Lento es el andar de la sombra por un contorno. La espaciosa superficie por la que pretende deslizarse no tiene obstáculos. Nada flota y nada es gravoso sobre la llanura de los cuerpos apacibles. Los músculos se han apaciguado. Las vértebras apenas se insinúan. Más allá debe haber un cuerpo aún no nacido. Más allá una verdad no revelada. La sombra es contemplativa. Ni siquiera se atreve a rozar los relajados poros de la piel. Teme la sombra la cercanía porque recela de ser engullida por la luz. La sombra se abstrae e incluso abandona su actividad. Hay demasiada claridad para que yo oculte esa senda creciente, se dice a sí misma. Es demasiado tersa su figura para que mi manto arroje opacidad sobre ella, piensa. Mi combate con la luz se bate en retirada cuando sé que se trata de un cuerpo transparente. Una encubierta sustancia rompe entonces la quietud y reproduce el color de las sensaciones. Porque estas refulgen cuando brota un movimiento del cuerpo. Me detengo a sus puertas. Solo contemplo y envidio. No quiero intervenir, no deseo absorber la fotosíntesis de la floresta que le da tanta vida. Entre su ramaje cuántas especies no harán su hogar. En sus reflejos irisados qué imágenes no tratarán de renacer. En la amortiguada musculatura, casi imperceptible, cuántos senderos no se estarán bifurcando. La largura de su indolente despertar trae sonidos selváticos y el rocío empapa con su aroma los pasos de mi umbrosa presencia. Pero yo permanezco silente, agazapada, porque no me puedo imponer a aquel destello que me ciega y me anula.
*Fotografía de René Groebli

Es demasiado para mis sinapsis neuronales.
ResponderEliminarEs que las neuronas son caprichosas y a veces establecen sus sinapsis a lo loco. No hay por qué preocuparse por ello.
EliminarLa sombra es cambiante, a veces detrás, otras a los lados o al frente.
ResponderEliminarLa sombra es voluble, se acorta o se alarga dependiendo de la luz.
Lo que la sombra no sabe, a pesar de años andando juntos, es que un día de estos, de repente, sin darse cuenta, morirá contigo.
Y tanto que lo hará, porque la sombra tampoco se cree lo de tener un alma eterna e inmortal que ha contado siempre el cuento de la lechera tradiicional.
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