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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








sábado, 5 de noviembre de 2011

cinco de noviembre



el café estaba cargado, sabía bien; ha pasado rápido las páginas del diario que ordinariamente le resulta más creíble; aunque tiene claro el papel que juega ese diario más creíble, lo cual le hace siempre leer ciertos temas entre líneas, por lo tanto poner en duda credibilidades; poco interés por el relato de los artículos que aparecen hoy; se siente escéptico, cada día más, y la expectación por los acontecimientos ordenados es ausencia en él; en contra de lo que muchos podrían pensar, su propio escepticismo le libera por una parte y le hace sufrir por otra; solo le ha llamado la atención un artículo que en el titular se pregunta sobre una posible muerte provocada de Albert Camus; un asesinato político, que señala a la policía posestalinista; a estas alturas considera que todo es probable; muertes con apariencia casual han tenido largas manos interesadas, por parte de todo tipo de regímenes políticos, económicos o de clanes; por lo demás, y salvo la referencia a un escritor checo que vivió siempre en represión (represión de no poder publicar, por lo tanto de no poder expresarse como hubiera querido) un tal Jan Zabrana, del que jamás había oído hablar, el artículo no le aporta mucho más; oye citar por primera vez los Diarios de ese escritor; mientras repite una taza de café medita sobre Camus, que siempre le ha parecido un incorruptible del librepensamiento, que se granjearía enemistades y, si Zabrana tiene razón, hasta su desaparición física; el nombre Camus es para él un resorte; debería releer La peste, piensa, ¿o acaso La caída, que tanto le ha fascinado, o El hombre rebelde?; deberías, y durante este mes vas a necesitar bastante oxígeno, le indica la otra voz desde dentro; y los próximos tiempos, salta él.



6 comentarios:

  1. Querido amigo, el escepticismo es la indignación sosegada ante el descrédito de las utopías. Pero hay que resistir y las páginas de Camus son una buena trinchera. Detrás de ellas nos vemos. Un abrazo.

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  2. Gracias, José Luis, es un consuelo saber que hay gente como tú, que uno no flota o naufraga solo, que le ayuda a uno a entenderse a sí mismo.

    Un abrazo.

    PD. Me pregunto, no obstante, si las utopías son una trampa en origen o sufren una traición. O nos traicionamos con ellas perpetuamente.

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  3. Yo también leo a Camus como una trinchera, o quizás un refugio. En esos tiempos en que deberemos resistir quizá más que nunca hasta ahora, ya he desempolvado "El primer hombre", un regalo que me hizo mi padre cuando cumplí los 40, creo.
    Por cierto: la frase con la que abres el blog (sobre resistencia e indignación) es tuya o es una cita? Lo digo porqué si la cito yo me gustaría nombrar al autor. Salud!

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  4. Vaya, Lluis, me alegra saber que hay camusianos camuflados entre los azares y avatares de la vida cotidiana. Que buscamos oxígeno o agua pura en los escritos de Camus.

    La frase de cabecera es un aforismo de Karl Kraus (lo especifico un poco más abajo, en la columna izquierda) Cuando abrí el blog hace más de cinco años me pareció insólita: era mi reflejo.

    Gracias y bienvenido.

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  5. El mismo artículo me ha llamado la atención. La muerte rara vez es inexplicable cuando las palabras tienen enemigos oscuros.

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  6. Y casos como ese se han dado, se habrán dado, aunque no se sepa. Todo el que habla con claridad y clarividencia y tiene proyección amplia es marcado por las sombras de las tinieblas. Y mira que las hay, Camino a Gaia. Y seguiremos viendo cosas en la medida que la actual situación internacional se vaya complicando.

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