martes, 28 de febrero de 2017

La transmisión Jamming




Recuerdo de la niñez el afán de mi madre al anochecer ante el aparato de radio. Recluida en la cocina, espacio cálido donde se hacía la vida en invierno gracias a la bilbaína, mi madre giraba con paciencia la rueda de la radio hasta dar con la frecuencia que buscaba. Cuando lo conseguía ponía el sonido muy bajito, arrimaba la oreja y trataba de escuchar lo que decía La Pirenaica. A mí me intrigaba que la voz se fuera y volviera una y otra vez, entre ruidos y alejamientos. No sabía entonces que la tal Pirenaica era interferida por el régimen imperante. No sabía que detrás había todo un sistema de transmisión de señales de radio que interfería otras transmisiones no deseadas por la dictadura, principalmente las de aquella emisora. Y que se hacía desde un inhibidor de frecuencias. No era nuevo, en la Segunda Guerra Mundial ya se había utilizado con amplitud, y al sistema de anulación o reducción a propósito de otras frecuencias los ingleses lo denominaron jamming. 

Ignoro si hoy, en tiempos de satélites y ordenadores por doquier, el jamming sigue en vigor a alguna escala, aunque supongo que ha sido superado con creces por otros sistemas de interferencia más efectivos. Tal vez persista la misma y antigua intención. Tal vez el jamming llega sin darnos cuenta, no con ruidos y pérdidas de frecuencias, sino a través de emotivos y seductores procedimientos que se incorporan a nuestra mente para que nosotros nos dejemos llevar por ellos. Un jamming que fabricamos con nuestra aceptación cada uno de nosotros. La mano última, en la ardiente oscuridad de un mundo que se quiebra y nos confunde a velocidades inesperadas, mueve todo tipo de artilugios, psicologías, éticas e ideologías para hacer dúctil y maleable al hombre. Como se solía decir de los minerales aprovechables. Y es que o somos útiles -es decir, productores eficientes y baratos, más consumidores incesantes, más seres domesticados que protesten lo mínimo- para el negocio que domina o mejor que nos muramos, parece decirnos a gritos esa interferencia generalizada que asalta despóticamente la frecuencia individual de nuestro libre albedrío. 

Como recuerdo de un tiempo y un país, donde no solo la voz no se podía acallar del todo sino, y sobre todo, en que el oído no se pudo taponar como quisieran, adjunto la sintonía y el comienzo de emisión de una emisora clave más para la expectativa y la esperanza que para los logros políticos. 





lunes, 27 de febrero de 2017

Primera plana (versión Gutiérrez Solana)




Me pregunto qué hay de costumbrista, qué de sátira y cuánto de crónica social en las pinturas carnavalescas de José Gutiérrez Solana. Esta es la versión autorizada del hombre oficial ante uno de los cuadros del fantástico pintor. 

El unívoco otro individuo que mora en mí dice que lo que hay es solamente juego, y que ya es bastante lo que explicita por sí mismo. Si el juego es contenido, dice el versado principal, démosle cancha.

El equívoco y revoltoso que también pasa a ratos por mi cuerpo afirma que ahí se refleja el país mismo y, además, insiste, sin disfrazarse. La versión oficial desautoriza esta interpretación y acusa al equívoco de maquiavélico, algo que no está penado, que yo sepa, de momento. 

El tipo multívoco que pugna por asentarse entre mi sangre y mi piel da un sentido profundo y casi ultra terrenal a la pintura de Carnavales de Gutiérrez Solana. Basándose en ciertas ideas nonatas se pone exégeta y dice ver en ella el florecimiento de lo plurinacional, feliz aviso de la próxima primavera, más allá de los cantonalismos al uso oral, que no convencidos ni convincentes. Ni el equívoco, ni el unívoco ni el sesudo intérprete oficial comparten este criterio, simplemente por metafísico. Por lo tanto, ni lo consideran serio.

¿Qué será, entonces, la pintura de José Gutiérrez Solana donde se refleja la tradición carnavalesca de una sociedad que no sale de concebir la vida sino como carnaval?  Esta pregunta la formula el homo consensus que a veces se revela dentro de mí en una tertulia entre los distintos y ya citados personajes que me habitan.




jueves, 23 de febrero de 2017

Don Carnal al acecho




Érase una vez una ciudad donde los hombres creyeron ser iguales, 
porque otros les contaban el cuento
para que fueran buenos
 y no dieran problemas,
y en su ingenuo fluir de almas
cándidas no querían darse cuenta
de cómo algunos muy bien situados
y otros que protegían a estos
se merendaban poco a poco 
la ciudad entera
dejando a los más con menos y,
lo que era peor,
tomando a sus habitantes
 como más imbéciles
de lo que en realidad eran.
Pero así se escribe la historia
y la vida de los que la hacen
y permiten que unos pocos
sean propietarios de almas
y de haciendas 
sin que luego les pase ná.

Yo, Don Carnal, doy fe.





(Grabado de Caillot)


miércoles, 22 de febrero de 2017

Apócrifa. 78 años después Antonio Machado vive




"Diréis que un muerto no habla. Sería una ocurrencia perturbadora si os dijera que dentro de setenta y ocho años os hablaré todavía. Cuanto dijo un muerto lo dijo en vida y lo ordinario es que sus palabras se las haya llevado el olvido. Las palabras encerradas entre las páginas de los libros no respiran, se ahogan, ordinariamente están tan muertas como su autor. A veces algún ingenuo que busca aún respuestas en los libros  -como si los libros resolvieran los enigmas de la vida-  al tomar de un anaquel polvoriento un volumen y abrirlo percibe que se desata un leve clamor. Sé que quien coja al azar alguno de mis libros dentro de setenta y ocho años lo leerá como si escuchara el rumor de las tripas revueltas. En un país de tripones, donde el grosor de las barrigas domina sobre otras partes del organismo y adormece funciones cerebrales, parecerá un acto casi de identidad. Pero las tripas revueltas siempre expresan inquietud, alertan, avisan de alguna clase de desasosiego fundamentado y anuncian disfunciones que deberían tomarse en consideración. Tal vez dentro de setenta y ocho años haya algún despistado que busque la explicación de las tripas de su país dentro de mi obra intestina. Pero el muerto no ha dicho nada nuevo. He escrito lo que he recogido del mundo que me rodeaba. Tal vez toda mi obra es la expresión de la soledad más aguda, sin que considere que nunca caí en la melancolía. En la indignación sí. En la percepción viviente de la belleza también. He pretendido navegar por el curso de un cierto y laborioso estoicismo que me ha calmado en medio de las tormentas de un tiempo y de una sociedad que desairaban al hombre. He inventado incluso personajes que hablaban a la vez desde dentro y desde fuera de mí. Porque quien escribe no puedo hacerlo para otros si no tiene claro que lo hace también, o acaso sobre todo, para sí mismo. ¿Que aletea una amarga esperanza en mis argumentos arriesgados? Se dirá: qué contradicción; una esperanza es luminosa y limpia o no es esperanza. El auténtico esperanzado no es el risueño, ni el necio, ni el que pretende que otros le resuelvan sus problemas, ni el bobalicón que permanece con las manos extendidas esperando el maná que le alimente. El esperanzado auténtico es el que no espera. Si fui alguna vez presuntuoso y engreído la vida y la circunstancia me curaron. Algo de aquel viejo defecto debe quedar en mí todavía cuando pienso estúpidamente, al borde del estertor, que acaso dentro de setenta y ocho años aún el muerto le diga algo a alguien en un país que quién sabe si aún no tendrá mucho que escuchar de sí mismo. Ahora digo como me dijo mi maestro: que tengáis mucha suerte y que no conozcáis otra."  



Setenta y ocho años después de Collioure el muerto habla. ¿Seguro que no ha dicho nada nuevo desde aquel lejano y pobre veintidós de febrero? Algunos lo seguimos interpretando y descubriendo porque sigue en vigor. Y lo que permanece en vigor siempre es nuevo. Nada de lo que podamos leer de él nos sigue pareciendo vana repetición. Ni siquiera las muletillas y tópicos en que se han convertido algunas de sus palabras. Algunos leemos todavía sus proverbios, sus artículos, sus cantares, sus poemas, su Juan de Mairena no como libros sagrados, sino como cartillas de aprendizaje del vivir. A veces nos embarga cierta amarga melancolía. Otras una conmovedora indignación. Pero siempre aparece en sus letras un oleaje de esperanza resistente. Solo disfruta de esperanza el que no espera.





lunes, 20 de febrero de 2017

Boira




No sé por qué elegí aquel extraño camino. Avanzaba la tarde y la niebla iba reduciendo mi mirada. Un hombre, o su silueta, ocupaba la distancia que había delante. No sabía si venía hacia mí o se alejaba. Podía ser yo mismo que avanzaba unos pasos y luego retrocedía. La boira es un espejismo que distrae la senda en la que te encuentras sin saber bien cómo y por qué has llegado a ella. 

Un hombre, o apenas el esbozo de un cuerpo, crecía y disminuía a medida que yo apresuraba mis pasos o bien los refrenaba. Un hombre menos alto que un árbol. Menos hombre que un árbol. No tan definido como los bordes de florecillas. Menos firme que la disposición de los árboles. Si ese hombre, o lo que se le parece, solo es una secuencia de mí mismo aceptaré el rigor, o la bondad, depende, del orden de la naturaleza. Me dije.

Pero un árbol no asusta a otro árbol. Ni la niebla angustia al paisaje que hace desaparecer. Ni las tinieblas desplazan para siempre a la luz. Ni los sonidos de los animales nocturnos se imponen unos a otros. Un hombre próximo a otro hombre es el acecho. Un hombre delante o detrás de otro hombre es la inquietud. Tú mismo, si se da el caso de que eres el otro y a su vez eres tú, en desacuerdo, andando un camino imprevisible, puedes ser el espanto.



(Fotografía de Isabel Gómez)


sábado, 18 de febrero de 2017

En la antítesis




En la antítesis de la racionalidad y la irracionalidad cotidianas está ella. Ante su majestuoso florecimiento no caben preguntas. Mirando sus colores no hay interpretaciones. Observando la expansión de sus formas no cabe sino asombro. He pasado buenos ratos del día observándola. Temiendo que la pudiera herir con mis ojos tristes. Pero no pensaba nada sobre ella. Solamente miraba, miraba, miraba. Ella crecía y yo me apocaba. Si algo me llamaba la atención era su estable lentitud. Es lo que tiene la seducción. Antídoto de un tiempo hostil, de una vorágine alocada, de una confusión estúpida provocada por la necia palabrería humana. Sentado frente a ella he soñado con un jardín. Presuntuoso yo que la tenía a ella, ahí delante, y me bastaba. Sin preguntas ni respuestas. Sin inquietud ni exigencias. Y tanta delicada materialidad me hacía reflexionar de manera pasajera en la conflictiva sustancia de lo humano. Pero desalojé de mi mente todo lo que no fuera percepción sensitiva. No podía traicionar su despliegue. Ella me devolvía la mirada con tanta intensidad. Y me amaba. Lo supe enseguida.





viernes, 17 de febrero de 2017

Leonardo de nuevo poniendo la guinda




"Hay algunos que no son más que un paso para la comida, que acrecentan el excremento y llenan las letrinas, pues no producen ninguna otra cosa en el mundo ni ningún efecto positivo, y es que de ellos no resulta otra cosa que letrinas llenas".

Es un aforismo de Leonardo da Vinci. A ver quién es el salao que le lleva la contraria. Y mientras, las instituciones prestándose a la labor pestilente. Y los medios aireando el hedor del cual también se alimentan. Y el público acudiendo en masa porque el espectáculo es el espectáculo y gusta de rebozarse en él. Y aquí no pasa ná. Y todos tan contentos porque esto va adelante. Y como cagones somos pues en el cagadero nos encontraremos.



jueves, 16 de febrero de 2017

Ito Kabane y Tatsuaki vuelven




Siempre me han gustado las historias japonesas. Desde los viejos monogatari a las novelas del XIX y el XX que nos llegan con buenas traducciones, de autores que apenas conocemos. Hasta los efímeros cuentos que aparecen por la red. Cuando veo una fotografía de Nobuyoshi Araki me descoloco. Rompedor, herético, iconoclasta, instintivo, explorador. Un mundo aparte que no todos aceptarán. Pero hay muchos más autores de fotografía japonesa actual que me prenden. Daidö Moriyama, Eikoh Hosoe, Miwa Yanagi, Shuji Terayama, Hiromix, Kishin Shinoyama, Masao Yamamoto, Kishin Shinoyama, Miyako Ishiuchi...es agotadora la lista. No en vano la fotografía japonesa ya tiene sus precedentes de alta calidad desde el siglo XIX tales como Kusakabe Kimbei, T. Enami, Uchida Kuichi, Ueno Hikoma, Beato, Von Stillfried...He visto fotografías de ese siglo de Japón en el Museo de Arte Oriental de Valladolid, con técnica antigua, que son un tesoro. Pero hoy encuentro este rostro que Araki dota de una calidad especial. Lo encuentro en este relato:

https://ehchiton.blogspot.com.es/2017/02/en-el-estudio-del-fotografo-tatsuaki.html



martes, 14 de febrero de 2017

Una coz del caballo de Béla Tarr





“Todo se ha venido abajo y todo se ha envilecido. O también podría decir que lo han echado abajo todo y lo han envilecido todo. Porque no se trata de un juicio divino en el que colabora la inocente ayuda humana. Todo lo contrario. Se trata de una sentencia pronunciada por el hombre contra sí mismo, en la que, por supuesto, Dios está implicado, incluso me atrevería a decir que toma parte. Y siempre que toma parte en algo, el resultado es la creación más vulgar que usted pueda imaginar. Han arruinado la tierra, ¿sabe? No importa lo que yo le diga, porque han arruinado todo lo que han conseguido. Y como lo han conseguido todo en una lucha agotadora y abyecta, lo han arruinado también todo. Porque ellos han arruinado cuanto han tocado, y no han dejado nada sin tocar. Y así ha sido hasta la victoria total. Conseguir y arruinar, arruinar y conseguir. Pero se lo puedo decir de otro modo: tocar y por tanto arruinar y de este modo conseguir; o bien tocar, conseguir y de este modo arruinar. Ha funcionado así durante siglos. Una y otra vez, siempre lo mismo. A veces de forma encubierta, a veces sin tapujos, a veces sutilmente, a veces a lo bruto, una y otra vez. Siempre de la misma forma. Como las ratas, a traición".

Habla así, y durante más rato y más ácido, que es decir tanto como más clarificador, el personaje bebedor de aguardiente en la película El caballo de Turín, de Béla Tarr. Son palabras de las que se diría que podrían pronunciarse en otro tiempo, que tal vez se hayan dicho en otro tiempo, en otra sociedad, en otras penurias. En el mundo presente, no menos envilecido entre la apariencia de la posesión y la flatulencia de los vendedores, en medio de un juego perverso de un a ver quién te ofrece más, en un a ver quién adquiere más, hasta lo inservible, en un a ver quién triunfa más aunque sus victorias sean pírricas y de horas, inmersos en una ensoñación que atenaza todas las facetas de tu mismo ser, que apenas proporciona espacio individual, por más que todos crean que son más reyes del mismo que nunca, que apenas te deja resquicios de un tiempo de calma, en que pensar es una excepción, meditar es lo improbable, decidir con conocimiento de causa difícilmente se practica, en este mundo que oxigena nuestras arterias a duras penas, que las más de ls veces las envenena, podría parecer que no encaja la severidad de las palabras desesperanzadoras, pero no menos clarividentes, del bebedor de aguardiente. Los movimientos de las sociedades y tribus, así como la actividad tectónica de la tierra, siempre han conmovido los pies de los hombres, aunque estos vivan ignorándolo, y cuando perciben, como cualquier otro animal, el menor corrimiento, un cosquilleo de advertencia de que algo nos desestabiliza, a diferencia de cualquier otro animal tienden a desechar la inquietud, relegando la disposición de medios, empeñándose en lo sucedáneo, desconociendo a propósito premoniciones, avisos y signos razonables varios que hablan de lo quebradizo de nuestros pasos. Parafernalias múltiples se alzan para distraernos y conceder a los menos el poder absoluto de cuanto gira en torno a nuestras vidas, cuanto hace y deshace nuestras existencias, y todo los estamentos se prestan a las coces contra la racionalidad. Y la barbarie creando fisuras por doquier, fomentando desentendimientos por todas partes, haciendo naufragar las intenciones que quisimos alguna vez que fueran justas y bondadosas, pero que eran fraudulentas, la barbarie con todo el arsenal de poner el mundo al revés ofreciendo la utopía de los mercaderes. Palabras, la mayor parte de las veces vanas, artilugios técnicos, sistemas de programación metamodernos, robots de ideas, se ofrecen por parte de los pocos para entontecer y desviar la capacidad individual. Tocar, conseguir, arruinar...¿Qué parte alícuota nos corresponde a cada uno de los pobrecillos bebedores de aguardiente de este presente de supervivencia? Si uno supiera permanecer callado...  



(Fotograma de la película El caballo de Turín, de Béla Tarr)


lunes, 13 de febrero de 2017

Los bocetos de palabras de Leonardo da Vinci




"El movimiento cesará antes de que nos cansemos de ser útiles.
El movimiento fallará antes que la utilidad.
La muerte, antes que el cansancio.
En servir a los demás, no puedo hacer bastante.
Ningún trabajo es suficiente para cansarme.
Las manos en las que caen ducados y piedras preciosas como la nieve nunca se cansan de servir, pero este servicio es solo por su utilidad y no para nuestro propio beneficio.
La naturaleza me ha dispuesto así naturalmente.
Nunca me canso de ser útil".


He aquí un texto de Leonardo donde dibuja con la misma autenticidad y perfección que en el resto de sus otras imágenes visuales. Una reflexión sobre su experiencia, donde revela el sentido que toda actividad desplegada por él dotó a su vida. Este hombre que hoy llamamos renacentista completo tiene mucho de superhombre, sin que este término implique un concepto ni filosófico ni esotérico ni religioso. Leonardo toca la materialidad, la desentraña, la fija y la activa nuevamente, porque se identifica con la materia misma en su devenir. Propone alternativas físicas, unas más teóricas, otras menos, que pongan en manos de otros hombres una capacidad de transformar la materia no en el sentido de destrozarla caprichosamente sino para procurar hacer a los hombres mejor dotados para la supervivencia y, por lo tanto, más libres. Este Leonardo de dos o más miradas. La que capta el movimiento, la actitud, el paso de lo viviente y lo traduce con su obra pictórica. La que diseña continuamente cualquier objeto de habilidad para que el hombre no sea un eterno dependiente de la inercia de la naturaleza exterior. El que encuentra geometría y matemática en cada cuerpo viviente. Un hombre que escribía con escritura especular. La naturaleza le había dispuesto para ello. Cómo lo logró, aun siendo un misterio, es una revelación de la capacidad humana para dotarse de medios que proporcionen provecho.

Merece la pena acercarse a los aforismos y pensamientos de Leonardo da Vinci sobre la condición humana, sobre sus criterios acerca de las artes y de los que se dedicaban a ellas, sobre las ciencias, sobre la belleza y las figuras humanas o animales. Nada de lo existente era ajeno para este hombre excepcional.



sábado, 11 de febrero de 2017

Aún quedan honrados y yo les digo que no son idiotas



Llevo unos cuantos días dando pábulo a temas de carácter más político, digamos. No puedo evitarlo. Resulta difícil callar cuando percibes el hedor del país. ¿Recluirte cual anacoreta? Se metería el olor por las rendijas. Además, emulando la frasecita, nada de lo manifestado por los humanos me resulta ajeno. Ni siquiera a los que no quieren dedicar ni un momento fugaz de pensamiento les es tangencial. Hoy me he sorprendido porque, al fin, en la prensa mínimamente creíble, aparece un enfoque humano con otra perspectiva. Si llevamos años soportando con vergüenza, asco y desánimo, la mina de deshonestidad y de carencia de honradez de muchos paisanos, provenientes en gran parte del mismo tronco político, es oxigenante conocer cómo ha habido individuos que han resistido a las propuestas de la corrupción. Personas a las que se está haciendo la vida imposible porque no quisieron involucrarse en las redes delictivas e incluso denunciaron.

El País publica hoy una entrevista a tres de esas personas. Adjunto el enlace al final. De la entrevista lo que me hace recapacitar más no son las tentaciones, las venganzas o las presiones que han padecido. Basta observar sus caras para ver que no están precisamente como unas castañuelas. Sino la actitud de gente común con la que se han encontrado en su entorno esas dos mujeres y el hombre. Según ellos, pocos les han comprendido y animado en su actitud de rechazo a la corrupción y por el ejercicio de la denuncia en su día. La frase de uno de ellos "el español medio piensa que somos unos idiotas" me llega al alma y no porque alrededor mío no la haya oído cientos de veces. 

Aquí, al que no se aprovecha de una circunstancia para beneficiarse, por muy perversa que sea, se le valora como tonto. Y ahí anda la explicación última y de primera fila de por qué la corrupción campa a sus anchas. Sé que enseguida se pensará: la naturaleza humana. Pero la naturaleza humana también proporciona hombres decentes, fieles y consecuentes para con los modos de vida y de cumplimiento con el colectivo social. Así que cansado estoy también de ver cómo nos escudamos en el tópico de la naturaleza humana que nos ha hecho así, como si de una canción de moda se tratara. La historia de la humanidad es sobre todo la de domeñar el entorno. Si no, jamás hubiéramos llegado hasta este punto y en tan poco tiempo. Y domeñar es también reconducirnos en acuerdos sociales unos a otros, y ahí el triunfo de las ideas ilustradas, y generar mecanismos de colaboración y satisfacción que benefician al conjunto, y de castigo para los desaprensivos que quieren vivir a costa de todos.    

Sólo quería valorar a unas personas que han afrontado la ignominia, que han sufrido acosos, desprecio o desinterés. "Tú te lo has buscado" o "¿Te compensa (no haber cogido dinero)?" o "Las que te están acosando y los que están viéndolo y no están haciendo absolutamente nada. Esos son la mayoría", son algunas respuestas de estas personas que congelan el alma. Al menos a una minoría de ciudadanos sensibles y decentes. Al machismo cultural español seguramente les producirá risa ese comportamiento cívico. Así nos va.  Leed, por favor:


http://politica.elpais.com/politica/2017/02/10/actualidad/1486717372_302660.html


viernes, 10 de febrero de 2017

La sempìterna Santa Alianza





Encuentro hoy esta foto en eldiario.es y me da risa de carcajada por una parte pero me deja un sabor amargo por otro. ¿Quién dijo que las santas alianzas se habían disuelto? Amigos, en este país no cambia nada. Un ente cuyo reino no es de  este mundo pero vive de los mundanos siempre se lleva el gato -finanzas y prebendas- al agua. Y bien se aspire a sobrepasar al partido más votado, o se pretenda asaltar los cielos o se quiera fundar un Estado nuevo por parte de otros, el panorama partidista nunca toca temas de fondo. Estos son intocables o bien todos buscan mamar de la misma vaca. Adivinad cuál. 




jueves, 9 de febrero de 2017

La servidumbre del día, según Max




Cansa levantarse por la mañana, mirar el mundo, el próximo y el lejano, y percibir la sensación de que no aprendemos nada, dice Max. Hemos llegado hasta aquí, por lo menos, le digo. Hemos disfrutado algo, lo cual también es una manifestación del saber, le digo, hemos soslayado malos tragos o los hemos superado otras veces, le insisto. Para mí eso es lo que yo llamo un balance positivo. Tienes razón, me replica amable, nuestro error, que aún da coletazos, es que una vez pensamos que sería posible entendernos los hombres, contener los malos tragos y enderezar aquello en lo que nos habíamos equivocado o se había hecho mal a propósito. Te entiendo, Max. La idea del sometimiento, en cualquier faceta y plano de la existencia que hemos llevado nos abruma a ambos. Pero aun sabiendo ahora mismo que la libertad no será posible tal vez ni al recluirnos en nuestro propio interior no logramos apartarnos del ámbito general donde nos congregamos unos hombres con otros. Libertad y además alimento y además cobijo y además márgenes de aprendizaje, que cada vez se pone más complicado todo, entra al quite Max. Cansa levantarse, cansa mirar y ver la pobreza mental de tantos seres, y de entre ellos la más peligrosa ineptitud es la de los soberbios pastores del rebaño, musita amparándose tras la cortina de lluvia de la ventana. Una pobreza que se apoya en el desprecio y la ignorancia con que dirigen a millones de individuos, sin tener capacidad ni respeto ni sensatez para con todos los que nos dejamos someter. Por eso nos duele el sometimiento, le respondo, porque siempre procuramos que nos mande ese tipo de personajes de baja calidad intelectual y escasa si no dudosa ética. Sí, así es, comenta mi amigo. Ese tipo de seres que se aprovechan de este mundo para vivir solo en el de aquellos otros para los que, a su vez, se ofrecen como siervos. Ya ves que ellos no están libres de una servidumbre chabacana, no importándoles ser usados y relegados de mala manera cuando ya no les necesiten sus amos. Ah, lo dices porque ayer mismo vimos un caso, sí, pero eso es la sempiterna repetición de la historia. Los que se ofrecen a otros sin ser capaces de satisfacer a los propios. Max se pone serio: nos debe gustar la infamia y rebozarnos en ella, dice con sequedad y tristeza.



(Fotografía de Saul Leiter)


martes, 7 de febrero de 2017

¿Catalunya? ¿España? ¡Rumanía!




Emulando la sintaxis eufórica de aquel Francesc Macià de 1931 se me ocurre la invocación con que titulo la entrada. Y no se malinterprete. Me lo propone la imagen de protesta masiva de Bucarest -que también ha tenido lugar en muchas ciudades- contra la corrupción generalizada en Rumanía, y que estos días está teniendo eco en la prensa. La población ha protestado contra un decreto del Gobierno que pretendía despenalizar el soborno y los conflictos de intereses, según las informaciones. Del clamor han pasado a la exigencia, y de ésta a la calle. ¿Se les logrará? No sé, pero la respuesta ciudadana me ha emocionado, aunque desconozco si habrá detrás otras intenciones, pues nada hay absolutamente puro en las conductas humanas.

Se me ocurre que aquí, en el ruedo ibérico, en lugar de tanto pulso entre poderes de quien los tiene y quien quiere tenerlos si no sería mejor impulsar un llamamiento unitario contra la corrupción. En el camino de un objetivo tan claro y democrático, que podría ir a la raíz de una regeneración mínimamente decente, nos encontraríamos todos. El partido que gobierna es altamente fecundo en la práctica del aprovechamiento del poder en sus diversas escalas territoriales para sus negocios particulares. Otros que han jugado a poder también tienen su acervo corrupto, aunque en menor medida según parece o aún no ha salido. Y algunos que pretenden tejer nuevos asaltos a tentadoras gobernaciones podrían ir tomando nota a su vez para no caer en las conductas de aquellos a quienes se pretende superar.

No se ven movimientos claros que vayan en la dirección de cuestionar la corrupción. Envueltos unos en rencillas particulares y manifestando otros un gran desprecio hacia los ciudadanos la exigencia de parar la corrupción, y castigarla, apenas se encuentra sino en manos de la judicatura, de donde no está claro si saldrá algún tipo de pena ejemplar o se irán de rositas los delincuentes. Pero el tema no es depender del poder judicial, sino incorporarlo al disco duro de la ciudadanía y de sus representantes electos. Corrupción cero debe ser un compromiso no solo electoral sino cotidiano de todos los partidos y entidades públicas. Pero parece que nos da igual. Rumanía, estos días, ha sido un ejemplo digno. Naturalmente, uno piensa: cómo estarían allí las cosas para que tanta masa decida protagonizar una protesta de envergadura. ¿O lo que sucede es que son más conscientes del problema que los españoles?


(Fotografía extraída de El País)



lunes, 6 de febrero de 2017

Las noticias, Dionisio el tirano y De La Boétie





Leer la prensa cada mañana, solo de pasada, y únicamente una cierta prensa o, si se prefiere, los titulares y como mucho algún artículo de opinión que merezca crédito y no suene a demagogia, leer noticias, con todo el riesgo de que sean incompletas, equívocas o incluso falsas, es desesperanzarse. Pero ¿estuvimos alguna vez esperanzados? ¿O la esperanza fue y sigue siendo una mera ilusión, humo, espectro con rostro amable? ¿Tiene hoy algún sentido la palabra esperanza? Así que, visto el estado de ánimo que a uno se le queda tras pasar las páginas del diario, una buena cosa puede ser buscar un antídoto con algún grado de luces que ratifique y a la vez compense nuestro desasosiego. Hay muchos que no quieren saber nada. Leer, ¿para qué?, dicen como un recurso de autodefensa que no por ello les salva. Uno no puede ser ajeno al mundo y al tiempo que vive, y más cuando ya ha vivido circunstancias complicadas. Pero ¿por qué ahora parecen más difíciles? ¿Por la globalización? ¿Porque el tablero de ajedrez reúne a más jugadores? ¿Porque los contendientes de la complicada partida no tienen cara de buenos amigos? 

Mi medicina de hoy es un texto del Discurso de la servidumbre voluntaria, del renacentista francés Étienne de La Boétie (1530-1563) 

"...Así el pueblo de Siracusa, capital de Sicilia, presionado por las guerras, sin pensar más que en el peligro del momento, eligió a Dionisio I y le dio el mando del ejército. Sólo advirtió que lo había hecho tan poderoso cuando el artero, volviendo triunfal como si hubiera vencido a sus conciudadanos más que a sus enemigos, pasó de ser capitán a ser rey, y de rey mudó a ser tirano. Es increíble el ver cómo el pueblo, desde que se le ha sojuzgado, cae pronto en un olvido tan profundo de su libertad que ya le es imposible despertar para reconquistarla: sirve tan gustosamente y tan bien que, al verlo, se diría que no solo ha perdido su libertad, sino además ganado su servidumbre".

Ojo. Para los déspotas, y encima no ilustrados, el primer enemigo siempre es el de casa. Y me pregunto si el recurso a los de fuera no será sino la excusa para doblegar a los díscolos del interior y afirmar su poder y sus consecuentes tropelías. ¿Estaremos aún en el siglo XVI? O peor aún, ¿en el año 405 antes de nuestra era?





viernes, 3 de febrero de 2017

¡Toma posverdad!




"Prácticamente, todos y cada uno de los países del mundo se han aprovechado de nosotros, pero eso no va a seguir sucediendo. El mundo tiene problemas, pero vamos a arreglarlos, ¿de acuerdo? Eso es lo que yo hago, arreglo cosas". Presidente actual de los Estados Unidos de América. 


jueves, 2 de febrero de 2017

Nayat




¿Tenemos derecho a quejarnos de nuestras bacterias revoltosas o de los virus que nos incordian, propios de cuerpos de una aparente sociedad estable? Supongo. Pero entonces, ¿qué tipo de queja cabría esperar de quienes lo han perdido todo y encima se les niega todo allá donde van? Miro a Nayat y su mirada me toma, me supera, me enamora. La luz de sus ojos podría traslucir lágrimas, pero ella transmite fortaleza. La suya (la que tiene y necesita para sí) pero también la mía (la que a veces quiebra dentro de mí y necesito) Me aporta más: una sensación de bienestar auténtico. Esta propiedad no llega de posesiones ni de seguridades dudosas. Viene de una actitud expectante, serena, pasiva. Viene de un sencillo conato de sonrisa apacible. ¿Veis lo que es el azar? En este caso llamado Nayat.




miércoles, 1 de febrero de 2017

Uno de febrero




De pronto siento la necesidad de no decir absolutamente nada. El mundo y sus circunstancias, por lo tanto las mías también, me dejan desnudo. Es decir, sin palabras.



(Dibujo de Julio Vaquero)



martes, 31 de enero de 2017

Ahora no toca, ahora sí toca



A veces no se sabe si no haber bajado del árbol es tradición festiva o simple obcecación de grey que no ha aprendido aún a caminar. Pero estar toda la camada asentando el culo en la misma rama amenaza ruina, como bien daba a entender  Goya, que nada tenía de politólogo y mucho de conocedor de sus paisanos. Aunque tal parece que al corro de paisanos les va mucho sobrecargar un espacio habiendo otros espacios que pueden ser más acogedores y menos condescendientes para la ley de Newton. No sé si en esa misma metáfora de la rama habrá fundamentado su discurso catastrofista cierto ínclito ex presidente del Gobierno que hace unos días hablaba, con su particular enfoque apocalíptico, de que España está débil, decaída y se desvertebra. Uno, que piensa que el país jamás ha estado vertebrado, ni siquiera bajo la vara del tosco pastor de turno, y que las escasas posibilidades de que lo estuviera fueron abortadas intencionadamente, ya no se sorprende que desde cualquier ángulo del esperpéntico panorama político se siga cambiando de asiento...pero sobre la misma rama. Unos pretenden vertebrarse por su cuenta fundando un Estado que nunca han tenido antes, aunque sea un Estado al cincuenta por ciento. Otros andan más callados pero no me extrañaría que dándole vueltas a la manera de retomar sus veleidades milenaristas. Otros fundándose ¿o acaso refundándose? en base a aquellas generalizadas y respaldadas protestas cívicas conocidas como de los indignados del 15M, que trataron de capitalizar para sus fines, aun a costa de descafeinarlas y dejarlas en aguachirle. Otros, enarbolando aún sus cien años de historia ya obsoleta, desprestigiados por sus propios incumplimientos, afirmándose en la demagogia de lo prioritario ("ahora no tocan elecciones, ahora toca España", oigo decir con voz marcial y lenguaje redicho, a otra ínclita presidenta, esta vez del sur y en vigor) Y los que nos gobiernan, aun en minoría, y por defecto de la carencia de oposición sólida y sensata, no van más allá de repetir sin mayor argumento lo de que España es una gran nación mientras no siguen otras órdenes que las que dimanan de las autoridades europeas y del Banco Mundial (la Casa Blanca en la sombra, como siempre) Tampoco ellos son capaces de demostrar qué es realmente España, y del tópico no salimos. ¿Será solo un conglomerado de tribus, peñas, cuadrillas y cofradías que estamos aquí para pasarlo lo mejor posible si nos dejan? En definitiva, que todos, ellos, los que pontifican y se lo llevan entero, y nosotros, los que renegamos o bien asentimos, seguimos el curso de los días contándonos los cuentos no al calor del hogar sino sobre una rama que no sabemos lo que dará de sí. ¿Sería mucho pedir un poco de imaginación a la ciudadanía y ver el árbol entero y su ramaje y no cada cual solo su rama de primate?


Nota Bene. En absoluto estas letras simplonas pretenden ser análisis de nada y sí un mero desahogo, pero claro ¿quién está haciendo análisis certeros y, sobre todo, que transmitan serenidad y perspectiva fundamentada a los indígenas?  Por cierto, gracias genial Francisco, por dejarme prestado uno de tus caprichosos disparates. Pero bien mirado, ¿disparate algo tan sesudo? Goya era único.



lunes, 30 de enero de 2017

We the people




...pero ante las reacciones de un sector de la población se impone también nuestro reconocimiento a ellos, esa parte de la ciudadanía que no quiere que el documento fundacional sea papel mojado, esa ciudadanía híbrida en su formación constante, esa ciudadanía que tantas veces calla pero que cuando habla nos recuerda a todos lo mejor del país, esa humanidad con luces y sombras, que se ha dejado manipular unas veces pero que se ha alzado otras para derribar presidentes, esa ciudadanía presa de la propia traducción de sus sueños, que no quiere respaldar con silencios las barbaries cometidas en su nombre en el pasado, que quiere estar despierta y vigilante, que no desea verse envuelta en la mentira institucional, que parece tener voluntad de encarar los problemas de modo menos expeditivo y bestial, no obstante las dudas que siempre genera el poder hasta ahora hegemónico de su Estado, hoy debemos maravillarnos, aunque el fenómeno resultara efímero, de estas conductas cívicas y antiautoritarias encabezadas fundamentalmente por mujeres...sí, soy un idealista y parece que quiero ver solo el lado luminoso de un país difícil, pero esa gente que sale a la calle, y ya sabemos que también en los USA se paga un precio por la expresión, merece nuestra admiración, no solo nuestra sorpresa...





sábado, 28 de enero de 2017

In God we trust




...esa sensación de que el Estado de Estados se está convirtiendo por mor de su Gobierno electo en un suburbio de pendencieros, donde poco a poco va reinando la traición a sus propios principios, el delito encubierto de legalidad, la chabacanería de un sector hortera de su población elevada a categoría de sistema de obligado acatamiento, el arrinconamiento del diferente, el desprecio a todo el resto del inmenso continente que queda de Río Bravo para abajo, el odio al extranjero, el pánico al que piensa con otras perspectivas, ese Imperio por excelencia imponiendo la prohibición, impidiendo la llegada a los que han puesto en la lista negra, promoviendo formas agudas de castigo, justificando la tortura, negando las verdades, desacreditando la libertad de expresión de los medios, síntoma de posibles futuros ataques a los derechos civiles, ignorando los grandes problemas medioambientales como si fuera una invención de los malos, acechando a los patrocinadores de ciudades refugio, creando enemigos entre los que no son de su cuerda por doquier, en lugar de fomentar lazos y diálogo, sus autoridades henchidas de orgullo mediocre convirtiéndose día a día en pandilleros, protegiendo la cultura matona del Far West que decía un hombre un arma, desmontando cual gamberros las obras positivas que el anterior presidente había encauzado, esa sensación de que avivan fantasmas que se remontan al siglo XIX, importándoles un cuerno que la sociedad esté dividida al cincuenta por ciento por lo menos, el modelo que instauran atrayendo a los moscardones más reaccionarios y viles de Europa...conductas que no desatan sino malas sensaciones, peores vibraciones, funestas consecuencias a causa de las cuales todo puede precipitarse por el mal camino y el camino acabar a corto plazo en abismo, acaso ya intuyen que su God no era tan de fiar, es decir su moneda todopoderosa, sus deudas que acabaremos pagando el resto del planeta, esta sensación de que todo va deprisa deprisa y confuso confuso y que las oligarquías de uno y otro lado del océano pueden verse arrastradas a jugar a caballo ganador, al mejor postor, y si no, al tiempo, mientras el destino se vuelve turbio y nosotros más siervos...





miércoles, 25 de enero de 2017

Medias verdades sobre el cartapacio de Herr Gustav




Del asunto del cartapacio de herr Gustav no lo he contado todo, ni todo lo que he dicho era verdad. La modelo nunca llegó a hacer barcos de papel con sus páginas y aunque el Danubio le pillaba al lado prefirió que los esbozos llegaran a mis manos a través del Rhin. Ignoro cómo ríos tan distantes tuvieron que ver en el viaje y destino de los dibujos. Es curioso cómo se produce el rumbo cambiante de las geografías cuando los seres humanos entran en acción. No es que desplacen el medio natural exactamente, aunque lo modifiquen en cierta forma, cada vez más incisiva según vamos comprobando. Pero la presencia de humanos, no importa dónde habiten o migren estos, genera nuevas geografías cuyas coordenadas son emocionales, sensoriales e incluso afectivas. Altitudes y latitudes, meridianos y paralelos, trópicos o hemisferios, que afianzan, siquiera de manera efímera, localizaciones imprevistas e inimaginables. Siempre he considerado que los vínculos que establecen los individuos, o bien sus tentativas de aproximación, asientan territorios no menos físicos sobre los naturales o sobre los constituidos anteriormente en forma de urbe. Un símil sublime. Si un individuo es una ciudad, no importa que sea modesta, dos seres pueden constituir megalópolis. La riqueza interior de dos personas les atrae y les hace rechazarse en la medida en que descubren sus propio potencial independiente. De la historia entre el artista y la modelo, y hay muchas narraciones al respecto no solo sobre este caso sino en general en el ámbito de la actitividad artística, no es lo más reseñable que un relativo azar les pusiera en contacto. Lo más interesante fue de qué manera posó el uno para la otra durante varias semanas, acaso meses. Sí, no solo era la modelo la que exhibía su personalidad ante el artista, y no era únicamente el cuerpo lo que mostraba permanentemente para que el otro ejecutara sus apuntes. Así mismo el abnegado creador de imágenes, desde su mutismo laboral y entregado, también proporcionaba un determinado tipo de pose a la mujer. Cómo llegaron a sentir el uno sobre el otro y a hablar con el lenguaje de las pasiones, aun manteniendo las apariencias que les exigía respetar límites o, al menos, impedir que trascendieran sus sentimientos mutuos, es algo que apenas conozco vagamente.     





martes, 24 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. Y 13
















Cómo podía imaginar el hombre que iba a quedar desatada para siempre la cinta grana de aquel libro, náufraga a través de su memoria. 

¿Dice que me obsequia el cartapacio? Me deja sin palabras. Con la labor y el tiempo empleados en esos dibujos ¿quiere dármelos? No está bien. Usted los necesitará para avanzar en sus trabajos, herr Gustav. Para madurar obras más completas. Ha sido un tiempo largo de gestación, y el cartapacio es como su hijo. ¿O acaso el hijo de ambos? Es lo que nos ha unido durante semanas y, de pronto, quiere que me quede con él. Además me dice que todos los apuntes que estuvo tomando de mi cuerpo desde el primer día han sido como actos de amor. Le responderé con sinceridad. Nunca me habían amado de manera tan extraordinaria. Usted ha llevado todos los recovecos de mi cuerpo al papel. Si esta es la hora de las confidencias, herr, no nos cortemos. Acaso usted pensaba siempre que mis poses eran simples respuestas a sus indicaciones. ¿Cree de verdad que yo dormitaba plácidamente cuando usted me exigía una quietud total? ¿Me veía abstraída tras pedirme que no pensase en nada? Cuando ahogaba mis suspiros, ¿de verdad llegó a creer que se me habían agarrotado los músculos? Cuando se me cortaba el aliento y le decía que se me comprimía el esternón, ¿le sonaba a verdadero? Usted ahí enfrente, pergeñando sus apuntes sin darse cuenta de que cada vez que marcaba mis contornos sobre el papel yo lo sentía como si los dibujara en mi piel. Ah, pero no me diga que esto del regalo es solo la manera diplomática que tiene de prescindir de mis servicios. No, herr Gustav. Si me echa, no aceptaré el cartapacio. O peor aún, haré con sus dibujos barquitos de papel para que bajen por el Donau y los peces naveguen en cientos de cuerpos diferentes de mujer.




domingo, 22 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 12






















Cómo le rechina al hombre el ruido antiguo disfrazado de novedoso. Ese ruido que habla de nueva era, nuevo mundo, nuevas naciones. ¿Qué tiene de nueva la vieja palabrería? ¿No ha sido suficiente tanta farsa en el pasado que devino en drama y desgracia para millones de pobladores? Y aún se vuelven a invocar los mitos más mezquinos. Si el mundo estaba desarreglado, ¿cabe esperar su corrección de mano de los mismos que contribuyeron a su caos? 

Deje el gato de una vez, herr Gustav, o se nos pasará el tiempo de la sesión. Si pretende reforzar ante mí la imagen de su personalidad sosteniendo el animal en su regazo no lo logrará. ¿Sabe que los gatos mejor pintados los vi una vez en una exposición de arte japonés que pusieron en el Palacio Stoclet? Seguro que también usted pasó por allí. Cuando vi aquellos animales, que dicen que pertenecían al mundo flotante de sus colegas orientales, los retuve en la retina, sin que pudiera desprenderme de ellos. Durante muchos días no veía las caras de la gente del vecindario ni de mis amigos ni de la Academia ni de usted mismo. O les ponía a todos ellos el rostro de aquellos gatos. Tenía la sensación de que habían tomado el relevo a las máscaras a las que estaba acostumbrada cotidianamente. Sucumbí ante la belleza de la especie. Escudriñaba el mundo por sus ojos y nada veía del mismo modo. No se esfuerce, herr. Su mirada a veces atraviesa más que la de los felinos, pero no tiene la misma serenidad. Y yo busco sobre todo calma, un estar sin estar, si es que fuera posible. ¿No dice nada? Creo que hoy va a ser un día en blanco, usted sabrá. No sé qué pinto aquí.



sábado, 21 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 11






















No se trata de dar vueltas a si la única verdad es la reducción a la nada. La verdad es siempre el acontecimiento en sí mismo, en su rudeza, en su condición de inevitable. Aunque el fin siempre haya marcado a la humanidad ésta siempre ha echado a suertes su condición. La ha disfrazado de conquistas, revestido de proyectos, adornada de logros y victorias. ¿Cuántos humanos han podido siquiera acceder levemente a la realidad simulada? ¿A cuántos les ha durado? La verdad no necesita exploración sino solo reconocimiento, por muy efímero que sea. El hombre ve que teorizar o exaltar la verdad es tan vano como hacerlo con los demás conceptos absolutos que devienen, de hecho, pasajeros cuando no falsos.   

¿Cree realmente usted, tal como canta su poeta preferido, que la verdad aparece siempre desnuda? Los poetas siempre son de difícil comprensión y usted es un poeta. ¿Qué clase de verdad busca, herr Gustav? Porque yo creo que hay una verdad aparente y otra descarnada. Yo misma puedo estar ofreciéndole ambas. Usted saca los apuntes de aquello que le parece bello y sensual en mi cuerpo, pero ¿se le ha ocurrido pensar que dentro de mí bulle otra realidad menos apacible y atractiva que la que usted se apropia con sus ojos? Si mientras poso emergiera mi verdad oculta no vería a una mujer entregada, sino al rostro vivo del desasosiego. Tal vez usted ya lo sospechaba, pero no es lo que desea ver. Usted no podría concebir el erotismo si yo le manifestara inquietud y disgusto. Al elegir la exaltación del placer solo busca representar la materia bruta de los cuerpos. Lo que los cuerpos y sus poseedores sufran en esta vida le resulta ajeno. Como no es algo estético no viene a cuento reflejarlo, debe pensar. Siga insistiendo en ahondar en mi cuerpo y sus lados desconocidos. No le daré pistas, acaso logre ir más allá de lo aparente. Mi verdad perentoria es que necesito mantenerme en este trabajo. Yo también he aprendido algo que dijo su poeta: si no puedes agradar a todos con tus acciones y tu arte, agrada a unos pocos. Mis dos verdades se reconcilian al ser la mujer de sus bocetos. ¿Me cree? Hoy no voy a dejar que se vaya con malos modales.





jueves, 19 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 10



¿Hay otro territorio en la tierra donde se pase tan velozmente del fuego a la nieve como en el corazón humano? Perdido el calor de sus entrañas aquel hombre tuvo que arrostrar una larga expulsión al erial donde reina la intemperie. Alguien le habló desde los sueños. Siempre será así, no sientas desconsuelo por ello. Pero siempre estarás aprendiendo. Aunque te parezca que repites lo vivido no dejarás de probar como si fuera nuevo el sabor a sal de tu piel. 


La rigidez de las posturas de esta mañana me han dejado baldada. No he entendido bien su exigencia de que tensara tanto el cuerpo, herr Gustav. Con lo que a usted le gustan las posiciones más dinámicas. ¿Pretendía captar en mí alguna expresión que le hubiera pasado desapercibida anteriormente? Al extender al límite mis extremidades en direcciones opuestas, ¿le he parecido más angular o más plana? Me ha preocupado el silencio que ha mantenido durante un buen rato. Usted me observaba y yo no le quitaba ojo. Con su parada pretendía disimular el nerviosismo. No parecía avanzar en su esbozo. Me preocupé cuando, mirándole de refilón, vi que rompía varios de sus pliegos y tiraba los lápices. Con lo caros que tienen que costar. Si me hubiera dicho algo, acaso un movimiento mío se lo hubiera aclarado. Pero no me ha dejado. Me quería yerta, ni viva ni muerta, como si estuviera esperando a que se rompiera mi propio equilibrio. ¡Le intuía tan obsesionado por localizar lo que usted llama el epicentro de mi simetría!  Y no ha querido enseñarme lo que ha hecho. Su excusa: que estaba sin terminar. Pero señor, ¡si todos los bocetos son trabajos inconclusos! Debería haberme dicho al menos que la sesión no ha sido en vano. Encima me ha dejado allí plantada y se ha ido de mal humor.    




miércoles, 18 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 9




A veces un iluminado con intenciones metafísicas le espeta: ¿no siente usted necesidad de trascender? Y entonces él responde: yo trasciendo todos los días y a todas horas. No, no, le responde el otro. Me refiero si usted no cree en la trascendencia más allá de este mundo. Entonces el hombre explota en una risa natural. Hace mucho tiempo que dejaron de interesarme las trascendencias ultraterrenales y las verborreicas promesas de salvación adjuntas. Pero usted reduce sus posibilidades, le insiste el otro, no ve más allá. Entonces él se irrita. Déjeme a mí medir mis posibilidades, valorar las probabilidades, decidir sobre mis visiones y habitar las fronteras del sueño. He adorado suficientes ídolos para saber que el amor no es otra cosa que una de las expresiones violentas y efímeras de la naturaleza insatisfecha.

¿Por qué me retiene tanto tiempo, herr Gustav? Ya hace meses que diariamente vengo por su estudio y usted no parece cansarse de mí. He oído que anteriormente había cambiado con frecuencia de modelos. Y ha hecho dibujos espléndidos de todas ellas. ¿Qué perseguía para obsesionarse con tanta variación? ¿No respondían ellas a lo que usted buscaba o es que acaso su mirada también ha evolucionado? Mire que soy una modelo parecida a las otras, no sé si me distingo en algo, aunque eso lo tendría que decir usted. En el último boceto los contornos grisáceos de otros días los modificó por una intensidad de tonos sepias en ciertas zonas de mi cuerpo. Cuando le pregunté la razón me dijo que se le había acabado el lápiz normal y que tuvo que echar mano de otro color. Luego rió, mientras se le ponía un pícaro rubor en las mejillas. La pinté en sepia, y bajó la voz pero no la firmeza, para interpretar su calor. La retengo de modelo porque no sé si alguna de las modelos anteriores irradiaban como usted lo hace. Pero no piense en ello, me recomendó. Aunque le respondí que de acuerdo, que no lo haría, la verdad es que no he dejado de dar vueltas a lo que me dijo.




martes, 17 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 8



Quien no conoce sus emociones y, además, se avergüenza de ellas está despreciando un tesoro. Al hombre siempre le repugnó que únicamente contaran como subsidiarias del individuo laboral y social, lo que se llamaba antes el hombre recto. Tampoco estuvo nunca por la labor de asumir, a contrapelo de su personalidad, los sentimientos y afectos como simples complementos. Y se negó una y otra vez a desvirtuar los pasos marcados por sus sentidos, y a renegar de la fecundidad de las sensaciones, pues cada vez veía con más claridad que el orden no es sino una bufonesca coartada de la vida que no se debe vivir. De ahí que nunca lamentara ni los riesgos por conocer otros territorios ni el precio exigido incluso por lo que no se alcanza. Había llegado a la conclusión de que poner a prueba las manifestaciones de libertad de lo más profundo de uno mismo es ya un modo de satisfacción y plenitud.

Ya veo que no se ha sorprendido de mis objeciones, herr. Eso significa que me conoce más de lo que yo pensaba. Me complace que sea así. A cambio, y no obstante su carácter oscilante, le garantizo que seré discreta. Mi profesionalidad, ¿se dice así?, como modelo durante todos estos años me ha enseñado a respetar las instrucciones que me da el artista. La compenetración entre el maestro y la modelo es una condición fundamental para que usted pueda hacer lo que busca y yo para sentirme útil para usted. No voy a negar que esa armonía o, mejor dicho, el entendimiento que hay entre nosotros a veces quiere dar saltos arriesgados. Yo se lo noto a usted en la manera que tiene de dirigirse a mí en ocasiones aisladas, sobre todo tras esas noches de las que se queja que pasó en blanco. Soy una mujer abierta, herr Gustav, y solo me cierro para protegerme ante los intentos de imponerse alguien a mí. Pasaron aquellos tiempos en que algunos trataron, con mañas turbias, de extorsionarme, de aprovecharse de mí sin que yo lo consintiera. Entienda, por lo tanto, mi pudor como un arma no solo de defensa física sino estética. Me costó lo mío hacer ver que no por ser mujer tenía que estar a tiro del mejor postor masculino. Pero qué cosas le digo. Si usted me ha elegido y nuestro vínculo de trabajo se mantiene desde hace tanto tiempo es porque usted lo ve de la misma manera. Sé lo que quiero y me decido a elegir cuando un hombre me acepta en mi independencia. ¿Se ha bloqueado, herr Gustav? No se quede mirándome como bobo, nada va contra usted. Más bien es esa actitud distante en la que se ha puesto la que le impide percibir mi cercanía.

   


lunes, 16 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 7



















Viene descubriendo desde hace tiempo que lo que hace al hombre no es solo el manejo de lo considerado hábil en el sentido de útil. No bastan las manos, no basta una dirección práctica de la mente, no es suficiente un aprendizaje basado en la necesidad de supervivencia y en las pautas colectivas. Ni siquiera la organización productivista de la sociedad  resuelve la capacidad innata del individuo, la cual debe desarrollarse sin cortapisas. Sabe bien de cómo la inteligencia de las emociones, la respuesta de lo sensorial y la fecundidad de los sentimientos son lenguajes que se alían para practicar una habilidad provechosa. Al hombre aquellas vivencias, sobre cuyo perfil aún no sabe bien si fue vigilia o ensoñación profunda, lejos de hacerle sucumbir le dotaron de conocimiento. El fuego se reinventa para obtener el calor perdido, pero también para avanzar en la oscuridad. Y, sobre todo, para forjar el metal con el que arar la propia superficie yerma de uno mismo.

Me lo hizo pasar un poco mal ayer, herr Gustav. Ese empeño suyo en dibujar dos cuerpos entrelazados me cogió por sorpresa. Creo que a Erika también. Naturalmente, si usted no supiera cómo se rinde mi pudor ante la manifestación artística y sus exigencias no me lo hubiera propuesto. Aunque, y ahora que el desenlace no me pareció tan terrible, lo sentí como un mandato. El resultado de nuestro abrazo lo ha representado usted de manera bastante cauta, lo cual evitará malas interpretaciones en caso de que le enseñe el boceto a alguno de sus colegas. No obstante, su habitual delicadeza, herr Gustav, y entienda cierta molestia por mi parte, no pudo reprimir aquella pregunta , afortunadamente confidencial y discreta, acerca de las sensaciones de ambas mientras posábamos en brazos la una de la otra. Si no le tuviera tanta admiración como respeto me habría marchado airada. Así que considere el silencio y la sonrisa torcida con que me despedí como un gesto pacífico de buena voluntad para seguir ambos con el trabajo, usted con sus creaciones y yo con mis exposiciones. Como me ha dicho en tantas ocasiones, nos debemos mutuamente. Creo que sabrá mantener la prudencia en el futuro, como hasta ahora la había observado.




sábado, 14 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 6



















Hay días en que se pregunta si aquel sueño de la conciencia mereció la pena haber sido vivido. Y él mismo se contesta: por qué no. No tener ¿es lo mismo que perder? Creyó tener y no lamenta la propia sugestión, si solo fue eso. Aquello a lo que se acerca uno, aunque no se llegue, marca. Toda propuesta, aunque no se materialice en un logro, afirma. Un anhelo, aun disfrutado en un estado medio onírico, compensa. De qué manera se afinaron las miradas del hombre ante el paisaje helado. Tuvo que aprender de nuevo a inventar el fuego. Porque las emociones y los sentimientos siempre son hábiles y no conocen caducidad.

No me lo hubiera creído. Si no le viera trasladar mi cuerpo al pliego limpio, primero con su mirada y a continuación con su mano, no imaginaría de lo que es capaz, herr Gustav. ¿Cómo puede ser tan hábil a esa velocidad? ¿Cómo puede ser tan exacto cuando coloca las superficies planas y los recovecos de la mujer sobre el papel? Y sin embargo usted me ha dicho muchas veces que cada dibujo es un recorrido distinto. Y que soy yo quien en realidad lo dibuja, que usted es un mero mensajero de mis poses y mis contornos. Usted me halaga, no se quite mérito. Ahora entiendo por qué me pide, a veces de manera contradictoria cuando no precipitada, que cambie de posición. Si estoy expandida con los brazos y las piernas de pronto usted da una orden opuesta, invitándome al recogimiento, como si estuviera aún a punto de nacer. Busca el momento adecuado para dibujar los espacios en movimiento de un cuerpo. Me hizo tanta gracia el último esbozo de ayer. Rompió, para mi sorpresa, su costumbre de utilizar un solo color. En ese boceto todos mis perfiles iban en el tono de su lápiz habitual, pero salva con colores diferentes a tres regiones de mi cuerpo. Mi boca carmín, mis pezones rosáceos, mi pubis castaño. ¿Me vi diferente porque usted me había acostumbrado ya con sus imágenes a ser de otra manera? ¿Acaso ésta me devolvía a la que era antes de que usted me conociera? Lo pensaba a punto del sueño. Ciertamente nunca sabe una lo cambiante que puede ser su propia imagen hasta que llega alguien y te incentiva. Pero un artista como usted va más allá. Hace que me sienta como dos mujeres.


viernes, 13 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 5


















Leer la existencia también supone un intercambio. Dos lectores de la vida no comienzan desde un punto de partida idéntico cuando se encuentran. La lectura no está dictada de antemano. Los aprendizajes difieren y las exigencias varían en calidad e intensidad. ¿Tiene la llamarada que les hace salir de su afasia suficiente capacidad ígnea para mantener un calor y además avivar una luz que descubra el camino? Ay, el impacto del azar, qué deslumbrante es al principio pero cómo oculta lo quebradizo. Ahí el hombre no quería ver sino el día a día de una lectura que aparentaba ser común pero que acaso nunca había traspasado la distancia del efecto sorpresa.

Herr Gustav, ¿siempre deja sin terminar los dibujos que hace de mí? ¿O es que me ve como una mujer inacabada? No, no me conteste, prefiero indagarlo yo. Si me permite, le diré que hay dos posiciones de su modelo que me parecen especialmente interesantes. Una cuando dice que eche la cabeza hacia atrás, como si perdiera la conciencia y me desvaneciera. Y otra cuando usted me reclama que le mire, algo así como si estuviera a punto de la seducción, pero a la vez haciendo el esfuerzo de evitar sugerencias y negando que le estuviera viendo. Extraña propuesta de la que usted acaba siempre sacando unos rostros que se evaden, a veces unas miradas que buscan ser respondidas, unas extremidades que se distienden, unos torsos inquietos que no me hubiera imaginado jamás que formaran parte de mí, unas pelvis que se abren generosas como la luz de un puente sobre el Donau. Dígame, ¿ojea con frecuencia el cartapacio cuando está solo, herr Gustav? ¿Repasa las imágenes para corregirlas o con vista a proponer nuevas perspectivas que su lápiz sea capaz de plasmar?




miércoles, 11 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 4













Mientras duró aquel tiempo de ensoñación se sintió unificado. Desde su dispersión anterior había mutado a una centralidad que le estabilizaba. Como si de pronto hubiera nacido de nuevo pero ya madurado plenamente. Obviando que uno nunca se hace de manera total, ni se hará, porque construirse es la afirmación de un instante, y descomponerse es lo duradero. Porque el misterio de la vida, y no hay otro, es comprobar que esa constante marcha no es sino un hacerse y deshacerse tomándose el relevo. Hasta que los cuerpos se ajan y las energías se agotan, y ya no hay más camino. Pero entonces él no pensaba así. En él se había abierto una lectura de la vida, en parte deseada, en parte prometida, en parte imaginaria, que le engulló. 

Ya ve lo que hago por usted, y cada día con mayor confianza. Me gusta la delicadeza que tiene al decirme que me ponga de lado o que me incline sobre mí vientre o que me quede bocabajo recogiendo una de mis piernas. No me espanta cuando me pide que sea yo misma; como si no te mirase, como si no estuviera yo aquí, suele decirme. Por mi parte no es simple obediencia de modelo en este caso. Entiendo que usted debe captar lo íntimo de una mujer para que el arte valga. Aunque si le soy sincera prefiero que sus trazos den a entender más que revelen abiertamente. Pero no tenga en cuenta lo que digo, herr Gustav. Usted tiene, debe más bien, que entrar al detalle de las líneas sinuosas, a veces temblorosas, y hasta agitadas, de mi cuerpo. Así usted aprende más, avanza en su creación y, a cambio, yo me siento más agradecida. Por la noche, ya en casa recordaba estas sesiones de trabajo, llegando a la conclusión de que soy una privilegiada. Que usted no me roba nada a mí y, por el contrario, con sus dibujos me perfecciona. ¿Lo cree?


martes, 10 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 3



















Pero todo lo escrito con la inquietud de sus emociones y sus afectos durante aquellos meses le habían servido para saber más de sí mismo. ¿Saber o manifestarse? Acaso fuera lo mismo, pues al revelarse con aquel empeño con que llenaba las horas del día y fustigaba las de la noche, que deseaba cortas, veía dimensiones interiores que no había tocado interiormente. Todo era tan distante en el espacio como cercano en aquel apasionamiento, que aun siendo efímero resultó ser extremadamente sincero.

No se irrite conmigo, herr, si hablo tanto. Compréndame. No olvido que una de las cláusulas de este trabajo de posar para usted es que permanezca lo más callada posible y en las maneras que usted me solicite. Ya ve que mi cuerpo se adapta a sus indicaciones, pero es tanto mi asombro por su habilidad para reflejarme en el papel y la fidelidad con que me reproduce que me cuesta estar en silencio. Permítame que dé salida a este nerviosismo que me recorre. Nadie me había atendido jamás como usted, pues esa distancia que hay entre nuestros cuerpos se reduce gracias a su talento y, como usted a veces me ha dicho, por mi acopladora actitud. ¿Cree usted, herr, que esos dibujos existirán siempre? Espero que en su cordura esté mantenerlos y que usted y otros como usted se maravillen. Por ahí se dice que cierta autoridad pretende prohibirle la difusión de alguno de estos bocetos en la revista que hacen. No le haga caso, yo le autorizo a que mi cuerpo acompañe esas ansias, ¿cómo las llama usted?, estéticas que a mí me cuestan comprender, pero que intuyo a medida que veo lo que sale de sus lápices. No haga caso a los censores que ven pecado y fealdad en todo lo que es vida, y salve su obra, herr Gustav. Hágalo por mí.