sábado, 29 de abril de 2023
Diario de Egon. Invisibilidad
miércoles, 26 de abril de 2023
Diario de Egon. Indiscreción
Hace tiempo que hui del idealismo romántico, aquella cólera funesta que causó tantos males y que todavía arrastramos los actuales aqueos, pero al entreabrir la puerta, con la luz tenue entreverando las sombras, y la rebeldía de los colores naufragando en la estancia, y las fragancias de mujer desperdigadas a través de una atmósfera casi secreta, y las palabras ahogadas con una ternura compartida, me vinieron a la mente unos versos de Wilhelm Müller: De un corazón ardiente, / sin embargo, brotáis / ¡como para fundir / todo el hielo invernal! Aún permanecí indiscreto para dibujar en mi retina la belleza de un instante que no era el mío propio. Pero yo no podía asomarme más a un recinto sagrado sin haber sido invitado. Me aparté y cerré con suavidad. Maldito de mí, camino de la taberna del cojo Achilles no lograba quitarme al poeta sajón de la cabeza. Más versos que creí olvidados asomaron embriagadores: ¡Ah, el aire, qué pacífico! / ¡Ah, el mundo, cómo brilla! / Con tormenta, no era / tan clara mi desdicha. ¿Me acecharía a mí también un viaje de invierno?
(Egon Schiele, ilustración)
lunes, 24 de abril de 2023
Diario de Egon. Celos
sábado, 22 de abril de 2023
Diario de Egon. Demolición
viernes, 21 de abril de 2023
Diario de Egon. Amodorramiento
miércoles, 19 de abril de 2023
Diario de Egon. Retorcimiento
Anja me brindó hoy una de sus contorsiones más difíciles. No sé si para deslumbrar con sus habilidades o incentivar en mí otras sensaciones. Puede o no creérselo, dijo, pero estos estiramientos los hago todos los días al levantarme. La espalda me lo agradece, pero también se sienten en forma las extremidades. Si aguantas un poco en esa posición, le indiqué, puedo tomar un apunte interesante. Es una postura completa. ¿Me lo mostrará luego, verdad?, rogó como una niña caprichosa. No me quise descentrar y no seguí la conversación porque el momento era único y sustancioso. Su cuerpo se mostraba dinámico, insinuando potencialidades y resistencias. ¿Quién dice que los cuerpos están para ser estáticos? La inmovilidad, salvo deficiencias naturales, no es la mejor expresión de vida. Anja percibía que me demoraba, pero el entrelazamiento de brazos y piernas no dejaba de fascinarme. Y ese trazado sobre su espalda, arriesgado y tenso, hacía de ella un cosmos exquisito. ¿Qué piensa?, interrumpió Anja mi ensimismamiento. Pienso en que si te vieras ahora te sorprenderías. Oh, estoy acostumbrada a sorprenderme, replicó indócil. Pero usted debería aturdirme alguna vez a mí. Cualquier día de estos, Anja.
(Dibujo de Egon Schiele)
martes, 18 de abril de 2023
Diario de Egon. Parada
domingo, 16 de abril de 2023
Diario de Egon. Anja.
Hoy no ha podido venir Vera. Como no ha querido que mi jornada estuviese perdida me ha enviado a Anja. Lo primero que me ha dicho Anja al llegar nerviosa al estudio es que jamás había posado. Se ha sorprendido cuando le he dirigido una sonrisa complaciente. Al aclararle que la prefiero inexperta se ha calmado. Es poco habladora pero sabe escuchar. Su espalda no es como la de Vera, pero la flacidez exhibe ángulos que siempre voy buscando. En un cuerpo lo interesante no es lo más superficial y visible sino otros planos, ordinariamente ocultos, que son generados por posiciones imprevistas. Aliadas con la propia contextura, por supuesto. ¿Quiere decir, preguntó Anja, que no me va a permitir estar quieta? Admirado por su perspicacia asentí. Y añadí lacónico: más o menos. No tuve que darle más indicaciones. Para mi estupor, la mujer tomó la iniciativa en improvisadas poses. Cuando una de ellas me estaba pareciendo más significativa y precisa un gesto mío bastaba para que detuviese su ejercicio. Los cabellos ocultaban a veces el rostro, ofreciendo otra perspectiva. ¿O acaso era imaginación mía? Me agradan las distorsiones espontáneas de su cuerpo. ¿Cómo sabes moverte con tanta gracilidad?, se me ocurrió. No sé, dijo Anja. Puede que así usted me vea de una manera que no me consigo ver yo.
(Dibujo de Egon Schiele)
sábado, 15 de abril de 2023
Diario de Egon
Allá donde se expande una espalda abunda un recorrido. No, no te muevas, aguanta un poco más, le he dicho a Vera. He conseguido que de un solo trazo continuo su cuerpo se recoja en el pliego. Qué tiene un dorso que me recuerda un territorio vasto. Si es cálido pienso en el desierto. Si gélido, una estepa. Al contemplarlo y medir con mis ojos su extensión tengo la sensación de que no tiene principio ni finitud. Mientras esbozaba he podido alterar sus límites. Pero me gusta respetarlos. Hay tanta expresión en una espalda desnuda. Sea robusta o delgada, consistente o frágil, siempre me embelesa. Vera se quejaba, no sin razón. ¿Voy a tener que estar así mucho tiempo? Le he respondido que ya casi había terminado. Pero no era verdad. Ni el lápiz era capaz de acabar de perfilar su perímetro inagotable ni mi mirada deseaba abandonar aquella duna tan sugerente.
(Dibujo de Egon Schiele)
viernes, 14 de abril de 2023
Siempre nos quedará el artista (Cuento efímero)
martes, 11 de abril de 2023
Eternidad
Usted y yo coincidimos. Usted estaba allí, yo estaba allí, ambos llegamos desde diferentes procedencias, nos miramos o lo hizo usted primero. Más adelante usted diría que me miraba porque yo la miraba. Pero en aquel instante, en que no emitimos palabra, me pareció que el pacto visual se ofrecía como una invitación a la eternidad. Una muestra de eternidad, si prefiere, pues algo tienen los momentos intensos que detienen el tiempo. Yo la miraba, usted me correspondía, sin intención alguna de cejar en el empeño, sin dejarnos afectar por la reclamación de nadie. Solo quien mira y es mirado comprende la extraña conexión entre quienes se sienten atrapados en una relación intemporal. Usted apuraba lentamente el sorbo de la copa, yo inhalaba un cigarrillo Egyptian con una parsimonia inhabitual en mí. Aquella complicidad persistía, ajena al cuchicheo del entorno, y yo me preguntaba si usted tomaría otra copa al terminar la anterior, y usted pedía con una señal inefable, solo identificable por mí, que yo encendiera otro egipcio. Como si cualquier acto móvil de nuestras manos o de nuestros labios no fuera sino parte de la complicidad con la parada del mundo en que habíamos incurrido usted y yo. ¿Veía usted desde el extremo más alejado de su retina la mirada perpleja que se emitía desde la mía? Usted no me pedía nada, yo no la reclamaba nada. Ni siquiera se trataba de una observación mutua que extrajera conclusiones acerca de la vida de uno u otro. Ninguno de los dos atendimos voces próximas que dispersaran el momento casual. Si aquel pulso era eterno, como nos estaba pareciendo, era imprescindible el silencio. La marginación del ambiente, la desconcentración del acto al que habíamos acudido, la distancia entre nuestros cuerpos. ¿Tentó usted un pensamiento especial sobre mi imagen próxima mientras no apartaba la mirada? ¿Fui capaz yo de dibujar en mi mente el perímetro de su figura atrayente? Nada se definía, porque habíamos decidido erigir el lenguaje secreto de los ojos en una vía de comunicación abstracta. No había más explicación. Algo nos decía que aquel encubrimiento mutuo se había transformado en pulsión. Un tiempo después usted admitió que una mirada, por permanente y asombrosa que sea, nunca es un espacio vacío. Reconoció que el silencio y la abstracción exigían un paso más decidido que hablara otros lenguajes, atravesando caminos pedregosos. Pero ni usted ni yo, eso me confirmó, quisimos ir más allá de aquel momento en que coincidimos. ¿Hubiera sido posible?, le pregunto ahora. Hubiera podido ser, me responde, pero lo dejamos todo en aquella prolongada y acogedora eternidad.
domingo, 9 de abril de 2023
La bojiganga actúa de nuevo (y una referencia en El Quijote)
En este año electoral a varias bandas, según, donde el riesgo de polarización política parece haberse asentado, para irracionalidad de unos, necedad de otros y escepticismo de bastantes, y ojalá la cordura ajena se imponga y me corrija, probablemente vamos a ver desfilar a muchos cómicos, y espero que no todos lo sean o al menos no actúen con escasa honestidad.
De ahí que rescate una imagen de la compañía teatral de siglos pasados, la bojiganga, que ofrecía al deleite de las masas su visión satírica y mordaz para bien llevar y mejor comprender los aconteceres a que sus existencias eran sometidas. Uno de los personajes de la bojiganga era un diablo que, esgrimiendo un palo en cuyo extremo iban atadas una vergas de vacuno, azuzaba bien a otros actores por mor del guion bien al público al que quería cómplice de la representación. Para mejor alegrar y sobrellevar los sinsabores y penurias de la vida cotidiana.
Atentos, pues, al juego que las bojigangas de nuestros días nos inviten. Mejor practicar la chanza, no obviando cuanta verdad pueda mostrarse entre promesas vanas, y llevar del mejor y racional modo posible las suertes de la interpretación, asumiendo los límites del argumento y no pidiendo peras al olmo.
En un capítulo de El Quijote (Capítulo XI, de la Segunda Parte) aparece la bojiganga y el travieso demonio -que acabó con el rabo entre las piernas- contra el que está dispuesto a reaccionar nuestro más insigne, cuerdo y real caballero que jamás hayan tenido y seguimos teniendo en nuestra idiosincrasia los españoles.
viernes, 7 de abril de 2023
Duško Gojković se fue y nos dejó Bem-Basha
Duško Gojković (Jajce, 1931- Munich, 2023) se fue anteayer. Pero nos dejó Bem-Basha, de su disco Swinging Macedonia, de 1967. Disfrutemos de la interpretación.
martes, 4 de abril de 2023
La prometida
La acaban de componer. Una presencia que va a ser reclamada. Alguien exclama discretamente: se ve muy hermosa. Otra mujer, muy bajo: él no se la merece. Una voz que se aproxima replica, en tono más apagado todavía, que el negocio de la unión será la salvación de la familia.
Traen la túnica que van a sobreponer a la joven. No cesa el cuchicheo. En principio, señala un recadero, no era la intención de la familia prometerla de niña, pero el destino es cruel. El mal estado de la hacienda, la presión tributaria y las malas cosechas les ha obligado a cambiar de criterio.
La joven se refugia en la elegancia para ocultar su inseguridad. No es una inseguridad de hacer frente al evento, sino la que provoca hacer algo que no desea. Y que teme. ¿Viviré de ahora en adelante siempre insegura?, es un pensamiento que la mortifica. En el ensayo de compostura se mueve de un lado al otro de la habitación. Se aproxima al ventanal y observa las nubes, que interpreta de mal agüero, con pesadumbre. Abajo, en la explanada, unos niños detienen sus juegos para mirarla. Tiene la impresión de que se compadecen de ella. Busca con sus ojos al mensajero de quien se encaprichó hace tiempo y que le habla constantemente de otros mundos. Sospecha que lo han despedido o le han enviado a alguna misión lejana.
La mujer trata de reprimir su ira. Se abstrae, se deja alisar los cabellos, reprime la molestia de los tirones. Se complace en contemplar el tocado ante el espejo. Me voy a casar conmigo misma, se propone en lo más íntimo. Mantendré las apariencias. Que todo el mundo se sienta satisfecho a mi costa. Al novio, al que no he tratado todavía, le daré largas. Pero qué puedo hacer, si lo que ambas familias desean es que les dé un sucesor de sus bienes y sus negocios. Como la sementera, así me quieren ver. ¿Acaso he nacido únicamente para la fecundidad? ¿Para que mi cuerpo beneficie a otros? ¿Para que mi futuro muera hoy mismo?
En las familias se han engañado siempre con su presencia discreta y elegante. Con su actitud sumisa y de no poner reparos a nada que se la solicita u ordena. Es la muchacha idónea para sus planes. La han mimado con tal intención. La han manipulado, considerando sus silencios como aquiescencia natural, cumplidora de los preceptos de la fe.
Ella ha sabido controlar sus formas hasta extremos inusitados y ha podido sortear, en una especie de clandestinidad sibilina, los límites. Si supiesen lo del mensajero me matarían, ríe solo para sí. Sus padres la han proporcionado una educación formal, de mínimos, que hacía hincapié más en el saber estar que en el conocer. Una educación que no puede ser concebida para ningún otro papel que no sea el de una mujer doméstica y de su familia. Lo que ignoran es que, con ayuda de una criada cómplice, que hace de intermediaria, lee por las noches. Que en esas lecturas aprende a distinguir que el bien y el mal son características universales, cuya lucha ni la consuela ni la tranquiliza, sino que más bien la subleva. Que más allá de los compromisos y promesas pactadas existen afectos por los que se rigen libremente muchas personas. Que hay mujeres que no se han resignado a lo que planearon para ellas, ya fuesen de familias nobles o de ambientes humildes, y han elegido caminos alternativos.
Piensa que al menos esta realidad es certeza, no engaño. Cuanto ha leído lo ha hablado también con su confidente amoroso. Pero las horas avanzan y la suerte parece echada. Se refuerza con sus pensamientos rebeldes en ese tiempo que se va desgranando hacia un desenlace que la va a sentenciar de por vida. Ha estirado en exceso la cuerda del disimulo, pero ahora el riesgo es quedarse paralizada. Secretamente ha urdido una salida que solo conoce la fiel servidora. Pedirá retirarse a la capilla, excusándose con que precisa estar bien preparada para asumir el sacramento nupcial. Si supieran que mis nupcias ya han tenido lugar con el heraldo, ríe malévola.
En la capilla, sin ventanal alguno y apenas con una luminaria que envuelve aquel ámbito en tristeza, intenta aplacar el nerviosismo. Mira la imagen de escuela borgoñona que compró alguno de sus antecesores en un mercado extranjero. O que tal vez es producto de rapiña, una práctica permitida ampliamente a los guerreros. No tiene voz para plegaria alguna. No dedica pensamientos devotos. No se siente contrita ante la previsible traición a sus padres. No pide la presencia de un páter que la reconcilie con sus culpas, porque se siente a gusto con ellas y se eleva como mujer por encima de ellas. Hasta advierte una mirada pícara en aquella virgen policromada que le parece más una diosa que la esclava del Señor. Si salgo de aquí por las buenas, piensa, entraré para siempre en una servidumbre de hembra reproductiva. No soy la causante de las desdichas materiales de mis padres y mis hermanos, concluye virulenta. Su fámula y ella tienden el puente de una mirada larga, osada, decisiva. Ambas se sienten anhelantes de vida. Han cerrado la puerta con llave. Es el momento de pasar a la acción, dice la novia en un arrebato de romancero.
* Retrato de dama. Rogier van der Weyden. National Gallery of Art. Washington DC.
sábado, 1 de abril de 2023
Pero qué culpa tenemos (Coloquio de los leones del Congreso)
León uno a león dos. Pero ¿qué culpa tenemos? ¿Qué hemos hecho o no hemos hecho?
León dos a león uno. ¿Por qué se indignan con los de fuera en lugar de con los de dentro, si hubiera lugar y motivo?
León uno a león dos. ¿Tú qué crees, que será mejor hablar o no hablar de quienes nos han teñido alocadamente?
León dos a león uno. Si por lo menos su gesto hubiera tenido un simbolismo serio.
León uno a león dos. Yo no quiero hablar de los niños bien que con acciones gamberras y facilonas creen que salvan el mundo, o en este caso el planeta entero.
León dos a león uno. Yo tampoco les citaré, solo señalaré que esto no es sino una acción estúpida y baldía.
León uno a león dos. O acaso no sirva sino para dar juego a los que con ideas extremistas y tendencias veladamente violentas nos atacan cada día dentro del hemiciclo.
León dos a león uno. Pues he oído que antes esta pandilla u otra parecida echó salsa de tomate sobre Los girasoles de Van Gogh y puré de patatas contra Les Meules de Monet.
León uno a león dos. Yo también lo he oído, y que en Masacre en Corea de Picasso o La joven de la perla de Vermeer pegaron sus manos.
León dos a león uno. En esos casos no se conformaron con la agresión física sino también la verbal.
León uno a león dos. ¿La verbal? ¿Insultaron acaso a los cuadros y sus temáticas o a los autores?
León dos a león uno. Lanzaron un sórdido grito de guerra que decía: ¿Qué vale más, el arte o la vida?
León uno a león dos. La asnería, y que me perdonen los animales que llevan a bien pertenecer a la especie equina, ciega a algunos humanos.
León dos a león uno. Es reflejo de la necedad que a su vez es hija de la ignorancia, hermano. No saben que las falsas disyuntivas confunden e incentivan la barbarie. No alcanzan a ver que el arte es expresión de vida. O que el diálogo parlamentario, en lo que nos incumbre a nosotros, no obstante sus trampas, cambalaches, deficiencias o límites, también es expresión de entendimiento y convivencia.
León uno a león dos. Expresión que a veces ni los de dentro de la cámara ni los de fuera en esa sociedad contradictoria de nuestros paisanos saben mantener sana y fecunda.
León dos a león uno. El arte del pasado habla de una manera de entender la vida en todas sus manifestaciones. ¿Qué culpa tienen las obras heredadas? El mercado y el poder, o ambas manifestaciones, que con frecuencia van de la mano, han sido vehículos e incluso promotores de la creación artística, algo que se da desde los albores de la civilización.
León uno a león dos. Y los artistas se han sometido a ellos. Tenían que comer, tenían que seguir manteniendo medios para continuar sus trabajos. Probablemente la capacidad creativa y la genialidad no emergerían, o al menos no cundirían, sin recursos y concesiones de quienes pagan, aunque suene muy bruto.
León dos a león uno. Me parece, hermano, que estamos concediendo demasiada cancha a una acción fuera de tono, propia de gamberrismo, y que solo pretende que su mano ejecutora tenga sus penosos y efímeros días de gloria.
León uno a león dos. Este tipo de tonterías de niños de sociedad cómoda -ignoro si así mismo serán de familias bien- no ayuda a nadie a tomar conciencia de nada. Estupidez, simplona pero agria estupidez. Cierta gente se aburre. Con el bien que harían ayudando a reconstruir a pie de destrucción Mosul o Palmira o tesoros de Afganistán...Aquellas herencias históricas y su medio ambiente, donde unos bárbaros y fanáticos actuales dejaron también la huella de su cruel estupidez.
León dos a león uno. ¿Sabes que te digo? Que somos muy mayores y tenemos muchos callos en el culo como para dejarnos impresionar, ¿no crees?
miércoles, 29 de marzo de 2023
La mirada sin objeto
Una mirada fija no es una fijación. Puede ser una mirada sin objeto, sin interés por escudriñar nada. Naturalmente, hay miradas interiores que son obsesivas y son sustituidas por los prejuicios, los equívocos y las falsas certezas. Una desgracia que sin embargo consideramos plena de dones. Mi amigo comenta a veces las cosas al tuntún y si acierta se considera el analista más agudo de la tribu. ¿Qué quieres decirme con eso? ¿Que me ves siempre abstraído y despistado? No es un secreto que ya no estoy pendiente como antes ni de las personas ni de los paisajes ni de las ideas. Ni tampoco me parece que sea un defecto grave evadirme inconscientemente. Hay que agradecer al otro lado de la consciencia que a ciertas edades nos pertreche de recursos para ignorar lo superficial y desoír el vocerío. No me malinterpretes, y la voz de mi amigo suena bondadosa. Al contrario, pienso que esa mirada perdida que frecuentas te remite a una actitud interior fértil y relajada. Puedo admitirte que sea fértil, pero no es calma lo que bulle dentro, le aclaro. Digamos que me siento como un basurero que trata de eliminar los detritus de tantas ideas sobrantes, de tantos cuentos mal contados, de tantas categorías a las que nos obligan rendir culto. Ese es el principal ejercicio de mi aparente caída en el desinterés por lo que circula fuera. Mi amigo es obstinado. Pero suponiendo que hagas limpia en tu casa te esforzarás al menos en que quede acogedora y el vacío sea ocupado por un mobiliario de anhelos y criterios que hagan que te sientas cómodo en ella. Ah, no veo motivo para sustituir un contenido por otro. Aspiro a un estado de quietud tal que pienso que solamente puedo alcanzar en un espacio de desalojo total. Y no me digas que uno no puede vivir etéreo y vano, que siempre necesitamos poblar de imágenes y sensaciones la conciencia, que etcétera, y puede que sea imposible pero yo voy a hacer el esfuerzo. ¿Algo así como morir sin morirte?, dice rudo y sarcástico mi interlocutor. Me acabas de dar la clave, digo. Un agónico, a no ser que haya cerrado antes los ojos, mira con la mirada extraviada, inmóvil. Ese instante sí que es entonces una verdadera fijación de la que no va a poder desprenderse el individuo. Pero ¿por qué no podríamos hablar de mirada inquisitiva? Un instante último debe inquirir, conscientemente o no, la fugacidad con que ha atravesado su vida.
* Ósip Brik fotografiado por Aleksandr Ródchenko (imagen parcial)
domingo, 26 de marzo de 2023
Don Jorgito el inglés
No es tierra fértil esta para otra religión que no sea la que se ha sostenido a capa y espada durante siglos. Siempre tengo que andar con cuidado para no entrar en conflicto con los más intolerantes o, en su caso, con alguna autoridad. Sin embargo aprecio la consideración con que soy tratado por los lugareños, allá donde llego y me hospedo.
No veo mucho interés en esta gente por conocer los libros sagrados ni creo que estos hayan sido promocionados por sus intermediarios. Aunque siempre me encuentro gentes curiosas y ávidas, probablemente no conformes con estar siempre sometidas a la disciplina del mismo pensamiento.
Del clero tradicional, ¿qué opinar? Quitando ciertos monjes con relativa cultura y algunos clérigos procedentes de familia instruida, para los demás los textos bíblicos son meras historias, hilvanadas e interpretadas a gusto del difusor. Evidentemente también lo son para los de nuestro país y muchos no carecen de menor rigidez a la hora de comprenderlos. Las gentes gustan de los relatos épicos, acaso porque en la vida ordinaria siempre acaba dominando la fuerza y la imposición, con todas sus consecuencias. Y esa épica construye, sobre personajes verdaderos o falsos, sus héroes y sus mártires, a los que se adjudica una conexión con lo divino. Me asalta la duda de si no será mejor aceptar las narraciones épicas como tales que ser esclavos de los preceptos morales que, al fin y al cabo es lo que pretenden unas confesiones u otras.
¿Que difundir las escrituras es una excusa, como dice alguno de mis amigos de Norfolk, para viajar? No lo niego; ni me aparto de mi primaria intención ni rechazo las posibilidades de acceder a gentes y paisajes que antes me resultaban desconocidos. Ya he viajado lo mío por países extremos del continente y, si ahora me detengo en esta península de extraordinario y complejo pasado es, en parte, porque su mera referencia siempre me atraía desde niño. ¿Tanto misterio tendrá aquella extensa región al borde del océano y de África?, me preguntaba.
Las historias que me contaban en la niñez, ¿se trataban simplemente de invenciones de caballeros andantes o de pretensiones imperiales que acabaron malogradas tras los siglos? Así que no hay mejor manera cuando tienes una tendencia al conocimiento que hacerla frente. Comprobar que detrás de las hazañas, unas más verdaderas y otras más erradas, hay gentes, quehaceres, costumbres y voluntades que pueden regirse por ingeniosos, sabios y generosos principios como en cualquier otro lugar de la tierra.
Reconozco que mi empeño divulgador es el medio y pretende un fin, pero dado el escaso éxito en la venta de mis biblias pasan a primer plano las experiencias que estoy viviendo, a pesar de los riesgos que la guerra entre ideas e intolerancias en la que esta gente se haya inmersa supone para mí, por mucho inglés que me vean.
¿No te desanima que sean pocos los que atienden a tu proselitismo?, me siguen preguntando otros amigos, de allí o de aquí. Yo les respondo que en absoluto, que será la voluntad de los cielos que yo no puedo alterar, como tampoco puedo cambiar la mentalidad y las ideas en las que se sostienen los españoles. Por supuesto, no les replico a todos por igual, aunque la precaución me exige ser convencional, es decir, contarles lo que sé que unos quieren oír. Con otros, cuya confianza es garante de comprensión, les hablo con escepticismo y tomo buena nota de sus sugerencias. Cuanto más conozco a estas gentes más me convenzo de que han sido maltratadas a lo largo de la historia. E incluso que ellas mismas, acaso no todas, han colaborado a maltratarse si es que no han urdido con enfermiza pasión la manera de no lograr ser felices del todo. A pesar de que lo intentan y en cierto modo rozan el disfrute del día a día.
* George Borrow, retratado por Henry Wyndham Phillips.
jueves, 23 de marzo de 2023
El escorzo
lunes, 20 de marzo de 2023
Famélico
Hay quien me pregunta: ¿por qué te retratas a ti mismo tan famélico? Le contesto: porque es mi inveterada propiedad. Nací, crecí y maduré en el perímetro de mi propia desfiguración. Cómo sois los artistas. Los demás no sé. Yo voy sabiéndome. Solo trato de exponerme sin engaños ni adulteraciones. Pero esa flacidez...La delgadez no pesa. Pero esa caída...Un estado de relajación. Pero esa chepa que se va marcando...Hay encogimientos peores. Pero esa musculatura que decrece...Tampoco las hierbas salvajes mueren. Pero esa lividez...Mi sangre habla su propio lenguaje. Pero esa oquedad de los ojos que torna perversa tu mirada...La perversidad no reside acaso tanto en quien mira como en el que se complace en que lo miren. Pero ese retorcimiento de tu figura...Solo sabe el cuerpo de su capacidad si activa el movimiento más desafiante. Pero la dislocación de tus articulaciones...Danzan al son de sus ritmos. Pero esa desnudez ostentosa...Si uno es vacío debe admitirlo y reconocerse en él. ¿Te disgusta la armonía? La impostada, sí. ¿No vas contra los cánones establecidos por antiguas reglas de oro? Ni voy ni vengo. Los cánones, como convencionalismos que son, nunca han sido para mí una referencia. ¿Ni te atrae adaptarte a las exuberantes corrientes de la belleza? Soy un arroyo que solo se reconoce en su propio rumor. ¿Eres etereidad? Soy materia ingrávida. No parece que te inquiete cómo te observen. No debo manifestarme ante el espejo de los años como otros preferirían verme. Dicen que te recreas en un manierismo excesivo. El espectáculo me lo reservo para mi disfrute particular y mis retratos están tan cargados de duda, si no de perturbación...
* Egon Schiele, uno de sus autorretratos.
viernes, 17 de marzo de 2023
Més, més, més (O tres en uno)
1. Més
Más que un hincha. Más que una multitud de fans. Más que una empresa. Más que un negocio. Más que una institución. Más que un Estado. Más que una nación. Más que una ideología. Más que una ética. Más que una conciencia. Más que un juego. Más que una religión. Más que la Ley. Más que el bochorno. Más que el respeto.
Mucho más que fútbol, en el que aún creen o quieren creer los ingenuos acólitos del entretenimiento de masas.
Cuando el adverbio se repite y dispara tanto entra en el plano de lo superlativo. Y hasta lo superlativo puede caer más bajo. Sempre més.
jueves, 16 de marzo de 2023
¿Seguimos flotando en el viento?
Flotando en el viento
¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre
Antes de que le llames "hombre" ?
Sí, y ¿cuántos mares debe surcar una blanca paloma
Antes de dormir en la arena?
¿Cuántas veces tienen que volar balas de cañón
Antes de que sean prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento
La respuesta está flotando en el viento
¿Cuántos años puede existir una montaña
Antes de que sea arrasada por el mar?
¿Cuántos años son capaces de vivir algunos
Antes de que se les permita ser libres?
¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza
Y fingir que simplemente no ve lo que pasa?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento
La respuesta está flotando en el viento
¿Cuántas veces debe un hombre levantar la vista
Antes de que pueda ver el cielo?
¿Cuántas orejas debe tener un hombre
Antes de que pueda oír a la gente llorar?
¿Cuántas muertes serán necesarias
Para ver que ya ha muerto demasiada gente?
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento
La respuesta está flotando en el viento
(En la fotografía de finales de la década de los 60 aparecen los estudiantes Lola González, Enrique Ruano y Francisco Javier Sauquillo. El segundo muerto a manos de la policía durante su detención en 1969. El tercero asesinado por los ultras en la matanza de Atocha y ella herida en el mismo asalto criminal. Lola era la novia de Enrique Ruano cuando fue asesinado, después se casó con Sauquillo. Falleció por enfermedad hace siete años. Dijo en una entrevista: A mí me han ido desbaratado los proyectos personales y he sobrevivido gracias a los amigos. La vida no es igual de generosa para todos, ni mucho menos. https://www.elconfidencial.com/espana/2019-01-19/enrique-ruano-50-aniversario-franquismo-universidad_1767462/ )
lunes, 13 de marzo de 2023
Mi negra y yo
Mi negra favorita acaba de cumplir la edad de la mujer adulta. No es una edad computable por fechas como hacen los blancos. A ella, como a todos los de la tribu, el calendario no le dice nada que no le sugiera el sol, las fases de la luna o los astros. El calendario o, mejor dicho, la referencia del paso del tiempo reside en su propio cuerpo. Ya soy mujer, me dice con entusiasmo. Ya puedes tomarme como esposa. Ser mujer no consiste solamente en ser consciente de los ritmos interiores, sino asumir funciones que, aunque se las venían enseñando desde niña, es ahora cuando va a tomarlas en consecuencia. Ya puedo llevar el hogar, sonríe con una euforia pícara. Se siente la mujer madura recién estrenada. Como si fuera la prolongación del juego infantil. Me mira revoltosa. Ahora jugaremos los dos de otra manera, propone. Si bien, ¿por qué no cambiando las reglas? Si cambiamos las reglas, respondo boquiabierto, no nos admitirán en la aldea. Pero la aldea es de todos, no pueden hacer eso, se queja. Me dan ganas de llamarla ingenua y la recuerdo que nuestros juegos de niñez, en que sin preocuparnos de ojos ajenos alterábamos los roles, quedaron atrás. ¿O creías que los juegos eran aprendizajes que no se cerraban? En las diversiones infantiles se permite todo porque los adultos no se sienten amenazados. ¿Es la amenaza, entonces, solo propiedad de los mayores?, pregunta. Más o menos. Y debo haber fruncido el ceño al decir esto porque ella pone rostro de espanto. Podríamos irnos de aquí, me propone con la boca pequeña. ¿Eso es lo que querrías? Yo no debo ser tu única referencia, le digo con cierta compasión. Sentirías nostalgia siempre por tu aldea, por tus gentes y al alejarte tu pasado se convertiría en una prisión indeseada. Prosigue argumentando. Pero estás tú, está el futuro, ¿se nos iba a negar en otro lugar desenvolver nuestras vidas? Sonrío y ella sabe que yo también lo deseo. Pero que siendo algo mayor que ella me impongo ver pros y contras. Se lo hago saber. Que ninguno de los dos procedemos de paraíso alguno. Que si nos quedamos se nos va a exigir mantenernos por debajo de nuestras aspiraciones. Que si buscamos otros horizontes nos arriesgaremos a perder la seguridad. Que si ambos nos concentramos en el deseo mutuo es para apoyarnos frente a las reglas imperantes, y no solo por nuestras apetencias más íntimas que como jóvenes debemos satisfacer. Entiendo que compartas conmigo tus dudas, y pone una de sus pequeñas y olorosas manos sobre mi boca. Dirás que soy tonta. Ni ser mujer ni ser hombre significa romper el hilo de las ilusiones de nuestros mejores años. Otros se han marchado también de este valle inhóspito antes que nosotros. Y sabemos cómo les ha ido después; para bien y para mal, digo mientras se me empañan los ojos al destello de su mirada esperanzada y limpia. Aunque tal vez tengas razón. Si no probamos nunca sabremos. ¿Lo intentamos?
(Figura femenina de terracota de la cultura Ife, del valle del río Níger. Siglos X-XII. Museo de Arte Africano de Valladolid)
sábado, 11 de marzo de 2023
Όλες απαντάμε αν αγγίξεις μία (Todas respondemos si tocas a una)
Han sostenido toda la vida el sistema. En muchas culturas y países aún no se les está permitido dar el paso al frente. Pero allí donde lo han hecho, cuánto ha cambiado todo. Por fortuna.
(Me voy a Atenas por un rato)
martes, 7 de marzo de 2023
Apolón Apolónovich pregunta por mi
¿Dices que te ha preguntado por mí Apolón Apolónovich? ¿Ese chiflado? Siempre es una cortesía que pregunten por una. Pero...Apolón Apolónovich pregunta por cualquiera aunque solo le haya visto una vez y dudo que le recuerde. Si bien tú destacas tanto en las reuniones que acaso yo, y no te burles, que no tengo ojos más que para ti, no me percibiera de todos los presentes. Pero él pregunta, finge, miente. El caso es, y tiene bien merecida fama de ello, que se hace el conocido, aunque se lo nieguen. Es un tipo al que hay que desenmascarar. Esos trucos que utiliza para aproximarse están muy gastados. Siempre con su recurso de decir ay, se le parece tanto, ay ese corte de pelo que es como el que ella, yo, tiene siempre. Ay, esa sonrisa tentadora, y otras expresiones fuera de tono. Apolón Apolónovich pone el cebo a su particular caña porque piensa, ese chiflado, que así tiene donde agarrarse el día que se produzca un encuentro de verdad. ¿Que lo busca, dices? ¿Que se muere de ganas de entrar en nuestros círculos por el único afán de verme de cerca? Ya sé. Muchos venís diciendo que es un aparente y un bocazas. Que no ha creado nada ni se le conoce por sus grandes conocimientos renovadores. Que sus teorías son solamente de palabra y que mejor ignorarle. Os sabe mal a todos que siendo un donnadie se interese por mi discreta existencia. Pero a la vez le dejáis que provoque y así intentáis ponerme a prueba. Para. Vas a decir ahora que mi existencia de discreta no tiene nada. Pues lo es, pero sois vosotros, todos los amigos del grupo los que os empeñáis en difundir por ahí que soy vuestra musa. A Apolón Apolónovich le habrá llegado la leyenda y como buen embaucador le ha faltado tiempo para interesarse por mí. Decís que no es el individuo turbio de otros tiempos, que ahora ve más claro y quiere cooperar en todo lo que tratamos de construir. No os creo. Por supuesto, me da lo mismo que abandone las orillas de su Neva para darse un paseo por estos lares. No pienso hacer el menor esfuerzo por hacerme la encontradiza ni voy a permitir que vosotros hagáis la pamema de llevarme de exposición por los tugurios a los que a buen seguro acudirá. ¿Qué? Cómo te ríes de mí. Te ríes y te hinchas y te hinchas, y corres el riesgo de descuajeringarte. Todo esto te lo estás inventando porque te gusta sacarme de quicio. Pero si fuera verdad, si a pesar de tus invenciones, me encontrara un día a ese cantamañanas en la Tretyakovskaya, por ejemplo, ten por cierto que cambiaría de sala de inmediato. Aunque bien pensado, acaso merecéis un castigo. Todos vosotros. Un castigo a tiempo puede ser una salvación ¿Y si hago algo por redimir a Apolón Apolónovich de sus manías y obsesiones? ¿Y si consigo que sea un personaje digno de algo más que su nombre rimbombante? Os estaría bien empleado a todos, aunque me hiciera pagar el precio de soportar vuestros hocicos contraídos. Quién sabe si Apolón Apolónovich no merece un punto de compasión que a mí misma me cambie.
Nota. Que me perdone Andrei Biely por secuestrar y encerrar en unas líneas que no son suyas a su personaje.
(Fotografía de Lilya Brik, cuyo autor no logro saber quién es)
domingo, 5 de marzo de 2023
Franco Fagioli en Artajerjes o L´Artaserse
Vo solcando un mar crudele,
senza vele e senza sarte.
Freme l’onda, il ciel s’imbruna,
cresce il vento e manca l’arte
e il voler della fortuna
son costretto a seguitar.
Infelice, in questo stato
son da tutti abbandonato.
Meco sola è l’innocenza
che mi porta a naufragar.
Voy surcando un mar encrespado,
sin velas ni cordelería.
Tiembla el mar, el cielo se enfosca,
arrecia el viento, flaquean las fuerzas,
y los caprichos de la Fortuna
me arrastran sin piedad.
Infeliz, en este estado
me veo abandonado por todos.
Solo permanece la inocencia
que es causa de mi naufragio.
Artaserse, música de Leonardo Vinci (1690-1730) y libreto en italiano de Pietro Metastasio (1698-1782)
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