Los años pasan que vuelan. Quienes hemos llegado hasta la fecha vivos, que no sanos y salvos del todo ni mucho menos, cuyo guarismo está a punto de cambiar miramos atrás y contemplamos imágenes que se van devaneciendo. Hasta las más recientes ya no las recordamos con la precisión y atractivo de las que latían dentro de nosotros hace décadas. El presente tiene un interés relativo. Y para lo que vaya a venir ponemos mirada escéptica e incrédula pero no torpe. Ya no nos creemos todos los cuentos. Los hemos visto (casi) todos, ya nos lo recitó León Felipe en su día, que había visto tanto y tan duro. No es fácil saberse los cuentos. Se repiten los de siempre pero disfrazados y con nuevas caretas que pueden despistarnos. Mas si eres buen observador y mejor escuchante te das cuenta enseguida que no merece la pena oír a los voceadores ni mirar los juegos de trileros. Mi angelus novus musical también lo sabe. Mi angelus novus tiene inmediatamente detrás, en el estante, el bagaje de la historia de Genji, el de los héroes griegos, los libros proféticos de William Blake, mitos y dioses de India, el arte mágico de Breton, el complejo universo del Ramaiana, las amenas aventuras de Giacomo Casanova el veneciano, las máscaras divinas de Campbell, los haikús de Matsúo Basho...Podrían ser otros libros, pero el mensajero cayó justamente ahí. Mi angelus novus no tiene nada de talmúdico y está alejado de los sones de trompeta apocalípticos. Mi angelus novus no es estrábico ni de sexo confuso. Mi angelus novus está resabiado del pesimismo de quien dejó enterrado en Portbou. Mi angelus novus no ha llegado hasta aquí guiado por ninguna estrella monoteísta. Mi angelus novus avisa con su tañido sensible y recurrente de que olvidar el pasado nos condenará a no saber andar los siguientes pasos del camino. Mi angelus novus no quiere mutarse en exterminador. Mi angelus novus llega para consolar, acaso respaldar, mis dudas y por fortuna no me ofrece verdades inmutables. Mi angelus novus no desea ser el angelus novus sino un zagal que quisiera competir con aquellas vidas que hubo tras las korai y los kuroi. Mi angelus novus se ha plantado ahí, me desafía con la inocencia de su mirada, como si dijese: qué soy para ti. Mi angelus novus (y caigo de pronto en ello) ha sido enviado por cierta emotiva y sensual poeta de Mitilene para que yo cante sus versos al son de la siringa:




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