Ayer vivimos la magnitud del universo cercano y por fin me he apeado del burro. No es Sol quien gira en torno a Tierra. ¡Gracias, Galileo! Por fin me descubro del todo ante ti. Tantos siglos condenado a las tinieblas exteriores, obligado a doblar la cerviz, padeciendo la persecución inquisitorial de los necios. Y tú: E pur si muove. ¡Honesto genial! Te salvaste a ti mismo ante el futuro. Te salvó Sol, sin duda. Todos mirando, qué mirábamos. Luna metiendo discordia entre dos planetas. De antiguas adoraciones y temores hemos pasado al conocimiento, de acuerdo. ¿A la liberación por el saber? Ah, esa es otra historia. Pero los tiempos nos llevan más allá. Ayer todo era un show. Reconozco que no ignoré el fenómeno (hay que llamarlo de algún modo, ¿no?) y que subí con otras personas a la azotea. Diabólica Luna que nos proporció el efecto efímero, glorioso. Ese instante de apagón total, del que no tuvo la culpa la autoridad a la que se culpa de todo; esa oscuridad repentina, veloz, brutal; esa recuperación vertiginosa de la luz, un tanto pausada al principio. Hubo un ¡oh! prolongado en su brevedad. Hubo un silencio corto pero intenso entre nosotros. Ahí quedé sobrecogido en mi interior (cuando estás con otros no tienes apenas tiempo de reflexionar interiormente, y menos de expresarte como desearías) Cierto, todo es espectáculo. No me cabe duda de que en épocas pretéritas habría ya una mezcla de curiosidad, de temores y de expectación. Pero en estos días todo es una pasada, como se dice ahora. Quien más o quien menos andaba pendiente de hacer sus propias fotos. Sol estrella, Luna estrella, Tierra rendida. Entonces me vino a la cabeza la otra cita ¿Muerte, dónde está tu victoria? Me vino, no porque el autor que dicen de cierta carta a los Corintios, perteneciente a una secta, me lleve al huerto, sino porque es una de esa frases aplicables a la consideración de los límites. La trascendencia está aquí, entre los límites de lo ilimitado. Ese Universo que a pesar de nosotros, ignorándonos, nos concede el precio de vivir con la condición efímera, afortunadamente. Y uno quiere darle la vuelta. La victoria mortal es el éxito de haber vivido. Algún día, dentro de millones de años, Sol desaparecerá también, dicen los astrofísicos. Dudo de que exista para entonces Tierra (y otros planetas)
Sí, hubo tortilla de patatas, salchichón, jamón, queso y vino verdejo de primera, y anécdotas, y risas tras la visión. Celebramos, porque e pur si muove.
PD. Antonioni dirigió aquella película. La vi hace tantos años que no recuerdo la trama. ¿Dónde está el eclipse en aquella obra de Antonioni? ¿Alguien que se metió por el medio? Particularmente la Vitti siempre me afectó emocionalmente y me apetece saber si yo juego algún papel en aquel eclipse. Ante la imagen tan expresiva del cartel quiero pensar, aviso a navegantes del tiempo presente, que la escena era consentida. Voy a buscar si alguna plataforma mantiene el filme.

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