lunes, 28 de noviembre de 2011

De qué se ríen, oigan


Esta escultura, sita en unos jardines de Oporto, siempre me pareció enigmática. Un grupo de espectadores, sentados en unas gradas, se troncha de risa. Nunca supe si el espectador que se cae es porque se desternilla y la propia inercia de su emoción le precipita gradas abajo, o porque le empujan los individuos que permanecen acomodados. Da la impresión de que la escena es contemplativa y por esa razón el paseante que se detiene ante el conjunto trata de reconstruir lo que hay en la zona opuesta al grupo. Es decir, en el primer plano. Es decir, donde te sitúas tú. Tratas de comprender qué situación les convierte a los figurantes en pasto de las carcajadas. Y miras en derredor por si hay una invitación para que entres también en el juego de la risa. Debe ser una comedia, piensas. Debe ser una chanza, un homenaje a los viejos espectáculos que trataban de aliviar las penas. ¿Y si el objeto de risa son ellos mismos entregados a ese ejercicio desbocado? Pero la caracterización de esa concurrencia te resulta siniestra. Estos, se te ocurre, no están para hacernos reír. Estos se ríen de todos nosotros. De ti, que pasas de largo. De ti, que no quieres pensar y metes la cabeza en el agujero. De ti, que te angustias con los acontecimientos. De ti, que fantaseas. De ti, que trabajas y pagas impuestos para que ellos se lo pasen bomba. De ti, que entras al trapo y les entregas tu vida. El telón se abrió hace mucho tiempo. La obra que se representa acaso entra en su último acto.

"La pinza de la doble crisis energética que padecemos –final de la era del petróleo barato, y desestabilización del clima del planeta– atenaza las posibilidades de vida humana decente sobre el planeta Tierra. Desde el punto de vista socioeconómico, la guerra de los ricos contra el mundo llamada neoliberalismo prosigue básicamente sin control. Estamos en la cuenta atrás y quizá en la siguiente gran crisis sistémica no tengamos ya ni el mínimo margen de maniobra necesario para llevar a cabo una transición no catastrófica. Hay que apostar por poner en el centro la acción sociopolítica y reactivar la política en sentido fuerte. Ni la democracia puede ser asunto de políticos profesionalizados, ni la sostenibilidad cabe dejarla en manos de ecologistas e ingenieros ambientales: son los asuntos básicos donde nos va la vida, donde nos jugamos el todo por el todo; nos atañe a todos y todas. Tiene que ser objeto de una política avecindada con la ética y practicada desde la base."


(Introducción a Frente al abismo, artículo de Jorge Riechmann -sí, el mismo Riechmann que es poeta- en la revista PAPELES de Relaciones ecosociales y cambio global, ver http://www.fuhem.es/revistapapeles/ . Ver el artículo copleto en este enlace:http://cursolimitescrecimiento.files.wordpress.com/2011/09/riechmann-frente-al-abismo.pdf )


domingo, 27 de noviembre de 2011

veintisiete de noviembre




pasar la tarde leyendo a Lêdo Ivo, como si no hubiera tarde; como si el tiempo fuera un artificio; y leer sin músicas celestiales, a pecho descubierto, en zigzag por los versos, cosas tales como:

No soporto ya las cosas claras.
Como en la infancia, quiero esconderme
de todos y de mí mismo.

y tener la sensación de que esa voz es también su voz; que esa voz fue robada en el crisol de su pensamiento y en la hoguera de sus deseos; que esas sensaciones -el poeta no usa palabras, hornea sensaciones- han sido algo constante a lo largo de su historia intransferible; y la tarde ha sido breve, como acontece con el placer; y la lectura ha sido reveladora, también aquí la voz del poeta es su voz:

Mujer, último refugio de la noche,
es en ti en quien me escondo
en el día incomparable.

sabe que esa voz no es en absoluto ajena; que todas sus resonancias le bullen dentro de su pecho.



(Las estrofas pertenecen al poema El espantapájaros, del poemario Plenilunio, del brasileño Lêdo Ivo)

sábado, 26 de noviembre de 2011

veintiseis de noviembre




creo que María Zambrano tenía razón, me dice cuando entro; le he encontrado abstraído y sobrio, incluso de modales; tan pronto se contempla la palma de la mano como mira hacia la cristalera a través de la cual se ven los abedules; un disco reproduce los concerti a cinque de Albinoni y no se ha molestado como otras veces por haberle interrumpido; perdona si no te entiendo, le contesto; sí, insiste, cuando dijo aquello de que el que mira es por lo pronto un ciego que no puede verse a sí mismo; la gente necesita mirar para saber cómo es por dentro; necesita mirar fuera, alrededor, debajo, pero me pregunto: ¿saben mirar? ¿saben enfocar su visión? ¿pretenden saber sobre lo que ven? ¿lo interpretan? ¿lo proyectan en su interior? ¿y acaban viendo?; pero debe haber una predisposición, un intento, una atracción; diría más, deben aquilatar su esfuerzo, y eso se traduce en pensar; escucha, escucha lo que sigue, me dice girándose hacia mí: y así busca siempre verse cuando mira, y al par se siente visto: visto y mirado por seres como la noche, por los mil ojos de la noche que tanto le dicen de un ser corporal, visible, que se hace ciego a medida que se reviste de luminarias centelleantes; ¿no es esto lo que acontece en estos tiempos de inciertos e infelices deslumbramientos?, concluye él a su modo; pero sabes perfectamente del lenguaje metafórico de la Zambrano, le digo para aliviarle un cierto deje angustioso con que interrumpe la lectura; y él: precisamente las metáforas sirven para asumir el estado de ceguera y, si no pueden con él, al menos lo aligeran y conduce los pasos en otra dirección; ¿pero qué pasos se están dando hoy día?; el bajo continuo del violoncello nos ha dejado callados; ambos palpábamos el poder de la oscuridad con que nos recubría la música; todo lo vivo parece estar a ciegas, decía ella.




viernes, 25 de noviembre de 2011

veinticinco de noviembre




le devora por dentro esa sensación de que un acto de la obra de teatro ha concluido, con un mayoritario aplauso; que los espectadores, aunque ellos se han creído actores, han respirado con alivio; no sabe muy bien de qué se sienten aliviados; desde luego, opina, no de su estupidez; quedan bastantes actos en este drama, ¿o es comedia, o es entremés?, algunos ya con guión y otros apenas pergeñados; rápidamente se ha hecho el silencio durante estos días, se intuyen las maniobras orquestales en la oscuridad, se percibe cierto fragor de los acuerdos y ordenamientos por encima de nuestras cabezas; eso le da en pensar y le deja mal gusto la situación anodina e indefensa que parece rodearnos; por si fuera poco, dice, salta a escena como una fiera indomable la gran señal; dice que escucha -¿o solo lo imagina?- al público comentar: aprovechemos la paga extra, por si es la última por un tiempo; la gran señal ilumina calles, agita las entradas y salidas de comercios, pone rostros postizos; no necesitaría un calendario, me ha dicho mientras abría su tercera trapense fuertemente malteada; con observar las conductas tribales sabes con una aproximación casi al cien por cien en qué momento del año te encuentras; ¿y si la recesión, la depresión o el hundimiento, como se la tenga que llamar, apaga la gran señal precisamente en estas fechas?, le replico con ironía; ha contenido con cierto esfuerzo la palabrota, se ha quedado ido y me ha ofrecido un sonoro eructo.




(Fotografía de Francesc Català-Roca)



jueves, 24 de noviembre de 2011

Montserrat Figueras: la sibila no muere



La voz de la sibila vive y no hay juicio final alguno que pueda empañarla. Los miedos del fin del mundo que acontecieron en Europa hacia el año mil dieron lugar a diversas versiones del canto de la sibila, plasmadas primero en latín, y generaron durante los siglos posteriores representaciones litúrgicas. Aunque la sibila es la figura por excelencia del oráculo griego, el cristianismo se reapropió de ella para atemorizar a la población, hablando del fin de los tiempos, del Apocalipsis, en definitiva. Y haciéndolo justamente en uno de los momentos en que según la misma creencia religiosa tendría que ser de los más felices: la Navidad.

Fue hacia el siglo XIV cuando el canto dio un salto a las lenguas populares del mediterráneo occidental, la occitana y la catalana. La representación del drama se ha mantenido en diversas poblaciones francesas, portuguesas y españolas hasta hoy. Pero ha sido la actualización y divulgación efectuada por Jordi Savall y la voz de la soprano Montserrat Figueras, desgraciadamente fallecida ayer, la que ha permitido un conocimiento más extenso en nuestros días, más allá de los reducidos marcos habituales de su puesta en escena. No, con Montserrat Figueras no desaparece la desgarradora y profunda voz de la sibila ni la armoniosa y orfeica que creara Monteverdi.




lunes, 21 de noviembre de 2011

veintiuno de noviembre



El renombre o la propia persona,
¿qué es más digno de estima?
La propia persona o las riquezas,
¿qué es lo más importante?
Ganar o perder,
¿qué es peor?

por qué recurre al texto clásico chino es un enigma; hay algo de homeopatía del pensamiento cada vez que algún suceso que le parece importante lo sufre además en su cualidad grave; hay una necesidad en echar mano de una dimensión que le calme; justo buscar palabras que no pueden entenderse como palabras, según indica el mismo lenguaje del Dao; y no obstante, buscar la calma en la ausencia puede ser beneficioso a corto plazo, para evitar la herida del impacto emocional; siente siempre como duelo cada acontecimiento exterior que sospecha que gravita con dureza sobre él; y para conjurar la desnudez del instante, y para sortear la confusión resultado de la claridad, otorga cierto valor sacro a algunas sentencias del compendio chino; podía haber elegido pasar todo el día bajo una higuera, pero llovía; podía haber recurrido a una ociosidad que le despistara, pero solo aplazaría su estado; ese tipo de textos crípticos, en los que no cree pero en los que se solaza, le hablan contra la propia forma del sentido que aparentan; sabe que, tal como sucede con otros textos agrupados de diversas culturas apropiados por castas o con transmisiones orales que adquirieron forma y a su vez se reutilizaron desde sectas, formulan muchos y diversos significados, nunca los mismos, nunca rígidos, jamás definitivos; ofrece y subyace narración en ellos y la literatura es naturaleza a cielo raso y luz en las tinieblas; sabe que, sea cual sea el medio como fueron utilizados y el fin a través del cual se pretendieron alcanzar objetivos absolutamente mundanos, también contienen puntos de meditación abiertos y aceptables; no ignora que el Lao Zi puede ser un libro del arte de la guerra, según dicen los estudiosos, y acaso él busque pertrecharse en la batalla contra su propia comprensión de la vida; al final de todo resulta que ese libro que propone la ausencia de las palabras genera palabras con tantos sentidos como se quiera hallar en él; por eso termina de leer el capítulo desde su elemental condición de hombre de abajo:

Una gran ambición conduce necesariamente a la ruina,
quien mucho acumula inevitablemente sufrirá grandes pérdidas.
Por eso, quien se contenta no conoce la humillación,
quien sabe refrenarse no conoce el peligro,
y puede vivir largo tiempo.







domingo, 20 de noviembre de 2011

La verdad Acton





"El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente."

Me parece importante y oportuno traer a esta página el aforismo del historiador burgués y católico John Emerich Edward Dalberg-Acton, Lord Acton. Vista la historia de España de los últimos años, la primera parte de la frase ya se ha ido comprobando, aunque los casos conocidos no han sido objeto de justicia y dudo que lo vayan a ser. Ahora, españolitos que habéis venido al mundo, a esperar que se cumpla la segunda parte del designio. Y si así resulta, es porque lo habéis querido. Y ojo, que hay muchas maneras de corromper. Simplemente, siguiendo las indicaciones de los amos del mundo.

sábado, 19 de noviembre de 2011

diecinueve de noviembre


ha partido un buen trozo de queso, muy añejo, muy picante; siempre le gusta ir contra los órdenes y los usos, así que ha abierto también para acompañar un viejo Riesling que se trajo de Mulhouse, que acaso no pegue, pero la botella ha caído entera; ¿sabes?, me ha dicho mientras jugueteaba con las migas y las cortezas del queso sobre la mesa, de niño deseaba con frecuencia que viniera el caballito volador y me llevara con él; ¿y llegó a venir?, le he respondido por reflejo, tontamente, en medio de mis vapores; no, ha contestado, pero soñaba tanto con él que era como si me transportara y en los sueños conocí muchos paisajes; ¿conociste también gentes?, se me ha ocurrido insistir; las gentes nunca me interesaron demasiado, por eso necesitaba el caballo volador, para huir de ellas; ambos nos hemos quedado callados un rato, vaciando otra variedad más agresiva de vino; luego, ha hablado: creo que esta noche necesito de nuevo que venga el caballito, porque, ya ves, cuando crees que tienes superados los mitos de tu infancia los invocas de nuevo; ¿es como si no desearas que llegara mañana?, se me ha ocurrido replicarle; y él: es como si necesitara saltar hacia adelante en el tiempo...



(Pintura de Pedro Monje)

sábado, 12 de noviembre de 2011

doce de noviembre



en tiempos de mediocridad, hay que buscar el sueño; no el adormecimiento, se dice a sí mismo, sino la capacidad de crear que en mayor o menor medida tiene cada individuo; y se encuentre o no esa llama interior al menos buscar el modo de disfrutar de lo que otros han creado; participar de la creación es integrarla en uno mismo; la belleza, por ejemplo, ¿dónde encontrarla sino en la propia materia?; ese afinamiento que sin dejar de ser misterioso está traído a este mundo de los vivos por el esfuerzo y la insistencia de sus artesanos; toda esta reflexión nada original viene a cuento de que ha estado mirando vídeos de danza esta noche; la misma composición de Ravel con dos intervenciones diferentes: Maya Plisetskaya y Silvie Guillem; detrás, la sombra del gran Maurice Béjart; ni por asomo se plantea elegir, ¿cómo elegir entre lo que es hermoso?; le horroriza la idea de la competencia y de la selección entre aquello que no tiene fisuras y que le empequeñece a él; se ha limitado a disfrutar con una y otra interpretación; ¿es más serena y madura la Plisetskaya? ¿es más salvaje e inquieta la Guillem?; qué importancia puede tener eso, piensa despreciativamente; lo que cuenta es el fuego, lo que habla es el movimiento, lo que conmueve es la ensoñación que ambas ponen en nuestras manos.




Maya Plisetskaya (Coreografía de Maurice Béjart)

Sylvie Guillem (Coreografía de Maurice Béjart)


Para ver la interpretación de Sylvie Guillem, hacer clic en estos dos enlaces:






Gracias.

jueves, 10 de noviembre de 2011

diez de noviembre


le resulta curioso el desfile en fila india; los días pasan, más transversales y secantes de lo que las hormiguitas humanas sospechan; por mucho que algunos quieran permanecer al margen de los días y de quienes controlan a su manera los días, no es posible; se puede apartar la mirada, hacer guiños a la estrellas, apurar una botella, piensa convencionalmente; pero todo te sigue cayendo encima o saliendo a tu paso o bloqueándote las rutas; los hombres y los días están alterados, algo no casa bien entre ellos; ha rescatado a Blaise Cendrars y se vuelve un díscolo del pasado; no cree a estas alturas demasiado en el viaje en Transiberiano, aunque así, literalmente, es algo que tiene pendiente desde las primeras lecturas; ¿se evadiría si lo realizara?; no estoy siguiendo ni debates ni programas ni cantos de sirena, me ha dicho esta mañana junto al quiosco de periódicos; no hay ruido en la calle, lo cual se agradece, ha dicho; no es que no me interese por el ojo del huracán, el verdadero, el que presagian negras tormentas, me precisa (y aquí sé que me acaba de hacer un guiño sentimental); es que no creo en la manera que tienen de contármelo, ni en lo que se guardan, ni en lo que nos deparan; ¿no eres demasiado tenebrista?, se me ocurre espetarle para salvar el humor; no me fulmina con la mirada, debe sentirse bondadoso hacia mí; sólo atina a suspirar: ay, hermano hormiga...




martes, 8 de noviembre de 2011

ocho de noviembre (casi medianoche)


en aquel lienzo de pared está aprendiendo más que oyendo sermones electorales; se pregunta si es más repulsiva la imagen de los que van detrás del pastor o la de quienes van delante; da la impresión de ser el mismo ejercicio; parece que van en la misma dirección, a cumplir un cometido semejante, a ser conducidos a análoga emboscada; y sin embargo él ve un matiz en el desfile de los insectos que se anticipan al ejecutivo; es como si supieran el camino a la perfección; como si tomaran la delantera responsablemente y asumieran ya la tarea por iniciativa propia; como si tuvieran interiorizadas las órdenes; como si marcharan aleccionados; sabiendo qué destino les espera prefieren ser ejemplares a remolones; reflexiona sobre esa variante conductual de los insectos; en el comportamiento de quienes sabiéndose parte de la grey se complacen en aparentar que la dirigen o que forman parte de su cuadro de mandos; ¿se reconocen los individuos en el camino, en el sentido que han tomado o en la manera de arrastrarse?; demasiada película a punto de medianoche, piensa

ocho de noviembre



tiene un sentimiento contradictorio sobre las hormigas; le simpatizan porque se acuerda de aquellas exploraciones infantiles sobre ellas; más tarde, cuando lo de la fábula de la cigarra, empezó a sentir tirria hacia la imagen de las hormigas; ya se sabe con qué objeto se inventaron las fábulas, como en otro tiempo se hiciera con las parábolas; fórmulas de adoctrinamiento, piensa; métodos de integración, no duda; él mismo los ha seguido, cuestiones de supervivencia, de no escape, de aferrarse a un comportamiento de conjunto para que no te aplaste el conjunto; ¿o al final sucede lo contrario?; pero ese mundo tan metódico y programado empezó a horrorizarle hace tiempo; no, no resta un ápice su admiración por las hormigas; mundus formicae, declina, mundus formicae est, asevera desde la tarima y la pizarra de su pensamiento; pero ese traslado de la imagen de ese mundo al hábitat del humano le rebela; vuelve a pensárselo: ¿y si resulta que precisamente ese ordenamiento riguroso y sumiso de las hormigas humanas es la causa del cataclismo?; piensa en lo que dice la canción de Brassens: porque en el mundo pues no hay mayor pecado que el de no seguir al abanderado; encoje el entrecejo ante la fila india; tuerce los morros ante el acatamiento; aprieta los puños ante la entrega incondicional; tal vez el abanderado vaya disfrazado de ejecutivo jovial y camelador; pero ¿cuántos disfraces más guarda en su armario el abanderado de turno?; escupe sobre la acera y coge una calle en dirección contraria, por donde no vaya gente; como un símbolo ¿inútil?


lunes, 7 de noviembre de 2011

siete de noviembre (avanzado)


los hombres deberían superar lo creíble, me ha dicho; no pasan de ese plano; a veces no logran ir más allá ni siquiera cuando los acontecimientos deberían obligarles a ratificar o a descalificar sus creencias; no sé por qué aún hay quienes están expectantes, ha insistido; ¿no crees en el diálogo?, le he sugerido tímidamente; no hay tal entidad, me responde; sólo existen bloques de palabrería, apenas diferenciados unos de otros; están cerca, están en el mismo punto, acaso son lo mismo, y no quieren reconocerse en ese ámbito; para cualquiera de los litigantes sería una concesión; son torpes -y en este punto se vuelve vehemente y repetitivo- pero no quieren admitirlo porque no persiguen sino su parcela, su afianzamiento; ¿y nosotros, el pueblo, qué somos?, se me ha ocurrido prospectarle; parte del circo, dice, circenses ora en las gradas, ora en la arena; imbéciles con la soga al cuello; ha mirado el cielo, gris, y me ha dejado con la palabra en la boca



siete de noviembre (pronto)



la luz es turbia desde que echa a un lado las sábanas; ¿quién sabe más de sus sueños? ¿las sábanas o él mismo?; no le cabe duda, las sábanas se impregnan de su calor, de su olor, de la inquietud de sus movimientos; las sábanas se dejan herir también por su apuñalamiento; deben saberlo todo de su secuestro nocturno; el agua y todo eso que se hace al levantar es como una barrera a la noche, pero no una exclusión; ha arqueado las cejas como un gesto de ratificación; nunca se había contemplado tanto las cejas, tan pobladas, tan vehementes en hacerse notar; la luz es turbia al otro lado de su guarida, donde hoy no siente el cimbreo de los árboles ni escucha el murmullo del riachuelo; es más turbia cuando se pone a andar por la calle y echa pestes de que ésta se haya convertido en un almacén de muebles, de señales, de objetos que la ocupan y borran su perspectiva; el ruido del tráfago rasga el escaso humor que le queda; grandes cartelones colgados de las farolas abusando del azul enseñan, enseñorean, personajes ridículos que anuncian la felicidad para los pobladores; ¿habrán convertido también al ave marina del icono en algo ridículo?; demasiado retoque en unos rostros que se le antoja de muertos; él ama el azul, pero ya se ve que el color, ese color, cualquier otro color, que no pertenecen al dominio de los hombres, puede ser adulterado y prostituido por los hombres; la luz es turbia y no puede elevar la mirada, le hace daño el azul de los carteles; si al menos el día estuviera despejado, piensa; si al menos hubiera todavía algo del auténtico azul dentro de mí, murmura calladamente; el color que no se trueca enseguida en símbolos, sino en percepciones libres…




(Fotografía de Jorge Molder)

sábado, 5 de noviembre de 2011

cinco de noviembre



el café estaba cargado, sabía bien; ha pasado rápido las páginas del diario que ordinariamente le resulta más creíble; aunque tiene claro el papel que juega ese diario más creíble, lo cual le hace siempre leer ciertos temas entre líneas, por lo tanto poner en duda credibilidades; poco interés por el relato de los artículos que aparecen hoy; se siente escéptico, cada día más, y la expectación por los acontecimientos ordenados es ausencia en él; en contra de lo que muchos podrían pensar, su propio escepticismo le libera por una parte y le hace sufrir por otra; solo le ha llamado la atención un artículo que en el titular se pregunta sobre una posible muerte provocada de Albert Camus; un asesinato político, que señala a la policía posestalinista; a estas alturas considera que todo es probable; muertes con apariencia casual han tenido largas manos interesadas, por parte de todo tipo de regímenes políticos, económicos o de clanes; por lo demás, y salvo la referencia a un escritor checo que vivió siempre en represión (represión de no poder publicar, por lo tanto de no poder expresarse como hubiera querido) un tal Jan Zabrana, del que jamás había oído hablar, el artículo no le aporta mucho más; oye citar por primera vez los Diarios de ese escritor; mientras repite una taza de café medita sobre Camus, que siempre le ha parecido un incorruptible del librepensamiento, que se granjearía enemistades y, si Zabrana tiene razón, hasta su desaparición física; el nombre Camus es para él un resorte; debería releer La peste, piensa, ¿o acaso La caída, que tanto le ha fascinado, o El hombre rebelde?; deberías, y durante este mes vas a necesitar bastante oxígeno, le indica la otra voz desde dentro; y los próximos tiempos, salta él.



martes, 1 de noviembre de 2011

recordando a Tadeusz Kantor


“En 1971 vivía en un pueblecito de la costa que tenía pequeñas casitas y un colegio con el aspecto más pobre de todos los colegios posibles -estaba abandonado y vacío y sólo contaba con una clase-. Podía mirar a través de los cristales sucios de las dos ventanas, ventanas miserables. Pegué la cara a la ventana y miré dentro de mi propia mente. En mi memoria trastornada era un niño pequeño otra vez sentado en una pobre clase de pueblo. Su pupitre estaba rayado con marcas de cuchillos y mojaba sus dedos llenos de tinta para pasar la página de la cuartilla. El tanto frotar había hecho que los granos del suelo de madera fueran visibles. La clase tenía paredes blanqueadas y en la parte de abajo se desprendía la cal. Había una cruz negra en la pared. Hoy sé que hice un descubrimiento importante junto a esa ventana: me di cuenta de la existencia de la memoria".

Tadeusz Kantor


La superficie de los rituales, ¿qué oculta o qué preserva en los individuos? Es una pregunta que no cesa de hacer a lo largo del tiempo. ¿Hay algo más por debajo, por detrás o en medio de las señales de compromiso y de las palabras huecas? En la medida en que los rituales han sido empañados, absorbidos y desvirtuados por la comercialización y la publicidad, mira a los individuos que le rodean, pero no les pregunta. Para qué. Nadie va a responderle, salvo aquello convencional. Y todos van a cumplir, sea la fecha que sea, como autómatas. Él no se ha movido hoy. Hace años que el ritual no va con él. Por lo tanto no ha comprado flores, no ha pisado un cementerio, no ha tenido un pensamiento especial o diferente -que no tenga en cualquier momento- con quienes le han precedido en el signo de la nada.

Pero Tadeusz Kantor le ha despertado del letargo del día festivo. Hace tantos años que vio La clase muerta que, aunque no recuerda con demasiada precisión, no olvida que trataba sobre el recuerdo y la muerte. Unos cuantos personajes viejos, pero viejos-muertos, hacían que volvían a la escuela y eran acompañados por sus propios espectros: ellos mismos de niños, representados en la escena por muñecos que llevaban encima, a sus espaldas, muñecos-niño versus escolares-viejos y muertos. Tal parecía que la encarnación del espectro fuera lo otro, lo pasado, esos niños o memoria de sí como niños, que se reencarnaba en los escolares-viejos formando una unidad. No había distancia entre tiempos ni entre vida y muerte. La paradoja estaba allí: los ancianos representaban los comportamientos y el recuerdo de su infancia escolar, pero la infancia estaba muerta y ellos lo estaban también. Y todo el argumento se desarrollaba con escenas de aprendizajes, memorizaciones, actitudes del maestro y comportamiento de alumnos. ¿Representaban los ancianos lo que habían aprendido, no tanto las lecciones de las clases, como la intensidad de lo vivido?

¿Pretendía Kantor hablar solo de la muerte en abstracto o como hecho determinante? ¿O como la muerte en vida, en que a medida que pasa el tiempo el pasado no es y se va teniendo la sensación de que lo aprendido, o al menos la memoria de lo aprendido, radica allá atrás y ya empiezas a estar muerto si no sientes en cada nueva circunstancia que vives el calado y la emoción que sentíamos de niños? No cesa de preguntarse si ésta es la verdadera reflexión, o al menos un camino posible y más correcto hacia una respuesta coherente. Debe ser por esa razón por la que los rituales religiosos y socialmente admitidos los encuentra francamente inútiles y vacíos de contenido.








domingo, 30 de octubre de 2011

estación término


yo sueño -
¿por qué sueño con tanta frecuencia con penetrar en lo imposible?
¿quizá porque mi sangre es igual al sueño o quizá
porque yo sea la muerte?

Adonis. Singulares.



muere, muérete en mí, se lo dice al oído, quedamente, mientras él evita moverse, ella abrazándose como puede a su espalda, apretada, cubiertos los dos por una manta que huele a sudores, lo hacen imperceptiblemente, hay mucha gente allí, todo su hacer es lento, disimulado, no pueden producir ruido, no deben ser descubiertos, aprovechan los movimientos de los demás cuerpos, los roces inevitables de otras ropas, cualquier arranque de una tos aguda viene bien, o los ronquidos, o algún lamento perdido en medio de la noche, cualquier sonido les favorece, sobre todo el traqueteo del tren cuando cambia de vías, entonces varían de posición, les sirve para hendir más sus cuerpos, para agarrarse a cualquier palmo de la piel, no bajan la guardia sino que afinan el cuidado, jamás ni uno ni otro se había entregado a nadie con esa mezcla de tiento e intensidad, como si interpretaran un acorde delicado que en tono bajo gana en receptividad, no se había dado la circunstancia, de vez en cuando fingen cambios de postura del sueño, no deben producirse jadeos, la mujer le tapa con los cabellos, nadie debe darse cuenta, le oculta, él ahoga sus jadeos en el cuello de ella, mientras la sujeta la cadera, mientras la levanta a hurtadillas, levemente, a la mujer le cuesta contener la palpitación que le sofoca, pone la boca sobre la cabeza del hombre, se esfuerza en resistirse al desvanecimiento, la mujer le hace desaparecer, como si le engullera con su cuerpo, como si entre ella y la manta hubiera un niño que se esconde, o un sueño, o una figura imprecisa, siente que él se disuelve, que sus contracciones contra la pelvis de ella la agitan más, teme la respuesta convulsa del hombre, y a la vez la anhela, soporta la quemazón de la boca del hombre, el afán de éste por no delatarse, ellos allí, en medio de tantos infelices, nur eine kurze Reise werden, les han dicho al partir, sólo va a ser un corto viaje, y ella no quiere que sea un viaje breve, no quiere llegar a ningún lado, ellos no quieren considerarse como los demás, su manera de amarse es también el modo en que rechazan aquello, y niegan el viaje en sí, que es también el frío, la masa de animales humanos extraídos de sus barrios, de sus aldeas, todos amontonándose en el vagón, el miasma que vuelve irrespirable un espacio, los lamentos, la inquietud, el desasosiego, las frases inconexas de los primeros enloquecidos, y el silencio terrible que a ratos les anula a todos, ellos abrazados cautamente, sin apenas saber cómo son sus rostros salvo por el tacto, sospechan del viaje lo que ignoran la mayoría, se diluyen el uno en el otro como una forma de huída, la única posibilidad de supervivencia, haciendo de sus cuerpos su propia estación término, un regate al destino

sábado, 29 de octubre de 2011

sin pérdida




la niebla, las sábanas arrojaban niebla sobre él; luego el suelo, borrando los pasos de sus pies a la intemperie; la ventana es alta, los goznes crujen, se resiste, la abre; arañazo, el perfil afilado del marco de metal en su costado; blasfemia, un desahogo común que le reconforta del impacto; piensa en el sonido contundente de la palabra, luego en el derribo del concepto, en el vacío de las divinidades inútiles; exposición, su cuerpo va perdiendo calor a medida que se entrega a la niebla exterior; se deja herir la desnudez por el frío; más boira al otro lado del arroyo, sorteando los abedules, ocultando la ladera; tos, tose fuerte, repetidamente, punzadas gélidas como bofetadas; ¿seré niebla?, se oyó preguntarse a sí mismo; soy la niebla, le dieron ganas de gritar, pero no le parecía apropiado; la bruma habría ahogado el eco; la niebla si algo tiene de caracteristico es silencio, constata; la humedad de la niebla es el desquite a la sequedad de los hombres, piensa; él se reconoce en el silencio; pero empapado en su ciénaga se constituye como niebla; levantará, pronto levantará, lo sé, se dice; ha bajado y abre el portón de la casa; la niebla le desnuda aún más; conoce la orientación; camina; no se desvía





jueves, 27 de octubre de 2011

ofertorio


correosa te revuelves, alada te escurres, vestal fugada de la crisálida del laberinto, salvas el cansancio de mis días para clavarme al destino, sabes que estoy ahí, te deslizas de puntillas sobre las brasas de mi cuerpo, tanteas cada ángulo, afilas cada perfil, olfateas cada cavidad, aspiras mi aliento, a cambio dejas el tuyo flotante entre mis sabores, te desparramas, te encoges, salpicas con la nieve de tu piel mi superficie desvalida, me ciegas, caes y me ciegas, no sé escapar, no sé pisar ninguna arena que no sea la tuya, no hay lluvia que me cubra desde que no me inundas, apuras en tu boca la fertilidad de mi oasis, dejas caer tenuemente los cristales de tus ojos traslúcidos, me pides que repte para ti, una vez más, me deslizo trazando tu contorno, engullendo cada gemido, sujetando tu textura de alma, te elevas, haces emerger el cráter para mi instinto de saurio, deslumbrándome con la luz que desprendes, enmudezco ante el oleaje de tu mirada de océano, caigo y extravío mi voz, caigo y extiendo sobre ti todo el vegetal del hombre salvaje, en el que están escritas las palabras aún no pronunciadas, las caricias demoradas, las miradas intuidas


(el hombre se levanta grave y herido por la pesadilla; se aprecia legañoso y ronco; las pesadillas desarman una parte de su resistencia; también le alimentan; la claridad cabe esperarla de la oscuridad, se dice; al mirarse en el espejo comprueba que sus escamas brillan más que otros días, los ojos saltones se repliegan y saborea con la lengua bífida la humedad pegada a su barba)



(Imagen de Michal Macku)

lunes, 24 de octubre de 2011

aprovisionamiento





A falta de calor dibujaba una hoguera. Si no corría brisa soplaba despacio sobre la palma de su mano. Condenado a no recibir una caricia recorría con sus dedos el torso y el abdomen sin prever límites en su descenso. No pudiendo partir a navegaciones lejanas construía barquitos de papel que acumulaba por los muebles de la casa o regalaba a los niños del vecindario. Impedido de ver paisajes abría las ventanas de par en par porque, decía, le llegaba el olor a tomillo. Si se sentía pobre en conocimientos soñaba ser el completo Leonardo. No sabía lenguas, pero disponía de una colección de diccionarios, incluido el de marathi y el de tongano. Al recibir el azote del agobio apagaba las luces, cerraba los cuarterones de los ventanales y se echaba en un rincón en posición uterina imaginando que nacía de nuevo. No percibiendo su oído palabras tiernas ni susurros de deseo declamaba a media y baja voz haciendo dos personajes. Ante la privación de una mirada honda recuperaba en el trastero de su memoria los ojos de un amor perdido. Cuando se quedó sin el sentido del olfato se ejercitó en recuperarlo a través del recuerdo, aunque su torpeza le deparase desagradables sorpresas. No asistiendo a películas de estreno en los cines de la ciudad se dedicaba algunos atardeceres a recrear intérpretes y escenas por medio de sombras chinescas. Aquel hombre era muy extraño según criterio de los vecinos, pero no se metía con nadie, ni nada exigía. Se abastecía imaginariamente para compensar sus privaciones. Un día lo encontraron sin vida, no se supo por qué causa, sumergido en la bañera, desnudo, afeitado el vello de todo su cuerpo y con la boca llena de sal. Alguien comentó que el fallecido le había dicho que siempre quiso convertirse en un ser de las profundidades abisales. Lo cual fue interpretado como que halló su forma de llegar al fondo del océano. Hubo quien más simple y realista pretendió que, en su afán por permanecer el hombre al margen de la más elemental de las provisiones, carecía incluso de oxígeno y no había sabido recrearlo. Pero esta última versión no prosperó. El juez se limitó a levantar acta de suicidio, más que nada por la forma de hallar el cadáver y por no haber huellas de agresiones externas, aunque no intuyera el motivo. Mas, ¿quién conoce los verdaderos móviles de un suicida? Cuando los nuevos inquilinos de la vivienda la limpiaron y tiraron los muebles se encontraron con una nota escueta: si un día me encuentran muerto no se gasten en ataúd ni en ceremonia alguna. Pero por favor, no escatimen tierra porque ya no estaré para prever la manera de enterrarme.



(Ilustración de Verónica Leonetti)

domingo, 23 de octubre de 2011

la ausencia de las otras



no consigue ver tras esos hombres enarbolando fusiles a unos liberadores; en todo caso son derribadores; han contribuido a un cambio, se han armado, pero no logra emocionarse con los gestos bravíos; el acompañamiento de gritos, los disparos al aire, la captura de prisioneros; ¿se sienten fuertes o solo vengadores?; ¿buscan futuro o sólo un arreglo de cuentas?; ¿van a seguir liberando elpaís, las conductas, las costumbres, el respeto, el reconocimiento a los demás humanos?; ¿o no cabe en los cálculos de los poderes fácticos que emprendan esa labor?; es probable que ni se lo planteen; su molde mental permanecerá acaso incólume; y la vida cotidiana seguirá en los mismos planos que antes; se pregunta si estarían ahí conquistando un país sin la contribución decisiva de potencias externas; recuerda entonces lo que aconteció con el suyo hace muchos años, cuando parte de las potencias europeas de entonces, supuestamente hermanas por mor de la democracia, abandonaron a su nación y la entregaron a la barbarie; no, no se emociona con las masas en la calle; y le duele la ausencia vital; ¿quién parirá a todos esos guerreros aficionados que convierten su virilidad en violencia?; le duele la ausencia, la mitad de la población ignorada; el otro género apartado, invisible, ajeno, inexistente; sin garantía de que ellas aparezcan en la cosa pública cuando todo se normalice, salvo para dar el beneplácito y seguir el juego de las doctrinas de la esclavitud; pero sin ellas no habrá revoluciones más allá de los disparos y la sangre por la sangre...







(Fotografía de Angela Etoundi Essamba)

jueves, 20 de octubre de 2011

sin auxilio del clemente y misericordioso


ve imágenes de una televisión árabe; inclemencia con los inclementes, se le ocurre; los que invocan al grande y clemente y misericordioso aplican la ley no-ley más antigua al dictador que también invocó al grande y misericordioso y clemente; a ese ser grande y clemente y misericordioso en la sombra le debe suceder como al otro ser también umbroso que es todo grandeza y amor y en cuyo nombre se han cometido siempre tantas tropelías, se le ocurre; personajes recreados y ficticios que se desvanecen ante la ley no-ley más antigua manifestada por los hombres; las no-leyes de la venganza, del ojo por ojo, del ajuste de cuentas, de la justicia por su mano; combate de leyes no-leyes antiguas donde el derecho y la razón se extravían; a la ley no-ley de la opresión le planta cara la ley no-ley de la resistencia; cuando se desbordan todos los lenguajes y se impone el más viejo; cuando todos los pensamientos, las creencias y las normas pierden su entidad para manifestar la crudeza de la bestialidad humana; los dictadores no suelen darse cuenta de que su reinado inicia su propia cuenta atrás desde el día que se consolidan como tales; y que se precipita hacia el fin en relación directa al ejercicio de su violencia institucional que ellos desencadenan para sostenerse; lo demás es cuestión de tiempo; hay algo de gesto ejemplar en la violencia de los oprimidos, piensa cuando ve al otrora poderoso mandatario arrastrado entre sangre por los suelos; hay algo de necesidad de verle asaltado, humillado, malherido y muerto para conjurar los agravios, las humillaciones, los crímenes cometidos por él; para justificar el instinto de la sangre se vierte más sangre; la insaciabilidad humana, piensa; no, acaso un dictador linchado no sea precisamente la imagen del cordero inocente; acaso su sacrificio no servirá para nada, ni para enseñanza de los dictadores de próximas hornadas, que procurarán ser más cuidadosos; eso piensa absorto y repugnado por la conducta humana; el grande y clemente y misericordioso ser etéreo invocado no acude en su auxilio; esta vez se ha puesto del lado del otro, del maltratado por décadas; más adelante se sabrá si los ejecutores de hoy serán cuerdos o encarnarán nuevas violencias de poder; es un juego circular; es un juego sin fin




(Imagen de DGTLK)

martes, 18 de octubre de 2011

dieciocho de octubre




fue el otro día en la consulta del urólogo, mientras esperaba a ser recibido; fue en esa situación cuando hojeando el poemario le salpicó la revelación de unas letras hermosas: escribo porque un día, adolescente, / me incliné ante un espejo y no había nadie. / ¿se da cuenta? El vacío; aquella poeta mejicana lo decía con claridad y desparpajo, simulando las respuestas a las preguntas fingidas de un periodista cualquiera (ésa es la excusa del poema); piensa entonces, trata de recordar, si él también un día de su pubertad contempló un espejo vano, opaco, sin reflejo; si lo contempló, ¿reaccionó de alguna manera?; escribiendo no, desde luego; fácil que se dejó engañar, como tantos, por el espejo y sus connotaciones; se creyó la representación que le devolvía, normalizada, sumisa, siguiendo planes establecidos; pero algo se caía de la imagen; algo no cuadraba; fue así como sintió su primera y profunda perplejidad, la de la encrucijada: un camino cortado hacia el pasado y otro aún bloqueado hacia el futuro; ¿qué más vio en el espejo?; vio la pérdida; el extravío de la noción de tiempo; la rebelión contra un concepto que él creía inaceptable (aún no podía saber de la traición posterior de ese concepto sobre sus pasos); y se sintió desde entonces desenganchado del ritmo obligado, circulando a duras penas; ¿qué mas vio?; la pulpa sangrante de su corazón, no preparado acaso para los duros rituales de exigencias, que iban a ir siempre a más; es curioso contemplar la consulta atestada de hombres en una especialidad tan manifiesta; la espera hace que el libro transcurra entre sus manos; y él olvide para qué está allí y divague;





(La imagen es obra de Jorge Molder)



entrevista de prensa (poema de Rosario Castellanos)









domingo, 16 de octubre de 2011

dieciséis de octubre


siempre le impresionó este cuadro del gran Brueghel el Viejo; tanto como temor le dió; no es que lo representado sea únicamente morboso, sino que también se trata de una circunstancia terrible; un estado del que nadie está libre; ve infierno en él; ve condena; ve también avisos no escuchados; ve un destino siniestro; ve sentencia física, inapelable; por supuesto que ve en la escena a los ciegos, pero también a los incautos; cuando la metáfora supera la imagen figurativa el cuadro le parece una anécdota; cuando hoy día los acontecimientos desbordan a la metáfora se sobrecoge con la clarividencia del pintor flamenco, que es la prolongación de la parábola; no quisiera que ciertos clamores se convirtieran en meros cantos de sirenas; pero ciertas señales se van imponiendo con tozuda insistencia; qué hacer, se pregunta; qué hacer si la gente no quiere ver...

miércoles, 12 de octubre de 2011

donde no llegó Ulises





¿Qué hay debajo del suelo?, preguntaba
temeroso el niño.
Agua, un océano enorme, le respondían.
¿Y debajo del mar?
Tierra, una montaña de fuego.
¿Y más allá del fuego?
Nada.
¿Ni tú ni yo?, inquiría con angustia
al hombre de manos de hielo.
Nada, salvo tú y yo.


Aral. El mar de Aral.


y este pequeño poema, que leyó no hace mucho tiempo, le viene al recuerdo en una incierta noche y lo busca; ahora que los habitantes de una pequeña isla donde no llegó Ulises se desasosiegan; ahora que los hombres se dividen entre los cuerdos y los locos, y los estúpidos indecisos; ahora que una vez más la conciencia del vacío se muestra implacable en el cerebro humano; esa dialéctica en que han entrado los occidentales de pensar que todo es previsible, improbable y evitable; esa presuntuosidad de que la naturaleza está bajo control; esa distorsión de desvincularse del lenguaje de la tierra cercana, del océano omnipotente, de las especies que les comparten y les soportan, de la materia oculta siempre revelándose; esa parálisis de los viejos regímenes de los hombres y el coletazo del dragón que lo salpica todo; no, su preocupación no es temor ni huída hacia delante ni mudez ni ceguera; la infancia no quedaba tan lejos y ahora se da cuenta; la infancia no era un tiempo, sino una conciencia; la infancia no se trataba de un tránsito, sino que era él mismo; como el poeta, aún se pregunta: ¿quedaremos, al menos, tú y yo?





(La imagen es del pintor Kuzmá Petrov-Vodkin. El poema aparece en http://elmardearal.blogspot.com)





martes, 11 de octubre de 2011

La burbuja


A veces se pregunta qué platillo se inclina más en la balanza de las tolerancias y de las persecuciones. No es un hombre que se conforme con vivir en la burbuja. Ni siquiera cree al cien por cien en ella. Sabe que la tolerancia occidental para con sus territorios y pobladores implica una contrapartida. La cesión de una parte del libre albedrío de los ciudadanos, la conformidad, la aceptación de una reglas de juego que nunca son fijas ni estáticas. Que oscilan, se interpretan y se inclinan hacia un lado. Según la presión de esa parte en fricción permanente con la otra. Porque todo está sometido a un pulso de poderes. Si el ciudadano cede, los poderes efectivos se la cuelan. Y entonces el camino de las restricciones, limitaciones y prohibiciones se amplía. Sospecha que la actual crisis puede traer una merma de derechos y reconocimientos cívicos. Que la crisis es un eufemismo que está ocultando -cada vez menos- una recomposición de los poderes, una emergencia de unos poderes sobre otros, el afianzamiento de unos propietarios sobre los demás. El control más absoluto de la vida y la organización social. Esas urgencias a recapitalizar la banca con dinero público lo deja todo claro. ¿Cómo va a derivar todo eso en la ciudadanía? Teme que se traducirá en pérdidas. No sólo de coste público, condiciones económicas familiares, formas de contratación laboral u obligaciones abusivas como usuarios y consumidores, sino también que serán heridos los derechos y la representación públicos. Pérdidas de dignidad, de libertad, de creatividad. No le gusta el cariz de los acontecimientos, pero los ve imparables. La democracia será cada vez más formal y se exigirá a los miembros de la comunidad unos cumplimientos cada vez más estrictos de las nuevas formas de funcionamiento. El viejo instrumento de coerción, el Estado, seguirá siendo utilizado y adaptado por los poderes triunfantes en su hegemonía. Probablemente modificado. Hace tiempo que la política es subsidiaria de la concentración de poder económico y financiero. Que no se acepta la intervención cívica más allá del corsé de una ley electoral hecha a imagen y semejanza partidista de las dos caras de la misma moneda. ¿Quedará cada vez más ajustada y relegada a los designios de este poder? Le gustaría oír el rescate de lenguajes antiguos, no menos reales. Por ejemplo, que el pulso y la tensión es de intereses de clases, aunque sabe que las clases no son estables y que también se están reconfigurando. Que ya de por sí se encuentran muy diezmadas y que habrá sectores que colaborarán servilmente con el poder establecido y otras que se resistirán a la mengua de sus derechos. Tal vez estos comportamientos se están instalando ya. Una burbuja en la que se vive. Donde el ser humano parece que prefiere definirse -triste ceguera- por un estado de consumo, que pretende apoteosis de bienestar y seguridad. antes que por una organización más equitativa y participativa de la sociedad. La respuesta: un sálvese quien pueda. Donde los valores que alguna vez significaron algo no existen; ya se sabe, aquellos conceptos y palabras tan idealistas como solidaridad, apoyo mutuo, justicia. ¿Existieron ampliamente alguna vez o sólo en la conducta de los idealistas? Aceptación cotidiana de la burbuja, hasta que ésta se diluya o pinche.

Entonces una noticia de última hora le hace pensar en que hay burbujas peores o no las hay. Piensa en la actriz iraní Marzie Vafamehrha, chivo expiatorio del fundamentalismo que es tanto como decir de la intolerancia y la represión más necias. Una condena a un año de cárcel y noventa latigazos por interpretar una película que no es del agrado del gobierno y de la autoridad religiosa. ¿Por qué ella es la condenada y no la productora o el director o el guionista o cualquier otro miembro del equipo? No hace falta mucha sagacidad para obtener respuesta.

domingo, 9 de octubre de 2011

la noche que (no) vio a las dracónidas


Los hombres se pierden cada vez más los acontecimientos extraordinarios. Sobre todo aquellos que están fuera de su control. Los que precisamente por no haber intervenido nuestra especie sobre ellos deberían convocarnos a todos. Si un fenómeno como el de la noche pasada -no es realmente una lluvia de estrellas pero el encantamiento y atracción que los astros producen sobre nosotros nos hace llamarlos así- se da cada equis años, ¿no es para despertar la curiosidad, el instinto natural, el sentido de la belleza y la capacidad de asombro de los seres humanos?

Siempre queda la opción personal de apartarse de una urbe y subir a un cerro. Pero él imagina por un momento que podrían haberse producido otras actitudes. Si no fuera porque los humanos viven encerrados en sus rediles minúsculos, mirándose al ombligo sin obtener respuestas en lugar de contemplar las estrellas, que sí las dan. ¿Por qué ha dejarnos de convocarnos la naturaleza?, se pregunta. Y sin embargo los hombres la siguen temiendo. A las sociedades desarrolladas, que han puesto abundantes medios en práctica, tanto de prevención como paliativos, les alarma como les espanta a los que no pueden ponerse a salvo cuando se producen las furias naturales. Pero estos últimos perecen más. ¿Por qué ese extravío del vínculo con lo natural, ese desinterés, ese volver la espalda a lo que es superior a los hombres?

Se apena por la ocasión perdida. Imagina que la noche pasada todo el mundo se ha parado para contemplar el cielo. Que las luces de las ciudades se han apagado, que los automóviles no circularon, que las televisiones detuvieron sus emisiones. Que la gente subía a las terrazas o se concentraba en la calle para admirar lo real y tangible, no lo virtual. Para ponerse los hombres contentos, para admirarse, para sentirse más llenos de verdad. Pero el animismo no cunde en estos tiempos de olvido de los orígenes. En estos tiempos en que el hombre teme al hombre y piensa que siendo todos de la misma hornada se van a quemar menos. Él no quiere dejar de soñar con que son estrellas, aunque no lo sean. Se tendió sobre la cama, desnudo, mirando el techo, derivando sobre las sombras como si las estrellas cayeran sobre él para fecundarle. Y aun deslumbrándole la interpretación científica él necesita elegir la onírica también. Para humanizarse dos veces. En tiempos de desolación, pensó, mejor mirar el firmamento. Aun el soñado.



(Imagen de Presencia de espíritu)

viernes, 7 de octubre de 2011

el alma del caminante





“Atravesándolo a pie, el hombre transforma el espacio geográfico en morada dominada por él.”

Iván Illich. Energía y equidad.


Un hombre camina. Es el alba, todavía velado, y anda pegado a la pared. Utiliza calles secundarias, a ser posible oscuras. Trata de permanecer al margen del control de las cámaras de vigilancia. Cuando percibe la luz de algún vehículo se pega más a los muros o se introduce en algún portal ocasionalmente abierto. Luego continúa su ruta con prudencia. Se desplaza siempre en guardia. Teme ser observado. Tras una ventana ha visto una sombra que se retira con urgencia. Advierte una figura que dispara un flash. Enseguida se presenta un coche de la policía antipeatonal y le da el tiempo justo de ocultarse. Los agentes de la policía antipeatonal son rigurosos e inflexibles. Fichan enseguida a los caminantes osados. Las leyes han convertido de facto al paseante en una especie a extinguir. Y el Estado ha proporcionado los elementos coercitivos precisos para que la ley se cumpla. Ya no legislan diputados sino el Gran Consejo de Fabricantes, en el seno del cual el sector del Motor y Transporte se manifiesta como uno de los holding más influyentes. Han hecho leyes y normas de circulación dirigidas íntegramente a favorecer la circulación rodada. Sólo se permite caminar a los ciudadanos en un radio pequeño, justo en recorridos a través de los cuales la gente alcance pronto un supermercado cercano. A los niños se deja que se acerquen acompañados si el parque está próximo a su domicilio. En el parque el mobiliario de los juegos simula automóviles, aviones, trenes de alta velocidad. Si es la primera vez que cogen a un ciudadano caminando le aplican sanción meramente administrativa, pero económicamente onerosa. Si la acción es repetida se le aplica la ley penal. Decidir la aplicación de la ley penal provocó discrepancias al principio. Pero en nombre de la creación de los puestos de trabajo, del consumo de carburantes y del combate de la inflación se resolvió que tenía que ser más implacable. También se persigue de modo muy punible a cuantos ciudadanos extiendan rumores sobre los niveles de contaminación. El hombre sabe que va a tener difícil el recorrido. Que conseguir salir de la ciudad por su propio pie puede ser dificultoso y sumamente arriesgado. Pero no menos que intentar cubrir los escasos cuarenta kilómetros que le separan de la ciudad vecina e intentar entrar en ella. Hace años que las ciudades están blindadas al acceso peatonal debido a la tupida red de rondas y autopistas que imposibilitan ser cruzadas a pie. Hay bandas organizadas para ayudar, a cambio de ciertas cantidades de dinero, a los viandantes que han desafiado las leyes a entrar o salir de las ciudades, pero muchas de ellas son señuelos de la policía para atrapar, incluso en los límites, al individuo arrojado que se ha lanzado desesperadamente a la aventura. El hombre se lo ha estado pensando durante bastante tiempo y no ha querido renunciar. Bípedo se ha sentido toda la vida y no desea pertenecer a la nueva condición de la especie, que renuncia a sus extremidades. Ser bípedo le ha permitido sentirse siempre libre. No podría entender la libertad de otra manera, aunque los fabricantes de medios de transporte hayan instaurado su nuevo y supuesto reino de la libertad a través de la biblia de la publicidad dogmática. No puede entender la contemplación del paisaje sin practicar lo que le enseñaron desde niño: a caminar, a parar cuando deseara y a contemplar la naturaleza o las ciudades históricas cuando le complaciera. Recuerda con nostalgia los largos paseos con su padre primero, con los otros chicos de la escuela después. Para él, renunciar a sus pies es renunciar a su pasado. También a su libertad. También a su alma. ¿El alma de un niño? El alma de un ser que dice no.



(Para Stalker)

jueves, 6 de octubre de 2011

aversiones




incorporarse de la enajenación de la noche con un fuerte dolor en las cervicales; contractura le dirá el médico, si persiste la molestia; sin ser paciente se imagina el ritual que siguen los dependientes habituales; siente aversión a ser carne de despacho de recetas; ¿por qué habrá tanta gente que guste de acudir a los consultorios?; la mera imagen de la espera le retrae; el flujo de gente le resulta poco atractivo; alguna vez en que ha acudido por necesidad se ha quedado con los ojos cerrados; para no ver, para permanecer mudo, para hacer como que no oye; una vez se quedó dormido de verdad; cuando pronunciaron su nombre por el altavoz no se enteró y perdió la vez; se consoló de la adversidad pensando que había sido un sueño breve pero excelente; no pidió nueva cita ni volvió a la consulta, y el presunto mal se le pasó; hasta hace poco siempre había creído que mucha gente padece presuntas enfermedades; que se obsesiona con los primeros síntomas; que no tiene paciencia para observarse; óyete a ti mismo, se dice parodiando la máxima socrática; claro que hay ocasiones en que uno no se oye, o se escucha mal, o no quiere aceptar lo que percibe; el estado de alarma sobre el cuerpo recorre una línea que no siempre aparece marcada con claridad; será algo o no será nada; dilema que no sabe resolver, pero que teme que tampoco un especialista se lo resuelva; siempre le preocupó que los titulados le diagnosticaran mal; sobre todo desde aquella situación excepcional en que le extirparon el apéndice sin padecerlo; no es el recuerdo de un sufrimiento pasajero lo que más le irrita, sino que intervinieran sobre su cuerpo tan impunemente, y cerraran el caso con una simple explicación, falseada posiblemente, y sin reconocimiento del error;



(Fotografía de Jorge Molder)

el súcubo




la otra noche se hundió en la cama con una pesadez y un cansancio que prometían un sueño reparador; no haberse despertado durante la noche le hace sospechar; presiente que algún súcubo le ha tentado; pacto improvisado y secreto: se ha dejado tomar a cambio de que le alejara de la realidad; un súcubo sibilino y dulce que le ha permitido el descanso de la mente consciente por el precio de convertirse en su propia persona; un súcubo apasionado que ha agitado despiadadamente su cuerpo; le decía: te tomo para que conozcas otro mundo; te arrastro para que sientas los placeres que no sientes; te alejo provisionalmente del dolor aun cuando no podrás evitar que te vuelva el dolor cuando me marche; me sentirás y me verás y desgranarás tus apetitos, le dijo el súcubo, incluso cuando te sientas saciado; aun cuando al escaparme de ti se engendre de nuevo en tus entrañas la privación; y el súcubo poseyó al hombre hasta la extenuación, y al despertarse se encontró que había sido abandonado en el olvido; tales son los usos de un súcubo; y mientras el hombre se palpa la tensión y la tortura de sus vértebras superiores, una idea avanza en su interior; un objetivo onírico se empeña en abrirse paso: traer a esta orilla de su ser al súcubo rebelde; se frota el cuello con ambas manos, mientras un ligero mareo le acosa;



(Fotografía de Jorge Molder)

lunes, 3 de octubre de 2011

demasiado tarde


Demasiado tarde para leer los libros no leídos. Por supuesto, no piensa tanto en la cantidad como en el interés de algunas obras de cuya existencia se enteró cuando su vida iba de vuelta. Demasiado tarde para llegar a las buenas letras que han convertido su vida en una vorágine más intrincada de lo que ya es de por sí sin leer. Ahora que puede acercarse a ciertas claves, reconocerse en determinadas situaciones narradas, captar las tramas noveladas como si fueran reflejos de las existencias humanas, ahora es cuando no da abasto. No es que su pasión merme, ni que el placer que obtiene rebaje la atracción, ni que pierda interés por la arquitectura de las formas y el engranaje de los argumentos. Es una sensación de desasosiego ante tanta belleza. Una incapacidad de aprehender géneros tan diversos como enriquecidos por las manos que moldean sobre los barros exquisitos con los que se hace la materia narrativa. Ve en toda obra un relato de los sentimientos. Piensa que si no existe expresión de los sentimientos en un poema o en una novela o en un texto inclasificable las letras nacen muertas. Cata en cada libro el descubrimiento de las sensaciones, las que van a servir de vehículo de la afectación interior. Sin sentimientos y sensaciones no hay paisaje que se perciba en todas sus dimensiones. Teme que ese toma y daca entre él y sus lecturas puedan tener los días contados. Muchas noches se queda encendida la lámpara de la mesilla mientras cae rendido. Casi a propósito, como un guiño a su pasión y un desafío a sus limitaciones. Si alguien leyera en sus sueños…




(Fotografía de Gilbert Garcin)

domingo, 2 de octubre de 2011

lo que fue



revolviendo cajones ha dado con una foto rancia; tiene setenta y cinco años de existencia justamente; no reconoce a nadie porque este tipo de fotos, si no hay quien señale y diga éste es mengano y aquél es zutano, parecen fotos de cartón piedra; fotos de ficción, como si los personajes no hubieran existido; y tal es la sensación que tiene cuando recorre con su mirada a cada uno de los personajes de ese tablado de la muerte, que no está seguro si es parte de una obra de teatro o fue una situación real; que se exhiben, no cabe duda; pero el fotógrafo no logra arrancar a ninguno de los presentes ni la más leve sonrisa; teatro no debe ser, puesto que tampoco se trasluce ese gesto relajado que los actores saben poner para que siempre quede claro que la obra es una cosa y los individuos que la escenifican es otra; y esa gravedad de cada jeta, esa severidad conspicua que delata que algo criminal deben estar tramando, esas mandíbulas prietas con las que sujetan sus temores y también sus odios, esas miradas inciertas y escasamente felices predispone a la peor de las interpretaciones; la aparición de armas, de cascos y de uniformes siniestros dan fe de la aventura despiadada y cruel en la que se hallaban embarcados contra otros españoles; ¿qué organizaban? ¿la batida nocturna? ¿una saca y su consiguiente paseo? ¿un ajusticiamiento sumario? ¿el reparto de bienes de los asesinados?; se queda estupefacto; nunca había visto tanta expresividad inexpresiva en una imagen de seres afeados por su opción abyecta; no quiere ni pensar en las aberrantes invocaciones que salieran de sus gargantas para justificar la barbarie; y aún hay gente hoy día a la que no le gusta que se abran las fosas de quienes perdieron la vida por la actitud visceral e inclemente de personajes como los que posan; decide no seguir registrando cajones; ya no hay nada que hacer

sábado, 1 de octubre de 2011

la persiana


al levantar la persiana tiene una corazonada siniestra; imagina que no ha soñado; imagina que ha perdido la curiosidad; imagina que no tiene recuerdos; imagina que desconoce el deseo; imagina que se ha quedado sin imaginación; palpa la superficie de su piel y la halla helada; trata de alcanzar sus cabellos y no los encuentra; intenta olerse y el sudor no le devuelve identidad alguna; provoca una bocanada de aliento y el espejo no se empaña; al ir a mirar sus facciones el cristal no le devuelve ninguna imagen; intenta tragar saliva y siente bloqueada su garganta; emite una retahíla breve de palabras inconexas y no se escucha; sin embargo, percibe otros ruidos; oye el tráfico que llega de la calle; oye los pasos ágiles de gentes que se dirigen a trabajar; le llegan otras voces y la convulsión de una carreras nerviosas que suben la escalera; hay golpes en la puerta, su nombre repetido con insistencia, la manilla que se mueve agitadamente; hay una energía contenida de personas que requiere algo de él y que no logra traspasar el umbral de su habitación; luego, silencio, una especie de abandono, la difusión de los sonidos; más frío; la luz mutante del día que no es como la de todos los días; la noche descolorida que se precipita antes de ser noche; todo se ha convertido en privación y un ligero hilo de pensamiento le devuelve por un instante un nombre; tal vez un aroma, tal vez una sensación, acaso un sentimiento, puede que un estremecimiento; ¿deberá volver a levantar la persiana?




(Imagen de Giorgia Napoletano)





jueves, 29 de septiembre de 2011

la crisis de los axiomas


Desde que se levantó temprano hasta el tardío anochecer estuvo pensando en los neutrinos y en los fotones. No sabe casi nada de física, y menos de física de altura, pero las pequeñas comprobaciones siempre le deslumbraron. No cree fácilmente en cualquier suceso que se relate, pero a veces se queda como un niño, boquiabierto ante los hechos sorprendentes que narran los vendedores de noticias. Sabe que los medios ofrecen con frecuencia la piel del oso antes de cazarla, pero todo descubrimiento que tiene el marchamo de revolucionario le atrae al abismo de la curiosidad. Es harta costumbre ya que las noticias duren brevísimas horas y escasísimos días. Lo que salta hoy multicolor caerá mañana en la opacidad de las tinieblas. Pero esa especie de juego divertido entre mensajeros del tiempo le hace mirar con entusiasmo de miope la carga poderosa de la materia y de la luz. Esa carrera que los hombres provocan en la búsqueda de una ligera comprensión de las cosas, de la que seguramente la naturaleza permanece al margen con pleno desdén, le reconforta a su manera. No tanto por los presuntos descubrimientos, pendientes de verificarse una y otra vez. Sino por lo que tienen de cuestionamiento permanente de los conocimientos que la humanidad ha ido obteniendo. Y piensa en la relatividad de cada paso. En que los axiomas nunca son definitivos, entran en crisis y se aferran al caos. En que se sepa o no más y en la mejor dirección posible sobre lo que los hombres han dado en llamar las leyes naturales, todo resulta siempre limitado. La prudencia debería erigirse en norma y la humildad en herramienta paralelas a la investigación. No obstante, los hombres siguen siendo eternos buscadores del fuego. Constantes apropiadores de las energías, a su modo y manera, y conociéndolas aún muy parcialmente. Por un día, las teorías de Einstein y las nuevas revelaciones que corregirían o afirmarían aquellas han desplazado algo de su melancolía. A veces hay que levantarse y acostarse creyéndose un Prometeo que se libera de las cadenas. Aunque al día siguiente no tenga nuevas opciones ni ganas de levantarse de la cama.




(Fotografía de Jorge Molder)

domingo, 25 de septiembre de 2011

metamorfosis de La metamorfosis


¿Leeríais alguna vez un libro en que las letras tomaran carta de naturaleza independiente del resto del texto? ¿Os imagináis que, en su entusiasmo, las vocales y consonantes se declararan soberanas en un territorio con texto paralelo? ¿Seríais capaces de someteros a su audaz golpe de mano? ¿Os perderíais por la reconstrucción formal de párrafos enteros de una narración? ¿Os dejaríais sucumbir por su atracción fantástica? ¿O más bien utilizaríais su arquitectura para introduciros en el conjunto del texto? Hasta ahora había visto diversas ediciones de La metamorfosis de Kafka iluminadas por extraordinarios dibujantes. Pero nunca una en que la ilustración sean los tipos de imprenta, generando espectaculares proyecciones. Cuando la caligrafía se erige en avanzadilla del mensaje, sin renunciar a la integridad corporal del texto, se duplica la belleza. A diferencia de los libros ilustrados, en que los ilustradores ponen rostro a los personajes y ubicación a los paisajes, con riesgo de invadir la capacidad inventiva del lector, en este libro la abstracción lineal de la tipografía no desvía la imaginación. No obliga al lector a ver los personajes como recreaciones que el ilustrador quiere. El lector sigue imaginando a su aire. Las letras que saltan del texto juegan, acompañan y sugieren. Una edición genial de la editorial Nórdica. Me limito a colgar algunas imágenes relacionadas con el libro de Kafka. Los textos de Borges son para otro momento.