Me duele mucho cuando se producen sucesos de este tipo. Cuando se roba un bien público de un museo me duele extraordinariamente. Los ladrones no tienen inconveniente en arramplar lo que sea con tal de obtener su beneficio. Beneficio cuyo hurto será por encargo y por lo tanto para otros. Para los ricos. Para los que comercian con bienes colectivos. Ya sabemos que los ladrones siempre acechan por doquier. Pero me duele también que no estén protegidos suficientemente por parte de una administración. La que corresponda. Es una herencia cultural. No es tanto el valor del oro. Es el significado de que fue obra de una cultura existente en el territorio peninsular que hay que reconocer y proteger. Y de la que hay que aprender mucho. Hay robo pero acaso no hay suficiente interés y preocupación en la ciudadanía que exija a tiempo a las administraciones un riguroso celo. Por cierto, no me vale decir que también algo parecido y nada menos que a un Louvre le pasó hace no mucho tiempo algo semejante. A ver si los españolitos despertamos de una santa vez interesándonos por la cultura heredada. Eso sería también hacer politica cívica. Nuestra verdadera bandera es la herencia de los siglos y las culturas que nos precedieron.

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