lunes, 4 de septiembre de 2017

¿Para qué sirve un fotógrafo como Joan Colom, por ejemplo?


























Sirve por ejemplo para no olvidar ninguna imagen vivida, por nuestros antepasados o nosotros mismos, y levantar acta de la vida y miserias, más que milagros, de muchos paisanos.













Sirve para que nunca se olvide el extremo dolor producido por una dictadura.





















Sirve para que no olvidemos que en este país ha habido niños que no han tenido infancia.





















Sirve para que las generaciones presentes y venideras sepan que fue perseguida la sexualidad libre por la Iglesia y por el Estado e inducida hacia el lado oculto de las vidas de los españoles.

















Sirve para que que no se olvide el desgarro y el dolor de la calle.














Sirve para recordar que el machismo imperante, hijo de una sociedad patriarcal que hacía de menos a la mujer, viene de muy atrás.
















Sirve para reflexionar sobre la extensa pobreza que entristecía la vida de tantos niños.




















Sirve para que no se olvide la condición miserable y la actividad degradante de los barrios chinos (que de chinos no sé qué tenían)




















Sirve para que se tenga presente lo que tuvieron que acarrear muchas criaturas con el fin de llevar una pela a casa.

















Sirve también para no ignorar la soledad de la vejez callejera.


















Sirve para pulsar el valor de la conversación entre vecinos.














Sirve para no confundir el culo con las témporas.


Esta selección de fotografías de Joan Colom, muerto ayer a los 96 años, son solo eso, unas cuantas fotografías elegidas con intención. Por que la intención, que es subjetiva, se basa en la Historia, que es tal cual, y domina y marca no solo vidas sino interpretaciones particulares, aunque no roce a todos por igual. En las escuelas ya deberían enseñarse materias, en lo que respecta a la historia de parte del siglo XIX y todo el XX, con este tipo de elementos, superando las meras relaciones de fechas y hechos históricos, o las anodinas narraciones de situaciones económicas y sociológicas de un país y un tiempo determinados. Las imágenes fotográficas, por sí mismas, y más si es obra honesta, ya explican los sucesos, las formas de vida, los fenómenos a veces chocantes que se producen día a día en una ciudad. La fotografía es crónica que habla y permite reflexión. A diferencia de una película, donde cabe un grado de invención superior, aunque muchas de ellas tengan análogo carácter de retratar una sociedad, y sean útiles y necesarias en ese contexto, y más si se añade una creación estética digna de tal nombre, las fotografías de autores de raza como Colom son lenguaje en estado bruto  y dinámico. Las gentes de la calle se mueven, actúan en sus quehaceres o abandonos y el fotógrafo, como dice el dicho, estaba allí para fijar el tiempo y el movimiento. Y la condición social y personal de tantos seres que nos han precedido en épocas más oscuras y dificultosas. Valga este comentario como homenaje a Joan Colom, un imprescindible de todo un espectro amplio (Boix, Catalá Roca, Miserachs, Maspons, Pomés, Catany...casi todos desaparecidos ) gracias a los cuales sabemos más.



(Joan Colom en una foto de Doménech Umbert)



sábado, 2 de septiembre de 2017

¿Estarán los catalanes a punto de tragarse otro sapo?














A cuenta del tema Cataluña y los aconteceres del presente he leído algunos artículos que el agudo periodista y escritor Manuel Chaves Nogales escribiera allá por febrero y marzo de 1936. Están publicados actualmente en un libro titulado ¿Qué pasa en Cataluña?, editado por Almuzara, y ya digo que son escritos y entrevistas de hace setenta y un años. Sin embargo a uno se le ocurre pensar: ¿cuánto habrá de analogías y semejanzas entre las posiciones de aquel momento y las de ahora? ¿Qué figuras de entonces jugaban a apuestas que en el presente se pueden revelar en otros? O bien a la inversa: ¿qué personajes de hoy día van de émulos de personajes de 1936? Y aunque las aproximaciones sean de matices, que acaso no, sino que pueden estar tan marcadas, ¿de qué manera la divertida fábula  -metáfora-  de los aldeanos que se comen el sapo sigue en vigor? Y es que a uno se le quedaron grabadas hace años las primeras líneas de El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx, que decían: "Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre, la Montaña de 1848 a 1851 por la Montaña de 1793 a 1795, el sobrino por el tío. ¡Y a la misma caricatura en las circunstancias que acompañan a la segunda edición del Dieciocho Brumario!" ¿Se siguen imitando acontecimientos y roles históricos anteriores? ¿Vuelven farsas y tragedias a ocupar la escena? ¿De qué manera? O, como dicen los chuscos de mi aldea: ¿quedará todo en agua de borrajas? ¿Estarán los catalanes a punto de comerse otro sapo? ¿O lo estaremos todos? No voy más allá. Simplemente trasladar aquí la fábula surrealista que Chaves Nogales relata con tanta gracia en el artículo Después de haberse comido en sapo.    


"Cuando a los hombres de la derecha y del centro se les pide una explicación de lo que pasa en Cataluña le cuentan a uno un cuento. Es muy bonito. Dos aldeanos van de camino. Uno de ellos lleva del ronzal una vaca. Junto a una charca encuentran un sapo, que produce en el de la vaca un gesto de repugnancia. El otro aldeano, por llevar la contraria a su compañero, afirma entonces que el sapo es un animal como otro cualquiera, ni más ni menos repugnante que los demás seres vivos que a diario sirven de alimento al hombre. «¿Tú serías capaz de comerte un sapo?», arguye el de la vaca. «Me lo comería si hubiera necesidad», contesta. Disputan estos compadres y al final, como no se ponen de acuerdo, apuestan. «Te doy la vaca si eres capaz de comerte el sapo.» La codicia y el amor propio fuerzan al aldeano a coger el sapo y comérselo, cerrando los ojos de asco y conteniendo las náuseas que le dan cuando quiere vencer la repugnancia que indudablemente siente. El otro ve, acongojado, que su compadre es capaz, efectivamente, de tragarse el sapo, y ante el temor de quedarse sin la vaca que alegremente había apostado se aprovecha de las náuseas que el otro está pasando en aquellos instantes y le propone: «¿Me devuelves la vaca si soy capaz de comerme el medio sapo que te queda?». El comedor de sapos ve en esta oportunísima proposición un modo inmediato de librarse del tormento a que está sometido y alarga el pedazo de sapo que le queda a su compadre, quien cierra los ojos y se lo traga. Siguen su camino silencioso, los dos compadres. Al cabo de un rato se paran. Se miran frente a frente y se preguntan, estupefactos: «¿Y por qué nos habremos comido un sapo?»"







miércoles, 30 de agosto de 2017

La Gran Dama y la hormiga














Leo que hay revuelo por el hecho de que haya aparecido una hormiga dentro de la urna donde habita el sueño eterno la Gran Dama española. Sí, porque la Gran Dama española nunca fue la Duquesa de Alba, ni la Reina Católica, ni la Preysler, por mucho que la prensa del corazón de turrón pugne a favor de estas señoras para venta de sus papeles amarillos. Dama, dama, y lo tengo grabadito desde niño, solo cabe llamar así a la de Elche. Tampoco porque fuera de Elche, sino porque la hallaron allí. Probablemente ni siquiera procedía del lugar donde fue encontrada bajo tierra. Si fue aquella mujer de caliza un elegante producto de un demiurgo ibero, que es lo que habitualmente se dice, o tarteso o procedente de culturas del mediterráneo oriental para el caso me da igual. ¿Que si es netamente ibera dice mucho en pro de la calidad técnica y estilística de tal cultura? Sin duda, y habla a favor de lo esponjosos que fueron los iberos recibiendo influencias orientales y adaptándolas a su medio.

Pero ahora hay revuelo porque aparece una hormiga en su entorno. ¿Eso es malo? ¿Es que algunos no han oído hablar de la simbiosis y de cómo se hacen favores mutuos entre seres diferentes? Tal vez se trate de una admiradora de otra especie que no ha podido soportar que el metacrilato le impidiera manifestar su amor por la Dama. Dos mil quinientos años de belleza sin photoshop dan para enamorar a cualquiera. Yo mismo estuve enamorado en mi niñez de esa hermosura atávica que en nada se parecía a las mujeres de Castilla, de Navarra o de Andalucía. Porque la fisionomía de la Dama tiene poco de las mujeres de la historia de los últimos siglos. Pero allá por el siglo V de antes de nuestra era, tanto hombres como mujeres ¿tendrían otros rasgos? Las facciones de la Dama, ¿eran características lejanas o emuladas en estos pagos peninsulares? Yo me colgaba de ella. La contemplase perimetralmente o de frente o en perspectiva alejada la Dama se reproducía con diferentes bellezas y, en mi enamoramiento infantil pero carnal, me embelesaba con sus tics recónditos, con la tersura de su piel, con la caída en aguja solar de su nariz, con el dibujo suave de sus labios y con el almendrado fascinador de unos ojos que parecían estar hechos solo para los míos. Con su tocado y ornato no me sentía tan atrapado, no obstante resultar deslumbrante. Y es que las diosas tan puestas nunca me fueron demasiado, he preferido siempre las de servidumbre y anonimato. Y hete aquí que ahora una hormiga, quién sabe si no será la reencarnación de un guerrero ibero, de aquellos jinetes que aparecían en las monedas de diez céntimos acuñadas durante el reinado del guerrero del antifaz, accede de manera subrepticia a la intimidad de mi Gran Dama. 

No quiero pensar que se trate de un acto terrorista de nuestros días. Pero tal como ha reaccionado cierto grupo político valenciano exigiendo, denunciando y evidenciando lo mal tratada que estaba en el Museo Arqueológico Nacional nuestra fabulosa Dama, según ellos, el grito en el cielo de ese partido me ha asustado. ¿Solo por el tono? No. Más porque les ha faltado tiempo para reclamar su vuelta a Valencia, guiados por ese antiguo espíritu taifa o cantonalista que tan estrepitosos fracasos cosechó en siglos pasados. Les oigo decir, en su afán redentorista, que "han fallado todos los protocolos básicos y mínimos del museo y que de haber estado en su lugar de origen eso no hubiera pasado". ¿Su lugar de origen? ¿Qué me dicen? En todo caso que maticen: su lugar de hallazgo. Y si se refieren a esto, a uno se le ocurre: ¿es que en la Comunidad que la reclama no hay hormigas? Esa presunción que les lleva a pensar que la Gran Dama estaría mejor cuidada entre los suyos me confunde. ¿Los suyos? Los suyos, que ya no existen, podrían ser los iberos o la cultura que la diera vida. Los ilicitanos de ahora llegaron mucho después, incluso después de después, es decir tras la estancia de los moros, por decirlo en términos coloquiales y con todo respeto, naturalmente.

A mí que no me la quiten de donde está. Que no sea objeto de negociación para cualquier gobierno que busque apoyos por mantenerse. Que me la dejen ahí. Que no me la politicen y menos que me la  partidicen. Me viene cerca para ir a verla y recuperar una brizna de amor que creía olvidado.




martes, 29 de agosto de 2017

Quienes quedan en entredicho son ellos, amigo Gregorio Morán















Los amos de La Vanguardia no publicaron tu artículo Los medios del Movimiento Nacional hace un mes y ahora rescinden tu contrato. Se acabaron las Sabatinas intempestivas, tu jugosa y fecunda columna semanal. Al menos en ese medio. Pero tus seguidores entregados desde hace años no queremos que desaparezca ni el alma, ni la visión, ni la mordacidad, ni la perspectiva de su contenido. Has sido un cronista vivo, audaz, sin morderte la lengua. Anhelamos que tengas cobijo en otro medio más independiente. Porque La Vanguardia ha hecho un flaco favor a quienes persiguen con un cierto grado neurótico un nuevo Estado al que quieren llamar República. ¿Puede llegar la República con prohibiciones y censuras, hoy veladas o escogidas y mañana vaya usted a saber cómo? Desde luego, si esta actitud de intolerancia y persecución a la libertad de expresión que ha ejercitado La Vanguardia es sólo el anticipo de lo que va a venir muchos diremos que no es nuestro concepto de República lo que andan tramando ciertos clanes para instaurar allí. 

Quien queda en entredicho no es tu criterio, Gregorio. Mucha gente ha comprado La Vanguardia los sábados simplemente por leerte a ti, sobre todo en tiempos en que aún lo digital no existía y había que leer en papel. Incluso muchos de provincias del interior lo hemos hecho, aunque nos tapáramos la nariz sobre otros temas que el periódico de los Godó nos ofrecía en su conservadurismo y pactismo tradicional con los representantes de las clases pudientes de España. Ahora será que pintan prebendas y futuro de subvenciones sin límites, imagino, para los que demuestren fervor patriótico y hay que estar al supuesto mejor postor. Ahí resulta ser lo de siempre, y lo que hemos abominado algunos siempre.



(Fotografía de Fco. J. Rivas)


viernes, 25 de agosto de 2017

El cuento de nunca acabar

















Una mujer mayor me pregunta por la calle la dirección de un hotel. Como voy en el mismo sentido la acompaño y la ayudo a transportar parte del equipaje. En el recorrido charlamos coloquialmente. Mezcla español e italiano, pero resulta comprensible todo. La noto cansada aunque mantiene el tipo, no obstante sus años y los transportes que ha utilizado para llegar hasta aquí. Por lo que cuenta se la ve viajera y audaz. Ha tenido que esperar primero en la estación de tren de una capital importante del sur del país para luego tomar otro medio. Se queja prudentemente de que en aquella estación no hubiera un lugar apropiado, como en otras ciudades, Madrid o Barcelona, cita como ejemplo, para descansar un tiempo el viajero. Aquella circunstancia le debió disgustar porque me comenta que se acercó a un policía y le preguntó que cómo no había una sala aparte para una espera cómoda, como en Barcelona, osó poner de ejemplo. El policía, dice ella, se limitó a responder: Esto no es Barcelona, señora, esto es España. La mujer lo narra con indignación contenida, y me repite la anécdota, sin mayor animadversión, pero herida. Algo así como que la respuesta de un guardia, de quien no se la esperaba,  pusiera la guinda. 

Sin comentarios. O sí, uno solo: los nacionalismos y los prejuicios se alimentan mutuamente.

Cuando llegamos al hotel nos abrazamos y agradeció que la condujera hasta allí. Otra conclusión de la que me siento muy honrado: los internacionalismos también se alimentan, pero con fraternidad, ayuda mutua y esperanza.



(Fotografía de Alfred Stieglitz)


martes, 22 de agosto de 2017

Persistencia gozosa y no solo aniversario





















"La inocencia es la perduración del origen en el hombre. Un espíritu existe inocente cuando se revela como una prolongación de su naturaleza, y no como resultado de la experiencia. Al hablar de experiencia no me refiero al conocimiento estrictamente racional, o aprehensión intelectual intuitiva o metódica, sino a las acumuladas figuras de sucesos mundanos en el alma: vivencia del absurdo, de la maldad y de la estupidez; todo ello nos enmienda. Empédocles pudo conservar durante toda su vida la voluntad de pensamiento, recibida en el origen, conforme a su complexión de filósofo, y continuar siempre inocente; igual cabe afirmar de Demócrito: la experiencia nada pudo contra ellos. En cuanto el hombre se revela capaz de mantener durante más tiempo su conexión con el origen, más consciente del destino y facultado para el arte y el entusiasmo se muestra. Y como nada existe más inmediato al origen que el niño, tampoco hay nadie más cerca de la inocencia y el destino, ni nadie, sin duda, que viva el entusiasmo con mayor vigor". 

Son palabras de Miguel Espinosa en Asklepios, un libro asombroso, de degustación exquisita. Nada que añadir. Tal día como hoy y a la misma hora, hace once años, cierto individuo provinciano e inquieto inició un camino hacia el origen, aunque sea inevitable su destino. Si la excusa fue en aquel momento el descubrimiento parcial de Karl Kraus y su libertad de pensamiento, amén de la tenacidad en persistir en su expresión contra viento y marea de los dogmas y fundamentalismos de la sociedad que habitaba, la excusa de Fackel hoy es más natural y sencilla. Sobrevivir, seguir asombrándose, agradecer la compañía de cuantos pasan por el blog y reconocer el valor del azar por proporcionarle descubrimientos que le siguen alentando.  


https://laantorchadekraus.blogspot.com.es/2006/08/kraus-vive_115619923218371994.html





(Fotografías de Álex Winckelman e Isabel Gómez, por ese orden)
 

domingo, 20 de agosto de 2017

Qué fue de




¿Qué fue de aquel flequillo? Una pregunta que se multiplica. Por ejemplo. ¿Qué fue de aquella mirada pícara? ¿Qué fue del rubio tirando a castaño? ¿Qué fue del esbozo de sonrisa ingenuo? ¿Qué fue de sus despistes iniciáticos? ¿Qué fue del ejercicio de quietud aparente? ¿Que fue de su piel limpia y lisa? ¿Qué fue de aquellos labios que bebían de sí mismos? ¿Que fue de aquella capacidad de memoria cinematográfica? ¿Que fue de la tensión controlada, pero natural, con la que a veces se evadía? ¿Qué fue del niño aplicado y sumiso? ¿Y del travieso? ¿Qué fue de un carácter crédulo a más no poder? ¿Qué fue de sus fantasías siempre tan asequibles como en ocasiones sinuosas? ¿A dónde fue a parar su agilidad de saltimbanqui? ¿Cómo evolucionaron sus turbaciones? ¿Dónde quedó su pasión por los descubrimientos? ¿Y la rabia creadora? ¿En qué momento estallaron las preguntas? ¿Quién le impuso la señal de una risa abierta que ha ido mermando? ¿Qué pasó con su perplejidad latente? ¿Qué fue de su agitación continua? ¿Qué fue de su ternura innata? ¿Y de su ritmo ilimitado de juego? ¿Qué fue, en fin, de todo su cuerpecito? El que vino después y después de después es un espécimen de déspota nostálgico de aquella otra criatura al que le atrae pero le duele apostar por el recuerdo. ¿Puede encontrarse rastro del infante desaparecido tras su devenir presente, esto es, más allá de las arrugas, el cabello demediado, la barba cana, su mirada cansada, un aire desgarbado, las manchas nacientes cada día sobre la piel, cierta galbana creciente, un despiste elevado, un reconcentramiento excesivo, los rictus incrédulos, la teatralidad huidiza, su cuerpecito desmejorado?  

Son preguntas al vacío. Como mucho, ecos de preguntas sin consistencia. Pero él piensa: mientras me las pueda hacer...




viernes, 18 de agosto de 2017

miércoles, 16 de agosto de 2017

Antonio Machado en vigor




Antonio Machado en Juan de Mairena: "El paleto perfecto es el que nunca se asombra de nada; ni aun de su propìa estupidez". O bien: "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque solo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura".

Cada vez me convenzo más de cómo siguen en vigor las irónicas pero directas aseveraciones de Antonio Machado Ruiz  -muerto en el exilio, enterrado en Collioure, Francia, dicho en catalán Cotlliure-  que publicara en 1936.

Sus palabras sirven hoy día como entonces para desarmar y descalificar a los necios. Menos veneno por parte de estos vendría bien para seguir procurando el entendimiento y la concordia. Que tome nota el Ayuntamiento de Sabadell.


Al ver esta mañana el artículo de Ian GIbson, y agradeciendo que haya gente sensible a la que repugna la estupidez y la falsedad, me ha parecido interesante poner aquí el enlace:


https://elpais.com/cultura/2017/08/16/actualidad/1502906472_695077.html



martes, 15 de agosto de 2017

Aire fresco con Pierre Étaix para este día de Agosto y Cierra España




Apto para todos los públicos, en especial para quien se aburra, no se aguante a sí mismo, esté deprimido, cargado de deudas o de ira, sufra un desamor, se crea el rey del mambo o propuesto en un consejo de ministros, alardee de seductor, se encuentre pendiente de un hilo o en un callejón sin salida, o simplemente no soporte a los cuñados, hijos, padres o demás fauna del entorno en esta fecha fatídica. Muy propio para levantarte el día de tedio festivo de la Virgen de Agosto y Cierra España

Agradeciendo a Filmoteca Shangrila la recuperación de esta genial película corta (no llega a doce minutos) de Pierre Étaix y Jean-Claude Carrière, de 1961. ¿Quién dijo que las cosas pueden ir a peor? Tal vez, pero conjuremos la suerte con humor.



domingo, 13 de agosto de 2017

A pídola



Me he reconocido en la cola, esperando para el salto, con mi jersey de pico y corbata, pantalones cortos y las medias de lana bien subidas casi hasta las rodillas. Trataba de apartar a un lado mi flequillo travieso, mientras me mordía la lengua e intentaba convencerme de que tenía que estar a la altura de la prueba. Podía hacer frío pero no teníamos frío. El juego, era todo expectación. Cada cual esperaba su turno para demostrarse a sí mismo el poder del impulso y no quedar por debajo de los otros chicos. Me vienen aún algunos nombres a la mente, caras que hoy no reconocería por la calle, y parece que estoy oliendo aún la naftalina de las prendas de algunos compañeros o que saboreo aún el último cacho de pan con membrillo. Y sobre todo la lenta oleada de sudor que destilaba aquella zona del patio donde nos concentrábamos para saltar a la mula. Pretendíamos que aquellos ejercicios cada vez más ágiles, más audaces, más duros y tantas veces más salvajes y exagerados confirmaran al hombre que se iba haciendo, sin sospechar que de manera análoga a como ascendíamos en la escala de nuestra fortaleza algún día empezaríamos a decaer. Entonces las cosas no eran tan explícitas. Proponerse un paso más difícil en la escala del juego era excitante y atrapaba. Algunos se lucían especialmente, debido a su talla o al elegante control de su cuerpo. Los más pesados de movimiento y con cierta obesidad o bien permanecían al margen o se esforzaban por no ser menos, entre las risas un tanto crueles que provocaban los saltos frustrados por sus dificultades. Yo, que era menudo y no muy consistente, me cimbreaba bastante bien y normalmente sorteaba la altura. Otra cosa era cuando tocaba ser el burro o la recua sobre la que iban a dejarse caer uno tras otro los chavales hasta acumularse encima del grupo que quedaba debajo sosteniéndolos. Ciertamente, ahora se da cuenta uno de que se trataba de un juego democrático, en tiempos en que tal palabra se desconocía absolutamente. Democrático y de alternancia, que diríamos hoy, pues todo el mundo jugaba todos los papeles, a todos nos tocaba saltar o soportar al que saltaba, estar por arriba o por debajo, dependía de las partidas y de quienes dirigían las bandas que las sorteaban. Y un elemento inolvidable, la velocidad. Cuanta más velocidad se imprimiera al ejercicio más crecía la tensión, y los gritos, y los ánimos. El estímulo del colectivo prendía en el individual y la fila se convertía en un solo ser agitado, pletórico de vida. Una especie animal de circunstancia cuyo mundo no se llamaba Tierra sino Puro Juego. A veces pienso que aquel tipo de ejercicios, donde era impensable la tontería sofisticada que abunda ahora, tenían más de pedagogía autogestionaria que cualquier clase de enseñanza reglada. ¿Qué más se puede pedir a una pídola, mula o burro que hacer del cuerpo entero una herramienta lúdica, donde todos los órganos crecían en una acción coordinada?



(Fotografía de Santos Yubero)


viernes, 11 de agosto de 2017

Qué poco original el cartel barrendero de los cupistas




Lo del cartel que ha sacado un partido metaindependentista de Cataluña con el lema Escombrem-los! (¡Barrámoslos!) adolece de una falta de originalidad absoluta. Hay muchos carteles en la historia de la prensa satírica y política de los siglos XIX y XX que utilizan esa idea. Aunque seguramente el ilustrador copón, que no ha trabajado demasiado para hacerlo, más allá de poner caras de hoy a canes de siempre, se haya inspirado en un afiche leninista tal como resalta hoy la prensa. Pues si de imaginación se trata hasta en el tardofranquismo y primera etapa democrática se llegaron a diseñar carteles de mayor altura estética y de mensaje más exacto. Pero las viñetas satíricas de prensa o de pared tienen un largo recorrido anterior fructífero, divertido y representativo para los adictos a los mensajes de cada partido o sector social.

Es probable que a las nuevas generaciones que conocen poco del pasado les haya gustado o disgustado, según, el cartel de la barrendera, pero les aconsejo que a través de internet localicen imágenes más imaginativas, fustigadoras y con los pies en la tierra  -con el agravante de que la prensa y los dibujantes de entonces se la jugaban con el poder-  que la que expone ese partido que quiere asaltar los cielos, dotados para ello de una fantasía dudosa y arriesgada en sus pretensiones políticas. Porque, naturalmente, no basta con barrer a los corruptos o a los que han hecho mala gestión o a los representantes elegidos que no gustan. Si barres y adecentas la casa habrá que ocuparla después y...¿hay garantías de que todos podrán morar en ella? ¿De verdad creen que una minoría va a imponer nuevas reglas de juego en un mundo multipolarizado y transnacional? 

Puestos a buscar carteles, tralará, encuentro algunos por la red, y mira que los hay maravillosos. Quién sabe si el dibujante plagiador de turno no utilizará alguno de ellos, con rostros de hoy, claro, en próximos pasos de una campaña de clientelas y desatinos. Así que brindo por la expresión libre y crítica, pero sobre todo nueva, creativa, donde la imagen valga y no solo repita. ¿O pasaron los tiempos de la imaginación?











jueves, 10 de agosto de 2017

Quiero ser como Beckham, aunque ahora quieren ser como Messi o como Shakira




¿Se acuerdan de aquella divertida película de la chica india que quería jugar al fútbol y cuyo modelo era el futbolista? La chica Jess quiere ser jugadora, en lugar de estudiar y hacer lo normal de una sociedad normal, y todo su empeño es participar en un equipo femenino. Bueno, en cierto modo, ella era rompedora. No sé si se puede decir lo mismo de muchos niños y jóvenes que igual querían ser como él no solo por su juego sino por lo que cobraba, y por sus marcas de slips y su paquete, o por sus beneficios publicitarios o por su amplio repertorio de negocios de los que no sabemos. Porque los niños, créanme, son muy subliminales. Dicen querer ser como tal personaje y todos nos pensamos que es meramente por la imagen más conocida del personaje. Pero un tipo de estos trae en fila otra serie de modelos en sí mismo, imagen de triunfadores, de gente reconocida, de personas que siempre se lo pasan bien (menos cuando se separan y lo pasan mal por la pasta que tienen que soltar), de tipos que siempre andan de fiesta en fiesta y con tíos y tías que no se les resisten, de gente bien vestida y mejor perfumada (aunque vaya usted a saber de sus halitosis), de hipermillonarios...Porque los niños, además de subliminales son también muy egoístas y este don o plaga es algo que explica que de mayores seamos como somos de propietarios ávidos de todo lo que nos caiga. 

Viene a cuento de las preferencias que tienen hoy los niños respecto a lo que les gustaría ser de mayores. Una pregunta que ya nos hacían hace más de medio siglo, solo que entonces nos preguntaban las amistades de nuestros papás y ahora son las encuestas las que hacen de amistades de los papás. Y así veo que no ha evolucionado mucho el panorama de los últimos años, que los niños quieren ser futbolistas, policías, maestros y ¡youtubers! Esta última opción se abre paso y no sería de extrañar que los próximos años fuera destacando hacia la cabeza de la clasificación. Entre las niñas parece que prima algo más el modelo estable, y sus preferencias son: profesoras, doctoras, veterinarias, peluqueras y cantantes. Por supuesto, dejo la considerada reflexión a ustedes, porque todas esas preferencias nos indican con claridad la influencia y manipulación que todo lo mediático tiene sobre las tiernas y adultas edades.  Ah, sobre personajes estrella que desearían los chicos como jefe o líder pocas dudas les caben: Messi (naturalmente no parece importar que haya sido condenado a cárcel por los tribunales debido a delitos fiscales) y Shakira. Por cierto, el otro día estrené unos gayumbos marca Beckham porque yo también quería ser como Beckham. Y es que las tendencias duran todo lo que se quiera que duren.


lunes, 7 de agosto de 2017

La sopa boba. Contra la guarrería política




Parece que es lo que se lleva. Ser guarros, no políticos. Lo que ocurre hoy día es que debe estar produciéndose un fenómeno de vasos comunicantes. En principio a quien se dedique a tener actividad política  -desde el militante de base al colaborador o al profesional de un partido-  habría que reconocerle limpieza. Para interesarse por los asuntos colectivos se requiere higiene mental, herramientas como la tolerancia, el respeto y la claridad, una cierta dosis de inteligencia, cuanta más mejor, y una actitud coherente a ojos internos y externos de los planes y proyectos que se traen entre manos. No sé qué pasa pero todo eso anda descabalado. Cierta política y unos cuantos políticos  -o eso se creen ellos que son-  se han lanzado al extremo guarro. Es verano y no sé si son las serpientes del mismo, la repugnante y mediocre atención de los medios pseudo informativos, y el desquiciamiento de unos partidos y otros que viven más para colocarse en posiciones de ventaja cara a episodios electorales que para preocuparse de los amplios y profundos problemas de la ciudadanía, pero el caso es que el ciudadano medio solo percibe confusión. Tal vez se trata de espectáculo, que ya se sabe que en este país de fútbol, toros y festivales, mola mucho. ¿Que hay un fenómeno de turismo en grandes urbes que parecen colapsarlas? Un grupo de salvadores que no sabe a dónde va se encarga de iniciar una protesta-boicot urbana de baja intensidad, sin proponer alternativas, pero que genera inquietud en el sector comercial de turno y, antes o después, riesgo de desconfianza en los ciudadanos transnacionales. ¿Que hay una huelga en un aeropuerto fundamental donde, independientemente de la protesta legítima de los trabajadores, se incordia a miles de pasajeros accidentales? Pues no hay manera de entendimiento entre las partes del conflicto inmediato, a lo cual se suma la disputa y el echarse en cara sobre competencias entre administraciones. Hoy la última es que se apuntan otros salvadores para hacer propaganda entre los sufridos pasajeros de sus utópicas pretensiones secesionistas. ¿Qué decir de otros, como ese echarse los trastos a la cabeza entre líderes del mismo partido que se pretende que puede cuando cada vez puede menos? ¿O que reventón no causa escuchar a la tradicional y montaraz derecha española poniendo verde al resto con sus gracejos venenosos medidos más que comedidos? Y así podríamos ampliar la lista, con lo que queda todavía de verano, que vaya a saber usted qué nuevas suciedades no nos deparará. Sí, soy un pésimo opinador de la política. Solo toma nota. Pretender analizarla me supera y el que piense que no, que es facilona de entender, que se meta a tertuliano de televisión. Pero eso no me libra de mis cabreos e indignaciones y de constatar que más que política y políticos hay mucha guarrería y crecientes asquerosos. Cuestión de servicio de recogida de basuras que los entes implicados no ponen en práctica.

NB. Me conformo con encontrar tipos honestos que digan como el de la viñeta de Manel Vizoso, aquí presidiendo la entrada.



sábado, 5 de agosto de 2017

Muere una niña más y qué














Mucha palabrería, mucha foto de representantes públicos, mucha apariencia, mucha concentración ante los ayuntamientos, mucho pacto de blablá contra la violencia de género, pero la Administración pública sigue lastrada por sus burocracias y sus hipocresías. Por supuesto que hay bestias humanas que seguirán cometiendo tropelías con otros hombres, con mujeres, con niños y con ancianos. Pero si se supone que mantenemos organismos de las administraciones públicas para controlar a los monstruos de los que ya se sabe que lo son no se entiende que la burocracia impida actuar y evitar males extremos como el de esa niña asesinada en Valladolid. Hoy día, con los medios que hay, si la Administración no toma medidas oportunamente queda en entredicho. No valen la demagogia, las banderas a media asta, la aplicación floja de la ley o su propia insuficiencia, el duelo formal de los municipios y los pactos de pacotilla entre los partidos. Si el Estado y sus derivados y prolongaciones, incluidas las que propugnan independencia, no se preocupan de la ciudadanía más desfavorecida  -¿acaso no lo es una niña de cuatro años?-  no me hablen de política. Porque ésta huele fatal por mucha encuesta del CIS que se esgrime. Tómese nota o dimitan quienes resultan inútiles para gobernar. ¿Es pedir demasiado? Muere una niña más -o una mujer adulta- y qué se está haciendo, señores. Revisen los aparatos mediáticos, cuestionen la mentalidad media de la grey, analicen los valores mediocres de los que se empapan muchos paisanos, actúen preventivamente. ¿Es una demanda exigente únicamente para los que gobiernan? Es un grito contra la sociedad, cada vez más individualista, que mira para otro lado. Si no actuamos hoy no estaremos libres de la barbarie al día siguiente.

http://www.eldiario.es/sociedad/Asociacion-Campoamor-Fiscalia-Servicios-Sociales_0_672632960.html

http://ultimocero.com/noticias/movimientos-sociales/2017/08/05/unanime-exigencia-de-responsabilidades-por-el-asesinato-de-la-nina-de-4-anos/


martes, 1 de agosto de 2017

El buen salvaje de Artemio Rodríguez



Me ha llamado la atención la ilustración de cabecera del grabador mexicano Artemio Rodríguez en su blog. Este magnífico ilustrador, que bebe de la extensa tradición europea medieval del grabado y que tiene como maestro, entre otros, al satírico e imaginativo José Guadalupe Posada, lleva años de un trabajo intenso y creativo. Grabados, series y libros se han combinado para hacernos la mirada más clarividente. No solo me ha atrapado el dibujo sino que me ha entusiasmado. Ese bosque intrincado, esas criaturas de mirada torva, esas caras emergentes de los troncos de los árboles, ese diablo del bosque del que se me antoja más de una lectura. O bien protege a los niños, o bien trata de salvarlos de ser más salvaje que él mismo (en el peor sentido, basta ver lo armadas que van las criaturas, y un salvaje no es un bárbaro) o bien es un salvaje ingenuo que no sabe que el corazón del bosque está poblado de almas turbias capaces de acabar con el medio. ¿Será por eso que, en previsión de algo inevitable, el salvaje esté dotado de dos rostros?

La representación de estas criaturas imaginarias viene desde tiempos primitivos, aunque sean objeto iconográfico y literario abundante durante la Edad Media e incluso entrado el Renacimiento. Adjunto fotografía de uno de los salvajes de la fachada del Colegio de San Gregorio de Valladolid, de finales del siglo XV, para aportar similitudes.




Pues bien, mi amigo Jean, al que no veo desde hace tiempo, parece que se ha lanzado en su blog a la aventura de poner palabras caprichosas (él lo dice) a uno de los trabajos de Artemio Rodríguez, el Juego de la oca, que ya tenía en Méjico su currículo de representación de mano del genial Posada. Pues ya se verá, yo aviso de los riesgos de traducir imágenes a escritura. Pero ¿no es acaso algo natural y consecuente interpretar en nuestro interior la obra gráfica ajena? Por otra parte, ya le diré lo que tenga que decir a Jean por activa, por pasiva o por semipensionista. O bien me calle y simplemente siga su curso de ocurrencias y devaneos.

http://tulaevanescente.blogspot.com.es/2017/07/el-juego-de-la-oca-de-artemio-rodriguez.html



lunes, 24 de julio de 2017

Dos poemas de Jorge de Sena
















Estoy leyendo una antología poética de Jorge de Sena, Serena ciencia, y no me resisto a transcribir aquí dos poemas suyos. Un poeta, novelista y ensayista portugués apenas traducido en España. De él es también la extraordinaria novela Señales de fuego, que Galaxia Gutenberg editó hace unos años. Es una desgracia para nosotros que no dispongamos nada más en castellano de uno de los mejores escritores portugueses del siglo XX. ¿Por qué no interesa traducir y editar su obra en castellano? Solo pensar en la cantidad de literatura de segundo y tercer grado que se edita y que no podamos disfrutar de la calidad de Jorge de Sena me irrita. Tendré que aprender portugués. La antología que cito la editó hace cinco años Pre-Textos en su imprescindible colección Cruz del Sur.



Glosa a la llegada del otoño


El cuerpo no espera. No. Ni por nosotros
ni por el amor. Este posarse la mano,
tan reticente e interrogando a solas
la tibia sequedad satinada,
la que palpita adivinada
en solitarios movimientos vanos;
esta caricia en la que no estamos nosotros,
sino una sed, un recuerdo, todo
lo que sabemos de tocar desnudo
el cuerpo que no espera: esta caricia
que nada conoce, nada ve, ni nada
osa temer en su temor agudo...

¡Tiene tanta prisa el cuerpo! Y ya se le ha pasado
cuando uno de nosotros o el amor llega.


























Y esta otra tan hermosa:


Esto


No quieras, no preguntes, no esperes.
Esto que pasa como vida y tú
mides en días, horas y minutos,
o como tiempo que pasa y vas midiendo
en arrugas y recuerdos y en sombrías
y plácidas visiones sólo tuyas,
a veces sonrientes, siempre sombrías;
sí: esto a lo que das nombres, que separas
de la nada en que surgió, de la que surgió;
esto que ya no quieres ni interrogas,
de lo que ya nada esperas, pero que quieres,
por lo que preguntas siempre, por lo que esperas;
esto, que no eres tú ni va contigo
ni se queda cuando marchas; en lo que no piensas
porque al medirlo mides tan sólo y
no haces otra cosa que medir  -sólo esto,
apenas esto, esto únicamente:
no quieras, no preguntes, no esperes:
poco o mucho, es todo lo que te queda".


(Jorge de Sena, Lisboa, 1919/ Santa Barbara, USA, 1978. Ambos poemas pertenecen a su poemario Fidelidade, en traducción de Martín López-Vega)



sábado, 22 de julio de 2017

Bosníaca. La confusión del escritor de viajes perdido en su vorágine




¿Cómo escribir una guía de visita de la ciudad que no sea insuficiente y, por lo tanto, falsa? Porque una guía donde se pongan horarios, rutas convencionales y una reseña mínima de los lugares a recorrer a matacaballo no es lo que yo quiero hacer. Sé que muchos visitantes se conforman con eso. Sin embargo también muchos piden más. Para la mayor parte de los turistas será la primera y probablemente la única vez que vengan la ciudad. ¿Buscan el exotismo en el viejo latido de Europa? ¿Tal vez se sienten atraídos todavía por la última sangre, ahora disimulada tras las paredes y bajo el pavimento? Ven las laderas con tumbas blancas y se asombran de su geometría fúnebre, mantienen la distancia con frío pudor y se hacen la tradicional fotografía con aires de conciencia lejana. Ven antiguas casas ahítas de boquetes de metralla y buscan aún inútilmente por el suelo esquirlas de piedra para llevarlas de recuerdo. Luego pasan de largo, como si la fealdad de unos actos cometidos en su día se impusiera a la nobleza del edificio que una vez fue habitado por hombres de paz. Miran el río y no se creen que fuera el mismo que no hace mucho arrastró un cauce de violencia. Admiran la pulcra novedad de la Vijecnica, la histórica biblioteca renacida de la destrucción, ¿y en qué piensan? ¿En el continente, ahora deslumbrante, o en el contenido desaparecido? Contemplan los templos de todas las religiones ¿y acaso reflexionan sobre las disputas a sangre y fuego por el territorio que esas mismas fes han podido alentar? No quiero escribir un libro que escoja sólo el lado negativo de una ciudad y tampoco quiero hablar de la reconstrucción como si fuera una rotura total con lo anterior. Hay que escapar de esa década fatídica sin traicionar su memoria. Y no resuelvo mis dudas, porque ¿y si cada visitante hace su camino desordenado de la ciudad y la descubre a su capricho? ¿No es bastante enriquecedor? ¿No me ha gustado siempre andar por el mundo sin apenas informarme previamente? Aquellos tiempos más locos de juventud en que el viaje era algo sumamente puro: dejarte caer en alguna parte y empaparte sobre la marcha. Los rincones eran tuyos y te dejabas engullir por los nativos. No importaba que te enterases de unas cosas y otras las ignorases, siempre quedaba abierta la atracción benévola de volver a aquel lugar. Pero entonces, ¿qué pinto yo aquí intentando un trabajo en el que acaso no creo demasiado? 

Alisa sabe llegar hasta mis inquietudes en el momento justo. Lo que te pasa es que te sientes inseguro, dice. Y esa chica, Najma, te ha descolocado un poco. Debes encajar sus sugerencias en tu proyecto de guía. Su atrevimiento te abre un camino por el que no sabes si quieres o debes entrar, pero es una oportunidad. Tal vez lo que debes hacer es una tarea doble. Mantén la idea de una guía, en la medida de lo posible rompedora, eso sí, y piensa en un plan más novelado donde el texto llegue a más largo plazo a los lectores. No sé si podré ni si sabré, y además tendría que pasar un tiempo aquí, le digo algo desalentado, no obstante el planteamiento coherente que me hace Alisa. ¿Y qué?, exclama enfática. Tienes mi casa. ¿O ya querías librarte de mí?
   


(Fotografía de Inés González)


miércoles, 19 de julio de 2017

Bosníaca. Las dudas del narrador de viajes




Entre lo que ocultas y lo que sugieres, Najma, ¿qué debo atender? La ciudad es una ciudad de encuentros, si el viajero se deja. A veces la frialdad de los viandantes es simplemente cautela. Para otros, recelo. La mayoría expectantes o ajenos, en su discreción.  Al proponerme que conozca el barrio desde dentro abres una vía de indagación nueva para mí. Menos convencional, más auténtica. Pero si llego a concluir la guía, ¿interesará a los lectores? ¿Sabré reflejar lo que me había marcado inicialmente? Sin querer me apuntas que me exponga a lo inesperado. Sé que ello me enriquecerá, pero ¿no me desviaré de la intención original? ¿Qué acabaré escribiendo, un libro informativo y breve o un texto anecdótico y ampuloso?  En realidad sé que me hago estas preguntas porque me asaltan las dudas. ¿Únicamente por el trabajo pendiente o porque dentro de mí se suscitan nuevas emociones? Bien, asumo que un viaje siempre es una percepción multipolar, donde conviene tener los sentidos abiertos. ¿Debo entonces limitarme por el plan de trabajo marcado o más bien romper los esquemas y dejarme llevar por lo espontáneo? Ah, esa idea no me disgusta. Crear una guía de lo espontáneo. Una guía que no guíe pero que muestre. Es como seguir el suelo de las calles pero a la vez desviarte, elevándote o sumergiéndote, sobre ellas. Las ciudades no ofrecen a primera vista la imagen de lo que son. Porque no son solamente una imagen, menos una proyección. Aquel dicho de que los árboles no deben ocultar el bosque podría aplicarse a las ciudades. Que la estructura, los edificios, las conurbaciones, las redes viarias no hagan creer que ésa es la ciudad.  El medio nunca es el corazón. Para llegar al corazón hay que soslayar los elementos físicos, aunque transcurramos entre ellos. Incluso hay que penetrar más allá de las presencias aparentes de los pobladores. Atravesar el umbral de los sistemas defensivos humanos, si lo permiten. A pesar de lo que algunas urbes han sufrido, como ésta. ¿Te das cuenta, Najma, que me has hecho concebir una nueva visión?
 
No obstante, consultaré a Alisa.



(Fotografía de Inés González)


lunes, 17 de julio de 2017

Bosníaca. La chica del quiosco




La veía todos los días al pasar por la plaza del mercado. Tenía una manera de observar que no parecía que mirara. ¿Qué vería de mí que yo no viera de ella? Sin embargo, el impacto era preciso, lo suficiente para registrar mi paso, pero a la vez inaprensible desde mí. Esta mañana despejada está puntual en su quiosco. Un saludo amable por mi parte al pedirle el periódico, un gesto delicado por la suya mientras me extendía el Oslobodenje. Que las noticias sean de su agrado, me dice, rompiendo el pudor habitual. Creo que le he respondido más o menos: si las noticias dependieran de mí...Luego baja los ojos, acaso para ocultar una risa tímida. A punto de despedirme habla de nuevo. Me llamo Najma, señor. Y sus ojos despiertan a la curiosidad. Quería preguntarle si va a salir esta plaza en la guía que he oído que está escribiendo. Me han dicho que otros días hacía fotografías en varios lugares de la ciudad, también aquí. Estuve a punto de responder que cómo sabía que preparo una guía, pero me parecía más prudente dar por hecho que los viajeros somos fácilmente controlados por los nativos. Es probable, le respondí. Todo depende de lo interesante que pueda resultar este barrio. ¿Quiere conocer bien este barrio?, me dice Najma. Mi hermano pueden enseñárselo y mi abuelo le contaría muchas historias de otros tiempos. Su propuesta es tentadora. ¿Solamente su propuesta? Le digo que voy a pensarme su proposición, que aún no sé muy bien sobre qué y cómo escribiré, que me gusta todo y todo me sugiere, pero que las imágenes reales de la ciudad, desde que el sol sale hasta que se pone, son siempre más poderosas que cualquier clase de palabras. Najma dice muy queda: lo entiendo, señor. Además hay unos cuantos monumentos, insiste con desparpajo. Cierto, los hay, le respondo. Hay mezquitas, sinagogas, iglesias, puentes, caravasares. Pero los monumentos no bastan. Son huellas del pasado y yo busco también el presente. Usted lo que busca son testimonios vivos, ¿a que sí?, me interrumpe. Testimonios de lo que fuimos y de lo que somos. No sé qué decir, le sonrío. No baja la mirada. Le guardo mañana el Oslobodenje, descuide, se despide.



(Fotografía de Inés González)
  

domingo, 16 de julio de 2017

Un punto de inflexión da al hombre la ilusión




Los 60 fueron un punto de inflexión en la historia de la cultura europea. ¿O fue la minifalda como símbolo lo que supuso esa inflexión? Probablemente. Aunque acaso también de contrición. La fotografía de Cartier Bresson me parece de manual de historia, más que de fotografía, que también. Pero es que una buena fotografía es siempre una página poderosa de historia, de estética, de antropología, de etología, de análisis de conductas... De relato de los días y las noches de los humanos, vamos. Dos mujeres, tan próximas como distantes. Una observando con una mirada de censura, sospecho. ¿Tal vez de envidia? Otra, ensimismada en su prensa que, no sé por qué me parece que es otro periódico, menos conservador que el de la señora de edad. Sobre las formas de vestir de ambas, lo dejo al criterio libre. Casi resulta increíble cómo una manera de vestir pudiera estar ya marcando distancias, abriendo visiones -¿o era esa minifalda reflejo de la revuelta de las ideas y de los comportamientos?- y trazando ya una nueva época más vertiginosa en todos los órdenes.

Así que emulando al texto del Tenorio habrá que decir que un punto de inflexión da al alma la salvación. O simplemente la ilusión reforzante y soñadora. Me parece más acertado decir esto que aquello de la contrición, algo que parte de la admisión del pecado y de la culpa, viejas ideas de doctrinas caducas y negadoras del ser humano. Y es que la inflexión -geométrica o social- implica siempre una corrección de la línea a seguir. Desde entonces, en materia de costumbres, en nuestro ámbito occidental las cosas cambiaron lo suyo. En España, a paso lento pero irreversible también.



(Fotografía de Cartier Bresson)


viernes, 14 de julio de 2017

Liu Xiaobo




Uno de los hombres más representativos de la gran esperanza democrática china ha muerto. Ya es bastante doloroso morir de un cáncer. Pero hacerlo en cautividad, bajo estrictas medidas de control, condenado a varios años de cárcel, reprimido en todas sus facetas de expresión es el summum de la crueldad represiva. ¿De qué le sirvió al poeta, intelectual y activista de los Derechos Humanos Liu Xiaobo el Premio Nobel de la Paz de 2010? Tal vez la concesión del Nobel le proporcionara una cierta multiplicación de su eco crítico, pero el Gobierno chino es mucho gobierno totalitario y no ha tratado jamás bien a los disidentes. Sobre las autoridades chinas pende la sombra de la sospecha de la muerte de Xiaobo. Una enfermedad mal diagnosticada y peor tratada en la cárcel le ha llevado al fin. ¿Era eso lo que buscaban los amigos del pueblo para su más declarado enemigo? Liu Xiaobo fue uno de los redactores de la Carta 08, en la se que exigía reformas políticas y constitucionales para China. Él y otros que redactaron la carta fueron detenidos. A Xiaobo le condenaron a once años de cárcel.

Acaso muchos demócratas chinos y no chinos le conviertan ahora en un mártir, algo que a veces resulta útil publicitariamente hablando para una causa. Pero al pragmatismo totalitario le resbala. Los mártires, si no han logrado en vida una conquista política, es decir, antes de llegar a tal martirio, solo sirven para que después de muertos otros utilicen sus nombres y manipulen sus ideas. Ya hay demasiados casos al respecto. Pero por otro lado también pueden ser una referencia si se respeta su pensamiento y se sigue desarrollando una línea honesta para democratizar una sociedad. En este caso un territorio enorme y complejo, poblado por millones de individuos. Ahora vendrán condenas verbales y cautelosas de algún que otro gobierno, artículos de prensa como tigres de papel, notas del Comité Nobel (ese mismo que dio en su día el Nobel de la Paz a un ejecutor apellidado Kissinger  -¡recuerda Vietnam!-  que sigue ahí en su dorada vejez) y testimonios que no irán a ninguna parte. Pero los gobiernos occidentales, los que proclaman el reconocimiento de los Derechos Humanos en sus constituciones no irán más allá. Porque, en la actual tesitura geopolítica mundial, ¿quién tiene el valor de ponerse serio con China en materia de libertades y más cuando éstas flaquean en nuestras sociedades? 





martes, 11 de julio de 2017

Bosníaca. Nuestra mirada en Blidinje




Hay algo de tibetano en el paisaje de Blidinje, y como Alisa y yo coincidimos en las asociaciones de ideas más disparatadas que a uno se le puedan ocurrir, saltamos al unísono. Reímos. Aquel cobertizo de madera, rústico y excursionista, incitaba a la travesura de la palabra. ¿Qué prefieres que sea esto? ¿Un pórtico de recibimiento o el kilómetro cero de una partida a lo desconocido? ¿Un templo para el viajero de paso o una cabaña bíblica? Me mira sorprendida, temiendo alguna salida impropia por mi parte. Esto me recuerda...digo. Y le cito un pasaje de cierto libro sagrado, aquel en que un pescador incondicional de su mesías revelado expresa lo bien que se encuentra con éste y le propone hacer tres tiendas, una para él y dos más para otros dos profetas célebres de la religión de sus padres. Lo curioso es que nunca supe con claridad en cuál de las tres tiendas se resguardaría el pescador, o si permanecería vigilante (no puedo evitar el sarcasmo) Si sigues con asociaciones de ideas, dice Alisa, acabaremos no se sabe en qué tiempo y en qué lugar del mundo. Pero para estar a gusto no se necesita mansión alguna, es la vista la que edifica y nosotros al observar los parajes los que habitamos la belleza. Pero importa mucho con quién se esté, insisto. Los del libro sagrado que citas debían buscar bellezas metafísicas, dice Alisa. ¿Sabes lo que pienso? Que todos esos libros que las religiones tradicionales de Occidente han adorado tanto resultan bonitos cuando se percibe su literatura, y se deja llevar uno por los relatos imaginativos, pero me parecen sumamente conflictivos cuando tratan de dirigir tu vida individual y se convierten en un código de normas, prácticas y prohibiciones en que el hombre se reduce a mínimos. Pero no hemos venido hasta aquí para perder el tiempo en devaneos ajenos a esta naturaleza soberbia que tenemos delante. Callamos y avanzamos hasta los reductos de nieve que ofrecen estas alturas. Sí que estamos bien aquí los dos, dice ella de manera natural, instintiva. Te seré sincero, y también es asociación de ideas o, mejor dicho, de recuerdos, digo a Alisa. Dejó de interesarme la religión de joven, justo la primera vez que descubrí paisajes que no se explicaban ni con la magia, ni con el mito, ni con la religión. Y la razón no siempre llegaba con suficiente entidad. Con la diferencia que la razón científica avanza y poco a poco puede explicar los procesos de formación de todo esto que pisamos. Pero había más en aquella historia personal. Fue el verme sometido a ciertas dificultades causadas por el mal tiempo durante una aventura, en la que algunos pudimos salir malparados, por no decir hasta el punto de perder la vida, y comprobar luego que superábamos la situación con éxito lo que borró de mi mente otro tipo de condicionamientos. Después de la tormenta lucía el sol y los hombres habíamos sido capaces de sobreponernos al peligro, sin ninguna necesidad de invocaciones a dioses. Resultaba aquello como una analogía de la vida e incluso de la historia. Desde entonces siento que la naturaleza me embarga y me protege. Como un animista, vamos, comenta Alisa. Quién sabe. Acaso estoy volviendo a primitivas formas pero con el bagaje de ahora mismo, se me ocurre. ¿Cómo casa eso? Nuestros pies chapotean en los charcos de nieve. Nos estremecemos y no solo por el frío.



(Fotografía de Inés González)


lunes, 10 de julio de 2017

La sopa boba. "No me puedo morir; mis nietos comen con mi pensión"














"No me puedo morir; mis nietos comen con mi pensión", dice un pensionista griego.

Pero seguramente también lo dicen muchos jubilados españoles de cuya única paga viven diversos miembros de la familia.

Ante esta expresión no cabe hacer literaturas. La cultura clásica, Pericles, se hunde. La dignidad general palidece. La vergüenza escasea. La infamia occidental crece. Las instituciones y gobiernos se revelan como verdugos de sus propios ciudadanos. Y la muerte, ay la muerte, por favor, ésa que ni se arrime. Que tienen que comer los hijos, los nietos, los sobrinos y el pensionista mismo. Migajas de un mundo cada vez más escindido.

Demasiada dignidad hay en la ciudadanía. Demasiada que no es apreciada por los trileros de la gobernación. Siempre comparte más el que menos tiene.