jueves, 22 de septiembre de 2011

extravío o desvarío




Hay noches en que no tiene ganas de escribir y escribe. O prueba a intentarlo. Le preocupa, por cuanto tiene de osado caminar sobre la rigurosa línea entre la vaciedad y lo perogrullesco. Forzar lo que no debe no es la mejor manera de decir algo cabal y útil. Ocupar el espacio de la red tecnológica tal vez constituya un despilfarro. Golpear el teclado a una hora intempestiva en que la vecindad puede sentirse molesta suena a incívico. Garabatea para sentir la dosis letal -él cree vital- de las palabras. No sabiendo si éstas entran o salen o simplemente deambulan por los rincones de su cuerpo inquieto. En esos resquicios donde habitan como inquilinos adoptados, las palabras se retuercen cuestionando los conceptos. O simplemente patinan y se hacen añicos o se evaporan antes de tocar el suelo. Enigma de las palabras rotas; misterio de las voces nonatas. ¿Extravío o desvarío? Hay algo de rizoma en él que le lleva a pensar que crece desde cualquiera de sus estancias y se fecunda en cada uno de sus brotes, que él considera hallazgos. Puede ser error de noctámbulo irredento. ¿No sería mejor abrir la ventana y contemplar las estrellas? Ah, ya, el smog (como el que en ocasiones flota en su mente)



(Fotografía de Sara Saudková)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

homenaje a los enseñantes





El movimiento de protesta y huelga razonadas de los maestros y profesores de Madrid y Galicia durante estos días nos devuelve un poco la esperanza. La esperanza de que todavía es posible la resistencia frente al avasallamiento. De que aún hay gentes que no se dejan amedrentar por burócratas partidistas actuando de políticos. De que vamos hacia una nueva etapa donde los ciudadanos nos jugamos no solo las ideas o el lenguaje, no solo el modo y la manera de vivir y el esfuerzo a realizar, sino sobre todo los conceptos mismos de las cosas. Los políticos de la derecha empiezan a descubrir sin pudor, aunque con sumo cuidado para no arriesgar el triunfo electoral cómodo, algunos de sus puntos de vista tradicionales. Como, por ejemplo, propugnar una privatización descarada de bienes y servicios, y mira por dónde justo sería ahí donde la enseñanza pública se vería más afectada.

Como homenaje a la resistencia de los enseñantes recupero una cita de Juan José Coy, autor del espléndido libro biográfico titulado Antonio Machado. Fragmentos de biografía espiritual. En ese párrafo está la clave y secreto del fundamento de cualquier pedagogía que se precie.

“Sed modestos: yo os aconsejo la modestia, o, por mejor decir: yo os aconsejo un orgullo modesto, que es lo español y lo cristiano. Recordad el proverbio de Castilla: «Nadie es más que nadie». Esto quiere decir cuánto es difícil aventajarse a todos, porque, por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre. Así hablaba Mairena a sus discípulos. Y añadía: ¿Comprendéis ahora por qué los grandes hombres solemos ser modestos?” Y es que este dicho castellano, que Machado repite una y otra vez a lo largo de su prosa, es la verdadera raíz de toda pedagogía. La autoestima con la estima a los demás: ésta es exactamente la raíz misma de la que surge una de las virtudes cívicas que en tantas ocasiones falta, la tolerancia. Porque la tolerancia no está hecha de dejación de las propias convicciones, sino de un ahondar en esas mimas convicciones personales. Y cuanto más se ahonda en ellas, más y mejor se comprenderá el derecho que cualquier otra persona tiene para ahondar, igualmente, en las suyas. Nadie es más que nadie: pero tampoco menos, en consecuencia.”

martes, 20 de septiembre de 2011

huele el otoño




El calor del final del verano es pegajoso. También ambivalente. Tumbarse sobre la hierba de la arboleda enfría la espalda. El rumor del río es constante, no cesa. Nunca ha entendido por qué llaman río a un arroyo sencillo y de poca profundidad. Simplemente porque los del lugar, a toda corriente de agua que fluye y acaba en otra, le otorgan el título genérico. Sus lejanos amigos de verano que vienen cada año a no perder las raíces de sus orígenes se ríen. Nada que ver con aquel río que desciende atravesando el norte de la Pampa húmeda buscando el océano. Donde las orillas, le cuentan, no se distinguen. Él se asombra, pero prefiere su río. Por su río se puede caminar, algo que no se puede decir de todos los ríos. A los grandes ríos se les nombra navegables, pero él, que ha visto muchas películas, no acaba de hacerse a la idea. Ese tipo de río de envergadura puede estar al lado o sentirse debajo si se navega en barcaza, pero no se puede caminar por él. A él le gusta pisar el fondo de cantos rodados y resbaladizos, sentir el filo refrescante de la corriente en sus muslos, caminar en dirección opuesta a la leve y acariciante fuerza del agua. En los tramos mansos ensaya sus lanzamientos de piedrecitas planas, que recorren la húmeda planicie de cristal y la salvan hasta el otro lado. ¿Será una metáfora de la existencia? El arroyo de su infancia ya no es lo que era. Recoge deshechos de algunas industrias que descaradamente vierten en sus humildes aguas. Pero hay días y zonas en las que el agua no es opaca y da gusto verla pasar. También hay pozas en su río. Lugares oscuros que todo el mundo procura evitar. Diámetros que hacen sospechar que preservan bajo su turbia superficie no sólo trampas, sino antiguos secretos. ¿O será lo mismo? Nadie ha sabido nunca la profundidad de esas pozas. El cieno impide sumergirse y bucear, y no se contiene la respiración con seguridad. Cuando ve pasar lo que los chicos llaman la patada, esa hilera de patos que se deslizan sin aspavientos, que se desplazan corriente abajo y corriente arriba, sin premuras ni ruido alguno, sabe que el agua aún es aceptable. Él se sienta con la chica junto a la ribera de juncos. Se miran, se callan. Ambos sienten dos paisajes. Pero al atardecer, el rumor de los chopos y el anochecer más temprano trasladan un escalofrío a los cuerpos. Los suyos se resienten. Sin el calendario delante sabe lo que llega. Pero él no puede desasirse de los dones que ha recibido. Se ha quedado para siempre en lo más impenetrable y protegido de la cella que su corazón puede brindar a la vida. Y ella, él, no pueden ignorarlo.



(Fotografía de Sara Saudková)

lunes, 19 de septiembre de 2011

¿clamor o silencio?





"Señor, pensad que no nos entendemos nosotros mismos y que no sabemos lo que queremos, que nos alejamos infinitamente de lo que deseamos".

Teresa de Jesús



La naturaleza nunca se pregunta
y sin embargo actúa

somos ella también
una especie de afinamiento complejo
¿más o menos intrincado que otras formaciones?

una pregunta para no perder de vista
no solucionada no concluida e inagotable
para responderla tendrían que hablar otras especies
otras manifestaciones otros comportamientos
posiblemente hablan lo hacen sin parar
pero no entendemos sus lenguajes que nos parecen desbocados
y hay infinidad de ellos en el llamado universo

incluso la palabra universo
tan asépticamente humana
se queda coja e insuficiente cuando se utiliza para mirar
en una dirección única
porque eso que llamamos universo es el poliedro con más caras que cabe imaginar
desbordando nuestra imaginación y nuestros cálculos
son rostros ocultos rostros a media luz rostros aparentemente visibles
superficies sobre las que se acumulan planos y planos
entre los que crecen nuevas vidas

cuantificar simplemente sus dimensiones y límites
no pasa de resultar un acertijo
ejercicios para noches insomnes o tertulias
de ociosos que se creen ilustrados

unas preguntas generarán siempre otras
porque la naturaleza nunca permanece
su quietud es sinónimo de muerte
premonición de muerte
prueba a arrancar una flor y observa
e incluso en su desarraigo letal será otra cosa

es la condición humana preguntarse
pero ¿por qué hacerlo encumbrándonos?
para obtener partículas de respuesta de la naturaleza
nuestra herramienta efectiva debe ser la modestia
nuestra actitud tiene que consistir en ir hacia ella y sentirnos dentro de ella
sé que predico en el desierto y vamos cuenta atrás

pocos parecen darse cuenta
¿o no son pocos pero tampoco suficientes?

cuestionamos según nuestra percepción y es inevitable
pero hasta nuestra percepción debe cambiar
percibir es el vestíbulo de nuestros primeros pasos de supervivencia
a veces no pasamos de los primeros pasos
siempre estamos dando primeros pasos
y cuando realmente hay un atisbo de avanzar dentro de la naturaleza
aliados con la naturaleza reconociéndonos en nuestra filiación constante con ella
lo paramos

a los hombres nos guía la torpe inclinación a preservar la ignorancia
la incomprensión la disociación con el mundo del que procedemos
y que no identificamos

reconozcamos que no podemos independizarnos de él
porque cualquier apartamiento de ese mundo
de la Tierra de nuestros espacios interiores de las circunstancias siderales
cualquier hacer y cualquier visión dándole la espalda
profetiza nuestro fin

la naturaleza nos ignora
y no obstante actúa

los objetos que consideramos tales son en realidad sujetos

debemos entender que aquello que creemos que existe para nuestro beneficio
existe sobre todo por sí mismo y en simbiosis con otras instancias

debemos aceptar que los comportamientos dispares, los paisajes, la luz,
los elementos, los individuos de todas las especies, incluso
las que tiene menor volumen y habitan en las profundidades de todo
en cada uno de los agujeros y de las pieles con su forma y su ámbito acogedor
viven sin que sepan que vivimos
y no permanecen jamás repetidamente

dos luces no son iguales
dos colores no son iguales
dos semillas
dos estrellas
dos manos
dos amantes
dos caricias
dos instantes
dos miradas
no se repiten

se impone recuperar el pacto roto con los otros mundos
y corregir el ultraje
o nuestras vidas serán solamente espejismos
y un fatigoso y cada vez más enredado bucle que nos acabará estrangulando

¿veis? al final pienso como un humano más
de la sociedad perdida de nuestro tiempo
como si uno fuera el corazón de la vida
torpe y necio de mí

el clamor se parte contra el silencio
demasiado vívido.

domingo, 18 de septiembre de 2011

¿dónde estás, Jung?




Despertar con la intriga del sueño. Se encuentra en la parte vieja de una ciudad portuguesa. Se ha bajado de un tranvía y pasea por las calles. Ve que una chica se sienta cansada bajo un soportal. Se recoge sobre sus piernas. Un hombre de edad se acerca a ella y le habla. Estás mal, le dice. El hombre se distancia de ella y va a buscar algo. Trae un vaso. Lo pone debajo de la chica. Ella sonríe como agradecida. El hombre vuelve a apartarse. Entonces la chica se levanta para buscar también otra cosa, acaso pañuelos de papel. Mientras, el hombre aprovecha y coge el vaso en cuyo fondo hay sangre oscura. Lo eleva con las dos manos como si se tratara de un cáliz y bebe el contenido. Lo apura, lo deja y se va. Él, que lleva un rato contemplando la escena de la chica y el viejo se asombra pero no reacciona con asco. La chica ha vuelto y ve el vaso vacío; no dice nada pero le mira como diciendo: me han hurtado algo. Vuelve a sentarse, recogida sobre sus rodillas, encogida sobre su vientre. Él se dice a sí mismo, pero en voz alta: debo interpretarlo simbólicamente; tiene que significar algo. La chica le ha oído. ¿No lo entiendes?, le pregunta. Y él: no. ¿No entiendes lo que buscaba? Y él: no. Se queda un poco aturdido y la chica le pide que se marche, que necesita estar sola. Pasa un tranvía y se sube en él. Sigue contemplándola, con emoción contenida, según se aleja, hasta perderla de vista. ¿Qué buscaría el viejo?, piensa.




(Fotografía de Anders Petersen)

sábado, 17 de septiembre de 2011

reflexión ambarina


El milagro del ámbar. O cómo llamamos milagro tontamente a todo aquello que aún no conocemos y nos supera y nos sorprende. El ámbar es la Tierra dentro de la Tierra. El abrigo, la preservación, el registro de la memoria de los seres vivos. ¿Quién que aprecie las piedras y los fósiles no ha tenido alguna vez un trozo de ámbar con mosca dentro? Si los fósiles ya suponen toda una fuente de información, en ocasiones riquísima y nada alterada, ¿qué maravillas no nos proporcionará el ámbar? Lee que han encontrado un trozo con plumas de alguna especie de dinosaurio. ¿Quién dijo que la fragilidad aparente es débil? Aunque lleva meditando sobre ello desde que ha leído la información, no está convencido. Se debate fuertemente por asumir su condición. Trata de tapar los agujeros por donde se le va la vida. Pero él no quiere instalarse en el ámbar.

viernes, 16 de septiembre de 2011

día de botín (que no saqueo)


A veces hay que salvar libros. Salvarlos es liberarlos. Rescatarlos de estanterías donde llevan décadas sin que el público los haya pedido. Libros casi vírgenes. La vida como paradoja. Muchos de esos libros pasaron por sus manos hace tiempo. Llegaron de su elección a ciertas bibliotecas a la par que se estrenaba eso que llamamos democracia y no lo es (más que formalmente) o sí lo es porque no puede ser de otra manera, limitada. Uno de esos azares de ida y vuelta ha hecho que se los encontrara en liquidación, no sabe por qué. Ni lo pregunta. Si nadie los quiere, él sí. No va a permitir que se pudran. No lo ha pensado y ha seleccionado algunos títulos que no le parecían nada mal. Se los ha llevado a su casa. Los ha repasado. Dice que están en condiciones óptimas. El canto de sus páginas tiene una leve pátina amarillenta. Dentro están impolutos.

Piensa en Gutenberg o en Juan Párix. En qué dirían si supieran que se liquidan relatos interesantes por una cantidad simbólica. En el desmerecimiento que algunas gentes manifiestan acerca del trabajo de escritura y de edición. Es curioso y traicionero este país. Si alguien dice que se regala algo (un sindicato agrario, con las patatas, por ejemplo) se forman colas y la gente se mata por conseguirlas aunque no las necesite. Si se pone un precio siquiera representativo, mínimo, a algo de valor la gente no se acerca. Salvo los entusiastas de los libros, como él. Ha cogido incluso alguna obra que ya tenía. No podía permitir que Blas de Otero o León Nikoláyevich Tolstói o Machen o Gide se murieran de asco en anaqueles olvidados. Está triste y alegre. Alegre por el botín obtenido, por haber estado en el momento justo y en el lugar oportuno. Triste por el sacrificio alevoso a que someten algunos a la obra escrita. La historia no absuelve nada. La literatura sirve para que te golpees con ella hasta hacerte sangre.








jueves, 15 de septiembre de 2011

el rumor al oído




Son tan hermosas estas palabras de Adonis que le permiten abstraerse de la calidez rigurosa y extrema de la noche.

Él se vierte, como el agua de las alturas
múltiple, incapaz de unificarse
ardiente, incapaz de apagarse
alegre, incapaz de tensarse
como tú, él se pregunta: ¿Cómo podré recoger mi desorden?


¿Abstraerse? Tentado a analizar cada verso como si fueran parámetros, siente que se desparrama dentro de sí, y nadie lo advierte. Arrojado a disgregarse más todavía sabe que sólo esa condición le convierte en uno, no obstante el riesgo. Sospecha que el fuego sólo se extinguirá cuando sea ceniza, ya consumido por su propia ignición. Le duele que la alegría primigenia, la que le explicaba naturalmente desde los años sencillos, se haya rendido a la tensión. El desorden no se recoge fácilmente. Persigue su recorrido sin renunciar al hermoso viaje. Acerca una caracola al oído y espera una señal. Mientras, sueña con la espuma.



(Versos del poeta sirio Adonis en su libro Singulares)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

meditación sobre la vergüenza ( y su antítesis)



En un pueblo de la Castilla profunda persiguen y matan todos los años a un toro a garrochazos. Es un pueblo que vive -es un decir- de las pobres rentas renombradas de la historia, que no de rentas económicas producto de industrializaciones modernas. En esa villa las oligarquías de su tiempo de España y Portugal (hace más de cinco siglos del evento) firmaron un importante tratado por el que se repartían los territorios americanos. En ese lugar mencionan con frecuencia también la prisión de una reina que no se avenía a la política del momento y de la que dijeron que estaba trastornada (ignoro si de paso también lo estuvo o fue parte de la ignominia), puesto que dentro de la denominada industria del turismo interior cualquier reclamo y leyenda con olor a pasado vende. Las verdades no venden pero las leyendas sí, aunque no se beneficien del asunto más que los hosteleros.

Las gentes de ese pueblo no mencionan otros acontecimientos importantes de su pasado como la revolución de los comuneros de Castilla, un pulso, no sé si aclarado del todo, entre los burgos de pueblos y ciudades castellanas y el Emperador por excelencia que llegaba de Flandes con dos coronas hegemónicas de la Europa de aquel tiempo. Algunos historiadores ven también algo del enfrentamiento entre los residuos del poder feudal y el recién fundado Estado español. Probablemente hubiera algo de todo. Un capítulo donde es posible que se jugaran para siempre los castellanos su futuro, perdiéndolo: su organización, su sistema fiscal, sus fueros y los reconocimientos de sus ciudades de villa y tierra adquiridos frente a la prepotencia de los monarcas de la Baja Edad Media. No, de ese tema otrora crucial los actuales pobladores de esa villa no saben , no contestan, no se interesan. Por el contrario, lo suyo es otra cosa y alegan que perseguir con caballos a un toro por el campo, estresarlo a tope, clavarle lanzas una y otra vez, y ponerle la puntilla es una tradición. Sublime palabra para ellos, sagrado concepto que seguramente al tenerlo tan sacro como etéreo ignoran su significado amplio y civilizado. Bien de interés cultural, tienen denominada también a esa fiesta de sangre, pero ahí en nada los diferencia de todos los rituales taurinos que tienen lugar en España bajo la denominación de corridas.

Refugiados en una costumbre cuya dudosa autoridad reside en el propio consenso que la gente del pueblo y alrededores concede, no deja de ser sino un show, un espectáculo de pan y circo más, un entretenimiento en el que la bestia no es el toro sino los perseguidores de la especie humana. La razón está ausente, el carácter salvaje de la práctica se ignora. Pero atención, lo que realmente se persigue por el campo, se sangra y se extermina no es sólo un animal. No es sólo el animal simbólico por excelencia del mito antiguo. Animal que no nació y se crió para padecer escarnios y padecimientos y cuyo símbolo no puede perecer en el acto de una corrida u otras barbaridades. Lo que se persigue y se asesina es la cultura en sí, el propio concepto de cultura. Porque cultura no es tanto lo antiguo ni lo tradicional ni el espectáculo ni el comercio de lo viejo, y mucho menos lo selvático y criminal, sino sobre todo la evolución de las ideas, el avance en el conocimiento, la invención permanente de la estética y el fortalecimiento de la representación democrática. ¿Qué el concepto de cultura está en crisis? Probablemente. Pero desde luego, fiestas como las de esa villa donde masacran a un toro no son precisamente representativas de un concepto moral y superviviente de la cultura. Porque si la cultura es lo que emana de ese tipo de comportamiento habría que decir aquellos versos de César Vallejo...más vale que se lo coman todo y acabemos.

Especial mención para el heroico y solemnemente engreído ganador del rabo del toro. El valiente especimen que derribó a muerte al toro fue felicitado, homenajeado y reconocido como objeto de admiración por todos los que corearon el espectáculo y las autoridades pertinentes. Expresó su emoción y su gesta de manera muy gráfica: se sentía como un Cristianoronaldo. Efímera y débil comparación, pues el personaje, en su embriaguez tonta, no pensaba en los millones que gana ese cristianoronaldo por amplias ventas de su propio producto, lo cual le distancia kilométricamente. Para reafirmarse más llegó a decir también que se sentía como un dios. Y esa expresión, ¡voto a Odín!, me gustó. Me gustó ese idealismo desorbitado, ese coraje celestial, ese misticismo arrebatador. No andaba descaminado, aunque no tuviera ni idea de lo que sienten los dioses. Los dioses eran feroces, terribles, capaces de hacer la vida imposible a otros dioses y a los humanos. ¡Pero cuánta prepotencia compararse con un dios! ¿Lo permitirán los dioses obsoletos o le pasarán factura? Desde luego, sospecho que el dios monoteísta de la cultura de su pueblo, tan obsoleto o más que los otros, hará la vista gorda. Por eso mismo, porque es parte de esa cultura y la bendice.




(Pintura del argentino Daniel Merlin)

puesta en pie





Sus espectros dijeron:
Tú dormías con la última estrella

te despertabas con el primer pájaro

Adonis.



Es probable que al levantarse hayan pasado cosas. Cosas que no quedan reflejadas, debido a su aislamiento. Se levanta con la idea de que nada se mueve, posiblemente bloqueado por el ruido. El ruido que menciona al movimiento, a las cosas, a los individuos. Las palabras se convirtieron hace tiempo en ruido. Y los pensamientos en silencios. Y el movimiento tiene una doble faz, donde la parálisis acecha a la vuelta de cada ejercicio. Propende a imaginar lo irreal, lo que ya no se da en su vida. El alba de la expectación y el sueño de la ilusión. Adonis se lo explica de modo muy preciso y acertado. Hace una excepción y se rinde a la evidencia de sus versos.



(Fotografía de Jorge Molder)

martes, 13 de septiembre de 2011

tardío


Hoy quisiera anotar algo que caracterizase al día transcurrido. Una noticia, un encuentro, una conversación, una sonrisa, una lectura grata, una llamada, un paseo sereno, un factor amable. Pero de pronto se da cuenta de que está en blanco. Él. Su día.

(Imagen fotográfica de Jorge Molder)

lunes, 12 de septiembre de 2011

el día siguiente a la noche



…tirarte de la cama somnoliento y pesado, sentarte al borde, sin tener claro si ese borde es físico o el mismo en el que te contemplabas en el sueño, permanecer absorto e indeciso, entre dos fuegos, la lasitud que te agarrota y la urgencia del quehacer, debatirte entre el cuerpo reclamándote que lo atiendas y el horario que te sujeta de nuevo a una obligación pasajera, no tienes fe ni ganas, ni te seduce la indolencia ni te motiva la disciplina, eres equidistante en una situación donde no hay punto medio, y ése es tu error, pero sabes que si dudas estás muerto, y acaso no te importe esa sensación de vivir al margen definitivamente, vivir te dices, esa ubicación nebulosa que no sabes si es efecto de tu puesta en pie o de tu disolución, así que asfixias tus pulmones y sonríes al destino, volcado como estás en la pura consecución de un gusto menor e inmediato no te interesa nada que no sea abstraerte de lo que tienes al alcance, el tabaco, el vino, unos textos cuyo hermetismo buscas como un aliento extraño, como un salvavidas que te abduzca, y en cada recuerdo te destrozas un poco más, por eso intentas aniquilar el proceso no sólo lógico sino instintivo y reflejo de la memoria, tratas de aislarla, y cada fogonzazo que proyecta en el vestíbulo de tu cerebro, porque se resiste a rendirse, lo esquivas, que no permanezca un segundo más, alzas la voz interiormente, pues la duración te perjudica, que no me roce, te defiendes con frenesí ciego, pero no consigues evitar su recurrencia obsesiva y vengadora, y tu mirada se vuelve más cínica, y prepararás el café, se te ha caído una parte del contenido de la cafetera porque tus manos se agitan, desearías haber permanecido un rato más en la cama, no hubieras dormido, así que la necesidad de tener que partir inmediatamente a cumplir tus días de condicional impide que seas pasto de la turbulencia, debes tomar ya el café, lo más cargado posible, la lengua, ya de por sí agria tras el insomnio se reviste de un tapiz más amargo, pero buscas el estímulo fácil, echas mano al bolsillo para sentir la pastilla por si la ocasión lo requiere, qué bajo, eh, te oyes a ti mismo criticarte, y la mañana no ha hecho sino empezar…



(Fotografía de Michael Ackerman)




domingo, 11 de septiembre de 2011

Muertos del mundo: ¡uníos!



¡Muertos del mundo, uníos! Un grito sordo, pero clamoroso. Ciego, mas clarividente. Deberían poder hablar los muertos del mundo y de la historia. Simplemente para decir a los vivos: ¡callad! O bien: ¡hablad, pero con cordura y sentido de la verdad!

Llevo muerto hace tiempo, pero a veces en este mundo no-mundo se infiltran informaciones de los vivos. Hasta ahora no podíamos hacer nada, pero acaso si los muertos nos organizamos podemos lograr algo. Los muertos no vamos a volver para ejercer Némesis alguna. Pero sí para denunciar la infamia de muchos humanos. De aquellos que merecerían o no haber nacido o estar muertos, en lugar de tanta gente sencilla o bondadosa que no se ha merecido una muerte prematura. Y menos sangrienta.

Y denunciar lo que es inocultable. Que hay muertos de primera, de segunda, de tercera y de los últimos de la cola. Contar contar sólo cuentan los de primera. Los de familias con posibles, los de países number one, como el avión del Presidente, y no todos los habitantes de ese tipo de países. Ni por el forro. Pero de los muertos, cotidianos, frecuentes y elevados, de los últimos de la cola ni se sabe. Ni se sabía su existencia ni se sabe su desaparición. Luego de lo que no se sabe no se habla. Luego no existen: ignoremos la miseria del mundo y seremos felices, dice la canción.

Nunca sabemos si han muerto porque nunca hemos sabido que han nacido. Hay una sucesión de vivos y una sucesión de muertos. Vivos que mueren por exceso y vivos que mueren por defecto. La muerte de los primeros es ridícula y la de los segundos injusta. Estos días no dejan de hablar de los muertos de hace diez años en un atentado en un país one, en una ciudad one y en un standing de vida one (permítaseme esta especie de redacción spanglish) Y todos los años la misma cantinela. Y esto no significa dar la razón a los abyectos que causaron sus muertes, sino tirar de la máscara de los que siguen recordando aquello como si solo les hubiera pasado a ellos la historia. Los mismos que ocultan las vidas deplorables y muertes desastrosas de tanta población del mundo que no es mundo one. Montan parafernalias para justificar y ocultar con ellas sus políticas destructoras por el planeta.

Como estoy muerto, y no les voy a decir de qué, bueno sí, de asco, me permito hablar así. No tengo grandes propuestas al respecto. Los que morimos de asco tenemos mala muerte, pero al menos nos miramos las manos en el estertor y no las vemos con sangre. O sí: porque la sangre puede ser visible o transparente. La mía, en su transparencia, la veía al final, y me dio más asco todavía. Era producto de mi inacción.

Muertos del mundo y de la historia: ¡uníos! (Una voz lejana y sarcástica, no obstante su opacidad, dice tímidamente: pero si ya lo estamos)



(Montaje fotográfico de Giorgia Napoletano)

viernes, 9 de septiembre de 2011

Cuarteto


Supón hecho a tu gusto el mundo; y al fin, ¿qué?;
supón leído el libro de la vida; al fin, ¿qué?;
supón que has realizado cien años tus deseos;
supón que te quedaras otros cien; y al fin, ¿qué?


Cuando las respuestas son las preguntas, ¿qué argumentación puede hacerse a continuación? Hay algo de alfa y omega, o mejor dicho de aleph y ya, en este rubaiyat de Omar Jayyam. Este cuarteto no está tocado por la tradición monoteísta de ninguna de las culturas del Libro. Va más allá de ellas y más acá de nuestro envoltorio de ficción. Su escepticismo laico resulta más moderno que cualquiera de las ideologías y religiones que pretenden ponerse al día sin lograrlo. Y si lo lograran solamente serían nuevas máscaras sobre viejas figuras. El cuarteto, el rubaiyat, seguirá teniendo vigor. Y más autenticidad, más verdad, más eficiencia. Qué gran enseñanza y qué sabiduría tan humilde. Desdén del afán desmesurado por las vanidades y los orgullos cotidianos. No precisa de las alharacas de los discursos de autoayuda tan en boga hoy día ni de los malos remedos de las filosofías orientales. Ese al fin, ¿qué? tiene más carga de profundidad en su sencillez que ningún sermón de la montaña ni ninguna promesa de mundo feliz ni ninguna ostentación publicitaria. Brindo por ti, humano Jayyam.




(La fotografía es del texto en árabe del rubaiyat que aparece en la edición de Hiperión, colección Poesía Hiperión)

lunes, 5 de septiembre de 2011

Los buscadores


Hubo algunos textos del Libro del Desconcierto que circularon independientes de la edición íntegra de la obra, como si fueran otros relatos. Se trataba de aquellos escritos de contenido amoroso o claramente erótico que fueron desgajados del conjunto porque gustaban de manera especial a los funcionarios y a los religiosos, aunque estos no lo reconocieran en público. Los censores de la moral ajena siempre han tenido doble rasero. Y aprovechando su influencia han reservado en beneficio propio lo que ellos han considerado interesante para sus placeres y sus diversiones. Al desconocerse el autor del libro resulta un enigma entender cómo aquel supuesto erudito mongol que lo escribió pudo desarrollar tantos enfoques, y hacerlo desde perspectivas y estilos culturales y narrativos tan diferentes. Acaso no se trataba de ningún nativo sino más bien de algún árabe o de un persa acogido en sus territorios por razones que no podemos saber. Tal vez había sido un viajero que tras recorrer regiones distantes y tocar también costas occidentales decidió retornar a sus orígenes. Incluso la variedad de estilos y géneros que cultivaba hace pensar en que pudiera haber existido más de un autor y hay estudiosos que concluyen que todo consiste en una recopilación fidedigna de textos de tiempos y culturas transversales. Pero tampoco hay suficientes elementos de comparación por los que se pueda deducir y aseverar que ese agrupamiento de historias es un hecho. Todo son conjeturas y periódicamente se organizan encuentros de estudiosos de literaturas antiguas, incluyendo las de civilizaciones perdidas, promovidas por la Comisaría de las Artes y las Letras de Estambul. Desgraciadamente, los congresos sirven más para el ocio que para el estudio. Y así se impone recorrer determinadas rutas al interior del país y a las naciones próximas, efectuar opíparas cenas y después asistir a algún espectáculo de derviches en plan privado y más riguroso con el contenido de la mística sufí. No falta tampoco el animado deambular por la noche secreta de la ciudad, donde todo es posible. Hasta se puede experimentar en propia carne algunos de los episodios que la narración antigua parecía haber confinado exclusivamente a su impresión. Al final, las conclusiones de esos debates no resuelven nunca ningún enigma, sino que generan otros nuevos, pero eso permite establecer una nueva cita de futuro para los especialistas. Uno de los asistentes al último congreso, hombre de apariencia taciturna y de avanzada edad, hizo hincapié en el doble e incluso triple sentido de muchos de los relatos incluidos en el libro. Afirmaba que los textos del Libro del Desconcierto juegan objetivos paralelos y que unos podían permaneces latentes y soterrados por los otros. Contra su criterio se manifestó una mujer joven y perspicaz, no con demasiada experiencia pero sí con bastante intuición. Esta mujer, especialista en culturas del Asia Central, mantenía además que la esencia de los mensajes era en todos los casos de carácter fundamentalmente erótico y que, cuando éste resultaba demasiado evidente a los ojos de la censura se desviaba hacia un canto a la naturaleza en general. Pero el hombre taciturno aseveraba que en extraños rincones de aquellas historias sobre la naturaleza humana se refugiaban sutiles críticas a la naturaleza de las cosas públicas, es decir, de la gobernación y sus abusos. Realmente, los criterios del hombre y las valoraciones de la mujer no eran contradictorios. Ambas opiniones eran posibles y en privado se reconocían el uno a la otra que lo que manifestaban eran hipótesis y que, si bien bastante fundamentadas, no alcanzaban el grado de demostraciones que el resto de profesionales esperaba obtener.






(Ilustración de Norberto Guillermo Gandini)


domingo, 4 de septiembre de 2011

El poeta pobre



Es probable que si algún arriesgado lector, y por lo tanto ilustrado y poseso, de la corte de los sultanes otomanos no hubiera escondido un ejemplar del Libro del Desconcierto jamás hubiéramos sabido de sus narraciones. A los funcionarios de la corte les debió parecer que aquellos textos antiguos eran demasiado actuales o demasiado bárbaros o simplemente que incitaban a costumbres que no encajaban con sus preceptos. No solamente esta obra sino otras de las que no se han encontrado ejemplares, pero que cierta tradición oral menciona, tales como Los espejismos benevolentes o el Libro de los Premios y Castigos del Azar, desaparecieron debido a que sus ediciones fueron ordenada y obsesamente perseguidas por las castas que vigilan la supuesta pureza de los hombres y sus conductas. Se entiende que a los clérigos religiosos y a los gobernantes no les interese jamás que los individuos adquieran por sí mismos capacidad de pensamiento, porque saben sobradamente que la capacidad de pensar conduce a la de obrar. Y ambas conductas cuestionan tanto lo anterior y obsoleto, como lo establecido en base a la injusticia. Lo que no se entiende muy bien es que todos los episodios del Libro del Desconcierto fueran censurados y no se libraran de la desaparición. Uno de esos episodios habla de la historia de un poeta pobre que recorría caminos más allá del territorio mongol. No se trataba de un poeta en el sentido moderno ni de un versificador al uso, pero sí de alguien que escribía de una manera tan fluida y concisa que se encontraba más cerca del ritmo que de la escritura farragosa. Sus cantos no iban dirigidos a los cargos públicos, ni a los vigilantes de la fe, ni a los cortesanos, ni siquiera a los funcionarios de provincias de las vastas regiones que visitaba. Él escribía y recitaba para los viajeros, los habitantes de las aldeas, los moradores de los caravasares, los pastores, los modestos artesanos y los seres tirados por la calle de las ciudades pequeñas donde le estaba permitida la entrada. Tenía especial predilección por enseñar cortos versos a los niños y deleitar con seductoras palabras rimadas a las muchachas jóvenes de cada lugar de parada. Se llegó a correr por diversas ciudades el rumor de que una vez habían escuchado al poeta pobre, las jóvenes cambiaban de actitud. Se manifestaban insumisas, se negaban a realizar los trabajos a los que se las relegaba por su condición. Tanto preocupó a algunas autoridades esta actitud rebelde de las jóvenes que prohibieron la entrada del poeta en las ciudades más pobladas. En algunas ocasiones fue prendido por los guardias, pero como no podía demostrarse la existencia de edición alguna de sus cantos ni llevaba encima bien alguno que no fuera suyo, quedaba en libertad no sin ser amonestado severamente. Pero sus cantos corrían de boca en boca, los niños canturreaban musicalizando sus palabras y las jóvenes los entonaban como invocación. Aunque los perseguidores de la palabra, con la cooperación de los progenitores, trataron de acallar aquellos mensajes, que fueron considerados obscenos y que removían la base de las conductas dóciles, alguno de ellos consiguió traspasar fronteras. También fueron preservados con sigilo y complicidad por las generaciones púberes. Al atardecer eran entonados en voz baja en sus corros, a la par que crecía en ellas el desdén por las labores domésticas y el desprecio creciente al mandato familiar. Uno de aquellos cantos quedó registrado en el Libro del Desconcierto y decía:

Ven a mi ámbito, hembra herida,
abandona tus obligaciones inútiles:
ven hasta este recinto impío que te ofrezco
para que lo purifiques con tu presencia:
huye del sopor de las carencias
pues te esperan los dones de la vida:
no padezcas más sed con tu silencio
pues aquí encontrarás el agua fresca.






(Imagen de Manuel Boix)



viernes, 2 de septiembre de 2011

La búsqueda afanosa




En el Libro del Desconcierto, anónimo mongol con más de cuatro siglos de existencia, y hallado no hace mucho en unos anaqueles ocultos de la Biblioteca Mayor de los Sultanes de Estambul, se habla de un viajero que se dedica a buscar una ciudad amarilla. Nadie sabía darle razón de dónde se encontraba tal ciudad. Ni siquiera podían ayudarle a situarla en alguno de los puntos cardinales, para que pudiera orientar su partida. ¿Una ciudad amarilla? Nunca hemos oído mencionar tal prodigio, le espetaban. Un experimentado caravanero le informó que había conocido una ciudad ocre, en los confines del desierto del Taklamakán; otro que si había llegado una vez hasta una ciudad azul, a orillas de un agitado mar oriental; hubo quien le habló incluso de una ciudad ambarina, en las laderas de un valle apartado de las rutas tradicionales. Muchos le informaban que había multitud de ciudades blancas que habían perdido el brillo original de su cal y adquirían una pátina grisácea por el azote de las lluvias y de los vientos opuestos. Un extranjero llegó a relatarle cómo había entrado ocasionalmente en una ciudad verde, que era tal por efecto del ladrillo refractario del que estaban hechas las fachadas de los edificios suntuosos, pero la cual tampoco sabía ya ubicar. Y quien te ha hablado de la existencia de esa ciudad amarilla, ¿no te ha señalado al menos qué dirección hay que tomar?, le preguntaban asombrados. No, respondía él. Fue un hombre maduro, no demasiado anciano, pero curtido por los climas más diversos y agotado por el esfuerzo de los viajes. Me habló de haber habitado en la ciudad y de conocerla al dedillo. Tales maravillas relató que hizo que prendiera en mí el afán por encontrarla. También me dijo que en cierta ocasión, atraído equívocamente por tentaciones y azares varios de fortuna que agitaron su vida, salió de aquella urbe magnífica, lo abandonó todo y ya no supo volver jamás. De lo cual siempre quedó arrepentido y se sentía por ello muy apesadumbrado. Los hombres a los que preguntaba insistían entonces curiosos: ¿Y dónde te encontraste a ese hombre? Y él les contestaba con naturalidad: Fue en un sueño. Esta respuesta produjo tal hilaridad entre los caminantes que le tomaron por loco. Pero él seguía convencido de haber tenido una revelación y seguía inquiriendo a todo el mundo una pista sobre la ciudad de sus sueños. Si ha sucedido en un sueño, les argumentaba a los que se burlaban, es que tiene que haber ocurrido también fuera de él.


(Pintura de Kazimir Malévich)


miércoles, 31 de agosto de 2011

treinta y uno de agosto (rien ne va plus)



…acechanza de la apatía, sentir un día más que tu reino no es de este mundo, y que tampoco deseas que lo sea, que algo no cuadra, que esto de tirar para adelante asintiendo y aceptando no resulta, no proporciona meta alguna, que se convierte en una bola que nutres y a la vez te engulle, que la engordas y automáticamente te aplasta, y que ni te gusta ser espectador ni protagonista, porque no quieres mirar como ellos quieren ni sentirte parte central de nada, que la ficción envuelve a cada uno para paliar el desaliento, pero es traidora, en cada visión se te incita a que creas que eres otro, es como si volvieras a encarnarte en los cuentos de la infancia, cuando otros procuraban por ti, pero ahora los cuentos se manifiestan en toda su caracterización, aquellas historias eran éstas, pero entonces tenían nombres diferentes, dragones, princesas, reyes, caballeros, cristos, y el subconsciente los preservó, los adaptó para los tiempos adultos, y te incita de nuevo a delegar en personajes oscuros que desde las tinieblas están esperando el momento de reencarnarse, esperando que tu incredulidad sea rendición, pero no lo es, para ti no creer es fortalecerte, no delegar es sujetar los cinchos de tu caballería, no fiarte de los mensajes es escribir desde tu interior los nuevos, y mañana será uno de septiembre, pero no sabes si lo nombrarás, te da igual el calendario de la santa tradición, no te interesa contar los días, los días se acabaron, tiene que haber un final de los días, tiene que existir otro concepto de los días, tiene que haber un tiempo que sólo es tuyo y cuya preservación te aleja de lo que te rodea pero te refuerza, debe haber…


treinta y uno de agosto



...aún me dicen que eso de vivir en las tinieblas es un símil; siempre escuchando como verdades (¿será eso de verdad otro símil?) figuras con las que abusaron desde la tierna niñez, pero nunca aclarando que eran metáforas, maneras, comparaciones, estilos del lenguaje, y por supuesto si hablo de vivir en tinieblas también tengo que mencionar lo de vivir en la luz, esa contraposición ineludible para que el mensaje posterior llegara al destinatario, para que detrás del mensaje posterior se manifestara el emisor de la revelación, el que realmente controlaba el cotarro, aunque a su vez él estuviera sometido a esas demostraciones centrífugas y centrípetas, porque nadie, ni la representación carnal más alta de este mundo puede escapar a ella, aunque siempre se inventaran una justificación superior, supratodo, y ahí la base de la metafísica, pero la metafísica se estableció precisamente para eso, para justificar en el terreno mundano un área sacra, porque ¿cómo iban a reconocer las castas ungidas que ellas también eran pecadoras?; juego de pelota donde a los individuos se les envía y reenvía de las tinieblas a la luz, y viceversa, sin aclarar que ambas no son absolutas, ni liberan, ni aportan felicidad, ni transcienden; vivir no se sabe dónde y cómo, ¿alguien se habrá propuesto alguna vez escapar del mundo de las representaciones imaginarias?






(Dibujo de Erika Kuhn)


martes, 30 de agosto de 2011

treinta de agosto


…pillar in fraganti a un poeta en plena poesía, al descriptor del límite entre lo que es y no es, al más nombrado entre los nombrados, al hombre que veía más lejos y más profundo que todos los hombres que decían ver, al acólito circunstancial del mingitorio, al clarividente de los sueños, hacer un símbolo del hombre que vive en este mundo según sus necesidades, ángulo de la distancia y de los urinarios preservando el pudor, el escribiente que ladeado sospecha el click sordo pero le da lo mismo, y ese recorrido del ilustre alfabeto de los urinarios, donde nada perturba la inspiración y el ingenio que no cesan…



(Rogelio Cuéllar estuvo allí y, polémicas aparte, defendió siempre el respeto con que fotografió a Borges; ver para mayor ilustración http://oralapluma.blogspot.com/2010/03/borges-en-los-banos-de-san-ildefonso.html)


lunes, 29 de agosto de 2011

veintinueve de agosto




…entonces le preguntó si la crueldad y la ternura eran como las dos caras de la misma moneda. ¿Son las dos caras de la misma moneda? Y ella: sí, son dos caras, no sé si las dos caras únicas, o sólo dos de las posibles, pero ahí permanecen. ¿Constantemente?, preguntó él. Acaso; se alternan, toman el relevo. ¿Cuánto duran? Y ella: su tiempo no se mide, no hay manera de saberlo. Pero debe ser angustioso vivir en una de las dos y no saber hasta cuándo, insistió él. Puede serlo, dice la mujer, hay algo de prueba en ello. Pero las pruebas pueden quemar y hasta destruir, como si te expones a saltar sobre una hoguera, arriesga él. Es que en la hoguera está el símbolo, replica ella, y de ahí también que se te ofrezcan los dos rostros: saltar sobre ella y salvarte o no saltar y perecer. Pero no saltar no implica riesgo, dice el hombre. Todo lo contrario, ahí radica el mayor riesgo, el de que si nunca lo haces no sabrás jamás si podrás poseer el fuego. Al decir esto ella, le miró, pero él no pudo advertir si con ternura o con crueldad.


(enigmático modo de observar la noche; el bosque delante pero invisible; se escucha el rumor de las hojas; el aroma se vuelve más intenso)




(Imagen de Shirin Neshat)



veintinueve de agosto (semioscuro)



...J’aime l’amour, sa tendresse et sa cruauté...

…abrir una página de los poemas de Robert Desnos, sobrecogerse al percibir su grito al silencio, advertir en cada verso una pregunta sin respuesta, sentir en cada línea latidos que son latigazos, probar lo dulce y lo amargo en una mezcla angustiosa, derivarse en la vorágine que te precipita como una peonza, caer

(vaya manera de mirar el amanecer; el bosque delante; las hojas se mecen; llega un aroma)



(Imagen de Ian Francisco Soriano)





domingo, 28 de agosto de 2011

veintiocho de agosto (nocturno)



…no lo he contado porque me lo estaba pensando; pero hace dos noches soñé que un tal Ernesto Guevara de la Serna vino a mi ciudad; que también gustaba de hacer fotografías con una cámara y que yo le llevaba por diversas calles que se prestaban a una visión del pasado; él me contó, mientras paseábamos, que había realizado un recorrido iniciático en motocicleta por diversas regiones de su continente porque, aunque había oído hablar de ellas, no se las figuraba; y que aquello le había vuelto más fecunda su mente para retener la vida de las gentes y los paisajes; en este encuentro onírico que relato a grandes rasgos, él me prestaba su cámara para que le hiciera fotos testimonio, así las llamaba él; y él, a su vez y en justa contrapartida me fotografiaba a mí con mi cámara moderna; en un momento dado, pasó alguien al que pedimos nos sacara juntos, pero de pronto aquel viandante se quedó con la máquina y desapareció; anduvimos por diversos sitios y nadie le reconocía, y a mí, que me resultaba tan familiar, me apesadumbraba un poco su presencia; hubo un momento en que yo le preguntaba ingenuamente: y si estás muerto, cómo es que estás aquí, y él me respondía todavía con más sorpresa: no sé, esto tú sabrás…





…y me he estado pensando a ratos, durante dos días, qué razón oscura tiene la otra orilla de mi mente para soñar algo así; hace mucho tiempo que no me dice nada aquel Ernesto Guevara de la Serna; hace años que lo tengo olvidado o, como decíamos en nuestro momento prepotente, que lo tengo superado; nunca coloqué un cartel en la puerta de mi cuarto ni llevé camiseta alguna con su efigie, la que popularizara el genial Korda; cierto que sí gustaba de ver reproducido su icono por muros y publicaciones; cierto que hubo un tiempo en que los jóvenes que queríamos ser eternamente jóvenes, en la extensión más excelsa de la palabra, y también redentores, estimábamos en muy alto grado aquella leyenda; cierto que aquella personalidad la sublimamos en exceso y, emulando una antigua sublimación de la cultura occidental, la vinculamos con el profeta por excelencia del cristianismo; pero no entiendo por qué se cuela en mis sueños una proyección que dejó de tener sentido consciente para mí, de la misma manera que dejó de tener significado convincente la del cristo para mí; no sé a qué juega mi subconsciente; debe haber una partida de tensiones importantes en este momento de mi vida para que lo onírico trate de echar un falso órdago, al que no estoy dispuesto a ceder; mi resquemor por los caudillos, profetas o líderes es parejo al temor que me inspiran; pienso que son la negación de la opción personal por una conciencia libre y activa; que todo lo que implica delegación ciega o rendida en otros revela una concesión y un cheque en blanco de nuestro yo; por eso el sueño me preocupa, porque ¿qué quiere decirme?; ¿que la telaraña nos tiene atrapados a todos y no escaparemos a la araña devoradora?; un desafío: reconocer nuestra insuficiencia y nuestras limitaciones no puede suponer nunca una entrega a los mitos…



(Las fotografías corresponden a la partida de nacimiento del ciudadano argentino Ernesto Guevara de la Serna, que guardo por curiosidad)




veintiocho de agosto (nueva interrupción)


Un pensamiento improvisado sacude los tiempos anteriores al sueño de la noche, y dice: si perdemos el principio de la sensibilidad compartida, si no nos hacemos cargo de la marcha de los acontecimientos, si nos justificamos en lo de nuestro cansancio, si nos disculpamos con el desinterés de los otros, si nos escaqueamos por la desconfianza, si reducimos nuestra capacidad mental a lo simple y aparente, si nos dejamos seducir por el señuelo del carpe diem, si delegamos en hombres sin escrúpulos, si…ah, está claro que esto ya no es una mera idea que surge a estas horas demenciales sino un enjambre que zumba dentro de mi cabeza y que me clava sus mil aguijones de impotencia.



(La imagen es obra de Roland Topor)


sábado, 27 de agosto de 2011

veintisiete de agosto (interrupción)


Un pensamiento repentino interrumpe mi siesta tardía: lujo de los que podemos escribir -una frase ocurrente, un apunte crítico, una sentencia que cuestiona- sin que nos pase nada. ¿Tan gran conquista de los tiempos y del lugar nos lo permite? ¿O será que lo que decimos no hace peligrar nada ni a nadie? (Hay imágenes que me persiguen: las de los desesperados, esto es, los que ya no podían, no pueden, concebir esperanzas; los que no hablarán ni escribirán jamás)



veintisiete de agosto


…despertarme con una de esas noticias que me irritan sobre manera; un hecho donde lo simbólico y lo real apenas se distinguen, la tortura ejercida sobre el caricaturista sirio Ali Farzat, por su trabajo satírico en la prensa; veo su foto yaciendo en la cama con las dos manos vendadas, quebradas a golpes, y el rostro amoratado; obra de los energúmenos del sangriento mandamás El Asad; ¿quién había desestimado la función expresiva y crítica de la caricatura?; qué grande es el mundo para los que optan por arrebatar el poder a los dioses de las tinieblas y crear sentido y belleza; qué pequeño para quienes no conocen otro poder que el que les brinda el dinero y las armas; qué hermosa la generosidad de quién arriesga hasta el extremo el ejercicio humano de la libertad y de la expresión; qué valor sincero el de quien utiliza su literatura, su música, su dibujo, su prensa, su blog …para hablar por los que no saben y no pueden utilizar estos recursos; qué habilidad la de quienes convierten el grito desesperado de los humildes y desalojados en imagen que les eleva y les aproxima a alguna forma de liberación; hete aquí cómo una irritación particular sobre un hecho que puede parecer ajeno a mi vida inmediata puede conducirme a comprender y admirar el impulso de los que arriesgan; la belleza está ahí, no porta los cánones de Miguel Ángel, pero seguramente sí los de Goya; me pide el cuerpo hacerme preguntas tipo ¿qué hacemos cada uno de nosotros para preservar y potenciar nuestra libertad?; me pide el cuerpo, me pide el cuerpo…


(Ali: ponte bueno y sigue creando; ningún dios monoteísta iba a hacerlo mejor)

viernes, 26 de agosto de 2011

veintiséis de agosto (ya tarde)



"Una gota de agua sobre una hoja es infinita. Esa gota de agua en esta hoja, ahora, en este instante. Es la experiencia del haiku."

Lo dice Chantal Maillard en su librito En la traza. Pequeña zoología poemática. Pienso entonces en la experiencia de la palabra. La palabra justa, impensada, espontánea, que cae, que mana desde nuestro interior, con su angustia o con su placidez o con su euforia. Cuando nos hallamos al límite, en el reposo de la inconsciencia o en la sublimación opiácea de las ilusiones disparadas. Es la manifestación del instante. La gota salina o sanguina que emite nuestra materia sin que nos solicite permiso, la cual transcribimos.




veintiséis de agosto


…a veces te sorprendes de lo que puede suceder en tu ausencia; la curiosidad que los insectos pueden tener, lo cual no significa que estén interesados en funcionar como los humanos; su capacidad de despliegue a través de nuestras habitaciones y de nuestros objetos; su fervor por avanzar, aparecer y desaparecer, en direcciones imprevistas para nuestra mirada; el desinterés aparente que muestran por nuestros quehaceres; su rumbo independiente y tenaz, únicamente torcido si una sombra que se cruza en su camino les disuade; su deambular calmo sólo puesto en guardia si perciben que algún movimiento de nuestro pie o de nuestra mano va a dirigirse contra ellos; su presencia permanente aun cuando para nuestros ojos no suponga visibilidad ordinaria; los hábitats que se procuran, a los que se adaptan; a veces fantaseo con los edificios concéntricos; edificios dentro de edificios, habitaciones dentro de habitaciones, sótanos bajo los sótanos; ese saber que ellos están ahí, y que aunque te agaches y mires debajo de la cama o por los rincones no aparecerán, pero ellos buscan pasillos paralelos, pisos diminutos que se encuentran bajo otros, rampas que se abren en intersticios de baldosas o de rodapiés; no tienen por qué salir necesariamente de noche, su tiempo no es nuestro tiempo; perciben el silencio, la paralización de los comportamientos humanos, aunque no siempre les preocupe demasiado; su audacia no tiene límites, debe ser por instinto de supervivencia, pero acaso también lo que nos parece osadía se trate exclusivamente de su conducta común; no es frecuente verlos pasear por teclados de ordenador, salvo aquellos que en el almacén de una empresa yazcan por obsoletos; ese intento de emulación loca por la escritura probablemente sea ajeno a sus intenciones; qué letras buscarán, qué sintaxis invisible estarán componiendo; el error humano reside ahí precisamente, en ver a las demás especies como si fueran proyecciones nuestras cuando, tal vez, nosotros somos proyecciones de las especies; el animalito que recorre vocales y consonantes ¿ensaya un aprendizaje o viene para enseñarme?; no tengo respuestas; cuando contemplo un insecto me desproveo de conocimiento, me siento acomplejadamente ignorante; no voy a hacer nada; que ella transcurra…



jueves, 25 de agosto de 2011

veinticinco de agosto



"...Hoy, solamente en el sagrado misterio vagan las sombras de algunos escogidos que hacen renacer el tiempo antiguo de griegos y romanos, cuando los efebos coronados de rosas sacrificaban en los altares de Afrodita. ¡Felices y aborrecidas sombras! ¡Me llaman y no puedo seguirlas! Aquel bello pecado, regalo de los dioses y tentación de los poetas, es para mí un fruto hermético. El cielo, siempre enemigo, dispuso que sólo las rosas de Venus floreciesen en mi alma y, a medida que envejezco, eso me desconsuela más. Presiento que debe ser grato, cuando la vida declina, poder penetrar en el jardín de los amores perversos. A mí, desgraciadamente, ni aun me queda la esperanza. Sobre mi alma ha pasado el aliento de Satanás encendiendo todos los pecados: Sobre mi alma ha pasado el suspiro del Arcángel encendiendo todas las Virtudes. He padecido todos los dolores, he gustado todas las alegrías: He apagado mi sed en todas las fuentes, he reposado mi cabeza en el polvo de todos los caminos: Un tiempo fui amado de las mujeres, sus voces me eran familiares: Sólo dos cosas han permanecido siempre arcanas para mí: El amor de los efebos y la música de ese teutón que llaman Wagner."


Y qué disfrute con la Sonata de Estío, de Valle-Inclán, de la que adjunto este párrafo ya que me parece la quintaesencia del libro (se puede discrepar de mi criterio) Porque el espíritu del Marqués de Bradomín y probablemente las ensoñaciones del escritor se revelan en total y abierta confidencia al lector. Con un punto final precioso, irónico y rompedor: el rechazo de Wagner (¿lo abominaba Valle o es sólo parte de la personalidad tradicionalista del Marqués?) Sobre el Marqués, nada nuevo de su personalidad que no se supiera. Pero el personaje de la Niña Chole es fantástico. ¿Y nos hablan de realismo mágico de García Márquez como una novedad, a mi modo de entender bastante barroca? Valle participaba de un modernismo que, no obstante el estilo aparentemente retórico (¿no será la retórica de Valle una excusa para ejercitar su sátira?), es personal y moderno. El precio de que muchos términos del relato, en parte propios del habla mejicana y en parte del vocabulario español del XIX, no los entendamos claramente no es óbice para dejarnos capturar por su secuencia. También nos sucede con un novelista de nuestro tiempo, el mejicano Jorge Ibargüengoitia, trágicamente fallecido, al que hay leer y tener en cuenta por la seducción de su manera de relatar. ¿Me paso un poco colgando un autorretrato de Frida? Para mí es también una Niña Chole y ella se sentiría halagada.




miércoles, 24 de agosto de 2011

veinticuatro de agosto (casi medianoche)



…visto el juego de trileros y truhanes que se traen entre el presidente del gobierno español actual, el sucesor por el mismo partido para presidente del gobierno y el pretendiente de la derecha española a presidente de gobierno, a espaldas de la sociedad, con vistas a hacer modificaciones constitucionales que beneficiarán a los poderes económicos y financieros, sin que medie Referendum legítimo alguno, francamente me alegro de no haber votado en su día a favor de la Constitución en vigor, que se encuentra obsoleta. Nunca me fié. No hay manera de que se quieran hacer las cosas bien. Y cada vez parece más que la Democracia de verdad interesa menos. ¿Hasta cuándo abusaréis de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo dejaremos que abusen de nuestra paciencia? ¿Hasta cuándo tendremos paciencia?




(Dibujo de Roland Topor)


veinticuatro de agosto


Una noche soñó que los ricos pagaban en función de su riqueza, que no defraudaban al fisco, que los rentistas cedían sus fincas, casas y posesiones múltiples a la ciudadanía, que las instituciones religiosas que aún viven del Estado se buscaban la vida, que los bienes de esos entes se convertían en bienes públicos, que las empresas decidían fabricar sin dañar el medio ambiente, que los bancos relativizaban el valor de cambio del dinero, que los blindajes de los altos cargos desaparecían, que dejaban de contratar mano de obra esclava en el tercer mundo y mileurista en el primero, que distribuían sus ganancias entre todos sus empleados y sólo procuraban en la inversión técnica sobre sus productos, que el mercado de distribución ponía precios al alcance de todos, que las rentas elevadas aportaban suficientes recursos para dinamizar la inversión pública y extenderlos a todas las clases sociales, que reforzaban el sentido redistributivo del funcionamiento social, y se atrevió incluso a soñar que quedaba eliminado el principio de la plusvalía, lo cual equivalía de facto a que los empresarios habían dejado de existir.

Hoy las noticias le despiertan hablando de su sueño o le sumergen todavía más en el mismo o simplemente le invitan al espectáculo, y ya se sabe que todo show lleva una carga onírica inherente. Las grandes fortunas de Francia piden pagar más impuestos ante la crisis, lee. Y que lo quieren hacer para ponerse en vanguardia de la salvación del déficit. Piensa que acaso es un primer paso, que tal vez las ideas de Marx de que las revoluciones de verdad se producirían en los países desarrollados se empieza a hacer realidad, pero como peina canas y tiene callos en el órgano interno donde radica su desconfianza, se siente amodorrado e intuye que sigue soñando. Sabe que los sueños son contradictorios, variables y negadores de toda realidad. Pero por si no lo fueran, sospecha que el numerito de prestidigitación tiene truco, que hay carta escondida, que la chistera va a sacar animalitos varios que deslumbren a los espectadores. La grandeur francesa es así, piensa. Puestos a defender sus negocios, su hegemonía particular y su influencia, son l’avantgarde. Admira su arranque, no tanto su cinismo.


martes, 23 de agosto de 2011

veintitrés de agosto


Se vive solamente una vez, en la infancia y la adolescencia; el resto es simplemente una repetición. Lo dice el hijo de Barve.

Leo esta cita introductoria del personaje llamado el hijo de Barve en el libro Yósik, el del viejo mercado de Vilnius. Me lo han regalado ayer y esa cita es una trampa o un arma de destrucción masiva de mi interior. No había oído hablar de su autor, Joseph Buloff, más que de pasada y sí que tienta la novela, sí. Mantendré el control de lecturas y esperaré. A la cola a pesar de las tentaciones. Pero mientras, la cita se me incrusta y gira cual derviche dentro de mí

Si la vida auténtica y primigenia estaba en aquellos estadios perdidos y lejanos de nuestra existencia, entonces, ¿por qué nos hicieron correr tanto para hacernos mayores? ¿Qué labraron en nosotros las experiencias de aquellos tiempos para que la obra realizada después no sea ya novedad? ¿Qué mérito hubo entonces que descalifica los años posteriores y los poblamos de insatisfación? ¿Qué tierra prometida hemos alcanzado? ¿O esto de ahora es más bien una migración por inercia? ¿Un exilio al que nos vemos condenados? ¿Una expulsión del paraíso? Si repetimos aquel pasado, ¿lo hacemos a imagen y semejanza de lo que entonces buscábamos y, sobre todo, vivíamos? Entonces, ¿era fantasía la infancia y aventura la adolescencia, o no existieron jamás? ¿O lo que ha venido después sólo ha servido para envejecer? Y así, estalla en mi despertar el fuego de artificio de las preguntas sin fin.





(Fotografía de Roman Vishniac)


lunes, 22 de agosto de 2011

veintidós de agosto (casi oscuro)


"...Al verla sentada al pie de la fuente, sobre aquel fondo de los bojes antiguos, leyendo el libro abierto en sus rodillas, adiviné que María Rosario tenía por engaño del sueño, mi aparición en su alcoba. Al cabo de un momento volvió a levantar la cabeza, y sus ojos, en un batir de párpados echaron sobre mí una mirada furtiva. Entonces le dije:

-¿Qué leéis en este retiro?

Sonrió tímidamente.

-La Vida de la Virgen María.

Tomé el libro de sus manos, y al cedérmelo, mientras una tenue llamarada encendía de nuevo sus mejillas, me advirtió:

-Tened cuidado que no caigan las flores disecadas que hay entre las páginas.

-No temáis...

Abrí el libro con religioso cuidado, aspirando la fragancia delicada y marchita que exhalaba como un aroma de santidad. En voz baja leí:

-La Ciudad Mística de Sor María de Jesús, llamada de Ágreda.

Volví a entregárselo, y ella, al recibirlo, interrogó sin osar mirarme:

-¿Acaso conocéis ese libro?

-Lo conozco porque mi padre espiritual lo leía cuando estuvo prisionero en los Plomos de Venecia.

María Rosario, un poco confusa, murmuró:

-¡Vuestro padre espiritual! ¿Quién es vuestro padre espiritual?

-El Caballero de Casanova.

-¿Un noble español?

-No, un aventurero veneciano.

-¿Y un aventurero...?

Yo la interrumpí.

-Se arrepintió al final de su vida.

-¿Se hizo fraile?

-No tuvo tiempo, aun cuando dejó escritas sus confesiones.

-¿Como San Agustín?

-¡Lo mismo! Pero humilde y cristiano, no quiso igualarse con aquel Doctor de la Iglesia, y las llamó Memorias.

-¿Vos las habéis leído?

-Es mi lectura favorita.

-¿Serán muy edificantes?

-¡Oh...! ¡Cuánto aprenderíais en ellas...! Jacobo de Casanova fue gran amigo de una monja de Venecia.

-¿Como San Francisco fue amigo de Santa Clara?

-Con una amistad todavía más íntima..."



Si un texto así lo leemos en una novela actual muchos dirían: ¡oh, qué modernidad, qué ingenio, qué erudición! El sarcasmo que se trae Valle-Inclán, no sólo en este texto, sino en toda su Sonata de Primavera, no tiene precio. Ay, de aquel Marqués de Bradomín, feo, católico y sentimental que protagoniza muchas de sus novelas. Publicada en 1904, su calidad hace trizas una fecha que es antigua. Intuyo que la técnica narrativa y la intención literaria y crítica en general en toda la obra de Don Ramón siguen en vigor. Bebamos en pleno estío de una de las fuentes de la vida.


veintidós de agosto (pronto)


Frescor de la mañana entre luces que se afirman tímidamente. Insuficientemente. El cielo es una nube única a punto de desalojar su preñez. Huele a profundidades. Acaso es eso lo que me hace mirar hoy las cosas de modo más calmo. Aunque tal vez no dure mucho. Y también más tierno. Por supuesto, no puedo contemplar a todos los individuos de mi especie con la misma languidez oferente. Ni quiero. Ni las sensaciones de mi naturaleza llegan a tanto.

Desayuno y leo en uno de los escasos periódicos salvables de este país que los del espectáculo y pompa idólatra de estos días siguen haciendo patrimonio de su profeta muerto y redentor. Lo mataron los judíos, dijeron siempre (ahora se cuidan de repetir la frase, oigan, que la geoestrategia en Oriente Próximo está muy delicada) Hace tiempo que no tenía dudas de que era suyo, aunque algunos creímos en nuestro época idealista y entregada que era otra cosa. Siempre fue su patrimonio, puesto que fue su invención. Pero alguna vez pensé que, al menos, siquiera como idea, como sugerencia, como ente abstracto y abierto, permitirían que fuera compartido por otros. El profeta es nuestro, chillan. Es lo que queremos nosotros que sea, ratifican. Dedico un instante de pensamiento a mis amigos cristianos sinceros, de base, comprometidos con causas reales y no de pompas ni catequesis. No acabo de entender que no se rebelen. Pero el ruido desafinado y arcaico ya no me hiere. Miro con ternura al animalito solícito que busca mi pie. En su aliento porta la vida sin necesidad de profetas ni de intermediarios mercantiles.


domingo, 21 de agosto de 2011

veintiuno de agosto (por la tarde)


Fue una paradoja de la tarde avanzada. Sentado al borde del manantial que nace miraba el curso imperceptible. Un hombre absorto contempla siempre en distintas direcciones. Puede tener la vista fija en el ligero cauce y estar metido en el torrente que lleva dentro de sí, agitado e impío. Camino aquel de agua perdiéndose entre olmos, enebros, álamos, chopos, cipreses, deslizantes penachos de hiedra sobre las viejas ruinas, matorrales de zarzamora y otras plantas cuyos nombres se me escapan. Incesante fragor, violento recibimiento el soplo del viento retorciendo la arboleda. Sentías habitar en otro mundo. Te sobrecogiste. Bajo la tierra que pisabas, el agua sobre el agua, la piedra sobre el agua, el olvido bajo la piedra y el agua. Misterioso y arcano pantano, extraño microclima, hondonada al modo de un oasis sobre el páramo duro. Ya me hablaba mi padre de todo esto, él que había vivido el pastoreo por allí cerca durante los años anteriores a la ignominia. La que le movilizó hacia los campos de sangre. Hace tanto de eso. Tanto que la voz de mi padre se quedó entre mis manos, y la memoria mana como el agua de este lugar generoso. Y de pronto, la tormenta. Las gotas que van golpeando las hojas, las piedras, la alberca próxima, el humilde riachuelo, mi cabeza, mis hombros. Y de pronto, la naturaleza, terca y con principios. Incesante y directa. Me dio por reír. Pensaba en un comentario escuchado en la radio del coche sobre la visita de ese pomposo personaje que dirige una de la feria de las vanidades y que ha estado en Madrid estos días. Que había tenido que suspender un discurso debido a una tormenta. Creo que al recordar la anécdota, miré a la tormenta que transcurría revoltosa y benévola sobre mi cabeza y la hice un guiño. Francamente, los que predican sobre el alma y la conciencia de los hombres no pueden con las fuerzas de la naturaleza. Alguien me ha contado luego que volaron las hostias en ese acto de exaltación e idolatría. De ser cierto, hubiera sido el no va más.

veintiuno de agosto


Cáspita, que si creo en las casualidades. Después de escribir mi segundo devaneo de ayer abrí La obsolescencia del hombre, de Günther Anders. Me lo había prestado amablemente mi librera para echar un vistazo. Como tengo un método antimétodo y muy caótico, practico la costumbre de dejarme seducir por un libro en base a hojearlo por diversas partes. Si los destellos que percibo me atrapan es probable que me proponga pasar a otra fase del cortejo con él. Esto suelo ejercitarlo me hayan hablado de la obra o no. Y a veces da resultado y me lleva al huerto, otras no tanto y toma que lo devuelvo. Así que entiéndaseme que al abrir la página 134 y caer en la red del título del capítulo (El fantasma, se titula) me encuentro para mi perplejidad lo siguiente:

“El mundo nos es suministrado en casa. Los acontecimientos nos son servidos con profusión. Pero ¿como qué nos son servidos? ¿Como acontecimientos? ¿O sólo como sus copias? ¿O sólo como noticias sobre los acontecimientos? Para poder responder a estas preguntas, que guían los siguientes parágrafos, vamos a traducirla a otro lenguaje; y preguntamos: ¿cómo están en casa del receptor los acontecimientos emitidos? ¿Cómo está el receptor en ellos? ¿Están realmente presentes? ¿Sólo en apariencia presentes? ¿Ausentes? ¿De qué manera están presentes o ausentes?”

Francamente, que uno, en su insignificancia, se sienta atraído sin pretenderlo por planteamientos como los que expone Anders me sorprende gratamente. No andaré tan loco, me digo. O si lo estoy, comparto los puntos de loca lucidez con otros. Cuando leo esas preguntas, ¿tan descaminado ando al dudar de lo que me venden? ¿Tan equivocado al mantener un escepticismo inquisitivo? ¿Tan rebelde como para no afirmarme en la necesidad de serlo? La rebeldía es una condición del Ser; ya sé que lo tengo crudo, pero ya llevo muchos años de contradictorio inconformismo. ¿Que no me hace feliz? Por supuesto. Pero ¿es que acaso me hace feliz la oferta sistémica, que llaman ahora? Presiento que puedo avanzar más allá de Camus, sin negar a Camus. Presiento que una antorcha se prende desde esas páginas. Puede ser el comienzo de una gran amistad (con Anders)