miércoles, 13 de septiembre de 2017

Irma la amarga o el espectáculo Miami




















Déjenme que ponga las tintas en lo aparentemente secundario, desde cierto punto de vista. Primero reconocer que un terremoto, un huracán o cualquier otro elemento desatado de aquello que no controlamos los humanos causa daño, dolor y muerte en cualquier lugar del planeta. Reconocer y recordar que los efectos de cualquiera de esos elementos perjudican a otras especies animales, a la configuración de los terrenos, a las infraestructuras de las ciudades y pueblos y, en definitiva, a la vida humana. Recordar que no afecta por igual a unas zonas u otras del planeta en cuanto efectos de desastre. Que los habitantes de todos los países no pierden de la misma manera cuando son golpeados. Irma la amarga (se me disculpe, por favor, la analogía del nombre con la película estadounidense Irma la dulce, un tema que no tiene nada que ver) acecha contra poblaciones de distinta condición. Hay que recordar, por lo acontecido en ocasiones anteriores,  que reponerse de la devastación no tarda tanto en países ricos como en países pobres. Recordar que incluso en los países ricos sufren más los que menos capacidad económica e influencia social tienen respecto a sus clases medias y no digamos altas, que solo ven los riesgos por internet. ¿Y todo esto es secundario? Para mí no, para el sistema mediático sí. Porque para los medios informativos parece que la versión y muestra de los problemas viene determinada a través de los poderes fácticos de los USA, y eso pasa a ser como lo principal. Y con esto no resto importancia al azote de un cataclismo, solo intento situar realidades que son sentidas de diferente manera y relatadas con distinto rasero, si se relatan. 

La paradoja de estos días está siendo que Irma ha herido en fuerza y extensión a zonas y estados de los USA como acaso no lo hacía desde hace mucho.Pero antes se había enfurecido con varias islas de las Antillas, Haití, República Dominicana, Cuba. ¿Cuánto nos han contado los mass media sobre el desastre en esas zonas? Pero eso sí, nos cuentan al minuto desde la Sexta, la A3, la TVE cómo avanza el huracán y qué sucede en Florida y lo que venga después. America first,  ya lo dijo el number 1 de los USA no hace mucho. Y los medios siempre haciendo espectáculo noticia. ¿O es noticia espectáculo? ¿Cuánto ha durado la información sobre el terremoto ¡de magnitud 8,2! de Méjico de hace unos días? Y así para todo. 

Es cierto que la información que nos dan del Irma en la península de La Florida proporciona elementos interesantes que nos hacen pensar. Meditar sobre la reacción humana, sobre los medios para combatir la arremetida de la naturaleza, sobre la organización colectiva que les permita sobrevivir. Esos millones de evacuados, refugios repletos de gente, organización de Protección Civil, bomberos, sanitarios, todo funcionando a tope; incluso un mensaje escuché ayer de un responsable de estos medios a unos cuantos vecinos: ayúdense unos a otros. Confieso que me gustó: unas críticas no pueden empañar otras actitudes constructivas. No, no me alegro en absoluto que el mal azote territorios de los USA. Solo señalo la paradoja de que ni los más ricos del planeta se libran de las vicisitudes. Y la paradoja es más sangrante cuando el presidente que tienen es un negacionista del cambio climático. Que no se implica en las decisiones de otras potencias internacionales y no firma tratado alguno para tomar medidas que rebajen la incidencia destructiva de la productividad humana sobre la naturaleza. Siempre se ha dicho que se aprende del sufrimiento, de la destrucción, del fracaso.  En este caso, y cuando pase el temporal, digamos, y se lleve a cabo la reconstrucción  -ojo, que la reconstrucción de aquellas inundaciones de Nueva Orleans tardó mucho en tener lugar y no sé si aún les queda un trecho-  tendrán oportunidad los estadounidenses de afrontar la paradoja y hacérselo saber al de America first.

Mientras, insisto: ¿cómo han quedado otras naciones donde Irma les ha tocado y no precisamente con su varita mágica? ¿Qué sabemos de ellos? ¿Cuánto coste y perjuicio les ha causado? ¿Qué estado de habitabilidad y de condición de vida les ha dejado? Desgraciadamente, para los tiempos que corren esa serie de países caribeños no proporcionan la noticia de que le gusta ser objeto al gigante USA. Pero esta vez el coloso que ha echado un pulso con la superpotencia no es un superpoder con el que se pueda pactar. Irma tiene sus leyes y no se doblega ante ninguna White House


(Francisco de Goya: el Coloso)


lunes, 11 de septiembre de 2017

La autoseducción de la masa


















La masa se seduce a sí misma. Se contempla como única en el colectivo abigarrado, agitadora de banderas, vocera de consignas, porteadora de símbolos, agitadora de emociones, misionera de nuevos paraísos, caminante de pasos designados por una élite oscura, exultante de haber tocado cielos y, por lo tanto, perdiendo la noción de que sus pies deben mantenerse sobre el suelo. La masa se mira una y otra vez como Narciso en el agua calma del arroyo, solo que el curso donde la masa se recrea suele ser con frecuencia  turbulento.

"Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido. Desea saber quién es el que le agarra; le quiere reconocer o, al menos, poder clasificar. El hombre elude siempre el contacto con lo extraño", decía Elias Canetti en Masa y Poder . Pero ese miedo del individuo al contacto con otros en la vida cotidiana tiene una contrapartida: la seguridad que proporciona la masa. "Sólo inmerso en la masa puede el hombre redimirse de este temor al contacto. Se trata de la única situación en la que este temor se convierte en su contrario. Es esta densa masa la que se necesita para ello, cuando un cuerpo se estrecha contra otro cuerpo, densa también en su constitución anímica, es decir, cuando no se presta atención a quién es el que le «estrecha» a uno. Así, una vez que uno se ha abandonado a la masa no teme su contacto. En este caso ideal todos son iguales entre sí. Ninguna diferencia cuenta, ni siquiera la de los sexos. Quienquiera que sea el que se oprime contra uno, se le encuentra idéntico a uno mismo. Se le percibe de la misma manera en que uno se percibe a sí mismo. De pronto, todo acontece como dentro de un cuerpo. Acaso sea ésta una de las razones por las que la masa procura estrecharse tan densamente: quiere desembarazarse lo más perfectamente posible del temor al contacto de los individuos. Cuanto mayor es la vehemencia con que se estrechan los hombres unos contra otros, tanto mayor es la certeza con que advierten que no se tienen miedo entre sí. Esta inversión del temor a ser tocado forma parte de la masa. El alivio que se propaga dentro de ella (y que será tratado en otro contexto) alcanza una proporción notoriamente elevada en su densidad máxima".



(Fotografía de Misha Gordin)




viernes, 8 de septiembre de 2017

Las sombras de Can Valero Petit o la memoria lúcida de Miquel Cartisano




No, no voy a hablar de geografía urbana. Voy a hablar de alguna manera de Historia de España. Cuando leo el relato Las sombras se equivocaron de dueño por supuesto que rebajo el porte y el tono del autor adulto, Miquel Cartisano, al que trato de imaginar en pantalón corto. No me cuesta verle como niño si pienso en lo del pantalón corto porque yo los llevé también. Me cuesta verle niño porque él es hijo de las barracas allá por los 50 y 60 del siglo pasado y si uno se atiene al relato que Miquel hace en su libro no es fácil imaginar lo que tuvo que ser la vida de carencias. Personales y comunitarias.  

Se podría hablar de sociología urbana y de historia de la ciudad llamada Barcelona. En diversas ocasiones he leído textos interesantes que me han acercado a realidades del pasado sobre esa ciudad de bastantes prodigios pero también de extraordinarias desigualdades. Miquel Cartisano lo pone más fácil. Centrándose en su experiencia de infancia en el lugar en que vivía, a la vera de la montaña de Montjuïc, Can Valero Petit, simplemente relata a pinceladas la intimidad y el entorno de lo vivido bajo su prisma de niño. En el libro no se desarrolla una trama compleja o etnográfica, que probablemente el autor podría haberla intentado, pero sí extractos constantes y profundos de reflexión. Porque la memoria de Cartisano es lúcida, auténtica, honesta. Una reflexión abierta, pues el autor se limita más bien a poner el color y la forma de un paisaje para que el lector extraiga las luces y las sombras. Las del pasado y las de la historia. En ese sentido no es un libro ni costumbrista (¿costumbrismo en las chabolas?) ni mera sucesión de anécdotas. El libro lleva implícita una filosofía de a pie: la que emana de la propia condición obrera, la de los perdedores -proviniesen de una guerra o del subdesarrollo general del país que obligó a tantos al desarraigo- que deben sobrevivir y adaptarse. En este sentido el lector valora ampliamente ese continuo relato acerca de cómo la carencia y los bajos ingresos económicos llevaba a las gentes a afinar el empleo de sus medios domésticos escasos o a medir los gastos, dentro o fuera del ámbito del barrio de barracas.   




Can Valero era un barrio de barracas, calles sin asfaltar, viviendas que no tenían siquiera que haber llevado tal nombre si no es por la dignidad que aportaban sus moradores, en su mayor parte provenientes de la emigración de otras zonas de España. Lucha por subsistir en el día a día y la dificultad añadida de la convivencia en el seno de las familias pobres. "En las barracas, las caricias y el dinero siempre escasearon por un igual", dice el autor en uno de los capítulos. Pero no por ir el libro de esa situación degradada en la que vivían tantos catalanes y españoles en aquel tiempo se piense el lector que Miquel Cartisano cede al victimismo, algo que tanto se lleva en los tiempos presentes, ni escribe para conmover superficialmente. Él es escueto y como domina el tono del niño que fue y que al escribir parece recrearse en él a través de sus recuerdos el libro rezuma bonhomía. Ayuda a ello un punto irónico unas veces, de deslizamiento de ternura otras, de perplejidad incluso, sin que la redacción severa resulte en ningún momento áspera.  Y cuando el lector lee determinados párrafos del libro se da cuenta de que no se habla tanto de infancia, de chabolas, de padres y madres, de los amigos de la misma edad, del tendero, del bar, de los pequeños y lentos cambios que se iban introduciendo. O se habla de todo ello. Porque todo eso y más es la intrahistoria, y buena prueba es esta parrafada:

"La palabra emigrante solo era válida para los que marchaban a Alemania, a Bélgica, a Francia...

Para los que pisaban Barcelona venidos desde cualquier otro punto de la península, el nombre peyorativo y con el que les denominan los lugareños era el de murciano, que lentamente y con el mestizaje pasó a denominarse charnego.

Mi madre era charnega. Y yo, por mucho que me opuse a efectos de no sé qué circunstancia, también.

En las barracas existía la conciencia 'de clase'; aquella de saberse protegido por un trabajo y, por él, reconocido. A nadie le ofendía que le llamaran obrero o peón, antes bien, era esa la condición elemental para sentirse unido a todo aquel conglomerado de personas que vivían en la misma situación. En el mismo medio.

Nadie estaba allí por gusto.

Las señas de identidad de un obrero eran sus herramientas. Rara era la chabola en la que entraras que no hubiera al lado de la puerta los instrumentos de faena bien a la vista. Instrumentos que siempre se enseñaban al visitante como el dato que certificaba que allí vivía una persona de la misma clase y condición que las demá, una persona trabajadora."

    



¿Que atrapa la lectura de Las sombras...? Sin duda. Por dos motivos. Por el tratamiento medido, estrictamente narrativo, sin mayores florituras ni desviaciones, que te hace captar la situación. Dicho de otro modo: lees el texto conciso y preciso y ese texto provoca automáticamente en el lector una imagen correlativa. Ves a los personajes, sin estridencias ni dramatismos, aunque sospecho que vivir en Can Valero era un drama, no sé si abierto o contenido, cada jornada- Un drama asumido. Pero Las sombras se equivocaron de dueño cautiva también por su estilo expresivo: párrafos cortos que me hacen pensar que poseen un potente carácter de narración oral. En las páginas del libro la presencia cálida y ordenada de la madre es una constante. Desaparecido por propia voluntad el padre, la madre y el hijo conforman un tándem de supervivencia y arropamiento admirable y estricto dentro de la escasez. "Mi madre solía decir que a la vida no se le podía pedir más de lo que estaba dispuesta a darte, pero que todo lo que te daba era más que suficiente, porque eran cosas de las que anteriormente habías carecido", dice el autor. Este tándem que para el autor del libro era una impronta afectiva, que modelaba una ética y que propiciaba un aprendizaje constructivo se reforzaba también en la infancia con las vivencias cómplices con su pequeño grupo de amigos íntimos que iban explorando la vida.

Como acabo de leer el libro y aún estoy mediatizado por lo que cuenta Miquel Cartisano no me queda sino recomendar su lectura. En especial a cuantos han extraviado la memoria personal o la niegan, que es tan histórica y tan válida como la de los anales que suelen escribirse. A los hijos de los charnegos, por si han olvidado sus orígenes o los de sus padres, tan dolorosos y sacrificados. A los independentistas de estos días que creen descubrir un nuevo mundo, porque nunca viene mal que se les recuerde que el desarrollo de los territorios y el bienestar de los individuos se hace entre todos y a pesar de algunos, y no hay ningún carisma que garantice la convivencia que no sea el que viene del esfuerzo del trabajo y del acuerdo entre iguales. 





 (El autor del libro, Miquel Cartisano Méndez)

Las sombras se equivocaron de dueño, de Miquel Cartisano, está publicado por Emboscall, Moment Angular. Barcelona, 2017. 9 euros.


(Las fotografías están tomadas de internet sin que haya visto con claridad si figuraban autores)


jueves, 7 de septiembre de 2017

Hebras


















Este país nuestro (¿nuestro?) es muy raro. A la ciudadanía (¿ciudadanía?) le gusta vivir secuestrada. La que habita todas las comunidades, regiones, ciudades, pueblos y aldeas del territorio que va desde Creus al Peñón y de Gata a la Estaca de Bares. A la ciudadanía le gusta que otros (unos pocos) decidan por ella. Le gusta ser conducida, estar entregada y abandonarse. Visto lo que está sucediendo con el secesionismo catalán creo que no libro a nadie. No nos libramos nadie de que suceda lo que sucede. No solamente instituciones, partidos o corporaciones, a las que concedo especial responsabilidad pero no única, sino que el español de a pie no ha querido afrontar situaciones durante las últimas décadas. Nadie parece darse cuenta que todo es dinámico y cambiante (incluso muy mutante) y que el anquilosamiento y la obsolescencia en materia de relaciones sociales y políticas es tan nefasto con en materia técnica y mecánica. La ciudadanía ha vivido mejor en su limbo del consumo desaforado de cada día y en el espectáculo mediático y diverso a todas horas que, por cierto ella misma genera y sostiene con su capacidad productiva y con su gasto. Cogidos estamos todos por nuestras propias indiferencias. La grey se ha hecho con el individuo, éste ha sido embaucado por la demagogia de la felicidad y la renuncia al pensamiento, y a todo tipo de poderes (incluidos aquellos de los independentistas, que no son más santos ni más justos, y que les van a exigir tanto o más que al resto) les viene muy bien. Nos hemos puesto nosotros mismos la mordaza. Tendremos que pencar con problemas que nos da miedo hasta imaginar. Remendando aquel viejo chiste del gran Perich, una vez más habrá que decir: jódanme en español, por favor, jódanme en catalá, si us plau.



(Mapa de España de 1850)


lunes, 4 de septiembre de 2017

¿Para qué sirve un fotógrafo como Joan Colom, por ejemplo?


























Sirve por ejemplo para no olvidar ninguna imagen vivida, por nuestros antepasados o nosotros mismos, y levantar acta de la vida y miserias, más que milagros, de muchos paisanos.













Sirve para que nunca se olvide el extremo dolor producido por una dictadura.





















Sirve para que no olvidemos que en este país ha habido niños que no han tenido infancia.





















Sirve para que las generaciones presentes y venideras sepan que fue perseguida la sexualidad libre por la Iglesia y por el Estado e inducida hacia el lado oculto de las vidas de los españoles.

















Sirve para que que no se olvide el desgarro y el dolor de la calle.














Sirve para recordar que el machismo imperante, hijo de una sociedad patriarcal que hacía de menos a la mujer, viene de muy atrás.
















Sirve para reflexionar sobre la extensa pobreza que entristecía la vida de tantos niños.




















Sirve para que no se olvide la condición miserable y la actividad degradante de los barrios chinos (que de chinos no sé qué tenían)




















Sirve para que se tenga presente lo que tuvieron que acarrear muchas criaturas con el fin de llevar una pela a casa.

















Sirve también para no ignorar la soledad de la vejez callejera.


















Sirve para pulsar el valor de la conversación entre vecinos.














Sirve para no confundir el culo con las témporas.


Esta selección de fotografías de Joan Colom, muerto ayer a los 96 años, son solo eso, unas cuantas fotografías elegidas con intención. Por que la intención, que es subjetiva, se basa en la Historia, que es tal cual, y domina y marca no solo vidas sino interpretaciones particulares, aunque no roce a todos por igual. En las escuelas ya deberían enseñarse materias, en lo que respecta a la historia de parte del siglo XIX y todo el XX, con este tipo de elementos, superando las meras relaciones de fechas y hechos históricos, o las anodinas narraciones de situaciones económicas y sociológicas de un país y un tiempo determinados. Las imágenes fotográficas, por sí mismas, y más si es obra honesta, ya explican los sucesos, las formas de vida, los fenómenos a veces chocantes que se producen día a día en una ciudad. La fotografía es crónica que habla y permite reflexión. A diferencia de una película, donde cabe un grado de invención superior, aunque muchas de ellas tengan análogo carácter de retratar una sociedad, y sean útiles y necesarias en ese contexto, y más si se añade una creación estética digna de tal nombre, las fotografías de autores de raza como Colom son lenguaje en estado bruto  y dinámico. Las gentes de la calle se mueven, actúan en sus quehaceres o abandonos y el fotógrafo, como dice el dicho, estaba allí para fijar el tiempo y el movimiento. Y la condición social y personal de tantos seres que nos han precedido en épocas más oscuras y dificultosas. Valga este comentario como homenaje a Joan Colom, un imprescindible de todo un espectro amplio (Boix, Catalá Roca, Miserachs, Maspons, Pomés, Catany...casi todos desaparecidos ) gracias a los cuales sabemos más.



(Joan Colom en una foto de Doménech Umbert)



sábado, 2 de septiembre de 2017

¿Estarán los catalanes a punto de tragarse otro sapo?














A cuenta del tema Cataluña y los aconteceres del presente he leído algunos artículos que el agudo periodista y escritor Manuel Chaves Nogales escribiera allá por febrero y marzo de 1936. Están publicados actualmente en un libro titulado ¿Qué pasa en Cataluña?, editado por Almuzara, y ya digo que son escritos y entrevistas de hace setenta y un años. Sin embargo a uno se le ocurre pensar: ¿cuánto habrá de analogías y semejanzas entre las posiciones de aquel momento y las de ahora? ¿Qué figuras de entonces jugaban a apuestas que en el presente se pueden revelar en otros? O bien a la inversa: ¿qué personajes de hoy día van de émulos de personajes de 1936? Y aunque las aproximaciones sean de matices, que acaso no, sino que pueden estar tan marcadas, ¿de qué manera la divertida fábula  -metáfora-  de los aldeanos que se comen el sapo sigue en vigor? Y es que a uno se le quedaron grabadas hace años las primeras líneas de El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx, que decían: "Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre, la Montaña de 1848 a 1851 por la Montaña de 1793 a 1795, el sobrino por el tío. ¡Y a la misma caricatura en las circunstancias que acompañan a la segunda edición del Dieciocho Brumario!" ¿Se siguen imitando acontecimientos y roles históricos anteriores? ¿Vuelven farsas y tragedias a ocupar la escena? ¿De qué manera? O, como dicen los chuscos de mi aldea: ¿quedará todo en agua de borrajas? ¿Estarán los catalanes a punto de comerse otro sapo? ¿O lo estaremos todos? No voy más allá. Simplemente trasladar aquí la fábula surrealista que Chaves Nogales relata con tanta gracia en el artículo Después de haberse comido en sapo.    


"Cuando a los hombres de la derecha y del centro se les pide una explicación de lo que pasa en Cataluña le cuentan a uno un cuento. Es muy bonito. Dos aldeanos van de camino. Uno de ellos lleva del ronzal una vaca. Junto a una charca encuentran un sapo, que produce en el de la vaca un gesto de repugnancia. El otro aldeano, por llevar la contraria a su compañero, afirma entonces que el sapo es un animal como otro cualquiera, ni más ni menos repugnante que los demás seres vivos que a diario sirven de alimento al hombre. «¿Tú serías capaz de comerte un sapo?», arguye el de la vaca. «Me lo comería si hubiera necesidad», contesta. Disputan estos compadres y al final, como no se ponen de acuerdo, apuestan. «Te doy la vaca si eres capaz de comerte el sapo.» La codicia y el amor propio fuerzan al aldeano a coger el sapo y comérselo, cerrando los ojos de asco y conteniendo las náuseas que le dan cuando quiere vencer la repugnancia que indudablemente siente. El otro ve, acongojado, que su compadre es capaz, efectivamente, de tragarse el sapo, y ante el temor de quedarse sin la vaca que alegremente había apostado se aprovecha de las náuseas que el otro está pasando en aquellos instantes y le propone: «¿Me devuelves la vaca si soy capaz de comerme el medio sapo que te queda?». El comedor de sapos ve en esta oportunísima proposición un modo inmediato de librarse del tormento a que está sometido y alarga el pedazo de sapo que le queda a su compadre, quien cierra los ojos y se lo traga. Siguen su camino silencioso, los dos compadres. Al cabo de un rato se paran. Se miran frente a frente y se preguntan, estupefactos: «¿Y por qué nos habremos comido un sapo?»"







miércoles, 30 de agosto de 2017

La Gran Dama y la hormiga














Leo que hay revuelo por el hecho de que haya aparecido una hormiga dentro de la urna donde habita el sueño eterno la Gran Dama española. Sí, porque la Gran Dama española nunca fue la Duquesa de Alba, ni la Reina Católica, ni la Preysler, por mucho que la prensa del corazón de turrón pugne a favor de estas señoras para venta de sus papeles amarillos. Dama, dama, y lo tengo grabadito desde niño, solo cabe llamar así a la de Elche. Tampoco porque fuera de Elche, sino porque la hallaron allí. Probablemente ni siquiera procedía del lugar donde fue encontrada bajo tierra. Si fue aquella mujer de caliza un elegante producto de un demiurgo ibero, que es lo que habitualmente se dice, o tarteso o procedente de culturas del mediterráneo oriental para el caso me da igual. ¿Que si es netamente ibera dice mucho en pro de la calidad técnica y estilística de tal cultura? Sin duda, y habla a favor de lo esponjosos que fueron los iberos recibiendo influencias orientales y adaptándolas a su medio.

Pero ahora hay revuelo porque aparece una hormiga en su entorno. ¿Eso es malo? ¿Es que algunos no han oído hablar de la simbiosis y de cómo se hacen favores mutuos entre seres diferentes? Tal vez se trate de una admiradora de otra especie que no ha podido soportar que el metacrilato le impidiera manifestar su amor por la Dama. Dos mil quinientos años de belleza sin photoshop dan para enamorar a cualquiera. Yo mismo estuve enamorado en mi niñez de esa hermosura atávica que en nada se parecía a las mujeres de Castilla, de Navarra o de Andalucía. Porque la fisionomía de la Dama tiene poco de las mujeres de la historia de los últimos siglos. Pero allá por el siglo V de antes de nuestra era, tanto hombres como mujeres ¿tendrían otros rasgos? Las facciones de la Dama, ¿eran características lejanas o emuladas en estos pagos peninsulares? Yo me colgaba de ella. La contemplase perimetralmente o de frente o en perspectiva alejada la Dama se reproducía con diferentes bellezas y, en mi enamoramiento infantil pero carnal, me embelesaba con sus tics recónditos, con la tersura de su piel, con la caída en aguja solar de su nariz, con el dibujo suave de sus labios y con el almendrado fascinador de unos ojos que parecían estar hechos solo para los míos. Con su tocado y ornato no me sentía tan atrapado, no obstante resultar deslumbrante. Y es que las diosas tan puestas nunca me fueron demasiado, he preferido siempre las de servidumbre y anonimato. Y hete aquí que ahora una hormiga, quién sabe si no será la reencarnación de un guerrero ibero, de aquellos jinetes que aparecían en las monedas de diez céntimos acuñadas durante el reinado del guerrero del antifaz, accede de manera subrepticia a la intimidad de mi Gran Dama. 

No quiero pensar que se trate de un acto terrorista de nuestros días. Pero tal como ha reaccionado cierto grupo político valenciano exigiendo, denunciando y evidenciando lo mal tratada que estaba en el Museo Arqueológico Nacional nuestra fabulosa Dama, según ellos, el grito en el cielo de ese partido me ha asustado. ¿Solo por el tono? No. Más porque les ha faltado tiempo para reclamar su vuelta a Valencia, guiados por ese antiguo espíritu taifa o cantonalista que tan estrepitosos fracasos cosechó en siglos pasados. Les oigo decir, en su afán redentorista, que "han fallado todos los protocolos básicos y mínimos del museo y que de haber estado en su lugar de origen eso no hubiera pasado". ¿Su lugar de origen? ¿Qué me dicen? En todo caso que maticen: su lugar de hallazgo. Y si se refieren a esto, a uno se le ocurre: ¿es que en la Comunidad que la reclama no hay hormigas? Esa presunción que les lleva a pensar que la Gran Dama estaría mejor cuidada entre los suyos me confunde. ¿Los suyos? Los suyos, que ya no existen, podrían ser los iberos o la cultura que la diera vida. Los ilicitanos de ahora llegaron mucho después, incluso después de después, es decir tras la estancia de los moros, por decirlo en términos coloquiales y con todo respeto, naturalmente.

A mí que no me la quiten de donde está. Que no sea objeto de negociación para cualquier gobierno que busque apoyos por mantenerse. Que me la dejen ahí. Que no me la politicen y menos que me la  partidicen. Me viene cerca para ir a verla y recuperar una brizna de amor que creía olvidado.




martes, 29 de agosto de 2017

Quienes quedan en entredicho son ellos, amigo Gregorio Morán















Los amos de La Vanguardia no publicaron tu artículo Los medios del Movimiento Nacional hace un mes y ahora rescinden tu contrato. Se acabaron las Sabatinas intempestivas, tu jugosa y fecunda columna semanal. Al menos en ese medio. Pero tus seguidores entregados desde hace años no queremos que desaparezca ni el alma, ni la visión, ni la mordacidad, ni la perspectiva de su contenido. Has sido un cronista vivo, audaz, sin morderte la lengua. Anhelamos que tengas cobijo en otro medio más independiente. Porque La Vanguardia ha hecho un flaco favor a quienes persiguen con un cierto grado neurótico un nuevo Estado al que quieren llamar República. ¿Puede llegar la República con prohibiciones y censuras, hoy veladas o escogidas y mañana vaya usted a saber cómo? Desde luego, si esta actitud de intolerancia y persecución a la libertad de expresión que ha ejercitado La Vanguardia es sólo el anticipo de lo que va a venir muchos diremos que no es nuestro concepto de República lo que andan tramando ciertos clanes para instaurar allí. 

Quien queda en entredicho no es tu criterio, Gregorio. Mucha gente ha comprado La Vanguardia los sábados simplemente por leerte a ti, sobre todo en tiempos en que aún lo digital no existía y había que leer en papel. Incluso muchos de provincias del interior lo hemos hecho, aunque nos tapáramos la nariz sobre otros temas que el periódico de los Godó nos ofrecía en su conservadurismo y pactismo tradicional con los representantes de las clases pudientes de España. Ahora será que pintan prebendas y futuro de subvenciones sin límites, imagino, para los que demuestren fervor patriótico y hay que estar al supuesto mejor postor. Ahí resulta ser lo de siempre, y lo que hemos abominado algunos siempre.



(Fotografía de Fco. J. Rivas)


viernes, 25 de agosto de 2017

El cuento de nunca acabar

















Una mujer mayor me pregunta por la calle la dirección de un hotel. Como voy en el mismo sentido la acompaño y la ayudo a transportar parte del equipaje. En el recorrido charlamos coloquialmente. Mezcla español e italiano, pero resulta comprensible todo. La noto cansada aunque mantiene el tipo, no obstante sus años y los transportes que ha utilizado para llegar hasta aquí. Por lo que cuenta se la ve viajera y audaz. Ha tenido que esperar primero en la estación de tren de una capital importante del sur del país para luego tomar otro medio. Se queja prudentemente de que en aquella estación no hubiera un lugar apropiado, como en otras ciudades, Madrid o Barcelona, cita como ejemplo, para descansar un tiempo el viajero. Aquella circunstancia le debió disgustar porque me comenta que se acercó a un policía y le preguntó que cómo no había una sala aparte para una espera cómoda, como en Barcelona, osó poner de ejemplo. El policía, dice ella, se limitó a responder: Esto no es Barcelona, señora, esto es España. La mujer lo narra con indignación contenida, y me repite la anécdota, sin mayor animadversión, pero herida. Algo así como que la respuesta de un guardia, de quien no se la esperaba,  pusiera la guinda. 

Sin comentarios. O sí, uno solo: los nacionalismos y los prejuicios se alimentan mutuamente.

Cuando llegamos al hotel nos abrazamos y agradeció que la condujera hasta allí. Otra conclusión de la que me siento muy honrado: los internacionalismos también se alimentan, pero con fraternidad, ayuda mutua y esperanza.



(Fotografía de Alfred Stieglitz)


martes, 22 de agosto de 2017

Persistencia gozosa y no solo aniversario





















"La inocencia es la perduración del origen en el hombre. Un espíritu existe inocente cuando se revela como una prolongación de su naturaleza, y no como resultado de la experiencia. Al hablar de experiencia no me refiero al conocimiento estrictamente racional, o aprehensión intelectual intuitiva o metódica, sino a las acumuladas figuras de sucesos mundanos en el alma: vivencia del absurdo, de la maldad y de la estupidez; todo ello nos enmienda. Empédocles pudo conservar durante toda su vida la voluntad de pensamiento, recibida en el origen, conforme a su complexión de filósofo, y continuar siempre inocente; igual cabe afirmar de Demócrito: la experiencia nada pudo contra ellos. En cuanto el hombre se revela capaz de mantener durante más tiempo su conexión con el origen, más consciente del destino y facultado para el arte y el entusiasmo se muestra. Y como nada existe más inmediato al origen que el niño, tampoco hay nadie más cerca de la inocencia y el destino, ni nadie, sin duda, que viva el entusiasmo con mayor vigor". 

Son palabras de Miguel Espinosa en Asklepios, un libro asombroso, de degustación exquisita. Nada que añadir. Tal día como hoy y a la misma hora, hace once años, cierto individuo provinciano e inquieto inició un camino hacia el origen, aunque sea inevitable su destino. Si la excusa fue en aquel momento el descubrimiento parcial de Karl Kraus y su libertad de pensamiento, amén de la tenacidad en persistir en su expresión contra viento y marea de los dogmas y fundamentalismos de la sociedad que habitaba, la excusa de Fackel hoy es más natural y sencilla. Sobrevivir, seguir asombrándose, agradecer la compañía de cuantos pasan por el blog y reconocer el valor del azar por proporcionarle descubrimientos que le siguen alentando.  


https://laantorchadekraus.blogspot.com.es/2006/08/kraus-vive_115619923218371994.html





(Fotografías de Álex Winckelman e Isabel Gómez, por ese orden)
 

domingo, 20 de agosto de 2017

Qué fue de




¿Qué fue de aquel flequillo? Una pregunta que se multiplica. Por ejemplo. ¿Qué fue de aquella mirada pícara? ¿Qué fue del rubio tirando a castaño? ¿Qué fue del esbozo de sonrisa ingenuo? ¿Qué fue de sus despistes iniciáticos? ¿Qué fue del ejercicio de quietud aparente? ¿Que fue de su piel limpia y lisa? ¿Qué fue de aquellos labios que bebían de sí mismos? ¿Que fue de aquella capacidad de memoria cinematográfica? ¿Que fue de la tensión controlada, pero natural, con la que a veces se evadía? ¿Qué fue del niño aplicado y sumiso? ¿Y del travieso? ¿Qué fue de un carácter crédulo a más no poder? ¿Qué fue de sus fantasías siempre tan asequibles como en ocasiones sinuosas? ¿A dónde fue a parar su agilidad de saltimbanqui? ¿Cómo evolucionaron sus turbaciones? ¿Dónde quedó su pasión por los descubrimientos? ¿Y la rabia creadora? ¿En qué momento estallaron las preguntas? ¿Quién le impuso la señal de una risa abierta que ha ido mermando? ¿Qué pasó con su perplejidad latente? ¿Qué fue de su agitación continua? ¿Qué fue de su ternura innata? ¿Y de su ritmo ilimitado de juego? ¿Qué fue, en fin, de todo su cuerpecito? El que vino después y después de después es un espécimen de déspota nostálgico de aquella otra criatura al que le atrae pero le duele apostar por el recuerdo. ¿Puede encontrarse rastro del infante desaparecido tras su devenir presente, esto es, más allá de las arrugas, el cabello demediado, la barba cana, su mirada cansada, un aire desgarbado, las manchas nacientes cada día sobre la piel, cierta galbana creciente, un despiste elevado, un reconcentramiento excesivo, los rictus incrédulos, la teatralidad huidiza, su cuerpecito desmejorado?  

Son preguntas al vacío. Como mucho, ecos de preguntas sin consistencia. Pero él piensa: mientras me las pueda hacer...




viernes, 18 de agosto de 2017

miércoles, 16 de agosto de 2017

Antonio Machado en vigor




Antonio Machado en Juan de Mairena: "El paleto perfecto es el que nunca se asombra de nada; ni aun de su propìa estupidez". O bien: "Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque solo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura".

Cada vez me convenzo más de cómo siguen en vigor las irónicas pero directas aseveraciones de Antonio Machado Ruiz  -muerto en el exilio, enterrado en Collioure, Francia, dicho en catalán Cotlliure-  que publicara en 1936.

Sus palabras sirven hoy día como entonces para desarmar y descalificar a los necios. Menos veneno por parte de estos vendría bien para seguir procurando el entendimiento y la concordia. Que tome nota el Ayuntamiento de Sabadell.


Al ver esta mañana el artículo de Ian GIbson, y agradeciendo que haya gente sensible a la que repugna la estupidez y la falsedad, me ha parecido interesante poner aquí el enlace:


https://elpais.com/cultura/2017/08/16/actualidad/1502906472_695077.html



martes, 15 de agosto de 2017

Aire fresco con Pierre Étaix para este día de Agosto y Cierra España




Apto para todos los públicos, en especial para quien se aburra, no se aguante a sí mismo, esté deprimido, cargado de deudas o de ira, sufra un desamor, se crea el rey del mambo o propuesto en un consejo de ministros, alardee de seductor, se encuentre pendiente de un hilo o en un callejón sin salida, o simplemente no soporte a los cuñados, hijos, padres o demás fauna del entorno en esta fecha fatídica. Muy propio para levantarte el día de tedio festivo de la Virgen de Agosto y Cierra España

Agradeciendo a Filmoteca Shangrila la recuperación de esta genial película corta (no llega a doce minutos) de Pierre Étaix y Jean-Claude Carrière, de 1961. ¿Quién dijo que las cosas pueden ir a peor? Tal vez, pero conjuremos la suerte con humor.



domingo, 13 de agosto de 2017

A pídola



Me he reconocido en la cola, esperando para el salto, con mi jersey de pico y corbata, pantalones cortos y las medias de lana bien subidas casi hasta las rodillas. Trataba de apartar a un lado mi flequillo travieso, mientras me mordía la lengua e intentaba convencerme de que tenía que estar a la altura de la prueba. Podía hacer frío pero no teníamos frío. El juego, era todo expectación. Cada cual esperaba su turno para demostrarse a sí mismo el poder del impulso y no quedar por debajo de los otros chicos. Me vienen aún algunos nombres a la mente, caras que hoy no reconocería por la calle, y parece que estoy oliendo aún la naftalina de las prendas de algunos compañeros o que saboreo aún el último cacho de pan con membrillo. Y sobre todo la lenta oleada de sudor que destilaba aquella zona del patio donde nos concentrábamos para saltar a la mula. Pretendíamos que aquellos ejercicios cada vez más ágiles, más audaces, más duros y tantas veces más salvajes y exagerados confirmaran al hombre que se iba haciendo, sin sospechar que de manera análoga a como ascendíamos en la escala de nuestra fortaleza algún día empezaríamos a decaer. Entonces las cosas no eran tan explícitas. Proponerse un paso más difícil en la escala del juego era excitante y atrapaba. Algunos se lucían especialmente, debido a su talla o al elegante control de su cuerpo. Los más pesados de movimiento y con cierta obesidad o bien permanecían al margen o se esforzaban por no ser menos, entre las risas un tanto crueles que provocaban los saltos frustrados por sus dificultades. Yo, que era menudo y no muy consistente, me cimbreaba bastante bien y normalmente sorteaba la altura. Otra cosa era cuando tocaba ser el burro o la recua sobre la que iban a dejarse caer uno tras otro los chavales hasta acumularse encima del grupo que quedaba debajo sosteniéndolos. Ciertamente, ahora se da cuenta uno de que se trataba de un juego democrático, en tiempos en que tal palabra se desconocía absolutamente. Democrático y de alternancia, que diríamos hoy, pues todo el mundo jugaba todos los papeles, a todos nos tocaba saltar o soportar al que saltaba, estar por arriba o por debajo, dependía de las partidas y de quienes dirigían las bandas que las sorteaban. Y un elemento inolvidable, la velocidad. Cuanta más velocidad se imprimiera al ejercicio más crecía la tensión, y los gritos, y los ánimos. El estímulo del colectivo prendía en el individual y la fila se convertía en un solo ser agitado, pletórico de vida. Una especie animal de circunstancia cuyo mundo no se llamaba Tierra sino Puro Juego. A veces pienso que aquel tipo de ejercicios, donde era impensable la tontería sofisticada que abunda ahora, tenían más de pedagogía autogestionaria que cualquier clase de enseñanza reglada. ¿Qué más se puede pedir a una pídola, mula o burro que hacer del cuerpo entero una herramienta lúdica, donde todos los órganos crecían en una acción coordinada?



(Fotografía de Santos Yubero)


viernes, 11 de agosto de 2017

Qué poco original el cartel barrendero de los cupistas




Lo del cartel que ha sacado un partido metaindependentista de Cataluña con el lema Escombrem-los! (¡Barrámoslos!) adolece de una falta de originalidad absoluta. Hay muchos carteles en la historia de la prensa satírica y política de los siglos XIX y XX que utilizan esa idea. Aunque seguramente el ilustrador copón, que no ha trabajado demasiado para hacerlo, más allá de poner caras de hoy a canes de siempre, se haya inspirado en un afiche leninista tal como resalta hoy la prensa. Pues si de imaginación se trata hasta en el tardofranquismo y primera etapa democrática se llegaron a diseñar carteles de mayor altura estética y de mensaje más exacto. Pero las viñetas satíricas de prensa o de pared tienen un largo recorrido anterior fructífero, divertido y representativo para los adictos a los mensajes de cada partido o sector social.

Es probable que a las nuevas generaciones que conocen poco del pasado les haya gustado o disgustado, según, el cartel de la barrendera, pero les aconsejo que a través de internet localicen imágenes más imaginativas, fustigadoras y con los pies en la tierra  -con el agravante de que la prensa y los dibujantes de entonces se la jugaban con el poder-  que la que expone ese partido que quiere asaltar los cielos, dotados para ello de una fantasía dudosa y arriesgada en sus pretensiones políticas. Porque, naturalmente, no basta con barrer a los corruptos o a los que han hecho mala gestión o a los representantes elegidos que no gustan. Si barres y adecentas la casa habrá que ocuparla después y...¿hay garantías de que todos podrán morar en ella? ¿De verdad creen que una minoría va a imponer nuevas reglas de juego en un mundo multipolarizado y transnacional? 

Puestos a buscar carteles, tralará, encuentro algunos por la red, y mira que los hay maravillosos. Quién sabe si el dibujante plagiador de turno no utilizará alguno de ellos, con rostros de hoy, claro, en próximos pasos de una campaña de clientelas y desatinos. Así que brindo por la expresión libre y crítica, pero sobre todo nueva, creativa, donde la imagen valga y no solo repita. ¿O pasaron los tiempos de la imaginación?











jueves, 10 de agosto de 2017

Quiero ser como Beckham, aunque ahora quieren ser como Messi o como Shakira




¿Se acuerdan de aquella divertida película de la chica india que quería jugar al fútbol y cuyo modelo era el futbolista? La chica Jess quiere ser jugadora, en lugar de estudiar y hacer lo normal de una sociedad normal, y todo su empeño es participar en un equipo femenino. Bueno, en cierto modo, ella era rompedora. No sé si se puede decir lo mismo de muchos niños y jóvenes que igual querían ser como él no solo por su juego sino por lo que cobraba, y por sus marcas de slips y su paquete, o por sus beneficios publicitarios o por su amplio repertorio de negocios de los que no sabemos. Porque los niños, créanme, son muy subliminales. Dicen querer ser como tal personaje y todos nos pensamos que es meramente por la imagen más conocida del personaje. Pero un tipo de estos trae en fila otra serie de modelos en sí mismo, imagen de triunfadores, de gente reconocida, de personas que siempre se lo pasan bien (menos cuando se separan y lo pasan mal por la pasta que tienen que soltar), de tipos que siempre andan de fiesta en fiesta y con tíos y tías que no se les resisten, de gente bien vestida y mejor perfumada (aunque vaya usted a saber de sus halitosis), de hipermillonarios...Porque los niños, además de subliminales son también muy egoístas y este don o plaga es algo que explica que de mayores seamos como somos de propietarios ávidos de todo lo que nos caiga. 

Viene a cuento de las preferencias que tienen hoy los niños respecto a lo que les gustaría ser de mayores. Una pregunta que ya nos hacían hace más de medio siglo, solo que entonces nos preguntaban las amistades de nuestros papás y ahora son las encuestas las que hacen de amistades de los papás. Y así veo que no ha evolucionado mucho el panorama de los últimos años, que los niños quieren ser futbolistas, policías, maestros y ¡youtubers! Esta última opción se abre paso y no sería de extrañar que los próximos años fuera destacando hacia la cabeza de la clasificación. Entre las niñas parece que prima algo más el modelo estable, y sus preferencias son: profesoras, doctoras, veterinarias, peluqueras y cantantes. Por supuesto, dejo la considerada reflexión a ustedes, porque todas esas preferencias nos indican con claridad la influencia y manipulación que todo lo mediático tiene sobre las tiernas y adultas edades.  Ah, sobre personajes estrella que desearían los chicos como jefe o líder pocas dudas les caben: Messi (naturalmente no parece importar que haya sido condenado a cárcel por los tribunales debido a delitos fiscales) y Shakira. Por cierto, el otro día estrené unos gayumbos marca Beckham porque yo también quería ser como Beckham. Y es que las tendencias duran todo lo que se quiera que duren.


lunes, 7 de agosto de 2017

La sopa boba. Contra la guarrería política




Parece que es lo que se lleva. Ser guarros, no políticos. Lo que ocurre hoy día es que debe estar produciéndose un fenómeno de vasos comunicantes. En principio a quien se dedique a tener actividad política  -desde el militante de base al colaborador o al profesional de un partido-  habría que reconocerle limpieza. Para interesarse por los asuntos colectivos se requiere higiene mental, herramientas como la tolerancia, el respeto y la claridad, una cierta dosis de inteligencia, cuanta más mejor, y una actitud coherente a ojos internos y externos de los planes y proyectos que se traen entre manos. No sé qué pasa pero todo eso anda descabalado. Cierta política y unos cuantos políticos  -o eso se creen ellos que son-  se han lanzado al extremo guarro. Es verano y no sé si son las serpientes del mismo, la repugnante y mediocre atención de los medios pseudo informativos, y el desquiciamiento de unos partidos y otros que viven más para colocarse en posiciones de ventaja cara a episodios electorales que para preocuparse de los amplios y profundos problemas de la ciudadanía, pero el caso es que el ciudadano medio solo percibe confusión. Tal vez se trata de espectáculo, que ya se sabe que en este país de fútbol, toros y festivales, mola mucho. ¿Que hay un fenómeno de turismo en grandes urbes que parecen colapsarlas? Un grupo de salvadores que no sabe a dónde va se encarga de iniciar una protesta-boicot urbana de baja intensidad, sin proponer alternativas, pero que genera inquietud en el sector comercial de turno y, antes o después, riesgo de desconfianza en los ciudadanos transnacionales. ¿Que hay una huelga en un aeropuerto fundamental donde, independientemente de la protesta legítima de los trabajadores, se incordia a miles de pasajeros accidentales? Pues no hay manera de entendimiento entre las partes del conflicto inmediato, a lo cual se suma la disputa y el echarse en cara sobre competencias entre administraciones. Hoy la última es que se apuntan otros salvadores para hacer propaganda entre los sufridos pasajeros de sus utópicas pretensiones secesionistas. ¿Qué decir de otros, como ese echarse los trastos a la cabeza entre líderes del mismo partido que se pretende que puede cuando cada vez puede menos? ¿O que reventón no causa escuchar a la tradicional y montaraz derecha española poniendo verde al resto con sus gracejos venenosos medidos más que comedidos? Y así podríamos ampliar la lista, con lo que queda todavía de verano, que vaya a saber usted qué nuevas suciedades no nos deparará. Sí, soy un pésimo opinador de la política. Solo toma nota. Pretender analizarla me supera y el que piense que no, que es facilona de entender, que se meta a tertuliano de televisión. Pero eso no me libra de mis cabreos e indignaciones y de constatar que más que política y políticos hay mucha guarrería y crecientes asquerosos. Cuestión de servicio de recogida de basuras que los entes implicados no ponen en práctica.

NB. Me conformo con encontrar tipos honestos que digan como el de la viñeta de Manel Vizoso, aquí presidiendo la entrada.



sábado, 5 de agosto de 2017

Muere una niña más y qué














Mucha palabrería, mucha foto de representantes públicos, mucha apariencia, mucha concentración ante los ayuntamientos, mucho pacto de blablá contra la violencia de género, pero la Administración pública sigue lastrada por sus burocracias y sus hipocresías. Por supuesto que hay bestias humanas que seguirán cometiendo tropelías con otros hombres, con mujeres, con niños y con ancianos. Pero si se supone que mantenemos organismos de las administraciones públicas para controlar a los monstruos de los que ya se sabe que lo son no se entiende que la burocracia impida actuar y evitar males extremos como el de esa niña asesinada en Valladolid. Hoy día, con los medios que hay, si la Administración no toma medidas oportunamente queda en entredicho. No valen la demagogia, las banderas a media asta, la aplicación floja de la ley o su propia insuficiencia, el duelo formal de los municipios y los pactos de pacotilla entre los partidos. Si el Estado y sus derivados y prolongaciones, incluidas las que propugnan independencia, no se preocupan de la ciudadanía más desfavorecida  -¿acaso no lo es una niña de cuatro años?-  no me hablen de política. Porque ésta huele fatal por mucha encuesta del CIS que se esgrime. Tómese nota o dimitan quienes resultan inútiles para gobernar. ¿Es pedir demasiado? Muere una niña más -o una mujer adulta- y qué se está haciendo, señores. Revisen los aparatos mediáticos, cuestionen la mentalidad media de la grey, analicen los valores mediocres de los que se empapan muchos paisanos, actúen preventivamente. ¿Es una demanda exigente únicamente para los que gobiernan? Es un grito contra la sociedad, cada vez más individualista, que mira para otro lado. Si no actuamos hoy no estaremos libres de la barbarie al día siguiente.

http://www.eldiario.es/sociedad/Asociacion-Campoamor-Fiscalia-Servicios-Sociales_0_672632960.html

http://ultimocero.com/noticias/movimientos-sociales/2017/08/05/unanime-exigencia-de-responsabilidades-por-el-asesinato-de-la-nina-de-4-anos/


martes, 1 de agosto de 2017

El buen salvaje de Artemio Rodríguez



Me ha llamado la atención la ilustración de cabecera del grabador mexicano Artemio Rodríguez en su blog. Este magnífico ilustrador, que bebe de la extensa tradición europea medieval del grabado y que tiene como maestro, entre otros, al satírico e imaginativo José Guadalupe Posada, lleva años de un trabajo intenso y creativo. Grabados, series y libros se han combinado para hacernos la mirada más clarividente. No solo me ha atrapado el dibujo sino que me ha entusiasmado. Ese bosque intrincado, esas criaturas de mirada torva, esas caras emergentes de los troncos de los árboles, ese diablo del bosque del que se me antoja más de una lectura. O bien protege a los niños, o bien trata de salvarlos de ser más salvaje que él mismo (en el peor sentido, basta ver lo armadas que van las criaturas, y un salvaje no es un bárbaro) o bien es un salvaje ingenuo que no sabe que el corazón del bosque está poblado de almas turbias capaces de acabar con el medio. ¿Será por eso que, en previsión de algo inevitable, el salvaje esté dotado de dos rostros?

La representación de estas criaturas imaginarias viene desde tiempos primitivos, aunque sean objeto iconográfico y literario abundante durante la Edad Media e incluso entrado el Renacimiento. Adjunto fotografía de uno de los salvajes de la fachada del Colegio de San Gregorio de Valladolid, de finales del siglo XV, para aportar similitudes.




Pues bien, mi amigo Jean, al que no veo desde hace tiempo, parece que se ha lanzado en su blog a la aventura de poner palabras caprichosas (él lo dice) a uno de los trabajos de Artemio Rodríguez, el Juego de la oca, que ya tenía en Méjico su currículo de representación de mano del genial Posada. Pues ya se verá, yo aviso de los riesgos de traducir imágenes a escritura. Pero ¿no es acaso algo natural y consecuente interpretar en nuestro interior la obra gráfica ajena? Por otra parte, ya le diré lo que tenga que decir a Jean por activa, por pasiva o por semipensionista. O bien me calle y simplemente siga su curso de ocurrencias y devaneos.

http://tulaevanescente.blogspot.com.es/2017/07/el-juego-de-la-oca-de-artemio-rodriguez.html