domingo, 26 de julio de 2026

Cuando el sexo no debía ser cosa de mujeres sino del diablo

 






"Igualmente he cometido un pecado de fornicación y de lujuria porque experimenté en mi interior el placer y el pensamiento de gula y lujuria por la polución del cuerpo, tuve trato carnal deshonestamente con mujeres y las amé, profiriendo palabras lujuriosas, tocándolas, abrazándolas, besándolas y, algunas veces, cometiendo actos deshonestos; y si no de hecho, sí de pensamiento, deseé hacer y practicar adulterio, incesto, rapto y otros pecados contra natura".

Andrés de Escobar o también conocido como Andrés el Hispano. Modus confitendi. Manual para la confesión. De la edición del impresor Juan Párix de Heidelberg, en Segovia 1473.


Oh, el sexo. Oh, el pecado. Cuánta insistencia en culpabilizarnos. Cuánto afán en denigrar lo hermoso y placentero. Qué obsesión por dirigir nuestras mentes y empequeñecerlas. ¿Cómo podría una moral de la represión facilitar una ética de la libre conciencia personal? Dices que a la carne hay que educarla. ¿Con castigos y tormentos? ¿Con condenas y expulsiones a las tinieblas externas? ¿Quién es quién para decir a otros cómo debe sentir sus emociones, cultivar sus afectos, percibir sus sensaciones y dirimir qué clase de contacto quiere tener con otro individuo? Uno, que apenas ha recibido enseñanza, ha visto aparearse a toda clase animales. ¿Iban a ir los animales humanos a la zaga de otras especies? No sabremos nunca del deleite de los animales en sus contactos. En cambio, ¿no hay un punto de satisfacción deseable en cuanto nosotros establecemos y llevamos a cabo en soledad o coyunda? Cuando los inductores de la moral malsana nos amenazan, una de dos: o ellos renuncian a ser humanos en plenitud o simplemente son unos falsos. ¿Es la consecuencia de las propias contenciones de quienes instigan contra nuestra naturaleza la que intenta disfrutar con las inhibiciones de los demás? Dicen que nos abstengamos pero ellos se recrean en los relatos secretos de la gente sencilla. Y así, caro amigo, ha llegado a mis manos uno de esos manuales de los que se creen elegidos para la salvación, y que escriben y dictan conductas por doquier como si estuviesen por encima del bien y del mal. Parecen estar dirigidos solo a una parte de la humanidad. ¿Dónde la mujer? Todas las recomendaciones van dirigidas al varón. Al rebuscar en él las causas de su supuesta perdición se nos muestra a la mujer como la causante tentadora. Y ella, ¿acaso no existe por sí misma y por sus necesidades íntimas? Al enfocar del modo que plantean sus pontificaciones, como si solo el hombre fuera el sujeto víctima, ¿no está ignorando a la otra persona? Dicen: el demonio te acecha con el rostro que más le conviene y en este caso elige el de la mujer que busca pervertirte. ¿Nunca es tentada ella?  Dicen: no os pongáis en brazos de la infidelidad, ni siquiera con vuestra imaginación y vuestras ensoñaciones. ¿Ellas siempre objeto? Su presencia palidece o se oculta ante el designio que el mandato que dicen divino ha reservado para el varón. Al leer el manual ¿no se tiene la sensación de que se busca de manera indirecta y sibilina un oscuro deleite lascivo a través de los comportamientos del prójimo? Por qué tanta obsesión sobre la llamada de la naturaleza. Por qué la distinción cruel entre los cuerpos. Por qué...


(Aquí se corta esta insólita epístola anónima medieval de fecha incierta titulada en su comienzo como Rebellionis contra praedicationem insalubrem) 




*Imagen de un canecillo de la iglesia románica de San Miguel de Fuentidueña, Segovia.

2 comentarios:

  1. Suelo ser cauto y respetuoso con el tema. Pienso que es un acto privado en el que todo lo que no sean las dos personas afectadas, nada importa a los demás.
    Nada veo de malo en ello, ni en el acto ni en las forma si las dos personas involucradas están de acuerdo, luego nada he de decir.

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    1. Entiende el segundo texto como un juego de ficción como si se desarrollase en otro tiempo.

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