lunes, 15 de abril de 2019

Los libros huérfanos o desvalidos




Me costó tres euros el otro día. Está impecable, parece un libro riguroso y abundante en información. Derroche de planos, dibujos, fotografías y textos que interpretaré con deficiencia, seguro, por mis limitados conocimientos de urbanismo y arquitectura. Pero siempre quise saber de esa planificación cuadricular, digamos, que tanto me recuerda a las ciudades romanas (como si uno hubiera vivido en ellas, vaya) y que es espectacular en nuestra ibérica Barcelona. Claro, que es fácil que el libro solo suponga para mí un recurso a una especie de paseos -recordados unos, imaginarios, otros- por esa Barcelona de aventuras más juveniles o menos provectas, tratando de identificar lo que pateé y sorprendiéndome con lo que desconozco todavía. Viajar sobre mapas y planos nunca se me dio mal. Y ha paliado muchas veces mis sedentarismos.

Naturalmente, lo mismo que me ha ocurrido con este libro especializado me pasa con los de otras materias cuando entro en una librería de lance, o de segunda mano. O de viejo, que dicen algunos. Caza y captura. O rescate, según lo oriente. Esa sensación como si entrara en un asilo de papel y de pronto me viniese el impulso de convertirme en protector de todos aquellos volúmenes -cada vez hay más en esos antros- o de recuperar su uso. De vez en cuando compro alguno que ya he leído, pero que si el título es interesante, no digo ya importante, lo regalo. Los libros no se merecen permanecer abandonados. ¿Cómo dejar olvidados allí las Vidas imaginarias de Marcel Schwob, por ejemplo, o un Camus o un Machado o una compilación de cuentos de terror de Machen, o El búho ciego, del persa Hedayat? Esos libros, me digo cual cruzado de la causa, deben ser liberados de la cautividad y hay que ponerlos en circulación para que puedan ejercer el rol y la libertad de ser leídos.

Cada vez más pisos de gente mayor que muere o va a una residencia son vendidos por sus herederos -¡hay que repartirse cuanto antes el valor del inmueble!- y los libros son lo primero que se expurga. Aquí quienes juegan el papel del cura, el barbero, la ama y la sobrina de Alonso Quijano son los herederos buscando la guita, que no la selección y calidad de la biblioteca. A los libros cada vez los quiere menos gente. Cierto que ocupan espacio -también la explicación puede ser excusa-, cierto que no todos los libros de que se disponen en un piso son de interés, pero también ¿no pasa que se dedica cada vez menos tiempo y ocasión a la lectura? Leer libros ya no constituye para gran parte de la sociedad una fuente de conocimiento, de placer, de recreación. De ilustración.

Cuando entro en una librería de viejo y veo cajas enteras recién llegadas trato de imaginar el lugar del que han sido erradicados más o menos violentamente. Pero me entra angustia. Las prisas por vender son siempre un mal vender, y además en este caso son cuatro pelas las que da el librero por una pila de libros. Hay saturación de ediciones, y de los libros que merecen la pena y tienen valor porque están descatalogados no creo que el dueño de la tienda informe a sus coyunturales proveedores. Y allí yace el ingente material, propicio a producir alergias por el polvo y los ácidos de las ediciones. Libros que se amontonan en esos establecimientos en vertical, en horizontal, en diagonal, por los suelos y los altillos, y cuya localización resulta cada vez más complicada. 




24 comentarios:

  1. Amigo Fackel conozco bien este libro editado por la Diputación Provincial de Barcelona, tiene una gran información sobre l'Eixample de Cerdà, es un libro riguroso como no podía ser de otra manera, pues la obra de Cerdà es rigurosa, precisa, de un extraordinario conocimiento fuera de lo común; su Teoría General de la Urbanización es un auténtico munumento.
    Los libros se acumulan, ocupan mucho espacio. A menudo y de forma más o menos sistemática voy repasando lo que tengo en las estantarías y me desprendo de muchos libros, quiero reducirlo todo a muy poco, a casi nada, pero creo que conservaré algunos libros técnicos o científicos como estos dos volúmenes de la Teoría... de Cerdà.
    Abrazos.
    Francesc Cornadó

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    1. Yo ando también esas labores de purga quijotesca, solo que como soy un sentimental pues me cuesta deshacerme de muchos títulos. Lo bueno de una librería de viejo es que uno siempre se sorprende. Salud, Francesc.

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  2. Nos hemos puesto de acuerdo al hablar de libros. Volúmenes que estorban cuando hay un fallecimiento o una mudanza. Y casi nadie los quiere.
    También, las librerías de viejo, los libros de lance, las casetas de madera pintada de la Cuesta Moyano... Cuántos recuerdos gratos de infancia y juventud.
    Saludos, Fackel.

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    1. Alguna cosa tengo yo de la Cuesta Moyano de esas que no son de fácil hallazgo. En efecto, los recuerdos de los primeros años de lectores nos persiguen. También estoy separando aquellos australes y otros que ahora yacen amarillentos y que solo abrirlos provocan alergias al que hojea. Veré tu entrada. Un saludo.

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  3. Lo que más me impresiona, y me ha sucedido en varias ocasiones, es encontrar libros viejos tirados o en los Encantes, con dedicatorias personales, algunas de ellas íntimas, e incluso en un caso en el interior de uno de esos libros, una carta solicitando empleo.

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    1. En Los Encantes y su nuevo diseño de acogida vi mucho material tirado de mala manera, pero solo por sus portadas creo que la última vez me traje algunas cosas. En cuestión de libros de interés literario, buen estado y relación calidad-precio, me gusta más el entorno de Sant Antoni. Lo de encontrar papeles en su interior es algo que me fascina. Te paso unos enlaces para que veas por las fotografías lo que me encontré en mi ciudad en el interior de un libro.

      https://laantorchadekraus.blogspot.com/2008/02/hallazgo.html

      https://laantorchadekraus.blogspot.com/2008/03/caligrafas.html

      Y había otro documento con la letra alemana de los tiempos del nacionalsocialismo, pero no lo encuentro ahora.

      Salud y templanza.

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  4. Sin ir más lejos. Fui esta semana a la búsqueda de un libro descatalogado. Introducción a los existencialismos, de Mounier, filósofo este de tendencia personalista-metafísico.
    El almacén donde quedé con el proveedor, que no librería, era tan grande como un cuarto de manzana. Los libros estaban apilados desde el suelo en posición horizontal, y llegaban hasta casi las lámparas que pendían no muy lejos del techo. Impresionante.
    Hay que pedirle el libro por teléfono, y él lo busca porque a veces tiene que desarmar toda una pila, dado que está de los primeros inferiores.
    Aquello me dio pena y me apesadumbró.
    Traje otro libro para mi buen amigo Francesec (La necesidad del arte), de Anagrama, un libro de bolsillo que casi se me dió de regalo.

    Un abrazo

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    1. Creo que tengo un Mounier por alguna parte. Si doy con él y te interesa el tema te lo paso. Mounier nos impactó en aquellos tiempos juveniles del cristianismo progresista minoritario.

      Lo que me cuentas de esa tienda te creo, porque conozco aquí un par de ellas que tiene sobreabundancia, una parte ya están en anaqueles colocaditos, y cuesta no obstante dar con ellos, pero luego todo el espacio restante está saturado. Lo que me da más pena es cuando contemplo, como el otro día, cajas grandes repletas de libros sacados de alguna casa cuyos habitantes ya no existirán. En fin, simplemente por pasar un rato en esos lugares especiales y buscar lo desconocido o la sorpresa hay que entrar en una librería de lance. Salve.

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  5. Es una tónica que odio, esos libros, cajas enteras, que salen pitando cuando el anciano lector muere. Una pena siempre, qué de manos habrán gozado con ellos es siempre lo que me pregunto

    Un abrazo y por una noche de amable lectura

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    1. Es muy significativo, sí, el fenómeno de deshacerse de los libros porque hay que vaciar el piso. Pensar en las manos que hayan tocado los libros y las mentes que hayan ejercitado su lectura es un acto anónimo de bondad.

      La lectura fue amable, pero los ojos se rinden.

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    2. Huy ha volado un largo comentario.
      En resumidas cuentas tras leer esta entrada toca disfrutar de lo que nos produzca placer solitario, sin molestar, ni ofender ni permitir ser ofendidos. Cada generación aguantará su circunstancia.

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    3. Pues sí, ha debido volar, pues en este nido no se ha posado.

      Por cierto, los verdaderos placeres son siempre de y con uno mismo, solitarios, no obstante las compañías próximas o lejanas. Ojo, también los dolores y sufrimientos, no son transferibles.

      Pero dejémoslo en el libro.

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  6. Para dolores y sufrimientos existe un alivio: la empatía en sus muy variadas formas, pero ni todas las personas disponen de ella, o no la saben ni pueden expresarla.
    Escrito lo cual añadiré que comprendo y hasta comparto perfectamente esa sensibilidad hacia los libros. Ay el dolor de los apegos! Yo también tengo demasiados, especialmente hacia el sentido útil de la materia, “papel incluido”!!

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    1. Es que hay variadas y amplias lecturas SOBRE los libros, no solo DE los libros. Lee a Montaigne. Lee a Zweig.

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  7. Ah y para mi infortunio a todo, pero todo toito, mi imaginación le encuentra utilidades diversas. Una verdadera cruz material que induce a la desesperación por exceso de posibilidades imaginativas no materializadas. La parte positiva es que no se pierde el tiempo y este parece multiplicarse. Así cualquier descanso se agradece enormemente.

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    1. También existe la utilidad de lo inútil, hermana, también.

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  8. Oye que en su día me leí las obras completas de Zweig, Camus y otros tantos tanto clásicos como “raritos”, sin embargo en poesía me limité a Machado. Otra cosa es cómo las interpretará! , para mi ese tiempo quedó archivado. Ya lo olvidé... caray, nunca tuve buena memoria para datos, con tanto lío y tantos frentes abiertos me he convertido en una inútil mundana de puro hartazgo y ni me preocupa. No soltaré uno de mis habituales rebuznos por respeto ajeno que de eso aún queda algo, jaaajjj.
    Creo que a esto los más jóvenes lo llaman vejez. Jajj a la vuelta de la esquina los espero con la escoba en alto, que ya les tocará el momento de tragarse sus marrones!

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    1. Precisamente tocas un tema sobre el que pienso bastante. Hemos leído autores y obras en un pasado lejano y no sé hasta qué punto hemos entendido lo que dicen. Releyendo a las edades a las que vamos llegando es cuando se saca sustancia y admiración por lo que muchos de esos autores que nos precedieron sacaron en conclusión. Y la manera como lo expusieron.

      Y respecto a lo de vejez, desmitifica. Teniendo el coco aún en buen servicio se pueden conjurar los fantasmas propios y disfrutar de otra manera de lo que aún nos queda por descubrir.

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  9. Eso que dices es lo que me parece a nivel intelectual pero desde mi actual circunstancia temporal femenina y aparentemente capaz de percibir el inconsciente colectivo la cuestión varía. Ya me he hartado de lo que las mayorías presentes por mi entorno emiten. O temen al concepto femenino o lo desprecian e ignoran tomándolo por descerebrado y desequilibrado conforme a los prejuicios familiares adquiridos en sus hogares. Me rebelo para variar y me protejo de tanta agresividad social bajo el disfraz del pelo blanco que me convierte en absolutamente invisible. Tras la cáscara protectora de la vejez más conveniente, agonizo de la pena, aunque me burle de todo.
    Los varones por razones diversas que no vienen al caso lo tenéis más fácil en ese sentido , sin estar exentos de graves problemas por supuesto. Siempre me viene mal magin: “las vacas para producir carne y leche hasta la extenuación y los terneritos “pa filetes de añojo.”

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    1. Pues me parece una actitud muy sincera (la sinceridad más honda debe ser con uno mismo) la que mantienes. Creo que es una senda aceptable para el recorrido que nos queda, y ahí no diferencia entre motivaciones masculinas o femeninas. Al entorno hay que torearlo: sobrellevarlo con disimulos pero no dejarnos secuestrar por su ominosa presión. Disponer de uno mismo en la medida de lo posible acaso sea el gran triunfo de la conquista de la libertad individual. A partir de fortalecernos ahí, que caigan chuzos de punta si quieren.

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  10. Interesante entrada. Siempre he pensando que pasará con mis libros cuando ya no esté, es una imagen triste, ocurre también con la ropa y otras pertenencias. De momento, hago un expurgo anual para dejar el cogollo, aquellos libros que quiero releer si llego a la vejez y me conservo lúcido o simplemente dejar a mis hijos. Quizá las librerías de viejo no sean sino la punta del iceberg de la sociedad de consumo, como los cementerios de automóviles o los vertederos tecnológicos de Ghana, ¿tanto atesorar para qué?
    Saludos

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    1. Pues estoy de acuerdo contigo de principio a fin. No solo las librerías de viejo son puntas de iceberg sino muchos otros tipos de comercio, la segunda mano abunda, como abunda el material en trasteros o en las casas y que solo se deshecha cuando hay que tomar una decisión o simplemente tomar las de Villadiego definitivas. Llevo una temporada expurgando libros poco a poco, siempre hay amigos, familiares u oenegés. De nada vale pensar en otro fin que no sea que circulen antes de que termine la Era del libro. Y los sentimentalismos nos acechan, muchos de esos libros fueron adquiridos en tiempos que nos significan mucho. Combate contra la nostalgia. Sí, tanto guardar, ¿para qué? Gracias por tu intervención, muy en la linea del tema que nos da vueltas.

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