miércoles, 24 de abril de 2019

El loco advierte a Naxos sobre las fuerzas ocultas



"Dicen que las voces divinas han enmudecido
Yo digo que los oráculos callan por su propia voluntad".

Gunnar Ekelöf, de Guía para el Averno, de la trilogía Diwan.



Samos, la que cuida lo que queda del templo, dice que tenemos desatendidos a los dioses. Que apenas ofrendamos y recurrimos a solicitar sus favores, y opina que aunque el templo sea ruina quedan en pie el espíritu y la intercesión de las divinidades. También pregona por ahí que apenas se consulta al oráculo, y que todo ello sucede desde que tu presencia entre nosotros, Naxos, ha hecho confiar más a los supervivientes en sí mismos y les ha apartado de otras mediaciones, para mí improbables. Alónnisos, el loco, habla con estas palabras cuerdas al joven remero. Hay una complicidad entre ellos, incentivada porque además el hombre siente la necesidad de proteger a Naxos. Te prevengo contra las provocaciones de los creyentes más enfervorizados, avisa al joven. Naxos, cuyo temple reposado y ecuánime es cada vez más valorado en la ciudad, agradece las palabras del orate. Imaginaba que las fuerzas oscuras podrían acechar, pero todos sabéis que nunca me he inmiscuido en los temas que no están en la propia naturaleza. Es obvio también que desde que me he implicado más con vosotros no me interesa dejarme asesorar por la pitonisa. ¿A quién puede interesar acudir a ella cuando hay tanto que hacer aquí y podemos llevar a cabo con nuestras manos la obra de la reconstrucción? Pero cuidado, le sugiere Alónnisos, que los que siguen a Samos, la perenne vigilante del templo, insisten en que no es posible una reconstrucción si hay olvido de los hacedores eternos y de los inmortales. No estar a bien con las divinidades, va diciendo ella, puede procurarnos males mayores. Y que romper con la tradición de recurrir a la adivina es también una actitud peligrosa, pues priva a los hombres de la sabiduría de una mujer que intermedia entre ámbitos diferentes y en tensión. ¿Tú crees eso?, le responde Naxos. Mi mundo, como bien sabes, le interrumpe Alónnisos, nada tiene que ver con el de quienes se erigen en rectores de las vidas ajenas. Los mitos están bien donde han estado siempre, en la narración que nos han transmitido, y la adivinación puede ser un cuidado que se procuran los indecisos, pero nunca una ciencia. Samos no tiene otro mérito que haber mantenido en orden el lugar donde muchos hombres y mujeres depositaban sus esperanzas, tras las que había búsqueda, entregada e impersonal, de protección y seguridad. Samos ha vivido cómodamente años atrás atendiendo los cultos y las dedicaciones sagradas, y en absoluto ha participado nunca en los servicios prácticos a la comunidad. Cree que tus maneras de incentivar el resurgimiento de la ciudad, uniendo las fuerzas de unos y otros vecinos aleja a estos de las ancestrales creencias. En fin, Naxos, que esa mujer tiene celos de ti y teme que disputes su influencia. Si lo ve de esa manera, no es culpa mía, le replica con cierta euforia el remero. Levantar una ciudad de nuevo no es posible pensando únicamente en el ultramundo y en los acertijos. ¿Qué proponer? Las estatuas fueron mutiladas. Pues bien, ya se esculpirán otras nuevas. Los edificios, arrasados. Ya se alzarán sobre nuevos planos nuestras viviendas. Las sedes de las instituciones acabaron demolidas. Nuevas leyes y nuevos proyectos decidirán más que la piedra erecta. Las flotas mercantes venidas a pique se pondrán a flote bajo técnicas más útiles y modernas. Todo esto debe saberlo la tal Samos. Y si no lo aprueba encontrará enfrente a los habitantes de la ciudad. Alónnisos se sorprende del tono enérgico del joven. Está bien este ánimo, le dice, pero las cosas nunca son tan sencillas ni el proceso de realización un camino de rosas. Largos planes no siempre son correspondidos con recursos sencillos. Grandes ideas pueden perecer en su falta de concreción.  Y el esfuerzo colectivo se verá sometido a altibajos cuando las circunstancias no sean siempre favorables. Sé prudente, Naxos. No dejes que tus intenciones se pueblen exclusivamente de sueños.  




(Fotografía de Herbert List)

6 comentarios:

  1. El último consejo parece más propio de un sabio que el de un loco. Y no conviene mezclar concepto de sabiduría con el de locura, ni se incluyen ni se excluyen entre sí.
    En su día se publicaba que la locura contaba con más dotes creativos que la cordura, me parece que ha cambiado la tendencia si bien, aunque desesperante, la locura puede resultar una cuestión mucho más “entretenida”. No encuentro ese matiz en Alonnisos esta vez.
    Claro que el “concepto “ de locura resulta tan diverso como mentes que lo enumeren. Mira ello resultaría un buen marcador psicológico tipo test de Rorschach. Menudo temita , ya te digo!

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    1. La locura de Alónnisos cara a la población se trueca en cordura, y necesidad de transmitirla, para con un extranjero que se integra y que no está cargado de prejuicios como sus paisanos. Y que encima parece empeñado en hacer y construir, frente al derrotismo de la colectividad.

      Los conceptos deberían clarificarse entre nosotros, en general. Después de ver los tiempos que vivimos, que de cordura tienen muy poco, uno se da cuenta que no solo las ideas han perdido relieve, es que los conceptos están oscurecidos cuando no prostituidos, y el lenguaje ha sido falsificado hasta extremos increíbles. ¡Por una renovada conceptualidad! Con lo fácil que sería llamar al pan pan y al vino vino, pero ni el pan es como el de antes y sobre el vino habría mucha química de la que hablar, jej. Bien estar.

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  2. Naxos respeta los sistemas de creencias de la gente, forman parte de las estructuras sociales y cumplen su papel. Se acercará a Samos; las alianzas entre las diferentes estructuras posibilitará una reconstrucción sin problemas, con prudencia, como aconseja Alónnisos.

    Adriana

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    1. Quién sabe. ¿O para que cunda lo nuevo tiene que desaparecer lo viejo? No siempre es así en la historia de la Humanidad- Simplemente desaparecen unas partes y se mantienen otras. Hay de todo. Nada se crea desde cero. Nada acaba convirtiéndose en cero.

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  3. Como dice Emejota, parecen los consejos de un hombre sabio más que de un loco; pero es que hay locuras que nacen de la sabiduría y se nutren de un exceso de conocimiento. Y se les llama locos simplemente a los que reman contracorriente.
    Saludos.

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    1. Habrá casos en que la locura será una forma de disimulo, de pasar desapercibido ante las obligaciones, de quedar al margen de imposiciones, normas y responsabilidades. Hay gente que no soporta la dinámica del sistema desde sus actos más simples. Fuera de órbita o parapeto, la locura en los tiempos modernos es objeto de interpretación, aunque hay quienes se resisten a ser interpretados. Las guerras y los servicios de armas obligatorios desencadenaron locuras aparentes, tras las cuales se daba un fondos de resistencia. Saludos.

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