martes, 31 de enero de 2017

Ahora no toca, ahora sí toca



A veces no se sabe si no haber bajado del árbol es tradición festiva o simple obcecación de grey que no ha aprendido aún a caminar. Pero estar toda la camada asentando el culo en la misma rama amenaza ruina, como bien daba a entender  Goya, que nada tenía de politólogo y mucho de conocedor de sus paisanos. Aunque tal parece que al corro de paisanos les va mucho sobrecargar un espacio habiendo otros espacios que pueden ser más acogedores y menos condescendientes para la ley de Newton. No sé si en esa misma metáfora de la rama habrá fundamentado su discurso catastrofista cierto ínclito ex presidente del Gobierno que hace unos días hablaba, con su particular enfoque apocalíptico, de que España está débil, decaída y se desvertebra. Uno, que piensa que el país jamás ha estado vertebrado, ni siquiera bajo la vara del tosco pastor de turno, y que las escasas posibilidades de que lo estuviera fueron abortadas intencionadamente, ya no se sorprende que desde cualquier ángulo del esperpéntico panorama político se siga cambiando de asiento...pero sobre la misma rama. Unos pretenden vertebrarse por su cuenta fundando un Estado que nunca han tenido antes, aunque sea un Estado al cincuenta por ciento. Otros andan más callados pero no me extrañaría que dándole vueltas a la manera de retomar sus veleidades milenaristas. Otros fundándose ¿o acaso refundándose? en base a aquellas generalizadas y respaldadas protestas cívicas conocidas como de los indignados del 15M, que trataron de capitalizar para sus fines, aun a costa de descafeinarlas y dejarlas en aguachirle. Otros, enarbolando aún sus cien años de historia ya obsoleta, desprestigiados por sus propios incumplimientos, afirmándose en la demagogia de lo prioritario ("ahora no tocan elecciones, ahora toca España", oigo decir con voz marcial y lenguaje redicho, a otra ínclita presidenta, esta vez del sur y en vigor) Y los que nos gobiernan, aun en minoría, y por defecto de la carencia de oposición sólida y sensata, no van más allá de repetir sin mayor argumento lo de que España es una gran nación mientras no siguen otras órdenes que las que dimanan de las autoridades europeas y del Banco Mundial (la Casa Blanca en la sombra, como siempre) Tampoco ellos son capaces de demostrar qué es realmente España, y del tópico no salimos. ¿Será solo un conglomerado de tribus, peñas, cuadrillas y cofradías que estamos aquí para pasarlo lo mejor posible si nos dejan? En definitiva, que todos, ellos, los que pontifican y se lo llevan entero, y nosotros, los que renegamos o bien asentimos, seguimos el curso de los días contándonos los cuentos no al calor del hogar sino sobre una rama que no sabemos lo que dará de sí. ¿Sería mucho pedir un poco de imaginación a la ciudadanía y ver el árbol entero y su ramaje y no cada cual solo su rama de primate?


Nota Bene. En absoluto estas letras simplonas pretenden ser análisis de nada y sí un mero desahogo, pero claro ¿quién está haciendo análisis certeros y, sobre todo, que transmitan serenidad y perspectiva fundamentada a los indígenas?  Por cierto, gracias genial Francisco, por dejarme prestado uno de tus caprichosos disparates. Pero bien mirado, ¿disparate algo tan sesudo? Goya era único.



lunes, 30 de enero de 2017

We the people




...pero ante las reacciones de un sector de la población se impone también nuestro reconocimiento a ellos, esa parte de la ciudadanía que no quiere que el documento fundacional sea papel mojado, esa ciudadanía híbrida en su formación constante, esa ciudadanía que tantas veces calla pero que cuando habla nos recuerda a todos lo mejor del país, esa humanidad con luces y sombras, que se ha dejado manipular unas veces pero que se ha alzado otras para derribar presidentes, esa ciudadanía presa de la propia traducción de sus sueños, que no quiere respaldar con silencios las barbaries cometidas en su nombre en el pasado, que quiere estar despierta y vigilante, que no desea verse envuelta en la mentira institucional, que parece tener voluntad de encarar los problemas de modo menos expeditivo y bestial, no obstante las dudas que siempre genera el poder hasta ahora hegemónico de su Estado, hoy debemos maravillarnos, aunque el fenómeno resultara efímero, de estas conductas cívicas y antiautoritarias encabezadas fundamentalmente por mujeres...sí, soy un idealista y parece que quiero ver solo el lado luminoso de un país difícil, pero esa gente que sale a la calle, y ya sabemos que también en los USA se paga un precio por la expresión, merece nuestra admiración, no solo nuestra sorpresa...





sábado, 28 de enero de 2017

In God we trust




...esa sensación de que el Estado de Estados se está convirtiendo por mor de su Gobierno electo en un suburbio de pendencieros, donde poco a poco va reinando la traición a sus propios principios, el delito encubierto de legalidad, la chabacanería de un sector hortera de su población elevada a categoría de sistema de obligado acatamiento, el arrinconamiento del diferente, el desprecio a todo el resto del inmenso continente que queda de Río Bravo para abajo, el odio al extranjero, el pánico al que piensa con otras perspectivas, ese Imperio por excelencia imponiendo la prohibición, impidiendo la llegada a los que han puesto en la lista negra, promoviendo formas agudas de castigo, justificando la tortura, negando las verdades, desacreditando la libertad de expresión de los medios, síntoma de posibles futuros ataques a los derechos civiles, ignorando los grandes problemas medioambientales como si fuera una invención de los malos, acechando a los patrocinadores de ciudades refugio, creando enemigos entre los que no son de su cuerda por doquier, en lugar de fomentar lazos y diálogo, sus autoridades henchidas de orgullo mediocre convirtiéndose día a día en pandilleros, protegiendo la cultura matona del Far West que decía un hombre un arma, desmontando cual gamberros las obras positivas que el anterior presidente había encauzado, esa sensación de que avivan fantasmas que se remontan al siglo XIX, importándoles un cuerno que la sociedad esté dividida al cincuenta por ciento por lo menos, el modelo que instauran atrayendo a los moscardones más reaccionarios y viles de Europa...conductas que no desatan sino malas sensaciones, peores vibraciones, funestas consecuencias a causa de las cuales todo puede precipitarse por el mal camino y el camino acabar a corto plazo en abismo, acaso ya intuyen que su God no era tan de fiar, es decir su moneda todopoderosa, sus deudas que acabaremos pagando el resto del planeta, esta sensación de que todo va deprisa deprisa y confuso confuso y que las oligarquías de uno y otro lado del océano pueden verse arrastradas a jugar a caballo ganador, al mejor postor, y si no, al tiempo, mientras el destino se vuelve turbio y nosotros más siervos...





miércoles, 25 de enero de 2017

Medias verdades sobre el cartapacio de Herr Gustav




Del asunto del cartapacio de herr Gustav no lo he contado todo, ni todo lo que he dicho era verdad. La modelo nunca llegó a hacer barcos de papel con sus páginas y aunque el Danubio le pillaba al lado prefirió que los esbozos llegaran a mis manos a través del Rhin. Ignoro cómo ríos tan distantes tuvieron que ver en el viaje y destino de los dibujos. Es curioso cómo se produce el rumbo cambiante de las geografías cuando los seres humanos entran en acción. No es que desplacen el medio natural exactamente, aunque lo modifiquen en cierta forma, cada vez más incisiva según vamos comprobando. Pero la presencia de humanos, no importa dónde habiten o migren estos, genera nuevas geografías cuyas coordenadas son emocionales, sensoriales e incluso afectivas. Altitudes y latitudes, meridianos y paralelos, trópicos o hemisferios, que afianzan, siquiera de manera efímera, localizaciones imprevistas e inimaginables. Siempre he considerado que los vínculos que establecen los individuos, o bien sus tentativas de aproximación, asientan territorios no menos físicos sobre los naturales o sobre los constituidos anteriormente en forma de urbe. Un símil sublime. Si un individuo es una ciudad, no importa que sea modesta, dos seres pueden constituir megalópolis. La riqueza interior de dos personas les atrae y les hace rechazarse en la medida en que descubren sus propio potencial independiente. De la historia entre el artista y la modelo, y hay muchas narraciones al respecto no solo sobre este caso sino en general en el ámbito de la actitividad artística, no es lo más reseñable que un relativo azar les pusiera en contacto. Lo más interesante fue de qué manera posó el uno para la otra durante varias semanas, acaso meses. Sí, no solo era la modelo la que exhibía su personalidad ante el artista, y no era únicamente el cuerpo lo que mostraba permanentemente para que el otro ejecutara sus apuntes. Así mismo el abnegado creador de imágenes, desde su mutismo laboral y entregado, también proporcionaba un determinado tipo de pose a la mujer. Cómo llegaron a sentir el uno sobre el otro y a hablar con el lenguaje de las pasiones, aun manteniendo las apariencias que les exigía respetar límites o, al menos, impedir que trascendieran sus sentimientos mutuos, es algo que apenas conozco vagamente.     





martes, 24 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. Y 13
















Cómo podía imaginar el hombre que iba a quedar desatada para siempre la cinta grana de aquel libro, náufraga a través de su memoria. 

¿Dice que me obsequia el cartapacio? Me deja sin palabras. Con la labor y el tiempo empleados en esos dibujos ¿quiere dármelos? No está bien. Usted los necesitará para avanzar en sus trabajos, herr Gustav. Para madurar obras más completas. Ha sido un tiempo largo de gestación, y el cartapacio es como su hijo. ¿O acaso el hijo de ambos? Es lo que nos ha unido durante semanas y, de pronto, quiere que me quede con él. Además me dice que todos los apuntes que estuvo tomando de mi cuerpo desde el primer día han sido como actos de amor. Le responderé con sinceridad. Nunca me habían amado de manera tan extraordinaria. Usted ha llevado todos los recovecos de mi cuerpo al papel. Si esta es la hora de las confidencias, herr, no nos cortemos. Acaso usted pensaba siempre que mis poses eran simples respuestas a sus indicaciones. ¿Cree de verdad que yo dormitaba plácidamente cuando usted me exigía una quietud total? ¿Me veía abstraída tras pedirme que no pensase en nada? Cuando ahogaba mis suspiros, ¿de verdad llegó a creer que se me habían agarrotado los músculos? Cuando se me cortaba el aliento y le decía que se me comprimía el esternón, ¿le sonaba a verdadero? Usted ahí enfrente, pergeñando sus apuntes sin darse cuenta de que cada vez que marcaba mis contornos sobre el papel yo lo sentía como si los dibujara en mi piel. Ah, pero no me diga que esto del regalo es solo la manera diplomática que tiene de prescindir de mis servicios. No, herr Gustav. Si me echa, no aceptaré el cartapacio. O peor aún, haré con sus dibujos barquitos de papel para que bajen por el Donau y los peces naveguen en cientos de cuerpos diferentes de mujer.




domingo, 22 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 12






















Cómo le rechina al hombre el ruido antiguo disfrazado de novedoso. Ese ruido que habla de nueva era, nuevo mundo, nuevas naciones. ¿Qué tiene de nueva la vieja palabrería? ¿No ha sido suficiente tanta farsa en el pasado que devino en drama y desgracia para millones de pobladores? Y aún se vuelven a invocar los mitos más mezquinos. Si el mundo estaba desarreglado, ¿cabe esperar su corrección de mano de los mismos que contribuyeron a su caos? 

Deje el gato de una vez, herr Gustav, o se nos pasará el tiempo de la sesión. Si pretende reforzar ante mí la imagen de su personalidad sosteniendo el animal en su regazo no lo logrará. ¿Sabe que los gatos mejor pintados los vi una vez en una exposición de arte japonés que pusieron en el Palacio Stoclet? Seguro que también usted pasó por allí. Cuando vi aquellos animales, que dicen que pertenecían al mundo flotante de sus colegas orientales, los retuve en la retina, sin que pudiera desprenderme de ellos. Durante muchos días no veía las caras de la gente del vecindario ni de mis amigos ni de la Academia ni de usted mismo. O les ponía a todos ellos el rostro de aquellos gatos. Tenía la sensación de que habían tomado el relevo a las máscaras a las que estaba acostumbrada cotidianamente. Sucumbí ante la belleza de la especie. Escudriñaba el mundo por sus ojos y nada veía del mismo modo. No se esfuerce, herr. Su mirada a veces atraviesa más que la de los felinos, pero no tiene la misma serenidad. Y yo busco sobre todo calma, un estar sin estar, si es que fuera posible. ¿No dice nada? Creo que hoy va a ser un día en blanco, usted sabrá. No sé qué pinto aquí.



sábado, 21 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 11






















No se trata de dar vueltas a si la única verdad es la reducción a la nada. La verdad es siempre el acontecimiento en sí mismo, en su rudeza, en su condición de inevitable. Aunque el fin siempre haya marcado a la humanidad ésta siempre ha echado a suertes su condición. La ha disfrazado de conquistas, revestido de proyectos, adornada de logros y victorias. ¿Cuántos humanos han podido siquiera acceder levemente a la realidad simulada? ¿A cuántos les ha durado? La verdad no necesita exploración sino solo reconocimiento, por muy efímero que sea. El hombre ve que teorizar o exaltar la verdad es tan vano como hacerlo con los demás conceptos absolutos que devienen, de hecho, pasajeros cuando no falsos.   

¿Cree realmente usted, tal como canta su poeta preferido, que la verdad aparece siempre desnuda? Los poetas siempre son de difícil comprensión y usted es un poeta. ¿Qué clase de verdad busca, herr Gustav? Porque yo creo que hay una verdad aparente y otra descarnada. Yo misma puedo estar ofreciéndole ambas. Usted saca los apuntes de aquello que le parece bello y sensual en mi cuerpo, pero ¿se le ha ocurrido pensar que dentro de mí bulle otra realidad menos apacible y atractiva que la que usted se apropia con sus ojos? Si mientras poso emergiera mi verdad oculta no vería a una mujer entregada, sino al rostro vivo del desasosiego. Tal vez usted ya lo sospechaba, pero no es lo que desea ver. Usted no podría concebir el erotismo si yo le manifestara inquietud y disgusto. Al elegir la exaltación del placer solo busca representar la materia bruta de los cuerpos. Lo que los cuerpos y sus poseedores sufran en esta vida le resulta ajeno. Como no es algo estético no viene a cuento reflejarlo, debe pensar. Siga insistiendo en ahondar en mi cuerpo y sus lados desconocidos. No le daré pistas, acaso logre ir más allá de lo aparente. Mi verdad perentoria es que necesito mantenerme en este trabajo. Yo también he aprendido algo que dijo su poeta: si no puedes agradar a todos con tus acciones y tu arte, agrada a unos pocos. Mis dos verdades se reconcilian al ser la mujer de sus bocetos. ¿Me cree? Hoy no voy a dejar que se vaya con malos modales.





jueves, 19 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 10



¿Hay otro territorio en la tierra donde se pase tan velozmente del fuego a la nieve como en el corazón humano? Perdido el calor de sus entrañas aquel hombre tuvo que arrostrar una larga expulsión al erial donde reina la intemperie. Alguien le habló desde los sueños. Siempre será así, no sientas desconsuelo por ello. Pero siempre estarás aprendiendo. Aunque te parezca que repites lo vivido no dejarás de probar como si fuera nuevo el sabor a sal de tu piel. 


La rigidez de las posturas de esta mañana me han dejado baldada. No he entendido bien su exigencia de que tensara tanto el cuerpo, herr Gustav. Con lo que a usted le gustan las posiciones más dinámicas. ¿Pretendía captar en mí alguna expresión que le hubiera pasado desapercibida anteriormente? Al extender al límite mis extremidades en direcciones opuestas, ¿le he parecido más angular o más plana? Me ha preocupado el silencio que ha mantenido durante un buen rato. Usted me observaba y yo no le quitaba ojo. Con su parada pretendía disimular el nerviosismo. No parecía avanzar en su esbozo. Me preocupé cuando, mirándole de refilón, vi que rompía varios de sus pliegos y tiraba los lápices. Con lo caros que tienen que costar. Si me hubiera dicho algo, acaso un movimiento mío se lo hubiera aclarado. Pero no me ha dejado. Me quería yerta, ni viva ni muerta, como si estuviera esperando a que se rompiera mi propio equilibrio. ¡Le intuía tan obsesionado por localizar lo que usted llama el epicentro de mi simetría!  Y no ha querido enseñarme lo que ha hecho. Su excusa: que estaba sin terminar. Pero señor, ¡si todos los bocetos son trabajos inconclusos! Debería haberme dicho al menos que la sesión no ha sido en vano. Encima me ha dejado allí plantada y se ha ido de mal humor.    




miércoles, 18 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 9




A veces un iluminado con intenciones metafísicas le espeta: ¿no siente usted necesidad de trascender? Y entonces él responde: yo trasciendo todos los días y a todas horas. No, no, le responde el otro. Me refiero si usted no cree en la trascendencia más allá de este mundo. Entonces el hombre explota en una risa natural. Hace mucho tiempo que dejaron de interesarme las trascendencias ultraterrenales y las verborreicas promesas de salvación adjuntas. Pero usted reduce sus posibilidades, le insiste el otro, no ve más allá. Entonces él se irrita. Déjeme a mí medir mis posibilidades, valorar las probabilidades, decidir sobre mis visiones y habitar las fronteras del sueño. He adorado suficientes ídolos para saber que el amor no es otra cosa que una de las expresiones violentas y efímeras de la naturaleza insatisfecha.

¿Por qué me retiene tanto tiempo, herr Gustav? Ya hace meses que diariamente vengo por su estudio y usted no parece cansarse de mí. He oído que anteriormente había cambiado con frecuencia de modelos. Y ha hecho dibujos espléndidos de todas ellas. ¿Qué perseguía para obsesionarse con tanta variación? ¿No respondían ellas a lo que usted buscaba o es que acaso su mirada también ha evolucionado? Mire que soy una modelo parecida a las otras, no sé si me distingo en algo, aunque eso lo tendría que decir usted. En el último boceto los contornos grisáceos de otros días los modificó por una intensidad de tonos sepias en ciertas zonas de mi cuerpo. Cuando le pregunté la razón me dijo que se le había acabado el lápiz normal y que tuvo que echar mano de otro color. Luego rió, mientras se le ponía un pícaro rubor en las mejillas. La pinté en sepia, y bajó la voz pero no la firmeza, para interpretar su calor. La retengo de modelo porque no sé si alguna de las modelos anteriores irradiaban como usted lo hace. Pero no piense en ello, me recomendó. Aunque le respondí que de acuerdo, que no lo haría, la verdad es que no he dejado de dar vueltas a lo que me dijo.




martes, 17 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 8



Quien no conoce sus emociones y, además, se avergüenza de ellas está despreciando un tesoro. Al hombre siempre le repugnó que únicamente contaran como subsidiarias del individuo laboral y social, lo que se llamaba antes el hombre recto. Tampoco estuvo nunca por la labor de asumir, a contrapelo de su personalidad, los sentimientos y afectos como simples complementos. Y se negó una y otra vez a desvirtuar los pasos marcados por sus sentidos, y a renegar de la fecundidad de las sensaciones, pues cada vez veía con más claridad que el orden no es sino una bufonesca coartada de la vida que no se debe vivir. De ahí que nunca lamentara ni los riesgos por conocer otros territorios ni el precio exigido incluso por lo que no se alcanza. Había llegado a la conclusión de que poner a prueba las manifestaciones de libertad de lo más profundo de uno mismo es ya un modo de satisfacción y plenitud.

Ya veo que no se ha sorprendido de mis objeciones, herr. Eso significa que me conoce más de lo que yo pensaba. Me complace que sea así. A cambio, y no obstante su carácter oscilante, le garantizo que seré discreta. Mi profesionalidad, ¿se dice así?, como modelo durante todos estos años me ha enseñado a respetar las instrucciones que me da el artista. La compenetración entre el maestro y la modelo es una condición fundamental para que usted pueda hacer lo que busca y yo para sentirme útil para usted. No voy a negar que esa armonía o, mejor dicho, el entendimiento que hay entre nosotros a veces quiere dar saltos arriesgados. Yo se lo noto a usted en la manera que tiene de dirigirse a mí en ocasiones aisladas, sobre todo tras esas noches de las que se queja que pasó en blanco. Soy una mujer abierta, herr Gustav, y solo me cierro para protegerme ante los intentos de imponerse alguien a mí. Pasaron aquellos tiempos en que algunos trataron, con mañas turbias, de extorsionarme, de aprovecharse de mí sin que yo lo consintiera. Entienda, por lo tanto, mi pudor como un arma no solo de defensa física sino estética. Me costó lo mío hacer ver que no por ser mujer tenía que estar a tiro del mejor postor masculino. Pero qué cosas le digo. Si usted me ha elegido y nuestro vínculo de trabajo se mantiene desde hace tanto tiempo es porque usted lo ve de la misma manera. Sé lo que quiero y me decido a elegir cuando un hombre me acepta en mi independencia. ¿Se ha bloqueado, herr Gustav? No se quede mirándome como bobo, nada va contra usted. Más bien es esa actitud distante en la que se ha puesto la que le impide percibir mi cercanía.

   


lunes, 16 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 7



















Viene descubriendo desde hace tiempo que lo que hace al hombre no es solo el manejo de lo considerado hábil en el sentido de útil. No bastan las manos, no basta una dirección práctica de la mente, no es suficiente un aprendizaje basado en la necesidad de supervivencia y en las pautas colectivas. Ni siquiera la organización productivista de la sociedad  resuelve la capacidad innata del individuo, la cual debe desarrollarse sin cortapisas. Sabe bien de cómo la inteligencia de las emociones, la respuesta de lo sensorial y la fecundidad de los sentimientos son lenguajes que se alían para practicar una habilidad provechosa. Al hombre aquellas vivencias, sobre cuyo perfil aún no sabe bien si fue vigilia o ensoñación profunda, lejos de hacerle sucumbir le dotaron de conocimiento. El fuego se reinventa para obtener el calor perdido, pero también para avanzar en la oscuridad. Y, sobre todo, para forjar el metal con el que arar la propia superficie yerma de uno mismo.

Me lo hizo pasar un poco mal ayer, herr Gustav. Ese empeño suyo en dibujar dos cuerpos entrelazados me cogió por sorpresa. Creo que a Erika también. Naturalmente, si usted no supiera cómo se rinde mi pudor ante la manifestación artística y sus exigencias no me lo hubiera propuesto. Aunque, y ahora que el desenlace no me pareció tan terrible, lo sentí como un mandato. El resultado de nuestro abrazo lo ha representado usted de manera bastante cauta, lo cual evitará malas interpretaciones en caso de que le enseñe el boceto a alguno de sus colegas. No obstante, su habitual delicadeza, herr Gustav, y entienda cierta molestia por mi parte, no pudo reprimir aquella pregunta , afortunadamente confidencial y discreta, acerca de las sensaciones de ambas mientras posábamos en brazos la una de la otra. Si no le tuviera tanta admiración como respeto me habría marchado airada. Así que considere el silencio y la sonrisa torcida con que me despedí como un gesto pacífico de buena voluntad para seguir ambos con el trabajo, usted con sus creaciones y yo con mis exposiciones. Como me ha dicho en tantas ocasiones, nos debemos mutuamente. Creo que sabrá mantener la prudencia en el futuro, como hasta ahora la había observado.




sábado, 14 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 6



















Hay días en que se pregunta si aquel sueño de la conciencia mereció la pena haber sido vivido. Y él mismo se contesta: por qué no. No tener ¿es lo mismo que perder? Creyó tener y no lamenta la propia sugestión, si solo fue eso. Aquello a lo que se acerca uno, aunque no se llegue, marca. Toda propuesta, aunque no se materialice en un logro, afirma. Un anhelo, aun disfrutado en un estado medio onírico, compensa. De qué manera se afinaron las miradas del hombre ante el paisaje helado. Tuvo que aprender de nuevo a inventar el fuego. Porque las emociones y los sentimientos siempre son hábiles y no conocen caducidad.

No me lo hubiera creído. Si no le viera trasladar mi cuerpo al pliego limpio, primero con su mirada y a continuación con su mano, no imaginaría de lo que es capaz, herr Gustav. ¿Cómo puede ser tan hábil a esa velocidad? ¿Cómo puede ser tan exacto cuando coloca las superficies planas y los recovecos de la mujer sobre el papel? Y sin embargo usted me ha dicho muchas veces que cada dibujo es un recorrido distinto. Y que soy yo quien en realidad lo dibuja, que usted es un mero mensajero de mis poses y mis contornos. Usted me halaga, no se quite mérito. Ahora entiendo por qué me pide, a veces de manera contradictoria cuando no precipitada, que cambie de posición. Si estoy expandida con los brazos y las piernas de pronto usted da una orden opuesta, invitándome al recogimiento, como si estuviera aún a punto de nacer. Busca el momento adecuado para dibujar los espacios en movimiento de un cuerpo. Me hizo tanta gracia el último esbozo de ayer. Rompió, para mi sorpresa, su costumbre de utilizar un solo color. En ese boceto todos mis perfiles iban en el tono de su lápiz habitual, pero salva con colores diferentes a tres regiones de mi cuerpo. Mi boca carmín, mis pezones rosáceos, mi pubis castaño. ¿Me vi diferente porque usted me había acostumbrado ya con sus imágenes a ser de otra manera? ¿Acaso ésta me devolvía a la que era antes de que usted me conociera? Lo pensaba a punto del sueño. Ciertamente nunca sabe una lo cambiante que puede ser su propia imagen hasta que llega alguien y te incentiva. Pero un artista como usted va más allá. Hace que me sienta como dos mujeres.


viernes, 13 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 5


















Leer la existencia también supone un intercambio. Dos lectores de la vida no comienzan desde un punto de partida idéntico cuando se encuentran. La lectura no está dictada de antemano. Los aprendizajes difieren y las exigencias varían en calidad e intensidad. ¿Tiene la llamarada que les hace salir de su afasia suficiente capacidad ígnea para mantener un calor y además avivar una luz que descubra el camino? Ay, el impacto del azar, qué deslumbrante es al principio pero cómo oculta lo quebradizo. Ahí el hombre no quería ver sino el día a día de una lectura que aparentaba ser común pero que acaso nunca había traspasado la distancia del efecto sorpresa.

Herr Gustav, ¿siempre deja sin terminar los dibujos que hace de mí? ¿O es que me ve como una mujer inacabada? No, no me conteste, prefiero indagarlo yo. Si me permite, le diré que hay dos posiciones de su modelo que me parecen especialmente interesantes. Una cuando dice que eche la cabeza hacia atrás, como si perdiera la conciencia y me desvaneciera. Y otra cuando usted me reclama que le mire, algo así como si estuviera a punto de la seducción, pero a la vez haciendo el esfuerzo de evitar sugerencias y negando que le estuviera viendo. Extraña propuesta de la que usted acaba siempre sacando unos rostros que se evaden, a veces unas miradas que buscan ser respondidas, unas extremidades que se distienden, unos torsos inquietos que no me hubiera imaginado jamás que formaran parte de mí, unas pelvis que se abren generosas como la luz de un puente sobre el Donau. Dígame, ¿ojea con frecuencia el cartapacio cuando está solo, herr Gustav? ¿Repasa las imágenes para corregirlas o con vista a proponer nuevas perspectivas que su lápiz sea capaz de plasmar?




miércoles, 11 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 4













Mientras duró aquel tiempo de ensoñación se sintió unificado. Desde su dispersión anterior había mutado a una centralidad que le estabilizaba. Como si de pronto hubiera nacido de nuevo pero ya madurado plenamente. Obviando que uno nunca se hace de manera total, ni se hará, porque construirse es la afirmación de un instante, y descomponerse es lo duradero. Porque el misterio de la vida, y no hay otro, es comprobar que esa constante marcha no es sino un hacerse y deshacerse tomándose el relevo. Hasta que los cuerpos se ajan y las energías se agotan, y ya no hay más camino. Pero entonces él no pensaba así. En él se había abierto una lectura de la vida, en parte deseada, en parte prometida, en parte imaginaria, que le engulló. 

Ya ve lo que hago por usted, y cada día con mayor confianza. Me gusta la delicadeza que tiene al decirme que me ponga de lado o que me incline sobre mí vientre o que me quede bocabajo recogiendo una de mis piernas. No me espanta cuando me pide que sea yo misma; como si no te mirase, como si no estuviera yo aquí, suele decirme. Por mi parte no es simple obediencia de modelo en este caso. Entiendo que usted debe captar lo íntimo de una mujer para que el arte valga. Aunque si le soy sincera prefiero que sus trazos den a entender más que revelen abiertamente. Pero no tenga en cuenta lo que digo, herr Gustav. Usted tiene, debe más bien, que entrar al detalle de las líneas sinuosas, a veces temblorosas, y hasta agitadas, de mi cuerpo. Así usted aprende más, avanza en su creación y, a cambio, yo me siento más agradecida. Por la noche, ya en casa recordaba estas sesiones de trabajo, llegando a la conclusión de que soy una privilegiada. Que usted no me roba nada a mí y, por el contrario, con sus dibujos me perfecciona. ¿Lo cree?


martes, 10 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 3



















Pero todo lo escrito con la inquietud de sus emociones y sus afectos durante aquellos meses le habían servido para saber más de sí mismo. ¿Saber o manifestarse? Acaso fuera lo mismo, pues al revelarse con aquel empeño con que llenaba las horas del día y fustigaba las de la noche, que deseaba cortas, veía dimensiones interiores que no había tocado interiormente. Todo era tan distante en el espacio como cercano en aquel apasionamiento, que aun siendo efímero resultó ser extremadamente sincero.

No se irrite conmigo, herr, si hablo tanto. Compréndame. No olvido que una de las cláusulas de este trabajo de posar para usted es que permanezca lo más callada posible y en las maneras que usted me solicite. Ya ve que mi cuerpo se adapta a sus indicaciones, pero es tanto mi asombro por su habilidad para reflejarme en el papel y la fidelidad con que me reproduce que me cuesta estar en silencio. Permítame que dé salida a este nerviosismo que me recorre. Nadie me había atendido jamás como usted, pues esa distancia que hay entre nuestros cuerpos se reduce gracias a su talento y, como usted a veces me ha dicho, por mi acopladora actitud. ¿Cree usted, herr, que esos dibujos existirán siempre? Espero que en su cordura esté mantenerlos y que usted y otros como usted se maravillen. Por ahí se dice que cierta autoridad pretende prohibirle la difusión de alguno de estos bocetos en la revista que hacen. No le haga caso, yo le autorizo a que mi cuerpo acompañe esas ansias, ¿cómo las llama usted?, estéticas que a mí me cuestan comprender, pero que intuyo a medida que veo lo que sale de sus lápices. No haga caso a los censores que ven pecado y fealdad en todo lo que es vida, y salve su obra, herr Gustav. Hágalo por mí.



domingo, 8 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav. 2



















Al ir a deshacer aquel nudo los dedos del hombre se demoraron con torpeza, confusos. Dudaba al abrir el cartapacio. ¿Qué saldría de él? ¿Suspensión o caída? Tal vez la suerte estaba echada y todo lo que iba a quedar entre sus manos serían los bocetos de un tiempo que había terminado.

Qué ocurrencia la suya, herr Gustav, al pedirme que me coloque en distintas posturas. ¿Me enseñará después lo que dibuja? Jamás he tenido pudor en conceder favores de otra clase a muchos hombres, pero estar ante alguien que toma mi cuerpo para ponerlo en unos papeles me hace sentir extraña. Dígame que no los hará correr por ahí, que sólo son para usted, para sus trabajos y, si quiere, para deleitarse en ellos. No le voy a ocultar que me gustaría que mis amigas vieran esos dibujos, ya que tanto presumen de estar con académicos o con señores de la alta sociedad. Pero esos tipos no les dan sino lo ajustado, cuando no desprecio. Para mí lo que usted llama bocetos es como un premio. Sus miradas me tocan de una manera que no me resulta ajena y en absoluto violenta. Por cierto, cuando me dibuja, ¿me ve natural? No sé si se ha dado cuenta de que hago todo lo posible por mostrarme como soy. Si es capaz de dibujarme no solo cuando le ofrezco mis perfiles sino captando también mis sensaciones me emocionará, ¿sabe?



sábado, 7 de enero de 2017

El cartapacio de Herr Gustav



















Cómo podía saber el hombre que al tirar de la cinta carmesí de aquel libro iban a volar las breves pero más entregadas páginas de su enigmática vida.

Herr Gustav, disculpe, pero ¿debo aparentar que duermo o tengo que estar despierta mientras usted toma apuntes de mi cuerpo? Hace frío y si tarda me entrará la tiritona y no dejaré de toser. No quiero acabar como otras. Lo pactado era que posase un rato, no que usted se enajenara con sus pensamientos y fantasías mientras yo permanezco a la intemperie. Mire, ya sé que me paga bien, pero si no se da prisa perderá a su modelo favorita. No querrá, ¿verdad? Sé que otras chicas esperan con ansia el relevo. Posar para un pintor que sabe captar como nadie a la mujer en su intimidad provoca muchas envidias. Tampoco quiero dar a las demás satisfacción. Y usted dejaría de aprender de mi cuerpo. No sería lo mismo. Así que termine pronto su esbozo, se lo ruego. Más tarde, si usted quiere podemos solazarnos los dos y libar un rato de ese aguardiente tosco y penetrante que tanto le gusta. El invierno es duro.



jueves, 5 de enero de 2017

Érase una vez un polluelo





Érase una vez un polluelo que dicen que fue atacado por otro polluelo que se acercó con malas artes, al que venció en un combate acaso desigual. Cuando el polluelo atacante estaba en el suelo ya reducido e indefenso, sin que constituyera peligro alguno, el polluelo defensor en lugar de entregarlo a sus gallos superiores le mató por las buenas.Algunos dirán que a sangre fría aunque conociendo a cierta clase de polluelos la sangre la tendría caliente con lo peor que puede tener la sangre: el miedo y el odio. Peleas de polluelos así como de gallos y quién sabe si también de gallinas debe haberlas todos los días. Más en aquellos territorios que unos usurparon a otros porque era designio de Jehová, naturalmente a través de los aliados vencedores en la Segunda Guerra Mundial. Peleas donde corre la sangre y todo sigue igual. De las que nadie se entera y acaban con las vidas, la convivencia y el futuro pacífico. Pero el día en que el polluelo de nuestra historia cometió aquel acto innoble de no ser generoso con el enemigo cierto artilugio al que denominan cámara, en manos de un defensor de los derechos humanos y cívicos, grabó la incidencia. Entonces el polluelo fue reconvenido por las leyes de sus superiores y llevado ante los tribunales. La ley del Talión  y la ley del Derecho suelen jugar con frecuencia una difícil y oscura partida en el país elegido por Jehová. Esta vez el polluelo no ha podido escapar a la ley normal de los tiempos modernos y el tribunal correspondiente le ha declarado culpable de homicidio, en lugar de justificar el acto o de mirar para otro lado. Queda por ver qué sentencia le aplican, pues ya el Gallo mayor del Estado ha solicitado el indulto, que para eso el polluelo se ha criado bajo sus alas.

Y ahí las fotos tan tiernas, donde la familia, la tribu (ignoro cuál de todas las de aquel pueblo), su madre clueca protegiendo al pequeño, su tía clueca, su novia deslumbrada por el valeroso, los amigos y camaradas entusiasmados, todos, en fin, arropan entre carantoñas, besos, abrazos, mimos y sonrisas al polluelo. Y éste, tan ufano y valiente, porque ya se sabe que disponer de un arma proporciona valor a cualquier matador. Y colorín colorado, el cuento, uno de tantos miles que tienen lugar en la autodenominada tierra prometida, se ha casi acabado. 



(Fotos de El País y de la NBC)


martes, 3 de enero de 2017

John Berger




¿Quién será capaz de subir ahora a su bicicleta? ¿O acaso también ha ido con él a la nada?

"La lengua
         es la primera hoja de la columna vertebral
bosques de lenguaje la rodean
como un topo
         la lengua
abre madrigueras en la tierra del habla

como un pájaro
         la lengua
vuela en arcos de palabra escrita.

La lengua está amordazada y sola en la boca"



Dibujo y poesía Palabras de John Berger, que murió ayer.





lunes, 2 de enero de 2017

Nuevo look, look retro





















Año nuevo, look viejo, muy viejo. No me mires así, dice Max. Cada vez estoy más retro. Yo le digo, pero ¿vade retro Satanás? El ríe con una sonrisa que normalmente oculta y que cuando el rostro se le ilumina ocupa sus mofletes, ahonda los hoyos de sus carrillos, distiende las venas de su cuello. Hoy todo es Satanás, no lo olvides. Aunque los mitos consagran personajes duales, siempre se impone uno, bastante luciferino, por cierto. ¿También el ángel caído cambia de look, eh Max? Bah, ríe, el ángel caído es un maniqueo, ha sobrevivido a la muerte de su creador, ya ni juega a tomar su puesto. Tal vez porque siempre supo que el puesto de la condena era vitalicio y cómodo. Max llega extrovertido, irónico. Se pone a mirar mis papeles y a teclear en mi ordenador. ¿Te has pasado el Día del Año haciendo el tonto en lo virtual?, me la tira. Anda, ¿y esto que escribes?, arriesga. Cada vez más sensible, ya veo. Molesto por su indiscreción desenchufo el cable de un tirón, le pongo hocico. Es lo que quería, y lo dice y lo repite cantando, mientras hunde el sacacorchos en una botella de malbec argentino Callejón del crimen que le han regalado. Ya te dije, dice. Nuevo look para el oleaje cotidiano de nuestras vidas.



(Fotografía de Pierre Imans)


sábado, 31 de diciembre de 2016

Os deseo feliz Dostoievski




"- ¿Le gustan los niños?
 - Me gustan  -contestó Kirillov, aunque con bastante indiferencia.
 - Entonces, ¿ama usted la vida?
 - Sí, amo la vida, ¿y qué?
 - Si ha decidido pegarse un tiro...
 - Y ¿qué? ¿Por qué lo une? La vida es una cosa y eso es otra cosa. La vida es, pero la muerte no es, en absoluto.
 - ¿Ha empezado a creer en una futura vida eterna?
 - No, no en una vida futura y eterna, sino en una vida eterna aquí. Hay ciertos momentos, uno alcanza esos momentos, y el tiempo súbitamente se detiene y será eterno.
 - Espera usted alcanzar uno de esos momentos?
 - Sí
 - Eso apenas es posible en nuestro tiempo -replicó despacio y como abstraído Nikolái Vsévolodovich también sin ninguna ironía-.  En el Apocalipsis el ángel jura que ya no existirá el tiempo.
 - Lo sé. Eso es muy cierto; preciso y exacto. Cuando todo hombre alcance la felicidad. el tiempo dejará de existir, porque no será necesario. Una idea muy cierta.
 - ¿Dónde lo meterán?
 - No lo meterán en ninguna parte.El tiempo no es un objeto,sino una idea. Se extinguirá en el pensamiento.
 - Los viejos lugares comunes de la filosofía, siempre los mismos desde el principio de los tiempos  -murmuró Stavroguin con cierta lástima desdeñosa".


Fiódor M. Dostoiesvki, hoy aún tan vivo. El párrafo adjunto está tomado de Los demonios, edición de Alba Clásica, traducción de Fernando Otero.

Deseo para todos los que me soportáis día a día en este blog de caprichos y ocurrencias no más que cuantos deseos y aspiraciones tengáis cada cual para vosotros mismos cara a 2017. 






(Las imágenes son trabajos de papel del artista Juan Ángel Cantalapiedra)

viernes, 30 de diciembre de 2016

0,25





0,25

por cien es la subida de las pensiones por parte del Gobierno para 2017. No sé si reír o carcajearme. No sé si quejarme de los canallas o de los tontos. Y pensar que miles de pensionistas les dieron el voto...Conclusión:


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miércoles, 28 de diciembre de 2016

El grato aroma de las dedicatorias de libros




Eran viejos tiempos en que al regalarnos entre amigos un libro acostumbrábamos a dedicárnoslo. Escribíamos unas líneas con un afán que sospecho más meritorio de lo que habría en una firma convencional de autor. A través de un pequeño texto pretendíamos trasladar al otro una muestra de contento por la amistad, de generosidad por las aportaciones mutuas, de sorpresa por nuestros descubrimientos, literarios o de cualquier otra clase, de comunicación de nuestros gustos o de estímulo para afrontar un futuro que, en prácticamente todos los casos, intuíamos que consistía en alejarnos los unos de los otros. Lo que nunca imaginábamos entonces es que gran parte de aquellas separaciones serían definitivas, algunas incluso se diluirían en el olvido, varias en el dolor de la pérdida luctuosa y solamente unas pocas quedarían encerradas en nuestras secretas estancias emocionales, sin prestarlas habitualmente tampoco mayor atención. De vez en cuando uno toma un libro para alguna consulta o para releer y llega la sorpresa de encontrarse con que la primera página no ofrece palabra del autor sino del devoto obsequiante. Es en ese momento cuando el interés por el libro queda en segundo plano y se impone el recuerdo y, consecuentemente, la nostalgia. Imágenes en las que te recreas. Tal corro de amigos, una actividad voluntaria en un programa radiofónico, vinculaciones de inquietudes comprometidas con causas utópicas, lugares de encuentro y debate donde nos descubríamos unos a otros y cada uno para sí mismo, situaciones duras en que el riesgo se imponía pero la honestidad se fortalecía, y tantos afectos abiertos y desinhibidos que nos vigorizaban y cargaban de ilusiones. Es curioso el asunto. Si uno se pregunta qué libro le dedicó tal amigo o familiar no lo recuerda en un noventa y nueve por cien de los casos. Si, por el contrario, uno toma por azar un libro que trae dedicatoria personal entonces se precipita el amigo, el grupo, el entorno, las situaciones. Por eso aprecio aquel ejercicio, hoy tan en desuso, en que se elegía un libro según nuestro gusto y criterio y, además, añadíamos unas letras fervorosas para el receptor. Alguna vez he pensado en buscar libros que tengo por ahí con dedicatorias. Como puro capricho. Pero prefiero que sea la casualidad la que de pronto me ponga de nuevo en las manos una frase bonita o un texto entregado. Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, se inicia con los versos conocidos de P. Aelius Hadrianus Animula vagula, blandula...que tanto me han gustado toda mi vida. Unos versos en los que yo mismo me he reconocido y con los que aún me emociono. Cuando leo la dedicatoria del libro que me regaló aquella mujer a la que arrastré a mi pequeño mundo de actividades periodísticas, no profesionales, me doy cuenta del grado de clarividencia con que está escrito hace casi cuarenta años. Adriano vivía en un mundo que se deshacía y su voz se perdía en medio de los gritos sin renunciar nunca, dice. ¿Cómo puede permanecer este mensaje tan vivo en estos momentos? ¿Cómo puede ver uno su imagen en el espejo de esta manera? Tal vez los tiempos no han cambiado, pero uno sí que ha cambiado respecto a sus esperanzas ilusas de juventud.


  

martes, 27 de diciembre de 2016

Busque, compare y si encuentra diferencias es que usted ve mal





No son solo niños, son algo más. En un caso se trata de una propiedad con futuro asegurado. En otro la perversa verdad de un extravío, una errancia provocada, la incertidumbre. Un niño y otro niño, tan opuestos, ¿están como están ahí, en su estatus elevado y en su condición de subsuelo, por azar divino? Y aún hay quienes dan por extinguidas las clases sociales. ¿Qué temen? Como si mencionar el término escondiera el concepto. Como si el concepto fuera apestoso. Como si solamente se tratara de una categoría de selección de las especies, sin mayor trascendencia. Como si las clases fueran residuos del pasado que no vuelven, cuando más bien no se han ido. Los políticos de la confusión aparcan la consideración de la realidad. Entonces, esas imágenes de niño príncipe y niño sin hogar, ¿dónde encajan? La intelectualidad española tiene sus límites y pocos se mojan. Los aprendices de brujo que juegan con tibieza a gobernar el Estado ¿creen que negarse a llamar al pan, pan y al vino, es lo más acertado? Apenas se insiste en las causas de los males sociales, salvo de pasada. No se oye plantear alternativas ni ofrecer respuestas claras. Entonces, ¿para qué sirve la política? Bien, son preguntas de un incauto sin solución. Vean estas fotos, comparen, busquen si hay diferencias y quédense solo con la imagen de unos niños encantadores. Después vayan al oculista. O pregunten a la miopía de su ética interior.

Hernán Zin, director argentino, ha realizado una película titulada Nacido en Siria que habrá que ver, por si se nos había olvidado que las clases sociales existen, degeneran, unas se elevan y otras se deprimen hasta límites inconcebibles en pleno siglo XXI de no sé qué era de la insensibilidad.

NB. Acabo de leer que Rusia ha probado 160 tipos de armas en la guerra siria y que foguea a sus pilotos. ¿No recuerda esto la matanza de Guernica? ¿Es para ser optimistas?




(La primera foto es de El País, la otra la tomo de El Confidencial)


domingo, 25 de diciembre de 2016

Vagabundos somos y en la errancia nos encontraremos




Entra Max, madrugador como de costumbre, para ponerme en aviso. Estamos perdidos, me dice con tono irónico y exagerado. Toda la vida intercambiando lecturas como si nos protegiesen y va un escritor vivo y me dice que leer es lo más vagabundo. ¿Qué te creías?, le respondo siguiendo su juego. En la medida en que leer hace y deshace en nuestras vidas nos convierte en vagabundos. Es que me ha gustado el término que ha empleado, dice Max. Para muchos sonará fuerte y despectivo, para otros a metáfora, incluso habrá quien prefiera el vocablo errante. Pero vagabundo es materialmente correcto. Si quieres pronuncia errabundo, que fonéticamente acompaña mejor la dureza de la vida. Considerémonos, pues, vagabundos, no solo nos desplazamos persiguiendo seguridades limitadas, sino que las misereamos. Somos estúpidamente propensos, continúa, a registrar las palabras con sumo cuidado, no sea que quedemos en entredicho. Por aquello de que ciertas connotaciones de unos términos u otros las acercan o las descalifican a nuestra capacidad mental para admitirlas. Será parte de la manía de leer, le puntualizo. Leer no es precisamente orden ni estructura, sino retorno al caos de nuestro interior. Ese lugar recóndito donde nos ponemos a prueba, sobre todo de manera inconsciente. Max se muestra hoy agudo pero condescendiente: un lugar de tormento cuyo punto de dolor es precisamente que emerge la conciencia. Cuando lees algo y saltas sorprendido con una expresión tal como esto me pasa a mí. O bien: así que esto otro era lo que una vez yo había visto y no había comprendido. Cuando no se trata de un yo quiero vivir lo mismo que están viviendo estos personajes. La literatura nos acerca a territorios ignotos y nos aleja de ciénagas en las que nos hemos pringado. Nos previene incluso del propio poder de seducción de cuanto leemos, ¿no crees? No puedo llevar la contraria a Max pues, aunque diferentes en muchos enfoques sobre los acontecimientos y experiencias, nos acercamos en la pugna por desentrañar lo imposible. Y pensar que los hombres pudieron vivir y superarse antes de las palabras, le digo. Hace miles de años los seres humanos eran tan vagabundos o más que nosotros, replica mi amigo. Con esto no quiero decir que ahora haya menos cosas por descubrir, pues nos siguen rodeando enigmas de dimensión incalculable. Nuestra fe en las palabras siempre fue un cuchillo de doble filo. Nos han servido para vencer temores y a la vez nos han hundido en ellos. ¿Dependerá de quiénes las hayan pronunciado?, le pregunto. En parte, asevera Max. La propiedad sobre la palabra ha sido siempre poder. Lo sigue siendo, más aún con nuevos sistemas de expresión nunca soñados antes. Pero nuestra intimidad personal existe todavía para elegir y para decidir, le digo. Puede ser, pero muchos ya la están abandonando o dejándola en manos de los nuevos señores de la palabra. Anda, ofréceme un vaso de ese puro merlot que guardas por ahí.     



(Fotografía de Peter Cornelius)



viernes, 23 de diciembre de 2016

Franz Schubert + Wilhelm Müller + Ian Bodstridge = Winterreise





"No puedo, para el viaje,
elegir el momento:
solitario en la sombra
he de encontrar mi norte.
Me acompaña tan sólo
el perfil de la luna
y, en los campos nevados,
las huellas de las bestias".


Wilhelm Müller. Winterreise, Viaje de invierno.

(Con el acompañamiento visual de una imagen de Caspar David Friedrich)






miércoles, 21 de diciembre de 2016

Un christma para la Merry Christmas




Estos días me estoy dedicando a enviar los tradicionales christmas. Que quienes los reciban me disculpen porque el de este año no sea un gif. No es que la técnica no lo permita sino que la actitud del personaje de la imagen no es precisamente de gif, sino todo lo contrario. ¿Hay algo más contra natura que un niño quieto, que no juega, que no revuelve, que no respira, que no dice ni mú? Pues bien, el niño de la fotografía está paralizado por el terror, como se informó en su día. Así que de todos los temas navideños pletóricos de paz, amor y felicidad he elegido éste, simplemente por casualidad. No había mucho diferente donde elegir en el mercado de imágenes bellas. Y las de Vogue me parecían tan artificiosas, ya se sabe, excesivo photoshop. La pose del niño que sacaron de los escombros causados por un bombardeo en Siria no necesita tratamiento alguno. Es tan auténtica como atroz. Mi amigo Max, que ve belleza hasta en el horror, y está siempre al quite, me sugiere con amarga ironía que titulemos la imagen como la belleza del shock. Luego, Max pone cara de dolor contenido. O acaso de rabia.



miércoles, 14 de diciembre de 2016

Resulta que la verdadera Piedad era esto, en Alepo




¿De verdad alguien piensa que esta imagen es una perfomance? ¿De verdad que alguien cree que se sitúa en Guernica, Coventry, Dresde, Stalingrado o Berlín, por citar lugares que se citan como ejemplos de devastaciones totales de la Europa pura y casta? Devastaciones que no son las únicas, pero citar las de países africanos o asiáticos no sonaría y ya se sabe que lo que no suena no es noticia, según los cánones de los que fabrican las noticias. ¿De verdad que la imagen no representa Arte? Arte de la vida y de la muerte. Arte de los eternos vencidos, para quienes lo cromático se reduce a un solo color, el de la roja sangre. O el de las lágrimas, que son transparentes cuando son sinceras y negras cuando se trata del lloriqueo de cocodrilo de las autoridades occidentales. Aquí no hay Arte de exaltación teísta, pues ya se sabe que los dioses y los héroes no resuelven el eterno problema del dolor, por más que se hayan levantado imágenes que lo cantan para catequesis de las Iglesias, o palabras para perpetuación del resto de religiones monoteístas. Aquí hay otro Arte. Arte del horror y de la impiedad. La impiedad de unos ha generado la sufridora Piedad de otros, como es el caso. Resulta que después de tanta iconografía románica o gótica, de Van der Weyden o de Miguel Ángel, de Carracci o de Gregorio Fernández, la vera Pietà, la verdadera Piedad era esto. La de carne y hueso, la de la pérdida sin salvación y menos sin redención, la de la devastación de urbes, la de la impunidad de la mano negra que ha destruido vida. No tiene la belleza de las esculturas y los cuadros que subliman, y toda sublimación es también una ocultación, acontecimientos de dudosa existencia histórica. Aquí un padre, no una madre, sujeta al hijo muerto. No llevan vestiduras elegantes, sino de bazar chino. No aparecen limpios, están desastrados. Ni siquiera se sientan guardando formas. Es una Piedad sin compostura estética, así que no se recreen en el dúo. El verdadero dolor no tiene belleza. O la belleza reside precisamente en la compasión, en resistir y sobreponerse a la impotencia, en la reivindicación de la vida ante una muerte que no devolverá al hijo. 

La imagen se tomó hace un tiempo en Alepo, sobre una de las miles de situaciones que allí han vivido. Porque la ciudad ya no existe. Llevan solo cinco años y medio de guerra en Siria, se habla de 300.000 muertos, de 12 millones de personas sin hogar y de no sé cuántos miles de desplazados...Profesores de Historia del Arte, directores de museos, teólogos de lo inexistente, conserven las obras simbólicas de sus Piedades que, al fin y al cabo, son trabajos realizados por hombres y heredados por la Historia,  aunque no pasen de ser perfomances estáticas. Que hablan de otras dimensiones, aunque la dramaturgia que llevan incorporada se esfuerce en hacernos creer que el dolor auténtico está en ellas. Porque lo desdichadamente humano, y entiendan si quieren, es esto otro. ¿También diría Magritte sobre la fotografía de Alepo que esto no es una Piedad? Le daría la razón. No es una Piedad. Es la desgracia de la condición humana.





sábado, 10 de diciembre de 2016

Antonio & Ulrike



(Andrés Serrano)


Conocí a Ulrike y a Antonio hace bastantes años en una célebre galería de arte de Madrid. Sus corpulencias no aparentaban tanto como en la fotografía. Sin embargo los rigores de la imagen no se diluían del todo en la vida real. Por las circunstancias ellos se mostraban afables y receptivos con los invitados a la inauguración de la muestra. Les observé mucho. Cuando no hablaba con alguien Ulrike se quedaba abstraída, y yo me di cuenta de que miraba paisajes interiores que acaso la torturaban. Antonio, por el contrario, y debido a la experiencia de sus años parecía seguir el juego con mayor libertad. En el recorrido de las fotografías hubo pocos comentarios por parte de la comisaria de la exposición, se limitó a especificaciones técnicas, a lo que seguía un silencio de duración alterna, en función de la obra. Como bien dijo la comisaria ante todo se trataba de leer la fotografía y percibir conforme a lo que cada trabajo sugiriera al espectador, para lo cual lo mejor era permanecer callados. Hubo expectación al llegar ante la imagen de Antonio y Ulrike. Parada sin ruidos, mudez, contención de alientos. Ni el mínimo cuchicheo, carencia de sonrisas. Tal vez el roce moderado de los abrigos. Súbita detención de los pasos. Parecía que la sala hubiera quedado desierta. Sí noté cierto grado de iluminación en los rostros de varios espectadores, puede que exponente de una admiración comedida. Ante la fotografía Ulrike no alteró su porte severo y Antonio esbozó un rictus que se me antojó pícaro. Bobada, me dije, deben estar ahítos de verse en el cuadro y acaso fuera del cuadro. Uno de los asistentes, con aspecto de joven contracultural, susurró en mi oído una reflexión. No se engañe, me dijo, no están tan cerca uno de la otra. Entre la cabeza del viejo y el pecho de la venus hay un muro. Calló, para evitar herir la atención de los visitantes. Yo agucé entonces mi mirada en esa confluencia del hombre y de la mujer y tuve la sensación de que ninguno de los dos miraba al otro. Hay un muro visual, pensé, pero ¿existe un límite en la sensación de dos carnes tan diferentes? ¿Sienten la proximidad o realmente se perciben? ¿Le hiere a ella la rugosidad del anciano? ¿Le alivia a él la suavidad de la piel femenina? El gesto de acoger y sentirse acogido, aparentemente tan hierático, ¿no disimulará un contacto que no debe sobrepasar ese plano? Es una representación clásica, demasiado etérea para ser real, pensé. Ni un murmullo. Nadie osó dirigir la mirada directa a los protagonistas que lentamente se apartaban del grupo, permaneciendo en segundo plano. Los ojos de los presentes recorrían la fotografía, paseaban por los contornos de los cuerpos, trataban en vano de hacer una lectura de deseos, de sentimientos, de emociones. Seguí buscando pistas. ¿Hay en ese tenerse de ambos una solicitud que busca condescendencia?, me pregunté una vez más. Esa quietud aparente, relajada, que parece mantener una distancia, ¿no estará haciendo fluir el lenguaje oculto del amor?, me dio en pesar. Entonces me traicioné y apartándome ligeramente de la gente giré la cabeza buscando a la joven y al anciano. Pero ya no estaban. El joven contracultural que antes me hablara se acercó por sorpresa. ¿Se imagina usted a sí mismo en esa actitud cuando llegue a anciano?, dijo con escaso tacto. Magritte hubiera dicho, le respondí, que eso que aparece en la imagen no es una pareja.



El fotógrafo Andrés Serrano nació en 1950 en Nueva York de padre hondureño y madre cubana. Iniciado primero en la pintura opta más tarde por la fotografía. Paisajes callejeros y líneas de trabajo monográficas en su primera etapa, de los que la serie Fluidos corporales, en la década de los 80, suscitaría escándalo entre el puritanismo estadounidense y religioso. No es ajena a su obra su propia experiencia vital, donde la formación católica, la herencia afrocubana o los aconteceres de la política norteamericana marcan el carácter crítico, no moralizante, de sus trabajos. Su temática se centra fundamentalmente en la figura humana, siendo unas veces simple representación de individuos, otras añadiendo a los personajes elegidos una caracterización, por lo que el baile entre documento y significado simbólico roza con frecuencia lo iconoclasta y una acerva crítica. Se trata de expresar las diferentes manifestaciones de la naturaleza humana  -su condición social, la vida y la muerte, el sexo, la soledad, la desgracia, etcétera.- a través de individuos comunes que encuentra por la calle. Dice a su favor que las fotografías no las manipula y los formatos son amplios, logrando una proyección superior de la intencionalidad por aquello que plasmó su cámara. Ni que decir tiene que ha sido siempre considerado por la reacción ideológica y estética como un chico malo e inmoral. La manera de disponer las figuras, las actitudes de los personajes y el colorido de sus aderezos dicen de su admiración por la pintura de siglos pasados, asaz barroca pero vigorosa.


viernes, 9 de diciembre de 2016

Pleamar




"¡Oh fugitivas ondas, esperad!
¿Por qué no me lleváis con vosotras?"

Luís de Camões



Un hombre se asoma al vestíbulo del océano, donde las aguas audaces ocupan la costa. Contempla lo más lejos que puede, hasta donde ya no ve. La ciudad a su espalda, y con ella colinas, gentes, pasado, catástrofes y reconstrucciones. Un hombre mira donde se pierde la luz y el suave fragor de la pleamar arrulla su adiós. Un hombre pregunta a las olas con el mismo interés con que ha escuchado a los otros hombres con los que hablado. Por unos días un hombre ha exorcizado todos los tedios, ha desplazado quejas corporales, ha relajado sus pensamientos, veloces por costumbre. El hombre volverá a tierra adentro acumulando imágenes, pero también hirviendo en sentimientos, cosechando percepciones. Llevará dentro de sí una pleamar intensa que no olvidará fácilmente. ¿Podrá retener por algún tiempo la luz, la suave humedad, la armonía de las arquitecturas enlazadas, el tono melódico de las voces? No es fácil hacer descripción de una ciudad ni siquiera para uno mismo, pero se ha aproximado. La ciudad ha salido a su camino. Él se ha abierto de par en par a lo inesperado, ha sentido la levedad de sus cuerpos, ha catado la saudade. Para el hombre la saudade es vínculo. Sabe que volverá a la ciudad para sentirla y dejarse envolver como la primera vez.



jueves, 8 de diciembre de 2016

No 4º andar desta casa nasceu...




"...ese episodio de la imaginación a que llamamos realidad".

Fernando Pessoa, de Libro del desasosiego.




¿Nació realmente aquí el poeta? La visitante oriental preguntó a un transeúnte. Este dudó en su respuesta, como si la placa de la fachada fuera imprecisa y no constituyera suficiente prueba. Ahí pone eso, pero no estoy de acuerdo. Quien nació fue fulano de tal y tal, que andando el tiempo fue escritor, de prosa y de verso, de sí mismo y de otros cuantos que él parió. La oriental permaneció perpleja. Solo quiero saber si el célebre escritor de la ciudad nació en esta casa. El poeta no nació aquí, nadie nace poeta, el poeta se hizo mucho más tarde, dijo el hombre. En ese edificio, como mucho, nació un primer personaje de sí mismo. No le acabo de entender, insistió la mujer, no domino su lengua. Acláreme con mayor precisión. ¿Nació el eximio poeta en esta casa o hay un error? El paseante trató de explicarse con claridad pero a su modo con rigor. Ya le digo que nadie nace otra cosa sino hombre o mujer, blanco o negro, pobre o rico, porque cualquier otra circunstancia tiene lugar al avanzar la vida. Entonces, cuando uno ya se ha olvidado de que una vez nació, cuando uno cree que está aquí desde siempre y para siempre, elige, con acierto o con fracaso, con suerte o con infortunio, con abundancia o con privación, un oficio de crear o un oficio de medrar. Ah, le entiendo ahora, le entiendo, expresó ella con esfuerzo mal disimulado. Además, continuó el hombre, en la placa figura un nombre y unos datos, eso no lo discuto. Y en internet saldrán los nombres de sus padres y hasta su genealogía más antigua, eso no lo dudo. En el caso de nuestro glorioso escritor el asunto se complica. ¿Quién de los escritores que fue o, matizando, que iba a ser nació realmente en esta casa? No sé si la pregunta se la harán otros, pero no es mi caso, pues ya le digo que para mí no nació aquí autor alguno. Un autor nace o, mejor dicho, empieza a nacer cuando aprende a leer y a escribir. Luego cuando aprende a mirar y a escuchar. Luego cuando aprende a dudar. Más adelante cuando sabe decir no. Después cuando solo atiende a la voz de su imaginación y traduce la ficción en verdad. Y por último cuando no se deja manipular por las palabras. Es usted un tipo interesante aunque, ¿cómo dicen ustedes?, bastante retorcido, arriesga a decir la muchacha. Yo buscaba simplemente un lugar ya consagrado para la posteridad y me he encontrado con una versión menos sencilla y por supuesto nada turística. Si no hubiera dudado, concluyó, no habría escuchado su brioso discurso, señor. El transeúnte sonrió con extrema benevolencia. Mi estimada oriental, no me cabe duda de que usted va para escritora. Ya avanza en las fases de su nacimiento a las letras. ¿Se tomaría un té conmigo? ¿Por qué no?, dijo la oriental. Añadió: ¿Cómo ha dicho que se llama? Bernardo. Bernardo Soares. Y se ajustó el sombrero.




martes, 6 de diciembre de 2016

Aljube




"Éste es el tiempo
de la selva más oscura".

Sophia de Mello Breyner Andresen, de Mar novo.



No pienso entrar ahí ni por casualidad. Lo dice Manoel, aquejado de artrosis y desesperanzado de los hombres y de los tiempos, ante el antiguo lugar de detención política y ahora reconvertido en estancia de la memoria. Entonces no era museo de recuerdos, naturalmente, era el lugar inmundo que era. He visto transformar ahí dentro a hombres en animales acosados hasta la delación. Maltratados hasta el exterminio. Borrados hasta lo profundo de sus conciencias. No piense que exagero. Imagino que está bien que exista una referencia viva de aquello para conocimiento de nuevas generaciones. Pero, ¿hasta qué punto los jóvenes de hoy quieren estar informados sobre la barbarie que cometía un Estado? La vida me ha enseñado que todo puede repetirse. Las miserias físicas y las morales. Mis nietos me dicen: abuelo, te entendemos, pero son cosas que pasaron, te tocó a ti y a muchos como tú, pero no nos reconocemos en aquellos tiempos. Eso me dicen, y les comprendo. Ellos se deben a otras circunstancias, pero hay que saber de lo que pasó. Hay que entender las causas y saber de sus efectos, por eso es necesario transmitir oralmente lo padecido. Me creen nostálgico, y en cierto modo lo soy, no del sufrimiento, que nadie lo quiere, sino de la entereza que muchos tuvimos para soportar. El mayor me habla con afecto estimulante. Tiempos difíciles, no los pudisteis elegir, tuvisteis que sortearlos, eso me dice. Tiene razón, pero ¿por qué algunos miramos de frente al rostro de lo prohibido y penetramos en el duro corazón de la crueldad? Solo nos queda la herencia de haber sido víctimas de aquel poder pero también de nuestra ceguera, aunque los historiadores sublimen los acontecimientos y los moralistas saquen sus conclusiones épicas. Quien más o quien menos de cuantos pasamos por tan siniestro lugar vimos truncada alguna parte de nuestra vida. No vivo amargado por ello, necesito los pocos años que pueda vivir para sentir paz. ¿Preocupado por cuanto sucede ahora? Es evidente, y sobre todo por los que van llegando a la vida y cuyas expectativas son poco claras. Eso también lo comento con mis nietos, ¿sabe? Manoel habla de lo amargo pero sonríe con dulzura. Yo siempre les aviso, es lo que me queda. Transmitir mis experiencias y advertir de que el pasado es un camaleón que acaba volviendo con disfraces y envoltorios atractivos. Salvo que...¿Salvo qué?, le pregunto. Salvo nada, responde; tengo dudas de que los jóvenes puedan asegurarse otro mundo. Yo se lo deseo, pero no creo que los líderes del futuro lleguen con recetas creíbles bajo el brazo. Nuestros hijos y los que les sucedan también serán producto de su momento y estarán sometidos al postor más sagaz, acaso bastante oscuro. Manoel sigue subiendo por las hospitalarias calles de Alfama. Es tarde ya para visitar museos.