.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








jueves, 6 de octubre de 2011

aversiones




incorporarse de la enajenación de la noche con un fuerte dolor en las cervicales; contractura le dirá el médico, si persiste la molestia; sin ser paciente se imagina el ritual que siguen los dependientes habituales; siente aversión a ser carne de despacho de recetas; ¿por qué habrá tanta gente que guste de acudir a los consultorios?; la mera imagen de la espera le retrae; el flujo de gente le resulta poco atractivo; alguna vez en que ha acudido por necesidad se ha quedado con los ojos cerrados; para no ver, para permanecer mudo, para hacer como que no oye; una vez se quedó dormido de verdad; cuando pronunciaron su nombre por el altavoz no se enteró y perdió la vez; se consoló de la adversidad pensando que había sido un sueño breve pero excelente; no pidió nueva cita ni volvió a la consulta, y el presunto mal se le pasó; hasta hace poco siempre había creído que mucha gente padece presuntas enfermedades; que se obsesiona con los primeros síntomas; que no tiene paciencia para observarse; óyete a ti mismo, se dice parodiando la máxima socrática; claro que hay ocasiones en que uno no se oye, o se escucha mal, o no quiere aceptar lo que percibe; el estado de alarma sobre el cuerpo recorre una línea que no siempre aparece marcada con claridad; será algo o no será nada; dilema que no sabe resolver, pero que teme que tampoco un especialista se lo resuelva; siempre le preocupó que los titulados le diagnosticaran mal; sobre todo desde aquella situación excepcional en que le extirparon el apéndice sin padecerlo; no es el recuerdo de un sufrimiento pasajero lo que más le irrita, sino que intervinieran sobre su cuerpo tan impunemente, y cerraran el caso con una simple explicación, falseada posiblemente, y sin reconocimiento del error;



(Fotografía de Jorge Molder)

6 comentarios:

  1. la soledad, el aburrimiento, la falta de estìmulos en la vida cotidiana hacen que uno: 1)sienta la necesidad de hablar con alguien.
    2) de mayor peso a cualquier dolor o malestar que se advierte, ya sea porquè se golpeò la rodilla en el escritorio, porquè se ha despertado con el cuello torcido...etc
    las salas de espera de los mèdicos familiares aquì en Italia rebosan de aquellos pacientes, que aùn cuando necesiten pasar toda la mañana allì esperando para la consulta ,llenan su dìa de esa manera..
    a veces compadezco al mèdico.
    muy estìmulante la entrada.
    saludos y gracias por tus magnìficos comentarios en mi espacio
    Blas

    ResponderEliminar
  2. Natación, mucha natación, intensa, preferiblemente durante la última hora antes del cierre de la piscina. También caminarse de 6 a 8 km. diarios a última hora de la noche, comer dieta mediterranea con abundancia de fibras y fruta y verdura, nada de fritos y una infusión de boldo para el buen funcionamiento del hígado o de lo que sea pertinente para el buen funcionamiento de lo que empiece a dar guerra. Ya te digo. Te lo dice una experta en pachucheces crónicas. ¿En un par de años como nuevo! Ya sabes, puro pragmatismo. Besso.

    ResponderEliminar
  3. Blas. Exacto. También en España los consultorios están llenos de personas de edad que con la excusa de las recetas van a comunicarse con otros "pacientes". Hay toda una sociología y una etología incluso sobre los comportamientos d elos individuos, más allá del tema tratamiento o cuidado médico y saludable. Me gustaría conocer algún estudio sobre el tema desde la perspectiva que planteas y que yo intuía.

    Gracias por seguir por aquí. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Emejota, eres un manual de uso abierto para quejicas, melancólicos y desairados varios. Se te tendrá en cuenta. Por mi parte se lo comunicaré a él.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. No, no nos escuchamos, sólo oímos lo que dicen los demás sobre cómo hay que estar, de ahí tanta insatisfacción y tanta queja inútil.
    Porque oír es sólo percibir sonidos, pero escuchar es atender para oír.

    ResponderEliminar
  6. El precio del convencionalismo lo es también de nuestra libertad, Isabel. No es posible oír sin oír-nos. Escuchémonos.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar