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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








miércoles, 13 de septiembre de 2017

Irma la amarga o el espectáculo Miami




















Déjenme que ponga las tintas en lo aparentemente secundario, desde cierto punto de vista. Primero reconocer que un terremoto, un huracán o cualquier otro elemento desatado de aquello que no controlamos los humanos causa daño, dolor y muerte en cualquier lugar del planeta. Reconocer y recordar que los efectos de cualquiera de esos elementos perjudican a otras especies animales, a la configuración de los terrenos, a las infraestructuras de las ciudades y pueblos y, en definitiva, a la vida humana. Recordar que no afecta por igual a unas zonas u otras del planeta en cuanto efectos de desastre. Que los habitantes de todos los países no pierden de la misma manera cuando son golpeados. Irma la amarga (se me disculpe, por favor, la analogía del nombre con la película estadounidense Irma la dulce, un tema que no tiene nada que ver) acecha contra poblaciones de distinta condición. Hay que recordar, por lo acontecido en ocasiones anteriores,  que reponerse de la devastación no tarda tanto en países ricos como en países pobres. Recordar que incluso en los países ricos sufren más los que menos capacidad económica e influencia social tienen respecto a sus clases medias y no digamos altas, que solo ven los riesgos por internet. ¿Y todo esto es secundario? Para mí no, para el sistema mediático sí. Porque para los medios informativos parece que la versión y muestra de los problemas viene determinada a través de los poderes fácticos de los USA, y eso pasa a ser como lo principal. Y con esto no resto importancia al azote de un cataclismo, solo intento situar realidades que son sentidas de diferente manera y relatadas con distinto rasero, si se relatan. 

La paradoja de estos días está siendo que Irma ha herido en fuerza y extensión a zonas y estados de los USA como acaso no lo hacía desde hace mucho.Pero antes se había enfurecido con varias islas de las Antillas, Haití, República Dominicana, Cuba. ¿Cuánto nos han contado los mass media sobre el desastre en esas zonas? Pero eso sí, nos cuentan al minuto desde la Sexta, la A3, la TVE cómo avanza el huracán y qué sucede en Florida y lo que venga después. America first,  ya lo dijo el number 1 de los USA no hace mucho. Y los medios siempre haciendo espectáculo noticia. ¿O es noticia espectáculo? ¿Cuánto ha durado la información sobre el terremoto ¡de magnitud 8,2! de Méjico de hace unos días? Y así para todo. 

Es cierto que la información que nos dan del Irma en la península de La Florida proporciona elementos interesantes que nos hacen pensar. Meditar sobre la reacción humana, sobre los medios para combatir la arremetida de la naturaleza, sobre la organización colectiva que les permita sobrevivir. Esos millones de evacuados, refugios repletos de gente, organización de Protección Civil, bomberos, sanitarios, todo funcionando a tope; incluso un mensaje escuché ayer de un responsable de estos medios a unos cuantos vecinos: ayúdense unos a otros. Confieso que me gustó: unas críticas no pueden empañar otras actitudes constructivas. No, no me alegro en absoluto que el mal azote territorios de los USA. Solo señalo la paradoja de que ni los más ricos del planeta se libran de las vicisitudes. Y la paradoja es más sangrante cuando el presidente que tienen es un negacionista del cambio climático. Que no se implica en las decisiones de otras potencias internacionales y no firma tratado alguno para tomar medidas que rebajen la incidencia destructiva de la productividad humana sobre la naturaleza. Siempre se ha dicho que se aprende del sufrimiento, de la destrucción, del fracaso.  En este caso, y cuando pase el temporal, digamos, y se lleve a cabo la reconstrucción  -ojo, que la reconstrucción de aquellas inundaciones de Nueva Orleans tardó mucho en tener lugar y no sé si aún les queda un trecho-  tendrán oportunidad los estadounidenses de afrontar la paradoja y hacérselo saber al de America first.

Mientras, insisto: ¿cómo han quedado otras naciones donde Irma les ha tocado y no precisamente con su varita mágica? ¿Qué sabemos de ellos? ¿Cuánto coste y perjuicio les ha causado? ¿Qué estado de habitabilidad y de condición de vida les ha dejado? Desgraciadamente, para los tiempos que corren esa serie de países caribeños no proporcionan la noticia de que le gusta ser objeto al gigante USA. Pero esta vez el coloso que ha echado un pulso con la superpotencia no es un superpoder con el que se pueda pactar. Irma tiene sus leyes y no se doblega ante ninguna White House


(Francisco de Goya: el Coloso)


9 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Un enfoque posible más, no tiene que ser ni más certero ni más justo. Es una percepción, pero es que siempre que hay alguna catástrofe grande parece que solo les pasa a los grandes. No te cuento cuando sucede en Asia o en Äfrica (¿no son la hambruna o los desplazamientos o la sequía diversas modalidades de catástrofes?) Me revienta el trato informativo desigual.

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    2. Comprendo el dolor, y lo comparto. Cuando uno consigue salir un mínimo de su mismidad que lucha contra la injusticia y descubre la inmensa injusticia exterior y rampante, llámese aleatoriedad, lo normal será rebelarse. Cada cual sacará unas conclusiones para la supervivencia. Quienes se crean que esto va de rositas estará perdido porque solo vive en el plano que intereses y causalidades diversas imponen y desconoce su cara oculta o contrapartida.
      Resulta complicado y desequilibrante combinar análisis de introversión absoluta con discernimiento amplio sobre estructuras exteriores terroríficas.
      Nos conformamos diciendo eso de "no somos nada" pero luego pensamos y actuamos contradictoriamente porque a final de cuentas lo significamos todo para nuestra mismidad que nos impulsa a la autoprotección.
      Puñetera vida tan engañosa.
      Por cierto los norteamericanos del sur son gente de lo mas solidaria y amable, quizás porque sepan mas de dolor y perdidas que los del Norte. N.Y.: "a melting pot". Poder y dinero se imponen siempre, nos guste o no. Todos lo buscamos en cierta medida para sobrevivir o defendernos. Me parece que el conocimiento solo consuela para soportar tanta acritud.

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    3. ¿Los de Alabama, Luisiana, Georgia...? Pues me llama la atención, porque tienen una fama proveniente del racismo pistonuda. Pero tengo que creerte porque has vivido por allí. Soy receptivo a cualquier información que derribe tópicos.

      Me resulta curioso también que en la isla de Saint Martin, que es de Francia, van a ser repatriados los españoles que vivían allí no por el huracán sino por los saqueos y asaltos que tienen lugar, luego deja mucho que desear tanto las condiciones de vida allí como el Estado francés. No acabamos de saber y menos de aprender.

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    4. Viví el racismo en Oklahoma, en 1965/66, también la guerra de Vietnam y la encarnizada oposición de algunos jóvenes antibelicistas. Una cosa es el racismo y otra muy distinta el sentimiento de solidaridad. Claro que energúmenos los hay en todas partes. En aquellos tiempos la mente de los blancos tenía más que ver con lo que en nuestros tiempos tiene que ver con el término "machismo". Los hispanos también estaban mal considerados, pero si eras europeo era otro cantar. Yo viví con una familia ultraconseradora y por supuesto republicana: No me aguantaban, pero les daba sopas con onda y no les quedó otra que soportarme. En todas partes hay machitos solidarios, ¡más majetes ellos! Jaajj puedo dar fe.

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    5. Sí, claro, se puede ser racista con los de fuera y solidarios con los de dentro. Por ejemplo.

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  2. Curiosamente, después de escribir esta entrada leo en El País sobre el mismo tema, con más precisión.

    https://elpais.com/elpais/2017/09/11/opinion/1505141936_980230.html

    Me alegra mucho saber que la sensibilidad que uno manifiesta ante sucesos y tratamientos de autoridades y medios sobre los mismos también es compartida por más personas.

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  3. Eso parece, ciertamente. Así es como se mostraban entonces. A final de cuentas me temo que es la propia esencia humana la que contamina porque es penosa y por el hecho de sentirse superior a todo lo demás.

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    1. Nos puede la soberbia y sabernos, perdón, creernos, que estamos por encima de otros.

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