.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 27 de febrero de 2017

Primera plana (versión Gutiérrez Solana)




Me pregunto qué hay de costumbrista, qué de sátira y cuánto de crónica social en las pinturas carnavalescas de José Gutiérrez Solana. Esta es la versión autorizada del hombre oficial ante uno de los cuadros del fantástico pintor. 

El unívoco otro individuo que mora en mí dice que lo que hay es solamente juego, y que ya es bastante lo que explicita por sí mismo. Si el juego es contenido, dice el versado principal, démosle cancha.

El equívoco y revoltoso que también pasa a ratos por mi cuerpo afirma que ahí se refleja el país mismo y, además, insiste, sin disfrazarse. La versión oficial desautoriza esta interpretación y acusa al equívoco de maquiavélico, algo que no está penado, que yo sepa, de momento. 

El tipo multívoco que pugna por asentarse entre mi sangre y mi piel da un sentido profundo y casi ultra terrenal a la pintura de Carnavales de Gutiérrez Solana. Basándose en ciertas ideas nonatas se pone exégeta y dice ver en ella el florecimiento de lo plurinacional, feliz aviso de la próxima primavera, más allá de los cantonalismos al uso oral, que no convencidos ni convincentes. Ni el equívoco, ni el unívoco ni el sesudo intérprete oficial comparten este criterio, simplemente por metafísico. Por lo tanto, ni lo consideran serio.

¿Qué será, entonces, la pintura de José Gutiérrez Solana donde se refleja la tradición carnavalesca de una sociedad que no sale de concebir la vida sino como carnaval?  Esta pregunta la formula el homo consensus que a veces se revela dentro de mí en una tertulia entre los distintos y ya citados personajes que me habitan.




9 comentarios:

  1. La mejor obra de arte es esa, la que apela al receptor, no la que se muere en sí misma.
    ¿Hay algo más serio que el juego?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si es el sentido de algo más relativo, y por lo tanto más verdadero, pues no.

      Eliminar
  2. Tan solo viví y por supuestísimo me disfracé para una verdadera fiesta de carnaval, el día 15/6/1972, el de mi boda. Embutida en un peculiar traje blanco y de lana para dar la nota. Resultaba inevitable porque en ello me jugaba la supervivencia digna de los míos amen de la propia. Afortunadamente he vivido lo suficiente como para saldar las deudas que patrones biológico-culturales imponían y acabar rasgando disfraces. Ahora calzo uno invisible porque la sociedad solo ve lo que se le adocena para ver y de dicha circunstancia me beneficio. La fortuna debe labrarse con paciencia, pero no demasiados lo comprenden `por más que alguien se empeñe en demostrarlo mediante obras y ejemplos diversos. Acabo de encontrar una imagen muy apropiada para ese homo tertuliano consensus, por cierto, circunstancia normal y más que necesaria dentro de la educación social recibida.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vaya confesión libre de prejuicios, enhorabuena. Si solo hubiera una fecha para el disfraz y el resto de parafernalia...Pero ¿no es la misma cotidiana vida la que nos lleva a colocarnos máscaras y trajes y uniformes y poses que son solo la distracción? La existencia debe ser eso, vivir la distracción, fantasear sin saber en qué somos y en qué no sabemos ser.

      Eliminar
    2. No es confesión sino descripción, hermano. Mi mejor amiga, muy mundana ella, de la que aprendí el arte de mundanear, que por cierto me pareció atrozmente necesario, se sorprendía al comprobar mi comportamiento anti mundano precisamente y por no disponer de puñetero morbo ni prejuicio que lo alimentara. Tan solo el convencimiento desde la infancia que los mayores eramos tontos e incongruentes y que cuando me tocara serlo no debería olvidarlo. A que se comprende mejor el instinto solitario?
      Analicemos en el término "entretener".
      Cada "yo" dentro de cada quien dispone de su propio plano de acción. La clave debería ser encontrar una coherencia subyacente a través de todos los planos o yoes, tanto mas da, aunque superficialmente parezcan la mar de diferentes según conveniencia puntual.
      Sobre esta cuestión versara mi testamento novelado, al menos eso pretendo.

      Eliminar
    3. No dejes el testamento para el penúltimo día, jej.

      Eliminar
  3. Las celebraciones de carnaval me las tomo como una astracanada social. No me gustan los desfiles carnavalesco y solo me disfracé en el colegio por imperativo monjil.
    El verdadero carnaval es el que nos rodea, todo el año. Carnaval de la gente que va de lo que quisiera ser y no es;gente que va de lo que le obligan para ganarse el pan y así, tontería es disfrazarse de cualquier cosa para echar unas risas, falsas y por compromiso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Recuerdo que en mi infancia no se conocía tal evento en mi ciudad. Mi madre pronunciaba como recuerdo y secretismo la palabra carnaval en voz tenue, como cuando se mencionaba a la República o a los rojos o a la Pirenaica. Como había sido una tradición en España, antes de la guerra civil, pues en la Democracia orgánica, je, se rescató como símbolo de liberalización. Muchos no hemos tenido espíritu carnavalesco nunca y bastante nos hemos disfrazado en nuestr vida laboral o bajo las represiones políticas y sociales adversas. Para gente joven, ya sabes, cualquier motivo es para agarrar y divertirse a su modo.

      Eliminar
    2. Amaltea, adjunto un buenísimo comentario de Sánchez-Ostiz hoy en su blog:

      https://vivirdebuenagana.wordpress.com/2017/02/28/martes-de-carnaval/

      Eliminar