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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.







martes, 6 de marzo de 2012

cuando la palabra del Marqués de Sade habita entre nosotros



no me lo invento; aparece este texto en muchas partes; se ha convertido incluso en una reclamación genial de la íntima libertad humana; escucha, es de una carta que el Marqués de Sade dirigió a su mujer Renée durante una de sus estancias en prisión: “Mi manera de pensar, dices, no puede ser aprobada. ¡Pues, qué me importa! ¡Bastante loco es quien adopta una manera de pensar como la de los demás! Mi manera de pensar es el fruto de mis reflexiones; está implicada en mi existencia, en mi organización. No soy dueño de cambiarla; y aunque pudiera no lo haría. Esa manera de pensar que censuras es el único consuelo de mi vida; alivia mis penas en prisión, constituye todos mis placeres en el mundo y la quiero más que a mi vida. No es en absoluto mi manera de pensar la que ha hecho mi desgracia; es la de los otros”; ¿no es una locura vitalista la de este hombre?; ese grito de amor a su pensamiento libre, apreciándolo más que a su propia existencia, pregona un poco el espíritu romántico; pero es admirable su combate; y, sabiendo como terminó sus días, tras una peregrinación entre cárceles y manicomios, sus palabras no suenan falsas ni altisonantes; entonces yo me pregunto: ¿la libertad como desesperación?; realizarse en la libertad como han predicado ciertos humanismos, no es tan factible; acaso la libertad si se brinda como comodidad ya no es tal libertad, sino que concedes tu esencia a cambio de unas reglas del juego; pero esa satisfacción personal de pensar conforme lo que edificas dentro de ti, otorga pleno sentido y dignidad a un ser humano, ¿no crees?; el problema surge cuando tu manera autóctona de pensar y la sugerencia que te propone de actuar no es admitida fuera de ti; esa última frase de que su desgracia no ha sido causada por pensar como pensaba sino por lo que pensaban los otros es pura luz; y nosotros vamos de plañideras, de quejicosos, de impotentes deslenguados; ¿sólo vamos a ser eso?

(pero yo no le escuchaba apenas; seguía pensando en el retorno de una mujer que nos llenaba de inquietud a los dos; claro que, acaso todo fuera una broma de mi amigo, como parte de ese pulso interior que se trae últimamente)   




(Imagen fotográfica de Giorgia Napoletano)

8 comentarios:

  1. Uff, cada quien vive con sus razones y pensamientos, desear lo mejor para cada cual es lo mejor que se me puede ocurrir, y si se trata de la llegada de una mujer interesante, valdrá la pena, no por su género sino por lo segundo. Bs.

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  2. No parece que, en Sade, de la libertad pueda proclamarse nada de lo que habitualmente se dice sobre ella. Como dice el texto que aportas, no cree Sade que su modo de pensar pueda modificarlo o sea su obra. Al contrario: sus(sic) "reflexiones" se adueñan de él de modo que no le cabe sino gozar "en eso" que le ha tocado (un poco al modo cerdo en el barro), ese estilo de pensar/ser que choca con otros modos de pensar más frecuentados, los modos de las formas de pensar circunstancialmente ganadores. El pensar se convierte en una lucha al modo maniqueo entre fuerzas reflexivas (y una fuerza reflexiva no es buena, ni maja, ni ciudadana ejemplar, ni siquiera necesaria)que nos abordan desde la sustancia colgante, allá en la entrepierna, hasta el cerebro. En el maniqueísmo había dos dioses, en Sade creo que más. Pero hay un deleite como de estoico loco/clarividente en esta no elección de la particularidad, aceptando el daimon de la propia perversión (y el nombre, perverso, es circunstancial), asumiendo como fiel esclavo - eso es ser libre -. Sade: ser un sócrates sin platón hostiado en las callejas atenienses o parisinas, juzgados por el sistema penal o psiquiátrico. Ser esclavo que entrega su tiempo, lo que nos queda, lo único que siempre hemos tenido (eso que nos queda) a las maniobras del cuerpo que se convierten en extensión de la batalla del pensar.

    La aceptación esclava de la fuerza reflexiva de nuestro pensamiento¿es elección? ¿O la palabra libertad es ya - ¡en el Siglo XVIII!- sin sentido, out, demodé?

    Mi libertad es el empuje de esas reflexiones que son comandos autónomos anti-yo y anti-tú, héroes de escopeta recortada del impersonal On faite,que recorren el campo de batalla. El paisaje del tiempo que nos queda.

    Quizás la libertad sea solo la mueca, la sonrisa del guiñapo, el ojo vidrioso del que espera a la mujer con inesperados cuerpos.

    LIbrepensamiento en la mañana, fackel

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  3. Emejota, Sade y su opinión vale, para mí, por sí sola, independientemene de eso otro que dice el personaje sobre la mujer que vuelve, que vaya usted a saber, jaj.

    Uno no conoce demasiado, y menos del Marqués, no obstante la vulgarización tosca de una parte de su obra y las puertas que abrió.

    Buen miércoles.

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  4. L. Te escucho con calma, y trato de aprender de lo que comunicas. Hay tantas cosas nuevas para mí en lo que planteas que cuesta descifrarlas. Pero pienso que ese pensamiento de Sade sobre la libertad no ha variado mucho. La libertad -ni total, ni absoluta, ni ideal- existe. A veces, según tiempos históricos y geografías culturales, se permiten márgenes. Pero incluso estos resultan angostos y deprimentes (ahora mismo lo que acontece en España y en todo Occidente, donde la libertad sirve de poco frente a tantos poderes que han recuperado posiciones de propiedad; aunque se dirá que en otros sitios andan peor)

    No obstante, el recurso a la libertad íntima y a creer como si fuera ella un dios es un recurso del condenado. Y acaso al que todos, antes o después, en unos temas u otros, nos acogemos todos. ¿Maniqueísmo versus Sade? Claro, el maniqueísmo está siempre contra todos. ¿Cultivó Sade más dioses? No sé, puede que las figuras retóricoideales que uno se configura las necesite para sobrevivir; mientras queden en la esfera interior cada cual es cada cual. Otra cosa es lo que ha practicado la maniquea por excelencia (Ecclessia)

    Sigo meditando.

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  5. Fackel, controvertido como la vida misma, me pone como a ti, a meditar
    saludos para vos

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  6. ¿Qué mayor libertad que la del déspota? No sé si fantasear con un jardín de empalados resulta una gran libertad. Tengo la intuición de que, aunque no es bueno respetar la libertad de todo el mundo, puede ser una cuestión de fuerza o de pura fascinación entre afines. Brindemos por la libertad y por sus justas consecuencias. La ley de talión es uno de los mejores inventos de la civilización. Pero, ¿será cosa de fuertes o de débiles?

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  7. Omar. Y tan controvertido, el tema y Sade, aún sabe uno poco. Y escucho.

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  8. Una manera de pensar la suya, Anónimo, ciertamente muy particular, pero no toda ella necesariamente razonable. ¿Libertad la del déspota? ¿O apropiación de la libertad ajena? No creo que todo el pensamiento de Sade fuera por las ensoñaciones con empalados. Por otra parte, la ley del talión es tan judaica como la de los empalados fue tan cristiana en su aplicación. Naturalmente siempre hay que brindar por la libertad y sus consecuencias justas no siempre se nos conceden, como la misma actualidad nos lo demuestra en ciertos casos de atención pública. Desde luego, quien usa la violencia tiránica, incluso con consenso social, no demuestra precisamente fortaleza moral sino solo fuerza bruta. Quiero pensar que lo de la Ley del Talión como uno de los mejores inventos es una ironía.

    Seguiré meditando sobre el tema.

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