jueves, 22 de octubre de 2026

El gringo exhausto que nos legó un diccionario diabólico

 



El gringo andaba ya cansado. Demasiadas aventuras y un exceso de avatares en su vida. Los moralistas decían que la suya era una existencia nada ejemplar. Ni él mismo se lo exigía, no cabía en sus intenciones. Se dejaba llevar por el instinto, por la curiosidad de vivir las experiencias que se le brindaran. ¿Que iba a participar de las miserias de los soldados? Participaba, más por ver a estos sobrevivir a las penurias o hundirse en el fango de los campos de batalla que defender ideales. ¿Que había tratado con bandidos porque siempre le parecieron formas de vivir alternativas, aunque la ley fuera implacable en su persecución? Sabía tratarlos o al menos escaquearse a tiempo porque había jefes de bandas que hacían tal ostentación de poder implacable como la que exhibía cualquier gobernador, de tal modo que no veía en uno u otro gran diferencia. ¿Que se dejaba seducir temporalmente por el brillo de las gentes encumbradas? Hasta que palpaba la corrupción y la arbitrariedad de aquellos mundos que se ofrecían como la prosperidad de la nación. ¿Que había que pasar por mil y un periódicos porque era su mundo de letras? Se trataba de publicar sus crónicas y cuentos para llegar a los lectores afines o discordantes. ¿Que no sabía permanecer estable en su familia por el impulso que le exigían sus andanzas? Arrostraba como podía el compromiso. ¿Que tenía que servir al señor todopoderoso de la prensa que lo acaparaba todo? Le servía, con tal de que él mismo pudiera llegar a alguno de los lugares donde saber de los hombres, aunque se apuntara a la última guerra de un imperialista próspero y moderno contra un colonialismo europeo viejo y en decadencia. ¿Cuántos paisajes, ciudades, tribus o sociedades no conoció a lo largo de los años dentro y fuera de su nación? De todo ello extrajo la sustancia y el desarrollo de su literatura admirable. Y al final, ¿qué le llevó al gringo a buscar más allá del gran río? ¿La novedad? ¿La demostración tardía de que aún era capaz de sentir el riesgo? ¿Un idealismo que había corrido por sus venas a cada latido? ¿Afilar aún más la ironía que había manifestado en todos sus escritos? ¿Dejar de ser considerado gringo y además viejo? ¿El cansancio del setentón? ¿O su propia desaparición del mundo?

Más allá de esta invención que hago sobre alguien que admiro y me divierte como es Ambrose Bierce, lo cual implica también pensar, traslado aquí un par de textos de su obra Diccionario del diablo, una especie de repertorio irónico, sarcástico, irreverente y sumamente ingenioso, y al cual es difícil negar el valor y acierto de sus definiciones. Por ejemplo:   


"Nacimiento, s. El primero y el más espantosos de todos los desastres. En lo que respecta a su naturaleza no parece darse la uniformidad. Cástor y Pólux nacieron de un huevo. Palas salió de un cráneo. Galatea había sido un bloque de piedra; Persiles, que escribió en el siglo X, afirma que surgió del suelo, en el punto en que un sacerdote había vertido agua bendita. Es sabido que Arimaxo salió de un agujero que había hecho un rayo en la tierra. Leucomedón era hijo de una caverna del monte Etna y yo he visto con mis propios ojos salir a un hombre de una bodega".

"Vida, s. Conservante espiritual que impide la putrefacción del cuerpo. Vivimos con el miedo cotidiano de perderla, pero cuando se pierde no se echa de menos. La cuestión: ¿Merece la pena vivirla? ha sido muy debatida, sobre todo por aquellos que creen que no, muchos de los cuales han escrito largos volúmenes para defender su punto de vista y, mediante una cuidadosa observancia de las leyes de la salud, han disfrutado durante largos años de los honores de una prolongada y provechosa controversia.

La vida no merece la pena vivirse, esa es la verdad, / cantaba despreocupadamente durante su dorada juventud. / Al hacerse adulto todavía mantenía esa opinión / y la defendía con más firmeza a medida que envejecía. / Cuando le dio una coz un asno a los ochenta y tres años / gritó: ¡Corred a buscarme un médico". 

Han Soper"


Feliz día, si es que nos dejan. Los de fuera y nuestra propia naturaleza individual.


*Fotografía de Ambrose Bierce de autor desconocido.


1 comentario:

  1. La oportunidad de vivir la vida es única, es imposible que otra persona la viva por uno. Ese detalle tan peculiar, y que se obvia, la hace "personal", aunque la palabra parezca una redundancia.
    Todos me pueden explicar su lógica, a favor o en contra, pero yo soy agradecido. He tenido la suerte de estar aquí y vivirla.
    Salut

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