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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 19 de noviembre de 2012

De agresiones...y agresiones




"¿Por qué sacrificar a unos para hacer felices a otros? Normalmente, son los mejores, los más valientes, quienes eligen dar su vida para salvar a quienes se esconden en su agujero. Entonces ¿por qué alentar el sacrificio de los justos y permitir que los menos justos les sobrevivan? ¿No te parece que esto es echar a perder la especie humana? ¿Qué va a quedar de ella, dentro de unas cuantas generaciones, si son siempre los mejores los que tienen que sucumbir para que los cobardes, los farsantes, los charlatanes y los cabrones sigan proliferando como ratas?"


Lo dicen Amín, el protagonista de El atentado, novela de Yasmina Khadra, en una de las febriles discusiones que mantiene con alguien de su estirpe. Enmarcada la narración en un conflicto que va siendo extraordinariamente largo y que estos días vuelve a jugar una de sus cíclicas y sangrientas batallas, con el agresor israelita de interlocutor violento de fondo, ciertas conclusiones que se establecen en la misma recuerdan el callejón sin salida al que lleva casi siempre una causa del sacrificio. La causa de los suicidas armados palestinos o salafistas, por citar un par de casos, ¿qué parte de composición política y qué parte de manipulación religiosa tiene? Las aleaciones de religión y política siempre tienen un gran perdedor: el hombre. Y la obra elegida libremente por el hombre. La opción política, si no es laica y, por lo tanto, independiente y electa, siempre está sometida a la tiranía de la ideología religiosa. No es propiedad exclusiva de muchas pequeñas facciones resistentes del planeta (en el siglo XIX tuvimos este caso en España, materializado en el carlismo y sus guerras de religión y pro instauración teocrática), sino que también se manifiesta en la actitud de un Estado donde las castas sacerdotales controlan el poder (pienso inmediatamente en Irán) Cuando una causa del sacrificio cree triunfar no lo es tanto acaso por su capacidad de resistencia inerte y tenaz (es lo que más se exalta y la épica se escribe sobre esta base)  como que la correlación de fuerzas de los poderes en litigio se han modificado.

El atentado es una novela no centrada  fundamentalmente en el conflicto palestino-israelí, ¿o habría que decir más bien en las formas de humillación en que  viven los palestinos?, algo que está presente de la primera a la última página, que es lo que da pie a todo el desarrollo argumental, sino sobre los problemas de conciencia de un hombre que pretende, no, mejor dicho, que es o se considera ser librepensador, tolerante, y que si bien vinculado en sus raíces al lado más perseguido no obstante no hace principio de fe resistente ni dogmático ni violento. Problemas de conciencia que le acucian sobremanera al sufrir una traición personal, donde un elemento más hondo, el amor a su esposa, el vínculo que él creía mantener bajo control a la vez que le hacía feliz, se rompe de la manera más visceral que imaginarse pueda.

Terminar de leer esta novela (publicada en 2005) y volver a hacerme eco del último episodio de sangre de mano sionista (que en definitiva es la doctrina religioso-política que controla el Estado israelí) ha sido una casualidad. Pero que me conduce a prolongar las reflexiones que me había motivado el relato. Por supuesto, la complejidad local e internacional de los acontecimientos en el avispero del próximo Oriente, el derramamiento de sangre inocente, la probable nueva destrucción inmediata de un gueto (Gaza no es sino un campo de internamiento a merced de los márgenes de maniobra que los israelíes quieran conceder a sus cerca de dos millones de habitantes), el silencio cómplice de las naciones occidentales y muchas de las árabes, no van a privar precisamente a los palestinos de que las doctrinas del fanatismo sigan teniendo su caldo de cultivo.


 

2 comentarios:

  1. "Las aleaciones de religión y política siempre tienen un gran perdedor: el hombre. Y la obra elegida libremente por el hombre"
    Una gran verdad. También recordemos que detrás de las guerras siempre suele estar el poder económico, que mueve los hilos tanto de los odios como de las políticas.
    Un abrazo

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  2. Por supuesto que los intereses económicos son promiscuos, pero a lo largo de la historia las religiones han estado interesadas "económicamente" también. Aunque solo fuera como mantenimiento de su statu quo todas las sectas al respecto han tomado partido por defender, consolidar o ampliar su poder.

    Un abrazo, Neo.

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