domingo, 13 de septiembre de 2026

Las manos que obran

 



Mano obrera. De operarius -a -um, pero de mucho antes de esta etimología del adjetivo. De lejanos y milenarios tiempos anteriores a su declinación por parte de una cultura avanzada e influyente para nosotros. Donde no había nada esa mano ha edificado. Donde la naturaleza, inmisericorde, devastó los humildes hogares, esas manos retomaron la obra. Donde otros humanos, impunes y agresivos, han destruido esa mano comienza de nuevo a construir. La Historia también podría ser definida y calificada por las manos que han obrado. Que han erigido o fabricado. Que han desarrollado la mente.

¿Cómo se habrían podido alzar las primeras ciudades de no ser por tantas manos que elaboraron un material y lo colocaron certeramente para generar el hábitat familiar o urbano? Se dirá que las manos ya venían ejercitadas. Cierto, primero las manos aprendieron a asir. Después otros hombres más ancestrales ya habían construido herramientas con ellas, las habían utilizado para procurarse alimento o abrigo, para enfrentarse a animales o a otros humanos, para producir hogueras y aprender elaboraciones alimentarias sucesivas. Para señalar entre sí rutas que les permitieran acceder a nuevos paisajes y climas más benévolos. Para implorar piedad a los elementos naturales.

¿Trazarían aquellas manos gestos y señales antes de tener lugar cualquier modalidad de habla? ¿Se estrecharían en tiempos tan remotos unas manos con otras? ¿Auparían entre varias manos los objetos que les superaban por tamaño o peso? ¿Acariciarían unas manos a otros cuerpos? ¿Obrarían con ellas también el afecto, ejercitarían la consolación de la tristeza, paliarían la sed del deseo, palparían, torpes o exquisitas, el conocimiento de los cuerpos? ¿Serían observadas las manos interpretando cada movimiento? ¿Dibujarían las manos el rumbo de las estrellas y el agitado o plácido deambular de las nubes? ¿Aprenderían a jugar potenciando la imaginación infantil?

Donde no hubo antes edificación las manos construyeron. Cuando las ciudades eran destruidas: o bien se abandonaban y se levantaban en otra parte o bien se reedificaba sobre ellas. Una y otra vez las manos estaban ahí para colmar, primero, las necesidades de la gente. Para deleitar con la belleza que generaban, después. ¿Es agua pasada aquello? Es corriente presente. Mira las manos que hoy todavía fabrican un adobe o un ladrillo para reponer lo devastado por los fanáticos salteadores de territorios y de vidas. Está ocurriendo hoy mismo. Solo basta mirar y querer enterarse. 



*Fotografía tomada de la web del medio Al-Jazeera.

6 comentarios:

  1. Son la extensión del cuerpo y las que obran y dan forma a nuestro pensamiento.
    Todo aquello que han firmado, antes ha sido pensado.
    Las manos son verdaderas obras maestras.

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  2. El texto convoca una verdad que solemos olvidar: que la mano no es solo herramienta, sino metáfora del ser. Antes de construir ciudades, la mano construyó tiempo. Antes de levantar muros, levantó conciencia. En cada gesto humano —asir, señalar, acariciar, implorar— late una intuición antigua: que el mundo no está dado, sino emanado por aquello que tocamos.
    Saludos

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  3. En efecto, Fackel, la mano ha sido obrera desde el primer día, ha servido para construir y para destruir, qué actitud prevalece o se alternan?

    Ander.

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  4. Dicen que el oro se ha revalorizsdo, pero el ladrillo de barro cocido lo ha hecho más. A lo que hemos llegado
    Saludos

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  5. Fáckel:
    hay demanda de trabajos manuales.
    Salu2.

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  6. Manos que acarician, que torturan, que construyen que rompen... qué extrañas criaturas, no lo había pensado.

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