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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







miércoles, 31 de octubre de 2012

La marca del agua





Ay del que junto al río
no quiere llamarse sed

se queja en un poema Rosario Castellanos; y lo leo yo, que nací a orillas de un frágil e imperceptible arroyo; y viene la voz de la poeta para recordar a mi cuerpo que, siendo aún tierno y de cuidados, estuvo a punto de perecer en él, por primera vez; ¿será por eso que la llamada de aquel agua la escucho por las noches?;  ¿será que los manantiales de aquellos otros ríos ya lejanos aún me ofrecen de beber como si supieran que no me he saciado nunca?; he bebido en ríos donde contemplaba sombras que no eran mi sombra; sinuosas curvas donde el roquedo limpio levantaba la corriente como imprescindible ofrenda para mí; son tan generosos los afluentes de la vida; conocen al que se acerca a ellos, le escuchan y luego callan; éste quiere beber para seguir viviendo, dicen de uno; éste bebe por beber, dicen de otro; este bebe nuestras aguas porque quiere ser como nosotros, señalan al excepcional; ¿es el agua o es la sed lo que le hace al hombre proseguir su camino?; no lo sé; pero la poeta sabe que  
  

El río viene de secretas grutas,
desconocidas fuentes.



2 comentarios:

  1. Interesante reflexión y muy curiosa la disyuntiva. El agua o la sed. Yo me decanto por el agua. Atrae, envuelve, refresca, limpia. A pesar de que muchas veces esté turbia. ¿Cómo diferenciar sino aquélla que colme? ¿Con una sola se llega a recorrer el camino...?

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  2. Los complementarios, Mafalda. Sin la sed, ¿cómo probaríamos y comprobaríamos lo que es el agua? Hago mías tus preguntas.

    Un abrazo.

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