miércoles, 12 de noviembre de 2025
Asesinatos en serie. Ahogamiento
lunes, 10 de noviembre de 2025
Asesinatos en serie. El rayo letal
Los asaltantes se conjuraron. Impactados ellos mismos por la tajadura letal dudaban sobre si presumir de la hazaña u ocultar el desmán. Digamos que fue un rayo, propuso uno. O que estaba ya resquebrajada, sugirió otro. O que la calidad del mármol era pésima, opinó alguien más. El más fiel a sus principios de tomarse la justicia por su mano, y nunca mejor dicho, impuso silencio. Con voz firme e intimidante avanzó su sentencia. Hemos venido a hacer esto. ¿Por qué, entonces, deberíamos avergonzarnos? Nadie va a sancionarnos por ello. ¿Acaso este golpe de tajo tiene menos justificación que los que hemos dado en otras partes? ¿O es que otros grupos no han hecho de estas y peores, y no solo con estatuas? Ya sé que antes hemos creído en unas u otras clases de divinidades, pero ahora sabemos que estábamos obligados a creer en ellas. ¿Vamos a perdonar a quienes nos sojuzgaron durante años y ahora están derrotados? No hay mejor demostración de nuestra venganza que arremeter contra sus símbolos. Porque ni siquiera los individuos que habitan en esta ciudad se deben tanto entre ellos como cuando suelen recurrir a las deidades y a las tradiciones tras las que pretenden sentirse seguros. Sin símbolos se doblegarán. Sin rostros en los que contemplarse se perderán. Antes o después acabarán aceptando nuestras nuevas leyes.
Los hombres se miraron entre sí, titubeantes y avergonzados. Los argumentos del líder de la partida no podían ser rebatidos. Pero algo latía en ellos que les dividía en su propio interior. Hemos venido a hacer lo que hemos hecho, misión cumplida. Un dios menos; lo mejor sería que lo sepultáramos bajo las ruinas, arriesgó el más razonable. El líder le lanzó una mirada que el otro percibió como cuchillada. Los arengó. Hemos venido a eliminar lo que encarnan las estatuas. A borrar la historia de quienes las erigieron. A que todos vean de lo que somos capaces con la nueva fuerza que nos guía. No solo hay que derribar sino que debemos exhibir lo derribado. Que la ciudad tome nota de su fragilidad y sepa que no hay esperanza invocando su pasado.
* Fotografía de Mimmo Jodice.
domingo, 9 de noviembre de 2025
Asesinatos en serie. La jabalina
Volaron sobre la cabeza de la avanzadilla. Se abrieron paso con un silbido musical. Solo una acertó a dar en el blanco. La jabalina causó su impacto en medio de vítores de aquella tropa de élite. El sereno rostro se trastornó. La ciudad había sido tomada hacía días y los más avezados en el manejo de las armas habían sido llamados para participar en un evento lúdico que atrajera a la masa. No todo va a ser llamas y sangre, había dicho el carismático líder que guiara a los suyos a la victoria. Los escogidos ensayaban en la zona más representativa de la urbe y habían elegido como campo de entrenamiento la diezmada ágora, sus ancestrales templos, el escalonado teatro y, sobre todo, el extenso estadio. Su ejercitación tenía como fuente los simulacros aprendidos en la milicia reconvertidos ahora en una práctica mitad atlética y mitad circense que mostrara a los sometidos las habilidades de los vencedores. Pero también su talante por hacerse con el fervor popular de quienes habían padecido la invasión, aun sabiendo que podría tener escasas posibilidades de éxito dado el rencor generado entre los supervivientes.
Quien había dado en la diana de aquella diosa sobresaliente del templo no era ni el más diestro ni el más exaltado ni el más varonil. Al quedar roto de cuajo el rostro de la bella divinidad el mismo tirador permaneció perplejo. Yo no quería, pensó y calló. Él, que había visto con interés la faz de la diosa, aun sin saber lo que aquella propiciaba y por lo que era venerada, no podía creer que el daño lo hubiera causado él. Había lanzado con fuerza, pero con nula intención, el arma, solo por cumplir y no quedar en evidencia ante los suyos. Al fin y al cabo también quería participar en los juegos, no para demostrar una aguerrida valía sino para encontrar una distensión dentro de su mente, agobiada por los acontecimientos bélicos en los que había tomado parte.
No esperábamos esto de ti, le dijeron entusiasmados sus camaradas, rodeándole y dando palmadas en su espalda. Vas a ser el primero en el lanzamiento durante el espectáculo, le ordenó el alférez encargado de los entrenamientos, así que no falles. La mera idea de que para demostrar su destreza, si es que la había pues él mismo consideraba un acierto casual la tortedad causada, tuviese que causar deterioro en otras imágenes, le perturbó. Buscó una excusa. ¿Cree, mi alférez, que las estatuas pueden ser un buen objetivo a abatir? ¿No le parece que a los espectadores no les gustará que se utilicen como diana los símbolos de sus creencias? ¿No deberíamos reducir su odio? El superior se rascó la barbilla. Usted es un hombre que piensa, aunque no debería pensar sino ejecutar las órdenes sin más, y no puedo negar que es un excelente tirador. Cambiaremos el objetivo. Pondremos como blanco a los cabecillas que no han querido rendirse. El lanzador estuvo por contestarle que aún iba a ser peor. Que tan simbólicos eran para el pueblo sus caudillos como las imágenes que habían adorado. Pero pensó que tanta insistencia en llevarle la contraria podría tener consecuencias funestas para él. Hizo una señal de acatamiento ante el superior y dio media vuelta. Desconcertado.
* Fotografía de Mimmo Jodice.
viernes, 7 de noviembre de 2025
Asesinatos en serie. El mazazo
Les habían ordenado acabar con vestigios de los vencidos. Hubo quien se lo pensó dos veces y demoró la orden. Aquel soldado se sintió atraído por una imagen, en pleno caos de destrucción de la ciudad. Como no podía llevársela para siempre la ocultó en un establo. Allí acudía subrepticiamente cada día a contemplarla. Se paseaba por su perímetro, la escudriñaba de frente y de perfil, la limpiaba con lenta suavidad. El guerrero ignoraba qué significaba aquella mujer de piedra. De igual modo que se sorprendía de que le sedujera tanto. Él mismo se hacía preguntas, que la estatua escuchaba sonriente y atenta. ¿Eres la viva imagen de la dueña de un hogar? ¿Tal vez representas a una de las vestales, sobre las que nos han contado que atendíais templos antiguos? ¿Simbolizas a la eterna fuente de salud? ¿O encarnas el amor delicado, más allá de otros diosecillos o faunos que solo evocaban concupiscencias? El hombre rudo se sorprendía de que aquella presencia apagara la tosquedad que siempre le había caracterizado como hombre de armas. Se admiraba, inmerso en un oleaje de contradicciones y dudas, de que se abriera en su interior una sensibilidad que no le habían enseñado jamás, sino que más bien había reprimido para no quedar en evidencia. No cesaba de buscar razones sobre la influencia en él de la escultura, a la que dotaba de encarnamiento. La inquiría a preguntas, incluso la atosigaba, ante la impávida actitud de aquel ser que, en su criterio, era cada vez menos marmóreo. ¿Es tu mirada cálida y apaciguadora lo que me impacta? ¿El estilo afinado de tu talle? ¿Las ondulaciones marinas de tu cabello? ¿La actitud serena y acogedora que parece estar llamando a quien llega hasta ti? ¿O el flujo de la palabra a punto de salir de tu boca?
Un día fue interrumpido en su cita por otro mílite. Este entró impetuoso y al ver la escena, que no supo interpretar, interpeló al adorador de la imagen. Nos han dicho que destruyamos todas las estatuas que encontremos, bramó. Así que ayúdame. Esta no, acertó a decir con contundencia el salvador de la imagen. Esta es espacial. ¿Especial?, dijo el otro. ¿Qué tiene de especial esta masa de piedra? Vamos a cumplir las órdenes. Y arreó un mazazo en pleno rostro de la dueña, la virgen o la diosa que había tras tanta dulzura. Poco le duró al mercenario la satisfacción de haber cumplido con lo dispuesto por la superioridad. Sintió que el hielo de una afilada hoja de acero le desgarraba las entrañas. Y el mazo se sumergía en sangre.
Del soldado que había ocultado a la imagen no volvió tampoco a saberse más.
* Fotografía de Mimmo Jodice.
miércoles, 5 de noviembre de 2025
Asesinatos en serie. De bruces
Un testigo que no reveló su nombre lo tachó de alevoso. Llegaron por detrás, contó, y la derribaron amparados en su impunidad triunfante. Fueron varios. Tantos que se tomaban el relevo. Todos querían tumbarla. Oyó imprecaciones contra la abatida. Presume ahora de tu rostro sereno, decía uno. A ver cómo te levantas de esta, se desgañitó otro. Púdrete en la tierra como si no hubieras nacido nunca de la talla, osó alguien que parecía entender de la labor artesana. Llora ahora, guapura, imprecó un desdentado al observar la herida vertical en la mejilla de la estatua. Y así se emitió un sinfín de monosílabos despreciativos, vomitados por un griterío infame con agrio olor a ebriedad. Uno de los acosadores observó que el mentón apenas se había dañado. Que los labios seguían carnosamente enteros. Que los cabellos no tenían vestigio de haberse partido. Estuvo por señalárselo al resto de la banda. Incluso se le iluminó por un instante la frase: volvamos a levantarla para acabar con ella. Pero la dejó nonata, ahogó el pensamiento. Permaneció con la mirada fija en la parte inferior del rostro, recorrió visualmente todo el contorno de la cabeza, sintió el impulso de pasar los dedos por los labios impertérritos y deseables de la imagen. Alguien lanzó entonces un nuevo aviso. Allí hay otra, dijo. Vamos a por ella.
Caída de bruces la estatua permanecía orgullosa de haber sido lo que fue. En su recóndita inteligencia agradeció que una llamarada voluptuosa hubiera prendido en uno de los agresores. Mientras el grupo marchaba con alaridos envalentonados hacia otra parte de aquel espacio otrora sagrado aquel disidente sintió que acababa de derribarse a sí mismo. Yo te cuidaré, chapurró extrañamente dolido por una no menos ininteligible emoción.
*Fotografía de Mimmo Jodice.
domingo, 2 de noviembre de 2025
Asesinatos en serie. Arañazo fallido
Lo consiguió. Su fuerza no era suficiente para derribarlo entero, pero lo marcó. Ahora todos sabrán que tú eres el apestado, le dijo sudoroso y con rencor agudo al apartar la faca. Los dioses pueden sentirse heridos, pero se reservan el sufrimiento y demoran el desquite. ¿Qué crees que has conseguido?, respondió el generoso protector de las artes al agresor, mientras se llevaba una mano a la mejilla. Mi herida sanará y si queda huella nadie me repudiará. Algo que, sin embargo, no sucederá contigo, pues vas a ser condenado al olvido. Todas las generaciones venideras sabrán que fui atacado pero nadie sabrá del atacante. Todos seguirán hablando de mi porte y mi dadivosidad, pero nadie acertará las razones que tuvo el insignificante mortal que osó lacerarme. Pero tú bien sabes del por qué de mi agresión, aún se atrevió a replicar el necio pendenciero. Lo sospecho, pues desde hace tiempo observaba que pretendías acercarte a mí, pero tu mirada torva te denunciaba. ¿Acaso pensaste que destruir la belleza ajena iba a generarte satisfacción y mejorar con ello tu apariencia? El agresor seguía plantándole cara al divino. ¿Por qué no? De momento me ha compensado ver que no eres tan perfecto. El insuperable rio. Tu miseria es notable, pero el veneno es tuyo y su digestión será nociva. ¿Piensas que la envidia apoyada con ira va a ser un recurso con grandes logros tu existencia? Además, te has quedado corto. El arañazo no es letal ni borrará mis facciones. Y no eres capaz de volver a intentarlo porque sabes sobradamente que para hacer ostentación de cólera, si fuera preciso, no me ibas a ganar.
Del frustrado mortal no se supo más. Al hermoso herido le siguen admirando los visitantes del museo que arropan día tras día a la imagen. La marca fue una anécdota que embellecía aún más la testa.
*Fotografía del Apolo da Baia, de Mommo Jodice.
miércoles, 29 de octubre de 2025
La manilla y la cerradura, y Paco Ibáñez de paso
Me topo por la calle con un cartel anunciando concierto de Paco Ibáñez. Está pegado a una puerta ordinaria con cerradura y manilla. Mi primera sorpresa es que este cantautor del pasado siga dando conciertos. Me entra un doble temor. ¿Qué voz tendrá a estas alturas? No me tienta la idea de escuchar una voz probablemente harto cascada (son 90 años) y no basta la buena intención para dejarme seducir bajo el signo de mi pelo albo. Recuerdo que Brassens, que no pasó de los 60 años, ya tenía una voz más escasa y débil.
El otro temor es: ¿sentiría hoy lo mismo que en mi juventud al escuchar aquel vigor resistente de interpretación y letras que se apoderaban de nosotros? Como no voy a contestarme a ambas preguntas, propiciadas por la justa aprensión de que las cosas ya no son iguales a como fueron, me vuelco en retorcer el simbolismo del cartel sobre la puerta. ¿Se trata de la puerta que se cerró una vez en falso? ¿Es una cerradura cuya llave solo la tienen quienes no van a permitir acceder sino a quienes ellos quieran? ¿Son los períodos históricos habitaciones clausuradas o comunicantes? ¿Érase una vez que galopamos sin llegar a la utopía soñada mientras el lobito bueno era maltratado por todos los corderos, pues tal parece hoy día que el mundo va del revés? Por un momento me tentó mover la manilla. Pero ¿y si la puerta se abría y me llevaba a una estancia oscura, como premonición de lo que puede estar por llegar?
No pongo en duda que las letras de las canciones del cantautor permanecen vigentes en sus mensajes. El problema es que hoy nadie las canta y seguramente tampoco serían entendidas. Como mucho, de vez en cuando aquellos otrora jóvenes las ponemos para hacer un ejercicio de nostalgia que acaba mal. Yo, escasamente lo hago. Y mira que L'Olympia fue un manifiesto total que nos arrebató. Y mira que en asambleas que acababan a palos y en excursiones que nos liberaban de la podredumbre dictatorial las cantamos en medio de una mística interclasista y soñadora. Y mira que en reuniones domiciliarias clandestinas no pusimos poco sus discos. Pero hoy, hoy, qué miedo me da volver a escuchar a Paco. Con Brassens no me pasa tanto, tal vez porque era otra cosa; y hablando de nostalgia todavía me sacude más el francés. Y es que escuchar a alguien tan significativo de la música del tiempo lejano devuelve a la vida a los muertos, recupera a los amigos y compañeros que tomaron otros rumbos, y cuestiona la memoria. Pero la memoria no conviene menearla mucho, por si se desvirtúa, se prostituye o se traiciona. Como han hecho algunos.
lunes, 27 de octubre de 2025
Que tú bordaste en hambre ayer
Juan Marsé, al que de vez en cuando hay que volver, tiene una novela titulada Si te dicen que caí. Lo he recordado al plantarse ante mis ojos esta imagen de un centro de caridad gallego en el lejano 1937. Lejano, pero no borrado. Tal vez porque lo que vino después fue un largo manchón entre los manchones que acumulaba la historia patria desde el siglo XIX. La fotografía me sugiere explicitar un argumento de novela, pero no paso de un título. Podría intentar desarrollar un texto más o menos largo. Uno bebió muchas informaciones procedentes de gente vencedora y de gente vencida. Uno ha visto infinidad de fotografías, y hay demasiadas, sobre el entonces y el después. Uno ha leído testimonios de vivos sobre muertos. Uno no vivió el dolor directo, pero sí su continuación a través de relatos de los que padecieron, bien cual tirios o troyanos, si bien unos mucho más que otros. Y de pronto me doy cuenta de que el título que se me ocurre no es solo título. Que puede ser un relato corto y que gana en brevedad a Monterroso y su célebre y archirepetido que no voy a repetir. Mi cuento dice Que tú bordaste en hambre ayer. No, no me corrijan. No me siento obligado a respetar la letra del grupo de intelectuales de las armas y las letras oscuras, ni la música del compositor vasco afín. Que tú bordaste en hambre ayer es título, argumento, mensaje, conclusión. El hambre fue la continuación de la sangre. Por un momento me he sentido tentado a hacer otra proyección. Poner voces a cada niño y a cada muchacha falangista. Ya sé que vista linealmente la imagen hay una sola voz musicalizada. Seguramente el himno está cantado con más bravura por las adultas que por los infantes. Y a las criaturas, más expectantes al plato que a la marcialidad, las imagino balbuceando palabras ininteligibles, vocalizando a medias, mezclando lenguas. Curiosamente el neno máis pequeno es el que se muestra más aguerrido. En el argumento pre imaginado no queda claro si el babero lo lleva para el alimento que se supone va a recibir o porque se le cae la baba al llevar impasible el ademán, aunque él dice alemán. Pobre neniño, en que historia te meteron?, se me ocurre como pie de foto, al estilo de los breves comentarios que Castelao ponía a sus espléndidos y terribles dibujos de Nós.
jueves, 23 de octubre de 2025
La hoja caída y sus avisos
martes, 21 de octubre de 2025
De oquedades postreras
Llevamos un cadáver dentro, un cuerpo insepulto esperando al postor postrero, y fíjate el juego que se traen estos dos términos, parecen tan diferentes y pueden ir de la mano, y aún podría añadir postración, como el efecto definitivo, la manera en que nos encontraremos algún día, y algún día puede ser en cualquier momento, pues cada jornada es una apuesta inadvertida pero aceptada como única, porque vivir es de por sí el sentido, no hay ni antes ni después otro motivo, vivir es la razón en sí misma, y la puja debe ser atender cada día, crecernos si acertamos y mermar si no atinamos, y de igual modo que no nos da en pensar en lo que no éramos antes de nacer, porque no podemos identificarnos con ninguna vida propia del pasado, tampoco deberemos hacer ficción más allá de esa postrimería, y la misma raíz de las palabras se ofrecen voluntarias, hasta para designar un tiempo o una situación, no para obsesionarnos con la limitación sino para precisamente sentirnos satisfechos del margen de posibilidades que nos brinda el hecho cotidiano, pues somos eso mismo, un hecho cotidiano y no un mero cuerpo o un neto sujeto o una ambigua persona, y la dinámica nos convierte en un hecho y en un continuo hacer, hacernos, pero ojo, no nos recreemos en la imagen de la curva ascendente, del progreso sin fin dentro de nosotros, y mucho menos en ese absurdo que el lenguaje ha inventado y que se llama perfección, un concepto convencional que ha hundido a muchos, y que resulta tan vacuo como competitivo, y si hay algo que va en perjuicio del hecho que somos es precisamente ese competir, esa pugna a varias bandas, interna y externamente, aunque muchos consideren que precisamente la competencia es el estímulo, pero ¿no se trata más bien de un término crematístico, de una manifestación de nuestra violencia interior, de una disputa incesante que nos puede llegar a enfermar?, y se dirá que incluso enfermar es parte del hecho, y que soslayarlas, la enfermedad y la competencia, es un acierto en el difícil equilibrio en medio del desorden en que nos movemos, ya sé, dirás que todas las palabras que vengo usando son gruesas, incluso te parecerán inapropiadas, tanto que pueden herir a la propia metáfora, esa reina del disimulo si no de la suplantación de las palabras, esa cooperadora de la ocultación, del no plantar cara, del miedo a la verdad cotidiana, y que nos gusta acompañar para sortear los miedos
Max, no vas a necesitar el orujo, sino más bien el botijo, aunque bien sé que cuando estás en racha anímica rara no hay quien te detenga.
sábado, 18 de octubre de 2025
Los días que no paran aunque a veces nos parezca que sí
Hay días, o si quieres mañanas, por la hora que es, en que no obstante el ruido y las interferencias que revolotean por todas partes, y nos envuelven, te parece que de pronto todo es silencio, como si los animales y los hombres hubieran de pronto desaparecido, como si estuvieras solo en alguna parte de un universo diferente, y para comprobarlo te obstinas en mirar el entorno, en la cocina, a las estanterías de los libros, las sábanas arrugadas del lecho, te asomas al exterior, donde las imágenes siguen reproduciendo edificios pero no movimientos, y eso te confunde más porque adviertes que el universo, o al menos su apariencia, es el de todos los días, y te preguntas ¿se habrá parado el tiempo?, ¿se habrán detenido tus días?, y esas interrogaciones me vuelven sarcástico, porque la palabra que uno deduce de cuanto no se percibe es que podría no estar ya aquí, y ese aquí en mi caso no implica ningún allí, lo cual me premia con la serenidad, y me digo o estoy o no estoy, y una segunda voz me sugiere pero estás bien, y yo, o mi primera voz, han callado, pero la segunda, esa que me ha acompañado toda la existencia, y que no es eco sino que tantas veces lleva la batuta, descubre una posibilidad, así que esto era..., balbuceo, y no sabe uno si los puntos suspensivos te hieren o te hacen cosquillas, ¿es la consecuente confusión de una mente arrancada del sueño o un punto de no retorno que se urge a sí mismo antes de apagarse?, acierto a cuestionarme sorteando la sequedad de la garganta
Max, respira un poco, ¿quieres?, le digo mientras vierto un vasito de orujo y se lo ofrezco. Es por la hora que es. Para que te despejes de tu paisaje onírico y no te hagas ilusiones. Sigues estando en este mundo. Aunque te duela.
*Grabado de Frans Masereel.
miércoles, 15 de octubre de 2025
El dedo en la llaga de Antonio Scurati y Rob Riemen sobre lectura y democracia o ignorancia y fascismo.
viernes, 10 de octubre de 2025
Sátántangó, de László Krasznahorkai a Béla Tarr
jueves, 9 de octubre de 2025
Paradojas sin devociones
Everest. El siglo XXI aparcado. Mucho todoterreno, mucho helicóptero, mucha máquina casi metafísica, pero los rescates siguen actualizando la utilidad esclava de los yacs y los mulos. Y supongo que de los sherpas. Ha sucedido estos días. 900 senderistas -cuánto ocioso hay por el mundo- han tenido que ser rescatados al ser atrapados por una monumental tormenta de nieve. Con esos medios. En Gaza no ha habido elección donde el senderismo obligado ha sido inducido por los criminales.
Madrid. El siglo XXI infrahumanizado. El vértigo del negocio tiene sus fallos, no sé si de origen o sobre la marcha. Cuando los fallos son en situaciones de riesgo -un edificio a demoler o a construir siempre lo es- la catástrofe es inevitable. Mueren cuantro obreros -si se quiere matizar, tres obreros y una empleada técnica- sepultados en el derrumbe de un edificio del centro de la pomposa capital del Reino. Ella se llamaba Laura, española. Los tres hombres Moussa, Jorge y Diallo. ¿Sospechan por estos nombres de dónde son? De Malí, de Ecuador, de Guinea. ¿O esperaban ustedes que hubiese bajo los escombros hijos de señoritos? Si tienen dudas oreen su mente y tengan en cuenta la impura realidad ante el griterío racista de los falsos profetas.
Sevilla. El siglo XXI como si aún fuera el XX, o el XIX. Tras el desaguisado de la Junta de Andalucía en el deficiente control de las mujeres que pasaron revisión mamográfica se ha sucedido la típica cadena de negaciones, mentidos y desmentidos, insensibilidades y desprecios de las autoridades que mandan allí. Incluso parece ser que la demora en las pruebas diagnósticas complementarias del cáncer ha producido muertes que podrían haberse evitado de haberse dado un correcto funcionamiento. Un aspecto enormemente positivo: que las mujeres de la asociación AMAMA (Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama) han reaccionado saliendo a la palestra a denunciar la situación. Frente a los políticos torticeros, que no son todos, pero abundan entre los que tienen responsabilidades de gobierno, y en Andalucía gobierna la derecha, asociarse y controlar la acción de los gobernantes puede ser una alternativa compensatoria y necesaria. Escuché el otro día a la presidenta de la asociación, me pareció una mujer que se expresaba con contundencia, argumentos, valor y decisión. Una mujer sencilla frente al maniqueísmo oscurantista de las autoridades. Las mujeres de Sevilla nos indican el camino.
NOTA. Que me disculpe John Donne (1572-1631) por utilizar los titulos de algunos de sus apuntes y escritos. Los que él tituló para unos Paradojas y para otros Devociones.
miércoles, 8 de octubre de 2025
Opiniones de Ocean Vuong, 37 años, escritor
"Soy producto del Estado de bienestar que está siendo destruido. Soy producto de la vivienda social, del transporte público, de las becas, de las ayudas para tener calefacción, de los cupones de comida, de la iglesia que pillaba cerca de casa y que nos daban pan gratis. No creo que estuviera aquí si no hubiera crecido en un Estado demócrata con altos impuestos que permitieron crear una red de la que yo me beneficié.
"En 2008-2009 es cuando empecé a tener conciencia política. Creí todo lo que Obama dijo en campaña, pero cuando llegó a la Casa Blanca le oías decir que había que rescatar a estas grandes corporaciones porque no podíamos dejarlas caer. Nadie rescataba a mis amigos, nadie rescataba a mi comunidad. Siguió con las guerras. Tanto Trumpo como Obama están demasiado a la derecha. No sabemos lo que es un Gobierno de izquierdas en EEUU.
"Si eres una persona pobre trabajando y votaste por Obama y su Gobierno rescata a las empresas grandes, ves que la política no se hace para ti. Así que Trump llega y barre, y con la propaganda les pone de su parte. Es un poeta con esa frase seductora, 'volver a hacer grande América', lo suficientemente vaga para abarcar cualquier subjetividad. Si un millonario viene a tu pueblo perdido y te dice que te va a devolver la infancia el mensaje es muy seductor".
Son algunas respuestas de una entrevista que salía ayer en El País con Ocean Vuong, nacido en Saigón en 1988 pero afincado en los EEUU. Lo tiene muy claro todo. Aunque el debate podría seguirse porque no siempre todo es tan obvio como parece, pues hay que definir mucho más los porqués de las cosas. Pero da la clave del ascenso del fascismo. No sabía nada de él y veo que hay varias novelas editadas ya en España. Tal vez hoy me acerque a hojear la última, El emperador de Alegría.
sábado, 4 de octubre de 2025
Con la cruz a cuestas
¿Vieron ustedes hace unos días fotografías de ese personaje con su cruz a cuestas en una ceremonia fúnerario política de los seguidores de MAGA, en los USA? A algún disidente le faltó tiempo oportuno e ingenioso para reconvertir a la cruz, al personaje mesiánico y al público fervoroso en lo siguiente:


martes, 30 de septiembre de 2025
Variaciones sobre el puño
1. El puño ha cambiado de bando, por lo que se ve. Me ha hecho pensar en ello el gesto de un mandatario number one que recurre con frecuencia a la exhibición de un puño. No eleva el brazo más allá de su cráneo y a veces lo deja a la altura de su corbata. Como masculla con ese sonido del que hacen gala todos los autócratas convencidos y confesos y desmedidos, no hace falta dar nombres -aunque conocimos alguno de frágil voz al que no le temblaban sin embargo su firma en las sentencias letales- no se sabe bien si refuerza con su hosca palabra el gesto empuñado o es el puño el que da giro implacable y cargado de soberbia omnímoda a las palabras. A veces hace incluso movimientos de baile con el puño y su cintura, tipo la yenka, adelante, atrás, que embelesan a la legión fanática de admiradores que le siguen.
2. En algún libro sobre símbolos leo que el puño ya sale en los relieves asirios. Por más que busco fotografías de relieves asirios, que tanto me entusiasman, existentes en los museos europeos de la rapiña, no veo el puño; veo que la mano de los mandatarios empuña algo -un cetro, un látigo, una brida- pero no es lo mismo un puño que empuña un objeto que un puño que hoy se llamaría empoderado. Que cree que tiene poder aunque sea más deseo. No es igual empuñar que alzar el puño, vacío de objeto pero cargado de idea. Aunque también la idea puede, y suele ser, un objeto. En los asirios veo que se reproduce mucho la palma abierta, que ese es otra simbolismo, y no necesariamente la de los farsantes totalitarios del siglo XX o los neo de hoy. Curiosamente en los diccionarios de símbolos apenas aparece mencionado el puño, no así la mano abierta, que no se presta menos a ser exhibida e interpretada.
viernes, 26 de septiembre de 2025
De Demócrito, Burton y nosotros ahora mismo
Robert Burton en su Anatomía de la melancolía:
lunes, 22 de septiembre de 2025
Vorágine de otro Adán, el de Marechal
"Adán cerró los párpados: ¡cómo le dolían esos pobres ojos! Cuando abusaba uno de la noche pidiéndoselo todo a su reinado, la noche ardía como un aceite negro y devoraba los párpados que no conseguían juntarse. Luego, sobre los párpados doloridos, la luz del día quemaba como el alcohol.-¿Sería él, acaso, un espíritu nocturno, emparentado con aves maléficas, insectos de culo fosforescente y brujas que montaban en escobas mansitas?-No, porque su alma era diurna e hija del sol padre de la inteligibilidad.-Siéndolo así, ¿por qué vivía de la noche?-Frecuentaba la noche porque en su siglo el día era incitador y antorcha de una guerra sin laureles, violador del silencio y látigo contra la santa quietud; exterior como la piel, activo como la mano, sudoroso como las axilas, vocinglero y fecundo en embustes, de sexo varonil, joven héroe de tórax velludo. Se apartaba del día porque lo embarcaba en la tentación de la fortuna material, en el ansia de poseer objetos inútiles y en el deseo malsano de ser político, boxeador, cantante o pistolero.-¿Y la noche?-Incolora, inodora e insípida como el agua, la noche producía, sin embargo, una borrachera igual a la de los buenos vinos; silenciófila, estimulaba empero el amanecer de las voces difíciles y los hondos llamados que sofoca el día bajo sus trombones; antípoda de la luz, ordenaba, con todo, la visibilidad de las estrellas; destructora de cárceles, favorecía la evasión; campo de tregua, facilitaba la unión y la reconciliación; hembra curativa, refescante y estimulante, se yuntaba con el hombre y concebía un hijo, el sueño, graciosa imagen de la muerte. Y, sin embargo, la noche pesaba dolorosamente cuando al fin uno quería dormirse y el sueño se le negaba".
Leopoldo Marechal, Adán Buenosayres.
¿Cómo nadie me había hablado antes de este novelón? Esta sensación de catarata y curso de aguas rápidas me arrastra, ¿o es lo que desconocía? ¿O acaso lo que uno sabía y comprobaba poco a poco pero lo había leído de otras maneras? Tal vez estoy lanzando las campanas al vuelo, pero que se empiece una novela y uno se sienta envuelto en una vorágine de forma, vocabulario, giros y sintaxis, donde el tema parece interesar menos que la manera como se ejercita una descripción sin fin, sin contemplaciones ni pausas, no es algo frecuente, y en ese sentido me recordaba cómo Thomas Bernhard me atrajo a su propio torbellino o Céline a sus infiernos particulares. Bah, esto es un simple apunte, muy particular y de desahogo, en este inicio otoñal, frío, angustioso, abrumador y desconcertante.
lunes, 15 de septiembre de 2025
Riki Blanco, talla moral e ilustradora
Más nítido no puede ser. No hay líneas de meta ya en nada. Salvo las que nos marquen otros por la fuerza. Sí hay líneas rojas que no deberíamos traspasar. Pero hay quien lo ignora y allá con quién se alía su conciencia. Riki Blanco, colaborador en El País, da hoy su talla moral e ilustradora.
viernes, 12 de septiembre de 2025
Los carreristas
Pasaban los carreristas. No sé si me lo inventaría yo o si se le ocurriría a alguno de mis primos o si es que por extensión en mi infancia la gente llamaba así a los que participaban en la vuelta ciclista. En aquella pequeña urbe del Norte todo se llamaba de otra manera, no opuesta pero sí con términos peculiares. Era un vocablo olvidado. Pero ayer, a medida que caminaba por mi ciudad, calles valladas, despliegue exagerado de policía de toda clase, bocinas y sirenas, pitos de guardias urbanos, gente acumulada en unas zonas y apenas afectada en otras, unos pocos patriotas con sus enseñas y otros pocos solidarios de causas perdidas con banderas de gente aplastada, lo de carreristas me vino por las buenas. He aquí que pasan los carreristas, me salió de pronto. ¿Por qué me vendría un término que desde niño tenía desechado para aplicar a los profesionales de un negocio que supera a su propia conceptualización de deporte?
Caprichosa mente, siempre subrepticia, me dije a la par que me reía. A algún viandante debió sorprenderle que mi risa se reflejara exteriormente, aunque pudo suponer que yo iba como tantos otros van, colgado de unos auriculares o hablando con esa cosa pegada que llaman pinganillo. Pero no, yo, insignificante humano, solo llevaba pegada a mí mi propia mente. Mente atávica, mente que te piensas evolucionada pero que a las primeras de cambio te expulsa imágenes o pulsiones psíquicas que creías enterradas. Mente que relaciona, asocia, prejuzga, juzga equívocamente la mayor parte de las veces. Mente que genera adrenalina que pone en guardia, o provoca la bilis que te vuelve amargo, o proporciona dopamina placentera, o invita a estar atento y precavido. Mente que inventa ideas para el consumo personal e íntimo o bien recoge y acoge, aunque mañana las excluya, porque nada de lo que crees es original sino adaptado. Mente máquina, que nunca acabas de tener claro si la controlas o ella dicta sus normas para ser quien eres y para hacer obvio cómo te manifiestas.
Por unos minutos me paré en una curva. Quité del fondo de la imagen a coches que acompañaban la carrera, a guardias talludos, a los armados, a los de protección civil, al público; eliminé el ruido que se sucedía, los pequeños aplausos, el aliento verbal de aficionados. Por un instante fijé mi atención en el primer carrerista que pasaba inclinándose sobre el asfalto, luego en otros dos que casi rozaban el vallado. Traté de ver en cada uno de ellos al hombre híbrido enmascarado, al humano que se apoya en una máquina que responde en función de la energía que transmita con su pedaleo y su control. Hoy día, pensé, todos los humanos somos híbridos del día a día. Uncidos a un trabajo, a unos aparatos y vehículos, a unos medios de incomunicación pseudoperiodísticos, a unas relaciones múltiples que tienen mucho de repetición de tiempos y movimientos, como en la ingeniería industrial aplicada a las fábricas que ajustaba unos y otros en pro de la rentabilidad y el beneficio. Miré a los carreristas pero no encontré a los hombres. Aunque el movimiento de sus piernas me suscitó envidia. Y las mías, mientras, generando poco a poco varices, me dije.




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