domingo, 16 de agosto de 2026

Contra lo alevoso

 



"Soy eco de algo.
Lo estrechan mis brazos siendo aire, 
Lo miran mis ojos siendo sombra, 
Lo besan mis labios siendo sueño". 

Luis Cernuda. Donde habite el olvido.


Venimos de la nada, iremos a la nada, ¿y mientras qué? La sombra enuncia categórica, siempre ahí tan implacable en sus juicios. La sombra que no cesa de soltar su retahíla, de contestarse a sí misma. Y mientras esto. Un algo, un señuelo, una aparición. Actos de una obra. Escenas de un celuloide de carne. Episodios de oralidades. Y os lo creéis todo. Siento que en ocasiones ella me abruma. Si no la tengo en consideración se venga. Si la doy pábulo se aprovecha y me pontifica. Mientras tanto, digo, la supervivencia. No es poco, si se sabe utilizar con cierta imaginación. Sobrevivir es un abanico que se despliega desde la resignación hasta la rebeldía. Las más de las veces no se mueve, no airea. Se limita a aceptar lo inerte. Mientras, siempre mientras, todo se va arrugando. Los recuerdos, los individuos, las palabras, las intenciones. En ocasiones tengo la sensación de que hubiera una vuelta al principio del tiempo vivido, pero sin las mismas fuerzas, sin el lozano rostro, sin el vigor de aquel hálito temprano. Sobrevivir nunca fue precisamente un ejercicio paradisíaco. Avances y resistencias, pulsos y rendiciones, pasos en falso y terrenos ganados al azar. Pero de edén, nada. Ni lo hubo, ni lo habrá. ¿Por qué los humanos, a través de todos sus mitos, han necesitado expresar que una vez se dispuso de un origen feliz? La sombra, que me ha escuchado, sonríe traidora. Me aprieta las tuercas con su patético lógos. Los hombres quieren lo que no tienen. Lo que tienen es siempre esfuerzo, lucha, padecimientos, choque. Dolor, en fin. ¿El placer, el disfrute, la bondad, la satisfacción? Flores de un día que cuando creen que más lucen se ajan. A veces me dan ganas de insultar a mi sombra. Esa persistencia en recordarme la condición humana es cabal pero tiene cierta alevosía. Cuando me pilla frágil se me impone. Cuando tengo humor llevadero me indigna. ¿Sabes qué hago cuando repaso lo vivido?, le digo no sin increpación. Y con ganas me quedo de decirle que entonces la ignoro, pero temo su reacción. Lo que hago es recrear las imágenes de contento y de deleite que he disfrutado. Revisar los momentos de contemplación o de pensamiento o de encuentro. Recuperar los sentidos de la memoria que, con una fidelidad puesta a prueba, me hagan revivir. Un paisaje, un texto, una piel, un cuerpo, otra persona. ¿No tenemos derecho a mantener en la lid contra la vejez una apariencia de los viejos amadores de la vida? 



*Fotografía de Picasso con Silvette.

1 comentario:

  1. Pienso que en realidad es un acto reivindicativo frente al vacío del ser, lo que Sartre llamaba "Nada".

    Resignarse no es lo óptimo, creo que lo que conviene a ciertas edades es ser capaces de rescatar lo vivido, y de seguir pudiendo tener en la memoria aquellos ratos que consideramos "los mejores" de nuestra vida.

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