"...no sabiendo lo que está escrito allá arriba, uno no sabe ni lo que quiere ni lo que hace, y uno sigue su fantasía llamada razón o su razón que, a menudo, no es más que una peligrosa fantasía que a veces resulta bien, y a veces, mal".
Denis Diderot, Jacques el fatalista.
¿Será ella quien aparte las moscas que nos rondan mientras roncamos en las tardes estivales al aire libre? ¿No habrá pactado a mis espaldas con el sueño sudoroso que prende en las horas más cálidas? Si no muere conmigo ¿sentirá nostalgia de mi? Por eso debo morir contigo, parece ella adivinar mis fugaces pensamientos. Y prosigue justificándose. No sabría vivir sin tu presencia. No podría trasladarme a otro organismo porque tampoco es mi sino y, como tú, soy una e indivisible para ti. Pero ea, parece seguir hablándome, ¿por qué anticipar en este juego de fantasías, no sé si de iluminaciones, una situación que ninguno de los dos deseamos plantear ahora mismo? Tras tu desaparición no me imagino en un monólogo conmigo misma porque me faltaría la referencia, el caldo de cultivo, el territorio donde crecer y decrecer como ahora. ¿Hay algo para ti más fiel que mi infidelidad con tu lado razonable y sensato? Mira que te brindo la posibilidad no tanto de defenderte como de que hurgues en tus razonamientos, modifiques tus conductas y te adaptes lo más sabiamente posible a cuanta circunstancia cambiante te turbe. Quién te iba a decir que yo, la sombra, te iba a permitir si no ordenar cabalmente tus pensamientos al menos hacerlos más fértiles. ¿Es que los pensamientos solo pueden ser reconocidos como tales si responden a la razón? ¿No hay en lo imaginado, incluso en aquello más fabulado, una ocupación de tu mente que supera a cualquiera argumentación sólida? Cuánto razonamiento es lesivo, extremadamente dañino inclusive, que se ofrece como panacea de la sensatez y lógica. Por el contrario cuánta ensoñación puede sanar una mente enfebrecida. Y sin embargo...Hay un punto de convergencia entre lo razonado y lo ilusionado. Lo que parece realista y lo que se percibe aéreo. Cuántas ilusiones se alimentan de la oscuridad y se apropian de la razón. Cuántos planteamientos sensatos no son sino dinamitados por vanas utopías. En el pacto conyugal de los intereses humanos más irracionales prende la ignorancia. Entonces se alza un monstruo que alguien sabio denominó la masa. ¿Qué fuerza la llevará tras de sí hacia el abismo? ¿Qué renuncia no habrán llevado a cabo los individuos para convertirse en antítesis de sí mismos?¿Qué tensión centrífuga no aparta entonces al hombre de su cordura? ¿Eso es, se preguntarán entonces algunos, ser hombre?
Hoy se ha levantado mi sombra parlanchina y anárquica. Pero ¿no es en ese desorden de su discurso donde también encuentro una incitación a mi propia introspección? ¿Donde ventilo mis dudas y sacudo mi pereza cognitiva? Me dejo zarandear, olvidados ya los fantasmas nocturnos.

Tienes un problema con tu sombra, tienes que llegar a un acuerdo con ella, de lo contrario te veo visitando un sicologio o peor un sicoanalista, en ambos casos te vas arruinar.
ResponderEliminarLa sombra, anárquica y fiel a su manera, le recuerda que la imaginación puede ser más fecunda que la razón y que pensarse a uno mismo exige dejarse sacudir. En la fricción entre sensatez y fabulación, el narrador encuentra su espacio de claridad
ResponderEliminarSaludos