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La mitad del tiempo se la pasa resistiendo. La otra mitad indignándose.








domingo, 26 de febrero de 2012

dichos y contradichos



es probable que me consideres un individuo primitivo; no hace falta que digas nada, me dice mientras juega entre sus manos con unos pequeños útiles de sílex; ¿pero lo sería menos si saliera ahí fuera a ver con el vecindario un partido en el bar o me sumara a un corro de aburridos para jugar a las cartas?; me conoces lo suficiente para distinguir que escribo por impulso, sin idea clara de lo que quiero decir y menos de lo que pienso decir; además, las fuentes que provocan a los sentidos son variadas; un suceso que te llega, un fenómeno sobre el que de pronto la humanidad responde como si le cogiera de nuevas, una declaración que te parece tormentosa en boca de algún personaje que se cree alguien y es insignificante; y, no obstante, estos motivos no son los que más me incitan a pensar ni a establecer criterio; por supuesto, la emoción es un territorio brusco y desangelado, que se conmueve y se indigna, que se sobrecarga y desea estallar con bravío; pero no es bueno ponerse a escribir acto seguido al impacto que te llega; para escribir hay que esperar; procurar cierto distanciamiento temporal; es arriesgado, claro; si te abandonas mucho el tema deja de interesarte; si te lanzas a emitir opinión enseguida conviertes las letras en libelo; y no es que no te queden ganas, como antaño, de redactar libelos y de salir a repartirlos y de arrojarlos desde el gallinero de un cine al final de la película, como hicimos tantas veces; pero adviertes que el público pensaría que se trataba de publicidad de un supermercado y ello te desmoviliza; le noto nervioso, no deja de frotar esas pequeñas raederas inteligentemente talladas; se da cuenta de que me quedo mirándole las manos: ¿piensas que toco estas herramientas como buscando la acción benefactora de un komboloi o de un rosario?, exclama mirándome fijamente; son un medium estas piedras, como mis escrituras, como mis devaneos de pensamiento; algo que me vincula al esfuerzo del origen, sin el cual no estaríamos aquí; mi torpeza me impide fabricar bifaces, azagayas o lascas, y hoy nadie las reconocería; tal vez escribo para lamentarlo, también para proyectar con otros recursos las intenciones antiguas de llegar más allá; no sé por qué, pero el cuerpo me pide trabajar otras herramientas, aunque no logre saber para qué; prospectar nuevos dichos y contradichos en un mundo que se retuerce sin fin; repensar los volúmenes que se despliegan ante nuestras miradas, de los cuales Malevich sabía mucho; ¿lo recuerdas?    

5 comentarios:

  1. dichos y contradichos, como entredichos con uno mismo
    saludos

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  2. “En un mundo que se retuerce sin fin;” supongo que esa modernidad que era reivindicar al hombre rebelde de Camus es un poco esta significación, o negación. La variabilidad del poeta al igual que el mundo corresponde a esta negativa, intuir verdad y máscara a un tiempo y dejarse en medio. En tu anterior entrada me preguntabas por aquello de la “ecología de la libertad” pues dicho término lo quité de un convecino, Manuel Rivas y sepas, que tu estilo (salvando distancias y diversas apelaciones) se me asemeja a la de este caballero. Alcanzo el libro y leo en la contraportada. “Os grouchos” son un urdido de literatura y heterodoxia. Una denuncia contra los viejos y nuevos muros de silencio, y también un viaje en busca de las “faíscas da esperanza” de las que habló Walter Benjamin.” … Ya ves, también sale a relucir Benjamin. *Grouchos- significa trago, ir de grouchos, no beber por beber. * Faíscas – son las chispas, aunque yo personalmente lo relaciono estrechamente con la labor del herrero y las centellas a relucir de su torno. Siento haberme extendido. Un abrazo enorme.

    Y creo que teniendo la posibilidad, el talento, deberíamos optar por no alejarnos del tema, la propuesta, la afirmación, porque para entender(nos) debemos entender la continuidad. La posibilidad de tener a mano la negación y afirmación. Un segundo abrazo, ahora si me voy.

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  3. Pues sí, Omar, lo que uno piensa debe ser un cuestionamiento de uno mismo y de lo que hay detrás.

    Gracias.

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  4. ccRider. Intuir verdad y máscara, una propuesta excelente. No sé si quedarse en medio es posible siempre, ni siquiera para los que saben nadar y guardar la ropa.

    Manuel Rivas, al que he leído escasamente como novelista, me parece un columnista hábil, culto y con un estilo incisivo e irónico, pero no agresivo. Siempre lo leo, como a Millás u otros. Evidentemente, al golpear sobre la dureza del yunque las chispas saltaban; creo que en ruso se dice "iskra", y no te digo esto por culturalismo sino porque dio nombre a un medio expresivo de disidentes exiliados rusos a principios del siglo XX. "De una chispa se reavivará el fuego", decía el subtítulo del periódico.

    ¡Qué belleza de símil!

    Sin pretender ser hegelianos, es importante comprender cuándo se produce la afirmación y cuándo la negación. Me gustan tus propuestas, hay mucho que avanzar.

    Un abrazo.

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  5. POr favor, no nos pongamos ni hegelianos ni platónicos. De Hegel decir que acataba la verdadera libertad en el obediencia de una autoridadd arbitraria, en descubrir contradicciones en las ideas abstractas y siendo prusiano como era, decía que Napoleón, Cesar... podían escapar de la ley moral. De Platón mejor no hablar.

    Creo que entendiendo la naturaleza, el arte y la filosofía con la ciencia consecuente podemos llegar a la propuesta, a la firmación. ¿La negación? es posible que salga de ese yunque.

    Un abrazo.

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