martes, 30 de julio de 2019

Naida habla con los muertos




¿De qué te sirve hablar con los muertos? No me cabe duda de que es una imagen muy literaria propia de ti, porque tú de esotérica no tienes nada, digo a Naida. Ella se encara conmigo. Ah, no, no se trata  de una imagen literaria y por supuesto tampoco hago de médium de falsedades. Realmente hablo con varios de los que murieron, aquellos que conocí y que quedaron tiesos de modo infame, según me han contado, en la cola del pan, o atravesando la Mese Selimovica o en el cruce de la Titova para dirigirse al trabajo. A algunos los había conocido de niña, no se merecían desplomarse en medio de la avenida. Todavía cuando veo las imágenes que grabaron las agencias internacionales me estremezco. No es ninguna película. No puedes perder de vista cada paso, cada secuencia, no hay nada de cine en ellas, me siento trasladada al lugar, a la fechoría. No es ningún frente de batalla, ni son profesionales de las armas los que transcurren por las calles. Es el vecino ordinario quien paga el precio de la sinrazón de otros. Y en ese momento me estremezco, y en ese instante hablo a las víctimas. En una de ellas se ve caer y ser conducido agónico en un coche al señor Zlatan. No era de ninguna religión, ni había sido partidario de ninguna casta ni facción política. Para él vivir era hacer favores y cumplir con su trabajo, le daba igual quién se relacionara con él. Nunca hizo diferencias ni trato especial por orígenes o ideas. Naida calla, luego deja flotando un suspiro. Te veo muy marcada por el pasado, le comento. Es inevitable, afirma, creo que todo el mundo lo está, en primera o segunda generación. No sé si todos perdieron en aquella contienda organizada, pero creo que unos perdieron más que otros. Oigo con frecuencia la palabra revancha. Desde distintos ángulos. Me repugna. Sería como no haber aprendido nada. La gente no olvida. Los más aplastados olvidan menos. Si hubiera un gesto colectivo, auspiciado, que reconociera lo que aconteció, y cómo y por qué, sería un alivio. Ya ves, y me mira con cierto desconsuelo, hoy no es el fantasma del derviche entre las brumas o las cornejas pacíficas del Miljacka lo que me hace transmitir bienestar. Hoy mis vibraciones son otras, confiesa con un tono apagado. Más negras. ¿Qué podría responderla?



(Fotografía de Inés González)


domingo, 28 de julio de 2019

Las cornejas del Miljacka




Mira qué juguetonas están las cornejas, exclama Naida tirando de mí. Hay testigos que aseguran que nunca se fueron ni en los peores trances vividos en este valle. El oscuro Miljacka se tiñe hoy a plateado. Estas aves tan curiosas como domésticas son más de aquí que nosotros. No te fíes, la contesto con irónica intención, tal vez las trajeron los vecinos del sur. Qué importa con quiénes llegaran, salta Naida con carácter, y además ¿por qué no iban a venir solas? ¿Quién te dice que no estaban ya antes de fundarse la ciudad? Podrían perfectamente ser ellas las que sugirieron el lugar a los primeros pobladores, ríe Naida. Además, que hubieran acompañado a turcos o a eslavos, ¿importa mucho? A mí me transmiten la paz que nunca hubo de modo definitivo entre nosotros. Cuando pienso en lo padecido en esta ciudad hace unos años me siento en un banco y las contemplo. Te lo creerás o no, pero hablo con ellas. Naida siempre me sorprende y he llegado a la conclusión de que no solo son metáforas lo que revela. Hablo con ellas, prosigue, como a veces hablo con los muertos. Es una manera de no olvidar pero también una exigencia de evitar el odio. ¿Sabes por qué? Ni idea, le respondo. Porque tanto los muertos como las cornejas son intermediarios entre los hombres y las familias de unas y otras creencias. Si todos escuchasen lo que tienen que decir guiarían sus reflexiones por otro camino más constructivo. Y acaso la calma aparente de hoy podría llegar a ser definitiva. Es inevitable dejarse seducir por ese lenguaje literario de Naida. Yo insisto en traerla al lado racional de la realidad. No es fácil lograr una paz fiable y definitiva, la memoria sigue siendo onerosa y los intereses en juego se han vuelto ambiciosos y divide a todos de manera desigual, matizo. Naida habla absorta y lenta en su mirada sobre el río. Sin duda, eso es lo que me lleva a considerar que si volvieran los malos tiempos optaría por convertirme en corneja. 



(Fotografía de Inés González)


viernes, 26 de julio de 2019

¿Nos devolverán los vales?





Te los daban por disciplina y urbanidad. Por buen comportamiento y atención en clase. Por puntualidad y colaboración. Por rigor piadoso y ferviente. Los vales los guardabas en una hucha siempre ubicada dentro del pupitre, cual bitcoins de la infancia escolar. Cuando se tenía un número determinado -el valor y la cifra siempre han sido una característica del mercado más primario- se nos concedía un premio. Ojo, si te portabas mal, si aparecías hecho un trazas, si te pegabas con un compañero, si tu actitud pía se relajaba, si decías palabrotas, si no dejabas de hurgarte en las narices y hacer bolitas, con la variante añadida de tirárselas a otros, si incordiabas al colega de al lado o hacías dibujos sarcásticos y procaces (era lo mío), si la atención mermaba...entonces tenías que devolver los vales. Era un toma y daca. ¿Cuántos llegué a poseer y cuántos perdí en la vorágine de aquel sucedáneo del Mercado de Valores? No sé, la memoria ya no guarda registro de esta clase de minucias.

Moraleja uno. Los vales que habíamos repartido entre los señores/as diputados/as (ag, qué repelente este / políticamente correcto) para que efectuaran su trabajo pero que tienen empantanado el llamado poder legislativo y en gran medida el ejecutivo, ¿no piensan devolvérnoslos? 

Moraleja dos. Qué citas bíblicas tan estupendas. Vienen para la situación que ni a pelo. Es lo que tiene guardar recuerdos seculares. Buenas noches. Me voy a que el sueño de verdad me despeje del sueño de mentira. ¿O es al revés?


jueves, 25 de julio de 2019

Españoles todos: ¡Maaambo!




Era yo muy niño cuando ponían de continuo en la radio música de mambos. También hablaban del rey del mambo, que no he sabido nunca si era Pérez Prado u otro, o cualquiera que se apuntara con tenaz instrumentación a aquel ritmo repetitivo y ruidoso. Como si de ruleta de casino se tratase uno de los mambos se titulaba el Número 8, porque las trompetas se detenían un instante y se cantaban los siete dígitos anteriores hasta el octavo en que se producía el estallido vocal. Arrastrando al auditorio, por supuesto. ¿Hemos llegado ahora en la política de la gobernación española a cantar un mambo incierto? Ciertos profesionales de la política, ¿se creían antes de tiempo reyes del mambo que, como en un bingo, iban a cantar la bola ganadora? En lugar de tocar la composición con prudencia, entendimiento y generosidad mutua, ¿por qué han preferido tirarse las trompetas y las percusiones a la cabeza? Todos estos que querían hacernos bailar al compás de sus sones, ¿acaso son verdaderos músicos o apenas unos aprendices desafinados con distintos tonos y ritmos melódicos? Claro que el resto de los aspirantes al mambo -dispuestos a montar una orquestina del antiguo régimen a tres voces celestiales- no son precisamente mejores, ni en el sentido racional ni en el político ni en el ético. Solamente escuchar sus soeces y despreciativas opiniones sobre políticos contrarios da asco. Pero ahí los tienen, a los de la Santísima Trinidad: frotándose las manos atentos y velando armas ante la oportunidad de reconquistar el poder en las posibles próximas elecciones.

Mal, muy mal. Mal los que iban a asaltar los cielos y ahora quieren condenar a los españoles a los infiernos, por una parte, y mal los eternos salvadores de las esencias patrias, radicalizados en su extremismo, por otra. Añadan al menú el condimento de los supremacistas catalanes que, obcecados por inventarse su propio Estado, han conseguido desequilibrarnos a los demás. La carencia de sentido de Estado en gran parte de las formaciones políticas es abrumadora.  ¿No se dan cuenta cómo está el panorama internacional, que no es precisamente de broma? ¿Por qué nos perseguirá el malditismo de los taifas?

De momento creo que está siendo demasiado para nuestro cuerpo, el de cada uno y el colectivo al que pertenecemos nos guste o no. Y luego quieren que creamos en la política. Naturalmente, los ciudadanos que se rigen por los principios de fidelidad inquebrantable a los suyos, aunque estos se conviertan en monstruos, siempre lo tienen claro. Pero los demás, ¿qué haremos? ¿Qué debemos hacer? Por favor, que no nos vendan ni prometan nada. Que suene el maaaambo!!!.




martes, 23 de julio de 2019

Desayuno con Kant (Sapere aude!)




He desayunado con Inmanuel esta mañana y cuando hemos hablado de las oscuridades que aún nos rodean, e incluso que crecen con nuevos disfraces, me ha dicho, casi cual vulgar Perogrullo, que son nuevamente necesarias las luces que alumbren el camino pero sobre todo el corazón de los hombres. Luces que nunca han dejado de ser necesarias, útiles y  transformadoras. Y ha sido muy preciso al respecto: "La Ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la Ilustración".

Ah, así que la clave es decidir interiormente como nuestro propio conocimiento nos guíe. Atrevernos a conocer, a hacer uso del razonamiento, a investigar las causas, a llegar a conclusiones por nosotros mismos. Por supuesto que enseguida se me ha dibujado el panorama de nuestro tiempo, en que una parte de la humanidad concede patente de certeza a lo que no es sino mentira e invención interesada de otros. Esas herramientas ¿o armas? tan utilizadas por quienes no solo quieren que sigamos sumidos en la ignorancia, sino que además retrocedamos en una serie de objetivos conseguidos y que hoy están puestos en cuestión por ciertos poderes de turno. Ya le he dicho a Inmanuel: me asaltan las dudas. ¿Cómo es posible que con el desarrollo técnico avanzado que nos ha proporcionado un conocimiento superior, como nunca antes se había alcanzado, haya tantas resistencias en el interior de los individuos mismos y en sus sociedades? ¿Hasta qué punto las conquistas en materia científica y su aplicación a los cuerpos, por ejemplo, no logran arrastrar la conquista de la libertad interior, del acuerdo entre humanos, del respeto al pensamiento razonado y a la tolerancia en la exposición de las ideas, y en definitiva a la erradicación de la violencia? 

Inmanuel, que está curtido en las lides de las limitaciones humanas, me ha sonreído, como si no quisiera agriar mi café, y solo me ha contestado mientras dábamos buena cuenta del reconfortante frühstück: Pregúntate y da un paso para hallar respuestas. Ignora lo primero que te digan y verifica no solo la intención sino la manera como se propone un discurso. Vacía las palabras porque su uso siempre tiene origen y destinatario, luego intención. No sigas la corriente que otros propician, sino descubre el clamor de tu propio curso. Inmanuel ha untado su panecillo. Yo me quedo mirándole. Ya sé qué piensas, me dice con la boca llena: que en principio no tienes siquiera por qué creerme a mí. No, no digas, nada. Convéncete siempre por ti mismo.

¿Me atreveré a pensar sin intermediarios? (Suponiendo que eso sea posible) 



(Fotografía de Jack Birns)

domingo, 21 de julio de 2019

Naida entre la nieve




No se sabe bien si la noche es blanca o es negra. En cualquier caso es opaca. Dar un paso afuera es arriesgarse a que los colores más definidos, da igual si son opuestos, hayan borrado los caminos. ¿Existirían en otro tiempo las lindes y por lo tanto las alambradas? pregunta Naida, creo que por preguntar algo. Cuando uno interroga en medio del vacío es como si tomara la ofensiva contra el miedo, se muestre este bajo forma de lo desconocido o erigido en pauta de silencio. Los linderos son muy antiguos, respondo por dejarme llevar. ¿Cómo de antiguos?, dice. Tan antiguos como poseer un territorio y no compartirlo con nadie más, se me ocurre. Entonces tenía razón mi abuelo, que vivía en el valle que hay más arriba de Travnik, cuando decía que los hombres se peleaban por la ocupación de los pastos, y con el vaho de sus palabras Naida dibuja sombras dentro del coche. Los hombres han disputado por todo, no hay asunto que esté libre de conflicto ni bien que no sea una obsesión poseer, y yo trazo siluetas con mi aliento. Sé que Naida me está mirando en la oscuridad. Noto su voz cosquilleando mi oreja. Hay un espacio donde los cercados no existen, ¿sabes cuál?, murmura. Pero yo no digo nada. No quiero en ese momento que se levante valla alguna entre nosotros.   




(Fotografía de Inés González Soria)


sábado, 20 de julio de 2019

Circus. Pasen y vean




El parecido es tan asombroso que ya no sabe uno si mirar al juguete mecánico con simpatía. En fin, voy a dar cuerda al boy mechanicus y escuchar el sonido diligente de su campanilla mientras se desplaza pasito a pasito como buen anunciante del espectáculo. Pues eso, pasen y vean. Olvídense por un momento de las semejanzas y del show que recorre el mundo, Celtiberia incluida.




jueves, 18 de julio de 2019

Una fecha marcadora





A los que vivieron aquello, les marcó.
A los que somos hijos o nietos de los que lo vivieron, nos marcó.
En realidad, aquellos personajillos nefastos que conspiraron contra la legalidad constitucional, provocaron la guerra y destruyeron al país y a sus habitantes, estuvieron marcando durante décadas a las generaciones sucesivas.
Aún hoy algunos, ochenta y tres años después, se sienten herederos de los bárbaros y tras sus nostalgias quisieran...¿volver a las andadas?

Adjunto un artículo, sobre todo para aquellos que creyeron que Valladolid había sido en el pasado el tópico injusto de "Fachadolid". Léase, léase hasta el final, o sobre todo la relación nominal del final. 

http://ultimocero.com/destacada/2019/07/18/los-crimenes-politicos-valladolid-1936/

En las fosas comunes excavadas hasta ahora en el viejo Cementerio de El Carmen han sido encontrados 247 individuos. Sin duda se hallarán más en sucesivas excavaciones. Allí mismo está en marcha la construcción de un Memorial donde se enterrarían dos mil quinientas personas, citando sus nombres y apellidos.

NB. Si a alguien no le gusta esta entrada, lo siento. Solo pretende ser una breve cuña de algo que sucedió. El respeto a la memoria lo pide. No se pretende revancha alguna, sino que a algunos nos gusta llamar "al pan, pan, y al vino, vino". Es decir, saber el máximo posible de la verdad y exigir reconocimiento y justicia. Que cada cual saque sus conclusiones.










Hoy me encuentro esta entrada del escritor pamplonés Miguel Sánchez-Ostiz:

https://vivirdebuenagana.wordpress.com/2019/07/19/19-julio-de-1936-en-pamplona/


Y otro artículo del historiador zaragozano Julián Casanova:


https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2019/07/18/18_julio_97032_1023.html




martes, 16 de julio de 2019

Bozo Vreco, bosnio y enigmático




Aquel atardecer invernal de oscuridad y nieve, de vuelta de Zivinice a Sarajevo, nos perdimos. Los mapas, o las señalizaciones, no sé, nos hicieron dudar y la ventisca confundía nuestra vista. Paramos junto a un hotel abandonado. Si tenemos que pasar la noche, mejor será que aparquemos aquí. Los elementos naturales también nos protegen de los hombres, dijo Naida. Puestos a desatarse, ¿crees que los fenómenos naturales son más peligrosos que la violencia de los hombres?, repliqué. Naida me miró con ojos desconfiados. De sobra sabes que yo he visto bastante. Y te puedo decir que la tierra engendra cataclismos porque es su instinto. Pero los hombres son sus malos hijos, yo diría que porque son efecto del propio cataclismo que ellos producen. Entonces, tercié, deduzco que compartimos con la naturaleza la misma fuerza instintiva y desordenada. Y uno no sabe si las cosas podrán ser alguna vez de otra manera. Creo que en ese momento Naida tembló, lo noté al sujetar su mano gélida. Hizo recabar mi atención. ¿Ves aquella difusa figura humana que salpica la nieve y que se mueve como si danzara? ¿Es un derviche o lo estoy soñando? Bajamos un poco la ventanilla y nos llegó el tono de una antigua canción, que yo no entendí. Maldita sea, masculló la mujer. Hasta de las sombras de la nieve tiene que emerger una canción fúnebre. Y, sin embargo, es tan bella.






"Justo antes del Eid (*) Lejlija, el único hijo de la madre , cayó enfermo. 
Sufrió, gimió, lamentó y dictó: 
¡Oh, mamá, si me muero, pónme mis pantalones elegantes!
¡Desenrolla mi pelo largo, y deja que se deslice sobre mi cara! 
Diles a los muchachos que me agarren y me levanten, y que canten esa canción 
Canto de largos días de inquietud, mientras me mantengo a salvo. 
Como una novia, lávame en albahaca, porque me llevan a un largo viaje...
Madre querida, me llevan lejos en sus manos..." 



* (al final del Ramadán, Fiesta islámica de la ruptura del ayuno)


sábado, 13 de julio de 2019

Naxos frente al océano



"Y tú, pensamiento mío, solo
vital para mis días,
causa directa de infinitas ansias,
conmigo morirás cuando me apague".

Giacomo Leopardi, poema El pensamiento dominante.




¿Qué tiene la noche oscura que es pródiga en palabras desbocadas? Naxos, que tanto conoce el océano desde dentro quiere escucharlo a través de las inquietudes más profundas que agitan al hombre. Esta vez ha elegido un promontorio que parece flotar entre el mar y la ciudad. No estando ni en un lugar ni en otro pienso mejor, se dice a sí mismo. Y eso me hace libre. ¿No es el pensamiento el camino activo para liberarse, aunque contenga también riesgos? El pasado y el presente se presentan ante él en un combate sigiloso pero tenaz. Lo que perdió y lo que encuentra ahora echan un pulso cuyo resultado será un futuro que teme. La oscuridad que le rodea es un ámbito en el que se siente a gusto. Los hombres, como la noche o como lo desconocido, siempre tenemos un lado oscuro. ¿Cuál es el mío?, se pregunta. ¿El que pertenece a lo que dejé atrás o el que se oculta a los ojos de los demás? ¿Cómo puedo manifestar ante esta gente que también tengo miedo? Mis aptitudes se limitaban hace tiempo a obedecer órdenes y dejarme llevar por navegaciones y hazañas que decidía Odiseo. ¿Podría con ese bagaje dirigir los pasos de gente derrotada y que renace lentamente? No tengo condición de auriga ni materia de héroe, pero las circunstancias me vienen forzando a conducir la ciudad para que salga del infortunio. Naxos no abandona la mirada ciega sobre el mar oculto. ¿Qué sentido tiene contemplar lo que no se ve? Pero a través de la melodía del oleaje adivina los territorios de un horizonte desaparecido. Naxos se divierte tratando de capturar los brillos que salpican las aguas. Todo cuanto he visto en mis navegaciones, se dice a sí mismo, son bagatelas al lado de lo que se agita en este anclaje mío en la ciudad hospitalaria. Las secuelas de lo padecido por la ciudad no parecen tener fin. Si a lo que quedó destruido se le añade la enfermedad y las carencias, ¿qué posibilidad tendremos de sobrevivir en el mismo lugar? Si no reaccionamos con inteligencia, conociendo con claridad los recursos de los que disponemos y valorando de modo certero nuestras capacidades, ¿qué nos quedaría? ¿Convertirnos en emigrantes que allá donde llegásemos seríamos considerados de grado inferior? Ya hay quien piensa que lo que queda de la ciudad puede derivar hacia su lenta liquidación, y que es mejor renunciar a esfuerzos, que lo importante es salvar las vidas y las costumbres. Puede que en otros lugares las primeras nos fueran respetadas, aunque al precio de ser rebajadas, y las costumbres ¿cómo podrían sobrevivir en un nuevo territorio que tendrá conductas y leyes propias? No hablo por mí. Yo me he hecho fácilmente a los cambios, pero a toda esta gente, ¿qué clase de supervivencia le espera si se ven obligadas a abdicar de su pasado físico? 

Secuestrado por su diálogo íntimo, el joven apenas oye que una voz se suma a la armonía de la noche. Naxos, no te tortures más de lo que puedan culparse los de la ciudad. Ellos saben que tú eres el hacedor de que no hayan sucumbido del todo a sus desgracias. Esperan de ti más de lo que puedes darles probablemente. Pero lo importante es que les traslades que ellos deben ser hacedores como un solo hombre. Entonces Naxos cree reconocer en aquella pronunciación cadenciosa, firme pero amable, a la adivina de la que todos hablan pero nadie ve. 




(Fotografía de Herbert List)


jueves, 11 de julio de 2019

El ave del paraíso anidará en nuestra memoria







"Como un extraño llegué
y como un extraño me marcho.
Mayo me agasajó
con ramos de flores".

Viaje de invierno, Winterreise. Wilhelm Müller.



¿Desde cuándo eras un ave saltando entre el ramaje? ¿En qué momento fueron tus primeros picoteos al paisaje? ¿Desde los lejanos trazos de dibujo divertidos y ya perfectos, allá en tu niñez? Mirada tenaz que iba a exigirte que la compensases. No sé si lo habrás olvidado, pero mi madre se quedaba estupefacta cuando dibujabas sobre la mesa de la cocina aquellos zapatitos de tacón. ¿Cómo no acordarme de que toda una zapatería completa brotó de tu pulso, de tu lápiz, que es tanto como decir de tu capacidad de observación? Qué pintora vas a salir, te decía la Antonia, y ya sabes que era sincera -sus aspavientos manifestaban asombro, que no apariencia- y siempre te estimulaba para que siguieras dibujando.

Y aquella niña dibujante acabó en lo que que acabó, en el oficio voluntarioso y superador -yo creo que incluso perfeccionista y siempre indagador- que tuviste ya de mayor para toda tu vida. Pintar, esculpir, preparar escenografías...O ver cine y teatro en abundancia. Por cierto, ¿te has reencontrado por fin con Alan Ladd, tu rubio actor favorito de adolescencia -tal vez tu secreto amor de entonces- que te tenía embelesada? Toda tu vida interior ha estado siempre volando con los recursos que adoptaste, a costa a veces de tu salud. Pero ¿para qué sirve la salud si no es para disfrutar la creatividad, si no se hace aquello que tiene significado y proporciona goce, y a través de lo cual se obtienen respuestas, siquiera parciales? Sí, ya sé, unas respuestas te obligan a nuevas preguntas en una cinta sin fin. Aun sabiendo que tal recorrido jamás acabará de explicarnos el accidente casual de la existencia.

Escribo desde una tarde calurosa, imaginando que lo hago desde la vieja galería de ventanas levadizas de nuestras casas respectivas y que en verano no se cerraban. Cuando el sol va perdiendo fuerza, imaginando que las chicas bajáis al patio a jugar y yo os miro. A veces me dejaban bajar también, aunque era más pequeño que vosotras, y ahora que lo pienso, ¿que me incitaba a ser un trasto? ¿Por qué aquel impulso a tirar alguno de vuestros zapatos al pozo o levantaros las faldas? ¿Simplemente para recabar más vuestra atención, que ya la tenía asegurada? Pero vosotras, grititos y sustos aparte, erais bondadosas conmigo. ¿Porque era el niño de la vecindad? Siempre me sentí querido y no sé si por ello me haría más insoportable. Dentro de un rato nuestras familias se pondrán a preparar la cena. Pondrán al relente el botijo o una botella de agua del grifo envuelta en trapos húmedos. El ambiente olerá a huevos fritos, a tortilla francesa, a chicharro frito. Sonarán las radios, se escuchará el rumor de las conversaciones, nos asomaremos al balcón y nuestros padres echarán un parloteo amistoso. Afectuoso. Luego callará el día.

Para mí siempre serás un pájaro que volabas alto, contemplando el mundo desde otra dimensión. Un pájaro sencillo con carta de naturaleza de ave del paraíso. Porque, ¿son las alturas o es la horizontalidad lo que da el sentido de la perspectiva, que tú conocías tan bien, y que luego hay que descubrirla en la vida? Tal vez ambas. De nuestra infancia hemos hablado siempre que nos encontrábamos, incluso con tu hermana de por medio. Un tema recurrente, agradable, nostálgico. Para mí hoy más melancólico que nunca. Pero también nos has hablado de tus avances y experiencias con el oficio y por supuesto, cómo no, de la vida de tu familia, o de los trabajos actorales de tu compañero y de tu hija, o la llegada de los nietos. Ellos, la expectación. No había ocasión en estos últimos años en que no nos hubieras puesto al día de todo ello con un ardor y una satisfacción como a pocas personas he escuchado hablar en esta vida. Y con ese rostro sonriente con que nos recibías o con las risas con que acompañabas las conversaciones. No es poco.

Invoco salud, reconocimiento y memoria para ti entre quienes aún seguimos sobrevolando el paisaje humano y los tiempos que nos tocan vivir. Buscando la sustancia de los días.




En memoria de Mery Maroto, pintora, escultora, escenógrafa...,
fallecida  ayer diez de julio,
pero para mí sobre todo vecina y amiga de toda la vida.

Te dejo esta interpretación enorme de Winterreise; te hubiera gustado.










(En la fotografía, la artista posa junto a una escultura de Bernardí Roig. Los otros dos trabajos son de Mery Maroto)



domingo, 7 de julio de 2019

Naxos y el mal oscuro




"Lo tendió encima y con el cuchillo le extrajo del muslo
el agudo dardo, rodeado de asta de pino. La oscura sangre
le lavó con agua tibia y luego le aplicó una amarga raíz,
previamente machacada a mano, aletargadora del dolor, que todos
sus sufrimientos calmó. La úlcera se secó y cesó la hemorragia".

Homero, Ilíada. Canto XI, 844.



Se han desatado voces de alarma por la ciudad. Tenía que pasarnos ahora esto, dice el clamor más repetido. ¿A quién hemos injuriado para que se cebe en nosotros el mal oscuro? se escucha de puerta en puerta. Ya perdimos bastantes vidas cuando la ocupación bárbara. ¿Por qué esta nueva desgracia? 

Han venido a verme algunos vecinos. Entre ellos Sciros, el cautivo retornado, Bahram, el joven arquitecto que se ha asentado entre nosotros, y el loco, Alónnisos. Los acompaña Thera, que no suele abandonar fácilmente el alfar, salvo por causa que considere grave. Me gusta su capacidad de reacción. Y su presencia me estimula. Venimos a hablar contigo sobre las preocupaciones de la gente, dice. No veo exasperación en el tono de sus palabras. Difícil no haber oído las cosas que se están diciendo, pero vosotros ¿no estáis intranquilos? Sciros está curtido en padecimientos y su capacidad de control es evidente. ¿De qué nos serviría? Además no es la primera vez que una enfermedad toca a algunas familias. ¿A qué nos llevaría poner la voz en grito? ¿No es mejor considerar el problema y ver cómo lo podemos afrontar? Si no es la primera vez que ocurre, algo habréis aprendido de otras ocasiones, les planteo. Y así es, pero hay que detener como sea el coro de lamentaciones que, en parte, están promovidas por quienes nunca aceptan cambiar lo que no funciona en la administración de la ciudad. Que las condiciones higiénicas siguen siendo deficientes es un hecho innegable. El arquitecto interviene. No hay mejor salida que revisar las obras públicas, regenerarlas, mejorar la traída de aguas, modernizar las canalizaciones. Pero es una acción a largo plazo, y antes que nada hay que salir de esta. Thera avisa. Esos de los que habla Sciros, que siempre tratan de influir para que la ciudad esté sometida a su control, ya andan diciendo que hay que buscar a los iatromantes, como la otra vez. Que sus dotes de adivinación podrán dominar al mal y que sus magias cortarán el avance de casa en casa. Pero ¿cómo? ¿Con hechizos y trances que pueden impresionar a los niños pero que ya vimos antes que no nos sirvieron? Me quedo pensando; todos me observan como si yo, que siempre seré un advenedizo, pudiera tener la solución. Al fin hablo, más por evitar que la inquietud se cebe en ellos que porque se me ocurra algo decisivo. Deberíamos primero saber en qué zonas de la ciudad ha prendido más la enfermedad. Y si es posible conocer de manera más precisa a qué casas les ha tocado y cuáles se han librado. Luego deberemos informarnos qué comida han ingerido, de qué aguas han bebido, y si los animales están afectados como ellos. No estaría de más preguntar si han observado más ratas y cuántos han sido mordidos por ellas. Tampoco estaría mal indagar sobre aquellos que se han estado solazando con escasas precauciones, dice el loco con sarcasmo. A punto hemos estado todos de echarnos a reír. Thera es insistente. Unos pedirán buscar a curanderos y otros recurrir al oráculo, pero los primeros no van a hacer nada que no hagamos cualquiera de nosotros en asunto de cuidados y, en mi opinión, la pitonisa no está desde hace tiempo por profetizar nada. El grupo asiente lo que dice Thera, pero parece buscar algo más. Vuelven sus ojos a mí. Nuestro objetivo, propongo, es detener el pánico. Desbaratar a los que propagan falsas informaciones sobre la extensión del mal y que hablan de contagio allí donde tal vez solo se trata de situaciones casuales, muy concretas, sin que tengan que ver unas con otras. Deberíais buscar a un hombre sabio que vive en el extremo de la isla vieja, plantea Alónnisos. De él se dice que tiene experiencia en curar heridas de dardos y tratar males ocultos en lo más profundo de los cuerpos. No es un hombre entregado como otros a rituales y encantamientos, sino a la observación. No invoca ni a dioses ni a mediadores ficticios. No cree en las enfermedades sagradas, idea nefasta que defienden los charlatanes, y afirma que nadie se tiene merecido el mal. Eso sí, dicen que suele hacer muchas preguntas, que se interesa por las conductas de vida y por los alimentos que come la gente, que explora con la mirada atenta y con sus manos todo el cuerpo, no solo la parte aquella de la que un enfermo se queja. Se ayuda además, según para qué males, de instrumentos que ayudan a abrir la carne. Y procura evitar el dolor, y cicatriza la herida con recursos de su propia invención. Y por si fuera poco, enseña sus artes, que él llama físicas, a quien muestra interés y habilidad. Cuando alguien le echa en cara que tiene una conducta impía al despreciar a los sanadores tradicionales que dicen obrar conforme a las indicaciones de Apolo él responde: ¿Acaso no se curaban nuestros héroes entre sí y no les molestaba a los dioses? Anécdotas de esta clase se cuentan de este hombre sabio y bondadoso. Pedid que vayan lo antes posible a buscarlo, no está tan lejos. Tal vez sea parte de la solución para este momento. Y quién sabe si no será una baza favorable para nosotros si le convencemos de que se quede a vivir en la ciudad.

Todos permanecemos asombrados ante las palabras de Alónnisos. ¿Quién podría prescindir de nuestro orate si lo que propone resulta ser lo más práctico para todos nosotros?





(Fotografía de Herbert List)


viernes, 5 de julio de 2019

Los yunteros de Extremadura. Documental de 1936




Suspiros terribles de España, de otro tiempo. Aunque colean ciertas secuelas. Palabras precisas. Dicción clara. Guión exacto. Eso es relatar Historia. Sin demagogias ni retóricas ni engaños. ¿Qué obra supera a esta obra documental de su tiempo? Para no olvidar lo vivido. Para no dejarse arrastrar por las palabras vanas. Para que no quede nunca oculta la verdad de la vida de los hombres. Para que hoy sepan las nuevas generaciones lo que fuimos.






jueves, 4 de julio de 2019

Ay, las aventuras de Tintín, que me las están cambiando






Parece que el negocio Tintín sigue buscando nuevos mercados. De ahí que se editen las aventuras del chico en lenguas minoritarias. Dicen que las últimas son en aranés, dialecto del Valle de Arán, y en castúo, dialecto tradicional de Extremadura. Nada que objetar a que la editorial se monte su negocio. Nada que objetar tampoco a que se edite a Tintin en lenguas minoritarias o de vecindad. Pero que se modifiquen nombres de personajes o detalles de escenas me parece un poco del género bobo. Leo que en la edición en aranés se cambian expresiones, tales como señala esta cita: “Los inspectores Dupond y Dupont, por ejemplo, aparecen en la versión aranesa como Bertranet y Bertranon, que son los oicónimos de dos casas que existen en la zona. Otra adaptación es el brindis por los novios Haddock y Castafiore que, en lugar de con champán, se hace con aigua de nòdes, un licor muy popular en el Val d’Aran”. ¿Por qué esta medida reduccionista, de adaptación antiliteraria, que suena a rancio provincianismo? ¿Quién la demanda? ¿A cambio de qué se dan estas concesiones de la editorial? Para condescender ¿con quién, con qué, para qué? ¿Con la moda identitaria? Pero si lo bonito de leer un libro o un cómic es precisamente trasladarse con todo detalle proporcionado por el autor a los escenarios que este traza. ¿Podría leer yo igual "El corazón de las tinieblas" de Conrad, o "Cien años de soledad", de García Márquez" si los textos se reformaran en función de la región donde habito, cambiando los bosques y arbolados exuberantes de la novela original por la flora de la Meseta, por ejemplo? No quiero ni imaginar semejante osadía. Precisamente uno lee -y siempre lo hemos hecho de ese modo y con esa intención- para trasladarnos a marcos de vida y territorios donde dominen otras faunas, otras selvas, otras ciudades, otros personajes. Eso ha sido siempre lo atractivo y lo que nos permitía descubrir. Nosotros íbamos y seguimos yendo a donde el argumento de un libro se desarrolla. Eso potencia nuestra imaginación y fantasía, nos torna soñadores y vivimos durante el tiempo de la lectura en otro paisaje y con otro paisanaje. Pero, en fin, no sé si es que a la postre la gente traga con todo. ¿Traga con todo? Los niños, ¿deben tragar con todo? Si es así qué empobrecidos lectores traerán los años venideros.


https://elpais.com/cultura/2019/07/03/actualidad/1562184064_298500.html





miércoles, 3 de julio de 2019

Aforismo sobre aforismo (Cioran)




Curioso aforismo que me encuentro tras el café de la mañana. "En cuanto empezamos a envejecer, en lugar de afligirnos, deberíamos invocar el derecho a dejar de ser nosotros mismos". Lo dice Cioran en su libro Ese maldito yo. Y salto como un resorte (o impulsado por mi resorte resistente) ¿Acaso el ejercicio natural de afligirnos no es en sí mismo una invocación? ¿No se anticipan los estados de ánimo y ese desatarse las emociones al pensamiento que construimos con palabras? ¿No vamos dejando de ser a medida que envejecemos? ¿No es el envejecimiento otra cosa sino el desbocamiento de la fiera -con su consiguiente atropello de nosotros mismos- que pierde su energía a través de variadas manifestaciones que ya no controlamos? Ay, debe ser por ello que envejecer es también evocar lo perdido. Reivindico el derecho a la aflicción. Sería del género bobo no reconocer que envejecer es hundirnos en nuestra lenta y paulatina (en muchos casos rápida y urgente) disolución.



martes, 2 de julio de 2019

¿Os importa si sigo jugando? Otro viñetista despedido





Leo que Michael de Adder, viñetista del grupo periodístico canadiense Brunswick News, ha sido despedido por publicar una viñeta satírica sobre Trump. Ante los cadáveres de padre e hijo inmigrantes que perecieron ahogados en la frontera hace unos días -la fotografía de la tragedia corrió por todos los medios- el ínclito personaje pregunta a los muertos: ¿Os importa si sigo jugando? Una censura más. ¿Y van? Si se persigue el humor, por muy negro que sea, se persigue la vida. Que puede ser más negra todavía. Los que no se duelen de la desgracia humana ponen luego el grito en el cielo si un viñetista ejercita su crítica. Saquen, saquemos, conclusiones.


https://www.cbc.ca/news/canada/new-brunswick/cartoonist-fired-nb-newspapers-trump-cartoon-1.5196179


(La fotografía de Michael de Adder es de Mairin Prentiss/CBC) 


lunes, 1 de julio de 2019

La palabra arde (maltratada en las ondas)




Son las seis menos cinco y pongo las noticias en una emisora de radio. Hablan de incendios y de hectáreas consumidas por las llamas. Un corresponsal de provincias -aunque es de Madrid- inicia la información: "Los profesionales de la extinción del fuego...". Siete palabras para decir lo que con mayor precisión y justo uso del lenguaje se habría dicho simplemente con dos: "Los bomberos..." Como habla cualquier vecino. Cosa de corresponsales, me digo. Pero, ¿por qué el empeño de introducir mala retórica donde solo se trata de contar y como mucho explicar algo de lo que ha acontecido?

No, no me acuesto de nuevo, prefiero apagar mis propios incendios personales encarando despierto el día. Aún sigo rumiando la conexión a las ondas. Algunos autodenominados informadores se empeñan en propagar la quema de la palabra a lo tonto. Cualquier día oiremos una información análoga dicha de esta manera: "Los miembros del Corpo Nazionale de los Vigili del Fuoco españoles..." Como intercambio lingüístico sería loable, pero...

Mejor me voy a visitar a Octavio. Hace tiempo que no lo hago. Poetizó buenos consejos:

"...Alguien escribe en mí, mueve mi mano, 
escoge una palabra, se detiene,
duda entre el mar azul y el monte verde.
Con un ardor helado
contempla lo que escribo.
Todo lo quema, fuego justiciero".

Viene en su obra poética Libertad bajo palabra.



sábado, 29 de junio de 2019

Capitana Carola Rackete: salva a personas y sé detenida




Carola Rackete, capitana del buque de Sea Watch, ha sido detenida tras salvar a cuarenta y dos náufragos en el Mediterráneo. Una vez más se enfrentan dos conceptos de entender Europa, la Humanidad, el Individuo. Y así mismo los valores que creímos descubrir un día: la solidaridad, el acogimiento, el desarrollo, la libertad. Sé que soy ingenuo. Nunca los valores han sido de todos. Mientras unos los iban disfrutando, otros los desconocían y, encima, eran explotados por los primeros. Pero hombre, ¿no queremos ser una nueva Europa? En fin, que el Mare Nostrum -hoy en versión italiana-  se ha vuelto muy poco amable para los que no van en viaje turístico de crucero. La pregunta del millón: ¿dónde se encuentran hoy día los bárbaros? Capitana Carola Rackete, eres una mujer con dos ovarios, es decir admirable.






(Vídeo tomado de La Vanguardia)


viernes, 28 de junio de 2019

Leyendo al Arcipreste me olvido de la canícula




Sé de un otro modo de pasar los calores, las calorinas y los acaloramientos de estos días. Los del clima natural y los de la climatología política, sean peninsulares o mundiales. No propongo piscinas ni playas ni fuentes ni helados ni refrescos. Ése es un terreno que me resulta incompleto, pero allá el personal. Ese otro modo de pasar la canícula es sentarse, olvidarse de las cuitas y disputas, y leer. Percibir lo grato, que no solo es placer, sino también gratitud, que a su vez resulta ser una virtud. Así de sencillo. Luego, que cada cual lea lo que le estimule en esa dirección.

Yo hoy, por ejemplo, pero es que soy muy raro, he tomado de par de mañana un libro que lleva camino de cumplir ocho siglos, y que sigue vivo y vivaz. Aquel personaje llamado Juan Ruiz -Joan Roíz, Johan Ruiz, Johanne Roderici-, más conocido como Arcipreste de Hita, clérigo no al uso, supo escribir con ironía, cinismo, gracia y agudeza abundante sobre los bienes y los males que sacudían a los humanos de su tiempo en la España. Que en parte han cambiado de formas, que no de anhelos ni de intenciones. El Libro de buen amor no se refiere solo al amor de amar, sino al goce y placer del vivir. Que no solo es de penar ni de penitenciar. ¿Que satiriza a sus compadres clericales? Sin duda. ¿Qué se burla de las fiebres amatorias? Obviamente. ¿Que ironiza sobre cuanto obnubila la mente humana y sus pasiones? Es así. ¿Que se muestra socarrón con las costumbres y las artes mundanas de sus paisanos? Es indiscutible. ¿Que dispone de probada información sobre los comportamientos y vicios de los hombres y mujeres? Constancia deja de ello. ¿Que su lectura debía producir ya en su tiempo reacciones hilarantes, curadoras de los males de la mente? Es probable. Y hoy mismo, a quien se introduzca en ese Libro de buen amor le hará buen bien. Y miren que digo esto casi en castellano viejo. Uno de los cantares que elijo para leer y pensar en lo leído se titula Aquí fabla de cómo todo ome entre los sus cuydados se deve alegrar...Es decir: Cómo todo hombre entre sus preocupaciones se debe alegrar, diríamos hoy. Procurarse alegría, distensión, desconexión se me ocurre interpretar en clave presente. Una recomendación muy oportuna para los tiempos de incertidumbres y pesadumbres que nos tocan vivir. Y así empieza el mencionado cantar:

Palabras es del sabio é díselo Catón:
Que ome á sus cuydados, que tiene en coraçón,
Entreponga plazeres é alegre la rrazón,
Ca la mucha tristeza mucho pecado pon'.

Palabras son de sabio, y díjolo Catón,
que el hombre a los cuidados, que tiene en corazón,
entremezcle placeres y alegre la razón,
pues la mucha tristeza mucho pecado pon.

Aviso a los navegantes de las tristezas, depresiones y melancolías. Tal vez siguiendo consejos del osado y desconocido Arcipreste muchos podrían evitar el diván el terrible o algo menos terapéutico y sí mucho peor. 



martes, 25 de junio de 2019

Aforismo de la ola y de los oleajes




¿Ola de calor? Lo preocupante es la ola o, mejor dicho, el oleaje de estupidez malsana que recorre el país. No necesitamos que nos metan miedo los media de la meteorología. Ni los políticos del desacuerdo, ni los facciosos, ni los eternos inquisidores con sus movimientos telúricos inconscientes e irresponsables. Otorguémonos valor cada cual. Uno no se asusta si no se deja asustar. Lo cual no invalida el riesgo creciente de peligros, fanatismos, majaderías e imprudencias que nos rodean. Pero de todo ello también saldremos; no entremos ahora a fantasear cómo. 

(La ola del pintor japonés de ukiyo-e Katsushika Hokusai -otros dicen que es un tsunami lo que pretende reflejar- es la excusa para la reflexión. Recomiendo para los ratos de decaimiento hostil ir pasando las Treinta y seis vistas del Monte Fuji. Rebaja la tensión y relativiza el mal humor)







domingo, 23 de junio de 2019

De la Fonte do araño a la Noite de San Xoan. Vinilo de Emilio Cao




Advierto, hoy la entrada va de nostalgia. Pero la nostalgia tiene dos caras: lamento por lo perdido (si ha sido bueno) y reflexión sobre el pasado (haya sido bueno o malo)

Es de suponer que habrá cientos de canciones en toda España que canten el motivo de la Noche de San Juan, se salten o no hogueras, se tiren o no petardos (Por cierto, una vez me tiraron uno debajo del coche en Mollet del Vallés, cuando conducía por sus calles, y eran los años de plomo; simple susto) Busco una entre mis polvorientos vinilos. Pero, oh sorpresa, la canción agitadora del disco que localizo no es la de San Xoan, sino otra con fuerte carga de saudade pero también de metáfora, la de la Fonte do araño. Cantado por Emilio Cao y con acompañamiento de su gente, el disco está editado en 1977, en pleno y conflictivo fragor por el cambio democrático en el país. Era un disco que alimentaba más la hoguera de los cantores del momento. Además venía, viene, con una breve presentación de Allan Stivell, el bretón. 

Ya seguía por entonces a parte de los nuevos cantores y modernos juglares de otras regiones, pero desconocía bastante a los gallegos. Así que fue un tiempo de descubrimiento sorprendente y grato. Voces Ceibes, grupo del cual había sabido unos años antes, Xerardo Moscoso, Suso Vaamonde, Fuxan os ventos, Jei Noguerol, Taranis, Emilio Cao, Milladoiro...Pero aquellos hallazgos se compartían entonces, bien escuchando entre amigos los discos, bien prestándolos o asistiendo a recitales. La primera vez que escuchamos y  cantamos composiciones de Voces Ceibes, por ejemplo, fue en asambleas de facultad, aquí en mi ciudad castellana. Asambleas que acababan con desalojo de la fuerza pública en diversas ocasiones. Asómbrense si quieren. O cómo a algunos cantores del movimiento catalán de Els Setze Jutges les hemos llegado a escuchar en directo, también aquí, en locales de parroquias obreras (dejemos de lado la discusión sobre estos términos antitéticos, pero nos entendemos) Sigan asombrándose.

Muchos de los que ahora se miran a sus ombligos respectivos, ignorando que las mutaciones que traen los tiempos son producto del intercambio y de la influencia, de la concesión y de la tolerancia, de la adaptación de lo otro y de la acogida a los otros, no parecen recordar lo que nos unió hace tan solo unas décadas. Ni que el avance y la convivencia vienen por las aportaciones y el arrimar el brazo, seas de donde seas. Y ahí la música y las voces cumplieron su papel, lo cumplen siempre, llevando sus aires y sus mensajes más allá de las tradiciones del San Juan.

Sí, reconozco que ponerme a escuchar Fonte do araño me sigue conmoviendo. Y es que tiene un no sé qué...¿Será el viento de fondo? ¿Será por los caminos que dan vueltas sin parar? ¿O que aún apremia aquella antigua sed que no puede o no sabe hallar el hontanar?

Adjunto la canción y arriesgo la traducción.



(In memoriam de los compañeros que me iniciaron y han desaparecido)




Xan Piñón, Emilio Cao, Bernardo Martínez, Anton Seoane y Xosé Ferreiros, artífices del disco, fotografiados en los Estudios Audiofilm en Abril de 1977.







Fonte do araño
onde eu de rapaz
a teu carón xogaba no verán.

Auga da freixa
camiño do meu fogar
baixando pola veiga e polo val.

Onde vai o teu rego, onde vai,
que eu teño sede e non o podo atopar.


Fonte do araño
o tempo pintou no chan
camiños que dan voltas sen parar.

Onde vai o teu rego, onde vai,
que eu teño sede e non o podo atopar.



Fuente de la araña
donde de niño
yo jugaba a tu lado en verano

Agua de la freixa 
camino de mi hogar
que baja por la vega y por el valle

Dónde va tu riego, dónde va,
que tengo sed y no lo puedo encontrar

Fuente de la araña
el tiempo pintó en el suelo
caminos que dan vueltas sin parar

Dónde va tu riego, dónde va,
que tengo sed y no lo puedo encontrar


'




sábado, 22 de junio de 2019

Aforismo efímero




Ayer se acostó de esa guisa. Hoy se levanta con actitud análoga. No es que no quiera ver las cosas. Es que hay cosas que no se dejan mirar. O no se deben mirar. O a las que no hay que hacerlas aprecio, ni considerarlas, ni concederlas la importancia que no tienen. O que tienen pero no hay llave maestra para solucionarlas. O no se encuentra. Lo efímero es mejor ignorarlo. Incluidos los rostros patéticos que haya detrás, las palabras que se emitan, los comportamientos que se vislumbren. Mejor taparse los ojos para evitar la repugnancia visual. Aunque haya tanto olor a podrido. Ah, pero eso depende de otro sentido. ¿Habrá que taparlo también? Claro que a ese paso se cortará todo suministro de oxígeno al cerebro. Y por ahí él no pasa.



(Fotografía de Jorge Molder)


miércoles, 19 de junio de 2019

Naxos. Tertulia en el ágora
















"Algunos atribuyen a los dioses cuanto
sueñan como hombres".

Jorge de Sena, To be or not to be, de la antología Serena ciencia.



Cuéntanos, Naxos, qué has visto en tus periplos. Cuéntanos si ciudades tan inexpugnables como creímos que era la nuestra fueron también saqueadas. Es la caída de la tarde, el sol afloja, las tareas se rinden. En las gradas que forman los sillares desmontados de lo que fueron soberbios edificios se juntan gentes diversas. Quieren informarse, que se les consuele, buscando reverdecer esperanzas. Naxos habla y saca conclusiones. Pocas ciudades, a esta parte o a la otra del océano,  se han librado a lo largo del tiempo de las ansias de sus vecinos o de la envidia de otros invasores llegados de más allá de lo conocido. Tras cada ciudad devastada se alzaba siempre una nueva más fortificada, más segura, más costosa. Pero antes o después también era asaltada, porque siempre hay alguien más fuerte. Alguien que quiere ser más que otros. Ha habido urbes que han sufrido tan grave destrucción que han sido abandonadas. Los supervivientes se integraban en otras ciudades, fueran o no extrañas, en ocasiones arriesgando su libertad, o fundaron aldeas en territorios que antes no se habían ocupado. Lo que al principio era desarraigo acabó siendo, principalmente para nuevas generaciones, una tierra natural, un espacio propio. Cuanto resulta desgracia puede enderezarse hacia la fortuna, a poco que se tenga voluntad y esfuerzo. No busquéis nunca consolaros con los males ajenos. Tampoco sería justo por mi parte que solo os hablara de la vileza humana. Porque también he visto colaboración entre ciudades, y no poca. Y cómo aquella ayuda beneficiaba a todos. He visto cómo el intercambio de bienes era útil. Cómo los conocimientos se compartían, y en algunos casos sin pedir nada a cambio. Cómo los moradores de unas urbes se desplazaban a otras para trabar amistad o afectos entre ellos. Los que antes hablaban una sola lengua han llegado a hablar dos. Quienes tenían unas costumbres que limitaban la calidad de sus vidas han aceptado otras que les han aportado más satisfacción. ¿Quién podría decir ahora que de aquellos tránsitos pudieran salir consecuencias negativas para nadie? El que es más rico ha podido beneficiarse del trabajo del más humilde. El más necesitado ha mejorado su condición al acceder a ciudades mejor atendidas y a actividades más consideradas. Los artistas han enriquecido con sus obras no solo las urbes, sino nuestro mundo de sueños. Los edificios que se derrumbaron se pueden erigir con nuevas soluciones. Las esculturas que perdisteis pueden ser repuestas, más modernas si cabe, pues los artífices no tienen límites. Todos los artistas beben de unos y otros, y no solo los artistas sino los inventores, los que bregan en cualquier oficio, los que observan el firmamento, quienes indagan en la tierra y en las plantas, hasta quienes rigen la ciudad y dictan sus normas quieren saber cómo funcionan en otras partes y ver de aplicar lo aprendido. Y a través de esas influencias se genera lo nuevo, lo más imaginativo que, ni permanece eternamente ni muta cada día. Las ideas pueden discutirse y, puesto que nunca se pierden, se transforman y avanzan a partir de la experiencia y el razonamiento. Antes hubierais dicho que todo eso era regalo de los dioses, pero os aseguro que es el esfuerzo y el saber humanos lo que construye. Yo lo he visto en muchos lugares. Y lo estoy viendo aquí, en vuestra superación.

Pero dinos, Naxos, le interrumpen. ¿Qué pesa más en las decisiones de los hombres? ¿Las ansias de posesión a cualquier precio o la conformidad con lo logrado? ¿Las ganas de ser más grandes que otros o el afán de ser prudentes y conservar lo que se tiene? ¿La transgresión de las antiguas creencias o el respeto a las leyes heredadas?  ¿El enfrentamiento o la confrontación? ¿Las fechorías o los sueños? Responderos vosotros, dice Naxos con bonhomía, en un alarde de madurez que sorprende. Yo os cuento, vosotros mascullad primero, argumentad después, razonad siempre. Elegid al compás de vuestros actos. 

El ágora o, mejor dicho, lo que queda en pie de ella, ha sido ocupada gradualmente. No es solo que, ávidos, inquieran respuestas de Naxos. Es la misma actitud de querer saber. La voluntad por recuperar la palabra. La necesidad de estimular el argumento. Naxos, cuyos principio fueron rudos, aprende  de ellos.



(Fotografía de Toni Catany)

lunes, 17 de junio de 2019

El masoquismo de los votantes de parásitos




"...y por extraño que parezca a la política la han convertido muchos en un trueque ordinario y cutre, en un juego de trileros, en un mercadillo de ropa vieja, en una chamarilería, en un holding de mafiosos, en un tenderete de feria donde ya no se cuelgan ideas a respetar, ni proyectos a llevar a cabo, ni intereses que cundan en beneficio colectivo, ni argumentos sensatos, ni planes elaborados con inteligencia, ni criterios con perspectiva comunal, mucho menos de Estado, y así pues los viejos propietarios del territorio que, en tiempos alejados pero no olvidados, se hicieron con el país, cuyo nombre repiten tanto de manera blasfema, a base de destructivas, perversas y sangrientas artes, pactan el reparto de las tartas, sin que hayan sido los más votados que es tanto como decir los más queridos, tras decir ayer una cosa, hoy otra y al tercer día todo lo contrario, dejando entrever que igual que hoy han pactado mañana se traicionarán si a sus intereses particulares no les va la jugada, pues desconocen los principios elementales de la Ética, y desvirtúan la difícil laboriosidad de la Política, porque no son clanes coherentes con un programa del que carecen ni consecuentes con el bien común al que nombran con lengua vergonzante, por mucho que hablen del pueblo, de la ciudadanía, de la gente, del país, de la nación o de España, y ahí digo yo que los votantes deben tener una buena parte de responsabilidad, incluso de culpa, por su falta de reflexión, por no mostrarse exigentes, por carecer de un espíritu fiscalizador sobre aquellos que votaron y, entonces, ya sabemos lo que nos espera cuando los parásitos hinquen el diente en nuestra piel, y no vale luego quejarse de las picaduras, los contagios, los virus que laminarán los recursos de municipios y regiones, mientras a los depredadores parásitos se les abren perspectivas de negocios nuevos, que continuarán en la onda de los viejos, sin que haya sentido común que venga a poner orden en el caos". 


(Pseudo Robert Burton en su Pseudo anatomía de la melancolía)



(Viñeta de El Roto en El País el viernes 14 de junio)


sábado, 15 de junio de 2019

Coincidencias con Houellebecq en su Serotonina




Leyendo Serotonina, la última novela de Michel Houellebecq que, a mi modo de ver, adquiere más contundencia a medida que avanza el relato (no me atrevo a decir la trama), encuentro esta parrafada:

"Los años de estudiante son los únicos felices, los únicos en los que el porvenir parece despejado,  en que todo parece posible, después la vida adulta, la vida profesional, no es más que un lento y progresivo estancamiento, sin duda por eso las amistades de la juventud, las que entablas durante los años de estudio y que en el fondo son las únicas verdaderas, nunca sobreviven a la entrada en la madurez, evitamos volver a ver a los amigos de juventud para no confrontarnos con los testigos de nuestras esperanzas  frustradas, con la evidencia de nuestro propio aplastamiento".

Coincido en la relativa felicidad de nuestros años de juventud, entendiendo tal felicidad como otra perspectiva, o acaso se trate de la ausencia de perspectiva, la vivencia al día sin grandes exigencias, o incluso soslayando y saltando por encima de esas exigencias, porque si en algo reconocemos los tiempos jóvenes, y nos reconocemos en ellos, a veces con lamentos, a veces con suspiros, es por su carácter aventurero, daba igual que fueras aprendiz o estudiante, recadero o ayudante en la tienda de tu padre, la aventura llamaba a la puerta cada día, se disimulaba, se ocultaba, se reservaba para un tiempo en que no nos controlasen, y tal aventura conducía en tantas ocasiones a transgresiones de mayor o menor calado, algunas sumamente arriesgadas, peligrosas diría yo, otras de simple confrontación y competencia entre coetáneos o echando un pulso a los plenamente maduros que se elevaban con sus rigores pontificales, sus consejos pétreos, su ordeno y mando habitual, la juventud era no solo un tiempo sino un camino, la vía de escape a dos bandas, de una infancia que se desgarraba de nosotros, o nosotros de ella, habiendo quien le costaba más, asumiendo que era necesaria su superación, y ese espacio definido por su indefinición, la juventud, era un campo abierto, al que se pretendía poner puertas, pero cuyos resortes saltaban al menor movimiento audaz, pero también era un distanciamiento respecto al futuro que se cerniría sobre cada uno de nosotros, donde se iban probando capacidades, tendencias, manías, aptitudes, valores propios de un animal humano que se va haciendo también a contrapelo, hablo de valores en su término relativo, no de virtudes ni de enviciamientos, esots antónimos permanecían larvados, o formándose, nunca te haces a la contra del todo, pero la contra, al menos la contra oculta, la reservada para el momento en que nadie nos fiscalizase, tomaba carta de naturaleza tan biológica como cultural, y se exhibiera tal oposición, digamos, de manera sistemática u ocasional, visceral o dubitativa, era un posicionamiento, un afianzamiento, ser joven era estar ahí, dándolo todo sin advertir las consecuencias, y era aquella actitud la que consolidaba la camaradería, la amistad, la aproximación, porque el trato o la relación entre iguales nunca era entre totalmente iguales, algo que tampoco se da de adulto pleno o de anciano convicto, pues si bien hay elementos homogéneos que se comparten, las reglas del juego que hay que respetar, se supone, entre todos, no todos los adultos tienen tampoco la misma disposición, y he dicho reglas de juego, y ese respeto formal, estaría por ver que fuera sincero y profundo, de las reglas admitidas no es siempre consecuente, ni verdadero, es más que nada defensivo, es demostrativo, si se quiere, pero entonces, en aquellas edades que una vez tuvimos de juventud, nadie se planteaba lo que no fuera el salto de mata, la improvisación, la influencia de lo más deslumbrante, la atracción de lo más sugerente, el morbo del peligro intuido, y aunque dejemos de ver a los amigos de juventud, a algunos forzadamente porque ya no están en la vida, a otros por la dispersión que nos fue caracterizando, si tuviéramos la ocasión de un reencuentro, porque a todos nos pasa antes o después, tal vez quisiéramos que los reencuentros fueran breves, sin dejar huella, un vernos para ver cómo hemos cambiado  en lo fisiognómico, o en las ideas, o en las aspiraciones, en lo que hemos estado haciendo en tantas décadas transcurridas desde la juventud, o mejor no, cuanto más queremos ver en los cambios más podemos entrar en choque con nosotros mismos, los otros, de tropezarnos de nuevo con ellos,  nos recordarían lo que pudimos hacer y no hicimos, a lo que pudimos llegar y no llegamos, con quienes pudimos estar y no estuvimos o, lo que es peor, nos producirían el destello deslumbrante, angustioso,  de la pérdida del tiempo.