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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 24 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. Y 13
















Cómo podía imaginar el hombre que iba a quedar desatada para siempre la cinta grana de aquel libro, náufraga a través de su memoria. 

¿Dice que me obsequia el cartapacio? Me deja sin palabras. Con la labor y el tiempo empleados en esos dibujos ¿quiere dármelos? No está bien. Usted los necesitará para avanzar en sus trabajos, herr Gustav. Para madurar obras más completas. Ha sido un tiempo largo de gestación, y el cartapacio es como su hijo. ¿O acaso el hijo de ambos? Es lo que nos ha unido durante semanas y, de pronto, quiere que me quede con él. Además me dice que todos los apuntes que estuvo tomando de mi cuerpo desde el primer día han sido como actos de amor. Le responderé con sinceridad. Nunca me habían amado de manera tan extraordinaria. Usted ha llevado todos los recovecos de mi cuerpo al papel. Si esta es la hora de las confidencias, herr, no nos cortemos. Acaso usted pensaba siempre que mis poses eran simples respuestas a sus indicaciones. ¿Cree de verdad que yo dormitaba plácidamente cuando usted me exigía una quietud total? ¿Me veía abstraída tras pedirme que no pensase en nada? Cuando ahogaba mis suspiros, ¿de verdad llegó a creer que se me habían agarrotado los músculos? Cuando se me cortaba el aliento y le decía que se me comprimía el esternón, ¿le sonaba a verdadero? Usted ahí enfrente, pergeñando sus apuntes sin darse cuenta de que cada vez que marcaba mis contornos sobre el papel yo lo sentía como si los dibujara en mi piel. Ah, pero no me diga que esto del regalo es solo la manera diplomática que tiene de prescindir de mis servicios. No, herr Gustav. Si me echa, no aceptaré el cartapacio. O peor aún, haré con sus dibujos barquitos de papel para que bajen por el Donau y los peces naveguen en cientos de cuerpos diferentes de mujer.




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