Ya ves, toda la vida oponiéndote a la barbarie, reuniendo a gente, escribiendo artículos, recogiendo firmas, discutiendo mil y un temas…para que luego te pase esto, me decía Paco hace unos meses. Se refería, por una parte, a la muerte de su compañera Neus no hace todavía un año, y a su propia enfermedad, por otra. Estaba bastante abatido, no obstante su temple y entereza. Hablando por encima de la situación por la que estábamos pasando en España, aún le salía el ramalazo de a ver si me pongo y escribo algo. ¡Él, que había escrito infinidad de artículos, de conferencias, de tesis, de libros, aún sentía necesidad de aportar algo al momento político delicado!
Ayer, Paco ha muerto en Barcelona, la ciudad donde más tiempo ha vivido, luego estudiado, amado y luchado, aunque él naciera en Palencia y habitara en Valladolid durante los primeros años de la década de los 80, donde le conocí. Recurrí a él para que participara como colaborador en una revista de barrios que hacíamos entonces unos cuantos que nunca entendimos de negocios pero si de causas ilusionantes, aunque muchas fueran causas perdidas. Gente que creíamos sinceramente en la Democracia, la de verdad, la de la participación de las bases, independientemente de las posiciones ideológicas que cada cual sostuviera. La campaña contra el ingreso de España en la OTAN -objetivo que se propuso y sacó adelante la socialdemocracia de Felipe González, resultando así uno de los primeros bofetones a sus votantes y en general a la izquierda- nos vinculó a mucha gente con alegría, optimismo y un aunamiento de fuerzas y esfuerzos espectacular. Paco estaba allí. Escribiéndonos textos, acudiendo a mesas redondas y debates cada día, incluso formando parte de pequeños núcleos, que luego resultaron muy numerosos, en los barrios, donde acudía puntualmente.
No soy persona de obituarios, aunque sí de reconocimientos sinceros. Cuento esto por lo que me toca; sobre su biografía ya hay mucha más gente que le ha tratado en amplias esferas académicas e ideológicas que pueden decir mucho y bien. Escribo porque me siento obligado emocionalmente a reconocerle y reconocerme de alguna manera en él y agradecer su trabajo. Cuanto más avanza uno en edad, más comprende el significado del término reconocimiento. Reconocer es agradecer lo recibido, el valor y el sentido de las cosas, la clarificación de los conceptos y la aportación de pensamiento, la importancia del diálogo y el talante bondadoso.
Paco fue uno de esos escasos individuos gracias a cuya existencia uno no ha perdido jamás la fe en la especie humana. Con ideas éticas claras en su posición frente al sistema, con tesón para buscar siempre nuevos rumbos políticos, sin rendición ante todo tipo de adversidades (las zancadillas que recibió por parte del mundo académico dirigente por su pasado de luchador antifranquista y de denunciante permanente de los sistemas de educación obsoletos y caciquiles demoraron el reconocimiento de su mérito para acceder a cátedras, por ejemplo), con coraje para desentrañar en la medida de lo posible la complejidad del mundo de las relaciones humanas. Si algo aprendí pronto de sus ideas y sobre todo del método y actitud ante la vida es que Ética y Política o van siempre de la mano o se desacreditan mutuamente. Por esa razón, él llevaba siempre mal tanto cambalache de la política española, tanta idea turbia, tanta traición de los politiquillos que camparon en un sector que se decía de la izquierda española y acaparaba poder. ¡Poder al servicio del Poder de los de siempre!
Paco Fernández Buey fue sobre todo un hombre de la ética y de la política de la resistencia. Temple y talante dialogante y generoso sin límites. Con un acervo de conocimientos sorprendente, fruto de su trabajo sobre el pensamiento filosófico, moral y político en la historia de la humanidad, estaba capacitado para desarrollar una capacidad crítica como pocas. Y esa manera de ser le llega a uno, le influye, le abre perspectivas de pensamiento y de conducta. Un abrazo emocionado en la memoria. Te sigo leyendo, y lo que escribías hace muchos años sigue manteniendo frescura y vigor. ¿Por qué será, Paco?
(¿Tú verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
Antonio Machado, Proverbios y cantares)