La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







martes, 6 de diciembre de 2016

Aljube




"Éste es el tiempo
de la selva más oscura".

Sophia de Mello Breyner Andresen, de Mar novo.



No pienso entrar ahí ni por casualidad. Lo dice Manoel, aquejado de artrosis y desesperanzado de los hombres y de los tiempos, ante el antiguo lugar de detención política y ahora reconvertido en estancia de la memoria. Entonces no era museo de recuerdos, naturalmente, era el lugar inmundo que era. He visto transformar ahí dentro a hombres en animales acosados hasta la delación. Maltratados hasta el exterminio. Borrados hasta lo profundo de sus conciencias. No piense que exagero. Imagino que está bien que exista una referencia viva de aquello para conocimiento de nuevas generaciones. Pero, ¿hasta qué punto los jóvenes de hoy quieren estar informados sobre la barbarie que cometía un Estado? La vida me ha enseñado que todo puede repetirse. Las miserias físicas y las morales. Mis nietos me dicen: abuelo, te entendemos, pero son cosas que pasaron, te tocó a ti y a muchos como tú, pero no nos reconocemos en aquellos tiempos. Eso me dicen, y les comprendo. Ellos se deben a otras circunstancias, pero hay que saber de lo que pasó. Hay que entender las causas y saber de sus efectos, por eso es necesario transmitir oralmente lo padecido. Me creen nostálgico, y en cierto modo lo soy, no del sufrimiento, que nadie lo quiere, sino de la entereza que muchos tuvimos para soportar. El mayor me habla con afecto estimulante. Tiempos difíciles, no los pudisteis elegir, tuvisteis que sortearlos, eso me dice. Tiene razón, pero ¿por qué algunos miramos de frente al rostro de lo prohibido y penetramos en el duro corazón de la crueldad? Solo nos queda la herencia de haber sido víctimas de aquel poder pero también de nuestra ceguera, aunque los historiadores sublimen los acontecimientos y los moralistas saquen sus conclusiones épicas. Quien más o quien menos de cuantos pasamos por tan siniestro lugar vimos truncada alguna parte de nuestra vida. No vivo amargado por ello, necesito los pocos años que pueda vivir para sentir paz. ¿Preocupado por cuanto sucede ahora? Es evidente, y sobre todo por los que van llegando a la vida y cuyas expectativas son poco claras. Eso también lo comento con mis nietos, ¿sabe? Manoel habla de lo amargo pero sonríe con dulzura. Yo siempre les aviso, es lo que me queda. Transmitir mis experiencias y advertir de que el pasado es un camaleón que acaba volviendo con disfraces y envoltorios atractivos. Salvo que...¿Salvo qué?, le pregunto. Salvo nada, responde; tengo dudas de que los jóvenes puedan asegurarse otro mundo. Yo se lo deseo, pero no creo que los líderes del futuro lleguen con recetas creíbles bajo el brazo. Nuestros hijos y los que les sucedan también serán producto de su momento y estarán sometidos al postor más sagaz, acaso bastante oscuro. Manoel sigue subiendo por las hospitalarias calles de Alfama. Es tarde ya para visitar museos. 



8 comentarios:

  1. Será cuestión de artrosis, que duele,artrosis emocional , pero a una gran mayoría nos falta un hervor lo cual implica ceguera impenitente colectiva a través de centurias. Ningún culpable pero si demasiados responsables, a ello me temo que lo llamamos naturaleza humana sometida a la indefensión ante sus propias vanidades, errores y falta de atención.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vivir es seguramente algo diferente para cada seer humano. ¿En cuántos asuntos convergemos conscientemente las gentes de un mismo país? ¿Cuánto delegamos e incluso cuánto de nuestras existencias hacemos dejación? ¿Por qué esa entrega con cheque en blanco a los ídolos y a los líderes? ¿Por qué si vemos venir una debacle no siempre la paramos? ¿Por qué unos ven venir lo duro y otros se apuntan ciegamente a defender lo peor y a las peores personas que lo sustentan? ¿Hay culpables por irresponsabilidad? ¿Hay culpables responsables, lo cual es peor? ¿Hay responsables que no son escuchados? Y etcétera. Dentro de unos días todos (casi todos) vamos a converger en el gasto exagerado de las fiestas cristianas. No entremos en detalle. Preguntémonos.

      Eliminar
  2. Ahí lo tienes, ese gasto es fruto de la necedad conveniente y descendiente de la primariedad tradicional. Bahh, me cabrea ver cuantos lo critican para acabar pasando por el aro.
    Claro que prefieren la compañía a la soledad, pero todos experimentaremos las consecuencias de nuestros desconocimientos. Lo peor es no relacionar o hacerlo incorrectamente.

    ResponderEliminar
  3. ¿En qué tiempo se "reconocen" quienes no tienen memoria?
    ¿En qué presente quienes sí la tienen?
    ¿A qué llamamos pasado?
    ¿No está acaso la semilla presente en el árbol y el árbol en la semilla?...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Preguntas que comparto. La historia humana -no digo ya la humana de esto llamado España- solo parece que hace que los humanos se reconozcan en el dolor. Cuando acaso ya no hay salvación. ¿Pasará lo mismo en Siria, por ejemplo?

      Eliminar
  4. Respuestas
    1. Me comentan amigos y familiares que observan estos días un boom de gente cayendo sobre las zonas comerciales de la ciudad con un ansia inusitada. No sé si no tendrá que ver con esa carencia de horizontes que se traduce en un vivir al día el consumo que no la sensatez y el goce intelectual e íntimo.

      Eliminar