lunes, 7 de septiembre de 2026
El zarandeo de mi sombra pensante
sábado, 5 de septiembre de 2026
Los celos de la sombra
No he logrado saber nunca qué hace mi sombra mientras duermo. Me ponga boca arriba o fetal de cualquier lado ignoro dónde se habrá ido. No la oigo, ni la siento, ni parece revolotear por el cuarto. Ni una exhalación, ni un roce. Nada. Una vez me dio una pista. Aborrezco tus sueños, dijo. Pero entonces no le di importancia. Ahora pienso que probablemente desaparece por celos. Puede soportar los avatares y caprichos de mi conciencia. Incluso entrar en colisión con ellos. Tiene fuelle para casi todo. Pero acaso no tiene mucho que hacer con el mundo onírico en que mi conciencia no juega otro papel que el de espectadora retrospectiva al despertarme. Mi conciencia mientras sueño también se ha fugado. ¿Andarán conciencia y sombra a la búsqueda la una de la otra en ese tiempo de ausencia? Dicen que en esa fuga es cuando los individuos nos recuperamos del desgaste neuronal. Que al día siguiente uno se encuentre inestable e incluso confuso al resucitar del sueño es pasajero, hasta que la turbulencia cesa en su eco y la mente se asienta. Me he sentido tan embaucado o, mejor dicho, tan secuestrado y maniatado durante esas horas por infinidad de situaciones y personas que llegan no solo de la lejanía sino incluso de la muerte, que me cuesta al principio ordenar la conciencia. Entonces sí, cuando logro el equilibrio mínimo la sombra regresa conmigo, sin dar explicaciones de su huida, y se embrolla como es habitual en alguna de sus zarabandas oscuras. Deduzco, por lo tanto, que los sueños son una competencia excesiva para mi sombra. Obviamente, de alguna manera, los sueños se constituyen como una especie de otra sombra para mí mismo. ¿O serán los sueños el verdadero mundo de las sombras? Como pertenecen en todo caso a otro ámbito donde yo no cuento sino como soporte pasivo, no los considero. Porque ¿podría mantener con mis sueños un diálogo, de modo más o menos inteligible, como lo sostengo con mi sombra?
viernes, 4 de septiembre de 2026
Mientras tanto, nada de naufragar
Mientras tanto, mientras Blogger no nos permite navegar en toda su amplitud -comentando en otros blogs- me embarco en otra navegación más graciosa. Un invento del British Museum que juega con el tapiz de Bayeux, prestado para casi un año por Francia para su exhibición -y recaudación de fondos- del museo del reino de Su Graciosa Majestad.
Si os mareáis, aguantad. Nada de naufragar. La batalla de Hastings os espera. O cualquier otra que sirva para entreteneros.
Enlazo una información para quien no conozca el tapiz:
https://theconversation.com/volver-a-1066-el-tapiz-de-bayeux-llega-al-british-museum-289658
martes, 1 de septiembre de 2026
La vida por delante hasta que no la haya
Impertinente pero no ciega. ¿Piensas vivir muchos años más?, me pregunta. En la opacidad de su rostro se adivina un rictus sardónico. Sabe que es una cuestión que suele perseguirnos al común de los mortales a medida que la cifra se nos va engrosando. La medida del tiempo. Si lo que quieres saber es si pienso en el futuro, le digo, te respondo que el futuro se me nubla cada día más. Antes el futuro era prever. Hoy se ha convertido en prevenir. Antes era lo que nos movía en cada acto del presente. Ahora es lo que nos paraliza, aunque por inercia sigamos ciertos movimientos. En otra época lo veíamos como proyección. En estos momentos nos conformamos con asegurarnos que no estamos peor de lo que podríamos estar. Te escabulles de mi pregunta, dice la insolente. Con ilusiones reducidas o con esperanzas escasas, la inercia ha encontrado matrimonio con tu bagaje, y te mantiene. La sombra aborta un conato de risa, porque aunque incordia me quiere paciente. Faltaría más, salto. ¿Para qué voy a negar que en parte me nutro de la recreación del tiempo de atrás? ¿Te parece poco dedicar una porción de las horas a interpretar lo vivido? Pero eso, ¿de qué te sirve?, replica ya zahiriendo. Me sirve, digo. Veo el valor de las cosas de otra manera que no pude ver entonces. Entiendo mejor los conceptos básicos que ahora adquieren dimensión honda. El buen y el mal obrar, por ejemplo. El esfuerzo o la indolencia. La generosidad o el egoísmo. La compasión o la impiedad. La voluntad o el abandono. Aprendimos una vez a escribir gracias a una cierta caligrafía, ¿no? Pero también a base de tropiezos, de mala letra, de emborronar papeles, de fallar abruptamente en ortografías. Pues de manera semejante hemos ido recorriendo los años. Unas veces corrigiendo y en la mayoría de ocasiones errando nuevamente. Quién sabe si mi error actual es dar demasiadas vueltas a un repaso de las vivencias y, sobre todo, de los comportamientos que me involucraron. De lo desacertado salía a continuación en muchas ocasiones una oportunidad constructiva. Lo que pareció fácil produjo otras veces una falsa visión que me hacía tumbarme a la bartola. La comodidad pasaba factura y el interés por las cosas abría nuevas posibilidades. Simples ejemplos, nada simples por cierto. Todo ha sido así. Sigues sin darme una respuesta válida, insiste la muy procaz. Pero, a ver, ¿a ti qué lo mismo te da saber si me planteo vivir mucho tiempo más? ¿Es que uno se puede plantear algo sobre lo que desconoce? Además, si te vas a ir detrás cuando yo me vaya. Y solo pensar que una vez muerto acaso no me haya librado de ti me revuelve las vísceras. De pronto la sombra se entristece. No había caído en ello. Estoy tan acostumbrada como tú a la vida que no me hago a la idea.
*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana.
sábado, 29 de agosto de 2026
El bagaje acumulado que se va desfigurando
Cuando se pone filípica la dejo hablar. Luego me quedo pensando en sus admoniciones. La haga caso o no, siempre doy vueltas a lo que me dice. Pero solo porque adquiera ese tono sentencioso ¿debo creerla? Más: ¿tengo que cambiar conductas o ver las cosas de otra manera solo porque ella, mi sombra, se erija en ojo crítico sobre mí? Analizar sus advertencias no es difícil. Corregir aquello en lo que puede tener razón es harina de otro costal. Mi sombra no es un mero interlocutor externo, ni alguien que pasa por ahí. Ni es mi maestra ni mi alumna. Podría parecer que su crecimiento va a la par del mío, pero muchas veces tengo la sensación de que soy yo quien copia su dimensión. Mi sombra es también mi bagaje. Lo que he hecho, lo que he sacado en conclusión, lo que he pretendido y no he logrado. Todo lo que uno lleva a cuestas. Y lo que se ha quitado. Y lo que hubiera querido tener y permanece como carencia. Mi sombra se desdibuja a medida que va pasando el tiempo. Vuelve a tener la figura de unos trazos. ¿Es un empeño por pergeñarse de nuevo a pesar de que no será posible una nueva vida? Dicen ciertos místicos que la vida no termina. Acaso la sombra me esté enseñando a vivir en una constante transfiguración, y a eso algunos lo llaman infinitud. No sé, parecen palabras que intentan dotar a las ideas volátiles de una sustancia que ni unas ni otras poseen. Si el pasado está perdido yo también estaré perdido del todo para siempre alguna vez. Miro mi bagaje y pregunto entonces a mi sombra si he aprendido algo duradero. ¿Sería capaz a estas alturas de poner en baile a una peonza? ¿O de dibujar de nuevo, como entonces, al niño que la hace girar? ¿O de entregarme al gozo inenarrable de cada intento por probar una experiencia nueva, casi siempre incierta en la infancia? Mi sombra sonríe burlona y calla. Nuestra sombra es nuestro trazo. El intento de llegar a algo. A una concreción. A un significado firme. A una imagen madura perdurable. Pero la sombra sabe mejor que nadie que la línea del dibujo de la vida siempre es quebradiza, cada vez más débil. ¿Puede alguna clase de deseo enderezarla? Lo dudo, pero ¿por qué, entonces, insistimos tanto en ilusionarnos con lo inaprensible?
*Imagen de una página de cuaderno de dibujo escolar de infancia lejana.
viernes, 28 de agosto de 2026
Apunte sobre el robo de un tesoro cultural, el de Villena.
Me duele mucho cuando se producen sucesos de este tipo. Cuando se roba un bien público de un museo me duele extraordinariamente. Los ladrones no tienen inconveniente en arramplar lo que sea con tal de obtener su beneficio. Beneficio cuyo hurto será por encargo y por lo tanto para otros. Para los ricos. Para los que comercian con bienes colectivos. Ya sabemos que los ladrones siempre acechan por doquier. Pero me duele también que no estén protegidos suficientemente por parte de una administración. La que corresponda. Es una herencia cultural. No es tanto el valor del oro. Es el significado de que fue obra de una cultura existente en el territorio peninsular que hay que reconocer y proteger. Y de la que hay que aprender mucho. Hay robo pero acaso no hay suficiente interés y preocupación en la ciudadanía que exija a tiempo a las administraciones un riguroso celo. Por cierto, no me vale decir que también algo parecido y nada menos que a un Louvre le pasó hace no mucho tiempo algo semejante. A ver si los españolitos despertamos de una santa vez interesándonos por la cultura heredada. Eso sería también hacer politica cívica. Nuestra verdadera bandera es la herencia de los siglos y las culturas que nos precedieron.
martes, 25 de agosto de 2026
La sombra me asombra
viernes, 21 de agosto de 2026
La flecha del tiempo
"...Vivo como una sombra entre las otras sombras, todo pasa con pasos de algodón por el medio de las piedras de la fiebre".
Paul Nizan. Aden Arabia.
¿Alguna vez piensas en mí? ¿Sin sentir que yo te apremie? ¿Sin dejarte influir por mi presión? Mi sombra madruga hoy sarcástica. ¿Qué buscará? No pienso en ti, digo, no eres objeto de mis pensamientos y menos de mis anhelos, la respondo para zaherirla. Ni yo lo pretendo, me replica con desdén medido. Soy dadivosa. Me ofrezco, tanto para avisarte como para corregirte. Me creas o no, te protejo. Y no debes temer nunca mis planteamientos, en ocasiones desvaídos, o eso te parecerán a ti, pues solo lo hago para que te ayude a interpretarte a ti mismo. Y eso que a veces me hablas del tiempo que transcurre como si yo tuviese la culpa. Te quejas del flujo presuroso como nunca antes. Te sobrecoges porque se te escapan de las manos las posibilidades. Te perturbas ante la merma de las energías de las que siempre habías dispuesto. Entonces te cuento lo de la flecha del tiempo. Que unos arqueros la dispararon, ha ido recorriendo el aire, tú estás en algún momento impreciso, o que no sabes precisar, de su recorrido, hasta que llegue algún momento en que pierda su fuerza y caiga por la inercia del agotamiento. Pero lo importante, amigo mío, es ese vuelo. Pues el vuelo de la flecha está en ti mismo. No sé si la sombra es sabia o simplemente me sentencia a saber la verdad. Entonces me quedo imaginándome a mí mismo como una saeta voladora. Un dardo de colores, compuesto de retazos; un mosaico de vivencias mas también de experiencias truncadas; un silbido que ha atravesado los días en una sucesión vertiginosa que no se acaba uno de creer que pueda tener fin. Siempre tan moralista conmigo, sombra, le digo. No seas desagradecido, me corta. Estoy fuera de vuestro esquema de conductas y apremios, así que no me apliques calificativos que serán de vuestro mundo pero no del mío. ¿O no sabes todavía que en el mundo de las sombras lo que acaece no tiene vuestra corporeidad ni vuestro intelecto ni vuestros apetitos? Pienso entonces en los versos de un poeta abasí que decía que el mundo era como la sombra de una nube, que se disuelve en cuanto es anhelada por el hombre.
*Ferrán García Sevilla. Mosaico sobre tabla. 1988. Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo Español de Valladolid.
martes, 18 de agosto de 2026
Así que pasaron noventa años, Federico García Lorca
El Sueño va sobre el Tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.
¡Ay, cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
El Tiempo va sobre el Sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
Sobre la misma columna,
abrazados Sueño y Tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.
¡Ay, cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
Y si el Sueño finge muros
en la llanura del Tiempo,
el Tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
domingo, 16 de agosto de 2026
Contra lo alevoso
jueves, 13 de agosto de 2026
E pur si muove (tras el eclipse)
miércoles, 12 de agosto de 2026
Los incas no eran nada tontos, mal que le pese al Tintín de Hergé
Hergé llevó a Tintín al Templo del Sol. Allí aparece Tintín el occidental listo y ocurrente frente a los nativos tontos, crueles y asustadizos. Visión colonialista de un belga, sin duda. Los incas, como otras culturas anteriores a la llegada de los españoles, tendrían conocimientos amplios sobre astronomía. La Intihuatana era la piedra solar de los incas, de la que solo debe quedar la de Machu Pichu, porque las demás se destruyeron por orden del virrey, que desconocía la existencia de la ciudad escondida. Se piensa que la intihuatana juega el papel de una especie de reloj solar, marcando las estaciones, las labores de siembra y recogida. Mas podría ser que jugara perfectamente un papel de cálculos astronómicos mucho más amplio. Y además, si fue solamente esto o tuvo otras proyecciones simbólicas e incluso rituales, tocantes a creencias y mentalidad de aquellos pueblos sobre el universo, es algo que se sigue debatiendo. Adjunto un enlace que dice algo sobre el intihuatana:
https://www.sisawu.org/index.php/312-el-intihuatana
Tintín no debía ser tan ingenioso; yo no le veo proteger su mirada del eclipse en ciernes. Y tampoco muy sabio, pues no conviene despreciar a las culturas antiguas de las que procedemos a lo largo del tiempo. Pero el pensamiento occidental tan engreído no deja siempre ver las cosas como son. Por cierto, voy a localizar el ejemplar del Templo del Sol en el trastero donde lo habrá abandonado mi progenie, ya por mera curiosidad. Lo leeré a la luz de la lámpara mientras dura el eclipse de esta tarde y mientras cesan los cantos de las aves y el cricri de los grillos o el croar de las ranas.
domingo, 9 de agosto de 2026
Mandamientos de la era atómica. Günther Anders
Ochenta y un años han transcurrido desde el lanzamiento de las bombas atómicas por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki. El día 6 de agosto sobre la primera ciudad y el 9 de agosto para la segunda. Recordar sin más el terrible e impune suceso no sirve para mucho. Así que prefiero trasladar aquí un texto con reflexiones del filósofo alemán Günther Anders, un filósofo no muy citado en España pero cuya mirada sobre el mundo y la humanidad no tiene pérdida. Casi setenta años tiene el texto titulado Mandamientos de la era atómica y sigue en vigor. Anders es autor de la fenomenal obra La obsolescencia del hombre y mantuvo correspondencia durante años con Claude Eatherly, piloto del avión de reconocimiento climático Straight Flush que acompañó el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. La vigencia del texto de Anders, escrito cuando resonaban aún los ecos de la destrucción bélica de la Segunda Guerra Mundial y de la masacre sobre aquellas ciudades japonesas es fundamental ante la carrera armamentística actual y los conflictos sangrientos que están teniendo lugar.
Es largo y que sea leído por quien tenga interés y preocupación.
Mandamientos de la era atómica
Tu primer pensamiento al despertar ha de ser "átomo". Pues no has de comenzar el día con la ilusión de que aquello que te rodea es un mundo estable. Lo que te rodea es más bien lo que mañana mismo puede ser pasado, algo simplemente sido; y nosotros, tú y yo y nuestros semejantes, somos aún más efímeros que todos aquellos que hasta ayer mismo habían sido considerados como seres efímeros. Pues este nuestro carácter efímero no sólo significa que somos seres mortales; ni que se nos pueda dar muerte. Esto también fue así en el pasado. Significa, más bien, que se nos puede matar totalmente, en tanto que "humanidad". Y "humanidad" no sólo significa la humanidad actual, aquella que se extiende por las regiones de nuestro mundo; sino también aquella que se extiende por las regiones de nuestro tiempo: si se da muerte a la humanidad actual, con ella desaparecerá también la que ha sido; y la futura. De ahí que el umbral ante el que nos hallamos lleve la inscripción "Nada habrá sido"; y, una vez atravesado, se lee: "El tiempo fue un episodio". Pero el tiempo puede convertirse en un episodio situado no entre dos eternidades, como nuestros antepasados esperaban, sino entre dos nadas: entre nada de lo que nadie recuerda que ha sido, como si no hubiese sido jamás; y la nada de lo que jamás será. Y puesto que no habrá nadie para distinguir entre estas dos nadas, éstas acabarán convirtiéndose en una única nada. Ésta es, pues, la forma absolutamente nueva, la forma apocalíptica, de la transitoriedad, nuestra transitoriedad, comparada con la cual todo lo que hasta hoy se había llamado "transitoriedad" se ha tornado una bagatela. Para que esto no se te pase por alto, tu primer pensamiento al despertar ha de ser: "átomo".
viernes, 7 de agosto de 2026
La broma
"Nadie nos ha dicho la verdad, la verdad ya no tiene defensores sobre la Tierra, es demasiado difícil de concebir, y aquellos que penetran en ella serán cada vez menos numerosos".
Albert Caraco. Breviario del caos.
La sombra me habla. Me dice: la vida es una broma. No te sorprendas que vaya yo a mi aire. La miro de soslayo, luego la encaro. Desde cuándo eres filósofa, pregunto. Desde cuándo tratas tú de explicarte a ti mismo, pregunta. Porque lo tuyo ha sido siempre buscar significados en los comportamientos de cada etapa de tu vida. Tienes razón ahí, sombra, pues si no trato de conocer mis propios porqués, que pocas veces lo logro, cómo podría entender algo de los demás. Acaso deberías plantearlo a la inversa, replica la oscura. Intenta aproximarte a un conocimiento del otro y, en general, del mundo exterior y puede que de ese modo sepas de tus propios pasos. Mi sombra es rebelde. Polemizo y ella se vuelve más guerrera. Pero siempre hay un espacio interior donde lo que hay fuera de nosotros, insisto, no penetra, bien porque nos resistamos a ceder algo de nuestra naturaleza más primitiva o por soberbia. Un territorio que permanece sin ponerse a prueba, sin entrar en acción. Elemental y turbio, pero que lo percibimos inaccesible y nos hace sentir dueños y resistentes. Los últimos refugios pueden ser un lastre, no una salvación, me argumenta la sombra. Nadie está hecho de nada, nadie puede esconderse en la nada. ¿O crees que yo he salido de lo inexistente? Me he nutrido de ti, he crecido contigo, y no me he cruzado en tu camino para ser tu esclava sino para demostrarte que una sombra no es exactamente el reflejo de la masa que la proyecta. Que aparenta, sí, porque debe sobrevivir, pero que te mira de frente mucho más que tú a mí. Yo no te ignoro ni te desprecio, me justifico ante sus revelaciones. Ella adquiere entonces un tono bravucón, defensivo. Pero tampoco me tomas en serio. He sido para ti una mera imagen colateral. Bien, dirás que vivir es un sistema de representaciones. Unas con cuerpo tangible, otras con cuerpo imaginario. Tal vez el imaginario se imponga cada día más en nuestro cuerpo total. Tal vez tantas manifestaciones que damos como consolidadas y firmes, como producto de nuestro hacer, como fecundidad de nuestras relaciones humanas no sean sino ficciones. Acaso vivamos entregados a un conjunto de fantasías a las que concedemos carta de autenticidad y por las que nos regimos sin pausa. Sería entonces una broma, digo. Está siendo una gran broma, con frecuencia de tintes negros, y me cuesta ser cómplice de ello, dice la sombra.
*Galería de copias de Arte Clásico del Museo Nacional de Escultura de Valladolid en la Casa del Sol.
lunes, 3 de agosto de 2026
El Ku Klux Klan judío. Artículo de la periodista israelí Amira Hass
viernes, 31 de julio de 2026
Soy la sombra de mi sombra
domingo, 26 de julio de 2026
Cuando el sexo no debía ser cosa de mujeres sino del diablo
martes, 21 de julio de 2026
La vuelta al tiempo


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