Solía escribir con su dedo grande en el aire
[Poema]
César Vallejo
Solía escribir con su dedo grande en el aire: «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas», de Miranda de Ebro, padre y hombre, marido y hombre, ferroviario y hombre, padre y más hombre. Pedro y sus dos muertes. Papel de viento, lo han matado: ¡pasa! Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa! ¡Abisa a todos compañeros pronto! Palo en el que han colgado su madero, lo han matado; ¡lo han matado al pie de su dedo grande! ¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas! ¡Viban los compañeros a la cabecera de su aire escrito! ¡Viban con esta b del buitre en las entrañas de Pedro y de Rojas, del héroe y del mártir! Registrándole, muerto, sorprendiéronle en su cuerpo un gran cuerpo, para el alma del mundo, y en la chaqueta una cuchara muerta. Pedro también solía comer entre las criaturas de su carne, asear, pintar la mesa y vivir dulcemente en representación de todo el mundo. Y esta cuchara anduvo en su chaqueta, despierto o bien cuando dormía, siempre, cuchara muerta viva, ella y sus símbolos. ¡Abisa a todos compañeros pronto! ¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre! Lo han matado, obligándole a morir a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquel que nació muy niñín, mirando al cielo, y que luego creció, se puso rojo y luchó con sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos. Lo han matado suavemente entre el cabello de su mujer, la Juana Vázquez, a la hora del fuego, al año del balazo y cuando andaba cerca ya de todo. Pedro Rojas, así, después de muerto se levantó, besó su catafalco ensangrentado, lloró por España y volvió a escribir con el dedo en el aire: «¡Viban los compañeros! Pedro Rojas». Su cadáver estaba lleno de mundo. César Vallejo, de su Himno a los voluntarios de la República. Como las palabras de César Vallejo son infinitamente más potentes que las mías he abierto la entrada con su poema. Este poema y Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, de Federico García Lorca, son de los que más me conmueven. Porque un poema tiene que conmover, ya que si no ¿qué clase de poema es? ¿Para qué serviría? ¿Solo para lucir bonitas palabras? Las fotografías que se adjuntan muestran la última excavación que se está realizando de las fosas del Cementerio de El Carmen, de Valladolid, que he visitado recientemente. Cementerio que lleva ya camino de tener dos siglos. Entre 1936 y 1939 la dictadura enterró en una serie de fosas los cuerpos de fusilados y los tapó ignominiosamente. Sin más. Sin dar información a las familias. Ignorándolos para la posteridad de la larga noche de los tiempos y sus secuelas. Tratando a las personas asesinadas como un desecho. Pero las familias nunca olvidaron a los suyos, aunque no supieran. Y generaciones posteriores tomaron el interés y el relevo para recuperar la dignidad de cuantos además de perder la vida fueron infamados durante décadas. Pero aún hay quienes por odio, por mala conciencia heredada o por desprecio no tragan con esta labor. Los restos de las personas que se van encontrando no difieren de los de la multitud de fosas que hay por toda España. La labor de voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica , capitaneados por Julio del Olmo, no tiene precio. No hace mucho tiempo se erigió un Memorial donde figuran los nombres de los ejecutados. Principalmente de todos los pueblos de la provincia, aunque también algunos de otros lugares. Estas piedras eran como hitos clandestinos que los familiares habían colocado hacía décadas en una zona donde sospechaban o sabían que existían fosas. Los excavadores las han colocado ahora a un lado. Cada piedra, y más en los páramos, en las cunetas o en los cementerios, han jugado un papel silencioso. Vigías de la vergüenza profanada. El crimen fue ampliamente cometido en Castilla. Sobre inocentes. |
.jpg)








