.

.


La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








lunes, 12 de septiembre de 2011

el día siguiente a la noche



…tirarte de la cama somnoliento y pesado, sentarte al borde, sin tener claro si ese borde es físico o el mismo en el que te contemplabas en el sueño, permanecer absorto e indeciso, entre dos fuegos, la lasitud que te agarrota y la urgencia del quehacer, debatirte entre el cuerpo reclamándote que lo atiendas y el horario que te sujeta de nuevo a una obligación pasajera, no tienes fe ni ganas, ni te seduce la indolencia ni te motiva la disciplina, eres equidistante en una situación donde no hay punto medio, y ése es tu error, pero sabes que si dudas estás muerto, y acaso no te importe esa sensación de vivir al margen definitivamente, vivir te dices, esa ubicación nebulosa que no sabes si es efecto de tu puesta en pie o de tu disolución, así que asfixias tus pulmones y sonríes al destino, volcado como estás en la pura consecución de un gusto menor e inmediato no te interesa nada que no sea abstraerte de lo que tienes al alcance, el tabaco, el vino, unos textos cuyo hermetismo buscas como un aliento extraño, como un salvavidas que te abduzca, y en cada recuerdo te destrozas un poco más, por eso intentas aniquilar el proceso no sólo lógico sino instintivo y reflejo de la memoria, tratas de aislarla, y cada fogonzazo que proyecta en el vestíbulo de tu cerebro, porque se resiste a rendirse, lo esquivas, que no permanezca un segundo más, alzas la voz interiormente, pues la duración te perjudica, que no me roce, te defiendes con frenesí ciego, pero no consigues evitar su recurrencia obsesiva y vengadora, y tu mirada se vuelve más cínica, y prepararás el café, se te ha caído una parte del contenido de la cafetera porque tus manos se agitan, desearías haber permanecido un rato más en la cama, no hubieras dormido, así que la necesidad de tener que partir inmediatamente a cumplir tus días de condicional impide que seas pasto de la turbulencia, debes tomar ya el café, lo más cargado posible, la lengua, ya de por sí agria tras el insomnio se reviste de un tapiz más amargo, pero buscas el estímulo fácil, echas mano al bolsillo para sentir la pastilla por si la ocasión lo requiere, qué bajo, eh, te oyes a ti mismo criticarte, y la mañana no ha hecho sino empezar…



(Fotografía de Michael Ackerman)




2 comentarios:

  1. Pues me he quedado muda, casi. No querría para mi esa vida, vamos.... que cuando la divisé salí corriendo. Soy afortunada, lo reconozco. Gracias habré de dar a "sancaos" por lo bien que vivo, después de todo, tanto si la merezco como si no. Beso.

    ResponderEliminar
  2. Emejota. El personaje no es de adscripción obligatoria ni precisamente modélica.

    ResponderEliminar