la aproximación de los acontecimientos le hace a su vez distanciarse; es como si se concentrara más en sí mismo; ahí está de pie, contemplando los anaqueles revueltos y cada vez más desordenados de su biblioteca, atusándose con los dedos la barba, dispuesto a seguir callado, desafiando mi presencia ocasional; pero la montaña tiene grietas por donde siempre sale algo del magma, sea cual sea su forma y su incandescencia; vivir los acontecimientos me exigen ensimismarme, admite; reconozco que los doy muchas vueltas, que no me basta advertir su superficie ni concluir en una opinión pasajera; las imágenes están para transportarlas hacia tu propia profundidad, asevera prudente pero sincero; allí las ves de nuevo, las relees, las complementas con otras, las sometes a los martillazos de tu propio yunque; él gusta de este tipo de comparaciones y me lo confirma: cuando uno es consciente de la materia que le forma desde el origen debe buscar la materia que le siga haciendo más grande; pero no es el tamaño formal lo que busco, sino la intensidad; el conocimiento no crece como un objeto físico habitual, lo hace hacia adentro; y nunca crece como algo que llega desde el exterior y se instala, sino que se entiende y habla con lo que llevas dentro de ti; tú sabes el valor que ambos otorgamos a los libros, con todas nuestras diferencias de criterio sobre unos u otros, eso no reviste importancia; un valor relativo pero influyente; en los libros puedes encontrar luz y placer, pero muchos han sido escritos también para el dogma y la tiranía; puedes hallar sendas que te sirvan para explicar otras vidas y la tuya propia; pero también lujosos suelos que conduzcan a abismos y a justificación de los actos necios de otros hombres, que persiguen los hagas tuyos; no obstante, pienso que prima el vuelo y el caos en lo que está escrito; vuelo que busca y caos que rechaza la sujeción y el control; debe ser esa una de las razones por la que los libros o son vistos con mirada superficial o con desdén o se les ignora o se les persigue cuando ciertos hombres de este mundo se vuelven locos; a veces se empieza creyendo lo justo en ellos y hay un hilo conductor que termina en la acción de la hoguera; tal vez aún estemos en los tiempos en que los medios para que la gente tenga acceso a los libros se limitan o, como se dice ahora, se recortan; esto da idea de los criterios al uso entre los administradores públicos, esos que la gente vota y que luego, una vez elegidos y soberbios ejercitantes de una parcelita de poder, se desdicen y traicionan a la gente; que el conocimiento o el placer estén en función de un valor económico me revuelve las tripas; triste sociedad y tristes gobernantes que se nutren entre sí con las miserias
sábado, 31 de marzo de 2012
miércoles, 28 de marzo de 2012
Si una luz, si un túnel
Esa sensación de que todo es cada vez más borroso. Que los pasos se encaminan por direcciones aviesas. Que la luz es aparente y no deja ver. Que no se advierte con claridad un paisaje acogedor. Que el camino es subrepticio. Que la respiración va a ser dificultosa. Que el esfuerzo no se va a reconocer. Que el ser se diluye. Que la barbarie se instala. Dentro de un rato será jueves veintinueve de marzo del año dos mil doce. Si una luz, si un túnel. Decide.
sábado, 24 de marzo de 2012
Improvisadas ausencias
Nuestra madre se ausentaba algunas noches. Lo hacía con cautela. Cuando se aseguraba de que nos habíamos dormido salía por la parte de atrás de la casa. Tanto mi padre como ella debían estar comprometidos en alguna causa de ideas que les exigía esfuerzos y conllevaba ciertos riesgos. Aun cuando mi padre se encontrara de trabajos arqueológicos, ella salía discretamente. Cuando mis hermanos y yo descubrimos ese extraño movimiento de nuestra madre no nos sorprendió del todo. Una de mis hermanas se despertó una noche bruscamente con dolores de tripa. Fuimos al cuarto de nuestra madre, pero no se encontraba allí. Sería ya madrugada avanzada cuando regresó y, si bien a mi hermana se le había pasado el trastorno y todas dormían, yo permanecía desvelado. Me levanté y conté a mi madre la incidencia. Le costó ocultar cierto gesto de contrariedad, pero su dulzura superaba todas las pruebas. Aunque no le pregunté por qué se había ido, ella me dijo que alguna vez entenderíamos las razones por las que tenía que realizar esas salidas.
Mis padres no eran explícitos con sus hijos respecto a lo que se traían entre manos, pero para nosotros era obvio que ellos pensaban diferente a los vecinos. Nos inculcaban otro tipo de nociones sobre la vida, el universo y la sociedad. Nos hablaban de valores que no conminaban ni prohibían, que no exigían creencias rígidas ni inoculaban intolerancia, que no hablaban tanto del hombre abstracto y de sus mitos como de la naturaleza misma que nos forma y a la que pertenecemos. Ideas que no eran como las de otros niños que acudían a escuelas coránicas, por ejemplo, ni a las clases de los cristianos asirios. No le concedimos mayor importancia a aquellos movimientos nocturnos de nuestra madre, principalmente porque nuestra mentalidad infantil no podía interpretar el mundo inquietante en que se movían los mayores. Tardé bastante tiempo en darme cuenta de que tras aquellas escapadas suyas había algo más.
(Fotografía de Newsha Tavacolian)
miércoles, 21 de marzo de 2012
Desde el agujero
Nadie sabe de qué manera se puede uno hundir dentro de sí mismo. Lo que hay que hacer para imaginar que no estás donde estás. Mientras se sucede un estremecimiento tras otro del entorno de este escondrijo oscuro, que parece que va a dejar de serlo en cualquier momento. La gente tirita de miedo, contiene la respiración, se abraza. Los mayores rezan, pertenezcan a la tradición y al culto que pertenezcan. Tengo la sensación de que incluso se comprenden y que se sienten unidos por la desesperación. Nunca pensé que pudiéramos ser víctimas de tanta miseria destructiva. Algunos sueltan imprecaciones contra lo desconocido que nos agrede. También contra los que nos han dirigido y, de alguna manera, nos han llevado a este sufrimiento. Son maneras de desahogarse y buscar consuelo. Todo resulta muy primitivo y desconcertante aquí abajo. No conocemos el rostro de los que causan nuestro pavor. No sabemos cuánto va a durar esta cólera. Todos nuestros cuerpos están alterados. Los pensamientos, las conductas, la capacidad de control, las emociones. Hasta nuestros intestinos se rebelan y hay gente que se retuerce de dolor y de nervios. No parecen habitar aquí los mismos hombres, niños y mujeres conocidos del vecindario. Nuestros propios olores, nuestras toses y sofocos, nuestros gritos y gemidos han configurado en la oscuridad un engendro tenebroso. Un ente malformado del que se podría hasta imaginar las facciones, el tamaño e incluso su comportamiento. Pero no da tiempo a pensar. Cada sacudida atronadora solo convoca al instinto. Sale de nosotros lo peor: el espanto, las tiritonas, los lloros, las agitaciones, los desgarros. Mi hijo me clava sus uñas en el brazo y a él le hace lo mismo su hermana. Yo palpo constantemente en el bolsillo la figura aquella que invocó mi padre cuando me la dio. La acaricio frenéticamente, la aprieto contra mi muslo, mis dedos sudan sobre su materia fría y siento que se despellejan, tal el ardor nervioso que pongo al frotarla. Me parece percibir el desmenuzamiento de las partículas de que está hecha. El hombre siempre está solo, por muchos cuentos que nos hayan contado. Y solo se reconoce como monstruo.
(Fotografía de Tofiq Jaf)
martes, 20 de marzo de 2012
El amuleto
En una de las ocasiones en que nuestro padre vino a vernos nos trajo a cada uno pequeños recuerdos. Era muy celoso en la protección de los ajuares que encontraba en sus excavaciones, por lo que nunca tuvimos en la mano ningún objeto de aquella procedencia. Si no pertenecen ya a la cultura desaparecida no pertenecen a nadie, solía decir. Pero alguien se hace cargo, ¿verdad?, le preguntaba mi madre. Las autoridades, respondía él con una confianza en éstas que aún no quebraba definitivamente. Ellas deben gestionar el mantenimiento de su patrimonio. Pero yo sé que lo decía con ciertas dudas. Toda la vida había tenido lugar un expolio y seguía habiéndolo. Evidentemente, detrás estaban siempre los compradores extranjeros, pero quienes lo ejecutaban directamente eran de los nuestros. Redes de gente a todos los niveles y de todos los estamentos; individuos especializados en sus aviesas prácticas, unos robándolos en la época en que no había trabajo en los yacimientos, otros transportándolos clandestinamente, otros más proporcionando documentación falsificada o visados buenos pero amañados y consentidos. La corrupción involucraba a los más pobres en cuanto a número, pero tenía cómplices en todas las esferas de la administración civil o religiosa. Y esos altos cargos resultaban los más decisivos y los que más se beneficiaban del latrocinio.
Toda mi vida he llevado conmigo aquel pequeño ídolo que mi padre había adquirido en el mercado de una ciudad del desierto. Él nos dijo al entregarnos los obsequios: podéis hacer con ellos lo que queráis, pero estoy convencido de que os darán buena suerte. Creo que solo yo lo he portado siempre encima, en un bolsillo, en la cartera. Mis hermanas los metieron en alguna de sus cajas de recuerdos, como ellas decían. Yo convertí el recuerdo en amuleto. Ahora mismo lo tengo en mi mano, lo acaricio, lo aprieto a cada descarga atronadora en que la tierra se convulsiona. Aquí abajo, en este refugio bajo tierra que construimos deprisa y corriendo en el vecindario cuando estaba cantado que el lejano invasor iba a arremeter contra nosotros.
lunes, 19 de marzo de 2012
La orilla cosmopolita
En la zona donde vivíamos la humedad se condensaba extraordinariamente. No obstante, la temperatura fluctuaba a lo largo del día y la gente procuraba entregarse más a la calle tras la caída del sol. Naturalmente, los que podían. Funcionarios de cierto rango, letrados, comerciantes en tránsito, usureros, traficantes de obras de arte, agentes de las embajadas extranjeras. El litoral de nuestro río fantaseaba con el cosmopolitismo que generaba la reunión de toda aquella pléyade que vivía bien o, mejor dicho, que aparentaba vivir bien. No se trataba de la gente ostentosa, sino de la arribista, de los buscavidas, de la clientela del gobierno, incluso de los ociosos que se ofrecían para cualquier cosa al mejor postor, y cuya actividad les permitía una disposición del tiempo y un alarde de costumbres que a otros les estaba vedado. De la misma manera que las aguas del río se deslizaban silenciosas pero avasalladoras buscando el sur, todo aquel encuentro de intereses, lenguas y objetivos más o menos velados confluía en un griterío moderado, en una exhibición de aproximaciones y fraternidades gozosas por imitar los comportamientos occidentales. No importaba que sus conveniencias estuvieran enfrentadas; aquel espacio nocturno de expansión jugaba el doble papel de recreo y de negocio cerrado, de tanteo y de transmisión de informaciones, de contactos y de decisiones avanzadas. Unos y otros se escuchaban y criticaban las mismas actitudes que habitualmente respaldaban. A veces parecía el mundo al revés. Qué había de debate sincero o de condescendencia en orden a una finalidad superior nunca lo supe. Mis ojos de niño detectaban pero no traducían.
(Imagen de Shirin Neshat)
sábado, 17 de marzo de 2012
Carta desde la ciudad de la nostalgia
Así era mi ciudad antes de que llegara toda la cadena de desastres. Nosotros vivíamos en el edificio que queda detrás de los árboles que se ven a la izquierda. Desde la azotea podíamos contemplar el río en todo su esplendor. Las orillas eran como pequeños puertos donde atracaban las barcazas que transportaban mercaderías desde almacenes de otros barrios. Los barcos mayores trasladaban turistas a todas horas.
Era una ciudad luz. Al atardecer empezaban a llenarse las terrazas de los merenderos y la gente platicaba amigablemente. Las noches cálidas se prolongaban, como si nadie tuviera que levantarse temprano. Se dormía poco. Naturalmente las conversaciones eran en ocasiones agitadas. Una ciudad con tantas confesiones y pensamientos variados propicia discusiones apasionadas, pero éstas siempre terminaban con buenos deseos y la gente se guardaba sus resquemores de antaño. Mis hermanas y yo dormíamos en la parte interior del edificio, donde no llegaba tanto el rumor de moscardón de la cháchara ni los cantos y la música de la ribera. A nosotros nos daba igual porque la mayoría de los días caíamos rendidos.
La noche en que por exceso de calor no lográbamos conciliar el sueño subíamos a hurtadillas a la solana. Tomábamos los prismáticos de padre y escudriñábamos a los grupos de turistas. En cuanto localizábamos a una pareja que se apartaba, pero estaba en el ángulo de nuestra visión, nos peleábamos entre todos por no quitarles ojo. A veces subía nuestra madre y nos mandaba enérgicamente a la cama. Mi hermana pequeña decía que de mayor quería ser turista. Hoy me gustaría saber por qué parte del mundo anda, y no precisamente como turista.
Nuestro padre no paraba en casa. Trabajaba en la excavación de una población antigua a bastantes kilómetros hacia el sur de la capital. No sé qué grupo herético numeroso había sido expulsado hacía muchos siglos de esta ciudad y se había desplazado a otra zona, fundado un nuevo asentamiento y una cultura distinta. Parece ser que esto era bastante común en aquella época. Nuestro padre podía pasarse tres o cuatro semanas en la excavación y luego venía a visitarnos, pero siempre por pocos días. Cuando se marchaba ponía sus manos en mis hombros y me decía delante de todas las mujeres que yo era el único hombre de la casa y que procurase...Se cortaba ahí. Procurar, ¿qué? Luego se echaba a reír estrepitosamente. Mis padres no temían nada y eran laicos. A nosotros nos enseñaron sencillamente algo muy elemental: el respeto a los otros. En realidad él decía aquello para escenificar irónicamente su bendición particular. El varón ausente otorgaba carta de relevo al varón que se quedaba. Se trataba de una liturgia de la que todos éramos cómplices y que hacía que la despedida fuera tierna e hilarante. Me cuesta seguir recordando. Es lo que tiene mirar durante un rato perdido una vieja fotografía.
miércoles, 14 de marzo de 2012
testamentos
la estirpe de los antiguos desaparece; no lo lamento; es el proceso natural; lo que lamento es que aquella estirpe no la veamos hoy; la del coraje, la de la resistencia; habrá quien diga: fueron los tiempos; pero muchos otros se dejaron llevar por los tiempos, sin más; con oportunismo, con vencimiento moral, con entrega inerte; ella pertenecía a los vencidos de la situación, pero también a los irreductibles; a los que no son apátridas por capricho, sino porque alguien les robó su suelo, su vida, su derecho a ser como las encinas o los olivos, del lugar; pero a cambio proyectaron su capacidad de adaptación; ¿conviene mencionar la palabra sacrificio?; no son tiempos estos en que se entienda uno de los vocablos que más miedo producen; suena fuera de lugar en este ciclo actual de la historia en que sujeto y objeto se funden en una extraña materia distorsionada, tal vez antiética; pero lo de ellos fue sacrificio, en el sentido más literal, en el de ofrenda a lo sagrado; se dirá ¿qué era, qué es, lo sagrado?; ahí, la percepción puede variar; pero ya no es como antes, ya no es la religión, el mensaje divino, la impronta de la esclavitud a la que obligaban las castas sacerdotales; hoy lo sagrado entiende más de la vida, simplemente; la vida en un sentido múltiple, nada posesivo por unos a cuenta de otros; pero sacrificio implica siempre que alguien, otra opción, otra posesión, otro sector de la especie ejecute inmolación sobre el que no es como él; lo sagrado fue para ellos la libertad, el esfuerzo por deshumillar, la puesta a disposición de la materia transformada en manos de quienes no podían disponer de una parte de ella mínimamente; fueron perdedores en un sentido; respetuosos y fieles de su integridad moral, en otro; quiero pensar que la estirpe de esta gente no se acaba nunca; que cada ciclo genera nuevos individuos que hacen de la ira una virtud; me rebela escuchar decir al president actual de la comunidad donde nació la desaparecida que es una representante de la continuidad de la Catalunya de antes de la guerra de 1936-1936, uno de los hilos que nos une a nuestra tradición; ¿esa vaciedad de fraseología es lo único que le inspira la experiencia vital de Teresa?; tiempos líquidos y falsos; mejor, callen
(Teresa Pàmies, en un mitin político en la Monumental de Barcelona en 1937. Foto sacada de El País)
sábado, 10 de marzo de 2012
los tres monos, entre nosotros
me lo encuentro consultando mapas; como le observo un tanto perplejo se siente obligado a explicarse; no soy muy dado ni a los recordatorios ni a los aniversarios, me revela; mi madre me decía que era un despegado; tampoco me arrastraron nunca las conmemoraciones, ya sabes, eso de los cumpleaños o las jornadas mundiales o las conquistas o las liberaciones; esa sensación de que se repiten ciertos temas huecamente y su caída en el vacío me resultó siempre insoportable; naturalmente, no puedo olvidar que han tenido lugar acontecimientos y desgracias cuya órbita ha sido universal, lo reconozco; por ejemplo Enola Gay abrió de pronto, en unos instantes, una época; la conciencia del terror la vimos de inmediato instalada en nosotros; luego fuimos sabiendo lo de la soah, sin acertar a creernos la dimensión de aquella destrucción humana; con frecuencia solo se tienden a citar ciertas manifestaciones de la barbarie; ha habido muchas otras que han permanecido desconocidas u ocultadas; no interesaba mover ciertos temas, ni mencionar ciertos sufrimientos sobre los que, por tener lugar en lugares del mundo sin peso específico, se ha hecho la vista gorda; y eso es precisamente lo que me molesta; lo pequeño, lo que tiene lugar en tu cercanía o en tu ámbito es ignorado si no incide en los planes de los grandes, bien para afirmarlos o para desestabilizarlos; ¿cuánto tiempo tuvo que pasar para que la discriminación de los afrikaner fuera reconocida y denunciada en los foros mundiales?; cuanto más meditas sobre ello más te sobrecargas de ejemplos; no hay comunidad del planeta que no haya sido tocada una e incluso varias veces por el dolor; pero, ¿esos mapas que repasas?, le increpo; es mi manera de recapacitar acerca de la desgracia japonesa de hace un año, me responde; los hombres se creen Fausto y pagan un alto precio; aquello fue una lección que no queremos aprender; las autoridades mundiales se rasgaron las vestiduras, pero, salvo ciertas moderadas medidas de las cuales no hay certeza de que se cumplan, las cosas siguen igual en gran parte del mundo; siempre acabas topando con el modelo productivo que muestra su rostro cruento y al que le importa un carajo el margen de posibilidades de que las cosas salgan mal y afecten a las poblaciones; no se da el brazo a torcer; un año después de la tragedia, donde la naturaleza y Fausto echaron su pulso, las noticias que llegan de aquellas tierras son alarmantes; no, no conmemoro, no recuerdo con la vaguedad del observador distante, no me limito a repasar el suceso desde el sillón ante una pantalla; la desgracia de ellos permanece, y el aviso de lo que puede ser también nuestra desgracia late tras el rostro velado del negocio y la mentira; Kikazaru no quiere oir, Iwazaru no quiere hablar y Mizaru no quiere ver; triste destino de monos torpes el nuestro
jueves, 8 de marzo de 2012
hallazgo
…pues sabiéndote en que conocer te hace fuerte sujetas la áspid
y la reduces hasta adornarte con ella cual ajorca de oro
mientras con la otra mano enarbolas tus divisas
tales el don de la imaginación y la potencia de tu pensamiento
son tus cabellos impetuosos como las corrientes que soplan desde Oriente
y los pliegues de tu vestido modelan tu cuerpo de oleaje
son tus cabellos impetuosos como las corrientes que soplan desde Oriente
y los pliegues de tu vestido modelan tu cuerpo de oleaje
avanzas reconociéndote en el paso firme que te hace nueva
y no miras hacia atrás más que para confirmar tu marcha imparable
(fragmentos de un poema anónimo hallado en las Cícladas)
martes, 6 de marzo de 2012
cuando la palabra del Marqués de Sade habita entre nosotros
no me lo invento; aparece este texto en muchas partes; se ha convertido incluso en una reclamación genial de la íntima libertad humana; escucha, es de una carta que el Marqués de Sade dirigió a su mujer Renée durante una de sus estancias en prisión: “Mi manera de pensar, dices, no puede ser aprobada. ¡Pues, qué me importa! ¡Bastante loco es quien adopta una manera de pensar como la de los demás! Mi manera de pensar es el fruto de mis reflexiones; está implicada en mi existencia, en mi organización. No soy dueño de cambiarla; y aunque pudiera no lo haría. Esa manera de pensar que censuras es el único consuelo de mi vida; alivia mis penas en prisión, constituye todos mis placeres en el mundo y la quiero más que a mi vida. No es en absoluto mi manera de pensar la que ha hecho mi desgracia; es la de los otros”; ¿no es una locura vitalista la de este hombre?; ese grito de amor a su pensamiento libre, apreciándolo más que a su propia existencia, pregona un poco el espíritu romántico; pero es admirable su combate; y, sabiendo como terminó sus días, tras una peregrinación entre cárceles y manicomios, sus palabras no suenan falsas ni altisonantes; entonces yo me pregunto: ¿la libertad como desesperación?; realizarse en la libertad como han predicado ciertos humanismos, no es tan factible; acaso la libertad si se brinda como comodidad ya no es tal libertad, sino que concedes tu esencia a cambio de unas reglas del juego; pero esa satisfacción personal de pensar conforme lo que edificas dentro de ti, otorga pleno sentido y dignidad a un ser humano, ¿no crees?; el problema surge cuando tu manera autóctona de pensar y la sugerencia que te propone de actuar no es admitida fuera de ti; esa última frase de que su desgracia no ha sido causada por pensar como pensaba sino por lo que pensaban los otros es pura luz; y nosotros vamos de plañideras, de quejicosos, de impotentes deslenguados; ¿sólo vamos a ser eso?
(pero yo no le escuchaba apenas; seguía pensando en el retorno de una mujer que nos llenaba de inquietud a los dos; claro que, acaso todo fuera una broma de mi amigo, como parte de ese pulso interior que se trae últimamente)
(Imagen fotográfica de Giorgia Napoletano)
lunes, 5 de marzo de 2012
cinco de marzo
resulta difícil callar ante la obscenidad del mundo, ¿no te parece?, dice mientras la luz del día le parte en dos; sobre todo porque el mundo no consiste solamente en una extensión ni en múltiples territorios; el mundo no es únicamente movimiento y actividad de las sociedades; el mundo es también cada uno; acaso, sobre todo, cada uno; siendo, sintiéndose, mejor dicho, esa individualización del mundo, ¿no deja de ser aquel un concepto, una abstracción o una lejanía?; naturalmente, viéndolo así, supone una conciencia arriesgada e incluso incómoda, le replico; pero es así, no obstante que el esfuerzo de identificación no esté en la mente de muchos, prosigue; si cada ser disculpa e incluso perdona la obscenidad, ¿no está comprometiendo su propia conducta?; ¿puede decir ante todo lo que acontece que él no sabe, que él no quiere saber?; y, no obstante, millones de individuos, esa masa social que amenaza con hundir el suelo bajo sus pies y en volver irrespirable la atmósfera, se entrega con tanta facilidad a las intenciones de la minoría más abyecta e interesada; lo hace de alma y de cuerpo, y cuantos más Mefistófeles se cruzan en su camino, más se dejan subyugar por ellos y más les conceden lo que les piden; pero el alma de los individuos vive una partición cotidiana; muchos piensan que con coser retales en sus vidas, la mayor parte de los mismos ajenos a su propia contextura, van tirando; esa partición puede resultar sufriente para unos, amarga para otros, ignorada por los más; aun sabiendo en lo más profundo de sí mismos lo que son, actúan como seres superiores, si bien este statu solo se lo concede la apariencia, el juego de máscaras, el trueque donde el comercio les hace creer que son importantes; desgraciadamente, son ridículos y no dejan de pretender avanzar sino sobre la misma baldosa; la minoría consolidada es lista tanto por veterana como por demoníaca, no lo olvides; es el conocimiento que le permite el poder de que dispone y los márgenes de intervención que se reservan; juega a todas bandas y conforma no solo los instrumentos de la convivencia, cada vez más débil, sino del control del número; y todo, todo el objetivo, reside en llegar a las mentes humanas y paralizarlas; de ahí que incluso en política la gente se entregue al caballo ganador, aunque sea trilero, farsante y disimule su despotismo; y tantos lo aceptan así; veo en su rostro una línea de infinitos puntos suspensivos; de pronto advierto una apertura en su entrecejo y una luz a la que no me tiene acostumbrado le salpica el rostro: ¿sabes que va a venir Maud?, dice pausadamente; sí, ya sé lo que piensas, que Maud pertenece al pasado y que lo que queda atrás no existe; y sin embargo va a venir Maud
(Fotografía del portugués Tiago Estima)
sábado, 3 de marzo de 2012
esto aterra, simplemente
Encuentro en el blog El Periscopio, de Rosa María Artal ( http://rosamariaartal.com/ ) un enlace cuyo contenido me ha aterrado. Literalmente. Se trata de una conversación desarrollada en la SER entre el escritor y columnista Juan José Millás y el exfiscal Carlos Jiménez Villarejo. En ella tratan de la condena al juez Garzón con una perspectiva nueva: el entramado que ha podido haber detrás, de un alcance inusitado, para cargárselo. Entrevista en la que se comenta sobre el trasfondo de corrupción generalizada y en concreto sobre la trama mafiosa de los peperos de la Gürthel, sobre España como edén de la Mafia, sobre los vínculos mafiosos con los aparatos del Estado, sobre las finanzas y los paraísos fiscales y sobre determinadas medidas recientes del gobierno del PP para quitar de en medio jueces y policías que pudieran investigar la verdad. No apto para espíritus puros, castos y risueños. Ni para quienes se levantan y se acuestan cada día con la lírica y la miel. Yo me he quedado sobrecogido ante la reflexión que me obligan a hacer. Si cuando saqué, tiempo ha, la fotografía adjunta la frasecita del muro me parecía un tanto anarcoidealista o exagerada, tras escuchar la conversación entre el escritor y el fiscal tengo la impresión de que no anda descaminada. Preparaos, españolitos, que la que ya está encima tiene más envergadura de lo que creíamos. No es que me cupiera demasiada duda sobre nuestra ciudadanía impotente (o nuestra impotencia ciudadana), sino que simplemente somos imbéciles. Todo vuelve a estar atado y bien atado para los de siempre. Y así nos va y a ver cómo nos irá.
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jueves, 1 de marzo de 2012
dándoles la espalda
me pregunto cuántos nombres tiene la violencia; estoy viendo una fotografía de la prensa donde al menos aparecen tres nombres; detrás de esos tres nombres, ¿habrá tres veces tres nombres más?; ¿hasta qué potencia se eleva la muerte?; ¿hasta dónde se multiplica una muerte, una mujer solitaria, un huérfano?; ante los nombres que se rompen, pero que no se van a olvidar, la mujer clama; ¿contra qué personaje inclemente se alza?; ¿a quién exige? ¿al dictador del país, a los sanguinarios del Ejército, a la otra parte de la población cómplice de la barbarie, a las facciones religiosas, a Alá?; lo que no creo es que se lamente ni en vano ni en abstracto; su lamento tiene tantos nombres como la violencia recibida en sus carnes; por lo que dicen las noticias, está a punto de consumarse la matanza final; luego vendrán las plañideras occidentales hablando de genocidio, cuando nada se puede hacer; luego se rehará el panorama de aquiescencia con los dueños del país, porque no interesaba, porque no nos interesaba, que quebrara la correlación de fuerzas de ese otro nombre que se llama geoestrategia; desfilará de nuevo el dictador sirio ante su aberrante y fálica miseria militar, mientras su hermosa esposa volverá a exhibirse una vez más por las pasarelas de las cortes europeas; ¿y el niño? ¿alguien puede traducir su mirada?; demasiado abierta como para no distinguir la vida de la muerte; los falsos nombres cuya frontera es imperceptible
miércoles, 29 de febrero de 2012
el día bisiesto (pensando en Homs)
me recibe con esta frase de hielo: vivir es una herida permanente; si unos humanos matan a otros humanos; si otros humanos permiten que haya humanos que machaquen a sus hermanos; entonces, ¿de qué humanidad estamos hablando?; unos actúan directa e impunemente; otros obran desde las sombras permitiendo que aquellos actúen; esto puede hacerse por inhibición, simplemente, dejando transcurrir el tiempo, negando ayuda, no interviniendo; y la mascarada se despliega una vez más antes nuestros ojos; no hay zonas del planeta que se hayan librado de la representación trágica; una vez conocí a un historiador que lo justificaba todo con esta abstracción: es la Historia, amigo mío, solía decirme; al principio me parecía cinismo sin contemplaciones; pero no era cinismo por la observación empírica que dota a la idea de una cualidad irremediable y resignada; lo es sobre todo por la lección inmoral que se desprendía de ella; como la Historia implica violencia sin par, ¿para qué molestarnos?, parecía decir implícitamente; pero eso no puede ser solo la Historia, llegaba yo a replicarle, no puede ser solo muerte, sufrimiento, necesidad, humillación, le insistía enardecidamente; y él se reía con una sonrisa que a mí se me antojaba malévola y que él probablemente la considerase sabia; limitándose a responder de una manera tan ambigua pero siniestra: ya lo irás comprobando; por eso me llama la atención que un término como Humanidad sea tan maleable y contradictorio, que posea embriaguez y sobriedad, que pase de acogimiento a desalojo, que te ofrezca bondad y te devuelva odio; acaso es el sino de las palabras, le apuntillo con precaución, ser de ida y vuelta, concederse en su ambivalencia; me mira como si le hubiera golpeado y me pone en la mano la bola negra; creo que sabes de sobra lo que es, me dice; claro, una de esas tristemente célebres pelotas de goma dura, le contesto; en cierta ocasión recibí su impacto en las costillas, me aclara; empecé entonces a distinguir lo que significa la palabra Humanidad; pero otros lo tienen peor porque, además, se les abandona a su suerte de vivos y a su condena de muertos
domingo, 26 de febrero de 2012
dichos y contradichos
es probable que me consideres un individuo primitivo; no hace falta que digas nada, me dice mientras juega entre sus manos con unos pequeños útiles de sílex; ¿pero lo sería menos si saliera ahí fuera a ver con el vecindario un partido en el bar o me sumara a un corro de aburridos para jugar a las cartas?; me conoces lo suficiente para distinguir que escribo por impulso, sin idea clara de lo que quiero decir y menos de lo que pienso decir; además, las fuentes que provocan a los sentidos son variadas; un suceso que te llega, un fenómeno sobre el que de pronto la humanidad responde como si le cogiera de nuevas, una declaración que te parece tormentosa en boca de algún personaje que se cree alguien y es insignificante; y, no obstante, estos motivos no son los que más me incitan a pensar ni a establecer criterio; por supuesto, la emoción es un territorio brusco y desangelado, que se conmueve y se indigna, que se sobrecarga y desea estallar con bravío; pero no es bueno ponerse a escribir acto seguido al impacto que te llega; para escribir hay que esperar; procurar cierto distanciamiento temporal; es arriesgado, claro; si te abandonas mucho el tema deja de interesarte; si te lanzas a emitir opinión enseguida conviertes las letras en libelo; y no es que no te queden ganas, como antaño, de redactar libelos y de salir a repartirlos y de arrojarlos desde el gallinero de un cine al final de la película, como hicimos tantas veces; pero adviertes que el público pensaría que se trataba de publicidad de un supermercado y ello te desmoviliza; le noto nervioso, no deja de frotar esas pequeñas raederas inteligentemente talladas; se da cuenta de que me quedo mirándole las manos: ¿piensas que toco estas herramientas como buscando la acción benefactora de un komboloi o de un rosario?, exclama mirándome fijamente; son un medium estas piedras, como mis escrituras, como mis devaneos de pensamiento; algo que me vincula al esfuerzo del origen, sin el cual no estaríamos aquí; mi torpeza me impide fabricar bifaces, azagayas o lascas, y hoy nadie las reconocería; tal vez escribo para lamentarlo, también para proyectar con otros recursos las intenciones antiguas de llegar más allá; no sé por qué, pero el cuerpo me pide trabajar otras herramientas, aunque no logre saber para qué; prospectar nuevos dichos y contradichos en un mundo que se retuerce sin fin; repensar los volúmenes que se despliegan ante nuestras miradas, de los cuales Malevich sabía mucho; ¿lo recuerdas?
sábado, 25 de febrero de 2012
veinticinco de febrero (pensando en Público)
¿crees que cuando unas letras se pierden también pierden los humanos?, me pregunta de modo críptico; las letras se pierden todos los días, le contesto; y tienes razón, me responde afable mientras me ofrece café; unas flotan, otras rasgan, tales se disfrazan de fantasmas, aquellas se incrustan en las vísceras de los hombres, las de allá rebotan y muchas, muchas, no llegan a nacer jamás; pero siempre he lamentado que quedemos desprovistos de ellas; no será por la cantidad, me arriesgo a corregirle, las letras abundan y acaso agobian; agobia lo inútil, nunca lo que responde a la necesidad, me dice grave; harta la repetición vacía, jamás la prospección que reclama ser interpretada; fatiga lo insensato y lo rancio, la intolerancia y la falsedad, la trivialidad y la anulación; es verdad que abundan los signos que se trazan sobre las páginas de mucha prensa sin que influyan con otra intención sino la de que la gente compre o los ociosos chismorreen; con la premisa de que el pensamiento se reduzca y los tópicos se conviertan en dogmas; con el empeño de que los hombres se vacíen y deleguen vanamente en los aprovechados; es cierto que mucha edición ve un asomo de luz, pero no acaba de ser contemplada en todo su horizonte; cuántos libros retornan diariamente al almacenaje, cuántos periódicos vuelven a las distribuidoras, cuántas editoriales menguan, cuántos diarios dejan de existir; nunca se supo de manera tan evidente que la fortaleza de la palabra escrita llevara implícita su debilidad, simplemente porque el hombre que debería leerla no lo hace; cada libro que no se abre es un parto muerto; cada periódico que desaparece es una herida en el sistema de defensas del cuerpo social; cada letra que no es deletreada es un síntoma del peligroso desaprender de los hombres
(Imagen de la fotógrafa finladesa Anni Leppälä)
jueves, 23 de febrero de 2012
veintitrés de febrero
siempre me ha parecido que un poema es toda una experiencia, le replico; sin duda, dice y retoma el hilo, y no solo leerlo, como señalaba Wallace, que lo es también; y como lo leas y a quien se lo leas; porque, a ver, ponte a pensar en ello: el autor, ¿cuántas veces se recita a sí mismo sus propios versos?; escribir un poema es ya una recitación; ese esfuerzo inicial de extraer de la materia difusa que lleva dentro de sí elementos que le digan algo; luego, separar la ganga de la mena; y ese tira y afloja, el abandonar y el ponerse de nuevo, la confusión y la certidumbre, la bruma y la luz que le sucede, la parada y el paso nuevo; en definitiva, una tensión entre la voz que es muda y el silencio que habla; llegar al punto en que lo que intuía y deseaba prospectar se ha convertido en el significante; y ese punto puede ser una ilusión, pero es la ilusión que él perseguía; y en ese proceso ¿no hay acaso una declamación incesante que se crea y se destruye a sí misma?; ¿en qué punto da por hecho un poeta que tiene terminada su obra?; ¿reside en el corpus de intenciones y significados que le han impulsado o en la musicalidad que en un momento dado parece que le remitiera al comienzo?; eso querría decir que la música y la poesía estarían unidas por alguna suerte de vínculo y se reencontrarían en algún recóndito territorio de su expresión, me atrevo a apostillarle; acaso, dice, si alguna vez soy capaz de ocupar ese espacio misterioso y sin fondo, te lo diré, pero mientras tanto me dedico a la experiencia de leer los poemas para experimentar lo que dicen; es en ese momento cuando traspaso la frontera sintáctica y percibo los objetos, los paisajes, las almas, sus pasiones; ya no leo siquiera, me he aislado de la capa que envuelve y palpo cada acto que existe allí, dentro del poema; ha puesto sus dedos en la cristalera y ha jugado a rozar extraños reflejos en la ventana
martes, 21 de febrero de 2012
veinte de febrero
sé que depende del libro que abras; pero tengo la certeza de que, a partir de ahora, más que tantear el texto vas a perseguir un recorte, un apunte, un subrayado, una hojita de cerezo seca; ¿me equivoco?, me interroga con cierto pero medido desdén; no, no te reprendo por ello, los libros son espejos superpuestos o que se confrontan unos con otros; ¿recuerdas La dama de Shangai?; aquella sala de espejos de feria era sumamente peligrosa, allí se concentraba todo en escasos minutos: el deseo, la avaricia, la maquinación, la pasión, la muerte; hasta el momento en que todo era ya insostenible y se viene abajo; un libro puede ser también esa sala de los espejos; ten cuidado porque hay vida entre las letras que impregnan el papel de la misma manera que hay otra vida paralela que se ha adaptado al hábitat; eso es un libro, un hábitat con posibilidades metaliterarias; las que el lector o el poseedor del libro quiera que tengan; la trama se multiplica entre los dedos del lector; continúa cuando el lector se sigue interrogando más allá del dictado de la línea; adquiere dimensiones extraordinarias si un punteo efectuado hace treinta años te reclama de nuevo; o si un papelito concede unas palabras y echa un pulso con tu capacidad de recordar; o si aparece la hojita recóndita que no por humilde y seca significa olvido; no sé cómo será la vida del soporte electrónico en el futuro; pero dudo que sus usuarios puedan vivir la emoción que supone volver a sacar de la estantería un volumen arrinconado, cuya naturaleza no es el mero texto, sino cuanto nos actualiza o nos trae de nuevo: las circunstancias en que lo devoramos, las personas con las que intercambiamos pareceres sobre el relato, el tono que pusimos cuando se lo leímos en voz alta a alguien que nos significaba de manera especial; algo así como decía aquel autor: leer un poema debería ser una experiencia, como cuando se experimenta un acto
domingo, 19 de febrero de 2012
parar la barbarie
"¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice que no. Pero si niega, no renuncia: es además un hombre que dice que sí desde su primer movimiento."
Albert Camus. El hombre rebelde.
Hoy en mi ciudad mucha gente ha salido a la calle respondiendo a una convocatoria sindical contra la reforma laboral que se cierne. A mi modo de ver, creo que se ha superado la asistencia de los mejores momentos del 15M del año pasado. No se trataba solo de una mera cuestión del trabajo, sino sobre todo cívica. Que conste que soy de los que considero más importante la calidad de una protesta que el número de los que asisten. Pero hoy era importante ser también parte consciente de ese número. Prefiero decir que hemos acudido a defendernos de la barbarie. Contra una de sus muestras, porque imagino que habrá muchas más. No tengo ninguna confianza en que se pare la dictadura del capital y de los mercados, porque el voluntarismo no basta si pintan los tiempos sombríos. Pero no obstante creo en la necesidad de que se les ponga coto a las abusos. Las mentiras, en la mejor tradición en la que nos tiene acostumbrados la derecha española, van a estar a la orden del día, basándose en el poder omnímodo que han acumulado. Calma. Que los que se han emborrachado con el triunfo en las urnas en noviembre sepan al menos que no son los reyes del mambo. Que las borracheras conducen al mal cuerpo. Y que si lo que quieren es jugar a tiranos, recogerán lo que siembren. Yo estoy contento de haber visto hoy la otra democracia, la tranquila pero enérgica, la que se nombra menos, la que no quieren que exista, la que no se tiene en cuenta para cambiar instituciones y rumbos de la política de un país, pero que es tan respetable y está más cargada de razones que la democracia formal y agónica a la que nos conducen los amos del mundo. Que sepan que estamos ojo avizor.
diecinueve de febrero
he echado una ojeada a sus papeles en presencia suya; no parecía importarle; mira lo que quieras, me ha dicho; me he fijado en un texto que sobresalía y parecía reciente; lee eso que he escrito esta noche: al despertar una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto, figuraba en el pliego; me he quedado pensativo; ¿te parece extraño?, y se ha girado para mirarme a la cara; parece ingenioso, le he respondido inmerso en mi propia confusión; ¿y también exagerado?, ha insistido; no, simplemente revelador de la condición humana, ¿o no es así?; depende, ha dicho lacónicamente, volviéndose hacia la lenta luz del día
(Fotografía de Giorgia Napoletano)
viernes, 17 de febrero de 2012
recortes cautivos
Me ha sorprendido no encontrar hoy prensa alguna sobre su mesa de trabajo. Ni siquiera veo la pila de periódicos viejos, que suelen quedar abandonados durante un par de semanas en un rincón. Como mucho asoma algún recorte entre los papeles desordenados. Tiene la costumbre de dejarlos unos días a mano por si necesita consultarlos. Otras veces los vincula a algún libro determinado; los dobla, los coloca entre la solapa y la última página, como si de una adenda se tratara. Los temas que recorta son de lo más variados, y solo él sabe qué le impulsa a seleccionarlos. Un reportaje periodístico sobre el asunto que relata el libro, una reseña crítica, una nota biográfica del autor, un obituario. Por regla general, los recortes, que yacen el sueño del olvido, acaban amarillentos, como tantas páginas editadas hace décadas. Ni siquiera él sabe que están ahí. Así que cada vez que toma un libro que hace tiempo que no abre y se encuentra el recorte, le entra una tensión especial, rayana en la emoción. Se pregunta qué habrá aquí. Como es probable que el criterio sobre lo que figura en el trozo de periódico haya variado desde que lo guardó puede suceder que lo tire. Otras veces no comprende por qué está allí, pero le parece que es un acto sagrado respetar su reposo en esa especie de féretro de letras. Es muy voluble. Tampoco recuerda desde cuándo colecciona, digamos, esas referencias complementarias. No lo hace con cualquier libro, ni con cualquier autor. Si se le pregunta ahora por qué introdujo esa media página de diario no sabrá responder a la primera. Es como si dudase y necesitara encontrar una explicación actualizada que resulte convincente, sobre todo para sí mismo. No he querido preguntarle por qué no hay ningún periódico en el cuarto. Sospecho que ha tenido un acceso de ira y ha condenado a las tinieblas exteriores lo que nombra con sarcasmo la engañosa publicidad periodística. Desde luego, para mi es más sustancioso hojear sus libros. No es la primera vez que, además de recortes, aparecen flores resecas. Y eso vuelve más misterioso el ejemplar que hojeo.
jueves, 16 de febrero de 2012
país de guiñoles
Pero, ¿qué país de hipócritas, de papanatas y de ciegos es éste? ¿Cómo podemos ser tan tontos que nos tengamos que preocupar de si los guiñoles de no sé qué emisora de televisión francesa hacen chanza de los deportistas españoles y no miremos hacia los propios problemas interiores, que no tienen nada de gracia? ¿No os causa mayor indignación estos dos personajes de la fotografía? ¿No consideráis como un agravio las medidas que los entes a los que representan este par de elementos estén imponiendo al gobierno cipayo? ¿No os importa que el gobierno aplique medidas durísimas, cambie leyes e imponga decretos para satisfacer tanto a los señoritos de la foto como a los de la otra foto, la de los mercados exteriores? ¿O es que, obviamente, conscientes de que con vuestro voto de noviembre habéis colocado a un montón de guiñoles al frente de los destinos del país no queréis saber nada del tema de fondo? ¿Empieza a martirizaros vuestra irresponsabilidad con derecho a voto? ¿De verdad que no os importa que el mercado de trabajo se convierta en el peor mercado de trabajo de la historia a este paso? ¿No veis, españolitos indignados ante lo secundario, cómo se burlan los presidentes de la CEOE y de CEPYME, la patronal importante del mercado español y se lo pasan tan bien? ¿No intuís lo que les produce esa risa de satisfacción que parece decir ya lo tenemos casi conseguido? Esperad, pues, a que la historia del colchón social, que mantiene aún a vuestros hijos y a vuestras familias, pinche, que no tardará. Mientras, hala, a disfrutar de los carnavales, del fútbol, del ridículo hedonismo de vía estrecha que se resume en esa frase tópica de qué bien se vive en España. El lobo asoma sus orejas y no os enteráis de lo que vale un peine.
miércoles, 15 de febrero de 2012
quince de febrero (intemperie)
le he encontrado hoy resfriado; no tenía sueño y salí esta noche a caminar por el lindero del bosque, se justifica; había buena luna, pero el frío se metía por el cuerpo; los bordes del río se encontraban helados; daba gusto respirar el aire seco; debí subestimar a la naturaleza; era tentador, cuanto más frío percibía más me apetecía desafiarlo; era un frío elegido, casi un capricho; ¿te imaginas que tuviéramos que padecerlo porque se nos impusiera forzosamente, por falta de materia prima para combatirlo o por expulsión, por ejemplo?; sería como una doble intemperie, porque nos estarían privando de lo imprescindible, de la protección de nuestro cuerpo, además de someternos a sufrir un acto bárbaro; la gente no medita sobre lo importante que es sentirse protegido de la dura naturaleza, se da por hecho que la sociedad actual satisface o al menos garantiza ese amparo; por supuesto, no todos los hombres pueden percibir ese cuidado, lo cual me aflige; para estar acatarrado te veo muy expresivo, le digo para rebajar su creciente tensión argumental; hace como que no me ha oído, continua: claro que hay otro tipo de intemperie que aterra, aquella a la que se abandonan muchos seres en el interior de su cerebro; esa exclusión que hacen de sí mismos, ese vacío que ni siquiera es su vacío; cierto que hay gente que se siente apartada del grupo, lo cual les hace sentirse desarraigados, pero lo peor llega cuando dentro de sí mismos se encuentran todas las puertas de sus estancias abiertas y el espacio deshabitado; estos seres a la intemperie no sé si me dan pena o me asustan; son capaces de cualquier cosa; la peor: que otros individuos ocupen su mente con impunidad
(Fotografía de Masahisa Fukase)
martes, 14 de febrero de 2012
El hombre Hamza Kashgari
Bueno, va a tener razón Blas de Otero (se vio claro que en su tiempo la tenía) recitando aquello de "aquí no se salva ni Dios". Y ya sabemos lo que significa la expresión en un país de impuesta tradición cultural cristiana como el nuestro.
Pues al poeta y periodista saudí Hamza Kashgari -vas a probar la hiel más amarga de los hombres con solo tus 23 años, hermano- le han detenido en Arabia Saudí, después de haber huído a Malasia y haber sido devuelto por este país, por haber tenido opinión en vísperas de la conmemoración del nacimiento de Mahoma. ¿Qué dijo en twiter este hombre, que ha podido parecer tan grave? ¿Se detiene al hombre comunicador, al hombre que disiente o al hombre poeta? Tal vez a todos los hombres que son ese hombre. Escuchémosle:
“En tu cumpleaños, te diré que he amado tu rebeldía, que siempre has sido una fuente de inspiración para mí, y que no me gustan los halos de divinidad alrededor tuyo. No debería rezar por ti”
“En tu cumpleaños, te encuentro allí donde me dirijo. Diría que he amado aspectos de ti, odiado otros y no puedo entender otros muchos”
“En tu cumpleaños, no te haré reverencias, no besaré tu mano. Mejor la apretaré como hacen los iguales y te sonreiré si tú me sonríes. Te hablaré como un amigo, nada más”
Eso dijo dirigiéndose al profeta por excelencia del Islam. Tal vez no vean todos los mulsulmanes en sus palabras objeto de agravio ni de blasfemia, pero al menos los sectores más fundamentalistas de su país así lo quieren ver. Y el gobierno saudí, tratando de sacar beneficio del tema para su política no ha dudado en detenerlo. La prensa dice que se enfrenta a la pena de muerte.
Conclusión automática que se nos ocurre en Occidente: jó, cómo son estos musulmanes (sin precisar si todos son igual de radicales y opresores o no) Aquí no puede pasar nunca esto. ¿Nunca? No estaría yo tan seguro. La Iglesia, como comentaba en un artículo reciente Juan Goytisolo, trata de consolidar su poder en la sociedad española, con toda la carga de acción punitiva que puede llegar a desarrollar algún día contra la misma sociedad: "...La creciente ideologización de la tradición religiosa por un pequeño pero influyente sector de la sociedad -con su anatema del "relativismo moral" y de la inocua Educación para la Ciudadanía- muestra que dicha corriente está abriéndose paso en las más altas esferas del Estado y que aspira a someter los valores propios de la democracia -en los que las convicciones políticas divergentes encuentran un terreno de debate común- al arbitrio de una Iglesia retrógrada y de una extrema derecha revanchista para las que la corrupción actual ejemplarizada por la trama Gürtel y los crímenes perpetrados en nombre de la Cruzada franquista no son tales si sirven o sirvieron a sus muy pocos santos intereses." (ver El País del 13/02/2012)
No estaría yo tan seguro de que en esta vieja piel de toro, que tanto ha sufrido con sus inquisidores, no vuelva la violencia contra los hijos de la tierra. Los entes de ideología férrea y dogmática nunca cambian. Pierden fuerza o pierden posiciones, como mucho, gracias al pensamiento laico más o menos extendido en la sociedad. Pero pueden recuperar fuerza, porque ésta reside en que toque poder. La Iglesia, sin el Poder, nunca es fuerte. Todas las ideologías son frágiles, relativas, efímeras y falsas, peero se consolidan si buscan y obtienen el apoyo del Poder o su control.
En fin, un tema más para meditar. Hamza Kashgari cuenta con mi simpatía. Rechazo con horror la condena ideológica de que es objeto, que puede transformarse en condena de su vida. El Vaticano, que tanto predica el entendimiento con otras religiones, ¿va a tratar de influir para procurar su libertad? Tengo serias dudas. Como decía el título de una comedia de Muñoz Seca, "los extremeños se tocan". Es obvio por qué.
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/02/13/actualidad/1329156249_067169.html
lunes, 13 de febrero de 2012
trece de febrero
esta manía suya de buscar significados en los textos antiguos le apacigua; diría más, le sostiene; hay algo en ellos que incluso ratifica su propio criterio, y esto le hace feliz; como si hubiera leído mis pensamientos me dice: hay mucha clarividencia en ciertos libros del pasado; si los sabes interpretar, si no los tomas nunca como una visión rígida y, por supuesto, si no los conviertes en dogma; probablemente es la transmisión de lo experimentado por otros hombres, pero no sólo eso, es también una elección aguda de aquellos aspectos más obvios y acaso repetidamente digeridos de la vida humana; claro que, una de dos, o la mayoría de los hombres no los han leído jamás o no los tienen en consideración como guía de una cierta manera de conducirse, dados los errores y fracasos en que inciden una y otra vez; ¿o acaso es el alma humana que no cambia?, le corto aun sabiendo que lo va a tomar como un tópico; ah, la naturaleza humana, viejo cajón de sastre para justificar las conductas que no sabemos reconducir; lo que me gusta del Libro del Desconcierto es que su tiempo imperativo es una invitación; cierto es que este modo de inducir puede ser recibido por el lector de modo dual; la repetición de una forma de estilo puede suscitar rechazo, pero, al menos, no percibes esta forma como una obligación; mira qué a pelo de la involución que nos cae encima viene esto que estaba leyendo ahora en esa obra: y pues verás cómo la mano del hombre se alza contra el hombre, no clames en vano ni recurras a seres de ficción para que lleguen en tu ayuda; más bien concéntrate en tu sentido; carga con razón tus argumentos; la libertad te guía en lo más profundo de ti, pero la obra no está solo en tu mano; aproxímate con talante abierto a aquellos en los que adviertes que les guía también esa libertad íntima y constructiva, a quienes muestran un talante análogo al tuyo; porque del número hay que hacer confianza y fuerza, pero no triunfo y menos violencia; debéis tener claro que no se avanza si no paráis el golpe primero; pero si lo lográis y avanzáis, tened claro al menos en que dirección lo vais a hacer; ¿no te llegan las palabras cargadas de estímulo?; no he dejado de mirar por el rabillo del ojo el periódico que hay sobre una mesa; sus titulares hieren
domingo, 12 de febrero de 2012
doce de febrero
“…no confundir los pasos perdidos con los pasos deseados, dice el Libro del Desconcierto; aprender de las caídas, pues en ellas no se perece; ignorar tanto los cantos de sirenas como las admoniciones de las sibilas; detrás de cada voz que se oiga en el desierto pregúntate si acaso es tu voz; no delegues nunca tu palabra, pues no te será devuelta; no permitas que ponga nadie precio a tu palabra, pues te la devaluarán; no enmudezcas tampoco, sino trata de que tu voz crezca con otras voces en las que te reconoces; desconfía de las promesas que te harán ciertos desventurados para llevarte a su huerto, pues ellos mismos no se las creen; no pagues tu inquietud con la precipitación; protege tu mente de las tentaciones salvadoras, ya que ocultan sus riesgos; no te dejes influir por las apariencias triunfantes, pues se alimentan de la necedad; a los que se presenten ante ti agitados, sosiégales y recomiéndales templanza; a los que lleguen temerosos, invítales a que inquieran la confianza en sí mismos; a los escépticos no les condenes, pero sugiéreles que no cesen en la búsqueda; a los indolentes recomiéndales que se pregunten…” ¿no te parece que lo que dice este libro ocasional no anda descaminado para los tiempos que vivimos?, dice pausadamente; ¿no suena más bien a construcción en lugar de a tratado de consejos?
sábado, 11 de febrero de 2012
estaban aquí
es asombroso, pero ya nos habíamos olvidado; ¿de qué?, le digo extrañado; no se vuelve hacia mí, contempla las placas de hielo del estanque, con su aliento forma vaho en la cristalera, calla, me sirvo café; al cabo de un rato vuelve a la carga: creíamos que no iba a suceder más, pero mira, héte aquí que cabalgan de nuevo, con más brío que nunca; modernizados, puestos al día, respaldados por todas las jaurías de fuera y de dentro de la casa; toda la vida haciéndonos creer que los bárbaros estaban más allá del limes, que eran otros, y por fin se desvela que los teníamos dentro; ¡y lo habíamos olvidado!; los bárbaros eran ellos; no han cambiado, sus nuevas vestimentas son carnavalescas, pero en realidad se nos muestran en su imperativa y cruda desnudez; no me vale que alguien me diga ahora que al menos son nuestros bárbaros; que hablamos la misma lengua y nos reímos con las mismas carcajadas; no hablamos la misma lengua, y no me refiero a las heredadas del romance; no nos hacen gracia las mismas cosas; los peores son siempre los nuestros; en realidad tampoco son nuestros; para ser nuestros o, mejor dicho, parte de nosotros, tendrían que ser como nosotros; pero van contra nosotros; por lo tanto, ¿vamos a reclamar hermandad de ellos? ¿Vamos a corresponderles con gestos amables como si nos unieran lazos?; los únicos vínculos existentes se basan en el ejercicio de soportarles; juegan a la reconquista, aunque desde hace tiempo ejercitan el saqueo; ¿cabe esperar de ellos otro trato que no sea sino conducirnos al sometimiento cada vez más hondo?; estas últimas palabras las ha pronunciado quebradizo; apuro la taza; en ese instante sé que debo irme
(Imagen: Actos heroicos, del artista Mateo Maté)
viernes, 10 de febrero de 2012
diez de febrero
si no le conociera, me preocuparía; sé que saca sus mejores ideas de ese espíritu de tensión que le posee; hoy esperaba encontrármelo agitado y tirante y, sin embargo, le invadía cierta aparente placidez; ¿ha sido el descanso o es que te estás acostumbrando a agobiarte menos?, le he preguntado; ¿te parece?, me responde con ese sentido tan suyo que conlleva respuesta implícita y, no obstante, revestida de un retintín enigmático; da un sorbo al café, luego dice: ¿no me imaginas sin pensar en nada, verdad?; naturalmente, le replico, no es lo tuyo, bueno nadie está nunca sin pensar en nada, le digo evitando susceptibilidades; pensar es fluir, asevera; es ir hacia delante y hacia atrás constantemente; tomar referencias y diseñar paisajes inexistentes; no entiendo el pensamiento de manera estática, de hecho no creo que exista; no se piensa lo inconmovible; quienes permanecen en alguna idea fija no piensan, simplemente pasan a otro estado, el del acatamiento; si acatas, te entregas a otro, luego ya no estás en ti, otros te toman; y el otro no es el otro cualquiera; hay una cadena de emisiones que muchos van haciendo propias, pero no son de ellos; muchos repiten palabras ajenas pensando que así se dotan de opinión; pero la opinión exige siempre un criterio, y el criterio es tu propia esencia, algo que catas al menos por ti mismo; algo que más adelante compruebas, también por ti mismo; el término opinión pública es mitad mito, mitad farsa; sabes de sobra que las opiniones públicas están sumamente mediatizadas, cuando no son realmente la voz de sus amos; por eso cuando me levanto no me gusta escuchar el ruido humano, en todo caso abro un periódico y leo entre líneas; me evito lo gutural de una emisora, evidentemente, y procuro traspasar la tinta de los titulares y de las opiniones sesgadas; a veces incluso interpreto a la inversa de lo que dicen; en cada opinión hay intencionalidad; pero no mera respuesta a un pensamiento; hay intencionalidad dirigida en muchos casos; cada vez soy más consciente de que leo ideología adiestrada y, también, asilvestrada; con apariencia culturalista y civilizada, pero frágil y falaz, hace aguas por todas partes; vivimos en palafitos sobre lagunas ideológicas infestas; no sé cuánto sobreviviremos en este hábitat de inmundicia; sabes muy bien que por esas razones desaprendo la lectura de los acontecimientos actuales y perecederos; no sirve de nada saber de ellos si no interpretamos aquello por lo que antes pasamos; me abruma la catarata de su discurso e intento meter baza, le corto y le digo con cierto cinismo: pero hay que estar atentos a las noticias, informado; sé que está a punto de perder los estribos, pero esboza una risa benévola; ¿las noticias?, hasta las noticias se fabrican, responde; las noticias son un producto, luego también un proceso de elaboración, nunca un mero relato de acontecimientos; hay todo un protocolo, y en cada vez más espacios emisores y reproductores de las mismas tiene lugar una tarea previa de autocontrol, cuando no de autocensura y acuerdo, a la hora de hablar de los sucesos del mundo; tienen que agradar a sus dueños, esa es su flagrante contradicción irresuelta
(Imagen fotográfica de Michael Ackerman)
jueves, 9 de febrero de 2012
Simplemente (primer round)
Once años de inhabilitación por el primer juicio, el de las escuchas a la trama de los presuntos de la Gürtel. ¿Hay que callar?
Reproduzco la carta que María Garzón Molina, hija del juez, ha enviado a la prensa:
"Esta carta está dirigida a todos aquellos que hoy brindarán con champán por la inhabilitación de Baltasar Garzón.
A ustedes, que durante años han vertido insultos y mentiras; a ustedes, que por fin hoy han alcanzado su meta, conseguido su trofeo.
A todos ustedes les diré que jamás nos harán bajar la cabeza, que nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa. No les daremos ese gusto.
Nos han tocado, pero no hundido; y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos, sin estar guiada por envidias; por acuerdos de pasillo.
Una Justicia que respeta a las víctimas, que aplica la ley sin miedo a las represalias. Una Justicia de verdad, en la que me han enseñado a creer desde que nací y que deseo que mi hija, que hoy corretea ajena a todo, conozca y aprenda a querer, a pesar de que ahora haya sido mermada. Un paso atrás que ustedes achacan a Baltasar pero que no es más que el reflejo de su propia condición.
Pero sobre todo, les deseo que este golpe, que ustedes han voceado desde hace años, no se vuelva en contra de nuestra sociedad, por las graves consecuencias que la jurisprudencia sembrada pueda tener.
Ustedes hoy brindarán con champán, pero nosotros lo haremos juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia SÍ está tranquila.
A ustedes, que durante años han vertido insultos y mentiras; a ustedes, que por fin hoy han alcanzado su meta, conseguido su trofeo.
A todos ustedes les diré que jamás nos harán bajar la cabeza, que nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa. No les daremos ese gusto.
Nos han tocado, pero no hundido; y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos, sin estar guiada por envidias; por acuerdos de pasillo.
Una Justicia que respeta a las víctimas, que aplica la ley sin miedo a las represalias. Una Justicia de verdad, en la que me han enseñado a creer desde que nací y que deseo que mi hija, que hoy corretea ajena a todo, conozca y aprenda a querer, a pesar de que ahora haya sido mermada. Un paso atrás que ustedes achacan a Baltasar pero que no es más que el reflejo de su propia condición.
Pero sobre todo, les deseo que este golpe, que ustedes han voceado desde hace años, no se vuelva en contra de nuestra sociedad, por las graves consecuencias que la jurisprudencia sembrada pueda tener.
Ustedes hoy brindarán con champán, pero nosotros lo haremos juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia SÍ está tranquila.
Madrid, 9 de febrero de 2012.
María Garzón Molina"
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