jueves, noviembre 19, 2009

Vindicación


Cada día que transcurre lo hace entre dos luces.
Lo que te cuentan y lo que te crees.

Tienes derecho a la memoria y a no acabar desmemoriado.
Tienes derecho a ti mismo aunque intenten que seas otro.
Tienes derecho a no dejarte abducir por las tradiciones que acaso siempre fueron traiciones. Tienes derecho a que el ruido de lo catódico y a punto digital no te ensordezca.
Tienes derecho a que nadie llegue al fondo de ti.
Tienes derecho a permitir que quien tú desees llegue a saber lo más íntimo de ti.
Tienes derecho a que lo que vas sabiendo en esta vida lo digieras tú en libertad.
Tienes derecho a negar a los bárbaros.
Tienes derecho a no cumplir lo que te ordenan.
Tienes derecho a callar para que otros no malinterpreten.
Tienes derecho a ignorar la ignorancia.
Tienes derecho a transmitir emociones y dejarte regir por ellas.
Tienes derecho a que lo que te ofrecen como nuevo puedas rechazar por falsario.
Tienes derecho a comprobar tú que es lo nuevo.
Tienes derecho a preservar la amistad, sin confundirla con la convención.
Tienes derecho a descubrir la palabra que te explica.
Tienes derecho a pronunciar la palabra acogedora.
Tienes derecho a que las palabras sean plurales, porque de lo contrario serían mudas.
Tienes derecho a que las palabras sean abiertas, porque si no serían escupitajos.
Tienes derecho a creer en la naturaleza, incluida la naturaleza de las cosas.
Tienes derecho a transgredir la mentira.
Tienes derecho al amor, sea cual sea su representación.
Tienes derecho a la duda, que renueva los ciclos cotidianos.
Tienes derecho a la imaginación, base de la supervivencia.
Tienes derecho al fin, como lo tuviste al origen.


Entonces, echas mano de León Felipe, el poeta zamorano, olvidado por tantos, obligado a exiliarse de España por los bárbaros de casa, pero cuyas palabras que tú descubriste allá atrás te siguen pareciendo exactas y clarividentes:

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.

miércoles, noviembre 18, 2009

Reconquista


Hay ocasiones en que los ángeles caídos quieren elevarse de nuevo. La señal del Creador se lo prohíbe. Su orgullo les impide un gesto de contrición, que no les sería admitido. Y lo saben. Entonces se confunden con las ciénagas. Y escarban hasta horadar los cimientos de las viejas ciudades enterradas. Allí se transfiguran. Las capas de cantos rodados, de arcillas y de gredas los moldean. Paulatinamente, porque sepultados tras tantos años de oscuridad no tienen urgencias. Al menos saben muy bien que la eternidad también les pertenece. Una debilidad del Creador que les llena de gozo. Y mezclados con los ajuares de los enterrados en las necrópolis y arraigados entre los estratos de las casas de las culturas olvidadas se configuran en estatuas. Ellos tienen claro que su emersión es posible solamente por la intervención de la mano humana. La misma mano que mantiene el mito de Dios les hace revivir. Es una labor lenta. Pueden pasar siglos. El tiempo no cuenta para los ángeles caídos. Sólo su sed de venganza. O de reconocimiento. Cuanto más tarden los hombres de ahora en prospectar las ruinas más se moldearán ellos en esculturas hermosas, semejantes a las humanas. Venus, apolos, neptunos, matronas, próceres, caudillos, cristos, budas, las formas bajo las que se reencarnen no tienen importancia. Ellos necesitan sentirse piedra tallada o metal fundido para verse con rostro. Para palparse una anatomía. No ignoran que una vez sacados a la superficie tendrán sus altares. Nadie les molestará. Muchos les rendirán pleitesía. Cuanto más bellos sean, más serán reclamados. Cuanto más entidad tengan sus figuras, más expectación se generará en torno a ellos. Nada tienen que perder. Vienen del origen donde el Vencedor quedó huérfano. Pero ellos no le envidian ya. Sólo desean al hombre.



(Composición del ilustrador inglés David Mckean)

martes, noviembre 17, 2009

Secuestrados



Algunos opinan que desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Incluso durmiendo. Cada vez se instala más la comprobación de que somos vigilados, registrados, seguidos, interferidos, observados. Se puede elegir el tiempo verbal. Se puede optar por un verbo u otro, al fin y al cabo todos ellos son complementarios.

Las calles, los comercios, las estaciones, las autopistas, las salas de reunión públicas, los datos sanitarios, los fiscales, las cuentas corrientes, las compras, las preferencias de consumidores, ideológicas, la navegación por internet...todo se va incorporando al ojo que George Orwell denominó Gran Hermano, de cuyo término se apropió el estúpido programa televisivo, restando gravedad al concepto, frivolizando y desvirtuándolo para su propio provecho, haciendo cómplice a la propia ciudadanía espectadora que en tan poca estima tiene su libertad.

El control social tradicional no basta ya al Estado. Éste y cada vez más empresas de negocio particular, compinchadas con aquél, en nombre de todos los peligros supuestos, de todas las acechanzas aunque sean minoritarias, de todos las prestaciones, de agilizar servicios, de facilitar recursos, etc. va acumulando información de todos y cada uno de los ciudadanos. Estamos al descubierto.



Sobre este tema ha aparecido en la Editorial Pre-Textos un interesante ensayo titulado Defensa de lo privado, cuyo autor es el alemán Wolfgan Sofsky, antiguo profesor de Sociología que lleva años trabajando por libre. El libro no tiene pérdida; en realidad es un áspero canto a la libertad, no con invocaciones místicas, sino analizando precisamente los riesgos de ésta. Acompaño un par de párrafos:

"Todo ciudadano tiene algo que ocultar. Dónde se encuentra y con quién conversa, qué pasiones lo arrastran y qué enfermedades lo postran, con quién se divierte y de qué aficiones disfruta; nada de eso está destinado a ojos y oídos ajenos. Ninguna autoridad ni empresa está autorizada para abarcar y menos aún para dirigir los hechos de la vida privada. El grado en que los individuos disfrutan de libertad en la sociedad se mide por el modo como pueden encauzar su vida a su manera, sin injerencias indeseadas de terceros. La privacidad es el fundamento de la libertad, y esta libertad protege frente a todo poder.

La destrucción de lo privado se haya desde hace años en pleno apogeo. Cada vez es menor la indignación acerca de la usurpación de datos, vigilancia secreta de personas y teléfonos, búsqueda policíaca extensiva o controles de seguridad generalizados. Apenas si significa ya algo más que un breve sobresalto desde el sueño profundo de la comodidad colectiva. A la inmensa mayoría de los súbditos les resulta desde hace ya largo tiempo un hecho obvio ser controlados, espiados, tutelados y una y otra vez tranquilizados. Prefieren fiarse de manera incondicional de las promesas de las autoridades. So pretexto de cuidarse del sistema de la enseñanza pública, la formación profesional y la justicia social, las estancias superiores escudriñan a fondo a sus súbditos, controlan los casos fuera de lo normal y someten su existencia a prescripciones y prohibiciones. El ciudadano asume con gesto despreocupado las advertencias sobre “abstractos” peligros terroristas con que los aparatos de seguridad suelen justificar el espionaje cotidiano. La marcha hacia el Estado preventivo parece imparable. Contribuye a ello la torpeza y la pusilanimidad de los ciudadanos. La protección del parque humano, cerrado con alambradas, figura evidentemente entre los mayores anhelos de la ciudadanía."
(Las fotografías son de Misha Gordin)

sábado, noviembre 14, 2009

Revelaciones


He aprendido a hablar con las sombras.
No sólo con las mías, sino con las sombras que no llegaron a crecer

He aprendido a hablar con las sombras que me encontré por los caminos viajeros
Y con las que se habían quedado fijadas en un muro sangriento
Y con las que me observaban descuidadas desde el otro lado de la calle
Y con las que se entrecruzaban en un paritorio
Y con las que convertían todo en sombra
Y con aquellas que me acompañaban al anochecer
Y con las que se agitaban entre el beso y la desnudez
Y con las que se movían dentro de mi conciencia rendida durante el sueño

Y he hablado
Con las sombras de los guerreros aún adolescentes desaparecidos al invadir naciones
Con las sombras magulladas de los albañiles caídos para que los templos resplandecieran
Con las sombras coléricas de las mujeres que fueron violentadas en edad núbil
Con las sombras ahogadas de los mineros que no llegaron a disfrutar del sol
Con las sombras desconfiadas de los que huyeron a través de los desiertos para sobrevivir a los bárbaros
Con las sombras tibias de los bárbaros que teníamos en casa
Con las sombras tambaleantes de los borrachos cuya ebriedad no se la dio ni el vino ni el placer sino la insatisfacción
Con las sombras curtidas de los labradores de Ur
Con las sombras disueltas de los gaseados en las trincheras
Con las sombras perplejas de los inocentes, aquellos que alguna vez debió haber y hoy no existen
Con las sombras mefistofélicas de los clérigos de todas las sectas patrimoniales
Con las sombras resistentes de los náufragos que perecieron sin alcanzar jamás Ítaca
Con las sombras coléricas de las nubes antes de la tormenta
Con las sombras de los pobladores engullidos cuando se abrió la tierra bajo sus miserias
Con las sombras altivas de las gárgolas de las catedrales
Con las sombras agrietadas de los compañeros de Ulises
Con las sombras apocadas y huidizas de los asesinos
Con las sombras soberbias de las ciudades del desierto
Con las sombras huérfanas de los deshonrados por su tribu
Con las sombras repudiadas de los apestados
Con las sombras confusas de las doncellas poseídas en los callejones del reino de Asterión
Con las sombras de los varones reclutados forzosamente por las levas de los señores feudales
Con las sombras de los animales cazados alevosamente para recreo de los ociosos
Con las sombras sarcásticas de los toreros corneados
Con las sombras lascivas de los pedófilos
Con las sombras marchitas de todas las mujeres obligadas a parir a través de la historia
Con la sombra escéptica de Marx
Con las sombras ausentes de los suicidas
Con las sombras débiles de los energúmenos
Con las sombras luminosas de los amantes
Con las sombras trémulas de las alas de los pájaros
Con las sombras de aquellos a quienes les fue negada la luz y la mirada
Con las sombras indignadas de los ajusticiados en nombre de cualquier dios
Con las sombras y guiños de los relojes de sol
Con las sombras recurrentes de la luna sobre las noches sedientas
Con las sombras inútiles de los profetas cuyas denuncias nunca fueron escuchadas
Con las sombras iracundas de los edificios derribados por los bombardeos
Con las sombras quebradizas de los poetas tuberculosos
Con las sombras sin fin de los espejos
Con las sombras podridas de los condenados a galeras
Con las sombras de las tapias de los conventos
Con las sombras envidiosas de los moradores de los conventos
Con las sombras perpetuas de las celdas de las prisiones
Con las sombras que protegieron de invasores a la ciudad de Machu Picchu
Con las sombras veloces y ávidas de los mercaderes de todos los templos
Con las sombras ajadas de las prostitutas humildes
Con las sombras hieráticas y sin embargo mutables de las caravanas



He hablado con las sombras de todas las sombras
Las innumerables y las olvidadas
Las impetuosas y las calmas
Las frágiles y las densas
Las testimoniales y las ignorantes

Con las que están a punto de proyectarse en cada grano que cae a través del reloj de arena

viernes, noviembre 13, 2009

Raíles


Un rumor que se acerca.
La procedencia es lejana.

Sostén su ritmo
atenta a la sorda exclamación
que cubrirá tu desnudez.

Su acero se disolverá en rocío
al contacto con las entrañas de la hembra.
Allí permanecerá.
Atrapado en el ámbar.

jueves, noviembre 12, 2009

(Paréntesis: Mater et magistra)



Quien apoye, vote o promueva esta ley (la del aborto) está en pecado mortal público y no puede ser admitido a la sagrada comunión. Antonio Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal Española. Leído en la edición de EL PAÍS de hoy.

¿Qué tipo de lenguaje es éste? ¿Dónde vive y en nombre de quién habla quien pronuncia estas palabras lejanas, extraterrestres, amenazantes e increíbles a estas alturas de la historia? A uno, a muchos, durante varias generaciones, los clérigos nos hicieron crecer en el miedo a la vida. Nos hicieron temer la vida. Ellos, que tanto hablan del respeto a la misma, nos mortificaron ofreciéndonos un panorama de sufrimiento, de resignación y de salvación sólo posible fuera de la vida presente. Nos inocularon el complejo de culpabilidad más hiriente que imaginarse pueda. Pero eso fue hace mucho, tanto que ya ni nos acordamos si no fuera por los exabruptos que gustan de practicar con frecuencia, y más cuando hay un gobierno en el Estado que aunque demasiado suave con ellos, no le consideran de su agrado. Simplemente, por la financiación que aún se les procura a cargo del erario público y por el Concordato deberían mostrarse más agradecidos. Pero no; son montaraces.

A su doctrina ideológicopolítica se le puede aplicar el modo hegeliano.

Tesis. La perspectiva del sufrimiento no hacía falta que la señalaran. El curso de la existencia se les muestra a los humanos, en mayor o menor medida, con diversos rostros, algunos más duros, otros más livianos, y algunos hasta acumulados. No era necesario que la señalaran tanto. Pero tenían que hacerlo para posteriormente justificar el siguiente paso.

Antítesis. Puesto que no hay manera, según ellos, de librarse de los sufrimientos, penalidades, frustraciones, miserias y desgracias múltiples, cotidianas u ocasionales, -intentar hacerlas frente con medios, recursos y valor generados hic et hoc por el ser humano que pretende ejercer su libertad es ya caer en el pecado- sólo es posible la resignación, el aguante y la consolación, orientados y dirigidos, eso sí, por la categórica, preceptiva e infalible consideración de los pastores morales (entiéndase ideología por moral, o la ética en el sentido de moral ideológica) De hecho a mi sólo se me ocurre que esta guía es simplemente artera.

Síntesis. La alternativa a la vida difícil y negativa no está en manos de los hombres, según ellos, por lo que la salida final sólo se encuentra en la no salida. En inventarse y creer a pies juntillas en una cosa extraña denominada salvación pero que se daría fuera ya de la existencia. Todo muy trenzado y dogmático. Y el cuento neohegeliano, versión católica, se acabó, como en el cartoon.





Después de escribir esto caigo en que se trata por mi parte de un simple desahogo. Que no debería ocuparme lo más mínimo por atender las palabras -aunque sus hechos sí me preocupan, por sus intentos constantes de obstaculizar el desarrollo de las leyes de un Estado laico- de una secta y unos clanes que viven al margen de la sociedad y de su evolución. Que no debería prestar atención a quienes jamás querrán sentirse ciudadanos -y menos libres- de una sociedad y de sus formas de regularla, porque ellos viven en su especial e interesado Reino ¿de bondad, de justicia, de amor...como preconizan cual falsarios? Que la gente quiere sentirse civil y librepensadora, y desea ser cada vez menos tutelada por cualquier entidad que trate de seguir sometiéndola bajo fines espurios (hay también formas laicas modernas y consumistas de intentarlo, pero es otro tema)

Recuerdo que en mi infancia las palabras pecador, pagano, hereje, apóstata o simplemente transgresor resultaban lacerantes. Eran arrojadas incendiariamente por los clérigos. Pero mientras ellos se regodeaban en el concepto pecador y lo salvaguardaban, porque implicaba entrar de lleno en el proceso hegeliano ya descrito, ser hereje, pagano, transgresor o apóstata significaba estar ya fuera de su control. Por cierto, sobre estos ejercieron violencias mil desde los primeros tiempos del cristianismo. Y no te cuento cuando mandaban con mucho poder en los estados y reinos europeos. Los individuos que incurrían en ese mundo de tinieblas exteriores tenían verdadero valor y amor a la vida, al pensamiento y al concepto de libertad. Aquí mi homenaje y mi reconocimiento a los disidentes.

Pues bien. Uno ya transgredió sus leyes y doctrinas hace mucho tiempo, simplemente al empezar a dudar. Uno ya devino hereje por causa de pensar por sí mismo. Ya sólo le queda a uno cumplir un objetivo sin el cual podría vivir con la misma comodidad, y es apostatar oficiosamente. De ellos, que les gusta oficiar tanto las cosas de su concepto de la vida con sus ceremonias, ritos y liturgias me queda, miren ustedes, una pizca. Y es ejercitar un ritual. Presentarme un día de estos en el Arzobispado oportuno para decirles que oficialmente me den de baja de la lista. Porque en mi fuero interno ya lo hice con plena y total felicidad en su momento. Pero quiero que ellos no manejen sus cifras con un nombre más. A través de mi familia ellos secuestraron mi nombre y mi honra, adjudicándome una adscripción que yo no podía elegir, por razones obvias. Hoy quiero negársela, que no trafiquen ni ideológica ni comercialmente en y con mi nombre.

domingo, noviembre 08, 2009

Privación


Y es desde la superficie desigual de ese muro desde donde le llega el frío. La pintura desconchada, la cal que se desprende dejando al descubierto capas de grosores y asperezas diferentes, las finas ranuras que transmiten rugosidad a sus dedos. No hay nada más preocupante que sentir que los tactos se pierden, que son incapaces de matizar no sólo los objetos sino la materia misma de los objetos. Esa sensación de creciente insensibilidad le vuelve más débil. Livianamente van tocándole pequeñas espitas que poco a poco se transforman en bocanadas gélidas. Sutiles dardos que le rasgan la garganta, que le rozan la piel de los brazos, que se le incrustan bajo las tetillas, que le arañan las ingles. Como una premonición de la fragilidad que le aprisiona, se encoge en un gesto defensivo. Luego tirita. Quiere estirar sus piernas, pero tropieza contra la pared. Quiere apoyarse en el suelo sobre un codo, pero se ve inestable y no aguanta su propio peso. Mareado, no sabe dónde poner a reposar la cabeza. El piso está más frío todavía, y no tiene fuerzas para sujetarse ni sabría dónde hacerlo. No es la oscuridad lo que teme, está acostumbrado a ella. Ese frío es el que le desarma, sobre el que no sabe averiguar su procedencia ni puede traslapar ni le está permitido poner cara. Siempre los rostros. Toda la vida le han acostumbrado a poner imágenes a lo que dicen que existe, ya sea esto apenas intuido o falso o forzoso o no sentido. Nunca ha podido elegir adecuadamente, o acaso no ha dado con el procedimiento. Y ahora, en esta renuncia a advertir representaciones en su largo rosario de temores recibe el castigo. No puede instalar su cuerpo siquiera con una mínima comodidad entre aquellas paredes. No puede levantarse. No puede dejarse caer. Es como si hubiera extraviado cualquier referencia, o como si todas sus referencias hubieran quedado atrapadas en un pasado del que no desea ser esclavo. Anhela con angustia abandonarse de nuevo a los sueños, donde las imágenes son menos agresivas. Pero cómo dormir si no hay posición que le brinde el ejercicio del sueño. Cómo participar de la huída. ¿O acaso no está ya en ella? Tanto frío va cristalizando cada articulación, cada músculo, cada porosidad. Maldito el don de lo etéreo, clama quebradizo, mientras la última sombra de su cuerpo se congela en la atmósfera del cuarto.

miércoles, noviembre 04, 2009

Atosigante


No cesan. Si duerme se apoderan de él. Si permanece en vela se magnifican hasta confundirlo. En el sueño se deslizan gesticulando alocadamente. No las controla, pero llegan a divertirle incluso. En la vigilia se transfiguran y toman un modo de rostros y los rostros hablan y los rostros gesticulan y los rostros, algunos, se ponen máscaras, y los que no se ahuecan hasta estremecerle. Adustos, sancionadores, insaciables. Y tras esas caretas desmedidas aparecen los cuerpos, y estos, aunque distorsionados, se mueven agitadamente. Y los paisajes se materializan, y el aire se ausenta, y la lluvia se solidifica en púas, y los silencios se fracturan. La noche, aunque inescrutable en su soledad maltrecha, le hace asomarse a una cotidianidad enfermiza que él conoce demasiado bien, y le sobrecarga de excitación y desconcierto. Oye un griterío que no viene de fuera, oye acusaciones que no las trae el viento, oye reproches que no se filtran por las paredes. Sus sienes tienden a expandirse, y en torno a sus ojos le abrasan unas punzadas atravesando su retina. Hay como dos miradas, como múltiples miradas. Depende hacia dónde dirija un recuerdo. Hacia qué figuras abra su mente, o la cierre. Desde sus ojos entornados ve todas las situaciones posibles, ve la insatisfacción, ve la queja, ve el tiempo que no puede recuperar. Ve la vaciedad. Se siente impotente y toca la húmeda y pringosa herida que le incapacita para la retractación. Pero no sabe. No sabe de qué ni por qué debería hacerlo. Las sombras van tejiendo un hilo cada vez más denso en torno suyo. Ya no son protectoras, ya no juegan, ya no se limitan a desdibujar objetos para formar las amables apariencias chinescas. Los últimos colores de la bondad se diluyen y el muro es negro.

lunes, noviembre 02, 2009

José Guadalupe Posada, oficio de burlón


Con los muertos pasa como con todo lo inexistente. Se hace de ellos un icono cuya correspondencia real con la vida es relativa, ficticia e interesada. Se les rehabilita en el imaginario popular para paliar esa conciencia de culpabilidad cristiana que aparece por doquier en las sociedades tradicionales de Occidente. Son, por lo tanto, cómodos. Se les encierra en el templo de un culto anual que es más administrativo que sentido. Se puede hablar en su nombre, se puede despotricar de ellos, se les puede ensalzar. De manera inmediata no van a decir jamás nada. Otra cosa es cómo lo que significaron los vivos que ya no existen, y sobre todo sus obras, sigue cruzándose en las mentes de cada individuo que estuvo vinculado a ellos. En ese sentido podría decirse que los muertos tienen una larga mano. La que quieran los vivos que tengan.


Los muertos son objeto de fácil manipulación. Los humanos que les han sobrevivido pueden ignorarlos o traerlos a una presencia efímera e irreal para justificar una herencia, para actualizar un mensaje, para extorsionar con su recuerdo cualquier clase de interés. No se les resucita, salvo que por resurrección sólo se entienda la correspondiente metáfora. Los muertos constituyen en todas las sociedades una fenomenal coartada. ¿Para qué? Para exorcizar el miedo de los vivos, tal vez. Para mantener un vínculo con el pasado. Para meditar sobre el aprendizaje. Para creer en la cadena de una continuidad de la especie. Para fingir una eternidad cuyos límites son obvios.




Las ceremonias son también féretros del olvido. Se han montado siempre espectáculos, rituales, monumentos incluso. Podrían ser sencillamente motivos de reflexión sobre la condición humana. Pero las religiones interfieren y enajenan incluso los hechos más profundos. Si nacer es accidental, morir es la correspondencia de la propia biología. Son las circunstancias de cómo acontece el fin lo discutible, no la muerte en sí misma. ¿La memoria? Eso es otra cosa. No la dejemos a merced del culto religioso. Es más sagrada que eso. O acaso es más salvable. La memoria sirve para mantener la honestidad de nuestro pensamiento. Es el tesauro de los significados. Emociones, afectos, conocimiento, disfrutes y adversidades se acumulan dándonos sentido.



En todas las sociedades a los muertos se les dota de representaciones antropomorfas. Puesto que alguna vez fueron animales humanos se hace del esqueleto un ser movible y en constante actividad humana. El mejicano José Guadalupe Posada los convertía en unos eternos humanos. ¿O acaso convertía a los humanos pretenciosos, pendencieros, codiciosos, pudientes o viles en su más allá en vida? José Guadalupe Posada practicaba la ironía, la sátira y la risa compartida con sus paisanos. ¿Culto a la muerte? Guiño a la muerte, diría yo. Con sus dibujos sentenciaba a los vivos pero los proyectaba a un más allá con sus apariencias y deshonestidades, con sus defectos y vicios, con sus pasiones y violencias, con sus supersticiones y sus ignorancias. Posada burlaba la inexistencia. Los personajes de todas las clases sociales pasaron por las plumillas del dibujante, litógrafo y grabador. Con su impronta demoledora e irónica hace de los personajes calavera, y en general de todos los que reflejó en montones de hojas volantes y periódicos, unos tipos entrañables, risueños, dispuestos a proyectar la vida en la misma nada. Visualizar la obra de Posada es llenar de oxígeno de humor nuestras mentes. Tal vez la mejor arma, la menos sangrienta para desmitificar temores y la más curativa para paliar ansiedades.


domingo, noviembre 01, 2009

Recurrente

Últimamente sueña con sombras. Sombras que se estilizan o se expanden. Sombras que escalan sobre su cabeza o que se encorvan hasta rozar sus pies. Sombras que se desdoblan, que adquieren auras concéntricas, haciendo crecer extrañas figuras. Sombras que giran sobre sí mismas y elevan y dejan caer unas extremidades difusas, de difícil precisión corpórea. Sombras que le mueven el aire y sombras que le ahogan. Tal es la intensidad con que se despliegan que atraviesan su sueño ordinario y cree verlas en el lado de acá de la vida. No sabe de dónde provienen. Desconoce si surgen de un humo, de los últimos rescoldos de alguna hoguera aún no extinta. O si son proyecciones que los rincones difuminados de su calle deslizan a través del ventanal de su cuarto. Cuando ha considerado que alguna de las sombras adquiría proporciones desmesuradas se ha levantado de la cama y se ha asomado con cautela. Pero la calle permanecía brumosa, apenas sugerida por el menguante hilo de luz de la farola. Nada hay afuera. Cuando transita algún noctámbulo y se oyen sus pisadas él se tranquiliza. Si es una cuadrilla que habla alto o canturrea se relaja. Pero el silencio le desasosiega y hace que crezcan nuevas sombras. Hay un momento impreciso en que no sabe si está dormido o despierto. Y una visión que se multiplica en otras visiones semejantes le oprime. Entonces, la sensación de un terror incontenible le hace sudar. Tiene una reacción de autodefensa, que en lugar de hacerle saltar le bloquea. Su cuerpo permanece agarrotado entre las sábanas. Si sueña, las ve. Si se despierta, las sigue teniendo delante, más agitadas, como si hubieran perdido un territorio y le exigieran que les devolviera a él. La frecuencia recurrente de este sueño le preocupa. No se lo ha dicho a nadie.

domingo, octubre 25, 2009

Habla Kenko Yoshida



Habla Kenko Yoshida:

"¡Qué locura es dejarse llevar por el deseo de la fama y del interés y pasar la vida sin tener un momento de paz y de descanso!

Cuantas más riquezas tengamos, tanto más descuidaremos la vida y salud del cuerpo. La abundancia tiende a atraer sobre sí desastres y calamidades. Aunque dejemos, al morir, una cantidad de oro que llegue hasta la Estrella Polar, con esto sólo causaremos molestias y disgustos a nuestros herederos. Los placeres que alegran y consuelan a los mentecatos son insípidos. A los ojos de las personas juiciosas los carruajes espaciosos, los caballos bien rollizos y los adornos de otro y plata son todas cosas vanas.

Cuánto mejor sería arrojar el dinero a una montaña y las joyas al abismo. Aquél que se deje llevar por los intereses humanos es un fatuo de primera clase. El querer dejar detrás de sí una reputación que dure por los siglos es algo que, ciertamente, todos desean. Pero ¿es que se puede decir que las personas que ocupan puestos destacados son, necesariamente, personas excelentes? Hay hombres sin talento que tienen una posición elevada y viven en la abundancia, sólo porque nacieron de una familia ilustre, les ayudaron los tiempos o por los avatares de la vida. Pero también hay muchos hombres sabios y santos que escogen, voluntariamente, puestos humildes y terminan sus días sin recibir las bendiciones de la fortuna. La avidez por cargos y puestos elevados es la segunda clase de locura.

Todos queremos dejar en este mundo fama de ciencia y de virtud, pero si lo consideramos bien, lo que vamos buscando con esto es el placer de oír las alabanzas. Sin embargo, los días de estancia en este mundo, tanto de los que nos alaban como de los que nos vituperan, son bien breves, e incluso aquéllos que oyeren las alabanzas no tardarán mucho en abandonarlo.
Entonces, ¿antes quiénes hemos de sentir vergüenza? ¿Quién hemos de desear que nos alabe? Además, la censura acompaña a la reputación, y después de muertos de poco nos servirá la fama.
El que la desee sigue a los anteriores en locura."

 
 
En estos tiempos en que desde las autoridades de las potencias del planeta hasta el más oscuro servil de aldea se matan por salir no ya en las fotos, sino en la televisión y en el chismorreo efímero, leer este texto de Kenko Yoshida reconforta y ayuda a no sentirnos solos nosotros, los resistentes. Yoshida era un bonzo budista japonés que escribió hace seiscientos cincuenta años una compilación de textos de nombre complicado: Tsurezuregusa, algo así como ocurrencias, reflexiones, comentarios, cavilaciones.

Probablemente imbuido por el taoísmo, el budismo y el confucionismo, las reflexiones de Yoshida resultan frescas y disectivas respecto a la consideración de la especie humana. No se trata de una relación de episodios religiosos, aunque la mentalidad de las religiones y de las corrientes de meditación estén presentes. Tampoco vive el monje inmerso en el mundo de los demás, más bien en su orilla. Y le llegan las formas de vida de la gente, las anécdotas de los estamentos sociales, los vicios y tropelías de los dignatarios, las miserias y deseos de los humildes. Desde el borde Kenko Yoshida percibe distante pero analítico el ser y comportarse de potentados y súbditos. Ni que decir tiene que el discurso es perfectamente inteligible, los razonamientos (o desmontaje del razonamiento) se hallan a nuestro alcance. Uno saca la conclusión, tras este tipo de lecturas, de que tiene en sus manos un hermoso tratado del saber vivir resistiendo a como desean los mercaderes de la vida que vivamos.

Tsurezuregusa, Ocurrencias de un ocioso, nos llega de la mano de Ediciones Hiperión, con una sabrosa introducción de Justino Rodríguez.



(La pintura es del japonés Utagawa Kuniyoshi)

lunes, octubre 19, 2009

Los cuervos atacan de nuevo


«Je ne suis pas d’accord avec vous, mais je me battrai pour que vous puissiez continuer à vous exprimer»

Voltaire.


En este país donde anida aún tanto fanático y trasnochado, y siguiendo su inveterada costumbre evangélica de veinte siglos que consiste en tirar la piedra y esconder la mano (menos para recibir la financiación del Estado laico), los cuervos volvieron a sacar a sus bandadas a la calle. Y lo hacen tan bien...observando escrupulosamente las leyes de la política mundana, permaneciendo como generales observantes del avance de sus tropas desde la retaguardia. En sus obsesiones irredentas, y ante la imposibilidad de controlar de manera absoluta las sociedades, optan por hilar fino (que hay mucha competencia en el negocio, oigan: que si otras sectas, que si los musulmanes, que si los ateos orgánicos...) aunque el resultado sea grueso y grotesco. Pero ellos saben ladinamente que con su presión ya conseguirán algo. Acaso el fin no sea el manoseado tema del aborto, sino tratar de lograr del ejecutivo que no se les llegue a reducir el grifo de la financiación citada. Los caminos de la extorsión moral y pragmática son infinitos, qué les vamos a contar a ellos.

Obsérvese que bandadas y bandas sólo se diferencian en una sílaba. Ya en un tiempo las primeras se convirtieron en las segundas para acabar luego travistiéndose en el ejército del Señor, el cual les honró con la victoria. Esta leve reflexión puede trocarse en grave cuando uno contempla imágenes de cierto tipo de energúmenos que gritan contra todo: contra una ley interpretada como ellos quieren, contra todas las leyes de un gobierno laico, contra los que piensan o creen diferente a ellos, contra los que llegan de fuera, contra la democracia, contra la humanidad entera si llega el caso.

Para esta tribu de recalcitrantes que se deja manipular gustosamente y con aquiescencia por los cuervos listos de siempre (sí, esos que nadan y a la vez guardan su ropa, es decir sus hábitos) la sociedad entera vive sumida en el caos. El todo vale se ha instalado entre esas gentes que se benefician, a pesar de su actitud intolerante, de la tolerancia de una democracia (en eso coinciden con los del terror patriota que hablan el último residuo de la lengua ibera) Entre ese tipo de gente hay de todo: los que saben a lo que van, pudientes o no, que son los que han estado siempre ahí, que nunca han renegado de sus simpatías totalitarias y si pudieran su objetivo sería retornar a un Estado dictatorial. Hay aquellos para quienes su ideal de sociedad pasa por la teocracia, donde su fe debe dirigirlo todo y en ese sentido, como ellos serían incapaces de dirigir nada, necesitarían un gobierno que hiciere las cosas como Dios manda (este bloque podría conectar perfectamente con el anterior, de hecho la frontera no está clara) Hay otros a los que les gusta delegar en todo de sí mismos, aunque su condición social sea modesta o simplemente trabajadora, porque el miedo innato, la inseguridad cerril y la indecisión total les hace buscar el paraguas de una protección que, ay de ellos, puede volverse en su contra. Hay también los que van a protestar sin conocimiento de causa alguna, por ideas primarias, los tontos útiles que apuestan por caballos que piensan que volverán a ser ganadores, tal vez los más ignorantes (y no olvidemos que tras la ignorancia anida la maldad)

No parece importar a estas masas peligrosas (Canetti) que con su conducta la convivencia diaria se dañe, que la consolidación del sistema constitucional de un Estado corra el riesgo de quiebra, ni éste se impregne de descrédito ante otros países -qué patriotas ellos que presumen de ídem- por las acechanzas al que le someten, ni que la práctica civilizada entre ciudadanos sea el debate en los foros establecidos legalmente, ni que se hable con arreglo a la razón. Es importante tener claro qué hay de conceptual tras el comportamiento de estas masas aparentemente de orden, de su Orden, que se pasan la vida criticando a otros grupos sociales, a otras comunidades históricas, a los inmigrantes, a los ateos, a los que opinan de otra manera distinta, etc. Son los grandes descalificadores de la cultura y de la paz cuya actitud sería de poco alcance si no fuera por las manos negras que desde atrás agitan el panorama, ya sean desde los cuarteles de la religión o desde la burocracia de un partido de dudosa oposición democrática.

¿Dos Españas? A mi me heló el corazón una de ellas, y no quisiera que volviera a helarme otra vez la misma. Por lo demás, los fundamentalistas que salen a la calle muy bien dirigidos e instigados por las manos negras, tienen su derecho de expresión, obviamente. Hay que decirlo antes de que su victimismo hipócrita lo reclame, pues no faltaría más. Y con Voltaire, y en un canto al entendimiento, repetiría aquello de: “No estoy de acuerdo con sus opiniones, pero me batiría para que usted pudiera seguir expresando las suyas”. Fin del desahogo. Ah, y que me perdonen los cuervos, por haber usado su santo nombre en vano.

viernes, octubre 16, 2009

Santas Uvas


Mucho antes que la corrupción, o aunque fuera al mismo tiempo, las uvas llegaron a los altares de las iglesias cristianas. Mientras que la corrupción y la arbitrariedad egoísta pringa y descalifica la moral de los bienpensantes del orbe católico, las uvas dignifican los escenarios de sus cultos. Conceden a la decoración de las columnas salomónicas un toque material, de apariencia frágil, pero esencialmente humano. No se trata de la abstracción de los valores mitológicos, encarnada en trinidades, vírgenes, santos y bellezas infantiles celestiales (cuánta pedofilia oculta tras los rostros guapos de los angelitos, sospecho) La vid -uvas y hojas- incorporada en todo su esplendor a la iconografía de los templos nos vincula al humus. A lo básico. A la capa fructífera de la tierra donde toda encarnación y todo crecimiento son posibles. Nos remite al subsuelo, donde raíces, agua y composición de la propia tierra habla de cada uno de nosotros, de lo que vamos a llegar a ser. Nos entrega al aire, esa atmósfera cuya influencia sobre los humanos está en función de los accidentes del terreno, de las estaciones del año, del diálogo que establecemos con él. Nos ubica en la cotidianidad de la lucha por la vida. Ese empeño que es honesto, muy a pesar de la larga tradición clerical de tirios y troyanos (clérigos ad hoc y clérigos civiles) por vivir del cuento y por mediar en la vida de los demás. No oculto mi fascinación por esta inmersión de los elementos paganos, cotidianos y exultantes de la Naturaleza en los retablos recargados del barroquismo español. Santas Uvas, os invoco incluso en el momento de la ira.



(Iconografía de los altares de la iglesia parroquial de Pesquera de Duero, en el corazón del vino de su Ribera)

jueves, octubre 15, 2009

Plenitud fractal




Están todos en ellas

Los colores braman

(no hay verbo más adecuado
para dibujar con una palabra
tanta belleza de otoño)

Las geometrías se dispersan

(mis ojos y mi boca sucumbieron
al instante
cromático y jugoso
por la artería de una saliva fractal)

Milagro de las manos y la tierra:
dánosle hoy



(Dedicado especialmente a Aragonía, que sabe del tema.
Plantación de vid en San Bernardo, Valbuena de Duero, Valladolid.
Pinchad en la foto para contemplar su plenitud)

miércoles, octubre 14, 2009

Los babis



¿A qué jugarán los babis de la escuela rural por las noches? ¿Se bajarán de las perchas y se dirigirán entre carreras y chillidos al acuario? ¿O harán fila y marcharán uno prendido del otro a las órdenes amables de una bata invisible de maestra? ¿Se salpicarán de arrugas cuando se estrujen unos a otros para pasar primero? ¿Contemplarán los peces de colores con asombro? ¿Los harán burla? ¿Estarán tentados a sumergirse en la esfera oceánica? ¿Contarán las especies que no paran? ¿Escucharán sus historias? ¿Observarán sus revoloteos? ¿Señalarán con sus mangas huecas las ágiles boquitas que se abren y cierran a burbujazo limpio? ¿Se plantarán ante el vidrio para darles besos? ¿Se sentarán en los pupitres? ¿Escribirán una redacción sobre la visita al acuario? ¿Se inventarán aventuras entre las aguas de la pecera? ¿Qué sentimientos les habrán inspirado los seres de las aguas a los babis? ¿Saltarán los babis entre las mesas? ¿Se lanzarán unos a otros peces de papel? ¿Se convertirán en babis marinos? ¿Harán de la clase un recreo? ¿Harán enfadar a la profe? ¿Se colgarán de nuevo, agotados? ¿Soñarán desde sus perchas con mares lejanos y profundos?

(Materia para una reflexión adulta sobre babis infantiles)