martes, 14 de junio de 2022
Celebremos la cosecha, Neil Young
sábado, 11 de junio de 2022
Seymour y el zagal (Serie negra y 99)
jueves, 9 de junio de 2022
Adiós, Julito
Los chicos estábamos pendientes del invento de aquel chalado (así le llamaban algunos a un técnico ingenioso y entregado de mi vecindario de verano en el Norte) empeñado en captar imágenes de la RTF, a pesar de haber un Pirineo de por medio.
En aquel tiempo, en la España casposa y siniestra, cualquier individuo que rompiera moldes era considerado un loco y, a veces, un peligroso. Simplemente, dedicarse a indagar por su cuenta en ciencia y técnica ya era objeto de burla. Es cosa de brujas, recuerdo que decía una tía mía cuando le contábamos los intentos del hombre por traer imágenes de la televisión extranjera, pero próxima. No recuerdo el nombre del chalado, que era un genio tratando de hacer funcionar una televisión en su taller de electrónica, en la capital provinciana y tradicionalista navarra que no había pasado aún de la radio. Los chicos nos arremolinábamos como tontos pero expectantes curiosos, y él a lo suyo, nos dejaba estar sin inmutarse, y en medio de una maraña de rayas y sonidos extraños a veces aparecían imágenes. Cosa de brujería.
Aquel mediodía las imágenes misteriosas fueron las del Tour. Si fue entonces cuando Julio Jiménez, ciclista abulense, coronó el Puy de Dôme no lo recuerdo, ni sé si lo supe en ese momento. Hoy leo que casi a sus noventa años, Julito ha perecido por accidente, encima por accidente. No lo podré comentar con mi tío de Ávila, con el que tantas veces hablé sobre Jiménez, al que conocía porque en Ávila en aquellos tiempos se conocían hasta los gatos.
Pero hasta una muerte ajena puede traerle a uno recuerdos entrañables -ah, cómo nos persiguen los tiempos de niñez y juventud, tan poco entendidos entonces, tan echados en falta ahora- y nunca es tarde para ir más allá.
Comprender lo que fue nuestro pasado histórico, del que solo nos han contado anécdotas pero poco explicado lo que había detrás, de una densidad importante. Nada menos que la idiosincrasia de un país.
martes, 7 de junio de 2022
El niño y los opuestos
sábado, 4 de junio de 2022
Fantasías del pastor (Serie negra, 98)
Mâlik habita un tiempo casi ausente cuando trasiega apaciblemente con las ovejas. Conoce el territorio al dedillo pero siempre busca nuevas interpretaciones. Detrás de cada risco o campo fértil que recorro hay otro paisaje, piensa para sí. No se ve a primera vista. Nadie lo ve porque la gente de paso es torpe para advertirlo. Se limita a lo que más resalta a sus ojos. Pero yo descubro cada día y cada noche algo nuevo. No es solo lo que la mirada me dice, sino los sonidos, las tinieblas, la temperatura alterna, los vientos cambiantes, los más ligeros rumores. Aunque duermo profundamente esta noche me he despertado bruscamente, sin saber por qué. Si era una ensoñación o un arrebato lo ignoro, pero se apropiaba de mí.
La noche olía a oasis. La tierra, silenciosa. La oscuridad se dejaba escudriñar. Llegaban bocanadas de aire con sabor a dátil. La sequedad protectora de las raíces se metía entre las uñas. Quien no ha pasado la noche al raso no sabe de la manifestación reveladora y traviesa de las sensaciones. Una luz emergió de pronto entre las palmeras, destellando quebradiza, refulgiendo caprichosa. Se aproximó.
La luz tomaba la apariencia de una antorcha. Ondeaba por encima de mi cabeza y salía a mi encuentro, iluminándome. Pero yo, ¿veía con claridad los objetos de mi entorno o vislumbraba tan solo sombras dentro de mí? Una agitación extraña me impedía retornar al sueño. Un temblor latente convertía el ámbito familiar en un espacio confuso.
jueves, 2 de junio de 2022
Silva de amapolas (Serie negra, 97)
¿Le ha gustado la leyenda que le conté el otro día, señora? Me debe usted a cambio alguno de sus saberes. El zagal parece entusiasmado con el intercambio de historias. Quiere transmitir y a su vez recibir. Tienes un don especial para narrar lo que tus antepasados te contaron, le elogia Lynn. Mâlik se atropella: no se lo diga a nadie, pero me invento parte de los cuentos. Si usted me enseña algo ahora yo lo cocinaré a mi manera. ¿Sabe lo que pienso? Que aunque los relatos tengan un corazón desde los tiempos más antiguos se pueden enriquecer. Así que por un lado la gente escucha lo de siempre pero le parece a su vez algo nuevo.
La arqueóloga se siente fascinada por aquel adolescente. ¿Te has dado cuenta de que habitas en dos mundos, Mâlik?, le dice. Eres el pastor que eres y a la vez eres el contador de historias, donde vives cuantas experiencias elijas vivir. Te voy a contar yo ahora una pequeña historia sobre amapolas que experimenté hace poco, y aún no sé si dormida o despierta. Los ojos de Mâlik destellaron entusiasmo. Lynn no esperó.
"La efímera me esperaba al borde del barranco. ¿Por qué tan alejada de las demás?, le pregunté.
¿Y tú?, respondió ella. ¿Acaso no te separas también de la grey? Un campo de humanos no es tan diferente al de nosotras las amapolas.
Tienes razón, le concedí. También somos frágiles, aunque parezcamos más sólidos. Y nuestra textura de igual modo termina ajándose, nuestros colores palidecen y la verticalidad de la que nos sentíamos orgullosos va decayendo en una curva inevitable.
Me miró con una afectuosa insolencia. La diferencia consiste en que nosotras tenemos asumida nuestra precaria condición, de primavera en primavera, y los humanos, aunque estáis en una constante mutación, pensáis que no tendréis fin o que al menos este se distancia.
Anhelé tocar entonces sus pétalos con delicadeza, pero me detuve a medio camino. Simulé tomar el cáliz, insinuando ingerir su profunda y secreta esencia, que no nos es revelada. La intensa rojez de su estallido me deslumbraba. Imaginé que su fino tallo se escurría entre mis dedos. Toda ella se hallaba a merced del jugueteo del aire, como si se pretendiera su amante o su dueño.
La ensoñación me hizo percibir el mensaje de la flor. Después permanecí contemplando el campo humano que me rodeaba".
El zagal le hubiera pedido más, pero solo se le ocurrió: esa historia tuvo que haberla vivido, señora. ¿Cómo no se me habrá ocurrido a mí, que estoy acostumbrado a las amapolas rojas y también a las blancas?
(Fotografía de Liliana Inés González Soria)
lunes, 30 de mayo de 2022
El pasado como escenario cinematográfico (Serie negra, 96)
(Fotografía de Latif Al-Ani, Babilonia)
viernes, 27 de mayo de 2022
Una leyenda ancestral (Serie negra, 95)
martes, 24 de mayo de 2022
Charla con el zagal Mâlik (Serie negra, 94)
Me gustaría ser pastora, comenta Lynn a Mâlik. Siempre se os ve tan apacibles y sin que os urjan los problemas del mundo. No crea, señora, replica con timidez el zagal. Estas horas de dejar pacer al ganado no son las únicas de actividad para nosotros. Hay que madrugar, ordeñarlas, estar vigilante de que nadie te roba alguna oveja, conducirlas al aprisco, recontarlas al final del día y vuelta a ordeñar. Hay días que puede ser peor, que te digan que no vayas a los campos y te quedes en el caserío haciendo queso con tu madre y tu abuela. O que te manden a algún recado por zonas peligrosas y te arriesgues a que te asalten. Hay que aprender a hacer de todo, es el consejo favorito de nuestros mayores. Si es un abuso, como dicen otros chicos, no lo sé. Pero es lo que ha ocurrido siempre y uno se deja llevar. ¿Qué puedo hacer? Cuando me haga mayor tal vez busque otro oficio.
Lynn gusta de escuchar a las gentes sencillas. Es como si encontrara la contrapartida no solo a su trabajo callado sino sobre todo a la sociedad de la que ella procede. Mâlik la tiene confianza. Se permite opinar con la libertad con que Lynn ha sabido ganárselo. No se queje señora, su trabajo no está nada mal. Pasar horas y horas entregada a ver lo que encuentra tiene mérito. En mi aldea muchos no saben apreciarlo, aunque estén pendientes de lo que haya bajos nuestros pies. Pero siguen pensando que todo lo que aparece es para beneficio de los extranjeros, que se lo llevan a sus países, a eso que llamáis museos. Y puede ser peor. Cuando lo que se rescata del suelo protector cae en manos de traficantes de antigüedades sin escrúpulos o de militares que se han aprovechado alguna de sus conquistas.
La arqueóloga admira la viveza y lógica del muchacho. Su receptividad, cómo escucha la visión que ella tiene del pasado y que tanto satisface a Mâlik. El zagal no había oído hasta entonces más que leyendas, y siempre le parecieron increíbles, si bien entretenidas. Lynn intercambia saberes con él. ¿Qué te parece si tú me hablas de tradiciones y cuentos de vuestros abuelos y yo te pongo al día de lo que nos van enseñando las ruinas sobre las gentes que habitaron estos lugares hace miles da años?
Mâlik se ajusta la kefia que le protege del sol agresivo y polvoriento, y ella adivina tras su mirada que en aquella complicidad el chico se siente un adulto reconocido. Sé muchas historias, señora, y me gusta contarlas, exclama jubiloso el zagal. Ya que me das confianza, dice ella, te voy a advertir de algo que te puede interesar. Los de mi gobierno dicen que entre los pastores hay confidentes que sirven a otros gobiernos. A mí misma me señalarían si me vieran hablando frecuentemente contigo, Mâlik. Este da un respingo. Pero los pastores somos desde siempre gente neutral. Otra cosa puede ser que los propietarios de los hatajos y de otros negocios se presten a sacar ganancia de sus chivateos, sirviendo al mejor pagador. Los pastores somos una especie diferente que ha sobrevivido a todo tipo de conquistadores. Somos de los pocos resistentes callados que sabemos proteger la memoria honorable de nuestros antepasados. Nuestras leyendas lo cantan. ¿No me cree?
Lynn asiente con la cabeza. Aquel niño adulto le suscita ternura. ¿Existirán aún almas puras en medio de un mundo de intereses? ¿Habrá sencillez a pesar de las turbulencias que llegan a todos los rincones? ¿Permanecerá una estirpe de personas cuya bondad se imponga al precio de la lucha por la vida? ¿Será Mâlik una excepción?
jueves, 19 de mayo de 2022
Aquel aprendiz de escribiente
(Fotografía de Frank Horvat)
domingo, 15 de mayo de 2022
El sueño de Ahmed (Serie negra, 93)
La visita de Lynn me ha perturbado. No ha cambiado en exceso. Tal vez la he encontrado un poco más seria. O, mejor dicho, grave. Lo he deducido de la conversación que hemos tenido mientras cenábamos. Vienen tiempos difíciles, incluso para ti, Ahmed. Te prevengo. Tiempos en que nos pedirán que decidamos de qué lado estamos. Ese ha sido su mensaje. No deja de ser curioso. Hasta ahora yo pensaba que las dificultades las habíamos heredado solamente la gente de estas tierras. Que ellos, esos pudientes que viajan hasta aquí porque se sienten aburridos, estarían por encima de las grandes disputas. Siempre he sido benévolo con ellos. Principalmente con personas como Lynn, a quienes interesa sinceramente el pasado de esta región y colabora con sabios que se dejan el pellejo en el desierto. Que Lynn me dé a entender que hasta las sociedades confortables corren riesgos hoy día no deja de ser preocupante. Nosotros siempre estamos en la línea de fuego de sus rencillas, aunque nos separen miles de kilómetros. En la cena también han participado algunos compatriotas de Lynn que han venido a fisgonear para contar a la vuelta a sus amigos su versión imaginaria de este país. Esa gente, a partir de impresiones superficiales y vivencias aparentes, llega a conclusiones misérrimas. Y lo van narrando en sus reuniones de salón, sin pudor ni veracidad. Lynn, que nos conoce a los de aquí de sobra y que distingue la prepotencia de sus paisanos, no se sentía cómoda con ellos y ha hecho todo lo posible para que las opiniones que exponían no me hiriesen. No he concedido importancia a cuanto han dicho y Lynn me lo ha agradecido. ¿Será a causa de esa charla o de la presencia vigorosa de Lynn por lo que he tenido más tarde unos sueños desasosegantes?
La pesadilla que más huella me ha dejado al despertar era extraña. Lynn y yo descubríamos una estatua femenina cuyo significado ignorábamos. La pequeña cabeza exhibía un tocado recargado que jamás habíamos visto en las obras aparecidas hasta entonces. Mostraba unos ojos hipnóticos. Sus labios se pronunciaban en una curvatura que oscilaba entre sonrisa y ceño. Poco a poco asomaba un busto generoso y creciente. Todo sugería que bajo tierra permanecía un tamaño colosal que hacía que nos debatiéramos entre el asombro y el temor. Entre varios tirábamos de ella con fuerza para arrancarla de las entrañas de las ruinas. Se resistía con tenacidad. Al emerger iba perdiendo los colores que la habían adornado. Sentíamos que hacía fuerza en dirección contraria a nosotros. Como si no quisiese ser rescatada. Cuando parecía que estábamos a punto de liberarla de su escondite de milenios las manos de la estatua se ponían en movimiento y me agarraban, arrastrándome hacia las profundidades. Yo, muy asustado, le pedía ayuda a gritos a Lynn, pero ella, paralizada, solo podía invocar mi nombre: Ahmed, Ahmed, no te vayas, resiste. Me hundía más y más mientras la mujer de piedra acababa por salir toda entera al exterior. La voz angustiada de Lynn llegaba a mis oídos cada vez más difusa y lejana. Fue al precipitarme en la caída cuando desperté, náufrago a merced del sudor y de la ansiedad.
No sé si contarle el sueño a Lynn o callarme. Temo que su interpretación me produzca más pánico que la pesadilla en sí misma. Pero aquella imagen última en que me sentía rehén que se intercambiaba con otro rehén me dejó aturdido y preocupado.
jueves, 12 de mayo de 2022
Los descubrimientos (Serie negra, 92)
(Fotografía de Latif Al Ani. Malwiya. Samarra)
sábado, 7 de mayo de 2022
No dejarte caer
el hombre en la noche
https://elhombreenlanochesilenciosa.blogspot.com/
(Fotografía primera: Mona Kuhn. Fotografía segunda: escultura de Bernardí Roig. Imagen tercera: Liliana Inés González Soria)
jueves, 5 de mayo de 2022
La aparición casual (Serie negra, 91)
(Fotografía de Latif Al Ani)
martes, 3 de mayo de 2022
Un pensamiento de Marco Aurelio para alivio de un martes de mayo
"Todas las cosas están en estado de transformación. Tú mismo sufres una alteración continua y una suerte de agotamiento. Lo mismo ocurre con todo el universo".
Pienso que acaso Marco Aurelio no me descubre nada a estas alturas. Pero un pensamiento de tal clase sí refrenda lo que uno viene asumiendo desde hace tiempo. Pensamiento que proporciona un cierto grado de calma necesaria. Sin la calma la exploración del mundo, principalmente el interior, seguiría siendo mero caos. Pero uno vive no para resolver el caos sino más bien para comprender en cierta medida sus movimientos no reglados y, por lo tanto, aceptarlos. Todo es fugaz y pasajero, evidentemente, pero al persistir en la vida debemos procurar no desesperarnos por sus impurezas, pues al fin y al cabo cada uno de nosotros somos producto y efecto de ellas.
viernes, 29 de abril de 2022
Una de réprobos: De la lujuria, según el Modus confitendi, impreso por Juan Párix en 1473
De la
lujuria
Igualmente he cometido un
pecado de fornicación y de lujuria porque experimenté en mi interior el
placer y el pensamiento de gula y lujuria por la polución del cuerpo, tuve
trato carnal deshonestamente con mujeres y las amé, profiriendo palabras
lujuriosas, tocándolas, abrazándolas, besándolas y, algunas veces, cometiendo
actos deshonestos; y si no de hecho, sí de pensamiento, deseé hacer y practicar
adulterio, incesto, rapto y otros pecados contra natura.
Este texto pertenece al Modus confitendi, Manual para la confesión, cuya edición facsímil ha caído en mis manos. Fue escrito por el obispo Andrés de Escobar e impreso en Segovia en el año 1473 por el impresor Juan Párix, originario de Heidelberg. La tipografía me deja perplejo. La composición de los tipos son lujosos (líbreseme de errar y decir lujuriosos, aunque siempre he visto mucho erotismo en las tipografías de los diversos y ricos alfabetos que hay por el mundo), pues el texto no se apelmaza como sí ocurría en otros impresores. Y la separación entre capítulos permite una lectura más definida. Se ve que Juan Párix tenía arte además de oficio. ¿No es precisamente esta armonía lo que certifica una obra bien hecha?
La intención de este y otros manuales análogos era hacer pedagogía, que se diría hoy, sobre los curas en orden a saber enfocar la confesión, práctica que tuvo lugar a partir del IV Concilio de Letrán de 1215. Los manuales tuvieron sus días de gloria entre los siglos XIII al XV, luego decayeron. Se ve que la citada práctica sacramental ya había sido bien aprendida y había generado suficientes recursos psicológicos para que el pastor llegara hasta sus corderos.
El Modus confitendi está escrito en latín. Aborda los pecados que pueden cometerse de pensamiento o de palabra. Luego pasa a los siete pecados mortales (sic) que más tarde se han denominado capitales, nombrando características vinculadas a la soberbia, avaricia, envidia, lujuria, gula, ira y pereza. Luego pasa a una descripción de los diez mandamientos y de qué modo se ha pecado contra cada uno de ellos. Abunda más adelante sobre los doce artículos de la fe, los siete sacramentos, las siete virtudes teologales, los siete dones y frutos del Espíritu Santo, las ocho bienaventuranzas. Y el Manual se remata con una oración para después de la confesión y las fórmulas de la absolución.
Es curioso que incluye incluso una regla nemotécnica que debía ser de gran ayuda a los sacerdotes. Los siete pecados mortales, dice, están contenidos en las siete letras de la palabra Saligia (Soberbia, Avaricia, Lujuria, E(I)nvidia, Gula, Ira y Acidia) Realmente se lo da hecho al usuario encargado de escuchar los temerosos pecados y absolver a quienes los habían cometido.
Espero no haberos aburrido. Yo me lo he pasado muy entretenido y reconfortado leyendo el manual, porque ha sido como retroceder a la infancia y recordar aquello de meter la cabeza por delante del confesionario mientras las mujeres lo hacían por los laterales separadas por una rejilla. Y soltar una ristra de frases hechas que creo que nunca sentí con excesiva afectación. En fin, qué experiencias no ha vivido uno. Ah, y darme cuenta de cómo un texto de 1473 trataba sustancialmente de lo mismo que nos obligaban a acatar, y hacernos sentir culpables, hace apenas unas décadas.
Sobre el texto adjunto acerca de la lujuria, lo dejo ahí para vuestras sabias consideraciones. No tiene pérdida. El sexo, las relaciones sexuales y el criterio sobre la mujer ha sido algo obsesivo en la historia de la Iglesia.
(Imagen de cabecera: fragmento del monumental fresco que pintó Luca Signorelli sobre el Juicio Final en la Catedral de Orvieto en 1502. Tampoco tiene pérdida, pero es de una belleza que desborda.
Imagen intermedia: primera página del Modus confitendi)
lunes, 25 de abril de 2022
Un monumento encarnado por la mujer de negro
Supongo que el monumento del fondo es en recuerdo de alguna gesta bélica de las que se erigieron a miles en las Rusias anteriores y ahora perviven en la Rusia meta zarista. Los relieves que se ven en un lateral bien pueden evocar la liberación frente a un invasor, el largo episodio de reconstrucción de una nación o algún delirio de grandeza imperial.
Gran parte de los más importantes monumentos alegóricos de la Historia se erigen hacia el cielo. Una tradición cuyo simbolismo se ha ido repitiendo y perpetuando: menhires, pirámides, obeliscos, torres de catedrales, alminares, estupas, pagodas y, por qué no, rascacielos, se erigieron con doble o múltiple significado, según cada cultura y tiempo. Pero recogiendo simbolismos tales como principio masculino, vértice de centro místico, rayo solar, representación de la montaña, lámpara espiritual, conquista espacial...
Obras impulsadas por las élites, se considerasen hijos de dioses o intermediarios de estos, ya se sabe que los mitos lo recogen todo, pero utilizadas para consolidar creencias, afianzar dominios territoriales, glorificar sus hazañas, divulgar sus preceptos e imponer sus mandatos.
Pero aquí hay otra clase de monumento. Carnal y cargado de significados vivos. La mujer de negro rusa, plantada con su ramo de rosas blancas, evoca una gesta más difícil, la de la conquista de la paz. Quién sabe si las rosas no expresan sino algo tan elemental como los derechos humanos. O la capacidad humana de perseguir el entendimiento. O el anhelo de vivir con respeto y tolerancia entre los hombres. O la negativa al derramamiento de sangre. O un cierto grado de pureza frente a la incesante corrupción.
Que cada cual ponga una advocación a ese ramo de rosas.
Se me antoja que la actitud erecta, orgullosa y noble de la mujer de negro representa una protesta dual. Frente a una agresión exterior que está ejecutando aquel gobierno y frente a la agresión interior por la privación de la libertad de expresión de los ciudadanos rusos. Con todo el riesgo que implica para los valerosos disidentes que se atreven a objetar en la actual coyuntura de falta de libertades democráticas.
La mujer de negro se impone al material del que esté realizado el otro monumento. Dos verticalidades, pero con sentidos diferentes. Una invoca el pasado. La de la mujer de negro no se eleva con simbolismos abstractos de las antiguas sociedades. La mujer de negro da la cara por el presente y lo eclipsa.
( Fotografía tomada de https://www.eldiario.es/internacional/guerrilla-clandestina-toma-silencio-calles-rusia-protestar-guerra_1_8925340.html )
viernes, 22 de abril de 2022
En el límite (Serie negra, 90)
martes, 19 de abril de 2022
El vuelo (Serie negra, 89)
viernes, 15 de abril de 2022
Pasaje a Ctesifonte (Serie negra, 88)
Seymour es un diplomático con conexiones muy efectivas. Cuando me llamó por teléfono no lo dudé. Ah, ¿cómo es que esta vez no vas con tu esposa?, le pregunté no obstante por despejar incógnitas. Siempre has querido conocer Ctesifonte, ¿no?, pues esta es tu oportunidad, replicó Seymour. Me tragué mi propia pregunta capciosa. Reconozco que esa manera de responder Seymour se llama maestría en esquivar preguntas embarazosas. ¿Es segura la zona?, insistí. Le intuí crecido. Para nadie es segura y menos para un representante de un gobierno que no siempre es bien acogido. Ya sabes, cosas de la política. Pero confía en mis contactos y en mis artes. Seymour presume y del humo levanta un edificio. Ah, claro, tus artes, y me incliné por la ironía. Olvidaba que eres un Merlín y que si nos encontramos con alguna de las facciones que no son sumisas a tu gobierno nos agasajarán. Al otro lado de la línea Seymour rio. Luego su voz adquirió un tono firme y seguro. Tú confía en mí. Me conozco el territorio al dedillo. No soy Thomas Edward Lawrence pero he aprendido lo suficiente para saber negociar y abrir puertas cuando te las encuentras cerradas. No pude evitar enfurecerme. Oh, Seymour, pero estamos hablando de una excursión, no lo plantees como si fuéramos a retomar negociaciones. O si lo miro desde otro ángulo va a darme miedo atravesar el desierto. Yo solo pretendía que tuvieras claro que vas a estar protegida, saltó cual macho del rebaño. Además no es un desierto del todo. Es una ruta a la que poco a poco se acerca el turismo. Las ruinas atraen mucho. Y los occidentales sueñan con civilizaciones antiguas que no entienden pero se pirrian por ver lo que se excava y los lugares donde crecieron aquellas urbes. A Seymour siempre le ha gustado darme lecciones y lo hace derrochando no solo apuntes informativos sino sobre todo habilitando una moderada pasión que a veces tengo la impresión de que es impostada. Que haya ciertas zonas inhóspitas no quiere decir que nos deparen encuentros hostiles, continúa no sé si para tranquilizarme o alardeando de tener recetas para hacer frente a cualquier situación imprevista. La última vez que nos topamos con...Le paré en seco. No me lo cuentes, y alcé la voz ásperamente. La última vez no iba yo contigo, así que las aventuras con quien fuera te las guardas para fortalecer esa experiencia de la que tanto presumes. Silencio. Esta vez ni risas ni explicaciones. Seymour optó por callar un buen rato. Qué, ¿estás o no estás?, dije al fin más atemperada. ¿Sí? ¿No? Sus palabras llegaron prudentes o, más bien, medidas. Pensé que se había cortado, ¿decías? Que me tuviera como alternativa a su esposa ya me hería. Pero que me tuviese como opción complementaria de corte diplomático me repugnaba. Callé. Lynn, Lynn, me llegaba un Seymour enérgico al que imaginaba repantingado en su despacho, estirándose los tirantes horrorosos de su pantalón y haciendo señas de mando a sus ayudantes. Lynn, ¿otra vez se cortó? Quise poner a prueba su interés por mí. ¿Aguantaría un rato todavía hasta que yo diera señales de nuevo? Pero su decisión fue rápida. Sigamos preparando esa conferencia, creo que Ctesifonte puede esperar, oí que le decía a alguien un instante antes de colgar el teléfono.
(Fotografía de Latif Al Ani. Bagdad, 1931- Bagdad, 2021)
miércoles, 13 de abril de 2022
Varada en el camino (Serie negra, 87)
domingo, 10 de abril de 2022
Eros y Tánatos (Serie negra, 86)
