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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 13 de agosto de 2017

A pídola



Me he reconocido en la cola, esperando para el salto, con mi jersey de pico y corbata, pantalones cortos y las medias de lana bien subidas casi hasta las rodillas. Trataba de apartar a un lado mi flequillo travieso, mientras me mordía la lengua e intentaba convencerme de que tenía que estar a la altura de la prueba. Podía hacer frío pero no teníamos frío. El juego, era todo expectación. Cada cual esperaba su turno para demostrarse a sí mismo el poder del impulso y no quedar por debajo de los otros chicos. Me vienen aún algunos nombres a la mente, caras que hoy no reconocería por la calle, y parece que estoy oliendo aún la naftalina de las prendas de algunos compañeros o que saboreo aún el último cacho de pan con membrillo. Y sobre todo la lenta oleada de sudor que destilaba aquella zona del patio donde nos concentrábamos para saltar a la mula. Pretendíamos que aquellos ejercicios cada vez más ágiles, más audaces, más duros y tantas veces más salvajes y exagerados confirmaran al hombre que se iba haciendo, sin sospechar que de manera análoga a como ascendíamos en la escala de nuestra fortaleza algún día empezaríamos a decaer. Entonces las cosas no eran tan explícitas. Proponerse un paso más difícil en la escala del juego era excitante y atrapaba. Algunos se lucían especialmente, debido a su talla o al elegante control de su cuerpo. Los más pesados de movimiento y con cierta obesidad o bien permanecían al margen o se esforzaban por no ser menos, entre las risas un tanto crueles que provocaban los saltos frustrados por sus dificultades. Yo, que era menudo y no muy consistente, me cimbreaba bastante bien y normalmente sorteaba la altura. Otra cosa era cuando tocaba ser el burro o la recua sobre la que iban a dejarse caer uno tras otro los chavales hasta acumularse encima del grupo que quedaba debajo sosteniéndolos. Ciertamente, ahora se da cuenta uno de que se trataba de un juego democrático, en tiempos en que tal palabra se desconocía absolutamente. Democrático y de alternancia, que diríamos hoy, pues todo el mundo jugaba todos los papeles, a todos nos tocaba saltar o soportar al que saltaba, estar por arriba o por debajo, dependía de las partidas y de quienes dirigían las bandas que las sorteaban. Y un elemento inolvidable, la velocidad. Cuanta más velocidad se imprimiera al ejercicio más crecía la tensión, y los gritos, y los ánimos. El estímulo del colectivo prendía en el individual y la fila se convertía en un solo ser agitado, pletórico de vida. Una especie animal de circunstancia cuyo mundo no se llamaba Tierra sino Puro Juego. A veces pienso que aquel tipo de ejercicios, donde era impensable la tontería sofisticada que abunda ahora, tenían más de pedagogía autogestionaria que cualquier clase de enseñanza reglada. ¿Qué más se puede pedir a una pídola, mula o burro que hacer del cuerpo entero una herramienta lúdica, donde todos los órganos crecían en una acción coordinada?



(Fotografía de Santos Yubero)


10 comentarios:

  1. Hoy llevarían a los padres de estos niños al Juzgado, por permitir el moobing al que está haciendo de mula. No lo dude.
    Salut

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    1. No siempre le tocaba al mismo. Había cosas peores, como por ejemplo la estopa que nos sacudían los frustrados maestrillos de las escuelas clericales. En algunos casos auténticas palizas que las leyes de hoy conducirían directamente a la cárcel a sus ejecutores. Pero eran los años de gloria de los vencedores. Por lo demás, tengo los mejores recuerdos de aquellos juegos.

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  2. Siempre me pareció un juego chulo. Lo practiqué alguna vez con mis primos así como el futbolín y el pln pon. Era la única chavala del pueblo que entraba en el local recreativo.....pero cono me educaban guiris no se me ocurría nada mas natural que aplicar la ley del "adonde fueres...." , si disponía de las mismas habilidades por qué negarme a jugar. Una vida sin morbos ni prejuicios que nadie comprendía pero grata porque el juego de la infancia resulta sagrado, quizás por incomprensible.

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    1. También las niñas han jugado a ello, acaso no estuviera tan extendido entre vuestro género, pero pídola había. Además como tú debías ser rompedora lo tenías más fácil.

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  3. Cuántas reflexiones profundas sólo a partir de un juego!
    =)
    Un abrazo.

    P.d
    hoy, por aquí, se vota en primaria obligatoria. Que te obliguen a participar de internas en las que no necesariamente se es parte es muestra de las deformaciones a la que se somete a la democracia. Apenas una de tantas!

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    1. Los juegos siempre son profundos y desencadenan pensamientos, memoria, reflexiones y conclusiones, aunque todo sea relativo.

      Qué complicada se ha vuelto la dudosa democracia representativa y, en efecto, todo lo obligatorio no es signo de buena salud ni de libertad. Gracias.

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  4. Algunas veces, sorprende lo que puede dar de quien menos se ha esperado siempre.
    Claro que, de tan inesperado, casi nunca nos percatamos de ello.

    Saludos,

    J.

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    1. La vida es tan sorprendente como asombrosa, aunque nos llene de perplejidad un día sí y otro también. La normalidad no siempre explica los aconteceres y nuestro sentido particular de las cosas, pero a veces da pistas. Un saludo, José A.

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  5. Nunca jugué a ese juego, en mi época solo lo jugaban los niños.
    Te dejo un enlace de una bloguera nueva.

    HAPYTATA.SIMPLESITE.COM

    Un abrazo.

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    1. Tienes razón, que yo sepa mayormente era de niños. Gracias, saludo.

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