Siempre he dudado de la salud mental y moral de los santos y más de la casta que proyectaba como ejemplo el auto castigo de otros hombres, a los que encumbraban más adelante, por necesidades del guión, a ese rol de la santidad. Que luego se divulgaba entre su sociedad controlada pregonándolo como muestra de virtud. ¿Acaso es la auto flagelación un ejercicio virtuoso? Tiempos estos nuestros para meditar y reaccionar. Porque, cuidado, no caigamos en la trampa. Ojo si otros estamentos, algunos en la más ominosa obscuridad, pretenden que cojamos el látigo para hacer saltar la sangre de nuestro propio cuerpo, como si no tuvieran bastante con nuestro sudor y nuestros hipos de angustia. Parodiando a cierto sabio: que se flagelen ellos hasta su propio desmenuzamiento si quieren. Pero que no cuenten con nosotros para que cunda la enfermedad que ellos transmiten.
(Fotografía tomada en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid)




















