lunes, 6 de mayo de 2019

Mauthausen era internacionalista




"No respondas al necio con su necedad,
no sea que tú mismo te iguales a él.
Responde al necio por su necedad,
no sea que se tenga por sabio".

Proverbios, 26, 4-5


Con esta cita inicia George Orwell su testimonial y magnífico relato Homenaje a Cataluña. Este homenaje a Cataluña lo es principalmente a la clase trabajadora -catalana, española e internacionalista- que trató de resistir al golpe militar de 1936 y la guerra desatada. Muchos de aquellos combatientes acabaron muertos o en cárceles y campos de concentración del vencedor o en el exilio. Más tarde muchos de los exiliados acabaron en Mauthausen o en otros campos de exterminio nazis. Los perseguidos de verdad, los presos políticos de verdad, no lo fueron por seguir a ningún procés. Así que dejo para la reflexión la cita de Proverbios, y ya se ve que lo que les gusta a algunos es que se hable a todas horas de ellos. Les gusta utilizar cualquier acto, por muy de todos que sea, para hacerse notar y hacer su política sectaria. Yo les recomendaría que tuvieran algo más de pudor, pundonor, respeto y sentido común. Siquiera por considerar el sufrimiento, la enfermedad y la muerte que padecieron millones de humanos de mano del ultra nacionalismo supremacista y cruel de los nazis. El padecimiento no tuvo patria, era de todas las patrias y hasta de los sin patria. La repugnancia que me producen los oportunismos me los guardo y remito, de nuevo, a la cita de Orwell.



https://elpais.com/politica/2019/05/05/actualidad/1557047661_315113.html

https://elpais.com/politica/2019/05/05/actualidad/1557066304_979935.html

https://elpais.com/politica/2019/05/05/actualidad/1557062841_756754.html



jueves, 2 de mayo de 2019

La hetaira y Naxos hablan sobre el amor compartido















"Y otros amantes, alcanzados por su dulce propagación
pensarán que ese hálito es suyo, y bello otra vez será el engaño".

Javier Lostalé, Los amantes, de Jimmy, Jimmy.


He oído que la alfarera te ha regalado una hermosa copa, salida de sus propias manos, dice la hetaira a Naxos.  ¿Es para beber entre los dos o daréis a probar a más invitados? Naxos, que entiende la indirecta, le responde con tono amable y divertido. Ya sabes, Therasia, que el que ama es siempre bienvenido. Ah, ¿crees entonces que es posible, más aún, factible compartir el amor?, replica ella arteramente. Pero el joven no se achica. Eso depende de lo que pueda y quiera dar cada cual. La hetaira: Y dirás que uno da según lo que siente y que desea recibir lo que solicita, ¿no?  Naxos: si uno no siente, mejor que no dé, incluso que no se ofrezca, pues es preferible no arriesgarse a la insatisfacción y dejar a otros descontentos. Therasia se sorprende. Me admira tu saber, muchacho, y sobre todo tu prudencia. ¿Has sido siempre así? Él no se amilana. ¿Pensabas que por ser joven y un zafio remero iba a ser menos insensible? Además llevo suficiente tiempo entre vosotros como para valorar lo que hay de aventura y lo que aporta de reposo la vida apacible de cada día. Aquí no me ha faltado ternura y he conocido el amor tranquilo. Los tiempos de la urgencia y el desahogo quedaron atrás. Y la pasión puede ir más allá de la posesión pasajera de un cuerpo. También de la disposición exclusiva entre dos cuerpos. Pero creo que si no encuentras en los otros un poco de ti el calor queda en una sensación tibia y la aproximación es insuficiente. Si en la entrega admites al ajeno y te reconoces de alguna manera en él, ¿cómo negar al que lo pide que calme su sed entre nuestros brazos? No debemos ser propietarios de otras vidas ni permitir que otros pretendan esclavizar la nuestra. Therasia ni afirma ni desmiente, pero le gusta escuchar al remero. Ríe. Therasia es culta, refinada, capaz de ahondar en el pensamiento de los hombres. No solo está dotada de conocimientos, sino que estila sus recursos oratorios y principalmente cautiva por el trato. Nada es tan sencillo, nada es nunca definitivo, dice al joven. Pero lo que tú descubras es lo que te va a guiar, añade con la sabiduría de la mujer madura y en extremo experimentada. Lo que tú obtengas te consolidará en el carácter. Aprenderás a distinguir entre lo que anhelas ciegamente y lo que aporta beneficio a tu temperamento. Por cierto, Naxos, dime, ¿esperas mucho del amor? Sinceramente, de lo que espero sobre todo es del placer, afirma él contundente. Después, de un cierto grado de entendimiento. Y poco a poco de una contemplación donde la belleza, por más humilde que esta sea, nos habite entre el asombro y la atracción. ¿Qué otra cosa puede ser para nosotros el amor si no ponemos en juego nuestros instintos, intercambiamos sensaciones y ejercitamos las habilidades que el saber del cuerpo, el nuestro y el de los demás, nos ha ido enseñando? La hetaira le mira con sonrisa complacida. También comprensiva. Pero todo tiene desgaste, precisa. La edad dispone de otros rostros y reduce las energías. Y entonces ¿qué queda de las antiguas afinidades, de las pulsiones que ahora, en tu plena juventud, te agitan y a través de las cuales te sientes poderoso? Pero no me hagas caso, no pienses ahora en ello. Vive el día a día. Exorciza los males. Conjura la muerte. A todo esto, Naxos. ¿Para qué has venido a verme?





(Fotografía de Toni Catany)


domingo, 28 de abril de 2019

Quien no ha no es. La utilidad de lo inútil. Nuccio Ordine





"En un relato autobiográfico, Vincenzo Padula -un clérigo revolucionario que vivió en un pueblo de Calabria entre 1819 y 1893- recuerda la primera lección de vida aprendida en familia, cuando todavía era un joven estudiante. Tras dar una respuesta insatisfactoria a una insidiosa pregunta de su padre ('¿Cómo es que en el alfabeto de cualquier lengua la A va antes y la E después?') el seminarista escucha con viva curiosidad la explicación que le ofrece su progenitor: 'En este mundo miserable el que ha es, y el que no ha no es'; por eso la letra a precede siempre a la letra e. Pero hay algo más: quienes no tienen constituyen en la 'sociedad civil' la masa de las consonantes, 'porque consuenan con la voz del rico y se conforman a sus actos, y el rico es la vocal, y sin ella no creo que la consonante pueda sonar'.

A casi dos siglos de distancia, la imagen de una sociedad dicotómica rígidamente diferenciada en amos y siervos, en ricos explotadores y pobres degradados a la condición de animales, tal como la había descrito Padula, no corresponde ya, o apenas, al retrato del mundo en que vivimos. Persiste sin embargo, en formas muy distintas y más sofisticadas, una supremacía del tener sobre el ser, una dictadura del beneficio y la posesión que domina cualquier ámbito del saber y todos nuestros comportamientos cotidianos. El aparentar cuenta más que el ser: lo que se muestra -un automóvil de lujo o un reloj de marca, un cargo prestigioso o una posición de poder- es mucho más valioso que la cultura o el grado de instrucción."


Magnífico primer capítulo del libro La utilidad de lo inútil. Manifiesto, de Nuccio Ordine, profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria. Un librito que es una apasionada defensa de las humanidades, una reivindicación del saber clásico, una descripción de la útil inutilidad de la literatura, como él mismo dice, una revalorización de la cultura no mercantilizada. En él aparecen citados varios autores -filósofos, narradores, poetas- que merecen la pena, aquellos a través de los cuales uno se siente confortado. Un libro de apenas ciento setenta páginas que es lo que yo llamo un libro puente. Porque las consideraciones que se hacen en él, los autores nombrados, te remiten inmediatamente a conocer sus obras si no lo has hecho ya. Aquellas personas que se llenan la boca con ansias de espiritualidad -anhelos tras los que muchas veces se escudan oscurantismos y confusiones varias- bien deberían leer un libro vivo como este, material, tangible. Donde las ideas son carne. Amigos que pasáis por este blog, os lo recomiendo. Es pura y contundente sabiduría. Un fruto a paladear.





sábado, 27 de abril de 2019

Mimbres para reflexionar





En víspera electoral puedo hacer varias cosas. Una, sencillamente no pensar en nada de lo que nos ha acechado estas últimas semanas. Otra, leer poesía, como propone el escritor Julio Llamazares, pero como soy de comunión diaria con la peligrosa secta poética, no me significa nada diferente. Otra, mirar el paisaje no circunscrito por los hombres, pero qué difícil. Sin embargo, reflexiono, casi por inercia, y no porque sea de rigor hacerlo en este día. Reflexiono al leer la noticia de que España vuelve a ser el país de la Unión Europea con mayor abandono de la escuela. 

Léase https://elpais.com/sociedad/2019/04/26/actualidad/1556287218_097551.html

Con los mimbres de muchos compatriotas adultos que no han concedido importancia a su formación y al conocimiento, y con estos otros mimbres de novísimas generaciones, ¿qué cesto nos espera para los próximos tiempos? Y luego nos extrañamos de que la ignorancia presente y la racionalidad ausente concedan el voto a los políticos más aberrantes y reaccionarios. Ahí, ahí está el meollo.

Es una propuesta de reflexión.



(En las fotos, esculturas del leonés Morla)

miércoles, 24 de abril de 2019

El loco advierte a Naxos sobre las fuerzas ocultas



"Dicen que las voces divinas han enmudecido
Yo digo que los oráculos callan por su propia voluntad".

Gunnar Ekelöf, de Guía para el Averno, de la trilogía Diwan.



Samos, la que cuida lo que queda del templo, dice que tenemos desatendidos a los dioses. Que apenas ofrendamos y recurrimos a solicitar sus favores, y opina que aunque el templo sea ruina quedan en pie el espíritu y la intercesión de las divinidades. También pregona por ahí que apenas se consulta al oráculo, y que todo ello sucede desde que tu presencia entre nosotros, Naxos, ha hecho confiar más a los supervivientes en sí mismos y les ha apartado de otras mediaciones, para mí improbables. Alónnisos, el loco, habla con estas palabras cuerdas al joven remero. Hay una complicidad entre ellos, incentivada porque además el hombre siente la necesidad de proteger a Naxos. Te prevengo contra las provocaciones de los creyentes más enfervorizados, avisa al joven. Naxos, cuyo temple reposado y ecuánime es cada vez más valorado en la ciudad, agradece las palabras del orate. Imaginaba que las fuerzas oscuras podrían acechar, pero todos sabéis que nunca me he inmiscuido en los temas que no están en la propia naturaleza. Es obvio también que desde que me he implicado más con vosotros no me interesa dejarme asesorar por la pitonisa. ¿A quién puede interesar acudir a ella cuando hay tanto que hacer aquí y podemos llevar a cabo con nuestras manos la obra de la reconstrucción? Pero cuidado, le sugiere Alónnisos, que los que siguen a Samos, la perenne vigilante del templo, insisten en que no es posible una reconstrucción si hay olvido de los hacedores eternos y de los inmortales. No estar a bien con las divinidades, va diciendo ella, puede procurarnos males mayores. Y que romper con la tradición de recurrir a la adivina es también una actitud peligrosa, pues priva a los hombres de la sabiduría de una mujer que intermedia entre ámbitos diferentes y en tensión. ¿Tú crees eso?, le responde Naxos. Mi mundo, como bien sabes, le interrumpe Alónnisos, nada tiene que ver con el de quienes se erigen en rectores de las vidas ajenas. Los mitos están bien donde han estado siempre, en la narración que nos han transmitido, y la adivinación puede ser un cuidado que se procuran los indecisos, pero nunca una ciencia. Samos no tiene otro mérito que haber mantenido en orden el lugar donde muchos hombres y mujeres depositaban sus esperanzas, tras las que había búsqueda, entregada e impersonal, de protección y seguridad. Samos ha vivido cómodamente años atrás atendiendo los cultos y las dedicaciones sagradas, y en absoluto ha participado nunca en los servicios prácticos a la comunidad. Cree que tus maneras de incentivar el resurgimiento de la ciudad, uniendo las fuerzas de unos y otros vecinos aleja a estos de las ancestrales creencias. En fin, Naxos, que esa mujer tiene celos de ti y teme que disputes su influencia. Si lo ve de esa manera, no es culpa mía, le replica con cierta euforia el remero. Levantar una ciudad de nuevo no es posible pensando únicamente en el ultramundo y en los acertijos. ¿Qué proponer? Las estatuas fueron mutiladas. Pues bien, ya se esculpirán otras nuevas. Los edificios, arrasados. Ya se alzarán sobre nuevos planos nuestras viviendas. Las sedes de las instituciones acabaron demolidas. Nuevas leyes y nuevos proyectos decidirán más que la piedra erecta. Las flotas mercantes venidas a pique se pondrán a flote bajo técnicas más útiles y modernas. Todo esto debe saberlo la tal Samos. Y si no lo aprueba encontrará enfrente a los habitantes de la ciudad. Alónnisos se sorprende del tono enérgico del joven. Está bien este ánimo, le dice, pero las cosas nunca son tan sencillas ni el proceso de realización un camino de rosas. Largos planes no siempre son correspondidos con recursos sencillos. Grandes ideas pueden perecer en su falta de concreción.  Y el esfuerzo colectivo se verá sometido a altibajos cuando las circunstancias no sean siempre favorables. Sé prudente, Naxos. No dejes que tus intenciones se pueblen exclusivamente de sueños.  




(Fotografía de Herbert List)

martes, 23 de abril de 2019

Feliz y placentero Día de los libros





Pues sencillamente eso, que el Día de los libros -quiero decirlo en plural, la singularidad siempre es equívoca- os aporte satisfacción. Mi deseo os lo hago acompañar con un poema titulado Tis'a, de aquella agrupación de poemas que titulé La sombra de la nube.



Tis' a


Libro abierto son mis manos

y sé que hay cien ojos clavados en sus páginas.

Pero cien ojos no leen lo mismo aunque sigan el mismo texto.
No interpretan la vida porque quieran conocerla.
No leen para aprender
ni para creer en el significado de las palabras
ni para ser más abiertos que el propio libro.

Pocos aprecian su manifestación aparente y su sentido oculto.
Porque leer es traer lo que se muestra fuera de nosotros
y sacar afuera lo que llevamos dentro.

Mi libro no se ha escrito para deslumbrar ni para obligar
ni para que todos tengan que entender como yo entiendo
el corazón y los márgenes de la vida.

Mi libro se escribe desde el tiempo que no vuelve
desde el paisaje que no se ve
desde el aire que ya no huele a jazmín.

Pero cuando lo repaso te miro a ti y observo tu perfil
insinuante que presta atención a mi lectura:

en ti contemplo también cómo gira mi mundo.



domingo, 21 de abril de 2019

Vade retro, Satanás




El libro, conseguido en su día en el barcelonés Mercat dels Encants, me ha hecho reflexionar de pasada. ¿Quién osaría en 1901 editar en la católica y ultramontana España un libro del herético y denostado Voltaire? Nada menos que Zadig o el destino, Cándido y Micromegas se recogen en un tomito de apenas trescientas páginas, esperando al lector ilustrado y sin prejuicios, ávido de saber y disfrutar en aquel recién comenzado siglo que devendría convulso y cruel. Díce el medallón de la portadilla (en mi deteriorado ejemplar falta la portada) que lo edita Lezcano y Compañía Editores, Barcelona. Para quien quiera saber más, la tirada se haría en Tipografía y Litografía de Pertierra, Bartolí y Ureña, calle Provenza, 61 y 63.

La mano editora catalana viene de muy antiguo. Leo por alguna parte de internet que la editorial estaba especializada en narrativa erótica. No lo sé, pero en este libro que traigo a colación publicita al final otras obras. Algunos títulos: Esclavas del oro (La trata de blancas), de Ramón Sempau; Aventuras galantes, de Casanova; El trabajo, del conde León Tolstoi; Vida de las damas galantes, de Brantome. Sí, realmente no era un catálogo ni para analfabetos ni para beatos. Ah, me llama la atención que figura como residencia del director literario, un tal Enrique Gómez Carrillo, la ciudad de París. El subdirector, Tomás Orts-Ramos, figura por el contrario en Barcelona. Quiero pensar que el director literario adoptara la residencia parisiense por aquello de estar más cerca de las fuentes literarias modernas o de tradición avanzada y ver la manera de verter los textos al español. Imagino que publicar en España en 1901 nada menos que a Voltaire, para escándalo de jesuitas y el resto del poliedro clerical, era de una osadía y un valor encomiables. Cuántos clérigos no invocarían su nombre con aquel acompañamiento: vade retro, Satanás. No hablo por hablar. Yo he conocido en tiempos mucho más recientes esa misma actitud ante el pensador ilustrado francés.

   


miércoles, 17 de abril de 2019

Naxos y el cáliz obsequioso















"...y ya, antes que yo llegue a alguna meta,
aún no desengañado
me ligas a otro sueño".

Giuseppe Ungaretti, Sirenas, de Sentimiento del tiempo.


¿Dónde aprendiste a remar? La pintora de cálices, que no es de meterse en la vida de los demás, interroga a Naxos. De niño, responde él, mi padre me llevaba en su humilde barca a la pesca de cada día. Mientras remaba me decía: te enseñaré este oficio, tal vez algún día te sea útil y no solo recuerdo de la infancia. Ya ves en qué acabé, no solo en pescador, sino en un hambriento de aventuras, y ríe con mesura. Thera conduce al joven hasta un vasar donde se secan las últimas obras que han salido de sus manos. He terminado un kylix para ti, dice con voz tímida. El cáliz es esbelto, las dos asas producen un vuelo proporcionado, los colores son vivos y se compensan y las imágenes, estilizadas y pletóricas de movimiento, casi saltan de sus paredes. Es muy bello, no sé si me merezco un trabajo así, dice el joven emocionado. En el fondo de la pieza una mujer de pie sostiene la cabeza de un joven que la mira arrobado y que ha dejado a su lado un remo. He pintado otras veces a hombres con una lanza o un escudo, o brindando en una fiesta, o participando de una orgía. Hubieran estado o no en alguna clase de gesta me lo pedían. Ya ves, las obras son de encargo y no todo lo que se reproduce en ellas es auténtico. Pero muchos clientes se sienten poseídos por la apariencia. El tema guerrero es lo que más piden. Combates con enemigos imaginarios o con personajes mitológicos, como si ellos quisieran formar parte de la cosmogonía de los dioses y de los héroes. Pero tú eres hombre de paz y sé que no te agradaría ni lo sublime ni lo bélico. Podría haberte dibujado solo, y créeme que dudé, pero sé que también eres un hombre de amor. Thera baja la mirada, luego hace girar a Naxos para que contemple el exterior circular de la copa. En ella se ve que un hombre maduro es conducido en una barca; dos remeros, una mujer y un hombre, le acompañan. Naxos cree interpretar la escena. Está reciente la muerte del anciano ciego, has estado muy oportuna, dice el remero. Oh, no, Naxos, no se trata del ciego, no se trata de nadie, o bien somos cualquiera de nosotros. No veas ahí una escena de muerte, sino algo más valioso y esperanzador, la imagen de navegación por la vida. Pues el destino más valioso no es llegar a donde nadie habita, sino soportar el oleaje de cada día, la aventura de vadear lo ingrato y la felicidad de acoplarnos al placer pasajero. Te regalo el cáliz con una condición: que solamente lo utilices cuando tengas la sensación de haber obrado bien. O de haber llevado a buen término un trabajo laborioso y constante, por ejemplo. De haber aportado con sinceridad, poco o mucho, a los tuyos, y no olvides que ahora nosotros somos los tuyos, el esfuerzo y la mirada nueva sobre las cosas. Cuando bebas de esta copa beberás de la vida sencilla. Libarás la sustancia que merece la pena. Naxos le corta audaz. ¿Está incluido en esa condición el poder beber de ti? Eso depende de lo que busques en mi copa obsequiosa, contesta Thera sin rubor.

Ambos se han quedado mirando el cáliz, oliendo los últimos barnices, disfrutando con ligera perturbación las representaciones imaginarias.



(Fotografía de Ata Kandó)

lunes, 15 de abril de 2019

Los libros huérfanos o desvalidos




Me costó tres euros el otro día. Está impecable, parece un libro riguroso y abundante en información. Derroche de planos, dibujos, fotografías y textos que interpretaré con deficiencia, seguro, por mis limitados conocimientos de urbanismo y arquitectura. Pero siempre quise saber de esa planificación cuadricular, digamos, que tanto me recuerda a las ciudades romanas (como si uno hubiera vivido en ellas, vaya) y que es espectacular en nuestra ibérica Barcelona. Claro, que es fácil que el libro solo suponga para mí un recurso a una especie de paseos -recordados unos, imaginarios, otros- por esa Barcelona de aventuras más juveniles o menos provectas, tratando de identificar lo que pateé y sorprendiéndome con lo que desconozco todavía. Viajar sobre mapas y planos nunca se me dio mal. Y ha paliado muchas veces mis sedentarismos.

Naturalmente, lo mismo que me ha ocurrido con este libro especializado me pasa con los de otras materias cuando entro en una librería de lance, o de segunda mano. O de viejo, que dicen algunos. Caza y captura. O rescate, según lo oriente. Esa sensación como si entrara en un asilo de papel y de pronto me viniese el impulso de convertirme en protector de todos aquellos volúmenes -cada vez hay más en esos antros- o de recuperar su uso. De vez en cuando compro alguno que ya he leído, pero que si el título es interesante, no digo ya importante, lo regalo. Los libros no se merecen permanecer abandonados. ¿Cómo dejar olvidados allí las Vidas imaginarias de Marcel Schwob, por ejemplo, o un Camus o un Machado o una compilación de cuentos de terror de Machen, o El búho ciego, del persa Hedayat? Esos libros, me digo cual cruzado de la causa, deben ser liberados de la cautividad y hay que ponerlos en circulación para que puedan ejercer el rol y la libertad de ser leídos.

Cada vez más pisos de gente mayor que muere o va a una residencia son vendidos por sus herederos -¡hay que repartirse cuanto antes el valor del inmueble!- y los libros son lo primero que se expurga. Aquí quienes juegan el papel del cura, el barbero, la ama y la sobrina de Alonso Quijano son los herederos buscando la guita, que no la selección y calidad de la biblioteca. A los libros cada vez los quiere menos gente. Cierto que ocupan espacio -también la explicación puede ser excusa-, cierto que no todos los libros de que se disponen en un piso son de interés, pero también ¿no pasa que se dedica cada vez menos tiempo y ocasión a la lectura? Leer libros ya no constituye para gran parte de la sociedad una fuente de conocimiento, de placer, de recreación. De ilustración.

Cuando entro en una librería de viejo y veo cajas enteras recién llegadas trato de imaginar el lugar del que han sido erradicados más o menos violentamente. Pero me entra angustia. Las prisas por vender son siempre un mal vender, y además en este caso son cuatro pelas las que da el librero por una pila de libros. Hay saturación de ediciones, y de los libros que merecen la pena y tienen valor porque están descatalogados no creo que el dueño de la tienda informe a sus coyunturales proveedores. Y allí yace el ingente material, propicio a producir alergias por el polvo y los ácidos de las ediciones. Libros que se amontonan en esos establecimientos en vertical, en horizontal, en diagonal, por los suelos y los altillos, y cuya localización resulta cada vez más complicada. 




jueves, 11 de abril de 2019

Naxos. Las manos del agónico Thasos













"Nos alejamos del puerto, y los campos y las ciudades retroceden".

Virgilio, Eneida, III, 72.


¿Qué haces tú aquí? Ikaria, que llega con un ramillete de flores, increpa sorprendida a Naxos por encontrarlo junto al ciego postrado. Ya veo que vienes con tus flores, le responde Naxos con aspereza, pero yo he traído mi compañía al hombre que nos abandona. Puedes ver que Thasos se muere despacio sin soltar mi mano. Solo busca algo de calor que le dé sentido en la partida. ¿Pueden acaso una flores proporcionarle alivio a estas alturas? No discutáis por este viejo inútil, replica Thasos, sacando fuerzas de su letargo fatal. No estáis en este mundo para disputar los gestos de la vida. Las flores cumplen su cometido, las manos hacen lo propio. Todo depende de cómo y en qué circunstancias. Lo que hacéis conmigo en estos momentos en que ya me sobra todo no es solo simbólico. No convirtáis nunca los símbolos es suplantadores de las actitudes verdaderas y sobre todo no les concedáis mayor importancia que a los mismos hechos, por muy complejos que estos sean. Ahora, aquí, conmigo el símbolo adquiere todo su valor, pero es vuestra presencia la que me da el aliento que me regatea el cuerpo. Eso me basta. Pero yo percibo en vosotros la juventud que tuve y que siento lejana, olvidada. Vivo la compañía que no me ha faltado casi nunca, aunque no haya sido siempre llevadera.  Aprecio la escucha con la que me atendéis cuando ya no puedo enseñaros nada.

Las manos del anciano ciego están frías. El joven remero siente que se acelera el desgarro del hombre y trata de paliarlo apretando su mano, como si su calor potente y aún entero pudiera conceder al anciano un nuevo plazo. Thasos lo entiende, lo agradece. No tienes el poder de prolongar mi vida, le dice. Ni yo quiero que así sea. No es verdad que uno no desee morir nunca. Pero tus manos me devuelven la memoria que olvidé. Una vez tuve unas manos como las tuyas, Naxos. Siempre las tenía ocupadas, nunca se vieron pasivas. Mis manos creaban objetos, cooperaban en las tareas colectivas, indicaban los caminos a los viajeros. Mis manos daban seguridad a otros. Mis manos acariciaban. Mis manos salvaban. Nunca las utilicé para causar daño. A las mujeres les gustaban mis manos. Decían que no debía estropearlas, que rechazara trabajos duros, que no me expusiera al oficio de las armas. Cuando uno es joven y confía en la potencia de su cuerpo no distingue tope alguno. Piensa que a la salud de cada órgano le va a acompañar siempre la resistencia. Ingenuamente cree que la capacidad  de esfuerzo no va a mermar nunca. Esa confianza desmedida entraña el peligro de no valorar el riesgo. Cuántos hombres jóvenes no han perdido algún órgano de su cuerpo, cuando no su propia vida, exponiéndose a trabajos penosos, combatiendo en causas ajenas, arando desde el amanecer hasta la puesta de sol, saliendo a la pesca incluso en los días de temporal.

Ikaria mira al viejo con una emoción respetuosa, sabe que ha sido su valedor mientras otros la han incomprendido. La propia debilidad obliga al ciego a interrumpirse una y otra vez. Ha tomado también una de las manos de la chica. Manos que rezuman los múltiples aromas de las flores. Se sabe ya en una barca que va a partir a través de aguas tibias. Apoyado en dos remos que va a soltar en cualquier momento. No se aferra a nada. Pero, él que ha sido cantor de viejos poemas y narraciones, se sigue entregando a la palabra, hasta que esta le deje a la intemperie. Mis manos enamoraron, dice el viejo con una sonrisa casi infantil. De mis amantes escuché: Thasos, acaríciame como nadie sabe hacerlo. O bien: Tus manos hablan. Tus manos son tu verdadero cuerpo. O aquello otro tan intenso: No me separes de tus manos. Y todas ellas exponían los espacios más sinuosos y curvos de sus cuerpos a mis dedos precisos, a la palma lenta que se abría y se deslizaba con una inercia natural. Como si se tratase de una premonición de lo que me iba a suceder algún día, ellas cerraban mis párpados, silenciaban mis labios y ajustaban la cadencia de mi cuerpo, mientras pedían que les recorriera a ciegas. Con lentitud y fingida torpeza, que apreciaban. 





(Fotografía de Herbert List)

martes, 9 de abril de 2019

Personajes que huyen de la foto (Homenaje personal)




Una fotografía puede ser eterna. Pero los personajes que salen en ella van desapareciendo poco a poco. Entre una toma antigua y la actualidad hay una serie de secuencias que cada actor ha recorrido a su aire y modelado en sus circunstancias. Quien más o quien menos guarda en su casa imágenes de distintas etapas. Otros solamente en su memoria personal. Pero la fotografía original, doméstica e inocente todavía, se resiste a admitir las ausencias que se van imponiendo. Es fiel, aunque la realidad la haya traicionado. Algunos personajes ya salieron hace tiempo en busca de un autor inexistente. Otros van partiendo paulatinamente. Para la fotografía no hay traición jamás. Una vez, a una edad, en un lugar y en la mejor de las situaciones posibles, el juego, estábamos todos juntos esperando a Godot. Es decir a esa deificación limitada que es el acontecimiento de vivir. Porque la vida, no obstante sus afirmaciones pretenciosas o, simplemente, la obligación necesaria de estar siempre creciendo, tiene tanto de una obra de teatro del absurdo. Saludo al último desaparecido de la imagen, mientras me recreo en el agradecido tesauro que es el recuerdo. Lo único que torea clamorosamente a la muerte, aunque no la evite.



lunes, 8 de abril de 2019

Cosas que no harás en Denver cuando estés muerto




Preciso argumento de El Roto. Yo añadiría que el dolor y el sufrimiento, como secuelas del mal, llegarán mientras vivimos. Me parece que los demagogos que hablan hipócritamente de preservar la vida (a su manera) no lo reconocen ni hablan honestamente de ello. No quieren dejar de imponernos a la fuerza su sadomasoquismo ideológico. Miren, si quieren, que sufran ellos. La Democracia no se lo impide, pero que no manipulen la Democracia para seguir instaurando su reino del dolor y de  la destrucción de nuestros cuerpos. 

(Iba a colgar otra cosa, pero la viñeta de El Roto, aparecida en El País de hoy, es tan poderosa que quiero compartirla)



jueves, 4 de abril de 2019

El ciego moribundo hace llamar a Naxos





















"Ay amigo, ay muy único amigo
qué nubes tan negras esperan el día del festín del sol".

Forugh Farrojzad, del poema Tengamos fe en el comienzo de la estación del frío. Nuevo nacimiento.


Ve corriendo a donde el ciego Thasos, que se muere. El viejo te reclama. El emisario deja el aviso y sigue sus recados por las callejas del barrio bajo. Naxos abandona la tarea de ayudar a la preparación de las mezclas de caolín, lava sus manos en una pila y sube la cuesta hacia la casa del anciano. Le encuentra sin fuerzas, tumbado sobre un catre que huele a sudores. La habitación está ventilada, pero los miasmas de un moribundo compiten con el aire limpio por el espacio del cuarto. A su lado, una hermana también longeva le hace compañía sin capacidad para atender las necesidades del hombre. Thasos, me han alarmado, ¿qué se te ofrece? El viejo no tiene apenas fuerza en la voz. Esto se me va. Se me va el vigor, se desprende de mí el pensamiento, y hasta me parece ver. Pero deben ser recuerdos que adquieren forma presente, tangible, y que en la pesadez de un cuerpo que ya escasamente reacciona se instalan en el lugar de mis ojos opacos. Tan pronto veo episodios divertidos de mi juventud como siento el terror de cuantos nos hicieron mal. ¿Recuerdas que una vez te insté a que fueras un líder para nosotros? ¿Que tomases la iniciativa sin prejuicios ni ataduras a nuestro pasado, al que no debes nada? ¿Que buscaras con la gente más honesta una refundación de la ciudad? Sabes que no soy insistente, pero te diré que entonces tu llegada me procuró una ilusión esperanzadora. Ahora que me voy ya no percibo interés por nada. Esta lasitud me ofrece, al menos, una apacibilidad que se impone a los sufrimientos acumulados. No voy a quejarme tampoco de que vivir no haya merecido la pena, aunque no puedo evitar pensar que el inevitable destino final borra la medida de las cosas. Recorremos las edades como si lo nuestro fuese una construcción perpetua, un avance, con sus sinsabores y pasos atrás, pero triunfante, a través de las cuales transcurrimos siempre sobreponiéndonos. ¿Habrá un toque de la eternidad de la que dicen estar dotados los dioses en los cuerpos de los hombres? Hay variadas maneras de enfocar la vida, Naxos, y la mía, como ves, ha sido más bien reducida por causa de mi deficiencia. Un castigo que me ha condicionado tanto para limitarme como para desarrollar aptitudes interiores. A cambio de ese castigo mi mente se ha enriquecido al disponer de mayores posibilidades de reflexión y verme así poco acechado por los descuidos y las desviaciones que la gente normal suele tener. Mientras la mayoría flota con ansiedad y preocupación sin fin en esos mundos que quiere poseer, y perece en sus afanes de riquezas en unos casos o de subsistencia feroz en otros, yo limitaba los deseos de satisfacción de bienes y reincidía en las preguntas más hondas sobre la naturaleza humana. No pienses, Naxos, que soy uno de esos filósofos de escuela, mucho menos de academia, sino que creo que pensar y razonar no es una actividad profesional, sino un ejercicio saludable, necesario para una mínima armonía. Un esfuerzo que compense lo que no se alcanza o lo que se derrumba a nuestro derredor. No dejo nada a nadie, como no sean las palabras que yo haya concedido en múltiples diálogos a lo largo de mi vida. Si han merecido la pena mis modestos discursos jamás podré saber de sus efectos sobre la madurez de los hombres.

Thasos se interrumpe y cede al cansancio. Tiene cogidas las manos de Naxos. No te vayas aún, joven extranjero, dice. La proporcionalidad de tus manos da idea de la belleza que habita en ti.



(Fotografía de Toni Catany)



martes, 2 de abril de 2019

Advertencia de Rafael Sánchez Ferlosio




Rafael Sánchez Ferlosio en su libro de aforismos y otros (de 1993) Vendrán más años malos y nos harán más ciegos : "(Palabras-fuerza) No hay razón sin palabras, pero tampoco puede haber sin ellas fanatismo. En la palabra se manifiesta la salud de la razón, pero, a su vez, el fanatismo siempre aparece como una enfermedad de la palabra, una especie de inflamación absolutista de los significados. Toda predilección por una palabra en sí, al margen de un contexto, es un temible síntoma de predisposición al fanatismo".

Prevención y cautela, pues, ante la palabra sublime, absoluta, única, verdadera. Ya hubo muchas en el pasado con esas características, que se ensalzaron y a las cuales nos obligaron a adorar. Sigue habiendo aún demasiadas en nuestro país que concitan culto y exaltación. La palabra vale en tanto que sirve para razonar. Sin desarrollo lógico la palabra naufraga e incomunica. Se pone al servicio del mejor postor de la intolerancia. El culto a la palabra a-lógica solo nos conduce al infierno del desentendimiento.


(Rafael Sánchez Ferlosio murió ayer uno de abril)



lunes, 1 de abril de 2019

Las guerras no han terminado




No, las guerras no han terminado. No terminan nunca. Mientras sigan pagando los inocentes el precio de la ignominia de gobiernos opresores y de visionarios fanáticos que oprimen a su vez no hay paz que valga.


(Fotografía tomada de El País. Léase la noticia)


viernes, 29 de marzo de 2019

Naxos y el chico del océano















También yo vine del océano. No nací en él pero a veces me lo parecía. Navegué tanto que llegué a pensar que el  sol acosador era mi padre y el agua preñada de sal era mi madre. Mis años infantiles quedaron pronto atrás. Guardo escasa memoria de ellos. A diferencia tuya, pues aquí algunos te tienen poco menos que en un altar, no fui mimado por nadie, ni antes ni después de darme a la mar.  Si acaso por mis propios remos, que prolongaban mis brazos, fortalecían mis músculos, convertían mis manos en el duro madero que sujetaban. Daba lo mejor de mí. Las circunstancias me habían expulsado a la aventura. Pero quién no se ve obligado a buscar una salida para sobrevivir con mayor dignidad. Además, tan joven, me movía por impulsos y sueños, sin imaginar que unos y otros se desvanecerían. Nadie me instruyó en artesanías. Tampoco me interesó la milicia, si bien tuve que adiestrarme en ella. En cuanto pude me apunté a naves que comerciaban y en las que me sentía compensado por la camaradería. Anhelaba conocer, pretendía disponer, quería descubrirme. Remé, atendí múltiples labores de cubierta, descargué mercancías que enriquecían a muchos, defendí la nave de asaltantes. Arduos trabajos, sometido siempre a la inclemencia y a la agitación de las aguas, donde se ponía en evidencia mi vigor, y por lo cual otros me apreciaban, pero en los que se desgastaba imperceptible y paulatinamente mi cuerpo. Cuando tuve que usar la espada, pues algunas aventuras marinas también obligan a ello, no pude negarme, o no me atreví a oponerme, pero busqué la manera de no estar en primera fila de cualquier acción ofensiva. Seguro que en esto tú me comprendes bien. Supe entonces que no era lo mío enfrentarme con violencia a otros cuerpos. ¿Quién soy yo para inferir daños o eliminar vidas? Verdad es que se me proporcionaba a cambio un arma poderosa diferente, mis propios compañeros de navegación. Éramos una piña, alentados por el jefe pero a su vez para defendernos del jefe que, en sus virulentos cambios de conducta tan pronto nos arengaba con intención protectora como nos exigía tiránico, amenazándonos con insultos y castigos brutales. Muchas veces me preguntaba: ¿es tan importante un jefe? ¿Sabe llevar las riendas de la nave? ¿Acierta en la dirección adecuada o solo pretende que sigamos con sumisión sus instrucciones inciertas, en ocasiones desastrosas? Sí, nos mantenía unidos a todos, bien fuese por los incentivos prometidos o por la carga onerosa y desatada de su autoridad. A mis compañeros y a mí nos privaba sobre todo tener nuevas experiencias, llegar a una costa y disfrutar de las novedades inesperadas, pero todos coincidíamos en que el mayor castigo, el superior desquiciamiento, era cumplir las misiones de la visión enfebrecida, obsesiva hasta el infinito, del jefe. Sus fantasías, su tenacidad por buscar un territorio del que nunca supo decirnos cómo era, dónde estaba  y por qué había que alcanzarlo, nos condujo a enfrentarnos a múltiples peligros. Algunos compañeros perecieron fatídicamente por la confusión de un jefe obcecado. No saber a dónde llegar, y no solo por dónde ir, puede ser una de los mayores condenas, si no la más grave y dolorosa. 

Naxos habla al chico como si hablara a un adulto. Pélagos escucha con atención, sin pestañear ni hacer preguntas. Como si todo lo entendiera. Como si no tuviera prisa por comprender. Luego busca con la mirada a los otros chicos que han bajado hasta la playa. Pero no se mueve.



(Fotografía de Herbert List)

jueves, 28 de marzo de 2019

La teocracia iraní contra la abogada Nasrin Sotoudeh (y un poema de Sohrab Sepehrí)





Copio y pego:

"38 años en prisión y 148 latigazos: este es el destino que el estado iraní reserva para la abogada Nasrin Sotoudeh por defender a las mujeres y a los débiles en los juicios. En términos constitucionales esto significa que los poderes legislativo, ejecutivo y judicial reunidos en las mismas manos establecen que la práctica de la justicia no debe existir. Si el abogado es violado en sus prerrogativas, el juicio tiene solo una parte: la acusación. La defensa está cancelada. Y para que sea de la manera más audaz y provocativa, la sentencia impuesta intencionalmente no tiene proporción con respecto al "crimen": 38 años aniquilan la voluntad de sobrevivir, si es que alguna vez fue posible en las cárceles iraníes; 148 latigazos comprometen la seguridad física. 

Este crimen se hace aún más odioso por la naturaleza teocrática del poder que emitió el veredicto: ¡Dios habla con la voz del propio estado iraní! 

La persecución de Nasrin quiere tener un significado simbólico y didáctico. Pero el mundo está lleno de mujeres y hombres que, si tan solo supieran, darían a esa condena su significado simbólico: la necesidad de luchar contra el poder absoluto, contra el estado teocrático, por la defensa de una vida ejemplar y preciosa. 

Preparemos iniciativas y eventos donde hay representantes oficiales del estado iraní, embajadas, consulados, delegaciones culturales y comerciales. Cada asiento que pueda presumir de la bandera iraní debe saber que hasta que no sea liberada Nasrin, la bandera estará manchada por el deshonor absoluto".

Pancho Pardi. Revista Micromega.








He buscado para Nasrin un poema del importante poeta iraní Sohrab Sepehrí de su obra Espacio verde.


"Oasis en el instante


Si venís a buscarme
estaré más allá de la tierranada.
Más allá de la tierranada hay un lugar.
Más allá de la tierranada las venas del aire
están llenas de vilanos que nos traen noticias
de una flor recién abierta en el arbusto del extremo confín de la tierra.

En la arena hay dibujos de cascos de caballos,
de sutiles jinetes que al alba se dirigieron hacia
las alturas ebrias de la asunción de la amapola.
Más allá de esa tierranada el abanico del deseo permanece abierto:
en cuanto la brisa de la sed corre por el fondo de una hoja
se oyen las campanas de la lluvia.
Aquí el hombre está solo,
y en su soledad
la sombra de un olmo se extiende hasta la eternidad.

Si venís a buscarme,
venid, pues, lenta y suavemente para que no se raye
la porcelana de mi soledad".






lunes, 25 de marzo de 2019

A Naxos le hablan de Pélagos


















Le llamamos Pélagos porque nació en el océano. Su madre desapareció en medio de la tempestad. Nunca se supo quién fue. Del niño se empezó a decir que era hijo del mar. Un don de las aguas, decían poéticamente muchos. Un ofrecimiento de Poseidón a nuestra tierra, apostillaban religiosamente otros. Está bajo la protección de Samos, una cuidadora del templo que aún no conoces. Lo verás jugando con más niños, pero no exhibe una especial alegría, como tampoco se hunde nunca en la tristeza. Es mortal como todos nosotros pero tiene habilidades que a los demás nos costaba tener a su edad. Nadie le ha enseñado a nadar, pero sabe recorrer las zonas cavernosas de la costa sin temor. El viejo Thasos, no obstante su ceguera, le enseña nociones de matemática, pero Pélagos va siempre más allá. El lisiado Andros, que sabe de geometrías aunque se lo calla, le dibuja formas en el suelo. Él las reproduce y las proyecta en nuevas soluciones que deja pasmado a quien lo ve. Con quien más simpatiza es con el loco. Hay quien dice que ha aprendido muchas cosas de Alónnisos y que este se ve reflejado en él. Si Alónnisos le enseña una canción el chico la prolonga, inventando nuevas rimas. Le cuenta historias, unas vividas y otras inventadas, o acaso todas producto de la imaginación del orate, y Pélagos las va narrando por ahí. Pero no le basta con eso. Las amplía, las enriquece. Muchos vecinos se preguntan: ¿cómo puede ir contando tan hermosos relatos si apenas ha vivido lo suficiente para saber de qué habla? De vez en cuando viene por el alfar y cuando ve el torno desocupado se planta en él y, aunque le cuesta hacerlo girar, es sorprendente la capacidad que tienen sus manos para moldear la arcilla. Por supuesto, los obreros le dejan hacer como un juego más, pero observo que le envidian y se asombran. Si nadie le ha enseñado, comentan jubilosos. Como no sea de vernos trabajar a nosotros, se consuelan en sus celos. Solo hay algo que le detiene. Cuando se encuentra ante una espada Pélagos se tira para atrás. Los de la milicia le toman el pelo, cógela que no araña, le dicen. Pero ni siquiera ofreciéndole la empuñadura ni demostrándole cómo se maneja quiere él saber nada de la espada. Hay un grupo numeroso de gente que ve en Pélagos algo más que un niño, más que un hombre en ciernes, más que una casualidad. Estamos de acuerdo en que nadie comprendemos las aptitudes de este chico pero, cuidado Naxos, que esa gente busca otra cosa. En sus mentes ansían salvadores, salvadores que, por otra parte, en el pasado nos han llevado al suicidio, y alientan a Pélagos, extienden por la ciudad que el regalo del mar es una señal que hay que aprovechar a nuestro favor. Lo sorprendente es que nunca lo habían planteado hasta ahora. Justo cuando ven que tú te has ido integrando con nosotros y que estás dispuesto a hacer tuya la vida de la ciudad. Hay quien sugiere que hay que preparar a Pélagos para que lidere la fuerza que perdimos. Que lo del temor a las armas es algo que ya superará cuando sea un efebo hermoso y encendido. Que ahora lo importante es preservarlo y alimentar sus conocimientos. ¿Sabes lo que pienso? Que el niño no les importa, que es la excusa, que ciertos ciudadanos quieren volver a las andadas. ¿No es terrible, Naxos?  

Esto ha contado Thera, la artista que decora los cálices, a Naxos. Naxos se ha quedado embelesado por el testimonio. Piensa, sonríe y calla.



(Fotografía de Toni Catany)


domingo, 24 de marzo de 2019

La curiosidad del niño




Al niño la curiosidad le empuja a hacer frente al misterio. Cualquier movimiento es un ejercicio de acercarse a lo desconocido. Saber qué hay más allá, lo interprete o no. Necesitará alguien mayor que él para aproximarse a una explicación que tampoco comprenderá del todo. O reservará para sí de modo sigiloso el encuentro con un desenlace, sea cual sea el objeto de su atención. El niño mira a lo que le intriga, pero en realidad se va asomando al futuro. Aún es muy pronto para que el futuro le responda y está lejos de saber -muchos adultos no lo saben del todo- que se pasará toda la vida preguntando, intrigado, porque un descubrimiento conduce a otro y no hay fin. Áupame más, pide el niño. Ignora que no va a tener siempre a alguien cercano que le sujete, que le levante, que le lleve de la mano. Y poco a poco tendrá que asomarse a fauces fieras o a bocas sonrientes. Sin que siempre llegue a saber con claridad qué hay de ferocidad en unas y de bondad en otras. Tendrá que asomarse a a agujeros, a entradas aparentemente fáciles y a cavidades de dimensiones ignotas. Desconoce también que no hay que menospreciar ninguna abertura, que la grieta más insignificante puede conducir a espacios desmesurados o que una gran entrada de cueva frustre su espacio interior unos metros más allá. ¿Cómo será la andadura del niño? ¿Se apoyará en otros? ¿Dará codazos y pondrá zancadillas para lograr algo? ¿O se las pondrán a él? ¿Tenderá sus manos débiles a otras manos colaboradoras? ¿Se mantendrá en equilibrio por sí mismo? ¿Le esperan agujeros, simas, campo abierto? Sin duda le saldrán al paso profetas de verdades incomprobables, falsos inductores, fanáticos que hablarán en su nombre y le prometerán alcances sin esfuerzo. ¿Sabrá situarse él ante tanto manipulador para no dejarse seducir por lo fácil? La curiosidad empuja al hombre que se va haciendo. Ojalá descubra el niño que no hay mayor triunfo de la curiosidad que obtener certezas relativas que amplíen su capacidad, que no la reduzcan, que no la limiten. La curiosidad del niño que ahora, distante de sus orígenes, porta ingrávida y estimulante en su madurez. 

  

viernes, 22 de marzo de 2019

Un cromo que venía con la tableta del chocolate




Esto es solo un cromo. Un cromo que venía con la tableta de chocolate el otro día. Uno es tan incauto que no sabe por qué gesticula de esa manera el personaje en cuestión.  Tal vez le diera un paralís, que decían antes. Acaso una contracción del esfuerzo varonil. O es que acaba de perder algo y no se lo encuentra. Pues como siga andando así por la calle no sé qué va a pensar la gente. La verdad es que cada vez hacen cromos más raros. Mira que se lo tengo dicho a mi nieto. Si te compro chocolate es por el chocolate, que los cromos vienen muy raros en estos tiempos.



miércoles, 20 de marzo de 2019

lunes, 18 de marzo de 2019

Naxos en boca de ellas








"Dime, ese poeta tuyo,
a no ser versos nuevos, ¿qué te da?

Ovidio. Amores.



Thera, ¿sabes si Naxos sigue buscando a la sibila? Ikaria, la chica de las flores, dando saltos, se planta delante de la ceramista cuando esta va camino del taller. A Thera no le hace gracia la pregunta, que la percibe con siniestra intención, ni está por perder el tiempo hablando con alguien a la que considera trivial e indolente. Quiere quitársela de en medio y se muestra abrupta. Tú sabrás mejor que yo, pues bien buscas confidenciar con él interrumpiendo sus meditaciones. Ikaria no se acobarda. Desde que llegó Naxos, le responde con prudencia, nadie parece estar interesado en consultar a la pitonisa. ¿Y para qué?, dice la artista. ¿Es que acaso depende de esa mujer oculta que esta ciudad sea levantada de nuevo y que todos sobrevivamos dignamente? No es necesario consultar nada. De promesas y acertijos no se vive. Con falsas esperanzas y trucos verbales no se sale adelante. Recurrir a la oscuridad para tener luz es una torpeza. También nuestros antiguos gobernantes fueron a aconsejarse con ella y las decisiones que tomaron no fueron adecuadas. Tal vez ellos no las supieron interpretar, se explica la chica. Bien pudieron justificarse con la visita a la sibila, pero luego actuar como a ellos les pareció. Thera se encrespa. ¿Y por qué no salió la adivinadora de su cueva y lo denunció ante toda la población? Ah, claro, dirás que esa mujer no está en este mundo aunque lo sabe todo de nosotros y distingue al dedillo nuestras ambiciones y debilidades. Dirás más, que es una intermediaria entre los dioses y nosotros, los castigados mortales. Thera, le responde la joven, la pitonisa podría haber tenido un excesivo poder si hubiera querido. Podría haber manipulado las vidas y los negocios de muchos. A Thera le irrita esa defensa tenaz de la profetisa. ¿Acaso con sus opiniones en secreto no ha influido? ¿O ha estado tapando los planes de quienes nos llevaron al desastre? La chica de las flores habla con gesto serio. La sibila no tiene mala voluntad, insiste. No es ella sino los hombres los que se equivocan. Puede que su error sea escucharlos, pero se presentan ante ella tan confundidos, tan sumisos de sus propias audacias, tan indecisos por no saber distinguir lo que está bien y está mal...También Naxos llegó a esta isla perdido de su pasado y confundido por su presente y necesitó llamar a la adivina. Ahí no te doy la razón del todo, le espeta Thera. Naxos optó por quedarse, decidió correr los riesgos con nosotros, empezó a estar seguro al ir conociéndonos. Ikaria, convéncete, fuimos nosotros los que respaldamos su determinación. Si hoy no busca a la mujer de la cueva es porque no la necesita. ¿Y qué o a quién necesita entonces?, sugiere con equívoco empeño la chica de las flores. ¿Va a ser tu arte lo que le cautive? ¿La belleza de los efebos? ¿La experiencia de la hetaira? ¿La sabiduría de los ancianos y de los impedidos que no saben sino quejarse del infortunio? Sin disimulo, Ikaria lanza un dardo envenenado. ¿O van a ser los largos coloquios que tenéis entre vosotros en la playa? Thera, que odia la envidia y el encelamiento, sonríe cínicamente. Luego se justifica. El anciano Lemnos me estará echando de menos. Tengo que terminar de pintar algunos vasos donde me esperan los sueños de los clientes, zanja con desparpajo.




(Fotografía de Ferdinando Scianna)

viernes, 15 de marzo de 2019

Naxos y el escultor manco





















"Heme aquí desperdigado entre mis días
y mis fantasmas, arrogante, tierno,
abrumado por una pasión que busca
y da vueltas sin cesar, arrastrada por la tristeza.
Cual si a la historia diera caza entre las piedras,
durmiendo en la arena o en brazos de las ruinas".

Adonis, El libro (II)




¿Qué vais a hacer con las estatuas mutiladas? Naxos, el joven remero que todo lo pregunta porque de todo quiere saber, se ha dirigido al escultor Kálimnos, todavía dotado de una madurez temprana, pero cuyo cuerpo ahora no difiere mucho de las esculturas. Lo que tendrían que hacer conmigo, responde el artista. Enterrarlas. ¿Tú crees, joven extranjero, que habiéndome dejado sin manos puedo servir para algo? A otros artistas se los llevaron los invasores, al menos tuvieron mejor suerte. Allá donde hayan ido tal vez sigan trabajando. ¿Sabes por qué no me quisieron a mí y me amputaron de esta manera brutal? No te fíes de lo que dicen por ahí. Que si les planté cara. O que no les gustaban mis obras. O que buscaban destruir la imagen que teníamos de nuestros dioses. La verdad es que me cercenaron solo para que la ciudad  recuerde. Envidiaban nuestras esculturas, ya fueran las tallas de los jóvenes desnudos ya la de las diosas. Envidiaban la exaltación de la belleza humana. Naxos, que ya había observado con horror aquella quiebra en el hombre, trata de  consolarlo. Tal vez si hubieran podido embarcarlas se las habrían llevado enteras y a ti con ellas. Kálimnos ríe con amargura, luego habla con desánimo. Esas gentes sabían muy bien lo que hacían. Su objetivo no era el mero saqueo, también se trataba de atemorizarnos con la máxima destrucción posible para frenar el auge de nuestra ciudad. ¿Y cuál es la mayor de todas las destrucciones? Incapacitar a los artistas, convertir en mudos a nuestros oradores, atravesar con la espada a quienes mejor pensaran, secuestrar a nuestros gobernantes y condenarlos a un cautiverio incierto. Naxos, vencer a hombres armados en un combate es costoso e insuficiente, pero no difícil, sobre todo para quienes han hecho de la violencia razón de vivir. Pero intentar acabar con las ideas o reprimir la imaginación requiere otras mañas. De ahí que combinaran el castigo ejemplar con el pillaje y la devastación. Ah, pero en el fondo son unos estúpidos, pues las obras nunca mueren del todo y renacen en nuevas formas. Naxos se entusiasma al escuchar el razonamiento del escultor. Quiere alimentar su esperanza. Eres frágil de extremidades y sin embargo poderoso en tus razonamientos, Kálimnos. Te habrán cercenado las manos pero no el ímpetu y, sobre todo, la intención. Has pagado un precio alto, mas sabrás encauzar tu inteligencia por otras vías. No debes ceder al abandono, ni darte al vino peleón, que te producirá más penas, ni sucumbir a la lástima de la gente. ¿Acaso aún te duelen los muñones? El escultor muestra una mirada dura. Reacciona contundente. Me duele la incapacidad para coger un mazo y un buril, sí, y no poder derivar el curso de una obra por donde yo quiero, como antes. Ahora me limito a dar instrucciones a los aprendices más experimentados, pero yo nunca fui un profesor de artes sino un hombre intuitivo y solitario donde vida y escultura se confundían a través de los días y las noches. Por lo que me ha dicho Thera, le corta Naxos, muchos de tus trabajos se conocen en otras ciudades precisamente por ese esfuerzo, aunque quienes admiren tus estatuas ensalcen solo su belleza como si fueran cuerpos autónomos. ¿Y de qué me sirve ahora?, dice Kálimnos con desaliento. Ya sé, me dirás que la experiencia que acumulo es una gratificación, o que puedo transmitir a la juventud técnicas y sugerencias, pero para siempre seré nombrado en cualquier parte como el escultor manco. Naxos le habla con brío. ¿Y eso te inquieta, Kálimnos? Cuántos supervivientes quisieran alardear de tu pasado y del aprecio del que eres objeto. No todo acaba, tu madurez aún es joven, no se te negará ni amores ni reconocimientos. Naxos, eres benévolo, pero no justo, y Kálimnos se emociona. Los amores perecieron con mis estatuas derribadas. No quiero pensar que junto a la obra desaparecida también termine la memoria de las gentes.           



    
(Fotografía de Herbert List)

lunes, 11 de marzo de 2019

Naxos. Disputa sobre las mujeres intrigantes














"No es fácil que a las diosas
por tu hermosura que deseo inspira
te puedas tú igualar".

Safo de Mitilene, El mar por medio.



La chica que anda siempre por el monte no es nieta de la vieja Kéa, cuenta Thera la ceramista a Naxos. ¿Y por qué ambas se reconocen como de la familia?, responde sorprendido el joven. Thera da su versión caprichosa. Se protegen mutuamente de esa manera, dice. Diezmada la población tras el asalto a la ciudad pocos hay que sepan acerca de los oscuros secretos de los supervivientes. Habrás observado que Ikaria apenas se relaciona con los que quedamos. O lo hace cuando se siente cómoda y sin dar nada a cambio. Ella siempre anda recorriendo las zonas más agrestes, subiendo y bajando por las laderas de la ciudad, evitándonos, ajena a nuestras preocupaciones, visita a la anciana de vez en cuando y va diciendo que tiene un contacto permanente con la pitonisa. Claro que muchas veces se inventa historias y presume de preservar conocimientos que no son accesibles a cualquiera. Pero la pitonisa existe, salta Naxos, yo mismo he hablado con ella, aunque no he llegado a verla con claridad. Thera no da tregua al hombre. O acaso lo has soñado, Naxos, no seas ingenuo. Se toman como reales tantas manifestaciones oscuras con que la imaginación febril o los sueños nos atrapan en sus redes. Una vez me contaste que la sibila os habló a los marineros cuando llegasteis a la isla y, sin embargo, aquellas voces, ¿no podrían ser producto del cansancio y de la insolación? Nadie ha visto a la pitonisa desde la destrucción, pero se la evoca para que sea un símbolo de normalidad para todos nosotros. Naxos, que no oculta su simpatía por la joven de las flores, saca la cara por ella. Ikaria parece tener ideas propias sobre la naturaleza, no solo la que nos rodea sino la de las profundidades humanas. Y tú misma has visto que está interesada por la música y la poesía, lo cual prueba lo extremadamente sensible que es. La pintora de cálices se rebela con energía. ¿Y no lo eres tú?¿ Y no lo soy yo? ¿O Alónnisos, el loco, al que pocos han entendido si bien él sí que nos ha comprendido a todos? De Ikaria se ignora si tuvo oficio y su cuerpo no tiene rastro de haber sufrido desgaste y nadie sabe decir de qué casa es o a quién sirvió o en qué matrimonio encerró sus días. ¿No te parece extraño? Apareció justo cuando tantas mujeres y hombres desaparecieron. ¿Venía con los invasores? ¿Estaba oculta en un palacio? Su juventud aparente le da carta blanca para alardear de inocencia. Los que difunden creencias mistéricas dicen que encarna la eterna juventud por un pacto marital con los dioses. Pero yo creo que cuanto se diga de ella también es una invención suya. Pobre quien se deje seducir por sus narraciones o caiga en la tentación de sus formas delicadas. Naxos enmudece ante el irritado tono de la artista. Thera no quiere quedar en evidencia de su encelamiento y desvía la conversación. He estado pensando, Naxos, que voy a dibujar tu cuerpo en una hermosa crátera que el bueno de Lemnos está terminando de cocer. Se admiten sugerencias.





(Fotografía de Ata Kandó)


viernes, 8 de marzo de 2019

Evanescencia y presencia. Himno a Nikkal




Siempre me gustaron los versos de Octavio Paz, de su bellísima Carta de presencia:

"Tú no estás dormida ni despierta: 
tú flotas en un tiempo sin horas".

Pero la evanescencia se diluye más acá de las fantasías de los poetas. Y, sin embargo, cuánto necesitamos la imaginación para sobrevivir.

Dicen que el Himno a la diosa Nikkal es la música más ancestral hallada hasta la fecha, de hace unos 3.400 años. En las excavaciones de la ciudad hurrita de Ugarit (hoy en territorio sirio) se hallaron unas tablillas cuneiformes con esta composición. Adjunto dos versiones, una sencilla, más o menos lineal y aproximada a la interpretación original. Otra, una adaptación moderna orquestada. Disfrútense en este día tan señalado.




lunes, 4 de marzo de 2019

Naxos. Buscando la belleza















" - Era usted una mujer muy guapa.
  - La belleza..., usted ya sabe...-se encoge de hombros-. La vejez causa estragos. Hay que habérselas con ella y es insoportable. Al final está la muerte, que es la única justicia, por otro lado".

Franck Maubert, La última modelo


¿Perdido en tus pensamientos, Naxos? ¿O presa de tus tentaciones? Ikaria, la chica de las flores, siempre aparece en los ratos de soledad del muchacho. Naxos responde como si lo hiciera solo para sí mismo. Vine por romper con la confusión. Me aparté de mis compañeros porque la pitonisa me hablaba y, cómo no reconocerlo, me seducía. ¿O es lo mismo? ¿No es la palabra del otro la que nos cautiva más allá de la esplendidez de los cuerpos? Me quedé porque os descubrí a todos vosotros. ¿Habíais sobrevivido los mejores o solo os eligió el azar? Quién sabe, y cuando habla Ikaria parece tan madura como transformada. Los riesgos extremos cambian a las personas. No por principios morales, que algunos dirían, sino por simple reacción de supervivencia. O eres mejor o no levantas cabeza. O te estrechas con el vecino o no hay garantía de seguir adelante. O la gente se propone afrontar esfuerzos, decididos de la mejor manera, o no hay obra nueva, es decir futuro. ¿Crees que los dioses van a levantar la vida hundida de los individuos? ¿Crees que las musas van a inspirar con sus artes los cambios necesarios en lo más hondo de nuestras necesidades? Ni siquiera la exaltación de la belleza, en nombre de la cual se alzaban antes estatuas y cánticos, y a la que todos nosotros nos entregábamos, proporciona ya un ápice de esperanza. También a la belleza hay que edificarla nuevamente. De ella no se vive. Naxos mira a la joven Ikaria. No he sabido de la belleza hasta llegar a esta ciudad, le replica. La joven sonríe. No has llegado en el mejor momento. O acaso sí, tal vez ahora puedes percibir en el resurgir de la vieja ciudad lo que merece la pena. La actitud humilde del vencido. La generosidad de los que comparten. El alma abierta a los que, como tú, llegan sin exigencias. La opción de abandonar lo inservible y sobrante, y prestar atención a lo que es meramente imprescindible. ¿No hay suficiente belleza en todo esto? Sé que al contemplar las ruinas, aún altivas, tratas de intuir la belleza de lo que estuvo construido. Y que cuando contemplas a nuestros hombres y a nuestras mujeres jóvenes te tienta la idea de reducir la imagen de la belleza a sus cuerpos. Pero quien habla entonces por ti no es el razonamiento, sino el deseo. Todo lo que me dices ya lo sé, dice Naxos. Pero me viene bien escucharlo. Y me sorprende aún más que este discurso venga de ti. ¿Sabes, Ikaria? Me pareces una mujer sin edad. O con una edad que no avanza ni retrocede. Tan pronto me resultas ingenua como sabia. Tan distante como íntima. Tan liviana como cargada de dones. Acaso soy la belleza personificada, le interrumpe la joven con risas. La anciana Kea, mi abuela, fue en su juventud una mujer a la que los poetas llamaban diosa. Ella cuenta que llegó a ser modelo de un escultor que tuvo que irse de aquí porque llegó un momento en que no distinguía entre la escultura que hacía y la mujer de carne que posaba. ¿Terminó la obra?, pregunta Naxos. Dicen que estuvo a punto de acabarla, pero que pocos llegaron a verla y nunca se supo dónde fue a parar. Que si se embarcó secretamente en una nave, que si fue destruida a golpe de mazo por el mismo artista. O acaso se encuentra escondida en alguna parte para disfrute de otras generaciones o de los extranjeros que sigan llegando a nuestra ciudad. La belleza tiene fin, Naxos. Y, en ocasiones, se le niega el tiempo justo de manifestarse. Yo creo que hay que disfrutar de la belleza mientras se nos brinda, salta  Naxos en un acceso extremadamente juvenil. ¿Tú lo haces?, y a Ikaria le ha faltado tiempo para interpelarlo. No llames belleza a lo primero que se te ofrece a la mirada, para que su caducidad no salte a tus ojos anticipadamente. Ni trates de atraparla como si fuera un animal al que hay que cazar. Ni alardees de poseerla, porque la verdadera belleza es siempre rebelde y no se deja capturar fácilmente. Mira y espera siempre a que entre tú y el objeto bello tenga lugar un diálogo sincero. Acaso de esa manera la belleza no se aje nunca.




(Fotografía de Ata Kandó)


viernes, 1 de marzo de 2019

Carmen Jiménez o la superación




Carmen Jiménez es la voz de la superación. También de la transformación. Demostración palpable de que con esfuerzo se llega lejos. Como poco, a independencias y liberaciones impensables. Como mucho, a una realización personal ilimitada casi. Carmen Jiménez Borja fue una revelación en el encuentro TEDxValladolid. Viendo el vídeo adjunto se sabrá por qué. Y lo claras que tiene las cosas esta mujer. 

Por cierto, el alcalde de la ciudad la ha fichado para la lista de las Municipales.