viernes, 6 de noviembre de 2026

Liberty es un sueño, ¿querrá ser más?

 



Liberty es un sueño. Aquellos otros antiguos del Egeo que soñaban con ella la llamaban Eleuthería. Ni aquella ni la de ahora conceden el mismo don a todos. Siempre hubo, y hay, quienes disfrutaban más de ella, mientras a otros les era negada, o aún les es omitida. Liberty, otrora Eleuthería, oscila y se relativiza, y suele estar en peligro. En ocasiones el peligro de su precariedad, cuando no de su ausencia, supone el riesgo de hundimiento para todos. Los hombres creen que por haber generado instrumentos jurídicos y políticos poderosos se garantiza su protección y se desarrolla la facultad que permite al individuo ser ciudadano. Instrumentos que no pertenecen de facto a la inmensa humanidad que puebla el planeta. Pero ay, la ley concreta depende de qué manos la manejen. Y de qué fuerzas de poder con hondo calado utilicen a su vez a estas. Liberty y Eleuthería, desde los podios donde han estado erigidas, saben de sobra, porque han visto demasiado en el devenir de la vida de los hombres, que si la base de la subsistencia es frágil, si las condiciones de vida son precarias, si no hay seguridad en la disponibilidad de bienes suficientes, si la naturaleza se degrada ilimitadamente, ellas no pueden ser duraderas. Liberty, ufana y pomposa desde su pedestal, se debate entre lo conseguido y lo pendiente tan cargado de incertidumbre. Sabe que Eleuthería se quedó corta y no quisiera repetir la historia. Eleuthería se mantiene en su peana más alejada, su rostro más ajado y sus vestiduras más desgastadas. Liberty sabe como nadie que debe enfrentarse con sus propios fantasmas, que no son precisamente etéreos sino muy tangibles y marcan los ritmos, los trabajos, los días, las ilusiones y el futuro de los seres humanos. Y pueden frustrar la existencia de estos para un largo tiempo. Liberty, en fin, no quisiera limitarse a alzar una antorcha ficticia y agónica sino a prender con ella la tierra baldía de la sumisión para librarse de ella.




*Fotografía de Albert Fernique, 1883.

No hay comentarios:

Publicar un comentario