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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








martes, 4 de agosto de 2009

Prometeicas



Cantad, hijas de la Luna, las últimas plegarias a Prometeo.
El hijo de dioses que arriesgó su ser porque aventuró su libertad
Al rescatar del poderoso tronante el elemento que da vida
Y ponerlo en manos de los hombres
A quienes les fue hurtado anteriormente.
Desgañitaros en vuestro dolor
Oh, mujeres que alzáis vuestros pies sobre la perversión y el olvido,
Sobre el dominio y la oscuridad.
Mas no hagáis de él espectáculo alguno
Ni ritual ni justificación ni ceremonia hipócrita.
Que el drama que tratáis de representar sea un conjuro
Y no consista en sepultarlo en el silencio.
Haced una versión nueva sobre su fatal destino
Para que no sea devorado eternamente
Por la impiedad y la venganza de los perpetuos resentidos.
Clamad para que vuestros cantos
Sean más imperecederos que la alevosa acometida
De sus enemigos.
Para que su condena sea redimida como acto de justicia
Y no como una exigencia innoble de contrición.
Extended vuestras manos para que el mismo elemento que él os concedió
Sirva para iluminación y prenda la fragua.
Trenzad el calor de vuestros cuerpos
Y que su acero rusiente libere al esclavo de sus ataduras.


(Pintura de Frantisek Kupka)

2 comentarios:

  1. Impresionante tu poema de influjo y atmósfera épica.

    Rindamos tributo a la proeza de Prometeo, pues.
    Extiendo las manos para acoger y mantener ese fuego...y, como dices, trenzar su calor en el cuerpo...

    Un beso de verano,tiempo prometeico donde los haya.

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  2. Eres muy pródiga en el elogio conmigo, Rat. Prometeo siempre me deslumbró y me entusiasmó. Desafió a los suyos para beneficiar a los hombres. Aunque no está claro que todos los hombres se lo merecieran. Tal vez ejercía de ángel caído. Los dioses no perdonan la discrepancia ni el desafío. Tampoco el dios único. Algo de Prometeo tiene también el Redentor cristiano. Nada nuevo bajo la literatura. O un hilo continuador de las tradiciones más clásicas.

    Y sí, mantengamos el fuego, la energía que auspicia el conocimiento, el disfrute y el sentido de la existencia. No dejemos de ser Prometeos autoliberadores. Si no, ¿qué nos quedaría?

    Me gusta eso del verano como tiempo prometeico, pero...¿por qué no hacer extensiva la idea a todas las estaciones?

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