jueves, 27 de octubre de 2022

Sus cadáveres están llenos de mundo (Crónica rápida de una visita)

 



Solía escribir con su dedo grande en el aire

[Poema]

César Vallejo




Solía escribir con su dedo grande en el aire:
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas»,
de Miranda de Ebro, padre y hombre,
marido y hombre, ferroviario y hombre,
padre y más hombre. Pedro y sus dos muertes.

Papel de viento, lo han matado: ¡pasa!
Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa!
¡Abisa a todos compañeros pronto!

Palo en el que han colgado su madero,
lo han matado;
¡lo han matado al pie de su dedo grande!
¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas!

¡Viban los compañeros
a la cabecera de su aire escrito!
¡Viban con esta b del buitre en las entrañas
de Pedro
y de Rojas, del héroe y del mártir!
Registrándole, muerto, sorprendiéronle
en su cuerpo un gran cuerpo, para
el alma del mundo,
y en la chaqueta una cuchara muerta.

Pedro también solía comer
entre las criaturas de su carne, asear, pintar
la mesa y vivir dulcemente
en representación de todo el mundo.
Y esta cuchara anduvo en su chaqueta,
despierto o bien cuando dormía, siempre,
cuchara muerta viva, ella y sus símbolos.
¡Abisa a todos compañeros pronto!
¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre!

Lo han matado, obligándole a morir
a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquel
que nació muy niñín, mirando al cielo,
y que luego creció, se puso rojo
y luchó con sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos.

Lo han matado suavemente
entre el cabello de su mujer, la Juana Vázquez,
a la hora del fuego, al año del balazo
y cuando andaba cerca ya de todo.

Pedro Rojas, así, después de muerto
se levantó, besó su catafalco ensangrentado,
lloró por España
y volvió a escribir con el dedo en el aire:
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas».

Su cadáver estaba lleno de mundo.

César Vallejo, de su Himno a los voluntarios de la República.


Como las palabras de César Vallejo son infinitamente más potentes que las mías he abierto la entrada con su poema. Este poema y Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, de Federico García Lorca, son de los que más me conmueven. Porque un poema tiene que conmover, ya que si no ¿qué clase de poema es? ¿Para qué serviría? ¿Solo para lucir bonitas palabras?




Las fotografías que se adjuntan muestran la última excavación que se está realizando de las fosas del Cementerio de El Carmen, de Valladolid, que he visitado recientemente. Cementerio que lleva ya camino de tener dos siglos. Entre 1936 y 1939 la dictadura enterró en una serie de fosas los cuerpos de fusilados y los tapó ignominiosamente. Sin más. Sin dar información a las familias. Ignorándolos para la posteridad de la larga noche de los tiempos y sus secuelas. Tratando a las personas asesinadas como un desecho. Pero las familias nunca olvidaron a los suyos, aunque no supieran. Y generaciones posteriores tomaron el interés y el relevo para recuperar la dignidad de cuantos además de perder la vida fueron infamados durante décadas. Pero aún hay quienes por odio, por mala conciencia heredada o por desprecio no tragan con esta labor.
 



Los restos de las personas que se van encontrando no difieren de los de la multitud de fosas que hay por toda España. La labor de voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica , capitaneados por Julio del Olmo, no tiene precio.

  






No hace mucho tiempo se erigió un Memorial donde figuran los nombres de los ejecutados. Principalmente de todos los pueblos de la provincia, aunque también algunos de otros lugares.






Estas piedras eran como hitos clandestinos que los familiares habían colocado hacía décadas en una zona donde sospechaban o sabían que existían fosas. Los excavadores las han colocado ahora a un lado. Cada piedra, y más en los páramos, en las cunetas o en los cementerios, han jugado un papel silencioso. Vigías de la vergüenza profanada. El crimen fue ampliamente cometido en Castilla. Sobre inocentes.


domingo, 23 de octubre de 2022

Trance

 


Solo a ti se te ocurre enamorarte de un poeta. Son sus versos los que me enamoran, Marina. Pero corres riesgo si él te sigue la corriente. No olvides con quién estás casada. Por supuesto, lo tengo en cuenta, pero la palabra que sale de sus manos, y no te digo cuando es emitida por su boca, es demasiado seductora. No sé resistirme. Tienes que valorar el peligro, Varvara. Una no puede ir por ahí ignorando que en la vida hay que elegir a tiempo. Tú tuviste el tuyo y preferiste la seguridad. Confórmate con leer la obra del artista, mientras se la dejen publicar. No sé si podría conformarme con asistir a alguna de sus recitaciones, Marina. La proximidad de su presencia y la manera melodiosa y sin embargo enérgica como vocaliza el poeta es extremadamente tentador. Tú no le has visto, pero cuando declama hace paradas y mira al público, le interroga. Hace de sus versos un puente entre los hombres y su destino. Que imagino que es el suyo también. En el recital al que asistí tenía ojos largos solo para mí. Tú ensueñas, Tatiana. Conozco de sobra las miradas de los hombres. Son como una red de pesca o una trampa para incautos. Las suyas eran diferentes, Marina. El poeta depositaba en mis ojos su misma poesía. Cuanto había detrás. Su pasado contradictorio, la insatisfacción de su presente, el miedo a perder el sentido de sus horas y sus días. Había algo más que poesía en aquella entrega pública. Como si lo escrito y lo pronunciado en ese momento complementaran la oscura y triste luz que el hombre emitía. Sí, había un hombre que se buscaba al otro lado de las palabras. Estás a tiempo, amiga mía. Si él siente que le respondes, ya no solo que le escuchas, te buscará también al otro lado de ti misma. ¿Qué harás entonces? No sé, Marina. Tal vez tenga que elegir. Acaso dejarme llevar por encuentros lóbregos y sinuosos. Este poeta, este hombre, no es ni un poeta ni un hombre como cualquier otro. O yo no soy la misma y él se ha revelado como lo inesperado. Fue al escuchar de su boca aquellos versos que urgían socorro...os invito a todos a que vengáis / a mis palabras / ¿Quién se atreve a habitar en ellas? / ¿Quién de vosotros sabrá hacer suya mi mirada? cuando me sentí interpelada. Varvara, el poder de la palabra de un poeta es también la flaqueza de quien la recoge. ¿Por qué te predispones al peligro? Si asumes la llamada del poeta debes medir el desafío que puede partir en dos tu vida. No será fácil acertar en un juego de vidas paralelas. ¿Acaso desconoces que tu poeta empieza a ser un poeta maldito? ¿Y que no está bien visto por otros mediocres que envidian tanto el acogimiento de que goza como su actitud indócil? ¿Crees que tu marido, el reconocido camarada comisario, va a aceptar lo que también para él supone un trance que os abocaría a todos al infortunio? Entiendo tu preocupación hacia mí, Marina, pero ¿para qué sirven la voz y la palabra de un poeta si no es para trastocar nuestros mundos?



*Kuzmá Petrov-Vodkin. Chica con un pañuelo rojo.

jueves, 20 de octubre de 2022

Eres tú, lo he hecho yo

 


Ya sé lo que vas a decir. Que en el retrato que encargó mi padre me parezco, pero en cría, a aquella dama misteriosa que un hábil toscano pintó a solicitud de un mercader. Bueno, hay una diferencia. Yo río satisfecha de mi obra y de la otra me cuentan que sonríe con condescendencia de casada. Como no he llegado a verlo nunca y hablo por oídas no sé si creérmelo. Además soy consciente de que mi edad no procura aún belleza, pero las lenguas benévolas comentan que aparezco natural y traviesa. No se equivocan. Algunos lo han captado y dicen que mis dibujos sobre familiares y otros personajes son mordaces. Así que no te sorprendas si me han pintado con sonrisa de complacencia gamberra.

Visitas a las que he mostrado mis dibujos me dicen, aunque supongo que será para animarme, que tengo talento. Hay quien no duda en hablar de estilo, pero sé que se mofan. Que mi percepción de los volúmenes de un cuerpo son correctos. Que las proporciones están en su punto. Que acaso debo corregir las extremidades, pero que no me importe ahora. Que hay que partir de lo caprichoso para entender lo desigual; sigo pensando qué quiere decir esto. Debe ser que he descubierto que hay órganos del cuerpo que no están en un mismo plano. Y no solo porque me lo han hecho ver, sino que lo he comprobado a distancia, sobe todo cuando he visto a mis padres a hurtadillas desnudos. Pero estas cosas deben callarse. O esperar a ser mayor.

Giovanni, que me lleva pocos años y trabaja de ebanista en un taller de retablos, me llama precoz. No sé qué tiene de precoz hacer dibujos, le respondo. Eres precoz por tu intención. Se ve a la legua que sabes observar y, sobre todo, interpretar a tu manera un cuerpo o un edificio. Los edificios se me dan peor, ya lo sabes, le replico. Pero dibujas palacios que no existen y podrían existir. Palacios donde hay más que fachada y que sabes representar con pisos con una disposición ingeniosa. Créeme, dice. Un edificio también es un cuerpo y no me parece mal que los dibujes rompiendo la simetría. De Giovanni aprendo siempre y si opina lo que opina de mí digo que será por algo más que porque le caigo bien.

Se lo ha dicho a mi padre. Déjela que emborrone pliegos, que suelte su imaginación alocadamente. Cada edad tiene sus trazos como en otros el balbuceo de palabras escritas o el golpe del buril sobre la piedra o el manejo del acero. Pero es una chica, le ha soltado mi padre a Giovanni. Nada de lo que usted dice, joven, sería útil ni bien visto en una mujer a la que mimamos y preparamos acorde a su género y condición. Y además, caro Giovanni, estos dibujos son meras travesuras de quien se resiste a abandonar la infancia. Giovanni ha salido en mi defensa. ¿No se le ha ocurrido pensar, mi estimado señor Tomasso, que su hija acaso no busca anclarse en el tiempo que por naturaleza ya se le va pasando, sino de anticipar unas dotes de futuro?   

Ni puedo ni mucho menos quiero dar la razón a mi padre, pero tampoco estoy segura de que una valga para lo que con tanto estímulo dice Giovanni. De momento, yo a lo mío. Aprovecharme de lo que me consienten para convertir a la gente en caricaturas. ¿No te gusta cómo has salido?



* Muchacho sosteniendo un dibujo infantil. c.1515. Giovanni Francesco Carotto (Verona, 1480-1555)

lunes, 17 de octubre de 2022

Hombre doblemente armado

 



Al caballero le prepararon para las armas y para las letras. ¿Cuál fue primero? Hubo una aya que una vez le tomó el dedo índice y fue recorriendo con él las líneas de un libro. Hubo un tutor que le situó ante un pupitre, le explicó los útiles y le indicó cómo colocarse y empezar a trazar aquellos signos misteriosos denominados letras. Hubo un ábaco cuyas bolitas jugaban a operaciones y cifras sencillas. Hubo un aula donde las ideas clásicas, tan renacientes, cabalgaban de nuevo a través de los libros y complementaban el saber de los oficios. 

Más tarde llegó otro tiempo en que se inició en otras artes menos sutiles que le indicaron que iban a resultarle muy prácticas. Ya había sido de madera de cerezo la primera espada formada en cruz. Era el juego infantil a través del que emulaba a los mayores. Más tarde sintió el contacto en sus dedos de una daga de vela tomada de su hermano sin que este reparara en ello. Nuevo juego clandestino y ciertamente peligroso. Alguien, a hurtadillas, le vio asaltar a sus personajes imaginarios y transmitió a su padre el estilo y la habilidad del muchacho. La reacción paterna no se hizo esperar. Pusieron maestros a desarrollar su destreza, a aprender movimientos, a ejecutar los estilos más eficaces. Pequeños estiletes, espadines sencillos, y al fin una espada ropera con la que medirse con más seguridad, llegado el caso. 

Ducho aprendiz, el joven batía con artera maña a su maestro. Pero llegado el final del ejercicio temprano el muchacho no quería saber nada de un arma ni de un entrenamiento el resto del día. Incluso podían transcurrir algunas jornadas sin que fuera descolgada la espada. Alguien tan extremadamente diestro como vos, fue advertido, no debería perder el ritmo de la hoja afilada. El secreto de ella está en sentir el acero como prolongación de la mano y, más allá, de la inteligencia y del corazón. Naturalmente, sabiendo hacer uso del mismo. Pues por sí misma no es alma el arma, ni siquiera un empeño que califique a un hombre, y debe responder a lo que su dueño tenga a bien entender como necesidad. 

El caballero se debatía entre las tendencias agitadas de su cuerpo adolescente. Sus manos no desfallecían al abandonar el habitual ejercicio de ataque y defensa. Y seguían sintiendo los latidos de la sangre al encerrarse en su cuarto, aprovechando la luz diurna que iba menguando, o incluso bajo el efecto benefactor de un candil que iluminaba un libro. El hombre meditaba. Entre el filo de un arma y la arista cortante de las páginas de un libro mi mente desarrolla una batalla sin igual. ¿Cuál de ambos usos me proporcionarán mayor satisfacción en esta vida?, se preguntaba. ¿Me defenderé más y de mejor modo en los lances de arremetidas y retiradas? ¿O será el conocimiento que me transmiten las viejas sabidurías mi fuente de goce y de armonía? ¿Qué será más crucial y determinante? ¿La derrota en una batalla o la caída en la ignorancia? Y aunque jamás me tocara, por fortuna, la suerte del riesgo y de la sangre, ¿qué recompensa otorga la vida estéril de un hidalgo por muy noble que sea? Veo mi entorno repleto de seres inútiles que no pasan de ser presumidos ganapanes de alcurnia. Se baten con espadas para refrendar su hombría. ¿Me conformaría yo con ser uno más de ellos? Los libros conducen al saber, mas también a los sueños, pero lo que yo siento no lo sienten otros y no aspiro a que me comprendan. La carrera de las armas es siempre una carrera corta. La del saber no se mide por distancias sino por satisfacciones, y no acaba nunca. 

Y de este modo, entregado a conclusiones contradictorias el joven caballero acababa cayendo rendido sobre un episodio de aventuras o sobre un tratado de mecánica que casi nadie entendía, y que ordinariamente estaba fuera de cualquier consideración de las gentes crecidas entre gasas y mimos.





* Retrato de caballero. Daniele da Volterra. Museo Nacional del Prado.

viernes, 14 de octubre de 2022

Carné

 


Rescatada de una vieja caja de galletas Olibet aparece, entre otras, tu foto. Es una fotografía de carné que acompañaba a un certificado de buena conducta. Exigencias de tiempos oscuros. Atravesando tu mirada me pregunto: ¿eras tú o soy yo? 

Me atrae ese aire moderno que luces, con las solapas levantiscas sujetando el cuello de la camisa. ¿Cuándo fue hecho el retrato? ¿Antes o después de aquellos episodios que envolvieron a todos, incluso a los que habían permanecido en mundos alejados, casi primigenios? ¿Habitabas por fin un tiempo en que el dolor de las pérdidas no te acechaba, alumbrando ya nuevas ilusiones? 

Miro pausadamente tu rostro y no veo en él pasado y tampoco se pergeña un futuro donde yo ocuparía un lugar. Una actitud de tránsito, como si no hubiera presencia alguna. Como si tú misma te asentaras en un espacio paralizado y vaporoso. 

Esta y otras fotografías tuyas de la caja de galletas me hacen pensar solo en ti. Yo no era, y cuando fuera iba a ser otro. Otro al que le estaban vedados tus años anteriores. Otro al que se le adelantó un hombre de otro destino. ¿Te conocí alguna vez?

Nada de desairar la memoria que guardo de ti. No por ignorar mi propio transcurso tardío. Uno piensa en otros a través de los vínculos. Y sin embargo la visión que nos proporcionan estos sobre los individuos más próximos es parcial, demediada, siempre sujeta al propio recuerdo de las cosas. Pero antes, antes de mí, ¿qué oportunidad habría tenido de saber de ti? Lo que quisieras contarme. Lo que me contarías a tu modo. 

Aquellas pequeñas anécdotas, si bien abundantes, que me relatabas. Pero lo pequeño puede tener dimensiones profundas. Hay que saber verlas. Hay que saber hacerlas ver. Anécdotas, vivencias, pasadas por el tamiz de tu intención. Resaltando lo que te interesaba. Ocultando siempre lo que considerabas que no podría yo entender o bien tú no deseabas mostrar porque no sería apropiado para un niño. 

Tales ocultaciones duraron toda la vida. Por eso ante una imagen de tu pasado, la escudriño. Me interrogo sobre ella. Te pregunto a ti, delegando mi cerebro en una obsesiva ficción. Intento colocar personajes de tu entorno, aquella familia numerosa a la que yo conocí ya diezmada. Pero cuando lo intento pongo caras de un contexto también vinculante con mi propia experiencia. De aquellas personas, de cuanto había detrás, siendo ellas por si mismas, como si yo no hubiera existido, ¿qué sé? ¿Qué supe? 

Ya de mayor, cualquier información me ha parecido interesante, pero escasa. Y ahora sé que cualquier información también podía ser equívoca, limitada, una y otra vez interesada. 

En cada familia hay un sinfín de narraciones orales. Cuando estas se transmiten ¿dicen la verdad de lo que sucedió? ¿Cuánto hay de episodios cuyo trasfondo se explicita? ¿Cuántos quedan como una versión superficial adulterada? Pienso que en lo que se transmite a otras generaciones es como las fotografías de carné. Una imagen quieta cuyo sentido difiere en función de la actitud que muestre una cara. Un momento único que ignora el tiempo burlando su dirección. Una instantánea.

Poco se sabe de cada uno de nosotros a través de una imagen de carné. He pensado en aquellas imágenes hieráticas que conservo de niño. Realizadas para una ocasión administrativa. Salvo alguna digna excepción yo mismo me muestro odioso conmigo mismo. Ajeno a cualquier posteridad. Repulsivo para el momento exigido. Como si la confusión de tener que posar me perturbara y no quisiera que yo fuera yo. No me gusta contemplarme en las fotos que aún guardo de carné.  

Al recuperar esta instantánea, te hago de nuevo la pregunta. ¿Eres tú o soy yo? Una pregunta vana, porque intuyo la respuesta. Intermediada por una carcajada franca.

 



lunes, 10 de octubre de 2022

Aquellos cosacos de Zaporiyia, versión Ilyá Yefímovich Repin

 



Y de pronto se me ha iluminado. No sé si por los bombardeos rusos a la población civil de Zaporiyia -y hoy a Kiev y otras ciudades ucranianas- o por otra clase de asociación de ideas. Aquella exposición que disfruté en Madrid al borde del nuevo milenio traía cuadros de pintores rusos del siglo XIX. En otra ocasión vi otra muestra sobre el realismo socialista soviético, que también ofrecía su particular interés, aunque era otra cosa. Pero las obras del siglo XIX, donde los artistas rusos querían ser tan europeos como los franceses, holandeses, españoles o ingleses, me pareció sumamente interesante. Y es que el arte europeo de siglos pasados, donde se reflejaban comportamientos de vida cotidiana, paisajes de cercanía, retratos de personajes ordinarios o influyentes también sedujeron a los creadores plásticos rusos. Aquellos cuadros expuestos procedían de la Galería Tretiakov.

Me ha iluminado el vago recuerdo de aquel cuadro que es puro ardor. Cuya composición casi había olvidado, pero que buscando buscando he dado con ella en la red. Ilyá Yefímovich Repin (1844-1930) pintó en 1880 una escena basada en la leyenda sobre un supuesto episodio histórico. Un grupo de cosacos respondiendo por carta al sultán otomano Mehmed IV, se titula. Parece ser que este propuso a los cosacos que dejasen de incordiarle, exigiéndoles sumisión. Copio y pego la propuesta: 

"Sultán Mehmed IV a los Cosacos de Zaporozhia: Como sultán; hijo del profeta Mahoma, hermano del sol y de la luna, nieto y virrey de Dios, regente de los reinos de Macedonia, Babilonia, Jerusalén y Alto y Bajo Egipto, emperador de emperadores, soberano de soberanos, caballero extraordinario jamás vencido, firme guardián de la tumba de Jesucristo, fideicomisario y elegido del mismísimo Dios, esperanza y confort del pueblo musulmán, cofundador y gran defensor del cristianismo... Os ordeno, cosacos zapórogos, que os subyuguéis a mí de manera voluntaria y sin resistencia alguna. Os mando, además, desistir de seguir incomodándome con vuestros ataques".

Los cosacos, que siempre tuvieron a bien su orgullo independiente y de resistencia a cualquier imposición se tomaron a chacota la oferta sultánica. La respuesta cosaca fue insolente, rebosante de exabruptos, burlas e insultos. Vuelvo a copiar y pegar:

"Cosacos zaporogos al sultán turco. 

Oh sultán, demonio turco, hermano maldito del demonio, amigo y secretario del mismo Lucifer. ¿Qué clase de caballero del demonio eres que no puedes matar un erizo con tu culo desnudo? Cuando el demonio caga tu ejército come. Jamás podrás, hijo de perra, hacer súbditos a hijos de cristianos; no tememos a tu ejército, te combatiremos por tierra y por mar, púdrete.

¡Sollastre babilónico, loco macedónico, cantinero de Jerusalén, follador de cabras de Alejandría, porquero del alto y bajo Egipto, ladrón de Podolia, catamita tártaro, verdugo de Kamyanéts, tonto de todo el mundo y el inframundo, idiota ante nuestro Dios, nieto de la serpiente y calambre en nuestros penes. Morro de cerdo, culo de yegua, perro de matadero, rostro del anticristianismo, ¡fóllate a tu propia madre! 

¡Por esto los zaporogos declaran, basura de bajo fondo, que nunca podrás apacentar ni a los cerdos de los cristianos. Concluimos, como no sabemos la fecha ni poseemos calendario; la luna está en el cielo, es el año del Señor, el mismo día es aquí que allá, ¡así que bésanos el culo! 

Koshovýi Otamán Iván Sirkó y toda la hueste zaporoga".

Previamente a conocer estos textos, que son del siglo XIX y pretenden ser copia de unos anteriores, traté de imaginar esa labor colectiva que Repin representa tan expresivamente. Pero la respuesta cosaca ha eliminado cualquier atisbo imaginario por mi parte, porque la carta es en sí ya una obra imaginativa, deslenguada, feroz. 

Solo me queda trasladarme a la escena. Mezclarme con los guerreros y escuchar quién indica que se ponga tal frase o la otra. Quién vocifera que se insulte al sultán. La ocurrencia infame del tipo de grandes bigotes. El calificativo áspero del que no separa la pipa de la boca. El chascarrillo soez del que se sujeta la tripa. El aguijón verbal del que señala con el dedo al escribiente para que lo  ponga en el papel. La caída desternillante del que se inclina hacia atrás. ¡Y la risa contagiosa de todos y cada uno de los asistentes! Por supuesto, no puedo por menos que reconocer al ilustrado escribiente que se lo pasa de miedo, y su sonrisa insinuante y contenida lo demuestra, a medida que toma nota de las propuestas salvajes y las plasma con cierto orden en la misiva. Ignoro qué respuesta, si la hubo, bien textual o violenta, recibirían del sultán. Aunque se tratara solamente de una leyenda en absoluto niega la fama que tenía aquella gente y su actitud dispuesta a la resistencia que, por cierto, cambió de bandos en distintos momentos históricos. 

La obra de Repin es gozosa y, por supuesto, pletórica de testosterona. He leído por alguna parte que Repin estuvo en España un tiempo y conoció la obra de Velázquez. ¿Sería Los borrachos, por ejemplo, un modelo de representación escénica para el ruso?

Ironías de la historia, que hubiera dicho Isaac Deutscher. Repin nació en una localidad de la provincia de Jarkov, hoy Ucrania, y murió en otro lugar de Finlandia, hoy perteneciente a Rusia. Las fronteras no son precisamente eternas, y con frecuencia bastante más movibles de lo que nos pensamos. Y quién sabe si, con cosacos o sin ellos, hay ahora mismo una carta volando hacia el Kremlin cargada de improperios contra el nuevo zar que se pretende de todas las Rusias.





domingo, 9 de octubre de 2022

¿Demiurgos o Armagedones?

 












Pocos libros tienen un comienzo tan preciso y que da en la diana como El cáliz y la espada. Nuestra historia, nuestro futuro, de Riane Eisler, publicado en 1987, si bien no lo hemos conocido en España hasta 2021. Comenzando su lectura no me resisto a comunicar un par de párrafos de su Introducción:

"¿Por qué cazamos o nos perseguimos? ¿Por qué está nuestro mundo tan lleno de la infame inhumanidad del hombre hacia el hombre, y hacia la mujer? ¿Cómo pueden ser los seres humanos tan despiadados con los de su propia especie? ¿Qué es lo que nos inclina eternamente hacia la crueldad en lugar de hacia la bondad, la guerra en lugar de la paz, la destrucción en lugar de la realización?

De todas las formas de vida de este planeta, solo nosotros podemos plantar y cosechar campos; componer poesía y música; buscar la verdad y la justicia; enseñar a un niño a leer y escribir, incluso reír y llorar. Debido a nuestra habilidad única para imaginar nuevas realidades y llevarlas a cabo mediante tecnologías cada vez más avanzadas, somos, casi literalmente, colaboradores con nuestra propia evolución. Y, con todo, esta maravillosa especie nuestra parece ahora inclinada a poner fin no solo a su propia evolución, sino a la de la mayor parte de la vida en el globo, amenazando a nuestro planeta con la catástrofe ecológica o la aniquilación nuclear".




(Fotografías de esculturas del arte cicládico)

miércoles, 5 de octubre de 2022

Paradigma

 




"Nada  há que eu não conheça que eu não saiba,
e nada, não, ainda há por que eu não espere
como de quem ser vida é ter destino".

"Nada hay que no conozca, que no sepa,
y nada existe que yo aún no espere
porque vivir es un destino".

Jorge de Sena. De la antología Sobre esta playa



De aquí para allá. La vida como una carrera. Las paradas momentáneas no son abandono, sirven para recuperarse. De qué. De las dudas, de los avatares desconcertantes, de la confusión. De aquí para allá; siempre. De allí para acá; improbable. Edades que se van superando. Paisajes que se van sucediendo. Personajes que aparecen y desaparecen. Energías que se alternan. Pensamientos que se componen y se deshacen a medida que el viaje del mensajero atraviesa llanos y montes. Anhelos improbables y deseos intempestivos que debilitan al mensajero. Pronto una curva. Más allá un páramo engañoso. Después una caída vertical cuyo fondo ofrece la sensación de que no se va a poder  remontar nunca. Y otra vez una elevación reconfortante. Y otra vez el perfil de las alturas que hay que sortear. Y más allá nuevas sendas, sobre algunas de las cuales el mensajero ya estaba avisado; otras veces aparecen por sorpresa. Una vez más caídas. O más paradas por falta de aliento. El mensajero es pequeño y frágil, pero también veloz. ¿Podría imaginarse un enviado cuyas características no fueran útiles para el cometido? Es un mensajero particular. Se despacha y se remite a sí mismo. Establece los mandados para su propio cumplimiento, si bien a veces los pierde por el camino. Pero, ¿qué mensajes porta el mensajero? No se sabe, ni él mismo lo sabe siempre. Solo conoce de acudir veloz al tránsito de los días, al acabamiento de las horas, a la merma de sus fuerzas, a la privación de sus ilusiones. Corre, mensajero, vuela. La voz del viento es sardónica. ¿O será acaso la risa que emite el cuerpo del mensajero cuando sus zancadas se refrenan? No te detengas. Justifica la carrera con el esfuerzo de tu memoria ordenada. A veces te preguntas por qué seguir con el oficio. Total, siempre habrá delante de mí una distancia que no alcanzaré, piensa cuerdo el mensajero. Pero es tu tiempo, es tu sentido. Y la cordura tiene una dimensión que no responde a todas las preguntas. Toda comprensión del mundo se reduce a tus pies alados.




* Tras escribir este texto me entero de la muerte reciente de un antiguo amigo, el poeta Miguel Suárez. Y se me ocurre que, aun fuera de tiempo, se lo ofrezco. En contrapartida a aquella dedicatoria amanuense de hace muchos años que puso en mi ejemplar de su poemario La voz del cuidado, con ecos del místico Juan de Yepes, que decía: 

Para ti, esta voz que sigue siendo 
NÓMADA
amor del instante luminoso.



(Fotografía del japonés Eikoh Hosoe)

domingo, 2 de octubre de 2022

Evocando el tiempo de los pacharanes

 


Algo dentro de mí muere...Este verso, que procede de no sé dónde, me viene cuando escucho en uno de esos noticiarios de relleno de domingo que este año hay una recolección baja de pacharanes. Sea o no verdad, y sin lamentar haberme vuelto tan escéptico de los pregoneros, no puedo evitar evocaciones pasajeras.

De chicos recogíamos el fruto para su empleo familiar. Simplemente. Si se comercializaba el producto aún se trataba de algo incipiente. En cada casa tenía lugar la propia elaboración del licor de pacharán. Los mayores introducían los pacharanes en botellas que contenían anís y los dejaban macerar durante meses hasta que el intenso y peculiar color rojizo se hiciera notar. Entonces era el punto. Había nacido otro licor con el que se coronarían las digestiones de las comidas copiosas. En Castilla y otras zonas de España se conoce a los pacharanes como endrinas.

Fue parte de mi educación sentimental arrancar de los arbustos pacharanes y moras. Mientras estas, ya oscurecidas, se prestaban a un paladeo dulce y a una textura carnosa, los pacharanes eran más bien objeto de nuestra curiosidad. Y atracción. Su esfericidad firme, la belleza del colorido azulado, su piel lisa y brillante, la ácida carnosidad que parecía transformarse en un misterioso fruto prohibido, nos seducían. Nuestras bocas se resistían a aquella acidez extrema. Pero probar y comparar era también aprendizaje. 

Gemma y yo tomábamos cuantos frutos obsequiaban los árboles, los arbustos, los matorrales espinosos. Más por juego que por necesidad. Ella se ponía el vestido perdido y yo, despreocupado, lucía mi camisola con lamparones. No sé por qué Gemma puso en mi boca uno de aquellos pacharanes mientras yo le daba a catar otro. Ninguno de los dos resistimos la impetuosa acometida de la entraña jugosa. Mejor las moras, coincidimos, son más gustosas y apetecibles. Tras el festín caímos en un trance de risas al contemplar el mutuo teñido de nuestros labios. Ella se ocupó de limpiarme con sus dedos frutales. Yo me avergoncé de mi torpeza.



jueves, 29 de septiembre de 2022

Némesis

 



"...Perdí me reino, mi patria y mi palacio,
y ahora he sido abandonada por mi esposo, que lo era todo
para mí. Yo, que pude domar serpientes y toros furiosos,
no he podido domar a un hombre. Yo, que alejé fuegos
salvajes con sabias pócimas, no valgo para ahuyentar
las llamas que me abrasan".

Ovidio. Heroidas. Carta de Medea a Jasón. 



Te creces en la ira. ¿Es traición la del marido aventurero o una muestra del estado natural en quien ha arribado con hambre y sed a tantas costas? Tú dices: pero yo le ayudé a conseguir su áureo trofeo. Mas, aunque así fue, ¿no cumplió él la promesa nupcial? Tú dices: mis dos hijos y el que viene no me compensan. Y sus presencias me remueven las entrañas. Yo quería al hombre a mi lado para siempre. Pero tu encono visceral no va contra él, pues al planear tu venganza las víctimas van a ser los inocentes.  Te creces en la crueldad: si el objeto de mi venganza fuera acabar con la vida de él me quedarían unos hijos que también son los suyos y que se rebelarían contra mí. Vería en sus rostros el rostro del adúltero. Vería en sus labios los labios de aquellas mujeres por las que me abandonó. Vería en sus manos no las manos que me acariciaron a mí sino las de las intrusas. Vería en la fuerza de sus cuerpos crecientes el arma que podría aniquilarme. Vería en sus ojos la falta de perdón. Vería en sus palabras cotidianas el reproche cruel. Pero, ¿no crees que es un desquite desproporcionado lo que pretendes? Dices: para que a él le duela y sufra debe vivir. Matándolo a él no obtendría el placer que proporciona mis ansias de represalia. Pero, ¿no te enternecen las preguntas ingenuas de los niños? ¿No te hablan sus juegos traviesos de tu propia infancia? ¿No te hierve en tus senos la leche con la que también los nutriste? Elevas energúmena la voz. Es la sangre la que me reclama, no la leche. ¿Acaso no da más vida la sangre a pesar de que soy perseguida por la infelicidad? ¿Acaso no es mi sangre la que hace que mis pechos procuren el alimento? Pero si conviertes tu sangre en destrucción, ¿qué harás después? Contemplar el océano desde los riscos de la sangre derramada, respondes entristecida pero irrenunciable a tus propósitos.




* María Callas en el filme Medea, de Pier Paolo Pasolini


martes, 27 de septiembre de 2022

Ausencias cercanas

 



Mi tutor fue tajante aquel día. Desiderium est libido videndi eius qui non adsit, dijo con un tono tan prudente como severo. El deseo es el ansia de ver a quien no está presente. Pero todos estamos aquí, respondí precipitado, salvo los muertos. No es la muerte la única ausencia, me interrumpió. Sino lo que no llega todavía, lo que no pudimos conocer un día antes de aparecer nosotros. Lo que está haciéndose en cada instante sin que cuaje o lo haga de distinta forma a lo que nos gustaría. Pero los muertos nunca son la ausencia. Nuestros pensamientos los reclaman y los sentamos a la mesa de nuestros coloquios interiores. Ellos siempre están presentes. Son aves migratorias que se recuestan en el regazo de nuestra vida cotidiana. A los que ansiamos relatar nuestras experiencias. A los que queremos mostrar lo que acontece cuando se producen cambios. A los que pretendemos retener porque nuestra conciencia de la frustración nos dice que no les conocimos lo suficiente mientras vivieron. A los que nos faltó hacerles infinidad de preguntas y con quienes no supimos compartir cuanto hubiéramos deseado. Como quiera que no acababa de entender a mi tutor le pregunté: ¿Debo temer las presencias de tales ausencias? Sonrió con cierta melancolía, pero fue claro y preciso. No hay temor cuando se anhela. No hay desdicha cuando se recuerda. No hay ingratitud cuando se hablan de nuevo aquellas conversaciones que hoy se mantienen en el mundo de lo invisible, que solo cada uno conoce. El hombre es un ave que se arrulla a sí misma.







(Grabado de Liliana Inés González Soria)

domingo, 25 de septiembre de 2022

Un poema de Forugh Farrojzad que recupero para denunciar la violencia y la falsa moral de la teocracia iraní

 



Forugh Farrojzad (1935-1967) es una de las grandes poetas de Irán en el siglo XX. Sin desmerecer en absoluto respecto a otros grandes como Ahmad Shamlu o Sohrab Sepehrí. Murió mucho antes de la revolución islamista de Jomeini. Pero el huevo de la serpiente ideológico ya estaba ahí, en la sociedad iraní, tal vez desde tiempos seculares. Una vida libre, independiente y de control sobre sí misma como la de Farrojzad no podía ser bien vista por ese fundamentalismo que no solo era y es religioso y político sino desgraciadamente también de los usos y costumbres y de la moral. Aquella sociedad mayoritariamente marcada por el Islam, conservadora, intransigente y patriarcal, que venía de muy atrás, no aceptaba a una mujer rupturista y con personalidad. 

Observando estos días la protesta en las calles de las ciudades iraníes por parte de jóvenes, principalmente, como respuesta al hastío de un régimen opresivo y, por lo que se ve, criminal, me parecía mejor rescatar un poema de Forugh Farrojzad, en traducción de Clara Janés y Sahand. No es un poema político, sino más allá de la política. Un poema sobre la manera de sentir y comunicar el amor y, por lo tanto, el placer. Porque el amor y el placer, cuando son paradigmas de la vida de una mujer libre, resultan insoportables para todos los fundamentalismos. 

Con mi recuerdo a Mahsa Amini, la mujer kurda asesinada en una comisaría de policía tras ser detenida por no llevar el velo de la hipocresía bien puesto. Con mi rabia tras los treinta y cinco ciudadanos muertos en las protestas de estos días y los más de setecientos detenidos. 






Pecado


He pecado y era un pecado lleno de placer
junto a un cuerpo tembloroso y desmayado
Dios, no sé qué he hecho
en aquel lugar privado, oscuro y silencioso

En aquel lugar privado, oscuro y silencioso
me fijé en sus ojos llenos de secretos
En mi pecho ansiante temblaba el corazón
por la pasión de sus ansiantes ojos

En aquel lugar privado, oscuro y silencioso
me senté junto a él desconcertada
sus labios vertieron en los míos el deseo
me libré de la tristeza del corazón desbocado

Murmuré en su oído la historia del amor
Te deseo, oh alma mía
Te deseo abrazo que das vida
a ti, mi loco amante

El deseo estalló en llamas en sus ojos
El vino tinto bailó en la copa
Mi cuerpo en el suave lecho
sobre su pecho tembló ebrio

He pecado y era un pecado lleno de placer
en un abrazo caricioso y ardiente
He pecado entre unos brazos
cálidos, rencorosos y de hierro






(Foto superior: fotograma de un filme de Shirin Neshat. Foto posterior: la poeta Forugh Farrojzad)

jueves, 22 de septiembre de 2022

Simplemente dos mujeres asomadas. Murillo sabía

 



"Moza que se asoma a la ventana, de ser vista tiene gana; y si va de rato en rato, quiérese vender barato".

Refrán recogido en Vocabulario de refranes y frases proverbiales, de Gonzalo Correas, 1627.


La joven no se anda con remilgos. Ozú, niño, ¿dónde va vuesa mercé de esa guisa? Mira que las priesas no son buenas y una está aquí para proporcionar calma. Debes utilizar un tono más prudente, le indica la veterana. Que no te vean tan en precario, que una debe tener su clase. El arte no está tanto, si quieres reclamar su atención, en ser directa con los desconocidos como en sugerir. Ansí una muestra: el tiempo que hoy nos ha traído Dios nos va a mejorar a todos. O bien: la calle se anima al paso de tan gratos caballeros. Inténtalo con el próximo. El bisoño o el que va de paso no debe sentirse incómodo, porque acaso tampoco buscan lo vulgar. Tienes razón, hermana. Soy nueva en esto y no sé moverme con soltura. La otra sigue con sus recomendaciones. Tú déjalos que se aturdan un poco. Con los asiduos sé llana pero no exagerada. Con los chocarreros, aunque sientas por ellos algún rechazo, traga con disimulo porque pueden ser benefactores. Con los beodos, mejor les contestas que estás ya solicitada. Con los tímidos hazte la amilanada también, midiendo tus pasos, que sientan ellos que no están por debajo de ti, pues puede estar necesitándote un estudiante novato o un clérigo con su retorcida carga de conciencia. Con los ostentosos, mejor que te muestren antes las prendas de su faltriquera. Con los melancólicos no hables apenas, como mucho susurra, y ofrece tu cuerpo al gusto de su mirada. Con los ilustrados simplemente escúchalos y afirma que aprendes de ellos. Con los de origen noble, que llegan a hurtadillas, hazte la desgraciada pues ahí puede haber una mina. Con los de tropa alardea de que para patriota nadie como tú y diles que te dejas conquistar. Con los de mal matrimonio, déjalos que te lloren. Con los lascivos siempre mucho ojo, querrán recibir más de lo que ellos dan. Con los tiernos sé tierna, pero ni se te ocurra enamorarte de ninguno. La muchacha respira hondo ante tanto consejo. Ya me va conociendo, señora, y sabe que aprenderé con diligencia. Ahora voy a asomarme de nuevo y, ¿sabe qué?, hablaré al que pasa solo con mis ojos y con mi porte. Este alféizar es tan cómodo...



* Dos mujeres en la ventana. 1655/1660. Bartolomé Esteban Murillo. National Gallery of Art. Washington DC.



lunes, 19 de septiembre de 2022

Pucheros

 



Tristeza o anonadamiento. Al borde de los pucheros. Alegría ninguna, por más que le hayan dicho que tienen sublimes designios para ella. De momento los mayores le han dejado caer que ella, a diferencia de otros niños, nació sin mancha alguna. ¿Por qué yo no y otros sí?, ha preguntado. No sabemos, le han respondido, pero Aquel que está por encima de todos, también de todo, lo ha decidido así. ¿Quién es?, quiero hablar con él, ha dicho la chica valerosa. No se puede solo porque tú quieras. Casi nadie lo ha conseguido. Solo cuando Él tienen intención se muestra. La niña no se arredra. No es justo que todos los niños que nacen vengan ya sucios por no sé sabe qué clase de inmundicia y yo, eso me decís, tenga que ser una excepción. Me siento mal siendo la diferente. Ni me gusta ni me parece prudente, pues los demás me van a coger ojeriza. Los otros no se van a enterar de momento, tratan de tranquilizarla. Para ellos eres una niña más, ni mejor ni peor, ni más sabia ni más torpe, ni más cauta ni más impura. En los altos designios está previsto el disimulo y, si es preciso, la ocultación. Pero yo no puedo así tener las cosas claras. Los demás si se equivocan pueden corregir, si se manchan se limpian, si tienen mala intención también la corrigen y se vuelven generosos. Pero de esta manera que os empeñáis en meterme en una urna de cristal me voy a sentir extraña. Una niña que no es niña. Una mujer que no va a ser mujer. Y cuando deba ser mayor, ¿cómo podré ser una madre, como mi madre y todas las madres lo han sido, si no me dejáis crecer? Nosotros solo somos intermediarios de quien ha decidido tu destino, le responden entonces tajantes y secos. 

La niña, anonadada, confusa, recibe la orden del pintor de que baje del estrado donde ha posado, porque subida allí él tiene mejor visión. Te has portado hoy, le dice. No te has reído, apenas has hecho movimientos bruscos, aunque creo que has hablado demasiado y con cierta vehemencia, si bien no ha perjudicado mi trabajo. Es que me estaban contando tal cuento que no sabía cómo interpretarlo y me inquietaba, dice mientras se quita precipitada el vestido sedoso. El pintor no puede ocultar una risa traviesa. La chica no está por callar. Todo eso que me han estado diciendo es porque querían hacerme rabiar, ¿verdad?, pregunta sorteando la ingenuidad. El mostacho del pintor se ha encrespado. Se queda pensativo. Los mitos son los mitos y los dogmas son los dogmas. Suelen ir de la mano. O los tomas o los dejas, concluye. Pero la niña no le entiende  y se pone a jugar con los demás chicos del barrio que han venido a buscarla.




* Diego Velázquez. Retrato de Niña o Joven Inmaculada.


jueves, 15 de septiembre de 2022

Crepúsculo en la ciudad blanca

 



"¿Habrá para los días sin memoria
otro nombre que no sea muerte?"

Eugénio de Andrade. El otro nombre de la tierra.


Bruno estaba esperando a Alain y al encontrarse finalmente con él le recibió con su lengua de mil idiomas: tardabas demasiado; pero eso no quiere decir que desease que llegaras. Alain rio con la risa apocada que un hombre provecto como él puede ofrecer. A quien no debemos esperar nunca es a Paul, se le ocurrió al recién llegado. Se quedó en la ciudad blanca donde no puede morir. ¿Crees, Alain, que los marineros son eternos? Son eternos en sus navegaciones, respondió el otro. Entonces, ambos se echaron una mano al hombro y entraron al bar de Rosa. El reloj sigue igual que siempre, el segundero va al revés, se atropellaron entre sí jocosos al advertirlo. Este es el destino imposible que persiguen los hombres, Bruno. Quieren ir hacia atrás como si fueran relojes rotos. Bruno miró al amigo con cierta melancolía. Ni la inmensidad del océano ni la extensión de una mujer detienen nunca para siempre nuestros pasos, dijo. Me lo enseñó una vez aquel marinero que fui antes de encallar en la costa.





martes, 13 de septiembre de 2022

Extravío

 


Me gusta permanecer abstraída. A veces es una postura natural. Otras finjo. Nadie distingue. Él se pregunta en qué estaré pensando. No me dice nada. Permanece a la expectativa, aunque sabe que puedo pasarme así bastante tiempo. Me observa porque le inspiro. En realidad no le interesa lo que haya dentro de mi mente. Solo quiere examinar mis posturas o mis gestos. Si muevo mecánicamente la mano. Si bostezo. Si permanezco rígida o me agito de pronto. Con exquisita discreción me otea desde su rincón, sosteniendo un cartapacio sobre el que dibuja bocetos. Pequeños detalles que no se le escaparán. Mi peinado aún rebelde. Las ojeras. El color mortecino del rostro tras el sueño. El escote. La negrura del vestido. ¿Le servirá mi larga mirada a ninguna parte como sugerencia para sus esbozos? No le miro a él. No miro a ningún lado. En todo caso contemplo una zona del paisaje interior en el que me voy extraviando. No solo lo miro, más bien lo habito. ¿Serán mis brumas como las que pinta el artista? Sin embargo me deslumbra la luz tenue que él sabe dominar como si conociera mi alma. Mis penumbras. Mis amaneceres tibios. Los quehaceres a medias de los que frecuentemente me escabullo. Los desaliños o los aseos. Las largas noches encogidas. Si para algo sirve la indolencia de ciertos momentos es para que una se aparte de los compromisos. Pero incluso en mi dejadez ocasional él ve motivo para su obra. Salvo en los sueños. Quisiera entrar en tus sueños, me dice. Por muy observador que seas no los captarías, le respondo. No me preocupa la imperfección, replica. Me río y callo. Como si soñar fuera un mundo de defectos. De pronto se levanta. No habla nada. Ha mirado la transparencia del día que avanza y hace una mueca. Entiendo que se siente confuso. No le miro. Creo que él ha dejado de mirarme. Abandona los dibujos y sale.




* Retrato de Ida Ilsted. Vilhelm Hammershøi. 

domingo, 11 de septiembre de 2022

Adiós a Javier Marías

 


Te encontrarás con Tristram Shandy, mientras Laurence Sterne, apeándose de un carruaje, te saludará con su fino y peculiar humor: Welcome forever to the fiction club, sir.


Javier Marías se ha despedido de la vida y nosotros lo lamentamos con rabia y estupor. Sabemos también que nos despedimos de un autor consistente. Nos despedimos de lo que deberían haber sido futuras novelas. Y por supuesto, de esa página crítica y sarcástica de El País Semanal, donde vamos a echar de menos al cascarrabias fustigador y necesario, pero enormemente racionalizador, que ha venido escribiendo esa sección desde hace años.

Creo que esta noche voy a releer aquel sermón de Mr. Yorick, a propósito de las observaciones de Job sobre la brevedad de la vida. Y que tan bien tradujo Javier Marías del genial Sterne.


(El escritor Javier Marías ha muerto hoy a los casi 71 años)

jueves, 8 de septiembre de 2022

Hipnosis

 


El hombre maduro sucumbe al hechizo de la máscara. La curvatura de todas aquellas facciones le apresan. Nada hay que no sea curvo en los cuerpos y en la vida. Incluso la mirada fija no es nunca directa, medita. Cuando miramos a alguien, aunque no nos cueste sostener la mirada, nos parapetamos tras una recta falsa. La otra persona piensa por qué le miro. Yo pienso qué pensará cuando no aparto los ojos de los suyos. Incluso el discurso de las palabras, que no se detiene, se extravía y nuestra mente desdobla el pensamiento. Hay un pensamiento que pugna por verbalizarse y otro pensamiento que deambula por el misterio. Así se siente el hombre ante aquel rostro antiguo que en nada difiere de uno de nuestro tiempo. No es verdad que ella no le compense y no haya intercambio. Él lo sabe. Percibe cómo ella se va apoderando de sus ojos, ya turbios por la edad, pero cálidos por la pasión que emana aún de ellos. Ven a mis ojos ocultos, escucha decir a la figura. Rejuveneceré los tuyos y cuando me contemples será como si te vieras a ti mismo. Al hombre aquella propuesta le hace temblar. Siempre fue más cómodo y apetecible mirar los ojos de una mujer común, dice. También eran las puertas de un misterio. También se veía algo de uno mismo, si bien se elegía un camino de cierta sumisión. La máscara le tranquiliza. No es mi intención apoderarme de tu personalidad, le dice. Al contemplar cómo tus ojos ocupan mis oquedades estarás viendo tu pasado. No solo el que fue efectivo, sino también el que deseaste y no pudo ser. El que soñaste y no lo tradujiste en hechos. El que te confundió y el que la fortuna te obsequió. Nunca sabéis los humanos cuándo y cuánto sois lo que os creéis ser y qué parte de los otros se hace carne de vuestra carne. Entonces el hombre desiste de sus temores. Esta imagen, piensa, puede ponerme en el sitio en el que nunca he sabido permanecer. Le habla nervioso pero con dulzura. ¿Por qué amo en tu rostro severo toda la belleza? ¿Por qué me enajeno ante las líneas equilibradas de tu cara eterna? ¿Qué hay en este diálogo sugerente que me lleva a prosternarme ante ti? ¿Cuánto cedo de mí y en qué me transformo?

Embarullado en sus preguntas caóticas, el hombre maduro se mira a sí mismo. Al distanciarse la máscara siente la congoja de quien está condenado a seguir intentando saber quién es. 

 



* Escultura sumeria denominada la Dama de Uruk o también Dama de Warka. Museo Nacional de Irak, Bagdad. Fue saqueada cuando la invasión de Irak por los Estados Unidos de América en 2003 y posteriormente recuperada intacta.

 

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Las puertas caligráficas de Jaume Plensa

 



Una alegría las puertas instaladas en el Liceu de Barcelona . Y es que uno no sabe hablar de obras de arte si no expresa los sentimientos y emociones que le producen. Qué idea tan justa como hermosa llevar alfabetos a una puertas de acero.

Dichosos vosotros, paseantes de unas Ramblas que han perdido la identidad tradicional que conocí en mis años mozos, que podéis disfrutar de esas Constelaciones -este nombre ha puesto el artista a su obra- que son un verdadero monumento a los alfabetos y sus caligrafías tan diversas. Parece que hay letras de nueve alfabetos diferentes. Ignoro si también están incluidas notas musicales, hubiera sido también muy apropiado y complementario en un espacio tan devoto de la ópera como el Liceu.

Se ve que las tres vallas han respetado las arquerías de la fachada y esa misma concepción recortada y abierta da un carácter aéreo, transparente y a mí se me antoja onírico. ¿Quién no se descubre ante la belleza de las tipografías que, con mayores o menores variantes, han generado todos los alfabetos? Pues de alguna manera yo las veo ahí, y lo que parece caos no es sino un Babel de hermanamiento, una fusión de emotividad y expresión sensible. Porque el lenguaje y su traslación escrita han generado no solo practicidad y comunicación desde el principio de las civilizaciones urbanas, sino sentimiento, aproximación y sin duda poesía.   

Jaume Plensa aporta su punto de vista y de intención sobre las puertas: "Estas puertas son pues un canto a la esperanza de la globalidad positiva. No es la uniformización de los abecedarios, sino la belleza de ver culturas muy diversas mezcladas, pero manteniendo su identidad. Constelaciones es la representación de la Rambla como lugar de encuentro, donde el Liceu no mira ni orígenes ni procedencias, siendo la música un elemento que iguala a todos los ciudadanos y ciudadanas a través de su idioma universal." No sé si esta explicación gustará a todos, pero el artista lo concibe así.

Ya no tendré en cuenta solo la grandiosa obra de Cristina Iglesias al admirar puertas. Esta vez Jaume Plensa ha realizado un trabajo magnífico, a mi modo de ver y disfrutar.






(Fotografías tomadas de la web el Liceu de Barcelona)

martes, 6 de septiembre de 2022

Enterramos bajo la tierra y bajo las aguas

 



La sequía, que está dejando a los pantanos en mínimos cuando no secándolos del todo revela bellezas e inteligencias pretéritas pero también propicia nuestra vergüenza presente.

Que en España se hayan enterrado ciudades de culturas antiguas bajo el crecimiento de las nuevas ha sido una constante histórica. Ha sido así por el proceso urbanístico en general y nos queda la esperanza, en ocasiones, de hallar vestigios de las anteriores. En las últimas décadas se tiene más cuidado y las autoridades toman cartas en el asunto ante las apariciones de restos del pasado. Sirven de información, de reconstrucción de aquellas culturas y formas de vida, también de consolación.

Que hayan quedado bajo las aguas de pantanos pueblos, puentes, iglesias, dólmenes o monumentos de diverso cariz ya es algo más reciente. La política hidrográfica se impuso -no sé si en todos los casos los pantanos se justificaban- trazando demarcaciones de los grandes contenedores de agua que obviaban edificios, obras públicas anteriores o necrópolis.

La sorpresa de muchos españoles al ver las fotografías del importante conjunto megalítico de Guadalperal, en Guadalajara, datado de hace entre cinco y seis mil años, y que ha aflorado con la sequía ha sido mayúsculo. Aunque cada vez se confirma más la importancia de las culturas megalíticas en la península, este conjunto, que algunos comparan con Stonehenge, permanece habitualmente oculto a la mirada y el conocimiento. Pero llegó la sequía pertinaz, que decían en otros tiempos para justificar la política de pantanos a diestro y siniestro. 

Hasta Doñana se seca, aunque ahí hay otros temas: falta de intervención a tiempo y con decisión de las autoridades y delincuencia por el uso de los acuíferos a lo bestia para el regadío clandestino. Dicen.

¿Qué pensarían aquellos pobladores que vivieron en la península hace milenios si vieran que sus obras funerarias, de tamaña envergadura, se hallan habitualmente bajo el agua? 

Así pasa la gloria del mundo, que diría el clásico. Un capítulo más para la reflexión.




lunes, 5 de septiembre de 2022

Mijaíl Serguéyevich, usted hizo lo que pudo o creyó poder hacer

 



El otro día vi un documental diferente sobre Mijaíl Serguéyevich Gorbachov a sus casi noventa años. Adjunto enlace al documental. Estará en vigor en la red hasta el 31 de septiembre. Quien no lo haya visto que lo tenga en cuenta. 

Me ha parecido interesante, aunque Gorbachov no haga grandes revelaciones explícitas ni sobre su tarea como mandatario ni sobre la actualidad de Rusia, aunque siempre hay claves. Ese seguimiento de los realizadores de la película al personaje, en unas jornadas en su casa hace dos años y pico, me parece una idea muy lograda. Gorbachov, siendo un apacible anciano, en parte se comporta como otro viejecito aunque no fuera un viejecito cualquiera. Y es curioso verle en su ámbito, al borde prácticamente del fin de su existencia. 

Este hombre, del que casi no nos acordábamos ya, me ha suscitado una empatía y una ternura que me llevan a pensar y también a emocionarme. Sobre todo cuando se conoce la deriva de la Rusia actual y cómo cunden los desagradecidos, los miserables y los ingratos. Hay un calor especial que solo un hombre de vuelta de la vida y con tanta experiencia a sus espaldas puede transmitir. Es un perdedor que suscitó enemigos irreconciliables. En fin, que cada cual vea el documental y saque sus conclusiones como le plazca. 


https://www.rtve.es/play/videos/documentos-tv/gorbachov/6254803/



viernes, 2 de septiembre de 2022

Potencia

 



Protegido, y acaso purificado, por milenios oceánicos el guerrero no había perdido un ápice de su potencia simbólica. Es Poseidón quien ha velado por él, dijeron los creyentes del mito. Son las oquedades de allá abajo, que saben cuidar a quienes consideran hijos del cielo y de la tierra, comentaron ciertos esotéricos. Es el material broncíneo tan puro de que está hecho, apreciaron los que solo se reconocen en la ciencia y valoran el conocimiento. Cuando una voz proclamó tenuemente que había sido cosa del azar todos los demás asintieron, sin que por ello cesaran en sus particulares interpretaciones. Al despojar al guerrero de la pátina del tiempo sumergido se mostró en su majestuosidad total. Fue entonces cuando comenzaron las discrepancias sobre el significado de la estatua. ¿Se trataba de un guerrero realmente? ¿Acaso de una divinidad? ¿Un héroe? ¿Un atleta? Ah el misterio seductor de las viejas obras que no documentan claramente por sí mismas ni su origen ni su destino. ¿Para evocar qué había sido fabricado este barbado tan detallado como exuberante en su virilidad? ¿Qué espacio público había ocupado o iba a ocupar? La inmersión bajo las aguas, ¿había sido motivada por un naufragio? ¿Fue expulsado de tierra firme por una cultura monoteísta posterior? Los antiguos enigmas se proyectan en el tiempo.

Al escuchar la estatua la polémica latente entre los modernos no pudo por menos que sonreír. Ni siquiera su exposición en un museo revelaba más de lo que habían avanzado, con sus diferencias, los investigadores. Fue aquella niña que deambulaba a su aire por la sala la que sospechó que el hombre de bronce tenía vida. 

La niña, en su juego circundante, advirtió primero que la cabeza del personaje se movía pausadamente. Después, que esbozaba una mueca afectuosa. Más tarde que aquel pulcro tocado de cabellera y barba barba emitía un aroma que no era percibido en el resto de la sala. Incluso tuvo la sensación de que el pecho musculoso y armónico se contraía y se expandía en un ejercicio moderado de respiración. 

Sé quién eres, dijo la niña al barbado. ¿Quién te parece que soy?, replicó él divertido. Eres un hombre de carne y hueso pero para los que te salvaron y te colocaron aquí eres una copia de algo que no saben.

El interlocutor emitió una carcajada recóndita que, no obstante, llegó a la chica. No vas descaminada, niña. Te diré algo que no pienso revelar a los demás. Yo soy el artista que ha hecho esta copia de sí mismo, pero me oculto tras uno de tantos personajes que puedo ser. Porque cualquier persona ansía siempre ser otra persona de la que es. Incluso más perfecta, que sienta más de lo que siente, que disfrute más allá de sus límites.

La niña le escuchaba boquiabierta, sin entender del todo, pero no le interrumpió. Pero ser otro solo es posible a través del juego o del arte o de los relatos que, para el caso, todo es lo mismo. Si yo quiero ser atleta o héroe o dios fabrico un atleta, un héroe, un dios. 

La niña no acababa de comprenderle, porque ignoraba no solo gran parte del mundo de los adultos sino también el de los escultores, y más de los artífices antiguos, pero algo captó. ¿Quieres decir que yo también puedo llegar a ser alguna vez no solo una mujer viva sino cualquier otro personaje de la historia y llegar a convertirme alguna vez en una estatua? Me gustaría. Podría ser, replicó el hombre de bronce, pero para llegar a ser estatua como yo hay que haber vivido mucho y haber sentido las ganas y el placer de la vida. Y haber sabido expresarlo. 

Aprovechando un descuido del vigilante de la sala la niña pellizcó un pie de la estatua. Solo ella percibió una pequeña convulsión en el tobillo del guerrero. Y se asustó.

  



* Bronce de Riace. Expuesto en el Museo Nacional de la Magna Grecia, de Reggio Calabria.