Ayer hice esta foto. Reconozco que la he tratado, ya sabes, que si más contraste que si más brillo que si más color. O que si menos. No sé por qué al final la dejé así. El túnel es verde, pero la pared sale más verde todavía. No, por favor, que nadie diga ahora aquello de verde de esperanza que siempre me pareció además de cursi francamente inservible. Aunque ya sé que los humanos otorgamos colores a los valores y valores a los colores. Con desigual acuerdo y aceptación, naturalmente. La luz eléctrica es amarillenta como el rostro de un afectado de ictericia, luego poco estimulante. Los individuos que circulan son oscuros, negros, bílicos, acaso sombras. Ni siquiera sé si son personas, aunque me pareció que hablaban entre ellas (iban delante de mí) Luego hay un montón de grafitis que no aportan nada, signos esbozados, algún mensaje como de otro tiempo. Y esa sensación de que el lugar es una caja cerrada donde los que están dentro se ven agitados pero sin poder salir de ella. Algunos lo llamarán país, patria, nación, territorio, pero creo que les da vergüenza llamar a la caja de una manera que pueda ser aceptada. Mejor que no la denominen de ninguna manera o, en todo caso, caja china, que es lo que priva. Yo prefiero llamarlo contenedor, que es lo más acorde con el ultrarégimen de mercado totalitario que vivimos, con el comercio impuesto que nos saca las entrañas, con las relaciones laborales de costo en que se nos considera eso, costo y presupuesto, con el carácter de tal mercancía que nos identifica porque, oigan, no somos otra cosa los circulantes del contenedor. Los que trabajan, mercancía llamada productiva. Los parados, mercancía en reserva o simple subproducto o deshecho, según. Claro, hay una luz a la derecha, tenue, parece luz del día, lo que llamaríamos la luz verdadera, que no sé si es la verdadera luz o también una alucinación. Porque yo, que lo leo todo, me apunto siquiera por unos segundos todo lo que advierto, registro con mis ojitos cansados cada garabato de pared o cartelón de fachada, creo alucinar. El mensaje del fondo, ¿de qué habla? ¿Qué pretender vender? ¿Qué reclama? ¿O es una capa que ha quedado al descubierto cuarenta años después de los anteriores cataclismos del sistema? Alucinaba de tal manera este cronista callejero que fui, toqué las letras, deletreé: la ele con la u, lu. La che con la a, cha. La o con la o, solo o. La be con la erre y la e, bre. Y la erre y la a, dan ra. Cuando intenté leerlo de seguido no me salía. Pero sentí una agitación tan grande dentro de mí que corrí buscando la salida. Pero no la encuentro, señores, no la encuentro (aunque la desee)
domingo, 16 de diciembre de 2012
Los colores de la bilis
Ayer hice esta foto. Reconozco que la he tratado, ya sabes, que si más contraste que si más brillo que si más color. O que si menos. No sé por qué al final la dejé así. El túnel es verde, pero la pared sale más verde todavía. No, por favor, que nadie diga ahora aquello de verde de esperanza que siempre me pareció además de cursi francamente inservible. Aunque ya sé que los humanos otorgamos colores a los valores y valores a los colores. Con desigual acuerdo y aceptación, naturalmente. La luz eléctrica es amarillenta como el rostro de un afectado de ictericia, luego poco estimulante. Los individuos que circulan son oscuros, negros, bílicos, acaso sombras. Ni siquiera sé si son personas, aunque me pareció que hablaban entre ellas (iban delante de mí) Luego hay un montón de grafitis que no aportan nada, signos esbozados, algún mensaje como de otro tiempo. Y esa sensación de que el lugar es una caja cerrada donde los que están dentro se ven agitados pero sin poder salir de ella. Algunos lo llamarán país, patria, nación, territorio, pero creo que les da vergüenza llamar a la caja de una manera que pueda ser aceptada. Mejor que no la denominen de ninguna manera o, en todo caso, caja china, que es lo que priva. Yo prefiero llamarlo contenedor, que es lo más acorde con el ultrarégimen de mercado totalitario que vivimos, con el comercio impuesto que nos saca las entrañas, con las relaciones laborales de costo en que se nos considera eso, costo y presupuesto, con el carácter de tal mercancía que nos identifica porque, oigan, no somos otra cosa los circulantes del contenedor. Los que trabajan, mercancía llamada productiva. Los parados, mercancía en reserva o simple subproducto o deshecho, según. Claro, hay una luz a la derecha, tenue, parece luz del día, lo que llamaríamos la luz verdadera, que no sé si es la verdadera luz o también una alucinación. Porque yo, que lo leo todo, me apunto siquiera por unos segundos todo lo que advierto, registro con mis ojitos cansados cada garabato de pared o cartelón de fachada, creo alucinar. El mensaje del fondo, ¿de qué habla? ¿Qué pretender vender? ¿Qué reclama? ¿O es una capa que ha quedado al descubierto cuarenta años después de los anteriores cataclismos del sistema? Alucinaba de tal manera este cronista callejero que fui, toqué las letras, deletreé: la ele con la u, lu. La che con la a, cha. La o con la o, solo o. La be con la erre y la e, bre. Y la erre y la a, dan ra. Cuando intenté leerlo de seguido no me salía. Pero sentí una agitación tan grande dentro de mí que corrí buscando la salida. Pero no la encuentro, señores, no la encuentro (aunque la desee)
sábado, 15 de diciembre de 2012
jueves, 13 de diciembre de 2012
Suspirando por Ravi
Cuando un gran músico muere. Y los recuerdos de los tiempos que creímos y sentimos felices nos acechan. Solo queda permanecer en silencio, palparnos la piel y suspirar. Mereció la pena vivir lo que vivimos cuando escuchábamos en grupo sus interpretaciones, despojándonos de nuestras inquietudes y aplazando miradas cómplices, para entregarnos al gran y medido ritmo. A la gran enajenación, de la que salíamos purificados. Nos envolvíamos en los sueños y en los colores de aquellos arpegios. Crecíamos en ellos. La música nos hará nuevos. Y además libres. Gracias, Ravi.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Nuestro error
ver que nada cambia aunque nada se detenga
de lo que está instalado sobre nosotros
y que nos enchiquera en los pequeños márgenes
que son también suyos
vivimos solo y solos
en minúsculos y reducidos espacios
(por vivir quiero decir ser)
nuestro error debe consistir en pensar
meditar
considerar
razonar
(naturalmente es el error de quienes se atreven a todo ello)
y sobre todo pretender decidir
(un imprudente error, el más peligroso;
es obvio que hay otro mayor y definitivo:
pretender actuar por nuestra cuenta
y conforme a nuestro pensamiento)
pero siempre están por encima los monstruos
(ahora más abominables y poderosos que nunca)
impidiendo
que decidamos
y que lo hagamos desde cada uno
y con muchos
¿qué margen nos dejan?
uno exclusivamente: consumir ciegamente sin saber
si más allá viviremos
(insisto: vivir es ser o no es más que inercia absurda)
lo demás, no nos engañemos, es decir amén
mal vivir
¿y las ideas?
presumimos tanto de ellas
¿quién no tiene ideas como éter flotando en derredor?
mientras no salgan de nuestras mentes
ni las traslademos
ni las fecundemos entre otros individuos
nos toleran
porque saben de sobra que las ideas se anulan en su propio redil
y no les crea riesgo
¿debemos respetar esas fronteras de alambre de espino?
me pregunto cada día si eso es la libertad de vivir
si la libertad (cuando hablo de libertad hablo de ser)
es vivir encerrados en nuestras mentes
o renunciar a lo que genera: eso llamado conciencia
elemento éste de no siempre clara existencia y aún más difícil explicación
solo nos espera la locura
los monstruos se frotarán las manos
una vez más
y el mercado
su dios de dioses bendecido
por la casta de las castas que ha vivido del cuento de su dios
cantará la felicidad de los imbéciles en su criminal insensatez
sábado, 8 de diciembre de 2012
Gran expresión, 2.
Curiosa coincidencia. El Roto también habla con su propio lenguaje hoy sábado en el periódico El País, llamando a las cosas por su nombre.
¿Veis cómo a todos se nos puede ocurrir algo para fomentar el uso del lenguaje, ya sea en bable, gallego, euskera, catalán, castellano, aragonés, caló, por lengua de signos o a través de onomatopeya? Al adecuar el sentido de las palabras, al renovarlas en su rica sustancia, al actualizarlas consecuentemente a los hechos, estamos rescatando el concepto. No son solo las palabras las que se han venido desvirtuando o prostituyendo, tanto desde las altas instancias de la nación como desde la masa repetidora de la voz de sus amos. Son los conceptos a los que sirven, o deberían servir, las palabras los que se demuelen día a día. Si se dice honorable (por poner un ejemplo recientemente escandaloso de cierto presidente que fue de la patronal) a quien ha sido ladrón, ¿se ha producido un mero, malo y defectuoso uso de los términos? ¿O se ha dado impúdicamente la vuelta al concepto de las cosas?
Corrijamos las palabras, los conceptos y, consecuentemente, el sentido o significado. Los conceptos deben servir para ordenar el sentido de cuanto nos rodea. Deben significar su valores reales. Pero ya sabemos hasta dónde llegamos. ¿Qué puedes esperar de una ciudadanía que llega a una tienda y dice: deme un kilo de garbanzos o dame un whisky, cuando en realidad lo está comprando? ¿O: vengo a que me dé un crédito bancario o me conceda una hipoteca, cuando estos productos los va a pagar con creces? Pues cabe esperar eso: que volvamos a llamar al pan, pan, y al vino, vino. Por la cuenta que nos tiene.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Gran expresión
17:30:05 de hoy
letrero fotografiado en la marquesina de una parada de autobús urbano: pequeña expresión de resistencia pacífica de un ciudadano
no sé si todo lo pequeño es hermoso, como decía Barry Commoner, pero sí creo que lo pequeño es grande, como fue escrito en el Tao
¿y si muchos ciudadanos (pretender que fueran todos sería irreal) colocáramos cartelitos con textos análogos por doquier, hasta formar un océano de mensajes?
¿alguien sugiere modelos de textos?
más simple no puede ser; más verdad no puede haber; más actitud constructiva nadie puede negarla
jueves, 6 de diciembre de 2012
Día del Papel Mojado
Os deseo a todos mis radioyentes que paséis un buen día del llamado Día de la Constitución, con olor y sabor a invierno no solo de clima sino de alma.
Como es tristemente sabido, las efímeras Constituciones que han existido en la historia de España han sido inoperantes, escamoteadas, prostituidas, incumplidas, degeneradas o traicionadas, incluso a sangre y fuego (elíjase la acepción que cada uno encuentre a su gusto) y al menos, de momento sirven para que haya un festivo, y que un sector de los españoles no trabaje, otro se vaya de vacaciones unos días si su pecunia particular se lo permite y una minoría de políticos engreídos se crean representantes de la sociedad, del pueblo o de la grey (aquí vuelva a escogerse el término que cada uno encuentre más simpático) en sus actos hipócritas que celebren hoy.
Ahora entiendo, visto todo lo que acontece en esta finca de 504.782 km2., que algunas viejas representaciones iconógraficas (también rancias, también opresoras, también desagradables) se mantengan. Y cada vez más bendecidas por las instituciones seculares que adoran recibir prebendas, inversión del estado, exenciones fiscales y bienes varios (si alguien que lea esto tiene duda que pregunte a un tal señor Wert y su cohorte opusdeística y episcopal en vigor) Ad maiorem dei gratiam, naturalmente.
Lo dicho, buena salud y humor al menos en el Día del Papel Mojado.
martes, 4 de diciembre de 2012
cuatro de diciembre
quisiera dejar de mostrarme afectado; que no me afectasen los acontecimientos; que la afectación se volviera invisible y un rayo de insensibilidad me convirtiera en cenizas; lejos de asimilar la razón pura de cuanto hacen los hombre a mi alrededor (y no me libro de mi parte alícuota) me debato entre entender y no comprender; los matices se hacen grandes o se empequeñecen, se alternan en sus volúmenes y en sus perspectivas; siento su peso, su desagradable galope sobre mi osamenta de animal nómada, extraviado de la manada; auto excluido, aunque no lo suficiente, de ese inmenso corral donde se afirma la domesticidad; en la covacha afectada de mi pensamiento abomino de la mansedumbre; algo o alguien pronuncia dentro de mi la vocación del salvajismo más primitivo; aquello que nos creímos ya superado; aquello que sabía a sustancia pasajera, derrotada con el primer aliento; aquello que siempre temimos y conjuramos; y para evitarlo nos entregamos a las mil y un maneras de integración que siempre acaban invocando igualmente el instinto más primario; quisiera creer que la línea absolutamente oblicua de la larga marcha desde el salvajismo y la intemperie hasta el presente ha merecido la pena; entiendo pero no comprendo; entiendo el esfuerzo, los logros, la capacidad conquistada, pero no comprendo el desaprovechamiento; no comprendo la sentencia de la inferioridad a que se nos sigue sometiendo; las bestias nos precedieron siempre en el reino de la naturaleza; las combatimos para absorber su poder; extrajimos de su materia el arcano de su fiereza; hasta que un día proclamamos a los cuatro vientos: somos las nuevas bestias; hemos cantado a los dioses de la luz cenital; hemos adorado a los seres de las tinieblas; hemos edificado el reino de la fantasía para, como modernas bestias, justificar la mansedumbre; decidme cuantas palabras gustéis, que ya apenas creo en ellas; cantadme mejor nanas, que me endulzan la memoria y el sentido; evitad plegarias, eso sí, pues al muerto, como le pasaba a aquel otro muerto que se desangró en su poesía, le horrorizarán especialmente y se levantará desde su inconsistencia definitiva para escupiros; alguien o algo quiere manifestar compasión, pero no acepto este rasgo de los mansos; no voy a heredar nada y me preocupa poco que dibujen otra imagen de mí
(le he escuchado con la puerta entreabierta; no he querido entrar; le conozco lo suficiente como para saber que no es ningún acceso de demencia; le conozco como para intuir que sabía que yo llegaba y él interpretaba su queja para que yo le oyera; no debo intervenir; debo simular mi presencia y aparentar la ausencia)
(Ilustración de Manuel Boix)
lunes, 3 de diciembre de 2012
La broma
"Hay que trabajar más y ganar menos."
Antonio Díaz Ferrán, expresidente de la CEOE, la gran patronal española.
Se nota la bilis, ¿verdad? Lo dice Lowon con su inteligente y sarcástica visión: "Lo aplicas a cualquier tema de actualidad y ya tienes a un político balbuceando, a un alcalde carraspeando y a un dependiente del Corte Inglés ahorcándose con la corbata. Delante de una pregunta directa planteada con naturalidad se fríen como vampiros al sol". Ni dios soporta la pregunta directa. Ni dios admite que si da el sol de plano es que es el mediodía (y eso que apenas calienta) y por el contrario te contestan que la noche es bella. Ni dios asume las responsabilidades. No soportan la realidad, porque hablar de la realidad sería llevarnos a conocer y analizar las causas. Las causas nos conducirían a los causantes, es decir a los responsables (prefiero llamarlos causantes, porque lo de responsables es un término que pilla grande a cada uno de los que controlan y dominan la vida de la sociedad) Así que los causantes de toda la mierda que corre por este muladar en el que están convirtiendo el país tratan de ocultar las causas porque, además, la Navidad está ahí, a las puertas, días de alegría, felicidad, familias, consumo. Y quién sabe si suicidios.
Consumid, consumid, malditos. Sed eternos Peter Pan cutres, no crezcáis nunca, no vaya a ser que penséis, que exijáis, que queráis otra cosa. Por ejemplo, lo vuestro. No solo la eterna plusvalía insatisfecha por mor de las reglas fundamentales del sistema, por lo que constituye el propio corazón del bosque. Sino que también os queráis coger todo aquello que el gobierno, los defraudadores del fisco, los bancos, la Iglesia (si no paga el impuesto IBI ¿no es robo?) os hurtan, os desproveen, os niegan. Toda esa masa de mercaderes que se retroalimenta, porque a su vez resulta que los bancos son los mayores defraudadores, que juegan con dinero ajeno en los paraísos fiscales, los grandes empresarios no pagan todos los impuestos o se sienten aliviados por deducciones y subvenciones oportunas, el gobierno gestiona que todo eso sea posible y la Iglesia lo bendice como es su costumbre evangélica con su miserable silencio. Consumid, consumid, malditos y callad. Y como dijo aquella diputada del PP con tanta sinceridad como horror: si no os gusta, os jodéis.
No soy partidario de meter a todos los políticos en el mismo saco, porque no todos están en el mismo saco. Ya tengo callos suficientes como para no hablar en términos generales ni mezclar churras con merinas. Pero a los partidos mayoritarios, de entrada NO los salvo. Así que no solo no les gusta reconocer toda la realidad, sino que además lo suyo -su manera de afrontar la realidad, el modo de mentir, las triquiñuelas para desviar el fondo de la cuestión- es ya una broma. Se inventan e imponen una parte o una versión de la realidad, y toda la barbarie que nos va arrasando se va a hacer en nombre del realismo, de que no se puede hacer otra cosa, de que la situación es la situación. ¿Pero qué se va a hacer? Imponernos sacrificios, rebajar la condición de la ciudadanía, empobrecer a las familias. Ya no se trata de recortes en inversión, sino de atracos descarados y directos (el último versa sobre no tener en cuenta la revisión del IPC para las pensiones) Y el gobierno y su leal y desaparecida oposición socialdemócrata (menos mal que nos quedan más allá en la izquierda algunas moscas cojoneras que llegan donde pueden) siguen inmersos en sus perlas cotidianas. La Aguirre diciendo que el sistema de salud pública está a punto de morir de éxito (nebulosa cita que ni la pitonisa de Delfos sabría que ha querido decir) El Rajoy que la culpa la tenemos los españoles por haber gastado tanto (por lo visto los industriales y comerciantes son angelitos y servidores que no han hecho nada y se van de rositas) Y la perla sabrosísima resulta escuchar al Ribalcaba que ahora van a ser radicales reformistas y el PSOE va a mostrarse anticapitalista...¿No suena todo a broma, hermanos?
La cita del principio viene a propósito de que a ese ilustre defraudador que echó a los trabajadores de sus empresas al paro le han detenido hoy por alzamiento de bienes y blanqueo de dinero. Todo un presidente en su tiempo de la exigente patronal española. Cosas veredes. ¿O creíais que la realidad era otra y la legalidad imperaba? Como para que no nos salga la bilis en el rostro.
viernes, 30 de noviembre de 2012
La vergüenza de Buda
Cuando al final de la película Buda explotó por vergüenza el niño Abbas grita a su amiguita, ante el acoso de los demás niños que juegan a la escenificación de la guerra: Baktay, muérete, si no, no serás libre, ¿plantea una mera salida del juego para que los niños la dejen en paz? ¿Se convierte en una metáfora de la manera de vivir en Afganistán, la imposición fundamentalista de los talibanes y la latencia de la guerra? ¿O habla de la marca y aceptación del poder patriarcal y machista que invade aquella sociedad desde la infancia y que los niños varones la reproducen fielmente? No hay elección, es todo ello y es más.
Esa sensación de que las niñas viven ya en sus primeros años de vida un apartamiento se refleja en las miradas desvaídas, tristes, anodinas de las escolares. Pero Baktay no es una niña como las demás. Ni siquiera su madre consigue que se quede en su vivienda cueva a cuidar del hermanito. Ella ha escuchado contar a su amigo Abbas un cuento que, a su vez, ha escuchado del maestro: Un hombre dormía bajo un árbol. Le cayó encima una nuez. El hombre se levantó asustado y dijo: menos mal que no ha sido una calabaza. Si llega a serlo me hubiera matado. Este relato simplón y breve fascina a la niña, que ve cómo su amigo recita además constantemente las letras del alfabeto, echado sobre el cuaderno o según recorre el camino a la escuela. Un relato que es una historia. Y la niña lo ha entendido desde el primer momento. Por esa razón, ella quiere ir por su cuenta y riesgo a la escuela. Su madre deja de aparecer desde las primeras escenas de la película y es como si ya no existiera. La niña se constituye en independiente en base al afán que ha descubierto de boca de su amigo Abbas.
¿Qué se necesita para asistir a la escuela y aprender? Un cuaderno, un lápiz, una goma, un sacapuntas; unas veinte rupias afganas. No las tiene y nadie le fía ni le regala. Sólo le sugieren que busque el dinero; que se lo pida a su madre; que venda algo de su pobre propiedad, tal que unos huevos. Que la niña descubra en esa fijación maravillosa por asistir a la escuela que entre su corta edad y las posibilidades de aprender media nada menos que el mercado -sumamente rural, humilde, de recursos escasos- constituye parte de ese aprendizaje de la vida que ella considera medio para obtener lo que persigue. Cuando al menos consigue comprar un cuaderno y le preguntan para qué lo quiere ella, que aún es analfabeta, responde: lo he comprado para ir a la escuela a aprender historias. Conciencia del relato para una niña que ni quiere permanecer sometida a la tradición de la pata quebrada ni desea jugar tampoco a la guerra con los niños varones, negándose abiertamente. Canto al tesón también, a la insistencia, a la implícita proposición de superarse, encarnado en la niña Baktay. Comparando con estos tiempos y con nuestra sociedad, donde muchas generaciones han vivido entre algodones, teniendo cuanto deseaban, sin que les faltara nada, la muestra de esa vida de mínimos en Afganistán, donde se valora sin alharacas el esfuerzo por lograr su meta es toda una lección emocionante.
Impresiona cómo tienen interiorizado los niños no solo la guerra en sí sino el triunfo de los talibanes, la represión de las costumbres liberales o paganas y las consignas antiimperialistas americanas, y todo ello lo reproducen fielmente, como seguramente lo han hecho siempre los niños del mundo que han sido rozados o hundidos por un conflicto armado. No por ese teatro que se montan entre ellos a matarse sin hacerse daño, sino por la captura de rehenes que, oh casualidad, precisamente son las niñas. Escenificar como juego una lapidación da idea de cómo tienen interiorizados sus sistemas de castigo social. Pero resulta especialmente crudo comprobar cómo las niñas asumen con miedo las amenazas de esa figura del varón-guerrero que encarna un niño-jefe, incapaces de escaparse cuando se lo propone Baktay.
Baktay no solo es la rebeldía doméstica, la independiente que busca ir más allá, la que desea liberarse a su manera a través de los relatos, sino la que enseña la rebeldía de la feminidad más lúdica que uno pueda imaginarse. Las escenas de la escuela de niñas pequeñas no tienen pérdida. Metáfora de la mujer-niña que capta el sentido de la libertad y para la cual las dificultades -que le detengan en el juego de la guerra los chicos, que le rompa todo el mundo hojas del cuaderno, unos para hacer aviones, otros para construir barcos de papel, que la echen de la escuela- no detienen ni su energía ni su manifiesto poder. ¿Qué otra cosa es, si no, el toque de la campana en la escuela que lanza a los escolares fuera de sus lecciones? Fascinante niña Baktay que te conquista desde las primeras escenas y te embarca en su modesta aventura de intentar sentarse en la escuela. Aunque, al final, tenga que hacer la pamema de caer muerta de mentirijillas para que los niños-guerreros le dejen tranquila.
Coda. Por cierto, la película se desarrolla a los pies de la enorme oquedad que dejó el gigantesco Buda de piedra que dinamitaron los talibanes. Pero que nadie se piense que Sidarta Gautama se reencarnó en la niña Baktay, aunque quién sabe, quién sabe. Una Buda para comérsela.
La directora Hana Makhmalbaf
domingo, 25 de noviembre de 2012
Nos enseñan
Pero la foto de la escuela derruida puede enseñarnos más.
Los escolares que escriben en la pizarra nos enseñan.
Ellos, que tienen que aprender, son en ese instante nuestros maestros.
Porque han probado ya el sufrimiento, la carencia, el esfuerzo de encontrarse en mínimos,
el volver a empezar.
Porque también es el triunfo de la tendencia del hombre a su superación.
A superar sus miserias, sus dificultades, sus negaciones.
A querer aprender.
Con escuela y aprendizaje puede haber conocimientos
y partiendo de ellos se llega a consolidar el pensamiento individual.
Pensar es algo que va más allá de las doctrinas, de la imposición de ideas,
del sometimiento a disciplinas,
de la mera necesidad de la alfabetización para el engranaje del sistema productivo.
Aprender para pensar, ante todo.
Pensar es reflexionar.
Pensar para comprender.
Comprender para elegir.
Elegir para hacer de la libertad no solo un anhelo
sino un estado de vida.
En cada escuela bombardeada crecerá de nuevo
la tendencia a querer saber.
Ahí está la verdadera terapia contra el odio.
Para los agresores el odio es fácil
porque saben que se trata con nueva represión.
Pero si dominas el odio con las ganas de saber
desactivas el odio
desarmas a los agresores.
Escolares de Gaza:
vuestros pertrechos están en la tiza y el encerado.
De ahí dimana la fortaleza que os refuerza ahora
y edificará vuestro futuro.
¿En nombre del dios?
Cuando veo imágenes como esta que me sirve la prensa, me dan ganas de vomitar.
Nota. Escuela en Gaza bombardeada por el ejército del Estado de Israel esta misma semana pasada. No es parte del cuento anterior ni propaganda preparada por las organizaciones armadas ni por la autoridad palestinas. Supongo que aquellos que se reclaman pueblo elegido del dios no sentirán la misma tristeza que yo. ¿También se siguen haciendo estas cosas en nombre del dios? Pues qué asco de historia de los hombres. Un punto de reflexión, por favor. Cualquier conducta humana, constructiva o demoledora, es digna de ser considerada para cualquier otra parte del mundo. Sea para corregir, para evitar o para tomar ejemplo. En este caso, díganme ustedes para qué.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Un cuento viejo que sigue en vigor
Aparece en uno de esos cajones que no se miran casi nunca un cuento.
Es un cuento pequeño de tamaño pero muy grande en lo que cuenta.
Es un cuento un poco roto pero que contiene una historia antigua.
No por ser vieja es una historia que ya ha pasado.
Para mucha gente sigue siendo su Historia, y por mucho que haya otras historias
esta sigue en vigor y es sufrida aún por todas esas personas.
El cuento va dirigido a niños españoles o que hablan español
pero también a adultos que no crecen nunca
no porque no tengan más años sino porque no quieren enterarse de lo que les pasa a otros.
El cuento es dulce y es agrio.
Es dulce por lo que cuenta de otros seres pero amargo por lo que no parece tener solución.
El cuento es entrañable pero duro.
Es entrañable porque cuando lo lees quisieras pertenecer a otras especies
o a la misma especie de otros lugares del mundo.
Es duro porque la vida es difícil para los que viven en el territorio del cuento.
El cuento no tiene final feliz, simplemente porque no tiene final.
El cuento no tiene desenlace pacífico, porque no parece que otros quieran la paz.
Tampoco el cuento habla de paz, porque para que exista tiene que darse la convivencia.
Y esta no se hace con humillaciones, muros, guetos y explotación.
El niño que hay en la viñeta final contempla las estrellas.
Si mira hacia abajo solo ve desgracia y la palabra futuro no existe
salvo en los labios de los que fomentan falsas ilusiones.
Parece un cuento inocente por su ilustración
pero la vida de los personajes despreciados no se permite la inocencia.
Os lo dejo, porque no sé si algo ha cambiado.
* Este cuento dice en la contraportada:
"Hogar. Siempre lo anhelamos. El hogar acogedor donde los colores, las formas conocidas y el amor se mezclan con nuestra tierra nativa donde nuestros chicos se sientan alrededor de su abuelo escuchando atentamente, sumergidos, más allá de las palabras, sus cuentos. ¿Quién, entonces, quién tiene derecho de arrancar un ser de su hogar nativo? Díganme, ¿quién?"
Fue publicado hace más de treinta años por Dar Al-Fata Al-Arabi, en Beirut, Líbano.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Pelotitas
Que no puedo evitarlo. Que me gusta esta foto (qué buen cartel podría ser si Berto Romero cediera derechos) denunciando la utilización de las siniestras y dañinas (cuando no criminales) pelotas de goma de las denominadas con eufemismo fuerzas del orden. Y eso que yo soy de los de antes de. De cuando jugaba, desafiando a mis propias fuerzas, a la pelota sana en un frontón y me destrozaba las manos. De cuando primero disparaban balas de verdad y luego preguntaban. De cuando disparaban al aire y caía alguno de los que iban contigo. En un momento dado los ingenieros de la represión se modernizaron, perdón, se democratizaron, y trajeron los gases, las pelotas negras y otros artefactos. Disuasorios. Ya no se iba a matar más (de repente) Eran elementos disuasorios de contención de manifestaciones. Qué avance, señor. Ya no se iba nadie a morir al momento. Con los nuevos inventos, si pasaba algo era por causalidad. O no haberte puesto delante, como oí decir de cerca a uno de los que le daban al gatillo. Espléndida humanidad al concebir las tamañas pelotitas negras como el betún (qué densidad el material de las que se disparan frente a las del frontón) que sacan ojos, rompen costillas, destrozan testículos, machacan una teta o te desnucan.
Tal como hace el humorista de la foto, hay más gente -amigos o simplemente gente sensible- que se solidariza con la chica que ha perdido un ojo por delicadeza de los Mossos (el gran Perich diría ahora amb una pilota de goma, si us plau, que el señor Puig no se da por enterado) Y que está haciendo circular fotografías en plan tuerto por las redes. Que no puedo evitarlo. Que me gustan las acciones pacíficas que responden a las bestiales, como esta titulada "Ojo con tu ojo". Que creo en la denuncia colectiva. En sumar y poner en cuestión a los que no comprenden eso de ser pacífico. Nunca entendí que un continente, un país, una ciudad o una protesta se pudiera pacificar a sangre y fuego. Y si no, que se lo pregunten a los palestinos, además de a los manifestantes catalanes, madrileños o valencianos (por citar alguna idiosincrasia que otra) que han probado en sus carnes la medicina disuasoria.
Véase: http://www.eldiario.es/catalunya/Campana-denuncia-pelotas-parte-Mossos_0_71392886.html
lunes, 19 de noviembre de 2012
De agresiones...y agresiones
"¿Por qué sacrificar a unos para hacer felices a otros? Normalmente, son los mejores, los más valientes, quienes eligen dar su vida para salvar a quienes se esconden en su agujero. Entonces ¿por qué alentar el sacrificio de los justos y permitir que los menos justos les sobrevivan? ¿No te parece que esto es echar a perder la especie humana? ¿Qué va a quedar de ella, dentro de unas cuantas generaciones, si son siempre los mejores los que tienen que sucumbir para que los cobardes, los farsantes, los charlatanes y los cabrones sigan proliferando como ratas?"
Lo dicen Amín, el protagonista de El atentado, novela de Yasmina Khadra, en una de las febriles discusiones que mantiene con alguien de su estirpe. Enmarcada la narración en un conflicto que va siendo extraordinariamente largo y que estos días vuelve a jugar una de sus cíclicas y sangrientas batallas, con el agresor israelita de interlocutor violento de fondo, ciertas conclusiones que se establecen en la misma recuerdan el callejón sin salida al que lleva casi siempre una causa del sacrificio. La causa de los suicidas armados palestinos o salafistas, por citar un par de casos, ¿qué parte de composición política y qué parte de manipulación religiosa tiene? Las aleaciones de religión y política siempre tienen un gran perdedor: el hombre. Y la obra elegida libremente por el hombre. La opción política, si no es laica y, por lo tanto, independiente y electa, siempre está sometida a la tiranía de la ideología religiosa. No es propiedad exclusiva de muchas pequeñas facciones resistentes del planeta (en el siglo XIX tuvimos este caso en España, materializado en el carlismo y sus guerras de religión y pro instauración teocrática), sino que también se manifiesta en la actitud de un Estado donde las castas sacerdotales controlan el poder (pienso inmediatamente en Irán) Cuando una causa del sacrificio cree triunfar no lo es tanto acaso por su capacidad de resistencia inerte y tenaz (es lo que más se exalta y la épica se escribe sobre esta base) como que la correlación de fuerzas de los poderes en litigio se han modificado.
El atentado es una novela no centrada fundamentalmente en el conflicto palestino-israelí, ¿o habría que decir más bien en las formas de humillación en que viven los palestinos?, algo que está presente de la primera a la última página, que es lo que da pie a todo el desarrollo argumental, sino sobre los problemas de conciencia de un hombre que pretende, no, mejor dicho, que es o se considera ser librepensador, tolerante, y que si bien vinculado en sus raíces al lado más perseguido no obstante no hace principio de fe resistente ni dogmático ni violento. Problemas de conciencia que le acucian sobremanera al sufrir una traición personal, donde un elemento más hondo, el amor a su esposa, el vínculo que él creía mantener bajo control a la vez que le hacía feliz, se rompe de la manera más visceral que imaginarse pueda.
Terminar de leer esta novela (publicada en 2005) y volver a hacerme eco del último episodio de sangre de mano sionista (que en definitiva es la doctrina religioso-política que controla el Estado israelí) ha sido una casualidad. Pero que me conduce a prolongar las reflexiones que me había motivado el relato. Por supuesto, la complejidad local e internacional de los acontecimientos en el avispero del próximo Oriente, el derramamiento de sangre inocente, la probable nueva destrucción inmediata de un gueto (Gaza no es sino un campo de internamiento a merced de los márgenes de maniobra que los israelíes quieran conceder a sus cerca de dos millones de habitantes), el silencio cómplice de las naciones occidentales y muchas de las árabes, no van a privar precisamente a los palestinos de que las doctrinas del fanatismo sigan teniendo su caldo de cultivo.
viernes, 16 de noviembre de 2012
Homenaje a un imprescindible
Es probable que sea un objeto perdido. Perdido incluso de su propio fin. Superviviente, sin embargo, de algún derrumbe, de un naufragio, en cualquier caso de una desaparición. Apareció un día por azar en mi vida, como se suele decir. Largo, herrumbroso, doblado, con una cabeza en T aplastada. Casi me parecía escuchar su voz, y con ella su agradecimiento por conservarlo más allá de su tiempo y por acogerlo para un reposo eterno. La eternidad, se supone, del hombre que lo adopta. Es decir, brevísima. La pesada frialdad del metal no solo no me ha suscitado rechazo sino que me ha conmovido. Y revolotean en mí las preguntas sin respuesta, es decir, el enigma. Dónde habrá permanecido durante los últimos siglos. En qué momento dejó de ser mineral para pasar a aleación y de ahí a convertirse en una pieza necesaria para una obra humana. Qué maderamen de navío lo habrá mantenido en su seno. Los brazos de qué cruz nefasta no habrá vinculado para oprobio de un reo. O qué estructura de edificio -escuela o cuartel o audiencia o templo o vivienda- habrá ennoblecido con su modesta aportación. Lo sujeto en la mano, no con firmeza, sino con la delicadeza de quien posee un tesoro de valor implícito. Porque ¿hay mayor valor que sobrevivir a la incuria del tiempo y ser testigo de alguno de los hechos de los hombres? Miro sus vetas, las que ha labrado en su estructura y composición el ámbito donde haya permanecido incrustado. Contemplo alelado su simulada insignificancia y leo en ellas cuanto posee de poder. En apariencia solamente se trata de un largo y viejísimo clavo. Tan humilde, tan expulsado de su misión útil, tan despreciado en su estado actual. Tan imprescindible mientras duró su mundo. Pero si estuviera dotada su materia de pensamiento como la mía, ¿se sentiría orgulloso o solo sorprendido de que alguien lo reconozca en su decrepitud y obsolescencia?
jueves, 15 de noviembre de 2012
miércoles, 14 de noviembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
Trivial
He mellado la cuchilla
al intentar apurar esta barba hirsuta y áspera
de tres días.
La mirada de reproche
que ha brotado fulminante desde el fondo del espejo
me ha negado tres veces
su reconocimiento.
Han sido tres las gotas
que han prendido insignias
pero no del valor
sobre el cuello de mi camisa.
Tampoco esta vez
tercera
ha sido la vencida
como sentencia el dicho al uso.
La vena decisiva caía
más abajo
y yo
estaba tan cansado para poner fin
a mi hastío
trivial.
(La fotografía es obra de Katia Chausheva)
domingo, 11 de noviembre de 2012
Los encargados
Interpretación de la Historia Muy Contemporánea y Actual de España.
A cargo de los pintores Jorge Galindo y Santiago Sierra.
No tiene pérdida.
Nota: A Santiago Sierra el Ministerio de Cultura del gobierno de Zapatero le concedió el Premio Nacional de Artes Plásticas 2010, pero él lo rechazó de plano. La siguiente carta la envió Santiago Sierra a la ministra con el argumento de su consecuencia.
"Estimada señora González-Sinde. Agradezco mucho a los profesionales del arte que me recordasen y evaluasen en el modo en que lo han hecho. No obstante, y según mi opinión, los premios se conceden a quien ha realizado un servicio, como por ejemplo a un empleado del mes.
Es mi deseo manifestar en este momento que el arte me ha otorgado una libertad a la que no estoy dispuesto a renunciar.
Consecuentemente, mi sentido común me obliga a rechazar este premio. Este premio instrumentaliza en beneficio del Estado el prestigio del premiado. Un Estado que pide a gritos legitimación ante un desacato sobre el mandato de trabajar por el bien común sin importar qué partido ocupe el puesto. Un Estado que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal. Un Estado que dona alegremente el dinero común a la banca. Un Estado empeñado en el desmontaje del Estado de bienestar en beneficio de una minoría internacional y local.
El Estado no somos todos. El Estado son ustedes y sus amigos. Por lo tanto, no me cuenten entre ellos, pues yo soy un artista serio. No señores. No, Global Tour.
¡Salud y libertad!
Santiago Sierra."
sábado, 10 de noviembre de 2012
Lucrecio no iba descaminado
“…la avaricia y la ciega ambición de honores, que a míseros hombres obligan a transgredir los límites de la ley y a que a veces como cómplices e instrumentos de crímenes se afanan noche y día con extraordinario esfuerzo por elevarse a los supremos poderes, estas llagas de la vida las alimenta en no pequeña medida el miedo a la muerte. Pues por lo general el vergonzante desprecio y la amarga pobreza parecen alejadas de la vida dulce y estable y casi un demorarse ya ante las puertas de la muerte; por ello los hombres, mientras quieren coaccionados por un vano terror escapar lejos y retirarse lejos, con sangre de ciudadanos acrecientan su patrimonio y duplican ansiosos sus riquezas, acumulando matanza sobre matanza; se regocijan crueles en el lúgubre funeral del hermano y odian y temen las mesas de sus parientes…”
Aunque Lucrecio (ca. 98 - ca.55 antes de nuestra era) habla de esta manera en el Libro III de su obra La naturaleza de las cosas, ¿no resulta demasiado cercano lo que se referencia en el discurso? ¿Ponemos nombres y apellidos? ¿Situamos clases ricas tradicionales y acaparadores recientes? ¿Mencionamos inversores fraudulentos, empresarios multinacionales y locales chantajistas, banqueros delincuentes y políticos corruptos al servicio de todo lo demás, es decir de la gran rapiña? ¿Sacamos la lista de defraudadores al fisco, de expoliadores, de evasores de capitales? ¿Establecemos la relación de instituciones públicas y privadas, regionales y estatales, religiosas y civiles, pringadas en el afán del negocio turbio y del despilfarro? ¿Citamos el gran robo a través de todas sus vertientes que está teniendo lugar sobre bienes públicos y privados en la vieja tierra de los conejos, de las serpientes, del toro y de los suicidas? ¿Nos referimos al señuelo lanzado a la sociedad para que entre al trapo y en nombre del beneficio se convierta en su cómplice y opositora, sujeto y objeto, productor y mercancía, víctima y verdugo? No anda descaminado Lucrecio, no. El insalvable miedo a la muerte que hace creer a los hombres que se conjura -miedo y muerte- con el beneficio, el status social, el dinero, en definitiva. Ridículo exorcismo que, temporalmente, puede resultar para aliviar el miedo. Absurda conjura intentar comprar la muerte. La lectura fatal es que los poderosos -y toda la ralea menor que se presta a su juego- quieren arrastrarnos a todos a evitar su muerte, provocando la nuestra. ¿Hablo metafóricamente? Ojala. Pero el aumento de los suicidios de hoy, ¿qué son? ¿Mera opción individual? Hoy nos tantean, nos pulsan y nos la juegan. Mañana, nuestra sumisión será su baza decisiva. Harán lo que necesiten hacer, como anteriormente lo han hecho, si consideran que no aciertan y no hay marcha atrás. La barbarie habita entre nosotros. Las hecatombes siempre permanecen agazapadas. Pero acaso esta vez tampoco ellos se salven.
(Fotografía de Ivan Cap, DGTLK)
viernes, 9 de noviembre de 2012
País de suicidas
Si este país -este territorio que va y viene del cabo de Creus al de Trafalgar, del cabo de Fisterra al de Gata- fue conocido en la antigüedad como país de conejos o también país de serpientes, en el futuro, y vista la trayectoria que lleva, será conocido como País de los Suicidas o de los Suicidios. Acabo de leer que hoy una mujer ha muerto en Barakaldo al tirarse por el balcón cuando iba a ser desahuciada. Parodiando a aquellos retóricos de la mediocridad de pistola al cinto habrá que decir que España es una unidad de destino...en el Suicidio (se va ganando la mayúscula)
Los suicidios silenciosos y opacos (una mujer muere al caer por una ventana o bien un hombre muere atropellado por el tren decía la prensa hasta hace poco) han dado paso a los que se exhiben. Hay gente agobiada, de vida ya desastrada -ahora se dirá desestructurada-, harta y sin esperanza. La desesperación, se dirá, está en función de la personalidad de cada individuo, porque suicidios ha habido siempre. Puede que los suicidas, y lo hemos hablado tantas veces, tengan una tendencia mental muy predispuesta (conozco casos con antecedentes familiares incluso) Pero el maldito agobio de las circunstancias que vive el país, y que se han sembrado y desarrollado durante décadas, está explotando día tras día. No, me niego a reconocer muchos casos de suicidio como respuestas a situaciones libremente elegidas. La enajenación estará presente en casi todos los casos. Pero la sociedad no ayuda. El sistema no coopera a la salud de sus ciudadanos. El patriotismo de opereta del que se ha hecho gala deja a los hombres sin patria (concepto equívoco) y lo que es peor, sin Estado. Hay dejación total del Estado, el cual está transmitiendo la realidad de que existe solo para recabar impuestos y entregar lo recaudado a las empresas privadas, vía dinero directo (bancos) vías privatización de lo público.
Que vamos hacia un país más pobre, oigan. Que los pobres suelen convertirse en miserables, oigan. Que los miserables traducen su corazón en algo frágil y su mente en ignorancia. ¿A dónde quiero ir a parar? A que la ignorancia siembra el mal. A que se está propiciando por parte de los poderes de clase y sus instituciones de iure o de facto una división fatal en la sociedad. División que puede propiciar desde esa opción demente personal (suicidarse) hasta el enfrentamiento social (menos ricos, pero muy ricos, y muchos pobres) La pobreza no es solo el pedir. Es rebajarse los sueldos a niveles inconcebibles y pretender tener un nivel de vida que no puedes mantener, por ejemplo, porque ya te habías metido en piso, coche y consumo vario desde hace tiempo. O a convertirte en autónomo, que es otra historia.
Los suicidas son la contrapublicidad del sistema. Avisan del lado oscuro de nuestra forma de vida. Naturalmente, dentro de cuatro días vendrán las hipócritas fechas de Navidad. Los suicidas van a amargar las fechas, el consumo y la depredación de las grandes corporaciones del negocio. Atentos todos. ¿Podría traducirse la tentativa de suicidio en actos colectivos de solidaridad y apoyo mutuo? Es ir contracorriente, ya lo sé. Y tiene mucho de antisistema. Pero también los anticuerpos actúan como tales en nuestro cuerpo y ¿qué sería de nosotros si los desalojáramos?
(Traigo la imagen de Genovés tan conocida porque tiene mucho de icono a rescatar. O hay abrazo o hay desencuentros. Españoles: elijan)
miércoles, 7 de noviembre de 2012
"Temps! Oh! le temps! Tout le temps qui est le tien, qui eût été le tien..." (*)
¿Todo ese tiempo...
mío?
¿Y dónde se encontraba
que yo no estaba
atento?
¿Y dónde crecía
sin que advirtiera
sus huellas?
¿Y qué señal me envió
que no capté
a tiempo
que no cogí al vuelo
que no supe traducir
en mi tiempo?
Tiempo:
¿ya no puedes ser mío?
(*) "¡Tiempo! ¡Oh, el tiempo! Todo ese tiempo tuyo, que hubiese sido tuyo..."
Cita que canta Henri Michaux en su "Retrato de los meidosems".
lunes, 5 de noviembre de 2012
Asambleario y siempre díscolo Agustín
andaba yo leyendo estos días a Christopher Hitchens, un indagador que no tenía pelos en la lengua, que dedicó su vida (va a hacer un año de su muerte dentro de poco) a desentrañar la mentira, principalmente en una de sus formas más antiguas, persistentes y nocivas que se hayan generado en la historia de la humanidad, la religiosa; y a medida que me entusiasmaba con las conclusiones de su libro “Dios no es bueno”, me decía a mí mismo: esto ya lo sabía o me parecía saber (y sentía un reforzamiento interior de mis anticreencias y un placer por ver luz que se me había ocultado) o bien esto otro lo intuía pero Hitchens me lo sistematiza (con frecuencia uno intuye la verdad o la mentira antes de que pueda ratificarla o deconstruirla) o bien esto ni me lo imaginaba (es tan poco lo que uno conoce y la historia es tan larga y tan compleja y tan onerosa y han tenido lugar tantos acontecimientos que prácticamente en un noventa y nueve por cien se nos ocultan) y Hitchens tuvo la osadía y ejercitó el esfuerzo de darnos a conocer cuanto se va sabiendo, si se quiere saber; y estaba, ya digo, leyendo su alegato antirreligioso cuando veo que la prensa (escaso eco, limitado espacio) dedica alguna columna perdida a la muerte de Agustín García Calvo, el indagador zamorano, el atrevido intelectual antisistema (en estos tiempos en que escasean los intelectuales, y más los radicales y antisistema -reciente también la desaparición física de Fernández Buey- porque predicar es fácil, y ahí un intelectual puede estar más cerca de un clérigo, pero pocos dan trigo y se comprometen en esa unidad teoría-práctica sin la cual la vida no se conoce y menos se transforma); entonces, ya digo que siguiendo a Hitchens se me cruza la penosa noticia sobre García Calvo, el zamorano (maravillosa su editorial personal, Lucina), y recordé algunos de sus pensamientos que a propósito de esa invención y ocurrencia humana a la que se denomina Dios tenía escritos (aunque más en la línea de un Nietzsche) y desarrollados a capricho de su particular criterio y derivado enfoque de las cosas; no me resistí por asociación de ideas a tomar de la estantería su libro titulado "De Dios" (editado en 1996) y simplemente traslado aquí un párrafo que por sí mismo es ya un mensaje que engancha (enganchar para aproximarse, aproximarse para indagar, indagar para distinguir el bien del mal, distinguir para tocar algo del conocimiento…)
"...Miraba yo, en el mundo que me rodeaba y en las hazañas que la Historia me refería, las caras reales con que Dios había venido apareciendo, y consideraba para qué había servido Dios, y el Nombre de Dios y la Fe en Dios, en esos tráfagos de las vidas diarias y de la historia de los pueblos;
y lo que encontraba era, una y otra vez, el miedo consagrado, la justificación de la muerte, de la culpa y de la pena, las prisiones de hierros o de conciencia, los autos de fe, las matanzas de genes o su condena a la esclavitud, la bendición del Capital y de sus cajas fuertes, sus pistolas y sus ordenadores, la formación de tropeles de trabajadores para nada, la venta de la vida por el Futuro, ya fuese la Gloria Eterna o ya la Jubilación Segura,
y en fin, por todas partes, la mentira y la Fe que la imponía o la vendía como verdad..."
así que cuando la noticia de un periódico muy pero que muy provinciano de la ciudad más populosa de la meseta castellana y vieja, sacaba como gran ocurrencia retórica este titular: “La rebeldía de Agustín García Calvo se apaga” , yo pensaba: qué decís vosotros; ¿acaso no sabéis que el hombre que piensa muere pero no muere lo que ha pensado?
(incluyo aquí un vídeo grabado en 2011, durante las manifestaciones del 11M en Madrid, donde Agustín García Calvo e Isabel Escudero se despachaban a gusto en base a sus propias manera de ver los acontecimientos; tomado de http://www.lanochetuerta.com/ )
domingo, 4 de noviembre de 2012
En algún lugar
la sombra
envolviendo a cuantos hombres
habitan a este hombre
en algún calor
la claridad
con que me obsequia la mañana
cuando ya me veía perecer
regiones donde me refugio
entreabriendo con letras
una mínima expresión
que ponga rostro
la palabra urgida
el gesto deseado
(Fotografía de Alex Howitt)
viernes, 2 de noviembre de 2012
Hay tipos de muerte más absurdos que otros. Más ridículos que otros. Más injustos que otros. Más repugnantes que otros. Más dolorosos que otros. Más inoportunos que otros. Cuando es gente joven la que cae nos quedamos sin palabras. El infortunio no debería cebarse en quien apenas ha probado la vida. Estoy convencido de que no se aprenderá de la barbarie de masas, que es paralela a la barbarie de los que buscan el puro beneficio económico y sus secuaces políticos. Y de que apenas se tocarán otros elementos que hay detrás. Las conductas masificadas, el inclemente mercado, la inseguridad, el oportunismo de los mercaderes, la deficiencia cuando no la incompetencia de las autoridades. Y sobre todo la dejación de la sociedad. La mirada para otra parte, la fe en el consumo, la entrega rendida a los falsos conceptos, la falta de una ética de la supervivencia y de la convivencia, el abandono del ejercicio de la libertad frente a todos los que se rigen en controladores y propietarios de medios, costumbres y vidas. Demasiado grande el artificio montado para que se renuncie a él. Demasiada crecida la vorágine alienante disfrazada para ponerle freno. El rostro del monstruo que no cesa. Por todas partes solo resuena como un mantra obseso y demencial el money is money. Todos los embarques pueden ser posibles. El sistema sabe mucho de ello y suele aplicar sus reglas cuando le resulta útil. Que es casi todos los días. Nadie tendría que morir por ir a divertirse. Esas chicas no tenían que perder su oportunidad. Mil rostros de la muerte. Mil estratagemas del laberinto humano.
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