivimos para creer (y desear y pugnar por mantener) y vivimos para descreer (y olvidar y librarnos de las competencias y de lo subsidiario que nos incordia) ¿Cambiamos con los años? Cambiar no explica nada. Prolongamos el campo de nuestras posibilidades, las que nos proporciona el pecho pero también el dorso. Vivimos en dos direcciones. La conciencia de cuál de las dos prima en cada uno de nuestros espacios y horas nos hará más serenos. Vivimos con el peso de lo de atrás y con la incertidumbre de lo de delante. Tengámoslo claro. Evitará que aquella teoría de la angustia de Kierkegaard nos aniquile estúpidamente.
jueves, 9 de junio de 2016
Aquellos estos árboles, 15
"A mi padre, quien a los 84 años aún no fuma".
Dedicatoria de Guillermo Cabrera Infante en su libro Puro humo.
Ahí ha quedado, en algún cajón de casa, con la fecha del último cigarro fumado. Cuando el fumador tenía apenas ochenta años y le quedaba aún década y media de vida. El tabaco, aquel tabaco, nunca le quitó la salud. Le interfirieron otras cosas, sin que tampoco pudieran con él. La guerra, el hambre, salir adelante, sacar a flote al resto de su familia original, la enfermedad lenta y progresiva de su mujer, la muerte de los hermanos, alguna de ella más injusta que otras. O yo mismo, las preocupaciones que le causé, por ejemplo. En realidad, él soportó cualquier clase de avatar con una buena materia orgánica. Y tesón, mucha tesón, hay que tener fuerza de voluntad era una de sus frases favoritas, para no dar margen a que los elementos pudieran con él. ¿Que emocionalmente sufría alteración? Naturalmente, era su temple. Pero su cuerpo, nunca excesivo ni en altura ni en peso, estaba señalado para resistir. ¿Fumar? Una práctica que hora no se ve. Jamás vi fumar con fruición, otros dirían estrés o ansiedad, a mi padre. Lo suyo era un acompañamiento medido, como la copa pequeña de coñac tras las comidas, o el faria ocasional. ¿Era lo suyo fumar? El caldo tenía más de liturgia que de veneno. Abrir el cigarro original, deslizar su contenido en un papel nuevo extraído de un librillo Abadie o Zig-Zag, darle la forma y la capacidad a su gusto, redondear con los dedos las puntas del cigarro, echar mano del chisquero, poner el cigarro en ignición. Segundo ritual práctico: inhalaciones lentas, bocanadas humorosas, evitar la menor estancia posible del humo en los pulmones. Cierto que no creo que la labor de aquellos Ideales tuviera los venenos que hoy tiene el más miserable cigarrillo. Acaso no todo fuera tabaco tabaco y ya se sabe, en tiempos peores la adulteración de los productos sería una tentación para los fabricantes. ¿Por qué fue siempre tan fiel a la labor del caldo? No lo sé, alguna vez una fugaz escapada a uno de los cigarrillos nacionales, canarios, que se iban imponiendo en el mercado moderno. Muy fugaz. Medir la vida, ¿secreto de longevidad? Saber quitarse a tiempo lo que el cuerpo dice que no precisa. No despilfarrar. No miserear tampoco, pues además de saludable puede ser sabio vivir armónicamente solo con lo necesario. El paquete de caldo que me encuentro de vez en cuando al desencajonar objetos me ayudan a desempolvar memoria. La memoria no es tabaco. Se la puede relegar a un cajón, obviamente, como esos cigarros. Se la puede volver a prender, la tentación de comprobar qué sabor atrapamos de nuevo. Lo que no sé es si inhalar memoria resulta más sano. ¿O depende de cómo la fumemos?
martes, 7 de junio de 2016
Aquellos estos árboles, 14
"Si es real la luz blanca
de esta lámpara, real
la mano que escribe, ¿son reales
los ojos que miran lo escrito?
de esta lámpara, real
la mano que escribe, ¿son reales
los ojos que miran lo escrito?
De una palabra a la otra
lo que digo se desvanece.
Yo sé que estoy vivo
entre dos paréntesis."
Octavio Paz, Certeza.
De una orilla a otra, somos el río, formado de más aguas. Canalizado y, en ocasiones, para nuestra sorpresa, desbordándose. Nuestra fijación se ha acostumbrado a la dirección de su curso. Pero en esa mirada se extravía el horizonte, del mismo modo que nos abandona cuanto quedó atrás. Recuerda: somos aún aquellos niños observando la vía del tren. Sin retroceder y creyendo que avanzamos. A pesar de nuestra mirada la confluencia ajena nos hace erráticos y ella se muestra más lejana. Olvidamos con frecuencia que, en realidad, no vamos a ninguna parte. Las gotas de las que estamos hechos se han vuelto más líquidas, ¿o se han evaporado?, tras cada impulso imperceptible de la corriente. La dirección temporal, efímera, oculta el verdadero sentido de la marcha: el que nos permite navegar entre dos riberas. Entre dos márgenes blancos. Donde ni escribíamos antes de ocupar la página ni donde jamás volveremos a emborronar después. Sin embargo, yo sé que estoy ahí...Aquí.
domingo, 5 de junio de 2016
Aquellos estos árboles, 13
"Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca".
Rosario Castellanos, Destino.
¿Porque no sabemos alimentar aquello que una vez el azar puso en el camino de nuestra necesidad? Matamos el amor carne, el amor afecto, el amor memoria, el amor convivencia, el amor amistad, el amor entrega, el amor conocimiento, el amor esfuerzo, el amor salud...Al hablar así uno parece un siniestro personaje teológico elevando y reduciendo todo al amor. ¿Matamos por apropiación, por cansancio, por suplantación, por abandono, por superación en definitiva? Obsesiva persecución de un ser nuevo que sustituya al anterior dentro de nosotros, al que considerábamos agotado. Insistente ejercicio en que dos Yo se atraen y se repelen, utilizando para ello cuantas personas y situaciones nos rodean y a través de las cuales buscamos una afirmación siempre inconclusa. Pero no, no todo es amor, ni siquiera muchas cosas que creemos, más que pensamos, como amor no son sino meras pinceladas de probarnos en nuestra condición. Damos vida solo a lo que odiamos, insiste la poeta mejicana. Otros poetas hablan de la muerte del amor como hablan de la muerte del dios o de la muerte de la civilización. Nada muere porque acaso nada se engendra conforme a nuestras íntimas apetencias personales. Aquella voz, aún la recuerdo, que escuché en cierta ocasión decir: ¿es que hubo alguna vez una creación del amor?, resuena como desnudez, se instala como negación. Nos ocupa como conciencia, esa gran herramienta en un continuo acontecer y hacerse. Salvamos lo que odiamos porque no soportamos el vacío. Amor y odio necesitan alimentarse mutuamente dentro de nosotros. Etcétera. ¡Basta! El hombre sensato que me circunda, que entra y sale de mí confuso o ilusionado, tira de esta piel neuronal. Pide que me deje de conceptos abstractos, convencionales, vagos. A los poetas, susurra, no hay que hacerles caso. Como no hiciste caso a todos los demás clérigos y brujos que desde el principio de los tiempos inventaron palabras y órdenes huecas donde apenas se reconocía al hombre.
(Fotografía de René Groebli)
viernes, 3 de junio de 2016
No se puede uno fiar ni de su papá
No se puede uno fiar ni de su papá, ya digo. Te descuidas un poco y a la primera de cambio, zas, te la juega. Aunque el que juega eres tú, o eso has dicho. Y la palabra jugar tiene varios significados, así que uno puede acogerse libremente a cualquiera. Te despistas un poco y tu padre te la envaina con Hacienda. Por supuesto, vosotros habéis sido buenos chicos, acaso papá-Hacienda os ha mirado con malos ojos. Que no, que no se puede confiar en los papás. Ah, aquella figura sublime, respetuosa y respetada, protectora y ejemplar, ¿que fue de ella? No puede uno confiar ya en la divinidad-papá, los Reyes Magos-papá, en el pensamiento-papá, en el Estado-papá, en las emociones-papá, en la sociedad-papá. Antes habría que matar al padre, versión freudiana o lacaniana, a elegir, y haber crecido. Un hombre que crece es algo más que generar semen en sus vesículas oportunas o ser un habilidoso del balón, por ejemplo. Por supuesto, cotizar y declarar fiscalmente lo que corresponde también denota calidad de adulto. Pero ya se sabe que eso es propiedad de los obreros y empleados a nómina clara y concisa, porque no nos escapamos por ningún lado. Yo no quería, fue mi papá, fueron otros que nos aconsejaron mal (entiéndase que muy bien pero que no salió bien la jugada, la fiscal no el pase a gol) Déjenme ser jocoso para aliviar la irritación. Todavía está por estallar la burbuja futbolera. Pero claro, si nos van a decir desde los clubes que la culpa era del papá...
(Imagen tomada al albur de internet)
martes, 31 de mayo de 2016
Aquellos estos árboles, 12
"Vivimos muy a gusto, cada cual en su absurdo, como peces en el agua y no nos percatamos nunca más que por accidente, de toda la estupidez que contiene la existencia de una persona razonable. No pensamos jamás que lo que pensamos nos oculta lo que somos".
Paul Valéry, Monsieur Teste.
Peces en el agua de una pecera, sin duda. Cierto que la vida de algunos individuos parece desarrollarse en vías fluviales amplias y algunos hasta creen que navegan por océanos. Pero solamente es proyección de sus deseos insatisfechos que tratan de domeñar exhibiendo realidades ficticias. Que la pecera sea más grande no significa que surquemos mares. No es que reste importancia a los pensamientos, cada cual está muy en su derecho de cavilar y establecer conclusiones. Ojala lo practique. Pero puestos a ello valoro los flashes de asombro de una persona antes que las afirmaciones siempre relativas de los discursos extensos mientras me aparto por sistema de los precipitados. Entre estos últimos son muy conocidos los que pronuncian cuantos pretenden descubrirnos nuevos mundos sobre el viejo, sean profetas que no denuncian, clérigos que no creen, publicistas que agobian, o políticos que no hacen política. No es que apruebe cualquier modalidad de filósofos, pero sus vastas y confusas trayectorias me abruman. No doy la talla para esa clase de pensamiento ordenado en cuyo desarrollo no sabe uno si se acerca o se aleja del conocimiento. Huyo de quien me da como axioma comprobado y establecido lo que mañana puede quedar desvalorado por nuevas indagaciones y certeros descubrimientos. Descubrir es una dinámica, nunca un lugar y menos una idea, no digo ya una creencia. Y me pregunto, no obstante, que cuando alguien ofrece un cuerpo de interpretaciones que parece coherente y no exento de poderosos razonamientos si nos está hablando del hombre. Porque las realizaciones del hombre suelen ensalzarse o sobredimensionarse, mientras el individuo concreto queda a merced del vidrio de su propia pecera. Salvo que el hombre quede reducido a eso mismo, a lo que ha hecho tribalmente, a lo que se denomina Historia, a la construcción de formaciones sociales y sistemas productivos. Pero el hombre singular y único no existe. ¿Hablamos del mismo ser humano cuando citamos al del Paleolítico o al de nuestros días? Ahora mismo, en nuestro mundo, ¿hay un solo ser humano cuando los sistemas de vida son tan distantes? En fin, lo nuestro debe ser vivir como peces a gusto, mientras dure, se me dirá. Ese afinamiento temporal y limitado que nos haga creer que controlamos la situación, cuando en realidad apenas trazamos círculos nerviosos y repetitivos al colear. Mientras alguien no rompa la pecera...
(Fotografía de Hebert List)
viernes, 27 de mayo de 2016
Soy un significante en cuestión
Nos están acostumbrado a tantas necedades que acabaremos todos necios. Si escuchamos. A cada frasecita imbécil (no por decirla un listillo con cierto ingenio deja de ser imbécil) propongo reírnos un buen rato y continuar como si nada. Coraza contra la falacia de las palabras. Ya sabemos que no existen los trabajadores, menos la clase obrera, tampoco la izquierda ni la derecha, por lo visto ya ni el Estado, los bienes públicos son tragados por la privatización y se nos sigue contando que son de todos, todo ciudadano es un emprendedor, qué decir sobre la Política...¿eso qué es?, y cualquier día nos descubren que el pensamiento ya no es tal y que el individuo se diluye y se llama la diezmillonésima parte de gente. Por ejemplo. No me pregunten de ahora en adelante si creo o no en Dios, primero porque me pareció siempre una pregunta tramposa y para mí ya hace décadas que sobra. Segundo porque la gente da respuestas falsas. Ahora el tacticista de turno va y me dice que podemos responder que Dios es un significante en disputa. Con lo fácil que era responder que Dios era Amor, no te digo el Creador, no te cuento que nuestro Padre. Al menos los secuaces tradicionales de la religión ofrecían nombres mitológicos o con toque jungiano de fácil asimilación y que proporcionaban una cómoda dependencia, aunque no hubiera nada que entender. Porque lo inexistente no se entiende, aunque sí la propiedad de nombrarlo. Debe ser el problema de los significantes. Pues bien, visto lo visto no me llamen ni por mi nombre ni por mi heterónimo ni por mi condición humana ni social ni por el blog. Digan simplemente el tipo ese de la meseta significante en cuestión. Me hace sentir robot pero me libera de tantas responsabilidades. Como lo de Dios para muchos. Como lo de la Política para los necios. Pero aquí todo sigue igual.
Por supuesto, yo aquí no expreso ideas ni opinión ni tengo criterio alguno. Solamente soy una brizna de hierba que se deja agitar por el aire. O una mosca cojonera que salta, sin motivos naturalmente.
Por supuesto, yo aquí no expreso ideas ni opinión ni tengo criterio alguno. Solamente soy una brizna de hierba que se deja agitar por el aire. O una mosca cojonera que salta, sin motivos naturalmente.
Para el que no esté al loro, y sin mayor animadversión:
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/05/26/catalunya/1464295280_216489.html
miércoles, 25 de mayo de 2016
Aquellos estos árboles, 11
"Déjame huir y volver a tu tiempo.
Veámonos de nuevo donde siempre".
Aunque el poema de Gabriel Ferrater iba dirigido a una mujer -se trata de un poema confesión- estos versos me parecen parte de un diálogo del Yo. Del dual Yo en el que nos agitamos. Esas paradas abstraídas del día que solemos tener, un reencuentro con alguien del pasado al que creímos extraviado para siempre, unas fotografías que no cesamos de contemplar -de hablar con ellas- o simplemente una disfunción corporal que dice estos son tus límites, propician la invocación. En este caso invocar supone también evocar. Un ejercicio a través del cual se intenta reconocer algo que quedó atrás con la intención de recuperar en su simple fugacidad mental. En la presunción de huir del presente se nos antoja una deleitosa práctica, algo que compensa la vorágine y el desajuste de nuestro seguir siendo cotidiano. No importa si el recuerdo zarandea vivencias gratas o desdichadas, pues todas nos condujeron a una mayor comprensión de nosotros mismos. Cierto que en lo agradable nos cebamos, porque nos hace querernos, y lo malogrado lo desechamos, simplemente porque nos hace sentir ridículos. Pero es curioso que tanto cuanto cundió como cuanto se frustró convergen en la carencia. Somos herederos de la posesión y también del despojo. Ese veámonos de nuevo donde siempre es, a ciertas edades, más humilde, y yo lo traduciría en un sencillo veámonos de nuevo: tu yo y tu otro yo, tu cuerpo aún respetado por la edad y tu cuerpo ya maltrecho en alguna de sus facetas. Por cierto, el poema de Ferrater se titula Tiempo atrás. Y aunque la expresión suene a hace décadas y tenga su valor preciso, ¿no es también tiempo atrás la tarde o la noche anterior en que se agotó algo más de nosotros?
(Fotografía de René Groebli)
lunes, 23 de mayo de 2016
Dios es Dinero. Dinero es Dios
Leo en un periódico del domingo que mi ciudad deja de ingresar 1,5 millones por el IBI (que no paga) de la Iglesia. Leo que en la capital hay 417 edificios católicos y cuatro de otras religiones exentos del pago del Impuesto de Bienes Inmuebles.
Retroalimentación: Dios es Dinero, Dinero es Dios.
(Obviamente, uno de los Caprichos de Goya)
sábado, 21 de mayo de 2016
Aquellos estos árboles, 10
Conviene amar el bien y odiar el mal,
pues mal y bien son siempre lo que son,
invariables, pero hay cosas sin duda
indiferentes e irreconocibles,
que no se odian ni se aman, que se aprueban
según nuestro capricho una tras otra.
John Donne, Bienes comunes
Últimamente, cuanto acontece en este mundo de apariencias y simulaciones es francamente aburrido. Ni lo que cuentan las amistades ni lo que aparece en los medios de comunicación tiene sustancia alguna. Cuanto proviene de autoridades me suena a vaciamiento, no solo a vacío, y me embarga una sensación agobiante, insoportable. Aquellos que ingenua o interesadamente pretenden tomar el relevo a los otros para constituirse en una delegación al uso de las anteriores no me ilusionan y me producen desasosiego. Estoy perdiendo interés por las conversaciones y apenas leo los periódicos. Si por lo menos en nuestro ambiente se hablara con humor de infracciones, transgresiones, incomprensiones, incorrecciones (y disculpen tantos iones sueltos), errores varios e incumplimientos abundantes que revistieran cierta originalidad para sacarme de la apatía...Pero ni por esas. El que ha cometido un delito, calla. Quien se trae una doble vida, se pone en guardia. Quien no sabe no se propone, no solo averiguar, sino ni siquiera indagar. El que ha publicado algo muestra una falsa modestia y, a la espera de que me interese por su obra, afila un discurso sobre el que no muestro atención. El que tiene cierta opinión sobre la cosa pública, recela. Quien presume de asistir a actos, conferencias y conciertos lo suelta con tal presunción que no me invita a preguntarle nada. Sé de gente a la que sus deslices les ha vuelto más sinceros, pero temen por su seguridad y no sueltan prenda. Hago, por lo tanto, cosas raras para romper el tedio. A veces paro a transeúntes que no conozco y a través de una pregunta tonta, dónde se halla tal lugar por ejemplo, pretendo establecer un contacto que me aporte algo diferente. Hasta ahora no ha cundido, pero no descarto la posibilidad de que cualquier día me depare la sorpresa de encontrarme con un alma casi gemela que practique análogo señuelo. También frecuento la conversación callejera con gente de mucha más edad que la mía, que acaso he conocido de toda la vida pero a la que no me había dirigido hasta ahora, con la esperanza de que su experiencia me entretenga. Y si me ilumina, mucho mejor. Pero suelen ser malos comunicadores o no veo que extraigan lecciones interesantes de su recorrido vital; no logro que me enganchen. Celia, la aprendiza que atiende en la taberna de mi calle, hace lo posible por sacarme de mi desencanto contando anécdotas de su pueblo, pero nunca he tenido mucha empatía con la vida rural. Y, además, en esa tesitura siempre estoy más pendiente del espíritu frutal del vino. O de la nuca de la chica. Si algo me gusta es que al menos mi senda desinformativa está siendo natural, y eso relaja.
(Fotografía de René Groebli)
jueves, 19 de mayo de 2016
Aquellos estos árboles, 9
"¿qué hora será dentro de mi cuerpo?
qué mineral rojo brotaría si golpeara una vena...no lo sé...
no lo sé..."
Escalofrían un poco los versos de Al Berto. Pero si leemos a los poetas es porque, siquiera en alguna medida, y algunos pensarán que en mucha, hablan de lo que todos sentimos alguna vez. Un poeta también es un hombre común y reconduce el lenguaje para justificarse a sí mismo. Se conmueve y a veces se extasía en su propia contemplación y, como todas las imágenes especulares, puede ver de sí lo imaginario aunque no siempre sea auténtico. Pero la autenticidad no es territorio de la conciencia, más bien de esos otros ámbitos que nos rigen sin darnos cuenta. Y ahí, el poeta, si escucha, nos traslada a mundos fértiles con un lenguaje que se elabora sobre la marcha. Uno gusta de saborear la belleza de la palabra exacta y bien aplicada, pero también se deja seducir por los fuegos artificiales que se pueden montar con ella. La cuestión es distinguir. Es por ello por lo que conviene dejamos influir solo lo justo por las palabras ajenas y no utilizarlas como sacramento. Así como dudar de aquellas que brotan por reflejo dentro de nosotros. Si el cuerpo te pide, dale. Corre el riesgo y asume lo que te aporte el paso. El tiempo personal está ahíto de avances y retrocesos. Pero ¿por qué nos gusta utilizar otros discursos instintivos como excusa de nuestras decisiones? La indecisión y el miedo, se puede pensar. O acaso porque no somos tan únicos como nos apetece creer. La aproximación que nos proponga un poeta a sus averiguaciones también requiere la distancia. Nuestra reducción de manera unívoca, unidimensional, nunca nos explica. Alerta pues a las horas, más que a la verbosidad, por mucho que nos tiente su exuberancia. Son las horas las que nos dirán qué mineral o qué éter fluirán de nosotros cuando su transcurso nos siga golpeando.
(Composición fotográfica de Duane Michals)
miércoles, 18 de mayo de 2016
La España que fue
Fotografías recientes de los trabajos en una fosa común del viejo Cementerio del Carmen de Valladolid, donde la iniciativa de voluntarios particulares ha descubierto ya restos de cuarenta y un represaliados republicanos de 1936/1939. La excavación se ha suspendido de momento debido a la envergadura que puede tener la fosa, y a la espera de un compromiso claro de las autoridades municipales para excavar éste y otros enterramientos anónimos que pueden permanecer bajo los caminos que se cruzan en el cementerio.
España, de la que siempre se ha dicho que había sido en la Historia una encrucijada de culturas, es también un territorio de encrucijadas para los muertos. Con el agravante de que de modo alevoso e ingrato permanecen miles de ellos de hace escasamente ochenta años ocultos por la tierra y, lo que es peor, por la ignominia y el olvido humanos. Sin reparación alguna.
(Las dos primeras fotografías son de http://ultimocero.com/ )
lunes, 16 de mayo de 2016
La España que es (versión quijotesca)
"- En estas estamos, mi fiel Sancho, que nos hemos plantado hasta las mismas puertas del reino donde gobierna el feroz Vulcano.
- No lo crea ansí, señor mío, que apenas se trata de unos hilillos de brasas que una cuerda de presos que iba para galeras dejó, camino de su infausto destino.
- Pues yo te digo que el fuego lo ocupa todo y el cielo ha quedado nublado y Dios sabe qué habrán sido de las nubes que otrora contemplábamos en nuestros ratos de solazado descanso.
- Ya verá usted, mi amo, cómo pronto llegarán los vecinos de este lugar pertrechados para apagar estos rastrojos.
- No son rastrojos, Sancho ignorante, no seas terco ni me tomes por orate, que bien veo que este fuego acecha por todas partes y no parece cosa baladí. A buen seguro que a alguien poderoso de estos territorios no le importa quedarse sin tierra con tal de que tampoco otros puedan disponer de ella.
- No vea usted lo que no es, pues ¿qué interés podría tener nadie en quedarse sin tierra bajos sus pies ni cosechas de las que alimentarse?
- No entiendes nada, parece que tu simpleza hiciera causa común con los injustos dominadores de este mundo. Bien puede ser que aquellos que gobiernan y recaudan y dictan normas y leyes para los demás no sepan estar a la altura de las circunstancias y permitan las mayores atrocidades con los bienes y vidas del prójimo. Alejémonos antes de que las llamas nos cerquen y la indignación nos vuelva más impotentes, pues nada parece curarse en el reino del Merlín de pacotilla que nos toca vivir".
domingo, 15 de mayo de 2016
Fue hermoso mientras duró
Hoy las diversas televisiones españolas han tratado como efemérides los acontecimientos de mayo de 2011. Sospechosa cosa cuando se recuerda vagamente un hecho pasado por parte del aparato mediático que es, ya se sabe, uno de esos poderes instalados y vinculados con el resto de poderes. Todo recuerdo tibio y anecdótico suena a cierta forma de sacralización formal que va a parar al cajón de los recuerdos. Destinado, por lo tanto, a descafeinar lo acontecido y privarlo de significados y de negación de su dinámica propia.
Pero aquello ya quedó desactivado hace tiempo y pocos han mostrado posteriormente otro interés en mantenerlo activo. Además, ya ha sido capitalizado o, mejor dicho, rentabilizado por cierta gente que fundó un nuevo partido político de orden cuya ubicación ideológica y política sigue siendo un misterio. Y que no han tenido mayor interés en colaborar con el vigor de la protesta colectiva y de los movimientos sociales en general, salvo para las fotos pertinentes a las que se apunta todo el mundo cuando va a haber elecciones. Ya he vivido a lo largo de mi vida otras maniobras de vaciamiento de las organizaciones cívicas y vecinales y no me coge de sorpresa, pero me indigna.
Fue hermosa la imaginación derrochada mientras duró, en aquel mayo de hace cinco años. A veces uno piensa que los grandes momentos críticos y constructivos de la historia del país son los de la pasión pacífica y sincera que empuja a los individuos unos a otros como en una canción. Como si en sí contuvieran elementos metapolíticos que acercan a los seres humanos y les dota de una faz risueña. Pero ya se sabe que las esperanzas siempre acaban o diluyéndose o siendo traicionadas por la ambición de líderes antiguos o por los mesías emergentes.
Pero aquello ya quedó desactivado hace tiempo y pocos han mostrado posteriormente otro interés en mantenerlo activo. Además, ya ha sido capitalizado o, mejor dicho, rentabilizado por cierta gente que fundó un nuevo partido político de orden cuya ubicación ideológica y política sigue siendo un misterio. Y que no han tenido mayor interés en colaborar con el vigor de la protesta colectiva y de los movimientos sociales en general, salvo para las fotos pertinentes a las que se apunta todo el mundo cuando va a haber elecciones. Ya he vivido a lo largo de mi vida otras maniobras de vaciamiento de las organizaciones cívicas y vecinales y no me coge de sorpresa, pero me indigna.
Fue hermosa la imaginación derrochada mientras duró, en aquel mayo de hace cinco años. A veces uno piensa que los grandes momentos críticos y constructivos de la historia del país son los de la pasión pacífica y sincera que empuja a los individuos unos a otros como en una canción. Como si en sí contuvieran elementos metapolíticos que acercan a los seres humanos y les dota de una faz risueña. Pero ya se sabe que las esperanzas siempre acaban o diluyéndose o siendo traicionadas por la ambición de líderes antiguos o por los mesías emergentes.
(Imagen de uno de los ámbitos de discusión sobre temáticas varias en la Plaza de Cataluña en mayo de 2011)
sábado, 14 de mayo de 2016
La España que no pudo ser
Entre las arcadas de los soportales de la armónica Plaza Mayor de Salamanca hay una serie de medallones sobre personajes históricos. Reyes, descubridores, conquistadores, señores feudales, personajes épicos, teólogos, escritores, místicos, juristas, arquitectos, guerrilleros, dramaturgos, representaciones simbólicas. Tipos pintorescos todos ellos, gocen del recuerdo de cualquiera que fuera en su tiempo su condición, que supongo más o menos vinculados a la Salamanca histórica. Entre las imágenes simbólicas lucen en esa galería de la memoria, no sé si muy justa o tan solo convencional, las alegorías de dos fases de la Historia de España que no pudieron ser. Es decir, mantenerse, perdurar. Hay tanto en esta España social y políticamente sísmica a la que no dejan ciertas fuerzas tectónicas de la sociedad y de los poderes fácticos estabilizarse... A la vera de dichos medallones, en un día de nubes alternas, me tomé un café que me supo a gloria.
viernes, 13 de mayo de 2016
La España profunda
Desde que esta tarde me he topado con tal inscripción en los muros de una casa de Salamanca no dejo de dar vueltas a su significado. La aplicación del término ministras me ha dejado francamente perplejo. Hoy no se lleva en labores de cercanía y parece reservado para aquellos personajes dudosamente útiles que forman parte del equipo de un Gobierno estatal.
(Nada que objetar a la extraordinaria caligrafía de la tradición universitaria salmantina, por sí misma un deleite total)
DRAE:
Del lat. ministrāre.
1. tr. p. us. Servir o ejercer un oficio, empleo o ministerio. U. t. c. intr.
2. tr. p. us. Dar, suministrar a alguien algo. Ministrar dinero, especies.
3. tr. desus. administrar.
miércoles, 11 de mayo de 2016
Los odios, el arte y la poesía para Manuel Sierra
El 17º Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle (TAC) de Valladolid, que se va a celebrar durante la última semana de mayo, va a homenajear al pintor Manuel Sierra. En una entrevista publicada en el periódico guía oficial El comediante le preguntan y responde:
"–¿Qué es lo que más odias de la sociedad
en que vivimos?
–Odio la sumisión y el masoquismo, odio la aceptación
de la culpa y el castigo impuesto a la población
y a los individuos por el sistema y odio
las fronteras. Odio esa encubierta o descarada
privatización de bienes, espacios y servicios públicos conquistados por todos y usados por empresas
y personas privadas, para su lucro. Odio
el saqueo, el robo generalizado e impune ejercido
a manos llenas por los poderosos y corruptos
(que son lo mismo) de siempre ayudados por
una banda de pelamanillas corrompidos. Tampoco
soporto que la sociedad más y supuestamente
mejor informada (risas) sea la sociedad
más incomunicada y onanista… Una sociedad
que premia el egoísmo y la violencia gratuitas".
Y más adelante:
"–¿Por qué el arte es la poesía cargada de futuro?
¿Qué aporta para el ciudadano en su crecimiento
personal y colectivo?
–Porque la poesía es la materia prima de cualquier arte, porque el gozo es una experiencia poética, porque la ira y el desasosiego también lo son. Creo que entre arte y poesía hay una relación íntima y no sé si están cargadas de futuro, pero cargadas sí lo están; eso del futuro no me lo creo. Lo que sí creo es que nacimos para ser libres y felices y que la experiencia «artística» es liberadora para los autores. Supongo y sobre todo espero que la poesía y el arte sean también para los demás un estadio para el pensamiento y para la emoción. También espero, deseo y trabajo para que el arte y la poesía nos hagan más críticos, menos obedientes y más felices".
–Porque la poesía es la materia prima de cualquier arte, porque el gozo es una experiencia poética, porque la ira y el desasosiego también lo son. Creo que entre arte y poesía hay una relación íntima y no sé si están cargadas de futuro, pero cargadas sí lo están; eso del futuro no me lo creo. Lo que sí creo es que nacimos para ser libres y felices y que la experiencia «artística» es liberadora para los autores. Supongo y sobre todo espero que la poesía y el arte sean también para los demás un estadio para el pensamiento y para la emoción. También espero, deseo y trabajo para que el arte y la poesía nos hagan más críticos, menos obedientes y más felices".
Pinceladas más claras y contundentes que todas sus alegorías plásticas, que son legión. Nada que añadir por mi parte.
domingo, 8 de mayo de 2016
Aquellos estos árboles, 8
"Al final, la mejor manera de viajar es sentir".
¿Cómo hacer ver la claridad de este pensamiento de Pessoa, no, no, de Álvaro de Campos, que yo mismo abrazo sin dudar, a cuantos se mueven en la periferia de la vida? En un cuerpo cabe mucho, y sin embargo se le suele llenar de bagatelas cuando no de residuos. Se produce un vivir tangencial donde los quehaceres, las relaciones o las búsquedas se acumulan de modo indigesto. Nos acercamos y a la vez nos retiramos, unas veces parapetados en nuestros complejos, otras temerosos de no saber llegar, otras sin medir el peso específico de cuanto se nos brinda. Esta vida al modo planetario que activa la denominada convivencia humana ¿cuánto nos aporta a nuestra íntima dimensión personal? En tiempos de aburrimiento colectivo, el público se desparrama por espacios circunstanciales y pasajeros, se compensa con la compra febril y amontonada, se hace notar con la verborrea ruidosa y hueca entre unas y otras agrupaciones amigables. ¿Siente, percibe, se fortalece? Acaso, simplemente, se lo cree. ¿Qué hará, entonces, el individuo cuando se sienta más inseguro, más vacío, más insatisfecho? ¿Qué reclamará la masa cuando todos los recursos físicos no le garanticen la estabilidad? ¿Cómo reaccionará -o cómo está ya reaccionando- cuando la vaga idea de la felicidad se le venga abajo? Por eso entiendo al escritor portugués -cuánto eco de Withman en su obra- cuando se descubre a sí mismo:
"Cuanto más sienta, cuanto más sienta como varias personas,
cuantas más personalidades tenga,
cuanto más intensamente, estridentemente las tenga,
cuanto más simultáneamente sienta con todas ellas,
cuanto más unificadamente diverso, dispersamente atento,
esté, sienta, viva, sea,
más poseeré la existencia total del universo".
Entiendo las ganas de Álvaro de Campos, no, no, de Pessoa de expandirse en todas las direcciones que le permiten viajar hacia dentro de él. Pero ¿para qué pretender poseer un universo inabarcable en nuestra condición de pobres diablos? Identificarnos con otras personalidades, ¿para adoptar las pautas superficiales de éstas o para absorber sus cualidades? Y, sin embargo, soñemos. He ahí el viaje.
(Fotografía de Spiridon)
miércoles, 4 de mayo de 2016
Aquellos estos árboles, 7
"Y a sus manos al juntarse
acechaban otras manos"
Descubrí aquellos versos anónimos a la par que una parte de la obra del pintor Ángel López-Obrero. En uno de sus dibujos había personajes que parecían manifestarse claramente y otros que apenas quedaban sugeridos. Los dos más nítidos se exponían con vitalidad, mientras que de otros dos, débilmente pergeñados, no se sabía si iban o venían. Es decir, si eran figuras que llegaban para añadirse o que habían estado y ya se despedían. Cabía interpretar el todo como un grupo de amigos que habría existido en un momento dado o bien que estaba a punto de formarse. Yo busqué con avidez las claves en el despliegue de todas las manos que se revelaban o se intuían en aquel cuadro. Las nítidas y las etéreas. Las que se afianzaban con otras manos, las que se aproximaban, las que se rozaban, las que se solicitaban, las que se acomodaban. Y de aquel coloquio de manos no solo aspiraba cierta fragancia de juventud sino que percibía unas texturas que me devolvían la presencia de los seres alejados de mi propia vida. Pensé entonces en cómo aborrezco cada vez más los desencuentros. Principalmente aquellos que no se sabe por qué se producen. Me obstiné en ver el cuadro en un presente indestructible. Un presente que se va y se viene a la vez, que no entiende de otros tiempos, que se queda rehaciéndose sobre sí mismo. Tuve el impulso de mirarme las manos. Me pareció que mudaban vertiginosamente y sentí el calor denso de innumerables tactos.
sábado, 30 de abril de 2016
Aquellos estos árboles, 6
"Yo he dado el reino de mi edad a la noche de los cuerpos
para saber si hay una luz detrás de la puerta cerrada".
Pero no la había, Alejandra. Algunos de los que nos precedieron no llegaron a tiempo de comprobarlo. Otros creyeron abrir la puerta que debía depararles la luz y la negrura les engulló. Otros permanecimos con la mano en el pomo, indecisos, y dimos un paso atrás. Pasó el tiempo de permanecer en la estancia que creímos ocupar. Se difuminó el clamor salvaje de la edad. Se nos negó la promesa del reino que apenas distinguimos. Porque todo era ficción. Nuestras ideas, nuestras fuerzas, nuestras alegrías que proclamaban vida en ciernes sobre el erial. El tránsito fue una galopada, es cierto. Y el ritmo de nuestras propias pisadas, que multiplicaban el número real de los advenedizos, nos hizo crecer como fantasmas. Alguna vez pienso incluso si realmente existimos. Ni siquiera quedan imágenes nítidas de la noche de la carne tímida. De todo aquello permanece la dispersión. Eso es lo único real. Una extensión de vacíos. Una navegación perdida de voces. Y una cifra larga de rostros que hoy no reconoceríamos seguramente. ¿A qué nos dimos, a quién nos entregamos, Alejandra? Como un solo cuerpo alzamos una arquitectura invisible. ¿Qué contemplábamos al asomarnos desde sus agujeros en construcción? Fantasías. Pero tú y yo, Alejandra, nos encontramos un tiempo después. Cuando ya no querías estar.
(Fotografía de Evgeniy Shaman)
jueves, 28 de abril de 2016
Aquellos estos árboles, 5
El humano necesita recibir avisos del azar. En forma de error, de desliz, de rotura, de fallo, de despiste, de caída, de herida, de pérdida. Creo en esos avisos que nos sitúan en el terreno en que el hombre es más auténtico. En el de su fragilidad. Uno se sobrepone a ellos antes o después y aprende. Son avisos que nos rebajan, nos desvisten, nos muestran la inconsistencia, nos derriban del pedestal que cada uno tiene erigido para su narcisista contemplación, nos iluminan, nos enderezan, nos hacen conocernos más porque hablan más de nosotros que los algodones de la cuna. No pongo ejemplos. También advierto que no es agradable, obviamente, recibir cualquiera de esos avisos, que no se desean y que tratamos de regatear. Pero las leyes físicas están ahí y en cualquier momento nos llega la bofetada. A veces esos avisos incluso pueden repetirse en poco tiempo. Algunos individuos, entre los que me hallo, consideramos que hemos recorrido gran parte del abanico de esos términos en que se manifiestan, y que citaba al principio. Y, sin embargo, aquí estamos. En cierto modo rehabilitados ante nosotros mismos. Porque solo fuimos puros cuando no teníamos experiencia todavía. No, no es el inexistente buen camino el que enseña al hombre a vivir, sino aquel que está más o menos ahíto de dificultades, el que su dirección queda oculta por el ramaje, el que recibe el eco de voces de monstruos, el que llega a cruzarse con otras sendas despistándonos de la elección o simplemente donde la huella del recorrido se borra de improviso. A uno no le queda más remedio que elaborar su propia guía de perplejos si quiere sobrevivir.
(Escultura de Sebastiá Roig, tomada de http://elojoheterotopico.blogspot.com.es/ )
miércoles, 27 de abril de 2016
Volverán gaviotas victoriosas
Pues eso, parodiando cierto infausto himno: Volverán gaviotas victoriosas. Póngase al verso que no merece tal nombre la música del Cara al sol. Visto lo visto, ¿a quién habrá que agradecer tamaña desgracia?
(Fotografía de Andreas Heumann)
domingo, 24 de abril de 2016
Aquellos estos árboles, 4
"Y las vidas estaban
en brazos de las olas".
Arquíloco, al cantar el poema de este modo, pudo dar a entender que descubrió la metáfora detrás de su experiencia física y real. Él tuvo que abandonar su isla cicládica original para ir a un territorio alejado, aunque también marino. Si bien encontró un destino más seguro -todo lo relativamente seguro que pudiera ser en aquellos tiempos- que el que espera a los nautas forzosos de nuestros días. Hablo de esos exiliados perdidos, de los desterrados de mil países, pasajeros de ida y vuelta, ya espuma cotidiana de la mar. ¿Veis? Yo mismo no me resisto a expresarme con el recurso tentador. Seducido unas veces por la magnificencia expresiva de la metáfora, en otras ocasiones siento repugnancia por su empleo banal. Cuando se tiene seguro el hogar y la comida, y bastantes cosas más, somos capaces de vivir prácticamente entre metáforas. Riesgo consiguiente: no reconocer la realidad cruda y dura, subestimar el esfuerzo, ignorar lo efímero de las circunstancias, entregarnos ingenuos al discurso simple cuando no único que se va imponiendo. Configurar nuestro cuadro de pensamiento al dictamen del mejor postor. Es un proceso lento pero crónico que, en un momento dado, se agudiza. El pensamiento prostituido también puede ser de ida y vuelta, y depararnos una factura cuantiosa. El acontecer de las sociedades humanas y sus instituciones políticas han padecido tantas veces sus efectos. Mientras, nos sigue gustando hablar del mar de la vida, de sus salinos ingredientes, del susurrante mecer de su oleaje, de las playas acogedoras a donde nos conduce la navegación vital. Metáforas obsoletas de una pseudopoesía anquilosada en el corazón de los hombres.
(Fotografía de Toni Catany)
jueves, 21 de abril de 2016
Aquellos estos árboles, 3
"La soledad: hay que ser muy fuerte
para amar la soledad".
Siempre intrigante Pasolini. La soledad, otro tabú. En el mejor de los casos, un término discordante, impreciso, a la libre interpretación. ¿Es análoga la soledad del joven a la del anciano? ¿Es la soledad lo mismo en el que tiene recursos que en el que carece de ellos? ¿Puede aplicarse el término por igual al enfermo que al sano? ¿Se trata de idéntico concepto en quien elige estar solo que en quien está obligatoriamente, más deprisa o más despacio, solo? Probablemente estemos hablando de cosas diferentes cuando dejamos que una palabra descienda de su tentadora abstracción y se matiza en el cuerpo del hombre. La soledad es carne, no idea. En aquellos encuentros entre el anciano y yo salía a relucir con frecuencia la soledad. ¿En qué consistía la conversación? En una queja fugaz, ahogada. En dos palabras proyectadas con el eco de los puntos suspensivos: esta soledad... No era diálogo, no había discusión. Él no quería hablar del tema, más allá de la expresión lapidaria. Ni pretendía trasmitir a nadie un desgarro, que no consistía en el abandono, sino en una sutil y paulatina marginación que el viejo siente en la materia de su ser. Al hombre, en aquella década casi centenaria, no le gustaba ser prolijo ante situaciones o forzados razonamientos que no atajaban lo inevitable. Como si se diera cuenta de que no había solución. A veces añadía: no sé para qué está uno todavía aquí. La soledad del hastío, la lenta asunción de la desesperanza. El rostro de un anciano es un rostro ajado no solo de pieles sino de certezas. La soledad es la desposesión de facultades, pero también el acoso de la duda casi absoluta. El vaivén de un para qué escéptico que ya no golpea cuando arrecia el viento.
(Fotografía de Hervé Guibert)
martes, 19 de abril de 2016
Aquellos estos árboles, 2
"La cuna se balancea sobre un abismo, y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas."
Vladimir Nabokov empieza así su libro Habla, memoria. La rendija de luz, que a los humanos nos parece de una duración larga, apenas es un intervalo. Pero fraccionamos el intervalo en pausas más pequeñas, al principio sin darnos cuenta, más adelante admitiendo que la vida va siendo una partición. Más allá del tiempo y de los aconteceres, ¿es la memoria el cuchillo afilado que diezma nuestro tránsito? La memoria no es fiable y como sucede con una hoja de metal puede estar mellada, desgastada. Su acero, rigurosamente templado en origen, va adquiriendo una debilidad traidora. Hasta que llega el momento en que apenas secciona nada y, aunque nos hace creer que la existencia ha sido un enriquecimiento de experiencias, a lo cual consideramos nuestro tesoro, no es sino el humo de la vida al que denominamos recuerdos. Su filo se ha vuelto tan frágil como un junco, al estilo de aquellos que acariciábamos a la orilla del río de infancia, sin darnos cuenta de que en realidad acariciábamos la metáfora. La memoria es, a la larga, solamente un lugar seguro para olvidar. Olvidamos paisajes, acontecimientos, aprendizajes, rostros, intenciones. Tal vez, incluso, nos vaya preparando, o nos anuncie la senda adecuada, para el no paisaje, donde no floreceremos jamás cada primavera.
(Ukiyo-e)
viernes, 15 de abril de 2016
Aquellos estos árboles
"El enigma de lo invisible es el enigma
de la memoria. Lo invisible es precisamente lo que
nadie recuerda. Como esa canción
que conocías, como el chiste que una vez te hizo
llorar de risa...
Y dices que hace un tiempo estos árboles
no eran como estos árboles, que hace un tiempo
estos árboles en el viento eran mucho más
árboles que estos árboles...
Pero el lenguaje, por supuesto, es un tipo de canción
de cuna."
Charles Simic escribió este Poema hacia 1974. Entonces en aquellos árboles que debieron existir, y que ahora nos parecen invisibles, buscábamos cobijo. También diversión, también el ejercicio del pequeño héroe de juventud que cada cual quiso ser. Porque ser es sentir, es imaginar, es vivir a los dos lados de una línea imperceptible saltando de uno a otro azarosamente. Nos desbordaba el ramaje, nos atraía el tronco, nos seducían sus raíces. Yo era joven entonces, aún. ¿Veíamos más un árbol, varios árboles, sin distinguir la espesura del bosque? Pero sin saberlo, nos íbamos adentrando en él. Allí también había seres invisibles y extrañas figuraciones que acechaban. Entonces, aún, éramos jóvenes. Hoy nos parece, pues poderosa es la invisibilidad de la memoria, que en la fronda se distinguían ciertas sendas. No recuerdo si había caminos, aunque luego creímos haber seguido uno o varios, en lugar de los demás. Aquellos árboles, estos árboles. Seguimos sin distinguir la luz que dicen que habita más allá de sus copas. Lo invisible es indescifrable. Aún cada día hacemos del enigma al menos una motivación, la atracción que nos entretiene. Escuchando el canto del pájaro invisible.
(Dibujo de Inés González Soria)
jueves, 14 de abril de 2016
Esa que nunca encontramos
Seguimos huérfanos. ¿Será que nunca encontramos eso que cantaba El Cabrero?
Este film francés de 1988, fue Premio Especial del Jurado en Montreux, pero fue boicoteado en España. Es toda una celebración, por la filosofía moral que José Domínguez Muñoz muestra en su discurso.
martes, 12 de abril de 2016
El lápiz huérfano
Un lápiz demediado entre los esqueletos. ¿De quién sería? ¿Del guarda forestal? ¿Del maestro? ¿Del carbonero? Nuestros prejuicios pueden inducirnos a error. Relacionamos útil con oficio y, así, de primeras pensamos que sería del maestro. Pero ¿acaso el forestal no tenía que anotar observaciones que no considerara en regla? Por el hecho de que el carbonero estuviera día a día al cuidado de elaborar el carbón vegetal en aquellas estufas instaladas en pleno monte, ¿no iba a disponer de un sencillo lápiz para controlar su tarea, atender encargos o entretener sus ratos de ocio? Estoy convencido de que ninguno de los tres sería analfabeto. Tal vez por no serlo fueron fusilados. En aquellos tiempos saber leer, escribir y hacer cuentas era sinónimo de un cierto grado de ilustración. Y la ilustración, para los asesinos, induce siempre a la sospecha. Y la sospecha de los fanáticos conduce siempre a la ejecución sumaria y caprichosa. Los verdugos se ven reflejados de alguna manera en sus víctimas. Estas delatan siempre al sicario. Porque el esbirro acaso anhela en su interior lo que no ha podido ser. Porque envidia la libertad de pensamiento del otro. Y las capacidades desarrolladas por el otro.
(Este lápiz fue encontrado entre los restos de gente común, como los citados, hace dos o tres años, en la sima de El Raso, en la sierra de Urbasa, Navarra. Aparecieron hasta un total de diez cuerpos. La labor y el empeño de voluntarios han ido permitiendo recuperar los restos de republicanos asesinados en 1936, cuyo número fue ingente. Aún quedan tantos por salir de páramos, cunetas, fosas o abismos...Es uno de los temas que los políticos no llevan en sus programas o, al menos, no los airean. Sigue siendo tabú. ¿Por un miedo inconsciente de los ciudadanos, no obstante haber transcurrido ochenta años de la barbarie? Pobre la sociedad que no supera sus temores ancestrales a través del conocimiento, la ilustración y la aclaración de los hechos. Siempre se temerá a sí misma)
(Fotografía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi)
Después de haber escrito lo anterior encuentro esta viñeta de Guerra en el digital último cero:
domingo, 10 de abril de 2016
Rotación
A veces hay que recurrir a lo más sesudo, aunque se considere sabido y, como tal, no se mencione habitualmente. La materia cuerpo lo reclama. En otras ocasiones voy al bosque o subo a un páramo o contemplo la escultura griega o escucho a Schubert. Para atemperar mi sangre hoy he pasado una mañana apacible contemplando embobado una ley física. Nada de mística, nada de ensoñaciones, nada de literaturas, me he dicho. Maravilla del movimiento que no cesa. Relajación. Reencuentro. Vínculo. Los actos de la comedia o del drama humanos, esas dos caras del teatro de la vida, son infinitamente más insignificantes. El péndulo me ha devuelto la confianza en la sensatez natural. Es un recurso para los tiempos venideros, cuyo espectáculo no me atraerá.
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