"¿Y por qué en la vejez las almas quieren
abandonar los miembros ya gastados
si no es porque les da miedo quedarse
en un cuerpo corrupto y que les caiga
su hogar encima, hundido por la edad?"
Lucrecio. De la Naturaleza. De Rerum Natura. Edición de Reino de Cordelia.
Me gusta la transparencia del paisaje. Tantas veces la entiendo más que la de los individuos. No me disgusta del todo, por otra parte, la opacidad del paisaje cuando sus brumas nos ofrecen el misterio, que no tiene por qué ser siempre oscuridad sino período de latencia hacia una luz. Tampoco me acobardo ante el enmascaramiento de los humanos, sigo su juego, y yo, a mi vez, me enmascaro como autodefensa o simple recurso para un saber estar. Pensamientos de este tipo me vienen cuando observo, deslumbrado, la claridad de tu camisa dejando volar el cuerpo. Alba y suelta, oculta a medias tu cuerpo flotante. Dejas que caiga a los lados o que se abra en el frente y su movimiento desvela la blancura de tu carne. Seré franco contigo, sombra mía. Unas veces he ignorado tus tretas. Otras veces he sucumbido a tus camufladas propuestas. Pero he aprendido más de estas que de mis resistencias confusas. ¿No es en esos pulsos como se manifiesta la complicidad que nos vincula? Cuando se imponen tus perfiles más acerbos y yo me sobrecojo sé que te apiadas de mí, aunque no siempre corrijas. Cuando exageras en tu protección yo me dejo, aunque me debilites haciéndome retornar a unos primeros pasos que creía superados definitivamente. Cuando callas ante mis argumentos rebeldes y retienes una sonrisa larga, que también es pura transparencia, sé que consideras un triunfo que me revuelva en mi propio debate, como si dijeras: tu rebeldía te la he traído yo. O ratificando: te la he obsequiado para que rompieras las lámparas de aceite mortecinas que otros te habían puesto al alcance y que apenas te dejaban leer la vida. Entonces es cuando pienso en lo tardío que ha sido todo, aun entendiendo que no podría haber tenido lugar de otro modo, vistas las circunstancias. Entonces te desprovees de la camisa que ha envuelto tu torso para que me la ponga y modele el mío. Sé que a estas alturas no puedo ser todo lo transparente que quisiera para los ojos ajenos. ¿Acaso debería condescender? Apenas sabemos hablar con sinceridad porque tampoco sabemos escuchar con valor. Por eso hace tiempo que elegí abrirme a los pocos mortales que podrían entrever debajo de mi piel sin juzgarme. Para ser escuchado y, si fuera posible, ser comprendido. Al menos sabiendo que me debo a ti, sombra acogedora, creo justificarme y reírme de la absurda pero afortunadamente necesaria materialidad del mundo.
*Fotografía de René Groebli.
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Fáckel:
ResponderEliminarcreo que ser transparente es una muestra de generosidad pero, a la vez, puede ser un punto débil por donde nos pueden herir. Por lo tanto, ser transparente con quien se tengo confianza.
Salu2.
Es obvio que tenga que ser así, y nunca del todo, porque ¿acaso lo somos connosotros mismos?
EliminarSer transparente es exponerse a ser traspasado, es como ser sincero, demasiados riesgos a cambio de poco.
ResponderEliminarSaludos
Cuántas veces hemos identificado sinceridad con transparencia, y ni una ni otra suelen llegar a buen puerto.
EliminarA los viejos, se nos escapa poco a poco el alma, por mucho que no lo deseamos. A donde quiere ir.
ResponderEliminarSaludos
Está cada día más agotada; solo quiere que la dejen en paz.
EliminarTodos queremos ser ouvidos e compreendidos... Por vezes, somos ouvidos... Outros, somos esquecidos...Ficamos, então sós....
ResponderEliminarBeijos e abraços
Marta
Hay trasparencias hasta en los mármoles, pero son frías, como ellos.
ResponderEliminarLa transparencia es como la osteoporosis: la materia se vuelve liviana, porosa, hasta que desaparece.
ResponderEliminarSaludos.
Tampoco logro una conversación asertiva con mi propia sombra, a de ser parte de su naturaleza, la no comunicación... O de la mía, tal vez.
ResponderEliminarSaludos,
J.
Sincer ve de sencer. No hi veig res de dolent.
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