miércoles, 19 de agosto de 2009

Federico



Y qué tu muerte
Y qué tu esqueleto de polvo
Y qué tu dedo señalando al infame

Si todos han muerto
menos tus palabras
qué más da

Si el último en apuñalarte
fuera el olvido
qué dirías
a los miserables de la España inmunda

Yo te afirmo:
creces a través de la sangre de todos los poetas
creces en mi
y en cuantos empiezan a aprender el alfabeto




(A Federico García Lorca, 73 años después de su alevoso asesinato que, junto a un maestro y dos banderilleros yacen perdidos entre el limo de la tierra prometida que no lograron jamás)

domingo, 16 de agosto de 2009

Nuevos elementos


A veces las contraventanas ofrecen imágenes casi animistas. Cuando lo traslúcido ha perdido su capacidad intermediaria (los cristales han volado) las representaciones aparecen con todo su vigor. Es entonces cuando se muestran los viejos elementos naturales y, junto a ellos, se pergeñan otros nuevos. Que no lo son, aunque apenas se nombren. Al Sol y al Viento les acompañan el Calor, la Risa y el Cariño. Acaso cada sociedad actualiza los elementos conforme a sus valores y sus necesidades. Probablemente, en este caso no habrá sido la sociedad canónica. Esto suena a obra de disidentes, más bien. Disidentes de los dogmas y exigentes de la satisfacción. No van descaminados quienes sugieren casar nuevas fuerzas de la naturaleza con las de siempre. ¿Son más débiles el calor, la risa y el cariño que el agua, el fuego, el aire o la tierra? Si son paridos por estos últimos, no veo por qué. La debilidad puede residir en que los hombres no se dejen acoger por ellos. Si los hombres se extravían en lo maléfico -la competitividad, la violencia, el negocio, el olvido, etc.- es obvio que no caben nuevos elementos que regeneren la esencia de la materia humana. Oportuno el filósofo callejero, o su tribu, que quiso dejar constancia de nuevos valores sobre los cuarterones de un balcón.



sábado, 15 de agosto de 2009

La belleza




La belleza de los trampantojos ¿puede ser superada por la realidad?

Balcones




Los balcones duermen ignorando al sol. La casa se va quedando vieja. Definitivamente, esta casa no es un palacio.

Chat - Chat




Un rincón de la calle. Todo está lento. La dueña del local de cuadros aún no ha abierto. Un museo al lado y él sin enterarse. Ningún vecino se mueve. La luz llega antes que la actividad. O ésta se rebela y detiene el día en una hora indefinida. El frescor reclama. Acaban de pasar los de la limpieza. Hay que regar las plantas. A él no le agrada el agua, pero a las plantas sí. Ellas la necesitan. La tienda lleva un nombre repetido. Suena a francés. El olor a café sale por la puerta.

En el umbral


El príncipe se asoma a la puerta del palacio. El príncipe se cree que lo es. Tampoco es mendigo. Qué importa lo que sea. Hay una puerta entreabierta. Un espacio interior que se abre a la calle. Prueba. No sabe de lo exterior. Hasta ahora todo son mimos y carantoñas. Le han acariciado manos frágiles. Dentro de la casa huele a gel y a perfumes elaborados. Demasiado extraño, aunque esté acostumbrado. Intuye que no va a poder ser así toda la vida. O acaso sí. Otea el asfalto. El hedor de las cloacas pasa ante su nariz. Teme. Es diferente a la costumbre. Ese olor le repugna por desconocido. Pero con él llega otro tufo que conecta con su especie. La atracción de la sangre le llama. Dilema: salir o no salir. El precio de la domesticidad le vincula. No sabe casi nada, pero a veces ve a otros de su especie deambulando por lo solares. Algo le rasga en el umbral. ¿Saldrá o no saldrá?

Mirar



Se asoma. Entre el aprendizaje y el placer de la observación. Todo es verde en esa edad. Todo está por acontecer. Todo pendiente de ser. Ahora, una mirada. La indecisión de mirar es también la duda de salir. Sólo es un instante. Los años son un instante. Siempre el titubeo. Más allá, la perplejidad tomará carta de naturaleza. Esto ¿es o no es?

jueves, 13 de agosto de 2009

Rescatando a Ferrer Guardia



El 13 de agosto de 1909, cien años nos contemplan, fue ejecutado Francisco Ferrer Guardia, fundador de La Escuela Moderna. Su ejecución, más bien crimen, fue perpetrada por las fuerzas retrógradas y conservadoras del país, principalmente los terratenientes y la Iglesia. Ferrer Guardia, además de un pedagogo que revolucionaba las ideas al uso en su tiempo fue un intelectual laico. A Ferrer Guardia, estas clases patrimonialistas de España (aún los representantes actuales de la Derecha mantienen con cada vez menos disimulo -el subconsciente y sus actitudes les delatan a cada paso- la fe en su sagrado derecho a que el país y la democracia es sólo cosa de ellos) le utilizaron de chivo expiatorio para poner punto y final a los acontecimientos de la Semana Trágica de Barcelona, donde una ola de anticlericalismo bastante explicable generó violencia sobre los bienes de la Iglesia. Le acusaron de "autor y jefe de la rebelión", cuando no tuvo nada que ver con los movimientos organizativos ni callejeros que dieron lugar a la Semana Trágica. La memoria de Ferrer Guardia, salvo en pequeños círculos de ciudadanos que han querido enterarse y en ambientes de la pedagogía moderna, ha permanecido y permanece oculta aún para la mayoría de los españoles.

Paso dos textos de Ferrer Guardia que expresan, de modo sintético pero muy ilustrativo, sus ideas sobre la necesidad de una revolución pedagógica en España ¡ya a principios del siglo XX! Naturalmente, esas ideas eran inaceptables para la Iglesia, que controlaba entonces la enseñanza y pretendía mantener un férreo dominio sobre las conciencias de los hombres.

Texto I.

"He aquí el programa del tercer año escolar 1903 a 1904:

Fomentar la evolución progresiva de la infancia evitando los atavismos regresivos, que son como rémoras que opone el pasado a los avances francos y decididos hacia el porvenir, es en síntesis, el propósito culminante de la Escuela Moderna.

Ni dogmas ni sistemas, moldes que reducen la vitalidad a la estrechez de las exigencias de una sociedad transitoria que aspira a definitiva; soluciones comprobadas por los hechos, teorías aceptadas por la razón, verdades confirmadas por la evidencia, eso es lo que constituye nuestra enseñanza, encaminada a que cada cerebro sea el motor de una voluntad, y a que las verdades brillen por sí en abstracto, arraiguen en todo entendimiento y, aplicadas a la práctica, beneficien a la humanidad sin exclusiones indignas ni exclusivismos repugnantes."

Texto II.

"La moderna pedagogía, despojada de tradiciones y convencionalismos, ha de ponerse a la altura del concepto racional del hombre, de los actuales conocimientos científicos y del consiguiente ideal humano.

Si por cualquier género de influencia se diera otro sentido a la enseñanza y a la educación, y el maestro no cumpliera su deber, sería preciso denunciarle como embaucador, y declarar que la pedagogía no pasa de artificio para domar hombres a beneficio de sus dominadores.
Por desgracia, esto último es lo que principalmente ocurre: la sociedad está organizada y se sostiene, más que como dirigida hacia la satisfacción de una necesidad general y al cumplimiento de un ideal, como entidad que tiene especial empeño en conservar sus formas primitivas, defendiéndose tenazmente contra toda reforma, por racional y apremiante que sea.
Ese afán de inmovilidad da a los antiguos errores el carácter de creencias sagradas, los rodea del mayor prestigio, les da autoridad dogmática, y sucede que después de crear perturbaciones y conflictos, las verdades científicas quedan sin explicación o la tienen escasa y en vez de extenderse iluminando todas las inteligencias y traduciéndose en instituciones y costumbres de utilidad común, se estancan abusivamente en la ésfera del privilegio; de modo que en nuestros días, como en los tiempos de la teocracia egipcia, hay una doctrina esotérica para los superiores y otra exotérica para las clases bajas, las destinadas al trabajo, a la defensa y a la más degradante miseria.

Por eso tenemos la doctrina mística y mítica, cuya dominación y extensión es únicamente comprensible y explicable en los primeros tiempos de la humanidad, gozando aún de todos los respetos, al paso que la doctrina científica, a pesar de su evidencia, queda reducida a la limitada esfera en que viven los intelectuales, y a lo sumo es reconocida en secreto por ciertos hipócritas que, por no sufrir perjuicio en su posición, han de hacer pública ostentación de la contraria."

miércoles, 12 de agosto de 2009

Extensas




Cuánto debe caber entre dos manos
extensas...
En ese espacio flexible
todas las dimensiones son abarcables
con el deseo.
Sólo una es palpable:
la caricia.
Mas otra se abre paso
ilimitadamente:
el aire.


(Fotografía de Jorge Molder)

martes, 11 de agosto de 2009

Pasmo



Se pregunta qué es lo que le deslumbra. ¿Lo nuevo, lo intenso, lo desconocido, lo magno, lo sorprendente, lo excéntrico? A lo nuevo no lo considera sino lo recién llegado; meramente. Siempre se pregunta si lo nuevo es tan nuevo como aparenta. Lo intenso tiene ese tufo inevitable que despide la percepción ansiada de un deseo. Lo desconocido puede tratarse de aquel agujero oscuro que sigue siendo oscuro. Lo magno le resulta con frecuencia diminuto. En cuanto a lo sorprendente le parece que reside en la falta de adecuación de la propia receptividad.Y sobre lo excéntrico, ay, ¿qué decir acerca de lo excéntrico? Su fama dudosa no está sino motivada por la incomprensión misma de los hombres. Es la racionalidad contradictoria y maltrecha de estos la que le saca de quicio. Los hombres se constituyen en patriarcas de una lógica aparentemente ordenada, repleta de contradicciones y falsedades. Y ese patriarcalismo autoritario conlleva el desprecio sobre cuantos lo denuncian. A estos se les tilda de orates, de excéntricos, de subversivos. Lo que deslumbra. Él se contestaría a sí mismo que lo que deslumbra es simplemente el reflejo de las cosas. Las cosas, ya sean objeto o acontecimiento, poseen esa propiedad ineludible de incidir sobre las vidas. Y sin embargo, no tienen vida propia. Son sombras chinescas que juegan a aseverar como realidad indiscutible lo que suelen ser proyeccciones. Son nuestras flaquezas o nuestras afirmaciones, nuestras ignorancias o nuestras pretensiones, nuestras desmesuras o nuestros límites, nuestras insensateces o nuestras corduras, nuestras decisiones o nuestras dudas. Todo ello, en su manojo ambivalente, es lo que ata los destinos perecederos. Algo que, a la postre, obra como bumerán. Atrapado entre la indecisión sobre si abrir o cerrar los ojos, el hombre no quiere convertirse en la representación imaginaria.


(Autofotografía de Jorge Molder)

domingo, 9 de agosto de 2009

La acacia



Se abre el silencio.

Contemplo la acacia.
Se cimbrea.
Es tu imagen.

Soy el aire.

El ramaje no deja de agitarse
y mi mirada no se desvía
a parte alguna.

Soy el viento.

Embate que no derriba ni una hoja
de su fronda.
Tan sólo la mece.

Soy el rumor.

Su cadencia agrada a mis sentidos.
Danza fértil
recubierta de soledades.

Soy el ritmo.

La complaciente savia
donde nos nutrimos día a día
piel a piel.

Soy la voz.

Lo que queda al anochecer
cuando los cuerpos borran
sus perfiles.

Soy la caricia.

La última expresión.
La letra invisible y definitiva
que nos interpreta.

Sólo soy el eco incesante.

sábado, 8 de agosto de 2009

De repente


En lugar de huir de la tormenta, tú te refugias en ella. Eso es lo que más me gusta de ti. Que no la temes. Que, aun sabiéndote en riesgo mientras se manifiesta, a su vez te identificas con ella. Y la desafías. Eres cómplice. En tu presuntuosidad te consideras fuerte. O se trata de una huída hacia delante, práctica habitual en tu existencia. Tal vez es un esquema mental a través del cual buscas lazos con la naturaleza. ¿Cuántas veces has soñado que el relámpago te absorbía? Hasta ahora, todas las tormentas te han respetado. Unas veces te pillaban a pleno campo y el aparato no te rozaba; solamente llegabas calado. Otras veces te refugiabas del aguacero bajo tu árbol favorito, sin imaginar que las leyes de la electricidad podrían haberte fulminado allí fácilmente. No eran las tormentas que sobrevenían en plena tarde cálida las que te sobrecogían. Era la alteración de la vida cotidiana lo que te quebraba. El cielo adelantaba la noche; la casa se quedaba sin luz; el transformador absorbía los rayos de forma atronadora. Y el temor elaborado en la familia, transmitiéndote su inquietud, paralizada parte de ella por el oscurantismo de sus mentes. Aprendiste a sobreponerte al miedo saliendo cara a cara a la lluvia torrencial, subiendo a la terraza cuando más tronaba, corriendo hacia los chopos de la orilla del arroyo. Haciendo de tu mirada un observatorio sobre aquellos grandes ofidios de fuego y de velocidad deslumbradora que surcaban el cielo. Te dejabas deslumbrar. Los tuyos te gritaban que te pusieras a cubierto. En ocasiones nadie daba contigo. Algo latía en tu interior que te hacía dialogar con la furia liberada en el espacio. Fue hace mucho. Te queda algo de aquello. Aún hoy, cuando resuena el firmamento y las luces espontáneas se reflejan dentro de tu habitación, te alzas y abres de par en par la ventana. Te descamisas, exhibes tu pecho. Como si quisieras ser tomado por toda la energía flotante. Un pulso ambicioso. Una temeridad. Acaso te niegas a la pérdida de la última inocencia.

viernes, 7 de agosto de 2009

Conjunción




La vida se dotó de maneras
que parecían imposibles y las hizo suyas,
nuestras.

Tenían rostro, tenían nombre,
exhibían la lentitud de quien se sabe
a salvo de las condiciones del tiempo.

Se erigían como metálicas letras de alfabeto
creciendo sobre sí mismas
a medida de los deseos.

Cursaban geometrías
en cuyas curvas el horizonte
se transformaba en extravío.

Nada era imposible para la vida,
a pesar de que sus lágrimas empapasen
palmo a palmo
los caminos baldíos.

martes, 4 de agosto de 2009

Prometeicas



Cantad, hijas de la Luna, las últimas plegarias a Prometeo.
El hijo de dioses que arriesgó su ser porque aventuró su libertad
Al rescatar del poderoso tronante el elemento que da vida
Y ponerlo en manos de los hombres
A quienes les fue hurtado anteriormente.
Desgañitaros en vuestro dolor
Oh, mujeres que alzáis vuestros pies sobre la perversión y el olvido,
Sobre el dominio y la oscuridad.
Mas no hagáis de él espectáculo alguno
Ni ritual ni justificación ni ceremonia hipócrita.
Que el drama que tratáis de representar sea un conjuro
Y no consista en sepultarlo en el silencio.
Haced una versión nueva sobre su fatal destino
Para que no sea devorado eternamente
Por la impiedad y la venganza de los perpetuos resentidos.
Clamad para que vuestros cantos
Sean más imperecederos que la alevosa acometida
De sus enemigos.
Para que su condena sea redimida como acto de justicia
Y no como una exigencia innoble de contrición.
Extended vuestras manos para que el mismo elemento que él os concedió
Sirva para iluminación y prenda la fragua.
Trenzad el calor de vuestros cuerpos
Y que su acero rusiente libere al esclavo de sus ataduras.


(Pintura de Frantisek Kupka)

domingo, 2 de agosto de 2009

La antorcha


Cada día me convenzo más de que pasear por la ciudad de toda la vida sigue deparando sorpresas. Si vas con la mirada no necesariamente escrutadora, sino simplemente curiosa, con la atención entusiasmada y sobre todo con tu tiempo relajado te percatas de visiones que te habían pasado desapercibidas hasta ahora. A veces, ni sabes por qué. Hay un factor casual aparente, pero una razón en lo más hondo de ti. Y entonces, la pregunta: pero si lo que descubres estaba ahí, incluso desde hace más de cien años, ¿por qué antes no te habías fijado en ello? La respuesta no es el objeto. La respuesta eres tú. Porque no eres el mismo de ayer ni de anteayer ni de cuando creciste ni de cuando te convertiste en el adulto presa de los quehaceres. Basta con que algo dentro de ti se haya modificado en tu interés, incluso de un día a otro, para que un edificio, una calle, una balconada, una puerta o la sonrisa de un rostro cargado de arrugas te diga de pronto algo.

Así fue como Fackel encontró esta tarde su Antorcha en una soberbia puerta de madera de su barrio de toda la vida. Dos animales fantásticos, cuya caracterización ahora mismo se me escapa (tengo que indagar) la mantienen empuñada con sus garras. Muestran sus rostros fieros a uno y otro lado del cáliz de fuego. ¿Serán también uno la Resistencia y el otro la Indignación? Hay en sus miradas un desafío a la vaciedad, una acometida contra el oscurantismo, la firmeza exagerada de mantener la luz en un mundo que, paradójicamente, deambula arriesgadamente entre caprichos tenebrosos.

Es como con el tema de la lectura. ¿Por qué libros leídos en la juventud o en la estrenada madurez, cuyo significado apenas me había afectado, si los releo ahora me deslumbran y veo en ellos un tesoro que se me había escapado de las manos? Los libros son los mismos, nadie ha modificado el texto en todos estos años transcurridos. Pues bien, la clave es que yo ya no soy, ni por asomo, el mismo. Y la vida te vuelve más receptivo, más sensible, más exigente, pero a la vez con un deseo irrefrenable por seguir persiguiendo el gozo, sea cualesquiera la forma que éste revista.

Tal vez sea por esa razón que la propuesta que recientemente me vengo haciendo a mi mismo pasa por releer aquello que hace treinta o cuarenta años me significó pero no acabé de captar. No es que tenga nulo interés en leer textos nuevos. Es que pienso que no lo son tanto, es que creo que antes ya se escribió y dotados además de una forma y un fondo redondos, es que uno ya no tiene tiempo de perder la ocasión del placer, y quiere asegurarse el fruto delicioso del árbol prohibido.

No sé por qué recuerdo ahora unos versos del checo Vladimír Holan, si por el descubrimiento de la antorcha esculpida por un ebanista hábil en una puerta o por mis reflexiones acerca de reordenar lecturas.

Entre la idea y la palabra
hay más de lo que somos capaces de entender.
Hay ideas para las que no hay palabras.

El pensamiento perdido en los ojos del unicornio
reaparece de nuevo en la risa del perro...

sábado, 1 de agosto de 2009

La ventana


Esto es muy extraño. Empiezo a sentir pasión nuevamente por las ventanas, por muy empobrecidas o destartaladas que estén. Sospecho que también por las puertas, por las oquedades y por cualquier agujero abierto en un muro. Viene de lejos mi pasión por cualquier clase de intersticio abierto que rompa los espacios cerrados. Aquellos que tratan de acotar la expansión de los individuos. Una vez, en mi infancia, jugando al balón en la escuela con un grupo de chicos alguien lo lanzó demasiado fuerte y fue a parar al patio de una casa próxima. Ésta tenía un portalón de acceso a carros, cuya dimensión era enorme y el maderamen era sumamente macizo. No obstante, tenía un pequeño defecto. En la parte inferior, había una pequeña rotura y no se acoplaba bien al cierre. Salvo un gato, nadie hubiera podido entrar por allí. Pero la necesidad estimula la imaginación e incentiva el fin. Todos los chicos miraron hacia el más pequeño, que era yo. Entre ellos forzaron con sus cuerpos el boquete. Yo me deslicé rasgándome la camisa, arañándome algo la piel, pero penetré en el patio, rescaté el balón y volví a salir en una acción cooperadora de toda la tribu. No sé si me entusiasmó más rescatar el balón, afirmarme en mi propia hazaña arriesgada o percibir la camaradería. Desde entonces tengo un aprecio especial por todas aquellas aberturas que van desde una roca o una vivienda hasta el cerebro humano pasando por los espacios que la anatomía ha dotado en nuestros cuerpos. Nada hay cerrado absolutamente. Y quienes pretenden clausurar ideas, limitar vidas o repugnar la belleza de los cuerpos no tienen mucho que hacer. Siempre se abrirá una ventana que proyectará más nuestra visión interior.

miércoles, 29 de julio de 2009

Renombrar







A Francisco Aranguren.

Hay momentos en que el recuerdo de las figuras se borra. Como desaparecen o transmutan los acontecimientos. A veces haciéndonos dudar de si existieron o sospechando si jamás tuvieron lugar. Nos aferramos entonces a los nombres. A ciertas marcas sobre la piedra, a una estatua, a una fachada, al eco de una voz que nos ronda cuando caminamos por ciertas calles, a una chapa, a una nomenclatura. Entonces cualquiera de estas apariciones obra como revulsivo. Y se nos prende la memoria. Aquello que fue...eso que vimos...las palabras de los vecinos que escuchamos...los recorridos de ida y vuelta con la nieve y el barro por la pantorrilla...Y un estremecimiento. Nadie queda de aquel tiempo. Apenas nada queda igual en su representación física. Otros moradores, advenedizos o no, y sólo los últimos desahuciados -a punto- de la vida. Ni siquiera las calles huelen igual. Ni siquiera el suelo es el mismo suelo. Ni siquiera nosotros somos nosotros, los que recordamos. Hoy volvemos, de paso, apenas para renombrar. Las ciudades van perdiendo también sus nombres.


jueves, 23 de julio de 2009

Bird



Ícaro contiene la respiración. Crucificado por el anhelo se yergue sobre las rocas. Ya no mira hacia atrás. Aunque parece que contemplara absorto el paisaje desde su proximidad, en realidad se evade de él. El paisaje que toca con los pies no le basta. Él quiere la perspectiva. Por eso necesita volar. Acaso sea su última visión. A punto de elevarse sobre el medio no piensa en lo que deja sino en lo que va a tener ante sí. Porque él desea una visión completa. Un panorama cuya observación le llene. Le haga disfrutar. Se dispone a un ejercicio sobre cuyo alcance no tiene temor. Ni duda. Más bien le embarga la certeza. Alza levemente los talones. Respira la última brisa de una costa cuyo salitre le quema. Su mirada se proyecta hacia el horizonte. Se muestra inquisitivo, y a la vez se deja tocar por una posesión oculta. Sabe que debe atravesar el éter con las armas del tesón y de la necesidad. Sabe que no puede rehuir la tentación de comprobar el mundo, más allá del que le ha cobijado hasta ahora. Deberá cruzar zonas de vientos adversos, contraponiendo su levedad a la densidad de la materia. Deberá afrontar la furia de cuantos elementos se interpongan en el viaje. El destino es un desafío. Pero él no lo considera impalpable.


(Fotografía de Dieter Appelt)

martes, 21 de julio de 2009

Ingestión



Entonces, la sensación que el color rojo te transmite, coronado por una espuma que se va diluyendo en tu boca, y la copa que enfría tu mano, que acaricia tu garganta, que reposa en tus entrañas, sabiendo que la necesitas, que la urges, y cuando elevas la copa la miras fervorosamente como si contemplaras el nacimiento de un mineral, cuántas advocaciones cruzan tu memoria en ese instante simbólico, y qué ausencia desearías cubrir al absorber la casta del lúpulo, dándote en pensar en cómo eres tan capaz de asumir el amargor, con lo arduo que te resultaba soportar los sabores agrios, y cómo el amargor de la planta se ha transformado en distintas dimensiones para que tu paladar no lo sienta ajeno, sino para que se funda con el eco de la hiel que tus vísceras emite, o acaso es tu sentido del gusto el que ha cambiado, el que aparece más receptivo, lo que te hace dispuesto a aceptar el valor profundo que aún sigues buscando y sigues descubriendo entre la materia arraigada, lo que te hace desligarte felizmente de aquellas sensaciones tibias cuya forma y cuya ductilidad te engañaban fácilmente, y así ahora degustas lo hondo, lo que ves acontecer de sólido a licuado, lo que declama por sí mismo serenidad y aletea una solicitud apacible, por eso tu mano palpa el vidrio y sostiene la llama.

lunes, 20 de julio de 2009

Sustancia



Podríamos beber a dos bocas. Hay una esencia resguardada que acaba de ser esparcida para que el paladar se estremezca. Lúpulo, malta, trigo, cebada...la naturaleza habla y la mano del hombre elabora. Ahora se trata de disponer de la obra. Beber debe ser calmo. La sed no se sacia con el apresuramiento. La sed no se conjura con la temperatura ni con el resorte dual y traidor de la ansiedad ni con la cantidad de fluido ni con la palabra que se pretende estímulo. Decir ansío saciarme no sacia, hace aumentar la sed. La esencia es expulsada desde el recipiente y en su caída forma una aureola de espuma. Entonces la vista se enardece. Los labios se ceban de una materia mitad sólida mitad licuada. La lengua decide dónde ubicar el placer del trago. La boca, perceptiva y sabia, se sensibiliza a uno, dos, varios gustos. La garganta cede y decide. Disposición en guardia. Leve asunción de la sorpresa. Sentirse desbordado por la prueba. Bajo la espuma cortejante, la materia nutriente. Tal vez nos quedemos con ganas. Tal vez haya que pedir más.

domingo, 19 de julio de 2009

Lúpulo


Recuerdo los veranos de aquel lugar del Norte. Recuerdo la extensa huerta y la orilla del arroyo. Recuerdo aquella liana enroscada como serpiente, ascendiendo a través del tronco altivo del chopo. Recuerdo aquellos frutos rugosos, aparentemente secos, cuya textura suave resonaba al palparlos con mis dedos. Recuerdo aquellas formas apiñadas que asemejaban escamas. Luego nada supe de aquella planta ancestral. Salvo su nombre, extrañanamente enroscado en mi acervo sigiloso. Un vocablo esdrújulo que pervivió en mi mente. Como simple memoria. Memoria que arrastraba otras memorias. Ahora, disuelto en el magma, lo contemplo. Como una efervescencia que expresa la que uno lleva dentro. Mejor aún, lo pruebo. Como un luna llena. Soy el lobo. Cinco variedades se concentran. Cinco aullidos prolongados. Y un eco que no cesa. Una cuenta pendiente, tal vez. La satisfacción del juego de los sabores. Rien ne va plus... No hay amargor más llevadero. Si todo fuera así en la vida...

sábado, 18 de julio de 2009

Feísmo


No sé si ha sido casualidad o que de repente la fecha histórica se me ha cruzado en el camino. Pero al subir esta tarde por las escaleras de un palacio del siglo XV me he topado con esta fea e inaudita obra de azulejería. Por supuesto, el tema nada tiene que ver con el palacio. Y de paso diré que éste tiene una inmensa biblioteca secular que acoge desde la Biblia Políglota Complutense hasta la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert. Y que su tesoro blindado favorito es el Beato de Valcabado, del año 970, que para sí quisieran los monjes de El nombre de la rosa, de Eco. Uno, que ha visto y tocado esos libros, da fe.

Del feísmo de esa azulejería cutre y malsana, mejor traer el refrán de no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. ¿Podría tener algún aprecio un escudo labrado a sangre y fuego? Pero, por si no se creen que aún queden huellas tan funestas, la foto y yo somos testigos.

viernes, 17 de julio de 2009

Fireball




Apártate.
Que la máscara de fuego
no suplante tu mirada.


No te apartes.
Que mis ojos sean hendidos
por lo profundo de ti.




(Fotografía de Connie Imboden)

martes, 14 de julio de 2009

Yuri



Aquel mediodía de verano Yuri Zelma se asomó de manera precipitada a un espacio exterior y ya no regresó. Sus padres buscaron por toda la casa y por los alrededores. Recorrieron todas las estancias. Registraron los muebles, golpearon las paredes, levantaron la madera del suelo, sin obtener pista alguna de la niña. El armario de su cuarto no estaba descolocado ni había ropa tirada ni se echaba objeto alguno en falta. Subieron al desván, donde en ocasiones Yuri Zelma se refugiaba durante largas horas, practicando su vida interior. La claraboya permanecía sujeta, permitiendo el paso de una ligera ventilación. Por más que apartaron cachivaches y forzaron baúles, el esfuerzo fue baldío. Abrieron de par en par los establos, la caseta de las herramientas, el garaje. No encontraron rastro de ella. Preguntaron a sus amigos. No hallaron respuestas. Nadie le había visto partir. Nada había alterado el ritmo habitual de aquella mañana anodina y tibia. Inspeccionaron la huerta con escrupuloso cuidado, buscando bajo las higueras y entre las alineaciones de alubia verde, atravesaron el tinglado de lúpulo, incluso vaciaron el agua del pozo desde el que se repartía el riego por toda la finca. Miraron con atención los árboles más fondosos, se metieron entre la espesura de las zarzamoras y de las endrinas, pobladas de espinos, por si se le había ocurrido ocultarse entre ellas. Entre varios vecinos batieron los ribazos del riachuelo que bañaba los límites de la finca. El arroyo apenas cubría y se descartaba con facilidad cualquier desgracia. Era tan extraña la situación que la familia y los vecinos seguían pensando que Yuri Zelma estaba allí dentro. Tal vez escondida en algún hueco que pasaba desapercibido. Riéndose de ellos, incluso escudriñándoles desde algún altillo. Las últimas palabras de Yuri, intercambiadas con su madre y sus hermanos, seguían presentes como si se acabaran de pronunciar. De tal modo que más que inquietud, lo que sentían era perplejidad y hasta un enfado benévolo contra la desaparecida.



(Fotografía de la irlandesa Lucy Nuzum)

lunes, 13 de julio de 2009

Partición





Dulce es su fruto en mi boca...

(El Cantar de los Cantares)


Tal vez la mitad de una manzana no sea una parte, sino el todo.
Y no haya interior y exterior, sino la imagen dividida.
Las imágenes partidas nunca representan el todo, tampoco la parte.
Son sólo extravíos que acontecen cuando los objetos se buscan.
Ni en la oscuridad ni en el silencio la materia pierde su forma.
La materia no deja de ser, simplemente porque desde este lado no la contemplemos.
Con mayor razón a veces se convierten en duda ante las miradas que no saben mirar.
Ante aquellas que desean respuestas fáciles, que justo son las improbables.
Quien busca sus medidas busca lo irrecuperable .
Porque las medidas no representan sino la ficción.
No midáis nunca, no fechéis, no machaquéis con cifras.
No apliquéis la aritmética a lo cambiante de la vida.
Sería negar su propia esencia.
No es que adultere las formas de los cuerpos, sino nuestra capacidad de acceder a ellas.
Las formas se encuentran en el infinito, justo lo que jamás tocaremos.
Y es probable que lo convexo y lo cóncavo se miren en el espejo del deseo recíproco.
Ni una se siente el todo ni la otra se percibe la mitad.
Sino sólo el instante de la partición.
Donde siempre otras particiones son posibles.
O acaso es la luz, la luz que todo lo abre, la que todo lo fracciona.
Incluso para los ojos torpes y la mente que no desea saber.
Lo profundo se abre y lo superficial torna al éter.
Quien no sabe esperar no degusta el fruto de la sorpresa .
No cata la dimensión de la forma irrevocable de la vida.


(Eric Kellerman fotografió)

domingo, 12 de julio de 2009

Post de las preguntas




De qué manera me rozó
el relámpago de su palabra desmesurada?

Fue en un otoño triste
o bajo una tormenta de sonrisas?

Estaba dentro de un útero
o cogía caracoles tras el aguacero?

La sentí crecer entre las nubes
o en una tarde fría sobre un pupitre?

Pasó cegadora ante mis ojos
o aquella niña se me cruzó y caí?

...Y si acaso arrancó impetuosa
desde unas páginas con garabatos?

Sentí el feroz destino de los hombres
o la espina angelical del pez?

Era lluvia o fuego o lágrima
o la sangre incandescente que fluía?

Llenó mi océano
con la furia de su oleaje colérico?

Me sentí capitán
o demasiado herido por un amor incauto?

Desparramó su sal
sobre mi rompeolas de vidrio?

Fui feliz o apenas el esperma
que cae sobre la piel de las vírgenes?

Por qué no salvó a España
de sí misma?

Cuántas preguntas se responden
en el paladar de las bocas amargas?

...Y si todo solo fuera
un instante al que luego llamamos poesía?



(En modesto homenaje a Pablo Neruda, que hoy cumple 105 años, y seguirá cumpliendo todos los necesarios. Lo siento, no reniego de la parte del poeta chileno que llevo dentro)

jueves, 9 de julio de 2009

Silabeando





Lasitud de los dedos

huellas de caricias
en sus yemas

una señal

un trazo que salpica gotas de ti

la entrega a una hoja de cuaderno
en blanco
para escribir nuevas letras

silabeando
un nombre


(Fotografía de Aira Manna)

miércoles, 8 de julio de 2009

Aforismos in-videntes



No permitía que le impidieran la visión. Prefería equivocarse por sí mismo.

Siempre que le mostraban algún paisaje, él merodeaba a distancia para asegurarse de que el paisaje existía.

Aun cuando el paisaje fuera un paisaje probable, no se sentía propenso a mirar en su dirección. No se fiaba, temiendo que solamente se tratara de un trampantojo.

Lo que más le preocupaba era no saber mirar. De niño se subía a lo más alto y frondoso de una hermosa higuera. Acariciaba los frutos, cataba las brevas, reclinaba su espalda en las ramas más cómodas, frotaba la aterciopelada rugosidad de las hojas. Cuando alguien le llamaba abandonaba a todo correr el árbol. Tuvo que esperar unos cuantos años y a hacerse adulto para comprender el significado de la higuera.

Había mañanas en que, al despertar, no quería abrir los ojos. El sueño le sujetaba y volvía a tirar de él mostrándole otros rostros del mundo. Pero lo que realmente le aterrorizaba era encontrarse con el conocido y monótono paisaje de todas las jornadas.

En una de sus crisis decidió hacer meditación. Al dejar de contemplar lo exterior, se creía ausente de las acechanzas. Al desconectar de las obligaciones, presumía de la libertad. Al permanecer vacío su pensamiento, se veía puro. En su introspección, a la ausencia de colores la percibió como luz. Pero la luz, aunque ilumina las estancias huecas y alejadas de la mente, es tibia si no puede poner cromatismo en las vidas. Y no supo mirarse en la profundidad de sí mismo.

Cuando le recomendaban que no abriera los ojos para no tener que ver las tentaciones del mundo, él juntaba las palmas de la mano y se asomaba a través de las rejillas simuladas de los dedos.

Le pusieron una venda en los ojos para que no presenciara el acto fatal y el desenlace final, ni a quienes le iban a ejecutar. Vendado y maniatado, sus verdugos no pudieron impedir que viera con toda claridad y precisión su propia muerte.

Siempre odió que alguien llegara por detrás, le tapara los ojos y le preguntara ¿quién soy?. Para él se trataba de una rendición desigual y sin saber previamente del enemigo que graciosamente pretendía acercarse a sus trincheras.

Para él, mirar era comprobar. Había mirado tantas veces los objetos móviles e inmóviles...y otras tantas los objetos se desvanecían...

Los tiempos modernos alzaron el telón de las prohibiciones y creyó que el tan deseado momento de la claridad había llegado definitivamente. Ya nadie le ponía la mano delante de los ojos. Sólo tenía que sortear algunas bagatelas...tales como la publicidad, lo mediático, la exaltación de la moda, el control informático, los créditos hipotecarios, las promesas electorales y el reparto de influencias.



(Fotografía de Katia Chausheva)

lunes, 6 de julio de 2009

Las maletas de lejos



¿La vida en una maleta? Incluso las vidas. La capacidad de pensamiento se manifiesta hoy día en relación inversamente proporcional a las exigencias del mercado. A veces da la sensación de que sólo generan "ideas" las vertientes deportiva, especialmente la futbolística, publicitaria, demagógica o de ocio vacacional. Atados de pies y manos el público, la masa o la idiota clase obrera (elíjase el epíteto adecuado a su talla) se entregan sin fisuras a ser reconvertidos como moneda de cambio del dinero y de las inversiones bursátiles de los eternos violadores de almas y de cuerpos. A precio marcado por el mejor postor, su destino es el de siempre: las andanadas mercantiles. Así que aquí no pasa nada, déjense de historias. Crisis es un término prostituido, inexistente. Nada hay que no haya sido. O dicho de otra manera, pasa lo de siempre. Cuando se necesita mano de obra hay que tirar de ella; cuando no se la necesita, hay que arrojarla a los muladares del momento histórico. Y que los pequeños menestrales, industriales menores y artesanos modestos no se crean a salvo de esa manipulación descarada que ellos mismos han aceptado cuando había negocio para todos. También están pagando las consecuencias. Impregnados en su ideología sin pensamiento, carne de cañón del fascismo más recalcitrante y burdo, son incapaces de afinar la puntería contra los causantes de la situación. Es imposible. Su modelo son los peces grandes, aunque jamás pasarán de anchoas. Están a las migajas. Pero, ¿por qué también los asalariados? Por miedo, por el plato de lentejas sin condiciones, por servilismo, por obtusa necedad, por el deslumbramiento de un modelo de consumo absolutamente rapaz y desmedido, por haberse dejado atrapar en las redes de las hipotecas y los créditos. En definitiva, por la rendición del pensamiento y la ausencia de la acción. Pues bien, paguen las consecuencias. ¿Caben todas esas vidas y todas esas rabias en un par de maletas? En esas maletas cabe mucho. Muchas frustraciones, muchos olvidos, muchas maldades, muchos errores, muchas ambiciones y demasiada estupidez. Las maletas vienen de lejos. Como las vidas. Mejor no abrirlas. ¿O sí? Y vuelta la burra al trigo.

domingo, 5 de julio de 2009

La creación de la burbuja


Si el niño supiera que una pompa es una pompa es una pompa...Lo sabe. Y como lo sabe no se dirige a ella como si se tratara de una bola de cristal. El niño no necesita ésta. Se conforma con la pompa. Cada gesto, cada maniobra, cada acto hábil es una creación. Acaso algún día desee consultar la bola mágica o vivir en una burbuja, pero ambas actitudes, además de inútiles, le privarían de su propia genialidad. Porque la genialidad no es otra cosa que la realización. Y antes le ungirá la capacidad observante, la receptividad ilimitada y el ejercitar continuo. El niño empieza a vivir la vida como un juego, aunque ya es más: una prueba. Las acechanzas se confirman día en día en un aprendizaje dual y contradictorio. Se desliza por la frontera entre lo divertido y lo obligatorio. Caos y orden ya se manifiestan en origen y van a estar presentes toda su vida sin que a priori se sepa qué sentido va a incidir más en su personalidad. Probablemente, el desarrollo de ésta sea un mestizaje y una pugna entre esos dos conceptos antagónicos, ¿o tan solo complementarios? El niño practica las pompas para lograr el efecto. No sólo se interesa por el artefacto y por la propia técnica resultado de su acertado soplido. Se entusiasma con el resultado de una ficción. Pero quien diga que con ficciones no se vive, olvida. Olvida su pasado, olvida que, de alguna u otra manera, sigue llevando dentro el niño.

sábado, 4 de julio de 2009

Intercambio



Dice Clarice Lispector...¿Amor será regalar uno al otro la propia soledad? Es la cosa más profunda que podemos dar de nosotros.

Dar la soledad. Intercambiarla. No entregar vacíos, eso es otra cosa, tal vez lo contrario. No conceder silencios hueros, sino renunciar a ellos. Acaso sí la cálida expectación, como forma de recepción mutua. En cada intento se abre en canal el pecho. ¿Qué puede ofrecer un pecho abierto a otro que se abre también? La mirada. El sentido. La disposición. La escucha. Y en lo más profundo, como queriendo salir y no salir, esa expresión de lo que somos y no somos. La soledad, que habla queda. Que conduce fluida y reservadamente la esencia del amor.


(Fotografía de la artista iraní Shirin Neshat)

jueves, 2 de julio de 2009

lunes, 29 de junio de 2009

Las valijas olvidadas


A veces hay extrañas maletas que se extravían. Maletas que contienen útiles cotidianos, prendas, recuerdos, cartas, documentos, incluso tal vez la memoria de un amor. A veces hay maletas que no parecen maletas. Formas incomprensibles como ignorado es lo que trasladan en su útero. Valijas misteriosas, contenedores de apariencia frágil, insólitas cajas cuya capacidad resulta indescifrable. Estructuras endebles que desafían los vacíos. Bártulos raros cuya procedencia es un enigma. Cuyo secreto permanece bajo llave, sin que haya mano ajena que ose abrirla. Mas, ¿qué mano tiene carta para destapar legítimamente su arcano fondo? Y entonces la maleta permanece postergada, luego encubierta, más tarde olvidada, finalmente desconocida. Y en ese tránsito hacia la probable inexistencia, perdida su identidad en algún oscuro rincón de almacén, lo que lleva en su interior no se diluye. Solamente espera. Tal vez, la vida misma.

domingo, 28 de junio de 2009

De trampantojos

trampantojo.
(De trampa ante ojo).

1. m. coloq. Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es.

Esta definición, probablemente bastante desconocida, que da la RAE, sobre un término, seguramente bastante ignorado hoy día, siempre me entusiasmó por sus variantes conceptuales. Miento. Lo primero que me gusta es el vocablo. Exige un esfuerzo especial para pronunciarlo. Y emite un sonido moderado de percusión. Más. Grandilocuencia. Más. Expectación. Más todavía. Esta palabra acontece en una fusión. ¿No es maravillosa la capacidad de la lengua castellana para fundir y refundir palabras? Lo siento, lo reconozco, lo confieso. Pero no mea culpa. Sin hacer de menos a ningún idioma, pero me siento un entusiasta de la lengua castellana. Inseguro a veces, no siempre fiel, pero por ignorancia no por mala voluntad. Iba a decir que incluso un patriota, pero ¿puede y debe uno ser un patriota de la lengua propia? ¿O acaso una matriota, puesto que la lengua es madre, aunque la palabreja no se admita? Acaso, aunque sin banderas ordinarias ni de colores políticos ni doctrinarios,por favor. O en todo caso, con los colores de las letras, que de por sí ya son iluminadores, representativos y permisivos. No hago colonialismo alguno de este afán por utilizar la lengua. Sé que incluso la traiciono, pues me gusta jugar demasiado con ella y digo barbaridades que no gustarían a los doctores de la RAE. Pero reconozco que la capacidad de síntesis, de ahorro lingüístico, de matiz que nos proporciona la lengua castellana es un tesoro. Y algunos la ignoran. Ahí tenemos la letra ñ como un nuevo grafismo que en su tiempo revolucionó el alfabeto. Por no remontarnos más atrás. Por esa misma razón, me enrabieta ver cómo se usan giros innecesarios y redundantes tales como al día de hoy cuando con decir hoy ya es suficiente.


Salvado este desahogo particular, vuelvo al trampantojo. ¿Quién no se ha fijado alguna vez en esas fachadas de edificios donde se simulan ventanas inexistentes? ¿Quién no ha visto un gran telón cubriendo una fachada en obras representando los balcones o la portada artística que se está limpiando detrás? Un paseo por nuestras ciudades descubre siempre un trampantojo fijo, sobre todo en edificios antiguos, y alguna variante de trampantojos provisionales que desaparecerán tan pronto el objeto de ocultamiento quede listo para su visión definitiva. Los trampantojos integrados en las fachadas o medianerías de las casas van desapareciendo a medida que el edificio se hace viejo y se especula con él. Los trampantojos circunstanciales y en tela seguirán existiendo, pero nada que ver con el carácter firme de los tradicionales. Podríamos decir incluso que trampantojo trampantojo sólo existe uno: el integrado. Ése es el que verdaderamente engaña al ojo. Al que el ojo cuesta reconocer como elemento falso. De los trampantojos provisionales se advierte enseguida que no son sino una decoración, un telón teatral que obra como apaño para dulcificar un hueco o una fachada huérfana.


Por extensión, la palabra trampantojo podría utilizarse para otras actitudes o comportamientos que no son de edificios de arquitectura. Son aquellos que cada vez tienen más aceptación entre los deteriorados edificios humanos, bien por sus quiebras físicas o de autoestima o de desentendimiento. La cirugía estética de los cuerpos, la publicidad, la demagogia de los políticos, los sucedáneos del amor, las reductoras doctrinas eclesiásticas...Todo ello, ¿para qué? Se pretende que para afrontar las deficiencias propias de cada individuo o estamento. Pero, de hecho, no son sino un rasgo de ocultación, por interés económico o de influencia o de desafección. Cuesta mirar la vida en directo y de frente. Yo me quedo con la trampa que engaña a mi ojo de verdad. Cualquier parecido con la realidad puede o no ser coincidencia. Las cosas no son lo que parecen, jamás. Están en otro plano, siempre. Pero, ¿si yo fuera Magritte diría aquello de c’est n’est pas un trampantojo?

sábado, 27 de junio de 2009

Pensamiento


Parece que llegaras
desde lejano lugar

que en una vuelta de la senda
te hubieses detenido
cansada
de tanto tedio y de tantas sombras

a esperarme



(Composición de Mariza Tahro)

miércoles, 24 de junio de 2009

La sombra de las letras



...era una sombra anónima de las letras, y quien le conociera diría que probablemente fuese él y que, aunque el lenguaje se manifestara oscuro y denso como su sombra, proyectaba no obstante, desde abismos donde nadie se había asomado jamás, el hombre atormentado que llevaba dentro, y esa penumbra enigmática no se afirmaba por el simple hecho de unos ejercicios de lectura que desvelaban sus horas de reposo, ni se mostraba en la ocasión tentadora de identificar ante los demás sus escritos, que él rechazaba por reflejo, sino que daba en sumergirse en la tradición más antigua, donde los nombres desaparecen, donde se ignora qué texto lo escribió quién, donde solamente se reconoce a los viejos recitadores, o bien ha perdurado la incierta transmisión que tenía lugar en los hogares, insólito espacio donde los relatos se habilitaban, donde los argumentos crecían según la imaginación o el deseo de quienes auspiciaban a que las historias llegasen un poco más lejos, y a él le parecía proceder de aquella tradición, nunca aclarada, nunca revelada, como si siempre se hubiera mantenido prendida aquella fragua de pasión de las letras invisibles, donde los golpes sobre el yunque repetían sonidos análogos y en ocasiones confusos, si bien el destello de la fricción de las palabras podía salpicar también con nuevas luces los oídos atentos, sobresaltar vigilancias enervadas, agitar desenlaces aplazados, revolver nombres y lugares, y en esa reelaboración donde no siempre el metal más duro es el que pervive, y donde la aleación más dúctil puede instalar un lenguaje nuevo, él molduraba los significados para extraer la sustancia, y tejía extrañas connivencias y tramas, para seguir agazapado al socaire de los elementos que trataban de condicionar su mente quimérica, de apaciguar su bestiario, de interceptar los pasos o impedir sus exploraciones más afanadas, y aquella sombra que se levantaba por las mañanas sin haber reposado lo suficiente, contemplaba ajeno su rostro desastrado, pulsaba contra el espejo su denso y podrido aliento al alcohol de las horas largas y borrosas, mientras sujetaba con una mano el ardor de la boca del estómago, mientras esgrimía un rictus de malestar que sólo deseaba ser curado con más veneno, y entonces, en aquella decadencia inconsciente, en aquella euforia donde flotaba sin controlar ya sus expresiones ni su argumentario, volvía a pensar en textos sinuosos, simplemente porque creía que su cerebro era depositario de las esencias de la tradición oral, y que no era preciso mayor depuración sino la que el eco de los días casuales aportaran a la andadura de los hombres...


(Fotografía de Dieter Appelt)

martes, 23 de junio de 2009

Solsticio



El solsticio nos cubre
haciendo de la noche serena
un conjuro.
Sin gestos advertidos, sin rituales.
Entregados al cómplice silencio
del asombro.
Pulso en que la luz gana
efímeramente
a la oscuridad.
Dimensión que invoca
los misterios.
Callados pasos
al encuentro de la vida
deseada.



(Cuadro de Frantisek Kupka)

sábado, 20 de junio de 2009

El lector


Tal vez no esté perdida toda esperanza. Lo infrecuente no es lo inexistente. Dejándose atizar por un sol compasivo, el niño ha tomado el banco. Tal vez se fuga tras un misterio, una indagación, una curiosidad. En definitiva, en pos de una irresistible atracción cuyas claves permanecen reservadas tanto a él como a cada lector. Haciendo un corte de mangas al desasosegante estrés infantil, que abunda, el chaval campa a sus anchas. Puede tratarse de una lectura pasajera, de espera, de reencuentro consigo mismo. Probablemente sea efímera. Mas acaso lo efímero se repita más veces al cabo del día, pasando los días. Entonces ya es frecuencia. Si el soporte cambiara, la reflexión ¿sería la misma? ¿Es el libro la seña de identidad para la elaboración del pensamiento profundo? ¿O va quedando desplazado? ¿Es la matriz donde se funden todas las figuras que nos rondan? ¿El crisol de todas las influencias? Son preguntas de mayores cuyas respuestas siempre son relativas y dudosas. Los desafíos del futuro tendrán que ser arrostrados, sin temor, pero también sin claudicación. A los que nos gusta leer, nos gusta el verbum impreso. La quintaesencia, lo aparentemente frágil pero lleno de vigor. Aunque nunca compremos bestsellers. El niño ni se enteró del paso del fotógrafo accidental que pateaba las calles de su ciudad esta mañana.